Episodio 2 — Bilbao

Iniciado por Maurick, 01 de Mar 2026, 11:29:46

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03 de Jun 2026, 01:11:10 #30 Ultima modificación: 03 de Jun 2026, 01:20:17 por Maurick
Getxo, Romo-Itzubaltzeta, cerca de las Instalaciones Demóstenes

📅 27 de Agosto de 2005, 13:58

Las coordenadas de Semyon os sacan de las vías principales y os hunden poco a poco en la zona baja de Romo-Itzubaltzeta, allí donde Getxo deja de parecer una postal costera y empieza a recordar que también tuvo grasa, muelles y metal bajo las uñas. Las calles se vuelven más estrechas, más funcionales. Naves viejas, talleres cerrados, garajes con persianas marcadas por la humedad, cámaras nuevas atornilladas sobre fachadas demasiado antiguas y ese olor persistente a ría, óxido y lluvia vieja.

Kara reduce la velocidad al llegar a una calle secundaria, no demasiado lejos de Gabriel Ramos Kalea y Torrebarria Kalea. Hay una nave discreta a un lado, un aparcamiento de servicio al otro y una furgoneta blanca esperando con el motor apagado. Dentro hay tres figuras, y la primera la reconoces enseguida: es el mostrenco que acompañaba a Esteban y a Fernanda. No lleva gafas oscuras ni intenta parecer un simple operativo. No le hace falta. Está sentado al volante como un bloque de carne y rabia comprimida, con el cabello rapado, la barba de varios días y esa cara de haber sido construido a base de golpes mal curados. La nariz rota, los labios gruesos, los nudillos anchos sobre el volante. Cuando os ve llegar, no levanta la barbilla. Sólo gira los ojos hacia ti.

Y recuerda. La noche anterior, María Fernanda Robles estaba de rodillas; la noche anterior, tú bajaste el hacha. La noche anterior, él miró. Kara aparca cerca, pero no apaga el motor de inmediato. Sus dedos se tensan en el volante.


Vytalian mira por la ventanilla con gesto torcido. Sus ojos se fijan primero en Apolo y luego en los dos hombres que van con él, sentados en la parte trasera de la furgoneta.


Los otros dos no parecen Garou. Tampoco parecen simples matones. Humanos, quizá. O algo lo bastante humano como para que el ojo quiera dejarlos pasar de largo. Uno tiene la piel demasiado encerada, como si el sudor no terminase de salir bien por los poros. El otro mantiene una sonrisa pequeña, fija, con los labios cerrados y los ojos demasiado quietos. Hay algo en ellos que no encaja. No lo bastante claro para señalarlo. Lo bastante sucio para que el cuerpo lo note antes que la cabeza.



Apolo baja de la furgoneta. Lo hace despacio, sin teatralidad. Lleva botas de combate, vaqueros gastados y una chaqueta de cuero vieja que no oculta del todo la anchura de sus hombros. En una mano trae una mochila negra. Camina hasta vuestro coche. No mira a Kara, ni a Vytalian. Te mira a ti.

El aire entre ambos se vuelve áspero, como si la calle se hubiera quedado sin humedad durante un segundo. Apolo no enseña los dientes, pero la tensión de su mandíbula basta para imaginar el resto. Se detiene junto a la ventanilla de Kara y le entrega la mochila sin una palabra. La Ragabash la coge con cuidado. Apolo mantiene la mano un instante más de lo necesario sobre la correa, obligándola a tirar un poco. Luego la suelta. Sus ojos vuelven a ti. No hay desafío abierto. No puede permitírselo. Vytalian inclina la cabeza, olfateando el aire sin hacerlo evidente.


Apolo no responde. Los dos hombres de la furgoneta tampoco. Uno de ellos gira la cara hacia Vytalian con un retraso mínimo, medio segundo tarde, como si hubiese recibido la orden de parecer ofendido y no hubiera sabido ejecutarla a tiempo. Kara baja la vista a la mochila, abriéndola sobre sus rodillas. Dentro hay tres dispositivos planos, del tamaño de una caja de cerillas, negros, sin marca visible. También un pequeño lector, dos piezas adhesivas con aspecto de parche técnico, una bolsita con herramientas y una hoja plastificada con instrucciones mínimas. Todo demasiado limpio y demasiado preparado. Kara revisa el contenido con la cara quieta.


La frase le sabe mal. Se nota en la forma en la que baja la mirada hacia los aparatos, como si fuesen más pesados de lo que parecen. Vytalian se inclina un poco hacia delante desde el asiento trasero.


Kara no le responde. Kara guarda la hoja plastificada en su chaqueta y deja los tres dispositivos sobre tu pierna, junto al lector. Esta vez sí te mira, aunque por debajo del cansancio hay una tensión nueva. Apolo sigue ahí fuera, a medio metro, como si su presencia hiciera más estrecho el coche.


Apolo da un paso atrás. No se despide. No hace falta. Sus dos acompañantes siguen en la furgoneta, quietos, con esa quietud demasiado obediente que resulta peor que una amenaza. Cuando el Ahroun vuelve al vehículo, uno de ellos abre la puerta lateral desde dentro antes de que él llegue a tocarla. Ese detalle es mínimo, y desagradable. La furgoneta arranca y se marcha con una suavidad poco acorde al hombre que la conduce. Durante unos segundos queda el rumor del motor perdiéndose calle abajo y la sensación de que algo pegajoso se ha quedado en el aire.

Vytalian mira por el cristal trasero hasta que la furgoneta desaparece.


Kara no contesta al principio. Cierra la mochila, pero no la aparta de sus rodillas.


La dirección parcial de Valeria os lleva después a una zona todavía más anodina, más cerca del viejo tejido industrial que bordea la ría. Una entrada de servicio entre dos edificios reacondicionados, una persiana metálica vieja, un acceso lateral con lector de tarjeta y una cámara orientada hacia una esquina que no cubre del todo el ángulo muerto. Todo parece demasiado normal para ser la puerta trasera de un túmulo. Y quizá por eso funciona. Kara detiene el coche a media manzana. Apaga el motor, pero no se mueve todavía.


Vytalian observa el entorno durante unos segundos. Sus ojos ya no tienen la rabia limpia de antes. Ahora están trabajando. Eso también cambia algo dentro del coche.


Luego te mira a ti, todavía desde el asiento trasero.


Kara abre la puerta y sale. El aire de Getxo entra frío, cargado de humedad, sal lejana y metal mojado. Se ajusta la chaqueta blanca, se recompone el pelo con un gesto pequeño y se queda mirando el acceso técnico.


Lo dice con firmeza. No porque ya esté cómoda, sino porque ha decidido que la incomodidad no va a mandar más que ella. Vytalian baja del coche y se acerca al lateral de un escaparate oscuro. El cristal devuelve su reflejo deforme durante un instante. Apoya dos dedos sobre la superficie y murmura algo. Su silueta parece perder peso, volverse más delgada, más distante, hasta que el reflejo se lo traga con un temblor leve. El enlace llega un segundo después. No es una voz dentro de tu cabeza, no exactamente. Es una presencia áspera, cargada de humo, cansancio y mala leche.


Kara te mira. Ahora sí. Sin Semyon en el altavoz. Sin Valeria en la mesa. Sin Terry sonriendo detrás. Sólo ella, tú, una puerta de servicio y un túmulo enemigo debajo de una ciudad que todavía finge ser una ciudad.


La cámara del acceso gira lentamente sobre su eje, obedeciendo algún ciclo de vigilancia perezoso. Durante un breve intervalo, el ángulo muerto queda abierto. El lector de la puerta espera. El papel de Valeria pesa dentro de tu chaqueta, y los dispositivos de escucha descansan en tus bolsillos. Y bajo vuestros pies, el Viento de Acero respira en silencio.

¿Qué vas a hacer, Mark?

