Episodio 1 — Creta

Iniciado por Maurick, 28 de Ago 2025, 10:28:34

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Karma mira fijamente el ordenador, apenas parpadea. Está lejos de saber que es lo que tiene que poner. Además tampoco estaba familiarizada con ese tipo de dispositivos, sabía que existían, alguna vez Sheri le había dejado jugar en el suyo, pero tampoco le había interesado mucho.
Miró a Kaari, respiraba de forma entrecortada, pero parecía mejor.
Quizás si ella tomase otro frasco se aclararía su cabeza. La tentación cada vez era mayor.
- Quizás los demás lo necesiten más que yo.
Se mordió el labio y apretó los puños.
Trató de centrar su atención en el ordenador.
Abrió los cajones de la mesa donde estaba el ordenador. No sabía que buscaba, cualquier cosa le valdría, un nombre, una foto, algo que pudiese relacionar con esas dos claves que necesitaba.
-Joder Arda, seguro que tú sabrías que hacer - se dijo en voz alta mientras abría y revolvía todo lo que había a su alrededor.

Cita de: greatkithain en 07 de Oct 2025, 13:42:09Respira hondo. Cierra los ojos. Se concentra en la corriente de murmullos que atraviesa su mente como una señal mal decodificada. Y formula la petición, clara y directa:

La súplica de Iota se disuelve en el aire húmedo del callejón, pero algo —al otro lado de la piel del mundo— escucha.

Primero llega un murmullo tenue, apenas un eco entre los ruidos de la ciudad. Luego, una marea de voces que no deberían coexistir: una habla en griego, otra en un idioma sin vocales, otra repite su nombre con un tono infantil. Todas al mismo tiempo. Todas deformadas.

No hay un solo espíritu. Es un enjambre.


Las palabras no se articulan: se desmoronan entre siseos y gemidos. Lo que Iota siente no es comunicación, sino una ráfaga de sensaciones: el olor metálico del mar, la textura de la carne podrida, una cadena arrastrándose sobre piedra húmeda. La Penumbra de Creta responde, pero su lenguaje está enfermo.

Algo más intenta abrirse paso: una sombra con forma humana, sin rostro, que flota en la periferia de su percepción. No hostil, pero tampoco viva. Cuando intenta enfocar su atención, la figura se fragmenta en mil espejos de sí misma.

El ruido cesa de golpe.

Durante un segundo, Iota siente que todo su cuerpo pesa más, como si el aire fuera plomo. La conexión se rompe. Una última voz, tenue, resuena en su cabeza antes de desvanecerse:


El silencio lo devora todo. Su cuerpo vuelve a temblar, no por miedo, sino por agotamiento. El don lo ha drenado. El frío cala hasta los huesos, y el cansancio del naufragio, la humedad y el hambre vuelven a cobrar sentido.

El refugio no suena tan mala idea ahora.

Cita de: minwiki en 09 de Oct 2025, 20:20:14Abrió los cajones de la mesa donde estaba el ordenador. No sabía que buscaba, cualquier cosa le valdría, un nombre, una foto, algo que pudiese relacionar con esas dos claves que necesitaba.

Los cajones se abren con un sonido pegajoso. Entre papeles arrugados, clips oxidados y recibos antiguos, encuentra una libreta pequeña de tapas gastadas. En la primera página hay garabatos en griego y en inglés, direcciones medio borradas, y un subrayado doble en tinta azul: HERMES

Entre las hojas posteriores, Karma halla una nota más nítida:

«jagganath / clave temporal — revisar mensaje de G." 

La línea siguiente termina en una mancha de café seca, como si alguien hubiese dejado la taza ahí antes de marcharse. 

El ventilador del ordenador escupe un quejido ronco. La pantalla parpadea, mostrando durante un instante una frase en minúsculas, casi invisible: 
"Tienes 1 mensaje sin leer." 

