Episodio 2 — La Garrotxa

Iniciado por Maurick, 15 de Abr 2026, 23:58:13

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La Estigma sostiene la mirada de Bruma con una paciencia casi limpia, como si el rechazo no hubiera cerrado una puerta, sino corregido el precio escrito sobre ella.


Birdman sonríe, aunque esta vez no se ríe. Euforia mantiene los dedos abiertos sobre el círculo de contención. El símbolo bajo los pies de Bruma vibra una vez, con un pulso tenue, como si la burbuja hubiera notado una presión distinta al otro lado del cristal. Invitia mira a Aya, juguetona; puedes ver la expresión de la mujer que te salvó de Blanchard, con el rostro desencajado.



Da un paso hacia Bruma. No hay prisa en el movimiento. Tampoco amenaza. Sólo esa seguridad paciente de las cosas que han esperado siglos y no consideran que unos segundos cambien nada.


El silencio se tensa. No el de la ciudad bajo el mar, otros mucho más hondo.


La Estigma deja que las ofertas respiren entre ambos. Después levanta una mano, muy despacio, mostrando la palma vacía.


La situación se tensa. Todavía más. Bruma Nocturna puede sentir la incomodidad en el aire, saliendo del pecho de aquellos que le rodean. Como si cada exhalación, incluyendo las de aquellos que ni siquiera necesitan respirar, cargase el aire con un peso que no le corresponde. Invitia continúa hablando, y da un paso. Las palabras, los posibles ofrecimientos, se suceden. Toda la atención está sobre él cuando la exigencia final cae.


El chamán se humedece los labios, dejando espacio para cambiar el registro a un tono más serio.


Ojos inamovibles, mandíbula tensa y respiración contenida.


Deja el nombre en el aire. Tres letras que pesan más que toda conversación previa. Una palabra que ha tomado la escena para sí, y que necesita el espacio para ocupar el lugar que le corresponde.


El theurge no mira a nadie más. Ni siquiera a Iris, aún sabiendo que esa pregunta le hace de todo menos gracia.

Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

04 de Jul 2026, 14:12:07 #62 Ultima modificación: 04 de Jul 2026, 14:14:26 por Maurick
Durante un instante, nadie contesta; no porque la oferta sea buena, no porque la información que has puesto sobre la mesa pese lo suficiente como para comprar lo que pides. Sino porque acabas de pronunciar un nombre que cambia la temperatura de la burbuja. La palabra queda suspendida entre el hielo, el cristal y los restos todavía tibios del Demonio de Fuego. Iris se queda inmóvil. Sólo un segundo. Lo bastante poco para que parezca control. Lo bastante para que cualquiera con ojos entienda que algo se le ha roto por dentro antes de llegar al rostro. Invitia también lo entiende: primero parpadea, luego inclina la cabeza. Después sonríe. No es una sonrisa satisfecha. Es algo más limpio y más horrible. Una certeza súbita. La expresión de alguien que acaba de comprobar que la llave no sólo existe, sino que alguien ha tenido la cortesía de señalarle la cerradura.


La Estigma se lleva una mano a la boca.


Y entonces se ríe. No una risa breve. No una mueca venenosa. Se ríe con todo el cuerpo, doblándose hacia delante, apoyando una mano sobre el pecho donde laten los orbes de Acedia y Avaritia. El sonido rebota contra la bóveda de Bilbao, contra el hielo, contra las fachadas muertas y contra la burbuja umbral de Euforia. Ríe como si acabara de ganar una partida cuya existencia ni siquiera conocía hacía un minuto.


Iris da un paso hacia ella.




Invitia sigue riendo.


Iris abre el abanico de plata. El viento responde de inmediato, demasiado brusco, demasiado cortante, arrancando escarcha del suelo cristalino y levantando partículas de hielo alrededor de sus pies. No hay cálculo en su gesto. Hay una furia seca, maternal, absoluta. Una línea que acaba de ser cruzada delante de demasiados monstruos.


Iris se lanza hacia Invitia, pero no llega a tiempo. Memento aparece en su trayectoria con un salto pequeño, casi alegre. Da una palmada en el aire, y el sonido no se expande: se queda colgado delante de Iris como una burbuja transparente. Después la burbuja se rompe en decenas de cintas umbrales, finas, brillantes, que se enroscan alrededor de sus muñecas, de sus tobillos y del borde del abanico. Iris queda detenida a medio paso. No inmóvil como una estatua, como algo peor: viva, temblando de rabia dentro de un hechizo que le permite sentir cada centímetro de la resistencia.


El niño sonríe, pero la sonrisa no le llega del todo a los ojos.


