- 📅 Fecha in-game: 16 de junio de 2007, 00:34
- 📍 Localización: Gracemire, Túmulo del Viento de Acero (https://sokolov.ddns.net/index.php/topic,40.msg363.html)
El túmulo se ha convertido en un refugio improbable. Rodeado por colinas húmedas y bosques susurrantes, bajo cielos encapotados y persistente neblina, se extiende como una cicatriz luminosa en el norte del Reino Unido. Entre las raíces de robles antiguos y senderos de piedra cubierta de musgo, han brotado cabañas, estructuras rituales y hogueras con acentos de todos los rincones del mundo. Lobos del este y del oeste, parientes de sangre lejana, tribus que jamás compartieron un mismo territorio, ahora caminan hombro a hombro. No por afinidad, sino por necesidad.
El corazón del túmulo no late con fervor... late con resistencia. En este enclave de unión forzada, donde las palabras fluyen en múltiples lenguas y los juramentos son pronunciados en decenas de lenguas y cicatrices compartidas, una loba presencia en silencio la armonía.
No hay manada. No hay canción.
Julia no está presente, está enterrando a dos miembros de su manada.
Jack la sigue, confundido, pero es rechazado. Un Garou más veterano echa un vistazo a la loba, y decide llevarse al metis.
Los
Ángeles de Gaia son ya ceniza en su memoria. Una sucesión de nombres que martillean el pecho con la constancia de la marea. La sangre de sus compañeros se ha secado, pero la ausencia sigue fresca. En este nuevo hogar de clanes errantes y planes desesperados, nadie la señala. Nadie exige nada. La observan, simplemente, como se observa a quien ha cargado el peso de una historia demasiado densa para contarse con palabras.
El túmulo está vivo, pero ella aún no sabe si lo está.
Las ceremonias siguen su curso, los consejos se convocan, las defensas se refuerzan. Los pactos logrados por el
Viento de Acero, por el
Peñasco Blanco —de Cantabria—, por la
Corona Congelada —de un renqueante Copenhague—, por el
Arce Verde —a las afueras de París—, por lo que queda de las
Fauces del Valhalla —en la Selva Negra—, por un revigorizado
Regazo Celestial —colaborando con los Fenris supervivientes—, con el
Clan de la Salamandra —de Szczecin, Polonia— y los
Guardianes de la Justicia —desde los lejanos Estados Unidos— como aliados impretérritos. Otros más están presentes, contemplando la nueva alianza. Ella asiste, sí, pero con la mirada fija en otra parte. En algo más allá del horizonte, algo que sólo ella parece recordar con nitidez. Una deuda sin nombre. Un pacto consigo misma.
Camina sola, no por castigo, sino porque lo ha elegido. Porque en el silencio de los pantanos y las sendas olvidadas, tal vez aún quede un eco que responda. Tal vez aún haya algo que redimir.
Y así, sin cantos ni despedidas, se prepara. No para salvar el mundo. Para encontrarse en él.
Miro hacia el horizonte sin fijar la mirada en ningún punto, aún aturdida por lo que ha pasado. Repaso en mi mente, paso a paso, lo que ha ocurrido trarando de vislumbrar una falla o un punto de inflexión clave donde se podría haber elegido otro camino. O solamente tratar de averiguar cuál fue el punto de no retorno.
¡Fue un combate ritual! Ella lo sabía, sabía la importancia de lo que significa respetar el "ritual". El corax ganó sin romper ninguna regla, pero su orgullo la cegó y se dejó llevar por la ira... Cierro los ojos y suspiro. Trato de tranquilizarme.
En realidad no la culpo. Ser una Garra Plateada no debe ser fácil, y menos tras que se descubrirse el gran secreto de su familia. No puedo criticar sus acciones si yo también me dejé llevar por mis emociones. Lo que hizo no fue justo, pero mi reacción tampoco lo fue. ¿Que ella no respetó "el ritual"? Yo tampoco. No debí acabar con su vida ya que yo no era juez en ese combate. La quería mucho, eramos hermanas de manada. Habrá represalias hacia mi, lo más seguro. Eso sí es justo.Mi mente salta de un pensamiento a otro sin ningún tipo de criterio.
