Episodio 2 — Laberinto

Iniciado por Maurick, 01 de Mar 2026, 11:58:13

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Prisioneros del Laberinto

Heraclión — Bajo el puerto

📅 16 de diciembre de 2005 - 00:39

La ciudad duerme sobre sus propias ruinas. Bajo las terrazas apagadas y los cafés cerrados por invierno, bajo la piedra agrietada que mira al mar, Heraclión respira por fisuras invisibles. Aquí abajo el aire es espeso, cargado de sal antigua y humedad mineral. Las paredes, excavadas siglos atrás y ampliadas con paciencia enfermiza, devuelven cada sonido con un eco cansado, como si el subsuelo estuviera harto de custodiar secretos que no le pertenecen.

La lámpara desnuda sobre tu celda no ilumina, insiste. Estás sentado en el banco de hormigón, con la espalda apoyada contra la piedra fría. Las manos descansan sobre tus rodillas. No hay cadenas. No hacen falta. Sabes que no hacen falta. Aún notas el recuerdo.

Oyes ratas entre los muros, oyes el agua desplazándose por galerías más antiguas que cualquier imperio. Y oyes tu propio latido: constante, obstinado, real. Al otro lado de los barrotes, el silencio tiene forma. Al otro lado de los barrotes, el responsable de todo esto no se mueve. Su gabardina oscura se funde con la penumbra, y su silueta parece una grieta más del túnel. Solo los ojos, amarillentos y atentos, brillan con una inteligencia húmeda. No te mira como una presa, sino como un problema.

Habla en un griego demasiado antiguo, pero que puedes entender. No sin dificultad.


Da un paso. El cuero roza la piedra.


No hay rabia en el tono. Solo contabilidad.


Se aproxima un poco más. La luz dibuja relieves grotescos en su rostro deformado.


Lo pronuncia despacio, como quien prueba un término extranjero.


Se inclina un poco hacia ti. Su olor es repulsivo.


Aparta la mirada un momento. Mira a otro lado, inquieto. Te mira con intensidad y da un golpe contra los barrotes.


Deja que la palabra flote. «Aquietó». Inclina la cabeza. El eco de una gota resuena en la galería.


No es una pregunta. Se aparta medio paso, cruzando las manos a la espalda.


Te observa sin parpadear. Un leve chasquido de lengua.


Silencio. El agua sigue fluyendo bajo la ciudad. La lámpara oscila. Arriba, el mundo continúa creyéndose solo. La criatura aguarda al otro lado de los barrotes una respuesta. Algo roza tu espalda: algo más antiguo, intangible. La realidad parece fragmentarse aquí, bajo tierra. Y no has encontrado rastro de Laura...

¿Qué haces, Arda?