🟦 Seguir las instrucciones de Kara y llevar a cabo la infiltración. Tendrás que superar una tirada de Inteligencia + Informática a Dificultad 8. Con 1 éxito, implantas los dispositivos de escucha y seguimiento correctamente. Con un fallo, también los implantas... pero no sabrás que has dejado algo atrás que os molestará en el futuro.

🟨 Detenerte un momento y preguntar a Vytalian qué ha notado exactamente en Apolo y en los dos hombres que le acompañaban. Kara se mostrará molesta por perder la ventana de acceso, pero quizá necesitas saber qué clase de mierda os acaban de poner delante antes de entrar en el Viento de Acero. Obtendrás una pista adicional, pero tendrás que realizar la tirada de 🟦 con +1 a la Dificultad.

🟥 Ignorar a Kara, decirle que entre sola y perseguir a Apolo. Hay algo en todo esto que no encaja, y tu instinto te dice que dejar marchar al mostrenco del Trono de Cibeles puede ser un error. Perderás 2 puntos de Gloria temporal, pero te pondrás en el camino del Señor de la Sombra y de lo que sea que lleva en esa furgoneta.

Al llegar y ver al operativo, no puedo evitar suspirar y mascullar por abajo.

-Somos uno de los mayores clanes garou de toda Gaia y tenían que subcontratar a este de nuevo... lo siguiente será poner a Esteban como negociador en el caso de que nos capturen y ya sería la guinda del pastel...

No digo ninguna palabra durante el "intercambio". Me limito a asentir mientras tengo la ventanilla del copiloto bajada para que el humo no genere una niebla incómoda dentro del vehículo. Mi actitud con Apolo es neutra, como si se tratara de un trámite burocrático, aunque por dentro me esté cagando en todos los ancestros de quien vio oportuno traerle al día siguiente de la ejecución de su compañera.

Cita de: Maurick en 03 de Jun 2026, 01:11:10
La frase le sabe mal. Se nota en la forma en la que baja la mirada hacia los aparatos, como si fuesen más pesados de lo que parecen. Vytalian se inclina un poco hacia delante desde el asiento trasero.



Kara no le responde. Kara guarda la hoja plastificada en su chaqueta y deja los tres dispositivos sobre tu pierna, junto al lector. Esta vez sí te mira, aunque por debajo del cansancio hay una tensión nueva. Apolo sigue ahí fuera, a medio metro, como si su presencia hiciera más estrecho el coche.



-Son dispositivos de escucha y de seguimiento... -digo mirando los objetos de soslayo- no solo soy Morador del Cristal para recibir el rechazo de mis congéneres... -digo a Vyt de medio lado esbozando una sonrisa- no os preocupéis por ello, me ocuparé yo de instalarlos...

Los recojo de manos de Kara y espero a que la extraña comitiva se marche.


Cita de: Maurick en 03 de Jun 2026, 01:11:10Vytalian mira por el cristal trasero hasta que la furgoneta desaparece.


Kara no contesta al principio. Cierra la mochila, pero no la aparta de sus rodillas.



-Puede que sean otras extrañas criaturas como la "spiderwoman" de antes... -me encojo de hombros- eso ahora de poca importancia dispone... esperemos que este sea el cauce de "redención" de Apolo y se lo haya tomado en serio... de lo contrario, será otra palada de tierra sobre nuestra tumba...

Una vez en el lugar señalado por Valeria, observo con atención el lugar mientras mis compañeros intercambian sus últimos comentarios y anotaciones previos a la infiltración. No tengo nada que añadir.

-Descuida Kara, tengo claro lo que tenemos entre manos...


Cita de: Maurick en 03 de Jun 2026, 01:11:10¿Qué vas a hacer, Mark?

🟦 Seguir las instrucciones de Kara y llevar a cabo la infiltración. Tendrás que superar una tirada de Inteligencia + Informática a Dificultad 8. Con 1 éxito, implantas los dispositivos de escucha y seguimiento correctamente. Con un fallo, también los implantas... pero no sabrás que has dejado algo atrás que os molestará en el futuro.



La cámara del acceso sigue girando con esa lentitud casi perezosa de los sistemas que confían demasiado en sí mismos. No parece antigua. Tampoco nueva. Parece mantenida, revisada, encajada dentro de una rutina que lleva años funcionando sin que nadie tenga que pensar demasiado en ella. El lector de la puerta parpadea en rojo.

Kara se coloca a tu lado, lo bastante cerca para cubrirte sin invadirte. El traje blanco resulta casi ofensivo en aquella calle húmeda, junto a la persiana metálica y el olor a ría vieja. Tiene una mano dentro de la chaqueta. La otra descansa suelta junto al cuerpo, pero no hay nada relajado en sus dedos.


No lo dice como una orden, si no como una frase de ánimo, llena de confianza. Introduces la primera clave. Durante un segundo no ocurre nada. El lector permanece en rojo, la cámara sigue su ciclo y el viento arrastra una bolsa de plástico contra el bordillo. Luego el piloto cambia a verde con un chasquido casi tímido. La puerta se desbloquea. Kara no sonríe, pero toma la decisión de ir primero.


Sólo eso. Dentro, el acceso técnico huele a polvo húmedo, grasa industrial y electricidad caliente. Un pasillo estrecho se hunde hacia abajo entre paredes de hormigón pintadas de un gris viejo, con tuberías gruesas recorriendo el techo y cables sujetos por abrazaderas metálicas. Hay luces fluorescentes cada varios metros, algunas con un parpadeo mínimo, casi imperceptible, como si estuvieran respirando mal.

La puerta se cierra detrás de vosotros con un golpe sordo, mientras el sonido queda atrapado en el pasillo. Durante un instante, la ciudad desaparece. Kara mira hacia atrás, luego al frente. No habla. Levanta dos dedos, señalando avance. Su manera de moverse cambia dentro del edificio. Fuera parecía una mujer agotada intentando sostener una operación demasiado grande; aquí se vuelve más pequeña, más precisa, más silenciosa. El enlace de Vytalian llega con un roce áspero al fondo de la cabeza.


Su presencia mental no suena como una voz normal. Es más bien una presión cargada de humo, rabia mal disimulada y un frío que no viene del pasillo.


Kara oye la parte que Vytalian decide compartirle. Se le endurece la mandíbula, pero sigue avanzando. El primer punto indicado por Valeria está detrás de un panel de mantenimiento oxidado, en una arqueta lateral donde convergen tres conducciones de datos y una línea eléctrica secundaria. A simple vista, el sitio parece una chapuza industrial más, una tripa abierta en un edificio viejo. Pero en cuanto te arrodillas y apartas la placa, ves el orden bajo la mugre: Demóstenes no está improvisado.

Cada cable está numerado. Cada abrazadera tiene una marca de revisión. Hay símbolos pequeños grabados sobre el metal, no exactamente runas, no exactamente códigos técnicos. Cosas a medio camino entre una firma de mantenimiento y una oración para que la máquina no olvide quién la alimenta. Kara se queda de pie a tu espalda, vigilando el pasillo, y no te mete prisa. Eso ayuda más de lo que debería.

Trabajas con el primer dispositivo. El lector responde sin que tengas que forzarlo demasiado. No es tecnología convencional, o no del todo. Hay una lógica de la Justicia Metálica en el diseño: capas redundantes, cifrado frío, una interfaz hecha para parecer más simple de lo que es. Pero también hay algo más, una función secundaria escondida bajo el protocolo de escucha.

No transmite todavía. Mapea y marca. Aprende el entorno antes de hablar con nadie. El primer dispositivo queda instalado con limpieza, adherido al interior de la arqueta, conectado a la línea auxiliar sin romper el flujo. Si alguien revisa el panel deprisa, no verá nada. Si alguien lo revisa bien, quizá tampoco. Kara se agacha un poco junto a ti, sin tocar nada.