Pluma. ¿Por qué no puedo dejar de pensar en ti? Maldito lado homínido. Debo matarla, te lo prometí. Me lo prometí. No sé cómo lo haré, pero debo restaurar el mal ocasionado.Otro pensamiento.
Cita de: Maurick en 08 de Jul 2025, 19:59:43Los Ángeles de Gaia son ya ceniza en su memoria. Una sucesión de nombres que martillean el pecho con la constancia de la marea. La sangre de sus compañeros se ha secado, pero la ausencia sigue fresca. En este nuevo hogar de clanes errantes y planes desesperados, nadie la señala. Nadie exige nada. La observan, simplemente, como se observa a quien ha cargado el peso de una historia demasiado densa para contarse con palabras.
Ya no hay manada. Estoy sola. Fallé como líder. Ellas confiaron en mi, y las fallé. Tendría que haberlas guiado mejor. Mira cómo hemos acabado.Vuelvo a dejar mi mirada fija en la inmensa nada del horizonte. La imagen de aquella serpiente de la umbra vuelve a golpear mi mente y mi pecho.
Susurro.
- Estoy cansada. Me siento frágil, dispersa como mantequilla untada sobre demasiado pan. Necesito vacaciones, unas buenas vacaciones. Y no espero volver. La verdad, no pienso hacerlo...
La neblina aún no se disipa sobre los claros húmedos de Gracemire. El consejo continúa en la explanada principal: hogueras encendidas, voces graves discutiendo pactos y nuevas rutas, el murmullo de decenas de lenguas distintas cruzándose bajo un mismo techo de nubes. La alianza recién forjada, los Vientos del Cambio, palpita con la fuerza de algo improbable, pero real.
Brisa del Sur no se encuentra entre ellos. Prefiere la distancia. Bajo un roble retorcido por los años, con la hierba empapada bajo sus patas, observa desde lejos. El murmullo del consejo le llega apagado, como si fuese otro mundo. A su alrededor, los insectos nocturnos siguen con su canto indiferente. El olor de la madera quemada acaricia sus sentidos, recordándole que, pese a todo, la vida persiste.
Un crujido suave rompe su aislamiento. Entre los helechos y la sombra del tronco, se desliza una figura baja, ágil. No es un lobo, ni un humano. Es un lince de pelaje moteado, que se detiene a unos pasos de distancia y la contempla con ojos ámbar. Sus orejas giran hacia atrás, y cuando abre la boca, la voz que sale no es un rugido ni un maullido, sino un lenguaje comprensible para Brisa: un susurro en la cadencia ancestral traído hasta ella por la intervención de los espíritus.
Se tumba a una distancia prudencial, sin apartar la mirada.
Deja un silencio embriagador mientras se acomoda en la hierba fresca.
Aguarda, sin perder la solemnidad de su mirada. No fuerza la conversación, solo ofrece su presencia, como si la sola comprensión pudiera ser el primer paso de un puente.
Cita de: Maurick en 09 de Sep 2025, 09:34:19Un crujido suave rompe su aislamiento. Entre los helechos y la sombra del tronco, se desliza una figura baja, ágil. No es un lobo, ni un humano. Es un lince de pelaje moteado, que se detiene a unos pasos de distancia y la contempla con ojos ámbar.
Instintivamente mis orejas giran hacia el crujido y muevo la cabeza hacia el lugar del que ha venido el ruido. Escucho atenta lo que dice y estudio sus movimientos.
- ¿Conseguiste superarlo? El sentimiento de culpa, digo. ¿O es algo que nunca desaparece?
Olisqueo el aire de la brisa que viene de su dirección, lo más disimulado que una loba pueda hacer. No parece hostil, sino amigable. La curiosidad gana esta vez la batalla y me giro hacia Shinsetsu Himitsu.
- Me llamo Brisa del Sur, y Amy es mi nombre homínido.
Doy un par de pasos y me siento.
- Con que la Justicia Metálica, ¿eh?.
Trato de escupir al suelo para maldecir su nombre pero en ese mismo momento caigo en la cuenta de que estoy en mi forma lupus. Y los lupus no saben escupir. De mi boca sale una especie de medio arcada y tos seca que queda en nada.