Karma pulsa una tecla. El zumbido se intensifica y el monitor muestra el campo de inicio de sesión:

USUARIO: jagganath
CONTRASEÑA: _______ 

Prueba con la palabra de la libreta. Las teclas responden con lentitud, como si el equipo pensara antes de obedecer. Un pitido sordo y, de pronto, el escritorio antiguo aparece, fondo azul y letras torcidas. Hay solo un icono activo: Mensajes de Hermes

El cursor tiembla mientras abre la bandeja. Dentro, un único correo, fechado dos días atrás. El remitente se identifica como G.V.

El texto, breve, sin firma:

CitarKaari. 
No puedo garantizar seguridad por más tiempo. 
Si Laura recibe esto, dile que no se acerque al puerto. 
He perdido contacto en la línea de Knossos. 
El acuerdo con Gerasimos ha sido violado. 
— G.

Las últimas letras parpadean, como si el sistema no terminara de renderizar la línea final. A medida que el monitor proyecta su luz pálida, el aire del piso parece enfriarse.

El ventilador del portátil vuelve a girar, lanzando un soplo de aire caliente. El mensaje se cierra solo.

Solo queda la línea de texto en el fondo:

"Desconectado del servidor. Error de red."

Karma se queda mirando el reflejo de su rostro en la pantalla ennegrecida. 
Fuera, un motor pasa lento por la calle, y un gato maúlla en la distancia. 
Kaari sigue dormida. 

La ciudad, por primera vez, parece contener la respiración.

Cita de: Maurick en 13 de Oct 2025, 12:39:21El refugio no suena tan mala idea ahora.

Iota respira con dificultad. El patrón respiratorio se altera por fatiga acumulada y sobrecarga sensorial. El contacto con los espíritus ha sido más intenso de lo previsto: no una conversación, sino una transferencia de estímulos complejos. La información sobre Laura no es concluyente, pero suficiente para generar una respuesta emocional que interfiere con su capacidad de análisis. Niega con la cabeza, no como gesto simbólico, sino como intento de reordenar el flujo cognitivo.

Decide priorizar el retorno al refugio. No por comodidad, sino por necesidad operativa: informar a Karma y Kaari, estabilizar el sistema, y procesar los datos en condiciones más controladas.

Mientras camina, repasa la secuencia. El don no solo ha activado voces, sino sensaciones: olor metálico, carne en descomposición, cadenas, una figura humana sin rostro que se fragmenta al intentar enfocarla. Cada elemento queda registrado como variable pendiente de análisis. No puede abordarlos ahora, pero los etiqueta mentalmente para revisión posterior.

La prioridad inmediata es conservar energía, transmitir la información y evitar errores por agotamiento. El refugio se convierte en el siguiente nodo lógico.

Cita de: greatkithain en 18 de Oct 2025, 17:54:46La prioridad inmediata es conservar energía, transmitir la información y evitar errores por agotamiento. El refugio se convierte en el siguiente nodo lógico.

Las calles han perdido el ruido. Solo quedan las farolas parpadeando como insectos cansados. El aire arrastra un eco salino desde el puerto, frío y denso, que se mete en los huesos. Iota camina sin prisa, pero sin detenerse. El cuerpo pesa más que la ropa mojada. Cada paso suena como si lo diera dentro de un sueño.

Nea Alikarnassos lo recibe sin ceremonias: fachadas descascarilladas, gatos husmeando en la basura y algún televisor encendido detrás de una persiana rota. En el tercero, una escalera metálica se retuerce bajo su peso, crujiente, oxidada, pero firme.

La puerta del piso está entornada. Dentro, la penumbra huele a humanidad y a óxido. 

En el salón, Kaari descansa sobre una cama improvisada; la sábana blanca ya no lo es tanto. La pierna vendada, la respiración acompasada. No parece en peligro inmediato, pero tampoco despierta. Su rostro conserva ese gesto obstinado incluso dormida.

A pocos metros, Karma. Sentada ante un portátil encendido, la luz azul del monitor le marca las mejillas. El zumbido del ventilador llena la habitación con su ruido sordo. Frente a la pantalla, un mensaje congelado:

"Desconectado del servidor. Error de red."

El resto del piso es un museo de abandono: un hornillo apagado, colillas partidas, un maletín abierto con frascos medio vacíos. El aire está cargado, espeso, como si allí dentro se hubiera contenido la respiración de demasiada gente durante demasiado tiempo.