Su voz sale baja, tranquila, controlada. Pero hay una tensión muy fina en la pregunta, como si una parte de ella quisiera que respondieras que no, que aquello no funciona, que aún estáis a tiempo de largaros sin haber dejado vuestra huella dentro de un túmulo ajeno. No es lo que puedes decir. El aparato emite una pulsación mínima. Tú la ves en el lector: una línea breve, limpia, casi elegante.


Kara ha visto tu cara. No pregunta de inmediato. Primero mira hacia el pasillo. Luego vuelve a ti. Sus ojos, tan claros bajo aquella luz enferma, no tienen reproche. Tienen miedo, aunque lo lleve sujeto con las dos manos.


Antes de que puedas responder, Vytalian entra otra vez en el enlace.


Una pausa.


El pasillo sigue vacío, y eso es lo peor. Avanzáis hacia el segundo punto. Esta vez la ruta os obliga a bajar una escalera metálica de servicio. Cada peldaño suena demasiado alto bajo las botas. El aire se vuelve más frío a medida que descendéis, pero no más limpio. Huele a agua estancada, a metal mojado y a ozono. En alguna parte, muy abajo, una máquina arranca y se detiene con intervalos regulares, como un pulmón viejo.

Al final de la escalera, una puerta con placa industrial os corta el paso.

INSTALACIONES DEMÓSTENESSECTOR M-3PERSONAL AUTORIZADO

La pintura está desconchada. La cerradura, en cambio, parece nueva. Kara se acerca primero. Pega el oído a la puerta, aguanta la respiración un segundo y luego se aparta. Te mira y asiente. Usas la segunda clave. Ahí empiezan los noventa segundos.

El lector parpadea en verde. La cerradura cede. Kara abre lo justo y se desliza dentro antes que tú, con una suavidad que no parece propia de alguien tan cansada. La sigues. El otro lado no se parece a una cueva sagrada. Hay servidores.

Filas de armarios metálicos, algunos antiguos, otros demasiado modernos, unidos por cables gruesos que suben al techo como raíces negras. Hay pequeños fetiches incrustados en las estructuras: placas de cobre con símbolos, tornillos adornados con plumas grises, fragmentos de hueso atados con alambre fino. Las luces de estado parpadean en verde, ámbar y azul, y durante un instante casi parece que os estén mirando. Demóstenes funciona como una ciudad encerrada dentro de otra ciudad. Kara se queda quieta al verlo.


La palabra se le escapa muy baja, sin fuerza. Luego vuelve a recomponerse y señala una columna lateral de cableado.


Instalas el segundo dispositivo. Esta vez lo haces más rápido. Mejor. El primer contacto te ha enseñado cómo piensa el sistema, y eso te permite deslizarte entre sus costuras sin rasgar nada visible. El aparato se camufla bajo una cubierta de mantenimiento y empieza a copiar patrones de tráfico interno, registrando rutas, horarios, densidad de movimiento. Kara vigila la puerta. Desde fuera, te llega su respiración contenida, como alguien que sabe que una sola interrupción puede convertir una infiltración limpia en una matanza.


Lo dice sin mirarte, y sabes que no es un cumplido de trámite. Es una cuerda tirada hacia ti en mitad del ruido blanco de los servidores. Una forma sencilla de decirte que está contigo, que confía en tus manos, que no vas solo aunque seas tú quien entiende aquella maquinaria mejor que ella.

El tercer punto está más adentro de lo que debería. Eso ya no te gusta. El plano de Valeria lo marca como una conducción de ventilación auxiliar, pero el recorrido os lleva hasta un corredor donde el hormigón deja paso a paneles lisos, puertas reforzadas y cámaras semiesféricas en las esquinas. No estáis en el corazón del túmulo, pero tampoco en su piel exterior. Estáis en una zona que alguien usa. No mucho. Lo suficiente. Pasa una mujer al fondo del pasillo.

Kara te agarra del brazo y te empuja contigo hacia un hueco lateral sin violencia, pero con decisión. Quedáis pegados a la pared, casi hombro con hombro, detrás de una conducción vertical. La mujer cruza a unos quince metros. Lleva bata clara, una carpeta bajo el brazo y el pelo recogido. No mira hacia vosotros. Sus pasos se alejan. Kara no te suelta enseguida. Su mano sigue en tu manga dos segundos más de lo necesario. Cuando se da cuenta, la retira despacio.


No tendría por qué disculparse, pero lo hace igual. La luz fluorescente le marca las ojeras, el cansancio acumulado, esa grieta que lleva toda la mañana intentando cerrar con órdenes breves y espalda recta. Por primera vez desde que entrasteis, parece muy joven. No débil. Joven. Como alguien a quien han puesto delante de demasiadas decisiones antes de dejarle aprender a vivir con ninguna. Luego vuelve la Kara de antes.


El tercer dispositivo encaja en la conducción auxiliar, pero en cuanto lo conectas, el lector devuelve una lectura que no esperabas. No es un fallo, es peor. La señal se divide en dos capas. Una escucha. La otra no. La otra busca algo dentro de Demóstenes, comparando patrones de acceso, rutas de seguridad y resonancias espirituales del sistema. No se limita a registrar movimiento. Está construyendo un mapa de vulnerabilidades: un mapa útil para entrar.

Vytalian gruñe dentro del enlace.


El tercer dispositivo palpita una vez en el lector, de forma muy suave y muy limpia. Como un corazón pequeño aprendiendo el ritmo de una casa ajena. Kara te mira. Esta vez no pregunta. Ya ha entendido suficiente por tu silencio.

A lo lejos, más allá de una puerta cerrada, se oyen voces. No palabras claras. Voces. Gente del Viento de Acero moviéndose por su propio hogar sin saber que acabáis de dejar algo respirando en las paredes. La ventana de noventa segundos está a punto de cerrarse. El lector sigue en tu mano, pero el tercer dispositivo ya está instalado. Y bajo vuestros pies, Demóstenes no grita, sólo escucha.

Kara se te queda mirando. Tenéis que salir de ahí cuanto antes. ¿Cómo lo vais a afrontar?

🟦 Salir por la ruta técnica siguiendo las instrucciones de Kara. Mente fría, pasos medidos, sin improvisar más de la cuenta. Realiza una tirada de Astucia + Sigilo a Dificultad 8 para salir de Demóstenes sin llamar la atención.

🟨 Pedir ayuda a Vytalian para escapar por la Umbra. Es más arriesgado, pero quizá os permita evitar los pasillos físicos antes de que la ventana se cierre del todo. Realiza primero una tirada de Gnosis a Dificultad 7 para cruzar, y después una tirada de Astucia + Ocultismo a Dificultad 6 para escapar de los espíritus sensibles del Viento de Acero.

🟥 Salir con normalidad, como si no hubiese pasado nada. Nada de trucos, nada de rodeos, nada de depender de la Umbra. Hay un 50% de posibilidades de que os pillen, pero no tendrás que hacer tirada ni jugártela con los espíritus del túmulo.

Cita de: Maurick en 06 de Jun 2026, 13:14:41El tercer dispositivo encaja en la conducción auxiliar, pero en cuanto lo conectas, el lector devuelve una lectura que no esperabas. No es un fallo, es peor. La señal se divide en dos capas. Una escucha. La otra no. La otra busca algo dentro de Demóstenes, comparando patrones de acceso, rutas de seguridad y resonancias espirituales del sistema. No se limita a registrar movimiento. Está construyendo un mapa de vulnerabilidades: un mapa útil para entrar.

Vytalian gruñe dentro del enlace.


El tercer dispositivo palpita una vez en el lector, de forma muy suave y muy limpia. Como un corazón pequeño aprendiendo el ritmo de una casa ajena. Kara te mira. Esta vez no pregunta. Ya ha entendido suficiente por tu silencio.

A lo lejos, más allá de una puerta cerrada, se oyen voces. No palabras claras. Voces. Gente del Viento de Acero moviéndose por su propio hogar sin saber que acabáis de dejar algo respirando en las paredes. La ventana de noventa segundos está a punto de cerrarse. El lector sigue en tu mano, pero el tercer dispositivo ya está instalado. Y bajo vuestros pies, Demóstenes no grita, sólo escucha.