La voz de Iris sale baja, pero Memento no la suelta. Aya se lleva las dos manos a la cara. No lo hace con delicadeza ni con dignidad. Se tapa el rostro como alguien que acaba de ver a un aprendiz prender fuego a una biblioteca porque necesitaba luz para leer un título. Se frota los ojos con los dedos.


Invitia deja de reír lo justo para mirarla.


La Estigma vuelve a mirarte. La alegría sigue ahí, pero ya no se desborda. Se ha comprimido en algo mucho más peligroso: atención.


Da un paso alrededor del círculo de contención de Euforia, sin entrar en él. No necesita tocarte. No necesita acercarse más de lo prudente. La pregunta ya ha cumplido su función.


Iris forcejea contra las cintas umbrales de Memento.


Invitia no la mira.


La frase no suena como una amenaza improvisada: suena como un método. El fragmento metálico del Demonio de Fuego pesa en tu bolsillo. La contención de Euforia sigue clavándote la sombra al suelo. Aya permanece a un lado, furiosa, pero esta vez no dice nada. Birdman observa la escena con una quietud extraña, como si estuviera contando las grietas que acabas de abrir una por una. Invitia se acerca un poco más a Iris, aunque no tanto como para quedar al alcance del abanico.


Iris le enseña los dientes.


La Estigma sonríe, mientras Iris tira de las cintas umbrales con tanta fuerza que una de ellas se agrieta y deja escapar una chispa azulada. Memento chasquea la lengua, molesto, y refuerza el hechizo con otra palmada.


Invitia ya no parece interesada en quedarse. La luz a su alrededor se ensucia de nuevo. El oro muerto de Avaritia palpita bajo su piel. La profundidad fría de Acedia responde desde la cavidad imposible de su pecho. Durante un instante parece que dos sombras distintas se proyectan detrás de ella: una pesada, posesiva; otra hundida, quieta, oceánica.


Birdman alza la barbilla.


Invitia le dedica una mirada divertida.


Después te mira por última vez.


Su cuerpo empieza a deshacerse en partículas oscuras, doradas y verdosas, no como polvo, sino como piezas diminutas de una presencia que se retira sin perder cohesión.


Invitia desaparece. El silencio que deja es peor que su risa. Iris sigue atrapada en el hechizo de Memento. Respira con fuerza, con los ojos fijos en el lugar por el que se ha marchado la Estigma. Luego gira lentamente la cabeza hacia ti. No hay lágrimas. Eso sería más fácil de soportar. Hay una furia tan contenida que parece haberle endurecido la cara desde dentro.


La frase no tiembla.


Birdman se mueve antes de que la escena pueda romperse por ahí.


Iris vuelve la mirada hacia él con odio inmediato.


Birdman no discute. Eso, de algún modo, lo hace más insoportable.


Iris se queda helada, no por el frío. Porque la ceremonia no ha cesado.


Birdman la mira como si esa negativa formase parte de la frase, no de la respuesta.


Las cintas de Memento todavía la mantienen sujeta. Iris intenta volver a moverse, pero el hechizo la retiene con una delicadeza cruel. Mitsuki, que ha permanecido en silencio desde la marcha de Invitia, adelanta un pie. La forma de Rara Avis parece haberse recogido parcialmente en ella, aunque todavía queda algo de ave oscura en la postura, en la mirada y en la forma en que las plumas heridas tiemblan a su espalda. Está sangrando. Está cansada. Y, aun así, cuando habla, no hay duda en su voz.


Iris gira hacia ella.


Mitsuki no aparta la mirada.


Iris forcejea de nuevo.


La Tengu mantiene firme su mirada.


El silencio se estrecha alrededor de ambas. Birdman observa a Mitsuki con una expresión que no llega a ser sorpresa, pero sí cálculo reajustado. Euforia mantiene la burbuja. Aya aprieta los labios. Memento, por primera vez desde que empezó a saltar, deja de sonreír.


La mujer asiática recoge sus abanicos y los convierte en pequeños cuchillos de plata. Los ajusta en su cinturón, y se acerca a Iris.


La palabra cae sin adorno.


Iris parece a punto de romper el hechizo sólo por rabia. Memento levanta una mano; mira a Iris, luego a Mitsuki, luego a Birdman. Su expresión infantil se vacía de alegría, como si una parte de él se hubiera cansado de jugar a ser un niño justo en ese instante.


Chasquea los dedos. Las cintas umbrales que retienen a Iris se deshacen en partículas brillantes. Durante un segundo flotan alrededor de ella como polvo azul y blanco. Iris recupera el equilibrio, tambaleándose apenas, y el abanico de plata vuelve a moverse en su mano. Memento se mira los dedos, satisfecho con la textura de su propio hechizo al deshacerse. Después su cuerpo empieza a dispersarse también. No cae. No se marcha andando. Se descompone en pequeñas partículas umbrales, como si alguien hubiera soplado sobre una figura hecha de ceniza luminosa. La última parte en desaparecer es su sonrisa, suspendida un segundo más en el aire. Y desaparece. Birdman no mira el lugar donde estaba. Se gira hacia Aya y hacia ti.