Iota cierra la puerta tras de sí. El sonido seco del cerrojo resuena más de lo esperado. 
Por primera vez en horas, la lógica se detiene y el cuerpo permite un gesto sencillo: exhalar.

El refugio no es cálido, pero al menos no intenta devorarlo.

Iota observa el piso y registra el estado: desorden, desgaste, huellas de múltiples ocupantes. El lugar transmite uso repetido, pero lo que le preocupa no es el pasado, sino el presente inmediato y sus compañeras. Kaari muestra signos de recuperación, aunque el proceso requiere tiempo, un recurso escaso. Karma parece desorientada, no tanto por el despertar, sino por la presión de la situación actual. El complejo de Eslovaquia funcionaba como cárcel, pero ofrecía cierta seguridad; aquí en Creta, el riesgo se percibe en cada detalle.

En silencio se aproxima a Ni. Formula la pregunta con tono bajo: 


Al captar su atención, se deja caer en una silla junto a ella. La voz se mantiene controlada, aunque cargada de tensión: 


Dirige una mirada hacia Kaari, niega con la cabeza y añade: 

Heraclión — Piso franco de Nea Alikarnassos 

📅Noche del 14 al 15 de diciembre de 2005 
Cables calientes, respiraciones irregulares, persianas cerradas

La noche cae sin ceremonias.

El piso ofrece una pizca comodidad, no demasiada, pero sí un mínimo de aislamiento. Las persianas permanecen bajadas. El ruido de la calle se atenúa hasta convertirse en un murmullo lejano, roto solo por algún motor tardío o una voz que se pierde en el barrio. Dentro, el aire se espesa con el olor a metal seco, polvo y ropa húmeda.

Kaari duerme durante horas seguidas. No descansa bien, pero descansa. Su respiración se estabiliza poco a poco; el cuerpo, lento y obstinado, hace lo que puede con la vitae ingerida. El muñón permanece cubierto, inmóvil, sin sangrar. No hay milagros, pero tampoco empeoramiento.

Ni no se mueve.

Iota y Karma acaban cediendo al agotamiento. No es un sueño profundo, sino fragmentado, interrumpido por sobresaltos breves y sueños sin imágenes claras. El cuerpo reclama su parte. La mente, a regañadientes, se la concede.



📅 15 de diciembre de 2005, 10:41 
Luz blanca, frío residual

La mañana entra tarde en el piso, filtrada por las rendijas de la persiana. La luz es gris, dura, sin calor. El portátil sigue apagado. El silencio pesa distinto: ya no es protección, es ausencia.

Kaari despierta antes que los demás.

Se incorpora despacio, apoyándose en los codos. Parpadea varias veces, orientándose. El dolor sigue ahí, pero amortiguado. Su mirada recorre la habitación con una atención distinta a la de la noche: más despierta, más precisa.

Entonces se fija en Ni.

No es un sobresalto inmediato. Es una acumulación de detalles: el color de la piel, demasiado apagado; el sudor frío en la frente pese a la temperatura baja; la forma en que el pecho sube y baja, irregular, como si el ritmo no encontrara patrón.

Kaari frunce el ceño.


Su voz es baja, pero firme. No hay pánico, solo certeza.


Al acercarse, percibe algo que no le gusta en absoluto: venas oscurecidas bajo la piel, especialmente en las muñecas y el cuello. No como las suyas. No como las de un Ícaro recuperándose. Es otra cosa. Algo que no reconoce... y eso la inquieta más que cualquier herida abierta.

Kaari levanta la vista hacia Iota, ya despierto o a punto de estarlo.


La joven examina a su compañera, pálida. Sigue respirando, pero está muy débil.


Kaari mira con preocupación a Iota. Como si el joven pudiese sacarse una idea de su chistera. A Laura se le daba muy bien... ¿Qué vas a hacer ahora, Iota?

Iota se despierta al oír la voz de Kaari. Como es habitual en el, abre los ojos antes de moverse. No se incorpora de golpe; lo hace despacio, como si su cerebro necesitara unos segundos para arrancar y revisar su propio estado y recopilar datos. Primero localiza el entorno, luego evalúa su cuerpo, y solo entonces se mueve.