Kara se te queda mirando. Tenéis que salir de ahí cuanto antes. ¿Cómo lo vais a afrontar?

🟦 Salir por la ruta técnica siguiendo las instrucciones de Kara. Mente fría, pasos medidos, sin improvisar más de la cuenta. Realiza una tirada de Astucia + Sigilo a Dificultad 8 para salir de Demóstenes sin llamar la atención.

-Quizás seas tú la que nos tengas que invitar a la botella de vodka... -la hago una señal con la cabeza para que me siga- bailemos juntos este Kazachok... -sonrío de medio lado a mi compañera antes de caminar con decisión hacia la ruta técnica establecida.


Os escabullís entre los pasillos del Viento de Acero. Lo que más te llama la atención es que, a pesar de haber sido una serie de pasillos industriales y zonas de mantenimiento, no parecía una base de operaciones. Ni un laboratorio secreto: por cómo has visto comportarse a sus habitantes, lo que te ha venido a la mente es que era un hogar. Sin embargo, no puedes pararte a analizar lo que estás haciendo. Debéis continuar, y Kara se queda meditabunda sobre tu propuesta. Durante un segundo sólo te mira, con la respiración controlada y los ojos demasiado atentos para permitirse una sonrisa limpia.


La frase sale baja, casi sin aire. Luego echa un vistazo al pasillo, calcula el movimiento de la cámara, escucha las voces al otro lado de la puerta y vuelve a ti con una seriedad que, por alguna razón, pesa menos que antes. No con confianza ciega, con algo mejor. Con confianza trabajada a pulso en mitad del miedo. Avanzáis por la ruta técnica sin correr, sin mirar atrás más de lo justo, midiendo cada cruce y cada pausa. Hay un momento en el que una puerta se abre al fondo del corredor y una luz más clara corta el suelo. Kara te empuja apenas hacia un lateral, tú corriges el ángulo, esperáis dos respiraciones y aquella chica del Viento de Acero pasa sin veros.

El lector vibra una vez en tu mano: no es una alarma, es un registro. Un eco técnico del tercer dispositivo terminando su primera lectura de Demóstenes. Durante un instante, ves una línea de diagnóstico demasiado breve para estudiarla con calma: rutas internas, cierres secundarios, resonancias espirituales, puntos de mantenimiento. Una cartografía de vulnerabilidades. Luego desaparece. Vytalian entra en el enlace con una voz más baja que de costumbre.


Esta vez no hay chiste. Eso basta para entender que algo le preocupa de verdad. Kara se mueve a tu lado sin discutir. El traje blanco roza una tubería manchada de óxido, pero ella ni siquiera mira la marca. Todo su cuerpo está en la salida, en el siguiente giro, en el siguiente tramo de escalera, en el siguiente segundo que os mantiene vivos. Cuando llegáis a la puerta exterior, la cámara vuelve a estar girando hacia el ángulo muerto. La misma rutina de antes. El mismo punto ciego. La ciudad os recibe con aire húmedo, olor a ría y un ruido vulgar de tráfico lejano. Kara sale detrás de ti y se queda un instante con una mano apoyada en la pared, sin llegar a doblarse. Sólo cierra los ojos. Un segundo. Dos. Luego vuelve a abrirlos y se recompone antes de que nadie pueda llamarlo debilidad.


Vytalian reaparece poco después desde el reflejo oscuro de un escaparate cercano. Tiene peor cara que cuando se fue, y eso ya era difícil.


Kara no dice nada. El viento le mueve un mechón rubio que se le ha soltado durante la salida. Durante un momento parece que va a preguntar algo, quizá a ti, quizá a Vytalian, quizá a sí misma. Al final sólo recoge aire, se endereza y mira hacia el coche. Os repartís como estábais antes de entrar: Kara conduciendo, tú de copiloto y Vytalian atrás.




Getxo, Romo-Itzubaltzeta, Cafetería Arriaga, a doce manzanas de las Instalaciones Demóstenes

📅 27 de Agosto de 2005, 16:02

El Café Arriaga está a unas cuantas manzanas de la zona industrial, lo bastante lejos como para que el acceso técnico de Demóstenes parezca otra vida, pero no tanto como para que el cuerpo deje de recordarlo. Es una cafetería de barrio, estrecha, con barra de madera oscura, mesas pequeñas junto al ventanal y olor a café recién molido, tabaco viejo y lluvia en la ropa.

Entráis los tres sin hablar demasiado. Vytalian pasa primero, con la cara cerrada y los hombros todavía tensos. Kara lo sigue, impecable a simple vista, aunque el bajo del pantalón blanco lleva una mancha de óxido que no se ha molestado en mirar. Os sentáis en una mesa apartada, cerca del fondo. Durante unos segundos nadie dice nada. Sólo respirais. El ruido de las tazas, la cafetera y una radio baja detrás de la barra hacen más por vosotros que cualquier discurso.

Kara se pasa una mano por la frente, recoge aire y mira al camarero cuando se acerca.


Vytalian levanta dos dedos sin cambiar la expresión.


Hace una pausa. Duda si decir tu nombre o llamarte de otra forma. Se hace una interacción incómoda. La normalidad de la cafetería os rodea con una indiferencia casi cruel. Por primera vez en un rato, ninguno de los tres tiene que moverse, hasta que alguien más entra por la puerta. Monique, junto con otras tres mujeres que no logras identificar, entran, saludan al tipo que está tras la barra y se sientan en una mesa al lado contrario de dónde estáis vosotros. Ni Kara ni Vytalian, por cómo están sentados, se han dado cuenta. Pero... ¿y si Monique te ha visto?

¿Qué vas a hacer, Mark?

Una vez fuera de las instalaciones del Viento de Acero, recupero de nuevo mi ritmo de respiración habitual y poco a poco la compostura.

-¿Entramos y repetimos? -digo con media sonrisa a Kara mientras la sigo hacia el coche y saludo a Vyt con la cabeza.

Tomo el asiento del copiloto, abro la ventanilla y me enciendo un cigarro mientras miro a Vytalian a través del retrovisor.

-¿Cómo fue tu aventura desde el otro lado?

No digo más hasta que llegamos al Café Arriaga, excepto que alguno de mis compañeros se pronuncie.

-Que sean tres -miro de soslayo a mi compañero, obviando el momento mágico.

Me recuesto en la silla y suspiro mirando al techo.

-Empiezo a hacerme viejo para estas mierdas... -vuelvo a tomar una compostura normal y es cuando observo a la recién llegadas.

Frunzo el ceño y espero a que el camarero traiga las bebidas. Parece que el destino no quiera darnos un maldito segundo de tranquilidad. No digo nada en la mesa. Cuando el camarero trae los cafés con vitaminas, me tomo el mío como si se tratara de un chupito de lava, carraspeo más por la temperatura de la bebida que por el ardor del alcohol.

-Voy a tomar el aire...

Me levanto de la mesa y busco la mejor vía para salir del establecimiento sin que las Furias me vean o anden cerca. Una vez fuera, me enciendo un cigarro y contacto mentalmente con mis compañeros a través de la vía mística de Vytalian.

"¿Probando?¿Me escucháis? Estas mierdas místicas nunca han ido conmigo... actuar con normalidad, pero salir de la cafetería cuanto antes. Al fondo tenemos a la delegación diplomática del Arce Verde. Si nos ven, podrían hacerse preguntas. Os espero en el coche."

Me dirijo hacia el coche, esperando que Monique no me haya visto. Aunque viendo nuestra suerte en lo referente a momentos de tranquilidad, algo me dice que no va a ser tan sencillo.