Euforia mantiene el círculo de contención, aunque los símbolos anaranjados han perdido parte de su brillo. La burbuja umbral cruje alrededor de todos con una tensión nueva, más fina, más peligrosa. La línea temporal no se ve, pero se siente: una cuerda tirante bajo los pies de la realidad.


Aya alza una ceja, todavía con el mal humor pegado al rostro.


El hombre de larga melena y constitución escuálida niega con la cabeza.


Birdman da un paso hacia el borde del círculo de Euforia.


Euforia baja la mano izquierda y cambia el dibujo del hechizo. La contención no desaparece, pero se transforma. Las agujas de luz que cosían tu sombra empiezan a girar lentamente, abriendo una espiral bajo tus pies y bajo los de Aya. No es una salida amable. Es una devolución. Aya mira el círculo. Luego te mira a ti.


Birdman inclina la cabeza con una impaciencia afilada.


Iris sigue mirando a Mitsuki, pero también te oye. Lo sabes por la tensión de su mandíbula, por la forma en que sus dedos se cierran alrededor del abanico, por la rabia que todavía no ha encontrado un sitio donde caer. Mitsuki no se mueve. Euforia termina de cerrar la espiral. El fragmento de metal en tu bolsillo vuelve a calentarse. Notas que Iris está tensa, te está mirando, pero Euforia hace un gesto rápido con su mano izquierda, apuntando hacia ella.


El cuerpo de Iris empieza a descomponerse en las mismas partículas, poco a poco, comenzando por sus piernas.


No puede acabar la frase, porque se ha desvanecido por completo. Euforia termina liberándote también, mientras Aya empieza a descomponerse en las mismas partículas arcanas.

¿Qué haces, Bruma Nocturna?

La risa de Invitia despierta una ligera satisfacción en el muchacho. Una leve sonrisa que se dibuja únicamente en la comisura de sus labios.

Cita de: Maurick en 04 de Jul 2026, 14:12:07



El discurso de Invitia interrumpe la conversación. La emoción recorre el cuerpo de la Estigma, que cree que ha ganado una negociación antes incluso de empezarla. La ira de Iris le golpea, claro que sí. Sus palabras le hieren. Pero sabe que es un dolor necesario, un dolor que nace de la responsabilidad.

Cita de: Maurick en 04 de Jul 2026, 14:12:07



A la vista de que Aya demora su partida, el metis recupera su posición de espectador. Asiste a la discusión, a la proposición de Mitsuki de ocupar el puesto de Reina, a la discusión de Aya con Birdman... Mientras la espiral se forma bajo sus pies y la atadura afloja, consciente de que ha llegado el momento de abandonar el lugar, el joven sioux echa un último vistazo al lugar.

Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

04 de Jul 2026, 15:51:58 #64 Ultima modificación: 04 de Jul 2026, 16:10:22 por Maurick
«El Kaos ha hecho su trabajo.» declaras, ufano, como si hubieses descubierto la clave para vencer en esta extraña guerra espiritual. El Carnaval de Almas te observa con una mezcla de disgusto, lástima y rabia, mientras la frase queda suspendida en la bóveda como una chispa orgullosa, pequeña, casi hermosa, durante menos de un segundo. Luego la espiral termina de cerrarse: no hay respuesta. Nadie discute contigo, nadie te corrige y nadie intenta arrebatarte esa última certeza. Simplemente, el cuerpo que llevas puesto empieza a deshacerse.

Primero pierdes el peso de los pies. No la sensibilidad, no exactamente. Es más parecido a recordar que tenías pies y notar que ese recuerdo se vuelve impreciso. El cristal bajo tus plantas se aleja sin moverse. La luz anaranjada del hechizo de Euforia trepa por tus piernas, descomponiéndolas en partículas arcanas tan finas que durante un instante parecen polvo, ceniza y memoria mezcladas. El fragmento de metal en tu bolsillo se calienta y después también él empieza a desaparecer contigo. No cae al suelo, no queda atrás. Se deshace pegado a tu costado, convertido en un punto negro dentro del remolino de luz que arranca tu forma de la burbuja umbral. La última brasa del Demonio de Fuego viaja contigo, o quizá sólo la idea de haberlo tocado. Ya no puedes saberlo.