Se levanta del sofá que ha usado como cama y se acerca a Ni. No habla al principio. Observa. Concentra sus sentidos en ella, afinando cada detalle.  El color de la piel de Ni es incorrecto. El sudor frío no encaja con la temperatura ambiente. El ritmo respiratorio es errático, sin coherencia fisiológica. Y las venas... las venas no deberían verse así. No en un Ícaro. No en nadie que esté simplemente agotado.
Incluso el olor es distinto, sutilmente alterado, como si algo en su química interna hubiera cambiado durante la noche.

Levanta con cuidado los párpados de Ni. Los ojos están abiertos, pero no presentes. Vacíos.
Kaari no responde de inmediato, pero su expresión es suficiente. No, no ha visto nada así.

Iota asiente apenas. La conclusión es evidente: tanto Kaari como Ni necesitan sangre y tiempo para recuperarse. Y ahora mismo, ambos recursos son escasos.

Su mente empieza a trabajar en paralelo, generando escenarios. Salir solo a buscar alimento sería lo más eficiente desde un punto de vista operativo, pero también las dejaría vulnerables. Si alguien fue capaz de llevarse a Laura, ese alguien podría venir a por ellas. Y en su estado actual, no tendrían ninguna posibilidad.

Termina su análisis preliminar —incompleto, insatisfactorio— y se vuelve hacia Kaari. Su voz es controlada, casi fría, pero no por falta de emoción, sino por exceso de ella.


Pero incluso mientras lo dice, su cerebro sigue generando alternativas. Ninguna es perfecta. Ninguna es segura.

Entonces algo hace clic. Hay una luz que se enciende en el fondo de su mente: una anomalía en la secuencia lógica. Antes de que Ni se separara de él para venir al piso, su estado era normal. Eso significa que, entre ese momento y el actual, ha entrado en juego una nueva variable que ha alterado su condición. La sangre, como apunta Kaari, puede ser una solución temporal, pero no explica el origen del problema. Y sin origen, no hay solución estable.

Hace un esfuerzo consciente por no precipitarse. Respira hondo y activa sus sentidos agudizados por el Auspex, expandiendo su percepción más allá de lo evidente. Recorre el piso con la mirada, con el oído, con algo más que no sabría definir del todo: busca señales de intrusión, rastros sutiles, huellas residuales que indiquen que algo —o alguien— ha estado allí cuando no debía.


Se agacha junto a una marca en el suelo, examina el polvo, la disposición de los objetos, la forma en que una silla está ligeramente desplazada.


Porque hasta que no entienda qué ha cambiado en la ecuación, cualquier decisión será solo un parche sobre algo que aún no sabe nombrar.

Tras la cortina casi transparente entran los rayos de sol. La ventana está abierta y una suave brisa mece las telas. Fuera reina el silencio y en la habitación solo oye su corazón. Mira hacia la puerta, esperando a que ella lo abra, cómo hacía todos los días.

Pasaron los minutos y la puerta seguía intacta. La luz se fue haciendo más trémula. La quietud fue dando paso al ruido, unas respiraciones a su alrededor. Tenia miedo. ¿Dónde estaba su mamá?¿Y papá?. Se giró sobre la cama. No era la suya, era parecida, está era más cómoda, pero a su vez le daba escalofríos.
Su cuerpo pareció despegarse de su mente, se quedó inerte. Sentía que podía verse a su misma.
Dos voces, un chico y una chica. Recordaba algo pero no sabía el qué, la del chico le resultaba familiar y a la vez dolorosa. Quería gritar. Vió si cuerpo agitarse. La habitación desapareció y se convirtió en una cueva oscura donde solo estaba ella y por encima suyo, esas voces. Ella parecía nerviosa, él sosegado y preocupado, analizando todo, como un gran ojo analizándola.
Quiso gritar pero ni quiera pudo abrir su boca. Le invadió el miedo y lloró en silencio.

El piso sigue oliendo a encierro. A sangre seca, a humedad antigua, a cables calientes. Afuera, el barrio continúa su rutina lenta, pero aquí dentro el tiempo se ha vuelto espeso, como si alguien hubiese decidido retenerlo a la fuerza.

