- 📅 Fecha in-game: 2 de septiembre de 2005, 03:09
- 📍 Localización: Cráter de Bilbao, ruinas del barrio de Bolueta (https://naufragio-foros.duckdns.org/index.php/topic,44.0.html)
El silencio aquí no es natural. No es el de la calma, ni el de la noche. Es un silencio denso, mineral, como si los escombros mismos se negaran a seguir contando lo que ocurrió. Donde antes se alzaba una ciudad, ahora sólo queda un anillo de roca quebrada, barro negro y hierro retorcido, apenas contenido por la geometría torcida de los acantilados que abrazan el mar invasor. Bilbao se ha hundido. Y el agua salobre de la ría lame las grietas abiertas como si quisiera llevarse los últimos rastros de lo humano.
En la frontera de ese abismo, una figura observa sin moverse. La brisa nocturna le acaricia el rostro, pero no le ofrece consuelo.
Bruma Nocturna contempla la devastación sin palabras, sin rezos. A sus pies, el cayado de Vara Torcida se hunde ligeramente en el barro, como si también quisiera aferrarse a algo que ya no existe.
Hace apenas unos minutos, habló con Birdman, el heraldo enmascarado del
Carnaval de Almas. Rechazó su oferta. Rechazó su tono burlón y su fatalismo festivo. Pero las palabras del emisario aún danzan en su mente: «El Heraldo no es siempre el enemigo; a veces su caída trae el alba». No supo si se refería a él mismo, o a otra figura que aguarda en el horizonte. Tal vez sea una advertencia. Tal vez, una amenaza.
Bruma se mantuvo en silencio, desconfiado. Birdman, con la cabeza ladeada y los dedos cubiertos de anillos de cobre oxidado, se inclinó como si escuchara algo entre los escombros.
Desde el interior del cráter, bajo la niebla que apenas deja entrever los restos de Bolueta hundida, algo respira. Algo lo observa. No con ojos, sino con intención. No se ha mostrado aún, pero Bruma lo siente: no está solo.
Las corrientes umbrales fluyen de manera extraña aquí. El lugar está herido. El tiempo se descompone por momentos, como si este rincón del mundo no hubiera sido concebido para resistir tanta ruptura. Y sin embargo,
Bruma ha vuelto. No por obligación. No por venganza. Sino porque sabe que aquí ha quedado algo sin cerrar.
El
Viento de Acero resiste, ahora desde la otra punta del mundo. De sus antiguos compañeros, sólo queda
Iris viva. Pero su historia la ha alejado lo suficiente de él. Pero en esta tierra herida, en este borde entre la memoria y el abismo, el Metis busca respuestas. Tal vez el eco de su cayado encuentre todavía una voz a la que aferrarse. Tal vez en este lugar de muerte, aún haya algo por proteger.
Y así, sin himnos ni testigos,
Bruma Nocturna espera. No por gloria. Sino porque en las profundidades, alguien —o algo— se ha atrevido a llamarlo por su nombre.
Desde la grieta más cercana se eleva una columna de vapor. Un lamento apenas audible se filtra por la piedra húmeda.
Algo —o alguien— pronuncia tu nombre:
No hay más sonido. Solo la certeza de que alguien ha cruzado desde el otro lado para buscarte.
Bruma Nocturna gira levemente la cabeza hacia la grieta, y la inclina con suavidad hacia un lado en un gesto que combina duda con curiosidad. El cayado apoyado en el suelo, firme, y el cuerpo inmóvil con la tensión justa para reaccionar frente a cualquier posible amenaza.
Con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido, el Theurge se queda a la espera sin confiar en que realmente haya una respuesta.
El silencio que sigue a tus palabras no es indiferencia. Es espera. Como si la tierra necesitara que el eco de tu pregunta se hundiera lo suficiente para ser escuchado en capas más profundas de realidad. Una grieta cercana exhala vapor. No es calor lo que emana, sino una humedad casi orgánica, con aroma a sangre seca, a hierba pisoteada, a recuerdos enterrados en tierra no consagrada.
Entonces, vuelve la voz. Sin cuerpo. Sin dirección. Pero con la cadencia de una herida que no ha sanado.
Pausa. Un crujido leve, como huesos frotándose bajo toneladas de roca.
La voz no acusa. No exige. Informa. Como quien entrega una carga que ya no puede sostener. Una brisa húmeda sacude la capa de Bruma. No hay amenaza en ella. Solo memoria.
El ambiente se vuelve cargado. Un hormigueo roza la nuca de Bruma Nocturna. Sabe que no está solo, que hay alguien.
Y no debería.
La temperatura ambiente baja de repente. Quizá no mucho. Quizá no para todo el mundo. Pero sí para Brumas Nocturna, que reconoce el peso del pasado en esas palabras.
El gruñido de Bruma Nocturna deja entrever su cansancio. Sin embargo, parece más tranquilo de lo que cabría esperar.
El lobo hace una pausa, y mira al cielo. Parece estar recordando algo que quíza nadie le dijo, o esperando la ayuda de quien no vendrá. Al bajar de nuevo la mirada, hacía la grieta, da un paso al frente. Tranquilo pero decidido, con la calma de aquel que acepta su destino.
La voz vuelve, más clara esta vez. Ya no vibra como el eco de una caverna, sino como un pensamiento que no necesita aire para existir. No es ira lo que transmite. Es certeza.
Una pausa leve. Como si incluso las sombras necesitaran tiempo para elegir sus palabras.