- ¿Vienes de muy lejos? ¿Y tu manada?
Me quedo observándola.
(https://naufragio-heavensgate.duckdns.org/img/gallery/Escenas/Himitsu_en_forma_lince.png)
El lince te observa con interés. Respeta tu espacio, no te interrumpe. Cuando finalizas de hablar, responde, muy suavemente...
Cita de: Denebia en 09 de Sep 2025, 12:05:20- ¿Conseguiste superarlo? El sentimiento de culpa, digo. ¿O es algo que nunca desaparece?
A lo lejos, se escuchan gritos de júbilo y celebración. Una hoguera suelta una bocanada de fuego que ilumina la noche como si fuese de día.
Cita de: Denebia en 09 de Sep 2025, 12:05:20- Con que la Justicia Metálica, ¿eh?.
Himitsu cierra los ojos durante un instante. Parece que se concentra en algo.
La brisa fresca de la noche impregna la zona de forma sutil. El olor a árbol, a humedad, es relativamente intenso.
Aparta la mirada. Observa, también algo melancólica, los fuegos del consejo.
Cita de: Denebia en 09 de Sep 2025, 12:05:20- ¿Vienes de muy lejos? ¿Y tu manada?
Acerca de forma muy sutil su pata hacia dónde te encuentras tú.
De nuevo, el silencio. Y lo críptico.
Los recuerdos se agolpan en mi mente y un remolino de emociones luchan por salir a flote, pero como si de una llave de una luz de gas se tratase dejo aflorar solo a unos pocos, los que menos duelen pero los que me mantiemen en movimiento.
Me acerco a Himitsu y bajo el tono de voz, voy a contarle algo prohibido, algo tabú.
"No se habla de ello, pero las leyendas deben transmitirse como lecciones de vida" solía decirme antes de mi primer cambio.
Pluma siempre me contaba esta historia antes de la llegada del invierno. Se sentaba bajo un árbol y yo, con la cabeza apoyada sobre sus piernas, me quedaba dormida mientras me acariciaba la cabeza. No prestaba mucha atención a sus palabras, pero quedaron grabadas en mi cabeza para siempre.
Cita de: Denebia en 05 de Oct 2025, 10:32:00Pluma siempre me contaba esta historia antes de la llegada del invierno. Se sentaba bajo un árbol y yo, con la cabeza apoyada sobre sus piernas, me quedaba dormida mientras me acariciaba la cabeza. No prestaba mucha atención a sus palabras, pero quedaron grabadas en mi cabeza para siempre.
El lince escucha y atiende, en silencio. El ruido de fondo, de la festividad, os da la suficiente privacidad para compartir vuestras historias más personales. Después de tu relato, se pone frente a ti. Sus ojos parecen destilar tristeza.
Se apoya en la hierba fresca. Nota la humedad en la parte inferior de su cuello.
Himitsu se yergue sobre sí misma. Te da la espalda.
Pasan unos segundos mientras procesas la historia que ha contado. Su voz parece quebrarse durante un instante.
El lince aguarda tu respuesta, solemne como el silencio que empieza a rodear la explanada dónde os encontráis.
Cita de: Maurick en 06 de Oct 2025, 00:08:12
El lince aguarda tu respuesta, solemne como el silencio que empieza a rodear la explanada dónde os encontráis.
Cierro los ojos un par de minutos. Abro un poco un ojo para comprobar si Himitsu sigue allí, como si cerrando los ojos hiciese que pudiese desaparecer.
Sigue ahí. Suspiro fuerte. En el fondo sé que la necesito...
Abro los ojos y la miro.
Comienzo a andar en dirección opuesta de donde está toda la gente. Giro la cabeza y doy una última olida a la brisa que viene de allí. Dejo atrás a gente que me importa, pero debo hacer esto. Me acerco al primer árbol que encuentro y dejo un mensaje: "Adiós, Jules". Con eso bastará, si lo encuentra sabrá que es para ella.
Miro a Himitsu y le doy un leve ladrido para que me siga.