Kaari está sentada en la cama, la espalda apoyada contra la pared. Tiene el rostro más pálido que por la mañana, pero los ojos están despiertos. Demasiado. Observa a Ni durante unos segundos más, evaluándola con una atención casi clínica... y luego levanta la vista hacia Iota.


Hace un gesto breve con la barbilla hacia la mesa donde descansa el portátil. El aparato parece un fósil tecnológico: carcasa amarillenta, ventilador que arranca y se detiene como un pulmón viejo. El cable de corriente está forzado con cinta aislante.


Kaari se inclina un poco hacia delante. El gesto le cuesta, pero insiste. Observa los datos en la pantalla, revisa el mensaje que observó Ni anoche. Su expresión cambia.

Cita de: Maurick en 13 de Oct 2025, 13:14:01
CitarKaari.
No puedo garantizar seguridad por más tiempo. 
Si Laura recibe esto, dile que no se acerque al puerto. 
He perdido contacto en la línea de Knossos. 
El acuerdo con Gerasimos ha sido violado. 
— G.


El rostro de Kaari se vuelve parcialmente blanco. Incluso podéis notar una pequeña lágrima que surge de su ojo.


Ni sigue respirando de forma irregular. El mundo le llega amortiguado, como si estuviera bajo el agua, pero el zumbido del ordenador destaca por encima de todo. Persistente. Kaari vuelve entonces la mirada hacia Iota.

Se despierta. El entumecimiento de sus miembros empieza a disiparse, y las marcas oscuras empiezan a desaparecer. Parece algo sutil, pero en seguida vuelve a estar despierta.

Es cuando Iota activa sus capacidades vampíricas. Y es en ese instante cuando algo no encaja.

No es un sonido. No es una imagen. Es una presión. Como si el aire del piso se hubiese densificado a tu alrededor. Iota nota un cambio sutil pero inequívoco: una presencia cercana, contenida, que no pertenece del todo al plano físico. No es hostil. Tampoco pasiva. Está ahí desde hace rato.

Observando.

El rincón junto a la pared del baño parece más oscuro de lo que debería. El polvo del suelo no está completamente quieto. Hay un leve desplazamiento, como una corriente que no responde al movimiento del aire.

Kaari no se da cuenta. Ni tampoco. Solo tú.


Se arrastra por la cama. Cierra los ojos de dolor.


Una siniestra sensación os invade por dentro. Sabéis que hay algo que no está bien.


El silencio vuelve a instalarse en el piso. Kaari se queda medio dormida, parece que la herida le está pasando factura.

  • Iota percibe una presencia que no debería estar en el piso. Puede investigarla ahora mismo... o ignorarla.
  • Ni empieza a notar que el exterior llama: voces, movimiento, el barrio despertando. Salir implica exponerse.

28 de Dic 2025, 14:59:34 #40 Ultima modificación: 28 de Dic 2025, 16:03:44 por greatkithain
Las respuestas de Kaari no reducen la incertidumbre; la amplían. Cada dato abre una nueva línea de preguntas. Pero antes de seguir interrogándola, Iota prioriza lo inmediato: **esa presencia en el piso**. Si es un espía, un espíritu contaminado o algo peor, ignorarlo sería un error táctico.

Un análisis preliminar del entorno confirma lo que ya intuía: **el refugio está comprometido**. No sabe cómo ni cuándo, pero la ecuación ha cambiado. Y la estrategia es clara: deben moverse a otro lugar seguro. Bajo ningún concepto va a dejar a Kaari o a Ni solas aquí. Ni siquiera juntas. No en este sitio.

Mientras evalúa la presencia, Iota empieza a organizar mentalmente una lista de preguntas para Kaari. Necesita asegurarse de que no falta ninguna variable crítica.

- ¿Quién es exactamente ese "G." que firma el mensaje? 
- ¿Es Gerasimos? ¿O alguien que usa su inicial? 
- ¿Qué sabes del acuerdo con Gerasimos? ¿Qué implicaba? 
- ¿Hasta qué punto es fiable Gerasimos? ¿Ha fallado antes? 
- ¿Quién era el contacto con el que Laura debía reunirse en el puerto? 
- ¿Qué es la "línea de Knossos"? ¿Por qué es peligrosa? 