La brisa, la temperatura, el ambiente. Todo empieza a sentirse «natural» de nuevo. Los miles de gritos que reverberan en la Umbra parecen calmarse durante un instante.
Y, después, el silencio. ¿O no es así? Bruma Nocturna siente las pisadas de alguien cercano, alguien que está intentando pasar desapercibido. ¿Se quedará a esperar a esta persona o abandonará este lugar maldito?
Bruma Nocturna sonríe ligeramente, e incluso emite un sonido levemente audible que se podría interpretar como "risa". Una risa entre burlona y despectiva, que es acompañada por un movimiento de bastón, que se vuelve a clavar en el suelo, en la dirección de las pisadas.
El hastiado chamán se mueve, despacio, en la dirección de las pisadas. Su gesto revela determinación, pero también comprensión y, hasta cierto punto, curiosidad y responsabilidad.
La niebla no se disipa. Se pliega, se arremolina. Como si respirara. Como si ocultara algo que ya no necesita esconderse, pero que prefiere hacerlo.
Los pasos no suenan sobre roca, ni sobre barro. Suenan sobre recuerdos. Sobre lo que no se ha dicho en voz alta desde la caída.
Una silueta emerge. No camina: avanza. Deslizándose entre lo real y lo que no debería existir. Su figura es humana, sí, pero algo en la geometría de su cuerpo desafía la familiaridad. Como un sueño mal recordado. Como una herida que no sangra. Ojos pálidos, fijos, profundos como pozos sin fondo. La piel, tensa como papel húmedo sobre huesos demasiado antiguos.
Lleva la ropa de otro siglo. Y la tristeza de todos.
Se detiene a pocos metros de Bruma Nocturna. No sonríe. No respira. Pero habla.
Una pausa. Una grieta invisible se tensa en el aire, como si el mundo se inclinara levemente.
El viento cambia de dirección. No con violencia. Con propósito. La figura da un paso más. No hay prisa. No hay duda. Y entonces... se queda inmóvil. Esperando. No por respeto. Por método.
En la mente de Bruma Nocturna empieza a dispararse un sentimiento agotador, con luces brillando por todas sus sinapsis. Observa escenas de momentos del pasado, escenas dónde él no estuvo. Observa a su antigua compañera, Aránzazu, caminando sola sobre lo que parece ser un barco o una plataforma de hierro sobre el mar. Observa al mismo joven, presentándose del mismo modo. Ella era la segunda.
También atisba el futuro: un enorme hoyo surge del interior de la tierra, de Gaia. Sangra océanos de vitae negra, mientras un gigantesco orbe de piedra ardiente atraviesa el cielo... e impacta en el hoyo.
Y entonces, como si un hilo invisible se rompiera, Bruma es devuelto a su cuerpo. Pero el temblor de lo visto aún late en sus sienes.
Nota como aquel joven, aquel ser extraño casi hecho de niebla intangible, intenta acercarse de forma amenazadora. Pero de repente es impactado por algo que Bruma Nocturna es incapaz de discernir, y el cuerpo cae al fondo del cráter. Ante él, se presenta una joven de pelo rubio, vestido de seda ajado y completamente descalza. Le mira a los ojos.
La chica comienza a correr con una agilidad y equilibrio envidiables. ¿Qué hará Bruma Nocturna? ¿Seguirá a su misteriosa salvadora? ¿Se internará en las profundidades del cráter?
La figura del joven perturba el alma de Bruma. Como si un extraño recuerdo de alguna otra realidad quisiese instalarse en su cabeza, pero sin lograr conseguirlo.
El agotado Garou mastica lentamente el nombre de su caído enemigo. Los recuerdos no son agradables, ni siquiera los de la victoria. Mucho se había perdido en aquella andadura, y apenas nada se había recuperado todavía.
Cuando los pensamientos del muchacho invaden la mente del Theurge, este intenta defenderse y resistirse sin éxito. Sabe que lo único que le queda de sus compañeras y de sus misiones son sus recuerdos, y lo único que se ha llevado de todas sus luchas (no sólo las físicas) es todo lo que ha aprendido de ellas... y todas las deudas que había ido acumulando para con Gaia y con los suyos. Demasiados pecados, entre los propios y los ajenos, como para permitirse olvidarlos.
Cuando recupera el control sobre sí mismo, adquiere su característica posición de combate con el cayado en las manos. Sospecha que no puede ganar, pero tampoco parece tener opciones reales de huida... hasta la irrupción de la joven rubia. En ese momento, activa su don Espíritu del Pájaro y da un salto hacia atrás mientras se mantiene a medio metro de altura y alcanza sin demasiados problemas a su escurridiza nueva compañera.
La chica no se gira. No necesita hacerlo. Corre como si el suelo estuviese programado para obedecerla. Se mueve a una velocidad que no te parece normal. ¿Quién es esta persona?
Salta un muro bajo cubierto de musgo oxidado, sin perder el equilibrio ni el ritmo. Bruma la sigue, aún flotando con el Espíritu del Pájaro, y no tarda en notar lo que ella decía: las corrientes umbrales tiemblan, como si alguien estuviera girando un dial desde otro plano. Algo los está buscando.
Una explosión súbita de chispas mecánicas cruza el callejón por encima. Un zumbido agudo, no natural, perfora el oído. Una de esas cosas —pequeña, como una esfera con cuchillas de insecto— vuela en zigzag y se estrella contra una pared, donde estalla en un parpadeo de luz roja.