Cita de: Denebia en 07 de Ene 2026, 17:30:59Miro a Himitsu y le doy un leve ladrido para que me siga.
La salida de Gracemire no fue anunciada ni observada. No hubo despedidas, ni rituales de partida, ni miradas de reproche. El túmulo continuó respirando a su propio ritmo mientras dos siluetas se alejaban de su perímetro, deslizándose entre la niebla baja como si el terreno mismo aceptara su marcha.
Las colinas húmedas que rodean el antiguo hospital se cerraron tras ellas con la indiferencia de lo viejo. Los senderos rurales, apenas visibles bajo la hierba aplastada por lluvias constantes, conducían hacia carreteras secundarias rotas, donde el asfalto se abría en cicatrices irregulares y la señalización oxidada apuntaba a destinos que ya no existían. Las torres eléctricas, inclinadas como animales exhaustos, zumbaban con una electricidad inestable que erizaba el aire y hacía murmurar a los espíritus menores que se ocultaban entre los matorrales.
El trayecto fue largo, silencioso y áspero. Atravesaron tramos donde la Tejedora aún se aferraba a viejas estructuras industriales —puentes sin tráfico, estaciones de tren selladas, naves vacías— y otros donde el Kaos reclamaba terreno: campos inundados, bosques ennegrecidos por incendios antiguos, caminos donde la niebla no se comportaba como vapor, sino como algo que observaba. En más de una ocasión, el suelo crujió bajo sus pasos con un eco que no pertenecía a ningún animal conocido.
A medida que avanzaban hacia el este, el olor del mar comenzó a imponerse: sal, metal húmedo, algas podridas. El viento se volvió más cortante, cargado de partículas finas que raspaban la piel y el pelaje. Pasaron cerca de Grenvale sin detenerse, bordeando las zonas calcinadas y los restos de edificios que aún olían a humo viejo. Más allá, la carretera costera descendía lentamente, revelando a lo lejos las siluetas del puerto. Muchos fantasmas quedaron atrás en Grenvale: Hoa, Rose, Ajax...
Redcoast emergió de la bruma como un esqueleto industrial. Grúas inmóviles recortadas contra un cielo gris perla, muelles corroídos, contenedores apilados sin orden aparente. El agua del canal apenas se movía, espesa y oscura, reflejando una luz mortecina que no llegaba a calentar. Los ecos del lugar no eran humanos: golpes metálicos sin origen, chapoteos que no correspondían a mareas, el roce constante de algo que se arrastraba bajo las plataformas. Como si la presencia de Lindon Derick aún permease en el ambiente. Las Morrigan se habían quedado en el Consejo, carentes de propósito pero igual de sedientas de sangre. Quizá por eso Brisa caminó sin mirar atrás.
Cuando alcanzaron los límites del puerto, el cielo comenzaba a aclararse. Eran poco más de las siete de la mañana. La noche se retiraba con desgana, dejando tras de sí un amanecer pálido y enfermo, como si el sol dudase en mostrarse sobre aquel tramo de costa. La ciudad aún dormía, o fingía hacerlo.
Allí, entre el olor a óxido y salmuera, quedaba claro que el siguiente paso no sería un regreso, ni una pausa. Redcoast no ofrecía refugio, sino una salida. Un punto de no retorno desde el que el mundo se abría hacia el agua... y hacia aquello que aguardaba más allá.
La marea está baja y deja al descubierto una franja de limo oscuro adherido a los pilotes, como una costra antigua. Entre dos embarcaciones oxidadas, un barco a motor permanece amarrado con cabos gastados, la pintura desconchada y el parabrisas cubierto de sal seca. El motor parece intacto... lo justo para no fiarse de él.
Mientras revisa el interior —un bidón medio vacío, una caja de herramientas incompleta, un mapa náutico manchado—, el viento del canal empuja un olor a combustible rancio y algas muertas. Es entonces cuando Himitsu vuelve a su forma humana. Ella también lleva dedicada su ropa, sus abalorios, su pequeña vida. Rompe el silencio, sin alzar la voz, como si hablara para el agua.
Da un salto ágil al interior y observa los indicadores.