Tus manos se abren solas, tus dedos se vuelven líneas y tu pecho se rompe en filamentos. Durante un instante ves la bóveda de Bilbao desde todas partes a la vez: Iris desapareciendo, Mitsuki quedándose, Birdman inmóvil, Euforia cerrando la costura, Aya consumida por la misma devolución que te arrastra. Todo se pliega hacia un punto demasiado estrecho para contener una escena, una culpa o una victoria. Entonces todo se vuelve negro: no como la noche o como cerrar los ojos. Negro como si alguien hubiera retirado el concepto de distancia.

Estás solo. Al principio crees que es un instante. Una transición. Un parpadeo entre el fragmento umbral y el Pozo. Esperas sentir de nuevo el tirón del mnemógeno, la presión líquida de las memorias, el descenso hacia aquello que habías roto al soltar el Cordón Umbral, pero no llega. Sólo hay oscuridad y tiempo. Demasiado tiempo.

No sabes si pasan minutos, horas o días. No hay cuerpo suficiente para medir el hambre, ni garganta suficiente para medir la sed, ni suelo donde sentarte, ni cielo hacia el que levantar la cabeza. Pero el dolor encuentra la manera de existir igualmente. Llega como una punzada en partes que ya no estás seguro de conservar. Como una quemadura en los bordes de tu nombre. Como una presión lenta, insistente, que aprieta los recuerdos uno a uno para comprobar cuáles sangran.

Recuerdas a Iris gritando. Recuerdas la risa de Invitia. Recuerdas a Aya llamándote idiota. Recuerdas a Zarpa apagándose como una brasa blanca. Recuerdas a Ana e Iruz al otro lado de un cordón que ya no está. El negro no responde, sólo permanece. A veces crees oír algo: un roce, una respiración muy grande, una piedra moviéndose en algún lugar imposible. Luego comprendes que no es sonido, sino el tiempo rozando contra ti, erosionándote poco a poco. Y cuando ya no sabes si sigues cayendo o si llevas detenido desde el principio, algo te agarra.

No desde abajo: eso es lo primero que comprendes. No es el tirón del Pozo. No es el mnemógeno cerrándose sobre ti como agua antigua. No es la memoria de Gaia arrastrándote hacia sus propias profundidades. Esto tira desde otro lugar, desde la tierra. Desde debajo de la tierra. Desde mucho más abajo de lo que cualquier raíz, tumba, cueva, vena mineral o corazón humano podría comprender. Algo te arrastra hacia las profundidades reales del mundo, no hacia su reflejo espiritual. Hacia una presión anterior al lenguaje. Hacia estratos donde la piedra no recuerda haber sido piedra porque todavía está soñando con ser fuego. Hacia un fondo que no pertenece a la Umbra, ni al Pozo, ni a ningún sendero que un Theurge debería poder nombrar.



Núcleo de Gaia

Prisión del Creador

📅 27 de septiembre de 2005, hora desconocida

El viaje no tiene dirección, sólo profundidad. La oscuridad se vuelve más pesada, no porque haya luz, sino porque algo inmenso abre los ojos. Llegas al fondo, o a un lugar que se comporta como un fondo porque tu mente necesita desesperadamente que exista alguno. Hay cadenas y piedra. Hay una prisión tan antigua que no parece construida para encerrar a un ser, sino para impedir que una idea termine de despertarse. Todo alrededor existe con lentitud geológica. Cada pared parece sostener un siglo. Cada grieta contiene un eco de mundos que no llegaron a existir.

Y frente a ti hay alguien. Está allí con la serenidad terrible de quien lleva demasiado tiempo esperando sin necesitar paciencia. Su presencia no ocupa la prisión: la prisión parece haberse organizado alrededor de él para no deshacerse. Entonces habla.


Análisis del episodio

  • Huida de Nymph por la Umbra: Tras el combate en la Muntanya Blava, Nymph hiere a Iruz con una sustancia corrupta y escapa por una cicatriz umbral. 🟦 Bruma decide seguir el rastro umbral antes de cruzar, evitando lanzarse de inmediato tras ella o separarse del grupo. La elección prioriza comprender cómo se mueve la Danzante por las heridas del túmulo y reduce el riesgo de caer en una emboscada o dejar a Ana Mercedes e Iruz aisladas en territorio hostil.
  • Aparición de Zarpa Manchada en el Pozo: Durante el descenso por el Pozo del Olvido, Zarpa Manchada se manifiesta ante Bruma justo cuando el Cordón Umbral tira de él con urgencia, indicando que una de sus compañeras necesita ayuda. 🟦 Bruma decide responder al Cordón Umbral e ignorar la aparición, rechazando la provocación de su padre y poniendo por delante la promesa de que entraron tres y debían salir tres.

Total

  • 🟦🟦

Experiencia

  • Bruma Nocturna: +4 PX
  • Ana Mercedes (pnj): +1 PX
  • Iruz (pnj): +3 PX