Durante los siguientes diez minutos, corren a través de las ruinas de Bolueta, entre esqueletos de edificios, furgonetas volcadas y restos de mobiliario urbano partido. Las máquinas zumban como mosquitos en celo, algunas flotan, otras reptan por los muros como insectos metálicos buscando calor. A ratos parece que los estén ignorando... pero otras, giran como si sintieran su presencia.
La chica nunca se presenta. Solo lanza frases cortantes, burlas nerviosas y señales vagas con la mano.
Finalmente, llegan a un antiguo paso elevado, aún medio en pie. Junto a los restos de una gasolinera, oculta tras un andamio oxidado, hay un coche gris oscuro, de esos que solo arrancan si alguien les habla mal.
Se lanza dentro, gira una palanca y el motor responde con un rugido irregular, como un perro viejo con asma. Las luces parpadean. La radio suelta un fragmento de algo que podría ser flamenco distorsionado o ruido blanco.
No hay rastro del vampiro. No hay rastro de Birdman. Solo las luces cada vez más cercanas de los pequeños artefactos voladores... y el sonido de la ruina, atenuado por el miedo.
Cita de: Maurick en 17 de Dic 2025, 00:39:39
Bruma Nocturna sigue a la figura gracias a la velocidad de movimiento que le otorga su don, pero no sin dificultades. Parece que la muchacha es ágil. Antinaturalmente ágil.
Cita de: Maurick en 17 de Dic 2025, 00:39:39
Entre chispas y explosiones, el chamán aprovecha para fijarse en los rasgos de su acompañante. Estatura, peso, edad... También en si lleva armas de algún tipo. Aunque sabe - de sobra - que se expone a una sobrecarga sensorial, activa su don Sentir Magia para saber si ella también está afectada por algún tipo de energía mística. Por sus declaraciones previas, lo raro sería lo contrario.
Cita de: Maurick en 17 de Dic 2025, 00:39:39
El Uktena se sube rápidamente al coche, sin perder de vista las amenazas exteriores. Reconoce que la joven es práctica y probablemente útil, pero habla igual que
ellos.
Mientras arranca el coche y comienza a conducir a toda velocidad, esquivando escombros y rozando con las llantas varias piedras del camino, el Vidente echa un vistazo al interior del destartalado coche y a todo lo que ocurre en el exterior a través de las ventanillas y los espejos retrovisores destartalados.
Un gesto de asco acompaña sus últimas palabras.
La chavala pisa el acelerador con fuerza con sus pies descalzos, manejando los pedales como si estuviera bailando reguetón en una rave umbral. El coche pega un bote al pasar por un bache, pero ella ni se inmuta.
Cuando Bruma suelta el nombre de **Mauricio**, el ambiente cambia. Iruz ya no se ríe. Aprieta los labios, la mandíbula se le tensa, y por un segundo deja de hacerse la chula.
Pero no espera respuesta. El coche sigue tragando asfalto, cada vez más lejos de la ciudad rota. Entonces, se topan con un **bloqueo policial**: luces azules, agentes con chalecos, gritos al fondo. Iruz ni frena.
Gira el volante con un volantazo, se mete por la cuneta, revienta dos conos, y pasa a escasos centímetros de un poli que se queda blanco. El coche vuelve al asfalto con un golpe seco, y ella suelta una risa que es mitad euforia, mitad desprecio.
Se gira un momento hacia Bruma, con una ceja arqueada y media sonrisa.
Baja la velocidad solo un poco. Lo justo para mirar por el retrovisor y luego a Bruma.
El coche sigue rugiendo entre curvas y árboles, dejando atrás una ciudad rota y un montón de humo.
Bruma Nocturna intenta recomponerse y mantenerse más o menos estable en el asiento de aquella montaña rusa urbana. Su gesto es de preocupación, pero también de tranquilidad.
Cita de: Maurick en 18 de Dic 2025, 02:46:45
Cuando la muchacha pregunta por
Mauri,
Bruma frunce el ceño un poco más y agarra con fuerza el bastón.
Cita de: Maurick en 18 de Dic 2025, 02:46:45
Mientras el Theurge habla, la muchacha pierde momentáneamente la atención, como si tuviese la mente en otro lugar, y el coche cambia bruscamente de dirección.
Cuando la joven vuelve en sí, le quita la zarpa de un manotazo del volante y continúa conduciendo como la loca que parece que es.
Cita de: Maurick en 18 de Dic 2025, 02:46:45
El Uktena fija su mirada en la joven, esperando respuestas. Espera que, después de haber hablado de
Mauricio Belmonte, Iruz se haya ablandado un poco y esté más dispuesta a dar algo de información.
Cita de: Bruma Nocturna en 19 de Dic 2025, 00:26:49
Se centra de nuevo en la conducción. Notas que no estáis respetando las normas de circulación, pero la carretera está muy vacía. O eso te parece, ¿es Bruma alguien consciente del tráfico?
Durante unos minutos, el coche se llena de silencio. Ruido de motor, viento filtrándose por una de las ventanillas que no encaja del todo. Bruma nota cómo el ambiente cambia. No es hostil. Es denso.
Cita de: Bruma Nocturna en 19 de Dic 2025, 00:26:49
Cuando el nombre de
Mauricio sale de su boca, Iruz no se tensa, ni frena, ni aparta la mirada. Pero sus dedos dejan de moverse sobre el volante. Y por primera vez desde que hablaron, no tiene una respuesta inmediata.
Tras la curva, la carretera se ensancha. El cartel oxidado marca la entrada en
La Rioja. Hay un campo de girasoles muertos a la izquierda y una gasolinera fantasma a lo lejos, devorada por grafitis y malas decisiones.