Y añade otra variable que no puede ignorar: el ordenador
Cuando entró en el apartamento, Ni lo habia estado manipulándolo. Ahora lo hace Kaari. Iota sabe que incluso un dispositivo electrónico puede ser un vector de infección o ataque espiritual. El ordenador debe examinarse y verificar que es seguro.



Su plan de acción se ordena en tres pasos simples:

1. Investigar la presencia. 
2. Recopilar más datos. 
3. Verificar que el ordenador es inofensivo.
4. Trasladarse a un refugio seguro.


Empieza por el primer punto. Cierra los ojos un instante, regula la respiración y deja que sus sentidos se expandan. La percepción se afila, el ruido de fondo se separa en capas, y la realidad adquiere un contorno distinto. Activa la Percepción del Aura, buscando cualquier anomalía, cualquier rastro que revele qué  —o quién— está observando desde ese rincón demasiado oscuro.



Porque antes de moverse, antes de decidir, necesita saber qué comparte el piso con ellos. Y si está vivo. O si está... otra cosa.

Karma despierta aturdida. Primero si sentido auditivo toma consciencia, después su piel es consciente de la ropa, el sudor. El sabor metálico en la boca, el olor de los nervios, la sangre, infección. Abre los ojos y allí está Iota, concentrado. Mueve su cabeza y ve a Kaari. Ahora recuerda donde está. El ordenador. Se levanta fatigada, la cabeza le pesa y no sabe por qué.
Mira a Kaari que pese a todo, parece estar bien.
-¿Qué ha pasado?, ¿como estás?, ¿cuanto tiempo he dormido?¿Cuándo ha llegado él?.
Las preguntas se abalanzan sobre su cabeza y como un torrente las escupe hacia la chica en busca de respuestas.

Cita de: greatkithain en 28 de Dic 2025, 14:59:34Empieza por el primer punto. Cierra los ojos un instante, regula la respiración y deja que sus sentidos se expandan. La percepción se afila, el ruido de fondo se separa en capas, y la realidad adquiere un contorno distinto. Activa la Percepción del Aura, buscando cualquier anomalía, cualquier rastro que revele qué  —o quién— está observando desde ese rincón demasiado oscuro.

Iota deja que el mundo se afine. El ruido del piso se ordena en capas: el zumbido irregular del portátil, la respiración entrecortada de Ni, el leve crujido del edificio asentándose. Y, por debajo de todo, eso.

La Percepción del Aura no muestra una figura definida. No hay contornos claros ni identidad reconocible. Lo que percibes es una presencia débil, fragmentada, como un eco mal anclado. Intermitente. Inestable. No es un observador consciente ni un depredador esperando el momento. Es un resto.

El aura es grisácea, manchada, con pulsos breves de algo más oscuro: violencia reciente, miedo extremo, una fijación emocional intensa. No hay intención hostil directa, pero sí una carga densa, pegajosa, como si el propio espacio se resistiera a soltarla.

No te está mirando. Está atrapada aquí.

El foco parece venir del baño, del rincón donde la humedad se acumula y la luz nunca termina de llegar. No hay manifestación física. No hay palabras. Solo la sensación clara de que alguien murió mal... y nadie se molestó en cerrar la puerta detrás. No es una amenaza inmediata. Pero tampoco es inocuo ignorarlo.

Cita de: minwiki en 28 de Dic 2025, 22:25:34-¿Qué ha pasado?, ¿como estás?, ¿cuanto tiempo he dormido?¿Cuándo ha llegado él?.

Ni se mueve en la cama improvisada. Abre los ojos con esfuerzo, desorientada. El mundo le llega tarde, amortiguado, como si estuviera un paso por detrás de su propio cuerpo. El sabor metálico sigue ahí.

Kaari no responde. Se ha quedado medio dormida otra vez, agotada. El portátil sigue encendido. La pantalla parpadea con una línea muda esperando una decisión. Fuera, el barrio sigue vivo. Voces lejanas. Un motor. Un golpe metálico que no sabríais decir de dónde viene. Iota está dejándose llevar por sus sentidos. Aún así, tenéis que actuar rápido.