13 de Jun 2026, 01:33:05 #36 Ultima modificación: 28 de Jul 2026, 12:47:11 por Maurick
Cuando estás fuera, intentando «hablar» con tus compañeros, te sientes algo idiota. Eso no tranquiliza, pero solo esperas que Monique no se haya fijado en ti. Estaba con una actitud muy agradable, jovial, cómoda. Sabes que, si te ha visto, también sabe esperar. Kara y Vytalian abandonan la cafetería poco después. Ella no mira hacia la mesa del Arce Verde, aunque notas en su forma de caminar que ya ha entendido la advertencia. Vytalian sale el último, con mala cara y el café a medio terminar, como si dejar alcohol sin beber fuese otro síntoma de que el día se está torciendo.

En cuanto subís al coche, el móvil de Kara empieza a sonar. Ella mira la pantalla, cierra los ojos un instante y contesta.


La voz de Semyon entra seca, sin saludo.


Kara arranca el motor sin discutir.


La comunicación se corta.



Bilbao, barrio de Bolueta — Hotel Ibarsusi

📅 27 de agosto de 2005, 18:06

Durante el trayecto, Bilbao va reemplazando poco a poco la humedad abierta de Getxo por calles más cerradas, fachadas cansadas y ruido de tráfico contenido entre edificios. El Hotel Ibarsusi no tiene nada memorable: recepción estrecha, moqueta vieja, ascensor lento y una habitación con dos camas, una sofá incómodo y una ventana que da a una calle lateral. Pero tiene puerta, paredes, y durante un rato, eso casi parece suficiente.

Pasáis las siguientes dos horas recomponiéndoos. Kara se lava las manos más tiempo del necesario. Vytalian revisa la ventana, la cerradura y el pasillo antes de sentarse. Tú aún tienes en los dedos la memoria del tercer dispositivo, aquella pulsación limpia, demasiado limpia, aprendiendo el ritmo de Demóstenes. A las 18:21, Semyon vuelve a llamar.

Kara pone el móvil sobre la mesilla y activa el altavoz.


Vytalian levanta la vista despacio.


Kara ni parpadea.


Vytalian se cruza de brazos.


Una pausa breve. No hay duda en la voz de Semyon. Ni rabia. Ni placer. Sólo procedimiento.


Vytalian suelta una risa seca, sin humor.


Hay un silencio incómodo. Como si alguno de los dos no quisiese que el otro estuviese presente.


Kara sigue mirando el móvil. Tiene la espalda recta, pero algo en sus ojos se ha enfriado de otra manera.


La llamada se corta, y el silencio queda en la habitación como humo bajo. Kara mira primero a Vytalian. Luego a ti. Vytalian se cruza de brazos, apoyado contra la pared, con la mandíbula tensa.


Kara no aparta los ojos de ti.


Mientras ella te habla, con los ojos de un lobo acorralado, tu teléfono móvil suena. Sabes quién es la autora del SMS.

xk stas n Getxo, Mark? N t ibas ya?
¿Qué vas a hacer, Mark?

Al llegar al hotel, me quito la chupa de cuero y me siento en el sofá unos minutos, buscando de algún modo relajar los músculos y las articulaciones.

Sin darme cuenta de haberme dormido, me despierto cuando se produce la segunda llamada de Semyon. Me desentumezco, recobro la compostura y me enciendo un cigarro. Escucho y dejo que los eslavos parloteen entre sí. Al escuchar la propuesta del "zar" sobre una nueva reunión con la "araña" me hace esbozar una sonrisa amarga.

Cuando Semyon cuelga y Vytalian muestra de nuevo sus quejas al respecto, no digo nada. Cuando Kara me pregunta, voy a responderla pero las palabras se me quedan dentro al vibrar mi móvil. Leo el mensaje de Monique y chasqueo la lengua.

-Valeria Parhon... -respondo al fin- no se si esa autómata sería nuestra mejor baza para negociar o... -espero unos segundos antes de continuar- quizás sea mejor un plan alternativo, si os parece bien... -me levanto y apago el cigarro en el cenicero, para acto seguido encenderme otro- entre la delegación del Arce Verde tengo a un contacto... -una amiga, pienso para mis adentros- "si hay margen real de negociación o si Custod va a encerrarse detrás de sus ideales hasta obligarnos a romper la puerta" -digo citando textualmente a Semyon- creo que es mejor opción que la "spider-woman lobotomizada", además... al menos ella, de entre las Furias, me ha visto aquí, si me reúno con ella para cuestionar lo que Semyon nos ha pedido, podría camuflar nuestra presencia aquí con que somos la avanzadilla ante el Viento de Acero para reclamar a Johnny... -me encojo de hombros- no es raro vernos como el grupo negociador después de lo del Peñasco Blanco -calo profundamente del cigarro- el envío del mensaje umbral da solidez a la coartada que presentaría ante ella y... -me encojo de hombros- evitamos que puedan discurrir demasiado sobre qué hacemos aquí y puedan llegar a descubrir nuestra reciente incursión... -miro directamente a Kara- tú tienes la última palabra pues, a fin de cuentas, eres la líder de nuestra manada... -no digo más y guardo silencio esperando sus respuestas.

Si con esta maniobra consigo mantener nuestra coartada en Bilbao y obtener la información que nos ha pedido Semyon, será todo un logro. Si en caso de que Monique me presente un panorama oscuro para una posible negociación pacífica, poder advertirla de que ella y sus compañeras se mantengan al margen para evitar daños colaterales sería una gran victoria personal.

Kara escucha tu propuesta sin interrumpirte. No fuma, no se mueve, no mira al móvil. Sólo te deja hablar, con esa quietud suya que a veces parece atención y a veces parece un bisturí esperando sobre una bandeja. Cuando terminas, el silencio de la habitación tarda un poco en romperse. Vytalian está apoyado contra la pared, con los brazos cruzados. Tiene cara de no estar de acuerdo con nada por principio, pero incluso él parece haber encontrado algo útil en lo que acabas de decir.

Kara baja la mirada hacia el teléfono de Semyon, todavía mudo sobre la mesilla. Alza los ojos hacia ti.


Vytalian resopla por la nariz.


Kara no le lleva la contraria. Eso ya dice bastante.


Da un paso hacia la ventana, aparta apenas la cortina y mira la calle de Bolueta con expresión cansada.


Vytalian te mira entonces con una media sonrisa torcida.


Hace una pausa, buscando el paquete de tabaco en el bolsillo.


Kara le lanza una mirada seca.


El ruso se ríe.


El ruso se encoge de hombros y vuelve a mirarte, ya más serio.


Kara se vuelve hacia ti. Esta vez no habla como subordinada de Semyon. Habla como alfa de la Ráfaga de Plata en esa habitación concreta, durante ese minuto concreto.


¿Qué vas a hacer, Mark?

🟦 Esperar a mañana por la mañana y quedar entonces con Monique. Tendrás una coartada más ordenada, más cercana al ultimátum oficial enviado a Custod Aeson, y menos riesgo inmediato de parecer desesperado.

🟨 Llamar a Monique esta misma noche y quedar con ella a solas. Podrás tantearla antes de que el Arce Verde cierre filas con el Viento de Acero, pero consumirás tiempo, te expondrás personalmente y Kara no estará allí para sostener la conversación si algo se tuerce.

🟥 Llamar a Monique y a Valeria Parhon. Dos aliadas son mejor que una... si no se devoran entre ellas primero. Podrías abrir una vía política y otra interna al mismo tiempo, pero mezclar al Arce Verde con una Ananasi controlada por la Justicia Metálica puede convertir una negociación delicada en una catástrofe inmediata.

Cita de: Maurick en 22 de Jun 2026, 17:47:38Vytalian te mira entonces con una media sonrisa torcida.


Hace una pausa, buscando el paquete de tabaco en el bolsillo.


Kara le lanza una mirada seca.


El ruso se ríe.



Sonrío de medio lado y asiento.

-Tranquila Kara, no soy de orgullo delicado... -vuelvo la mirada hacia Vytalian- no rompas este mágico momento entre el taciturno Vyt y el urbanita... -le ofrezco la cajetilla medio abierta al ruso para que pueda sacar un cigarro.