Cita de: Bruma Nocturna en 19 de Dic 2025, 00:26:49
Iruz mira a un lado y a otro. Sus ojos, cansados, con unas ojeras tremendas, se aseguran de que no hay nadie en la carretera. Incluso parece que se está levantando un poco de niebla.
Hace un gesto con la boca y le surgen dos colmillos. Afilados. Cómo los de un...
Mira hacia otro lado. Intenta bajar la ventanilla y escupe.
De repente, Iruz frena en seco. El coche derrapa un poco sobre grava suelta y se detiene frente a un
área de descanso olvidada, a medio camino entre ruinas y abandono. Los árboles secos crujen con el viento. Hay un par de coches herrumbrosos al fondo: uno completamente quemado, el otro devorado por maleza. El aire huele a hierro y ozono.
Se queda quieta. Respira hondo. Tose una vez. Y luego, sin moverse, sin mirar a otra parte, clava los ojos en Bruma Nocturna.
Se baja sin mirar atrás, el ruido de sus pasos sobre la grava suena hueco. Se estira como si no durmiera desde hace semanas, y luego se queda mirando el horizonte un segundo antes de hablar.
El viaje en coche es de todo menos cómodo. Como en otros trayectos, tanto en coche como en tren, avión u otro tipo de transporte,
Bruma Nocturna intenta centrar parte de su atención en los paisajes de alrededor y en la propia conversación con quien le acompaña. Como en esta ocasión apenas hay otras engendros de metal rugiendo en la carretera, la tera resulta mucho más asequible.
Cita de: Maurick en 20 de Dic 2025, 21:54:32
El rostro del Hijo del
Kaos muestra una mezcla de consuelo y amargura en su expresión. Parece que, a pesar de no haber conocido nunca a
Mauricio en profundidad, siente una seria sospecha de afinidades morales nunca confirmada.
Cita de: Maurick en 20 de Dic 2025, 21:54:32
Hace un gesto con la boca y le surgen dos colmillos. Afilados. Cómo los de un...
Con la duda en su mente, mira a la muchacha con cierta lástima.
Cita de: Maurick en 20 de Dic 2025, 21:54:32
Pese a lo intenso de la situación, se adivina cierta diversión en cómo el Theurge le devuelve la pregunta.
Cita de: Maurick en 20 de Dic 2025, 21:54:32
Bruma Nocturna duda frente a la pregunta. Es más que obvio y evidente que la propuesta le hace de todo menos gracia. Se baja del coche, caminando con firmeza mientras se apoya en su bastón, y se acerca a Iruz lo suficiente como para colocarse frente a ella y mirarla seriamente a los ojos.
Tras esta declaración, espera con templanza la respuesta de la joven. Se le ve serio a la par que tranquilo, pero en su interior está totalmente preparado por si se diese algún tipo de reacción violenta o, peor aún, un
frenesí.
Iruz no aparta la mirada cuando Bruma se planta delante de ella. Al contrario: ladea un poco la cabeza, como si lo estuviera midiendo por primera vez de verdad. No sonríe. Tampoco se pone a la defensiva.
Se pasa el dorso de la mano por la boca, como si intentara borrar un sabor fantasma. Respira hondo. Otra tos seca.
Se encoge de hombros, incómoda.
Hace un gesto vago con la mano, señalándolo a él, al cayado, a todo lo que es Bruma.
Hay un silencio breve. No tenso. Honesto.
Por primera vez desde que frenaron, baja la mirada. Solo un segundo.
Levanta los ojos otra vez, clavándolos en los de Bruma.
Cuando, por primera vez, la joven se para frente a él, el Uktena toma plena conciencia de la situación. Joder, es una cría. Una cría que habrá pasado vete tú a saber cuánto tiempo en un tubo gigante o una sala blanca con luces mientras esos cabrones jugaban a ser Dios con su cuerpo.
Bruma se relaja un poco, y su aire de modelo en los 20 se hace presente por primera vez desde que se encontraron
Cita de: Maurick en 21 de Dic 2025, 21:52:52
Tras un tiempo sin hacerlo, y casi a modo de ritual, saca su pipa y comienza a cargarla con tabaco que saca de una bolsita de tela.
Se prende la pipa, aspira sin tragar el humo y suelta una bocanada que huele a una mezcla de pasto verde y flores.
Aspira fuerte una vez más, cierra los ojos y busca las palabras adecuadas mientras la quinceañera explica su situación. Suelta el humo, despacio, mientras abre de nuevo los ojos, pero todavía en silencio. La conversación parece sincera, y la situación es lo suficientemente apremiante como para no dilatarla más en búsqueda de alternativas. Suelta el humo y vacía la pipa con cuidado en el arcén, pisando los restos para apagarlos adecuadamente.
Cita de: Maurick en 21 de Dic 2025, 21:52:52
Se encoge de hombros, incómoda.
Hace un gesto vago con la mano, señalándolo a él, al cayado, a todo lo que es Bruma.
Hay un silencio breve. No tenso. Honesto.
Por primera vez desde que frenaron, baja la mirada. Solo un segundo.
Levanta los ojos otra vez, clavándolos en los de Bruma.
Mientras dice con calma y suavidad estas últimas palabras, saca de entre su ropa el pequeño cuchillo ornamentado que suele usar para sus ritos.
La oferta parece honesta, aunque todavía se adivina cierto resquemor en sus ojos. Si la Ícaro lo traiciona, le habrá dado lo que necesita para poder enfrentarse a él. Después de tantos errores, ¿todavía no ha aprendido? ¿O es que todavía conserva algo de esperanza en este mundo hostil lleno de hijos de puta?