¿Qué hacéis ahora?

🟦 Investigar la presencia del piso y averiguar qué ocurrió con ella, siguiendo el rastro del aura débil antes de que se disipe del todo.
🟨 Activar el contacto de Laura usando el portátil y forzar comunicación con "G.", asumiendo el riesgo de exponeros en territorio vampírico.
🟥 Abandonar el piso inmediatamente y buscar un nuevo refugio antes de que alguien más decida por vosotros.

Iota decide seguir el rastro del aura débil. No es una decisión impulsiva; es la única que encaja con la información disponible. Si ese residuo pertenece a un espíritu, a un eco o a algo peor, necesita identificarlo antes de que se disipe. Tiene dudas sobre si su capacidad de comunicarse con espíritus servirá en este caso —la presencia no parece consciente—, pero descartar una herramienta sin probarla sería un error metodológico.

Mientras mantiene el foco en el rastro, gira para hacerle las preguntas pendientes a Kaari... y la encuentra dormida otra vez. El cuerpo le ha pasado factura. Ayudar a Ni la ha drenado más de lo que admitió. Iota registra el dato, lo almacena, pero no puede procesarlo ahora.

Su atención salta a Ni. Un vistazo rápido: se está despertando. La respiración es más estable, los ojos empiezan a enfocarse. Debería ir a evaluarla, comprobar si su estado sigue mejorando o si hay nuevas anomalías. Pero si se detiene ahora, perderá el rastro del aura. Y su eficacia ya está comprometida por tener que dividirse entre demasiadas tareas simultáneas.

La sensación le irrita. No es ira emocional, sino un fastidio técnico: demasiadas variables activas, demasiadas demandas simultáneas sobre un sistema que funciona mejor cuando puede concentrarse en un solo vector. Sabe que su rendimiento cae cuando tiene que alternar entre estímulos. Lo nota en la forma en que su mente se fragmenta, en cómo cada interrupción erosiona la claridad del análisis.

Pero no puede permitirse el lujo de priorizar solo una cosa. No aquí. No ahora.

Así que toma la decisión que menos compromete el conjunto:
seguir el rastro antes de que desaparezca.

Ni está despertando, Kaari está agotada, el piso está contaminado y el tiempo es un recurso que se está evaporando. Iota aprieta la mandíbula, reajusta su atención y se lanza tras la presencia, antes de que la ecuación cambie otra vez sin avisar.

31 de Dic 2025, 00:28:24 #44 Ultima modificación: 31 de Dic 2025, 03:07:21 por Maurick
Cita de: greatkithain en 30 de Dic 2025, 11:43:36🟦 Investigar la presencia del piso y averiguar qué ocurrió con ella, siguiendo el rastro del aura débil antes de que se disipe del todo.

El rastro no se desplaza como lo haría algo vivo. No deja huellas, no arrastra aire, no altera la temperatura. Es una ausencia que se mueve, un hueco que se reubica lentamente dentro del piso. Iota la sigue con el ceño fruncido, afinando la percepción hasta que el mundo físico pierde definición en los bordes.

El rastro conduce al descansillo. La puerta que da al interior del edificio está cerrada. No forzada. No manipulada. Cerrada como lo estaría en cualquier bloque olvidado de Nea Alikarnassos a media mañana. Sin embargo, la presión es más intensa aquí, casi insoportable: como si alguien hubiese intentado atravesarla demasiadas veces sin conseguirlo.

Iota apoya la mano en el metal frío del pomo. En cuanto lo hace, la percepción se pliega.

Durante un segundo —solo uno— no está en el descansillo. Está en otro lugar: un pasillo estrecho, con paredes cubiertas de azulejos blancos manchados de sangre seca. Olor a amoníaco. A carne. Puede distinguir un gancho balanceándose lentamente desde el techo.

La puerta se abre con un chasquido seco. Y entonces la voz habla.

No desde delante ni desde detrás. Desde dentro del oído.