Un sonido ajeno corta el murmullo del agua: pasos rápidos sobre la pasarela metálica, acompañados del tintinear de llaves. Una figura emerge entre las grúas, avanzando con decisión. Un tipo joven, con buena presencia, un peinado llamativo, va caminando hacia vuestra ubicación. Himitsu se asoma y cruza miradas con aquel individuo. Se sobresalta.
Ese hombre se para de repente, y os llama la atención en voz alta.
El viento levanta una ráfaga más fuerte y hace golpear los cabos contra el casco. Jonah mantiene la mirada, expectante, con esa mezcla de urgencia y cansancio que se ha vuelto común en Gracemire desde que todo empezó a resquebrajarse.
Himitsu traga saliva, y se queda mirándote.
Cita de: Maurick en 08 de Ene 2026, 23:50:18El trayecto fue largo, silencioso y áspero.
Durante todo el viaje pienso que en lo divertido que hubiera sido haberlo hecho con Los Ángeles de Gaia, todas juntas nos lo habríamos pasado muy bien. Y en ocasiones me perdía en esos pensamientos y me embriagaba de tantas emociones que me relajaba hasta tal punto que olvidaba que acababa de conocer a Himitsu. Pero enseguida despertaba de ese "letargo" auto inducido y me volvía a poner sería. O si notaba que la conversación se estaba volviendo más personal de lo que debería cambiaba de tema o dejaba de hablar.
La pérdida paulatina de los miembros de mi manada... mi manada ya no existe... No quiero que vuelva a ocurrir algo así, así que si no hago amistades si se van o mueren no me afectará...
Citar
Da un salto ágil al interior y observa los indicadores.
He pasado a mi forma humana. Tengo una ceja arqueada y justo cuando voy a abrir la boca para protestar...
CitarUn sonido ajeno corta el murmullo del agua: pasos rápidos sobre la pasarela metálica, acompañados del tintinear de llaves. Una figura emerge entre las grúas, avanzando con decisión. Un tipo joven, con buena presencia, un peinado llamativo, va caminando hacia vuestra ubicación. Himitsu se asoma y cruza miradas con aquel individuo. Se sobresalta.
Ese hombre se para de repente, y os llama la atención en voz alta.
El viento levanta una ráfaga más fuerte y hace golpear los cabos contra el casco. Jonah mantiene la mirada, expectante, con esa mezcla de urgencia y cansancio que se ha vuelto común en Gracemire desde que todo empezó a resquebrajarse.
Himitsu traga saliva, y se queda mirándote.
Me quedo mirando la escena algo perpleja. ¿Qué hace aquí? ¿Por qué Himitsu ha reaccionado así al verle? ¿Por qué no le hemos olido y hemos detectado su presencia?
Me encojo de hombros con cara de no haber entendido lo que quería decir. Poso la mirada rápidamente en Himitsu, pero no tardo en volver a mirar al nuevo.
Cita de: Denebia en 16 de Ene 2026, 23:40:03Me encojo de hombros con cara de no haber entendido lo que quería decir. Poso la mirada rápidamente en Himitsu, pero no tardo en volver a mirar al nuevo.
Tiene ojeras profundas, una sonrisa ladeada que no llega a ser amistosa, y esa expresión de quien ya ha perdido la paciencia pero aún se permite el lujo de bromear con ello.
Da un par de pasos, no hacia vosotras, sino hacia el muelle, mirando el agua negra del canal.
Se gira entonces. Mira primero a Brisa. La observa con atención real, sin burla.
Sus ojos se desplazan a Himitsu. Se detienen. Algo cambia, apenas un segundo.
Se frota la cara con ambas manos, exhalando despacio. Himitsu reacciona.
Jonah abre la boca, con una expresión de ofensa muy grande.
Señala el barco con el pulgar, sin mirarlo. Una oleada de energía vibrante lo rodea y parece que el aparato se enciende de golpe. Himitsu se pone en posición defensiva.
Da un paso atrás, dejándoos espacio. Dejándoos elegir.
El agua golpea el casco una vez más. El sol asoma, enfermo y pálido, sobre Redcoast.
¿Qué vas a hacer, Brisa del Sur?