Cita de: Bruma Nocturna en 22 de Dic 2025, 12:36:55
Cuando Bruma termina con su explicación de la Tríada, Iruz ladea la cabeza, escuchando... y al final suelta un bufido.
Hace un gesto vago con la mano.
Arquea una ceja y se echa hacia adelante. Sonríe.
Cita de: Bruma Nocturna en 22 de Dic 2025, 12:36:55
Mientras dice con calma y suavidad estas últimas palabras, saca de entre su ropa el pequeño cuchillo ornamentado que suele usar para sus ritos.
Iruz parpadea un par de veces cuando Bruma pone las condiciones. No se ríe. No protesta. De hecho, parece... aliviada. Luego resopla.
Se gira lo justo para señalar el asiento trasero con el pulgar.
Alza los hombros, práctica.
Hace una pausa breve, apoyándose un momento en el coche, como si el simple hecho de hablar le pesara un poco menos ahora que hay comida a la vista.
Vuelve a mirarlo, esta vez sin chulería. Directa.
CONTEXTO: Iruz necesita, al menos, 3 Puntos de Sangre. Eso equivale a 3 Puntos de Daño Letal. Si lo ves correcto, Bruma, continuamos con el viaje.
"Esto me va a pasar factura", piensa
Bruma para sí.
Mientras se bebe el refresco en un par de tragos, escucha los comentarios de
Iruz.
Cita de: Maurick en 22 de Dic 2025, 20:45:12
Con el recipiente en una mano y el cuchillo en la otra, el joven Sioux se sienta en el asiento del copiloto de lado, con la puerta abierta y los pies apoyados en el suelo fuera del coche. Si algo sale mal, mejor que sea con algún espejo cerca.
Cita de: Maurick en 22 de Dic 2025, 20:45:12
Durante todo el proceso,
Bruma permanece alerta; vigila tanto el entorno (con miradas rápidas y usando los retrovisores del coche) como a la propia
Iruz. Al terminar de proporcionarle alimento a la joven Ícaro, se guarda el cuchillo y se aprieta un pañuelo fuerte contra la herida. Con un poco de suerte, entre el líquido ingerido y su regeneración Garou, pronto volverá a sentirse bien.
Cita de: Bruma Nocturna en 23 de Dic 2025, 11:19:39
Los ojos de la joven se iluminan en cuanto el líquido carmesí comienza a brotar del antebrazo. Aguarda pacientemente (todo lo paciente que puede ser una choni de la década de los 2000) mientras se le nota con total descaro como saliva.
Cita de: Bruma Nocturna en 23 de Dic 2025, 11:19:39
Tuerce un poco el morro, y se enfurruña durante un instante. Luego, suspira.
Se acomoda apoyándose en la puerta del coche. Te mira a los ojos.
Mira hacia el horizonte. Notas como vibra algo dentro dentro de su pantalón. ¿Lleva pantalón? De igual forma, saca un teléfono móvil de concha y hecha un vistazo. Sonríe.
Cierra el teléfono tras teclear algo muy rápidamente. Se te queda mirando, ya has preparado la sangre suficiente.
Se toca la parte inferior del labio mientras mira hacia arriba. Parece que intenta recordar.
Cuando has finalizado, toma el vaso y echa un vistazo. Se relame y se lo toma todo de un trago, sin casi respirar. No sé cuanto serán 3 Puntos de Sangre en ml, pero pongamos que es medio litro y ya. Cuando finaliza, algo de sangre cae por un hilillo de su boca, y carraspea.
Se sube al coche y arranca. Asumimos que Bruma hace lo adecuado y se acomoda para dejar que su metabolismo Garou actúe en regenerar la sangre perdida. El motor ruge y la gasolinera de Pancorbo queda atrás, devorada por la noche y las luces amarillas. La carretera se abre hacia La Rioja.
Conduce con una mano, la otra apoyada en la ventanilla abierta. El aire frío entra a saco.
Hace un gesto vago con la cabeza, como si señalara un pasado que no le apetece detallar.
Silencio unos segundos. La carretera serpentea entre viñedos y naves oscuras.
Aprieta un poco más el acelerador.
Le echas una mirada. Sus mejillas son más sonrosadas, sus ojos algo más vidriosos. Se nota que pensar en Aya le causa algún tipo de sensación. Iruz se encoge de hombros.
Hace una pausa, ladea la cabeza.
Te deduca una media sonrisa torcida mientras se come un bache que pone en entredicho la estabilidad del vehículo.
La carretera se estrecha. A lo lejos, unas estructuras bajas, oxidadas, apenas iluminadas: antiguas naves ferroviarias junto a unas vías muertas.
Reduce la velocidad y aparca junto a una montaña de coches oxidados y destartalados.
Señala una caseta de obra en la que se ve que hay una luz tenue encendida. Es por la mañana, quizás a punto de ser mediodía.
Asumimos que Bruma Nocturna decide acercarse a ver qué pasa. Obviamente, anticipamos que usara dones y demás elementos sobrenaturales para asegurarse que no es una trampa, pero volvemos a asumir que está todo bien.
La luz de la caseta industrial no es blanca. Es amarillenta, cansada, como si llevara demasiado tiempo encendida sin que nadie se haya molestado en cambiar la bombilla. El interior huele a metal frío, a polvo antiguo y a algo más difícil de identificar: un rastro tenue de sangre vieja, no fresca, no derramada con violencia, sino contenida, medida.