Cita de: Maurick en 22 de Jun 2026, 17:47:38El ruso se encoge de hombros y vuelve a mirarte, ya más serio.


Kara se vuelve hacia ti. Esta vez no habla como subordinada de Semyon. Habla como alfa de la Ráfaga de Plata en esa habitación concreta, durante ese minuto concreto.


¿Qué vas a hacer, Mark?

🟦 Esperar a mañana por la mañana y quedar entonces con Monique. Tendrás una coartada más ordenada, más cercana al ultimátum oficial enviado a Custod Aeson, y menos riesgo inmediato de parecer desesperado.

-No tenemos prisa en responder... si llamase esta noche, pareceríamos desesperados... -doy una calada- si esperamos a mañana por la mañana, tendremos una coartada más sólida, cercana al ultimátum que Semyon ha dado a Custod... además, lo que hayamos instalado en Demóstenes tendrá más margen de actuación... -dirijo mi atención a Kara- ahora bien ¿Hacemos una reunión formal o una más personal?¿Los tres frente al Arce Verde?¿O yo frente a Monique? Esa es la cuestión... -vuelvo a calar del cigarro y espero unos instantes- Si queremos aparentar mayor oficialidad al acto, concertaría una reunión formal entre los Ráfagas al completo frente a ellas, dando más credibilidad a la reunión... -me encojo de hombros- Si la propusiera una reunión solo entre ella y yo, algo podría no olerla bien y preguntarse qué están haciendo mis compañeros mientras me reúno a solas con ella...

Durante un momento, la habitación del Hotel Ibarsusi sólo parece tener tres sonidos: el rumor lejano del tráfico de Bolueta, el zumbido cansado de la lámpara de la mesilla y la respiración de Vytalian, que sigue apoyado contra la pared con el cigarro entre los dedos. Kara asiente despacio.


No lo dice con entusiasmo. Kara no suele gastar entusiasmo cuando puede gastar precisión.


Vytalian suelta una risa por la nariz.


Kara no le mira. Sigue contigo.


El ruso acepta el cigarro que le has ofrecido antes y se lo coloca en los labios.


Esta vez Kara no le reprende. Quizá porque la frase, por desagradable que sea, no está tan lejos de la verdad. Kara coge el móvil y redacta un mensaje breve, formal, sin adornos. No tarda ni medio minuto.


Te mira antes de enviarlo.


Cuando el mensaje sale, apenas pasan diez segundos antes de que el teléfono vibre. Kara mira la pantalla.


Contesta y activa el altavoz. La voz de Monique llega clara, tranquila, sin rastro de sueño ni sorpresa.


Kara tarda un segundo en responder.



La frase queda flotando con más peso del que debería.


La llamada se corta. Vytalian se queda mirando el teléfono.


Apaga el cigarro en un cenicero barato, se levanta y, sin pedir permiso, se deja caer sobre una de las camas.


Kara le mira despacio.


Vytalian se da la vuelta, buscando algo. Lo encuentra: conecta el cargador del teléfono móvil.


El ruso se tumba boca arriba, con las botas todavía puestas durante unos segundos, como si estuviera evaluando si el colchón merece el esfuerzo de descalzarse. Luego gira la cabeza hacia vosotros dos con una media sonrisa insoportable.


El calor de agosto se ha ido acumulando en la habitación durante toda la tarde. No es un calor limpio. Es pesado, urbano, pegajoso, de asfalto que no termina de soltar el día y de paredes que han absorbido demasiados veranos. La ventana apenas deja entrar aire, y el aparato de ventilación sobre la puerta hace más ruido que milagros. Kara se queda quieta un momento. No se sonroja, ni se ofende. Sólo te mira, como si estuviera decidiendo si merece la pena convertir aquello en una conversación.


Se quita la chaqueta y la deja doblada sobre el respaldo de una silla con más cuidado del que la habitación merece.


Vytalian cierra los ojos.


Kara le lanza una mirada asesina.


El ruso se tapa la cara con el brazo derecho.


Kara no le contesta. Empieza a desabrocharse los puños de la camisa con movimientos tranquilos, cansados, casi mecánicos. En la maleta abierta junto a la pared queda visible ropa limpia, una funda de pistola, un peine estrecho y un camisón claro de tirantes, demasiado ligero para una noche que no concede intimidad pero sí calor. Ella nota tu mirada hacia la habitación, hacia la cama, hacia el suelo, quizá hacia todo lo que no se está diciendo.


No hay dureza en su voz. Sólo cansancio.


¿Cómo vas a dormir esta noche, Mark?

La noche no descansa de verdad, se pega a la piel. A ratos, el tráfico se apaga y vuelve. A ratos, una puerta se cierra en el pasillo. A ratos, Vytalian murmura algo en ruso entre sueños y luego se queda inmóvil, como si hasta dormir le pareciera una concesión peligrosa. Kara tarda más que nadie en abandonarse al cansancio. Incluso cuando ya no habla, incluso cuando la habitación queda a oscuras, hay algo en ella que sigue en guardia.

Por la mañana, el cielo aparece blanco y sucio detrás de la ventana. El calor no se ha ido; sólo ha cambiado de forma. Ahora está en las sábanas, en la ropa arrugada, en el aire estancado del baño y en la garganta seca al despertar. Kara ya está levantada. Se ha recogido el pelo, ha vuelto a ponerse ropa limpia y revisa el mensaje de Monique por tercera vez. Vytalian está sentado en el borde de su cama, abrochándose las botas con la expresión de alguien que considera la mañana una ofensa personal.


No parece una buena noticia ni una mala. Sólo una pieza nueva.


Kara guarda el móvil y te mira.


Vytalian se levanta, se coloca la chaqueta y te observa con esa mezcla suya de burla y atención real.


¿Qué vas a hacer, Mark?

Cita de: Maurick en 22 de Jun 2026, 22:42:13Durante un momento, la habitación del Hotel Ibarsusi sólo parece tener tres sonidos: el rumor lejano del tráfico de Bolueta, el zumbido cansado de la lámpara de la mesilla y la respiración de Vytalian, que sigue apoyado contra la pared con el cigarro entre los dedos. Kara asiente despacio.


No lo dice con entusiasmo. Kara no suele gastar entusiasmo cuando puede gastar precisión.


Vytalian suelta una risa por la nariz.


Kara no le mira. Sigue contigo.


El ruso acepta el cigarro que le has ofrecido antes y se lo coloca en los labios.


Esta vez Kara no le reprende. Quizá porque la frase, por desagradable que sea, no está tan lejos de la verdad. Kara coge el móvil y redacta un mensaje breve, formal, sin adornos. No tarda ni medio minuto.


Asiento a Kara y lanzo una sonrisa de medio lado a Vytalian.


Cita de: Maurick en 22 de Jun 2026, 22:42:13
Te mira antes de enviarlo.


Cuando el mensaje sale, apenas pasan diez segundos antes de que el teléfono vibre. Kara mira la pantalla.


Contesta y activa el altavoz. La voz de Monique llega clara, tranquila, sin rastro de sueño ni sorpresa.


Kara tarda un segundo en responder.



La frase queda flotando con más peso del que debería.


La llamada se corta. Vytalian se queda mirando el teléfono.



Suspiro y me siento en el incómodo sofá de la reducida habitación mientras me enciendo otro cigarro.


Cita de: Maurick en 22 de Jun 2026, 22:42:13Apaga el cigarro en un cenicero barato, se levanta y, sin pedir permiso, se deja caer sobre una de las camas.


Kara le mira despacio.


Vytalian se da la vuelta, buscando algo. Lo encuentra: conecta el cargador del teléfono móvil.


El ruso se tumba boca arriba, con las botas todavía puestas durante unos segundos, como si estuviera evaluando si el colchón merece el esfuerzo de descalzarse. Luego gira la cabeza hacia vosotros dos con una media sonrisa insoportable.