La palabra no es pronunciada: es recordada. Como si alguien hubiese arrancado ese nombre de un pensamiento ajeno y lo hubiese empujado dentro de su cabeza.

La figura se manifiesta a medias, adherida a la puerta como una mancha de humedad que no termina de adoptar forma. Un torso insinuado. Brazos que no encajan con la gravedad. El rostro es un borrón... salvo por la boca, demasiado definida.


El aire se vuelve denso. El espectro vibra, inestable, como una señal mal sintonizada.


Una sacudida recorre la figura. Durante un instante, Iota ve algo más claro: un delantal manchado, cuchillas colgadas, una furgoneta blanca con el logo medio borrado.


La figura se contrae. El anclaje a la puerta empieza a romperse.


La presencia se disuelve de golpe. El descansillo vuelve a ser solo eso: un espacio sucio, con olor a lejía barata y colillas apagadas. La puerta ya no vibra. El rastro se ha ido.

Dentro del piso, Kaari sigue dormida. Ni respira, algo mejor que antes. Pero ahora Iota lo sabe: el refugio no estaba vigilado, alguien vino a advertir... y no le quedaba tiempo.

Cita de: greatkithain en 30 de Dic 2025, 11:43:36🟦 Investigar la presencia del piso y averiguar qué ocurrió con ella, siguiendo el rastro del aura débil antes de que se disipe del todo.

El rastro no se desplaza como lo haría algo vivo. No deja huellas, no arrastra aire, no altera la temperatura. Es una ausencia que se mueve, un hueco que se reubica lentamente dentro del piso. Iota la sigue con el ceño fruncido, afinando la percepción hasta que el mundo físico pierde definición en los bordes.

El rastro conduce al descansillo. La puerta que da al interior del edificio está cerrada. No forzada. No manipulada. Cerrada como lo estaría en cualquier bloque olvidado de Nea Alikarnassos a media mañana. Sin embargo, la presión es más intensa aquí, casi insoportable: como si alguien hubiese intentado atravesarla demasiadas veces sin conseguirlo.

Iota apoya la mano en el metal frío del pomo. En cuanto lo hace, la percepción se pliega.

Durante un segundo —solo uno— no está en el descansillo. Está en otro lugar: un pasillo estrecho, con paredes cubiertas de azulejos blancos manchados de sangre seca. Olor a amoníaco. A carne. Puede distinguir un gancho balanceándose lentamente desde el techo.

La puerta se abre con un chasquido seco. Y entonces la voz habla.

No desde delante ni desde detrás. Desde dentro del oído.


La palabra no es pronunciada: es recordada. Como si alguien hubiese arrancado ese nombre de un pensamiento ajeno y lo hubiese empujado dentro de su cabeza.

La figura se manifiesta a medias, adherida a la puerta como una mancha de humedad que no termina de adoptar forma. Un torso insinuado. Brazos que no encajan con la gravedad. El rostro es un borrón... salvo por la boca, demasiado definida.


El aire se vuelve denso. El espectro vibra, inestable, como una señal mal sintonizada.


Una sacudida recorre la figura. Durante un instante, Iota ve algo más claro: un delantal manchado, cuchillas colgadas, una furgoneta blanca con el logo medio borrado.


La figura se contrae. El anclaje a la puerta empieza a romperse.


La presencia se disuelve de golpe. El descansillo vuelve a ser solo eso: un espacio sucio, con olor a lejía barata y colillas apagadas. La puerta ya no vibra. El rastro se ha ido.

Dentro del piso, Kaari sigue dormida. Ni respira, algo mejor que antes. Pero ahora Iota lo sabe: el refugio no estaba vigilado, alguien vino a advertir... y no le quedaba tiempo.

¿Qué hacéis ahora?

🟦 Intentar entender qué es el Æon, siguiendo la pista de lo que Iota percibió en el yonki la noche anterior.
🟨 Ir al puerto a buscar a Sfázo, el nombre que ha pronunciado el espectro, para averiguar qué tocó y por qué alguien querría advertir a Laura incluso después de su muerte.
🟥 Activar el portátil y usar el contacto de Laura, intentando comunicarse con «G.», aunque eso implique exponeros y dejar huella digital o sobrenatural.