Hay una mujer de espaldas a la puerta que no se gira cuando Bruma entra en la caseta.
Su figura es alta, demasiado recta para alguien que debería estar relajada. Lleva un abrigo oscuro, gastado en los bordes, y el cabello recogido de cualquier manera funcional. Si alguien tuviera que describirla, probablemente diría que no encaja.
Se gira entonces. Sus ojos se posan en Bruma Nocturna con una atención absoluta, quirúrgica. No curiosidad. No juicio. Evaluación.
Desprende un fuerte acento de Europa del Este. ¿Rusa, quizá? ¿Eslava? Levanta la vista de nuevo, clavándola en la de Bruma.
El silencio que cae después no es incómodo. Es denso. Cargado.
¿Qué haces, Bruma Nocturna?
Durante el viaje,
Bruma Nocturna escucha con atención todo lo que dice
Iruz. Parece que comer, y el leve vínculo de sangre, le ha soltado la lengua a joven; no iba a perder la oportunidad de escuchar todo lo que tenía que decir con ningún tipo de interrupción. A pesar de lo que siempre se explaya cada vez que abre el hocico, el Uktena es un gran oyente cuando la conversación lo merece.
Cita de: Maurick en 27 de Dic 2025, 19:11:57
Al llegar a las naves y antes de acercarse a la caseta, efectivamente,
Bruma hace uso de todos sus recursos para analizar la zona. Tras cerciorarse de que no es (o al menos no parece) una trampa, se dirige a donde
Iruz le ha indicado.
Cita de: Maurick en 27 de Dic 2025, 19:25:46
Se gira entonces. Sus ojos se posan en Bruma Nocturna con una atención absoluta, quirúrgica. No curiosidad. No juicio. Evaluación.
El metis no se deja intimidar, y mira a su interlocura inquisitivamente. Sabe que juega con desventaja, pero no va a aflojar tan pronto.
Cita de: Maurick en 27 de Dic 2025, 19:25:46
El Theurge deja que el silencio se asiente, dándole su espacio. Cuando el peso del silencio reposa en el interior de la caseta, responde pausadamente.
Cita de: Maurick en 27 de Dic 2025, 19:25:46
El joven Sioux sonríe de medio lado. Por fin ha encontrado un "punto débil" que, a la vez, es la primera señal de afinidad que ha sentido desde que se ha topado con este extraño binomio.
La voz del antes calmado joven se va convirtiendo en un sonido ronco, casi un rugido, mientras la pasión aumenta el volumen de su vehemente discurso.
Se queda mirando a
Aya con los ojos clavados en los suyos, con el pecho en alto y el cuerpo con parte del peso apoyado en su bastón. Su expresión facial es firme, a medio camino entre la exigencia y la satisfacción.
Durante un instante, Aya se limita a observar a Bruma Nocturna en silencio, apoyada contra una mesa metálica cubierta de marcas antiguas. Cuando por fin habla, su voz es baja, firme, sin rastro de emoción innecesaria. Un castellano correcto, pero duro, arrastrado por un acento que no pertenece a este siglo.
Cita de: Bruma Nocturna en 29 de Dic 2025, 00:26:14
La frase cae como un hecho, no como una aclaración.
Puedes ver que arquea los ojos durante un instante. Como si revelar eso retrasase lo que quiere contar. Claro que necesita una explicación.
Ella es consciente de que Bruma quiere saber más. Carraspea.
Mira por la ventana. Se fija en el vehículo de Iruz y en todo lo que hay en derredor. Puedes notar que sonríe de forma muy leve.
Sus ojos no se apartan de Bruma.
Entonces, por primera vez, hay algo parecido a cansancio en su expresión.
Se endereza.
Un silencio breve, pesado.
Cita de: Bruma Nocturna en 29 de Dic 2025, 00:26:14
Aya sonríe. Tu reacción le parece divertida.
De la mesa saca unos cuantos papeles. Parecen pergaminos por el estilo de escritura elegante, precioso y barroco.
Aprieta ligeramente los dedos, apenas un gesto.
Levanta la mirada de nuevo hacia Bruma.
Da un paso atrás, recuperando distancia.
Cita de: Bruma Nocturna en 29 de Dic 2025, 00:26:14
Da un paso lento, medido, lo justo para cambiar el ángulo desde el que lo observa.
Inclina ligeramente la cabeza.
Hace una breve pausa. No busca el suspiro, pero no puede evitar echar uno.
Lo observa un segundo más.
La luz amarillenta parpadea un instante.
Se cruza de brazos, esperando.
Bruma atiende con paciencia y evidente interés a las explicaciones de
Aya. Mientras habla, se acerca a una mesa cercana y se sienta sobre ella de medio lado manteniendo una pierna en suelo.
Cita de: Maurick en 29 de Dic 2025, 13:58:56
La voz del Garou suena tranquila y sincera, sin reproches ni prejuicios. Nadie le busca por nada, y menos una desconocida.
Cita de: Maurick en 29 de Dic 2025, 13:58:56
El Vidente duda durante un instante, sopesando la situación. Quizá haya revelado demasiado a una potencial enemiga, pero si realmente lo fuese seguramente ya fuese conocedora de sus puntos fuertes y débiles.
Cita de: Maurick en 29 de Dic 2025, 13:58:56
Una ligera sonrisa aparece, sin disimulo, en el rostro del apuesto Sioux.