-Y yo pensando que llegaríamos al climax de nuestra "guerra fría" durmiendo juntos y derritiendo nuestros fríos corazones... -le devuelvo la media sonrisa.


Cita de: Maurick en 22 de Jun 2026, 22:42:13El calor de agosto se ha ido acumulando en la habitación durante toda la tarde. No es un calor limpio. Es pesado, urbano, pegajoso, de asfalto que no termina de soltar el día y de paredes que han absorbido demasiados veranos. La ventana apenas deja entrar aire, y el aparato de ventilación sobre la puerta hace más ruido que milagros. Kara se queda quieta un momento. No se sonroja, ni se ofende. Sólo te mira, como si estuviera decidiendo si merece la pena convertir aquello en una conversación.


Se quita la chaqueta y la deja doblada sobre el respaldo de una silla con más cuidado del que la habitación merece.


Vytalian cierra los ojos.


Kara le lanza una mirada asesina.


El ruso se tapa la cara con el brazo derecho.


Kara no le contesta. Empieza a desabrocharse los puños de la camisa con movimientos tranquilos, cansados, casi mecánicos. En la maleta abierta junto a la pared queda visible ropa limpia, una funda de pistola, un peine estrecho y un camisón claro de tirantes, demasiado ligero para una noche que no concede intimidad pero sí calor. Ella nota tu mirada hacia la habitación, hacia la cama, hacia el suelo, quizá hacia todo lo que no se está diciendo.


No hay dureza en su voz. Sólo cansancio.


¿Cómo vas a dormir esta noche, Mark?


Observo la opciones unos instantes y luego vuelvo la mirada hacia la rusa.

-Si mañana tenemos que parecer personas civilizadas y descansadas, podemos también comportarnos como garous maduros y compartir la cama sin mayor teatralidad... -doy una palmada al sofá en el que me encuentro- este sofá es el sueño de un osteópata... -señalo la cama de Vytalian con la mano del cigarro- "Mr. Telón de Acero" no está por la labor y ocupa más que tú y yo juntos... -luego paso al suelo donde Kara ha sugerido dormir en forma lupus- no hace falta que nadie sacrifique su dignidad pareciendo el "Ayudante de Santa Claus" de los Simpsons... -me encojo de hombros- y tú y yo no somos precisamente jugadores de baloncesto profesional en cuanto a complexión se refiere... -me levanto- pero si aun así vas a sentirte incómoda, no tendré problema en rascarme las pulgas mientras me acurro al pie de la cama...

Si Kara no se opone, me pondré a un lado de la cama en ropa interior por fuera de la sábana, hacia el lado que da a Vytalian, dejando espacio de sobra para que ella pueda dormir sin sentirse incómoda.


Cita de: Maurick en 22 de Jun 2026, 22:42:13La noche no descansa de verdad, se pega a la piel. A ratos, el tráfico se apaga y vuelve. A ratos, una puerta se cierra en el pasillo. A ratos, Vytalian murmura algo en ruso entre sueños y luego se queda inmóvil, como si hasta dormir le pareciera una concesión peligrosa. Kara tarda más que nadie en abandonarse al cansancio. Incluso cuando ya no habla, incluso cuando la habitación queda a oscuras, hay algo en ella que sigue en guardia.


-Intenta dormir... -la susurro de espaldas a ella- presiento que mañana volverá a ser un día largo...


Cita de: Maurick en 22 de Jun 2026, 22:42:13Por la mañana, el cielo aparece blanco y sucio detrás de la ventana. El calor no se ha ido; sólo ha cambiado de forma. Ahora está en las sábanas, en la ropa arrugada, en el aire estancado del baño y en la garganta seca al despertar. Kara ya está levantada. Se ha recogido el pelo, ha vuelto a ponerse ropa limpia y revisa el mensaje de Monique por tercera vez. Vytalian está sentado en el borde de su cama, abrochándose las botas con la expresión de alguien que considera la mañana una ofensa personal.


Al levantarme acudiré a la ducha para intentar desprenderme del pegajoso sudor de la calurosa noche.


Cita de: Maurick en 22 de Jun 2026, 22:42:13
No parece una buena noticia ni una mala. Sólo una pieza nueva.


Kara guarda el móvil y te mira.


Vytalian se levanta, se coloca la chaqueta y te observa con esa mezcla suya de burla y atención real.


¿Qué vas a hacer, Mark?


Sonrío de medio lado al eslavo.

-Veo que te has levantado con las energías recargadas y el sentido del humor por todo lo alto... como se nota que has podido dormir como un zar esta noche... -vuelvo la mirada hacia Kara- la formalidad ha sido rota por la propuesta de Monique, no tengo problema en acudir solo a la reunión, pero si que será conveniente que acudáis vosotros también con el coche preparado como apoyo... -me enciendo el primer cigarro de la mañana- incluso no hace falta que os ocultéis en exceso... que vea que vamos como comitiva oficial, pero respetando lo parámetros que ha expuesto... ¿Estáis listos o queréis señalar algo más?

24 de Jun 2026, 00:43:06 #42 Ultima modificación: 08 de Jul 2026, 22:14:33 por Maurick
Por la noche, notas como Kara te abraza. Ella no parece darse cuenta, pero Vytalian está roncando como un oso en hibernación, y a pesar del calor notas su abrazo suave y cálido. Sin embargo, por la mañana ella ya está más que preparada cuando abres los ojos. No comenta nada, no hace nada que sea indecoroso. Cuando terminas, mira un instante hacia la ventana del hotel, luego hacia Vytalian, y finalmente vuelve a ti.


Lo dice con la sobriedad de quien acaba de aceptar una maniobra útil, no cómoda.


Vytalian contesta desde la ducha, mientras sigue empapándose con el agua a todo trapo.


Kara no contesta, sólo te mira a ti. Durante un momento, os cruzáis y vuestras miradas se cruzan. Lo dejas de lado, no es importante. Ella también.



Bilbao, barrio cerca de la C/ Gezurra

📅 28 de Agosto de 2005, 08:53

El trayecto hasta la Cafetería Arkaitz no dura mucho. Bilbao ya está despierta del todo, pero no fresca. El calor de agosto sube desde el asfalto con una humedad pegajosa, y el aire tiene ese olor de ciudad antigua, tráfico reciente y pan recalentado en hornos de barrio. La Calle Gezurra número 56 queda en una zona sin nada de interés: portales estrechos, persianas metálicas, balcones con ropa tendida y coches mal aparcados bajo fachadas cansadas. Kara detiene el vehículo a cierta distancia de la cafetería, lo bastante cerca para que la presencia de la Ráfaga de Plata no sea invisible, pero no tanto como para parecer una amenaza directa. Apaga el motor y se queda un instante mirando el escaparate.


Vytalian, desde el asiento trasero, mira por la ventanilla.


Kara bufa. La actitud de Vytalian cada vez está más cerca de la desobediencia y de la pérdida de Renombre que nunca. Kara te mira una última vez.


No añade nada más, no hace falta. La cafetería es pequeña, estrecha, con una barra de metal pulido, azulejos claros y una cafetera que sisea con una violencia doméstica. Hay tres clientes junto a la entrada, un hombre leyendo el periódico al fondo y una camarera joven que te mira apenas un segundo antes de volver a limpiar tazas. No muy distinta de la que visitásteis ayer. Monique Devenie está sentada sola junto a la pared lateral. No lleva uniforme ni gesto ceremonial. Viste con discreción elegante, sin necesidad de anunciar nada. Tiene delante una taza de café intacta y un vaso de agua. Cuando entras, levanta la mirada como si ya hubiera medido el tiempo exacto que tardarías en cruzar la puerta.

No sonríe, pero tampoco parece sorprendida. Rememoras la conversación que tuvisteis hace unos días, en Torrelavega. Te sientas frente a ella.


Pronuncia tu nombre con calma, igual que anoche. Como si el nombre fuese parte de la conversación y también una advertencia.