El rostro, antes sonriente, cambia drásticamente de expresión. La melancolía se asoma a sus ojos, empañados, como un tenue reflejo de luz lunar que alcanza la superficie de un lago entre la neblina. Hace una pausa, y simplemente escucha.
Aya tiene bastante que explicar, así que el joven Garou le da espacio para ello mientras se recompone. Una vez la ghoul termina, responde a su discurso intentando ordenar las ideas y los temas para hacer la conversación más fluida y ordenada.
Cita de: Maurick en 29 de Dic 2025, 13:58:56
Hace una breve pausa para asegurarse de su interlocutora le está prestando atención, y continúa.
Su cuerpo se tensa ligeramente. Se aprecia en su gesto que esta última pregunta tiene más importancia de la que las palabras revelan, y el joven espera una respuesta muy concreta.
Cita de: Maurick en 29 de Dic 2025, 13:58:56
Buena compostura y seriedad. Suena a explicación sincera, pero también a condición... y a falta intencionada de detalles. Sin embargo, en lugar de continuar con el tema, aborda la siguiente cuestión sin atisbo de duda.
Cita de: Maurick en 29 de Dic 2025, 13:58:56
Aya no responde de inmediato.
Durante unos segundos, se limita a observar a Bruma Nocturna como si evaluara algo que no tiene forma. No su fuerza. No sus dones. Su decisión. Cuando por fin habla, su voz es más baja que antes.
Cita de: Bruma Nocturna en 29 de Dic 2025, 23:10:22
Da un paso lento hacia la mesa, apoyando los dedos sobre la madera gastada.
Levanta la mirada, directa, sin dureza, pero sin concesiones.
Hace una pausa breve.
Respira hondo antes de continuar.
Cita de: Bruma Nocturna en 29 de Dic 2025, 23:10:22
Sus ojos se iluminan durante un instante. ¿Es eso melancolía?
Inclina ligeramente la cabeza.
Aprieta los dedos un instante.
Alza la vista de nuevo.
Cita de: Bruma Nocturna en 29 de Dic 2025, 23:10:22
Emite una pequeña sonrisa. Da un par de pasos hacia atrás y rebusca en una estantería cercana. Te arroja un dossier polvoriento, con fotografías e informes de tu antigua manada. Ahí está la Manada del Ensueño con sus componentes originales: Iris Martínez, Bruma Nocturna, Zakk Wylde... y Aránzazu Guevara.
Camina unos pasos, marcando distancia.
Observas los documentos. Hay fechas, mapas de relaciones, un montón de información que os define como personas. Ves fotos de la hija que tuviste con Iris Martínez, una bebé rechoncha en brazos de su madre, paseando tranquilamente por las calles de Bilbao.
Ves también a Aránzazu junto a Mauricio subiendo a un avión en el aeropuerto, acompañados por lo que parece un bebé recién nacido y una de las Garou jóvenes del Viento de Acero.
Otra de las fotos que puedes encontrar es una captura casi perfecta de Aránzazu hablando contigo en el exterior de un restaurante chino. Recuerdas ese momento, fue hace un año aproximadamente. Cerca de vosotros hay una mujer de pelo anaranjado, preciosa, con facciones orientales y maquillaje de tonos verdosos en mejillas y labios.
Aya señala, en la fotografía, a Aránzazu.
Vuelve a apartarse. Mira por la ventana de nuevo. Escuchas como suena un pitido procedente de su reloj digital de muñeca.
Se detiene.
Lo mira fijamente.
Vuelve a sonar el pitido del reloj digital.
Una última frase, casi en un susurro.
¿Qué vas a hacer ahora, Bruma Nocturna?
El discurso cala perceptiblemente en el joven metis, que se incorpora y mira a los ojos a su interlocutora.
Cita de: Maurick en 30 de Dic 2025, 02:55:11
Una breve chispa cruza sus ojos. La incertidumbre le corroe, y el ansia de conocimiento es palpable.
Cita de: Maurick en 30 de Dic 2025, 02:55:11
Bruma escucha con atención todo lo que
Aya tiene que decir sobre
Aránzazu,
Blanchard y demás. Parece interesarle, pero en seguida se da cuenta de que
Aya cuenta con menos información de la que cree y, en su opinión, está dando palos de ciego. Sin embargo, ha ofrecido una perspectiva interesante.
El Theurge se acerca a los papeles, echa un vistazo rápido intentando hacerse una idea, a través de las fotos y con la ayuda de
Aya, de cómo están las cosas y después se acerca a la caja que contiene el dinero.
El Garou coge el dinero, hace un leve gesto de agradecimiento con la cabeza y se dirige hacia la puerta. Antes de cruzar el umbral, echa una última mirada a la ghoul.
Aya escucha a Bruma Nocturna hasta el final sin interrumpirle. No cruza los brazos. No se mueve. Solo lo observa con la misma atención con la que se estudia una grieta en una pared antigua: no con enfado, sino con la certeza de que ya ha visto muchas iguales.
Cuando por fin habla, lo hace despacio. Con una calma casi irritante.
Da un par de pasos por la caseta, sin mirarlo directamente.
Cita de: Bruma Nocturna en 30 de Dic 2025, 19:18:18
Se detiene. Ahora sí lo mira.
Inclina ligeramente la cabeza, con una sombra de condescendencia.
Suspira suavemente.
Cita de: Bruma Nocturna en 30 de Dic 2025, 19:18:18
Se acerca a la mesa donde están los documentos, los ordena sin necesidad real de hacerlo. Coge uno de ellos, y lee en voz alta, de forma robótica.