Lo dice en serio, con una mezcla de molestia, broma y encanto. Características muy raras en una afirmación.


La camarera se acerca. Monique espera a que pidas, si quieres pedir algo. Sólo cuando vuelve a quedar distancia alrededor de la mesa, entrelaza los dedos sobre la superficie y baja un poco la voz.


Su tono no cambia. Eso lo hace peor.


Monique se inclina apenas hacia delante. Por primera vez, algo parecido a una sombra de ironía le cruza la mirada.


Sus dedos se separan lentamente sobre la mesa. Se hace el silencio, mientras la cafetería se pierde poco a poco en el ruido de la hostelería.

Cita de: Maurick en 24 de Jun 2026, 00:43:06Por la noche, notas como Kara te abraza. Ella no parece darse cuenta, pero Vytalian está roncando como un oso en hibernación, y a pesar del calor notas su abrazo suave y cálido. Sin embargo, por la mañana ella ya está más que preparada cuando abres los ojos. No comenta nada, no hace nada que sea indecoroso. Cuando terminas, mira un instante hacia la ventana del hotel, luego hacia Vytalian, y finalmente vuelve a ti.


Noto su abrazo y no digo nada. Un poco de calidez se agradece. La tensión me abandona temporalmente y me sumerjo en el mundo de los sueños mientras acaricio su suave piel.

Escucho la respuesta de Kara y asiento, omitiendo la chanza del eslavo desde la ducha. Compruebo el estado de mi arma antes de volverla a enfundar tras nuestra mirada y me dispongo a salir hacia nuestro destino.


Cita de: Maurick en 24 de Jun 2026, 00:43:06
Vytalian, desde el asiento trasero, mira por la ventanilla.



-Entonces esperemos que a las francesas no se las den tan bien cocinar "fish and chips" como a las inglesas... -digo sin girarme hacia Vytalian mientras analizo el lugar: cámaras, calles paralelas...


Cita de: Maurick en 24 de Jun 2026, 00:43:06Kara bufa. La actitud de Vytalian cada vez está más cerca de la desobediencia y de la pérdida de Renombre que nunca. Kara te mira una última vez.


No añade nada más, no hace falta.


La devuelvo la mirada y asiento, saliendo del coche al poco. Entro en la cafetería y me dirijo hacia Monique.


Cita de: Maurick en 24 de Jun 2026, 00:43:06La cafetería es pequeña, estrecha, con una barra de metal pulido, azulejos claros y una cafetera que sisea con una violencia doméstica. Hay tres clientes junto a la entrada, un hombre leyendo el periódico al fondo y una camarera joven que te mira apenas un segundo antes de volver a limpiar tazas. No muy distinta de la que visitásteis ayer. Monique Devenie está sentada sola junto a la pared lateral. No lleva uniforme ni gesto ceremonial. Viste con discreción elegante, sin necesidad de anunciar nada. Tiene delante una taza de café intacta y un vaso de agua. Cuando entras, levanta la mirada como si ya hubiera medido el tiempo exacto que tardarías en cruzar la puerta.

No sonríe, pero tampoco parece sorprendida. Rememoras la conversación que tuvisteis hace unos días, en Torrelavega. Te sientas frente a ella.


Pronuncia tu nombre con calma, igual que anoche. Como si el nombre fuese parte de la conversación y también una advertencia.


Lo dice en serio, con una mezcla de molestia, broma y encanto. Características muy raras en una afirmación.


-Soy un hombre de tradiciones -sonrío de medio lado- hay que mantener las costumbres... -miro a nuestro alrededor- aunque la próxima vez agradecería reunirnos en una terraza... -termino por centrar de nuevo la mirada de Monique- a este paso voy a creerme que te preocupas por mi salud...


Cita de: Maurick en 24 de Jun 2026, 00:43:06
La camarera se acerca. Monique espera a que pidas, si quieres pedir algo. Sólo cuando vuelve a quedar distancia alrededor de la mesa, entrelaza los dedos sobre la superficie y baja un poco la voz.


Vuelvo a sonreírla de medio lado y me acomodo en el respaldo.

-Me temo que no... -me encojo de hombros- pero esperemos que podamos hacer que todo llegue a un cauce... -dejo la frase unos instantes en suspensión- pacífico... -me interrumpo al ver acercarse la camarera- un café solo doble con hielo por favor, necesito despertarme aún... -vuelvo la mirada hacia la francesa y escucho.



Cita de: Maurick en 24 de Jun 2026, 00:43:06
Su tono no cambia. Eso lo hace peor.


Monique se inclina apenas hacia delante. Por primera vez, algo parecido a una sombra de ironía le cruza la mirada.


Sus dedos se separan lentamente sobre la mesa. Se hace el silencio, mientras la cafetería se pierde poco a poco en el ruido de la hostelería.


-"Cuando soplan los vientos de cambio, algunos construyen muros y otros molinos de viento" -la digo tras unos instantes- o eso dicen los chinos -me encojo de hombros- puede que ese disfraz de oportunidad sea simplemente eso... una oportunidad... -espero unos segundos mientras la camarera sirve la taza con el oscuro líquido y hago la mezcla en el vaso con dos piedras de hielo, de manera rápida y limpia, propia de alguien acostumbrado a beber semejante pecado contra el paladar- Johnny Towers, mis jefes lo quieren más que un romaní a su carro, ya lo sabes... -bajo la mirada para dar un sorbo al café y vuelvo a mirarla- el asunto del Peñasco Blanco ya se está alargando más de lo debido ¿no crees?

Espero unos instantes antes de continuar.

-La Justicia Metálica no tiene ningún interés aparente con el Viento de Acero, más que estrechar lazos, pero... -me encojo de hombros- ya sabemos cómo responden ante una muestra de desacato... -vuelvo a dar un sorbo del enfriado café- y ese desacato tiene un nombre y un apellido... ¿Qué tiene ese individuo para que se busque arriesgar tanto? Ya sabes que no simpatizo con muchas de las decisiones de mis jefes, pero buscar atrapar al único elemento vivo que puede desafiar la presencia de la Justicia en Cantabria me parece tácticamente lógico... -espero unos segundos- dar asilo a un prófugo no parece ser una reacción... sensata... -vuelvo a beber del café- Dime Monique ¿Qué margen real hay de negociación con Custod Aeson?

27 de Jun 2026, 17:56:32 #44 Ultima modificación: 27 de Jun 2026, 17:59:24 por Maurick
La camarera se aleja hacia la barra. El ruido de las tazas vuelve a ocupar el espacio que vuestras palabras dejan libre. Entonces Monique baja la mirada un instante hacia su vaso de agua.


Repite la palabra sin dureza. Casi con curiosidad.


Alza de nuevo los ojos hacia ti. No hay burla en su expresión. Tampoco enfado. Eso lo hace más incómodo. Sonríe brevemente.


Hace una pausa breve. Sus dedos se separan un poco sobre la mesa, sin llegar a tocar la taza.


La cafetera sisea al fondo. Alguien pasa una página del periódico. Afuera, tras el cristal, la gente sigue moviéndose como si el día no tuviera nada especial.


Monique no aparta la mirada.


Coge por fin la taza, pero no bebe. Sólo la mueve unos centímetros, como si necesitara recolocar algo pequeño antes de seguir.


Durante un instante, la ironía desaparece por completo de su rostro.


Monique bebe un sorbo de café. El gesto es pequeño, medido, casi desagradable por lo frío que se mantiene todo.


Sus ojos permanecen fijos en los tuyos.


La cafetería sigue alrededor de vosotros. Una cucharilla golpea una taza. La puerta se abre y entra una corriente breve de aire caliente, cargada de calle, tabaco y pan recién hecho. Monique se inclina un hacia delante. Esta vez habla más bajo.


Tienes un momento para responder. Para hacerle ver que se equivoca contigo. O para descubrir que quizá no se equivoca tanto. ¿Qué vas a hacer, Mark?