Intenta sonreir. Vuelve a meter todos los papeles en el dossier. Escuchas de nuevo un pitido de reloj digital. La expresión de Aya, durante un microsegundo, parece molesta.
Cita de: Bruma Nocturna en 30 de Dic 2025, 19:18:18
Hace un gesto vago con la mano, como cerrando el tema.
Cita de: Bruma Nocturna en 30 de Dic 2025, 19:18:18
Una pausa. Su tono se vuelve aún más seco.
Se aparta ligeramente, dejándole claro que la conversación está llegando a su fin. Vuelve a sonar ese pitido de reloj digital.
Por primera vez, una sonrisa mínima, casi inexistente.
Una vez acaba de pronunciar la frase, vuelve a sonar ese pitido de reloj digital que lleva sonando durante toda la conversación. De repente, la silueta de Aya se vuelve negra como una nube de oscuridad y se dispersa en polvo azabache. Bruma Nocturna se queda a solas, con un silencio incómodo y el ruido de motor de un vehículo en el exterior.
Al principio de la intervención de
Aya, el Theurge parece sentirse realmente molesto. Probablemente su sangre joven todavía arde con facilidad.
Cita de: Maurick en 31 de Dic 2025, 00:01:59
Cita de: Maurick en 31 de Dic 2025, 00:01:59
Bruma Nocturna, mucho más sereno, se encoge de hombros y se apoya contra la pared.
Cita de: Maurick en 31 de Dic 2025, 00:01:59
Con una leve sonrisa, el joven metis vuelve a encogerse de hombros.
Durante toda la conversación, suena como si estuviera hablando con unos amigos en la barra de un bar. No eleva el tono, no lanza duras miradas... Cualquiera que no lo conocieses (cualquiera de los presentes, de hecho), creería que de verdad está de puro cachondeo y disfrutando de unas pequeñas puyas "entre colegas".
Cita de: Maurick en 31 de Dic 2025, 00:01:59
Aunque
Aya se ha mostrado bastante dura en esta última parte de la conversación, parece que el Theurge está disfrutando más que cuando la charla era más amable. El mero hecho de comprobar que solo con un poco de verborrea es capaz de afectar al ánimo de la ghoul parece divertirle.
Antes de que de desparezca del todo, espera un último segundo por si
Aya tiene algo más que decir.
En cuanto se desvanece, lo primero que hace es analizar toda la magia y energía de la zona una vez más. Si el entorno es seguro, el siguiente paso es comprobar el estado de la Umbra y consultar a los espíritus antes de que cualquier rastro o esencia importante se desvanezca. Se tomará el tiempo que necesite, sospecha que la joven Ícaro está acostumbrada a esperar. Tras revisar la Umbra, registra a fondo la caseta y, cuando ha terminado, avisa a
Iruz para que se acerque y le lea los documentos.
Si no ocurre nada o no hay nada que llame su atención, le dice a
Iruz que se vaya al coche y que él va en cuanto termine de recoger. Cuando esté a solas, accede momentáneamente a la Umbra para pedirle a algún espíritu animal, probablemente un espíritu rata, que le envíe un mensaje a
Rufus Sentinel: "No cometas el mismo error que Custod Aeson y no me trates como a Casandra. La cabra ha vuelto al monte, y necesita información".
Por último, recoge de la caseta todo rastro de su presencia y vuelve al coche.
Bruma Nocturna no encuentra nada. No hay símbolos ocultos bajo el polvo. No hay restos de rituales que reconozca. No hay huellas espirituales que encajen con ningún patrón conocido.
Solo el cadáver en la parte trasera de la caseta industrial, tras una lona mal colocada, yace lo que fue un humano. O algo que lo fue. El torso está abierto con precisión quirúrgica, no con furia. Las vísceras han sido extraídas con método. No hay signos de lucha. No hay pánico en el gesto congelado del rostro.
No es un sacrificio, ni un castigo; es una utilidad. Y Bruma no reconoce la técnica; eso le inquieta más que cualquier rastro del Wyrm.
Cuando cruza a la Umbra, el mundo no le ofrece respuestas. La versión espiritual de la zona industrial es un páramo desolado. Las naves no existen: solo quedan formaciones de metal quebrado y polvo suspendido, como ceniza detenida en el aire. El paisaje se desintegra lentamente, sin violencia, como si la realidad hubiese decidido rendirse.
Los pocos espíritus que permanecen no se muestran, sólo susurran. Sin palabras claras ni advertencias. Un murmullo apagado, repetitivo, casi infantil:
CitarLa vida se va.
Se va desde hace tiempo.
Se va... y nadie la llama de vuelta.
Bruma intenta comprender. Busca patrones, ecos, algo que pueda nombrar. Pero lo que Aya ha hecho no responde a ningún principio que conozca. No es chamanismo Garou, ni hechicería vampírica. No pertenece a la Tejedora, ni al Kaos.
Es otra cosa y no puede tocarla. La frustración se le queda clavada en el pecho cuando regresa al mundo físico.
Iruz está tirada en el asiento trasero del coche, durmiendo a pierna suelta, hecha un ovillo incómodo, con la boca entreabierta y una pierna colgando de forma antinatural. Ronca suavemente, ajena a cadáveres, umbras y decisiones antiguas. Cuando Bruma abre la puerta, el golpe seco la despierta.
Bruma no responde, se limita a subirse al coche. Silencio. La chica arranca el motor y lo mira por el retrovisor, aún con media sonrisa.
Bruma asiente despacio, taciturno. El coche se pone en marcha y se pierde entre las carreteras riojanas, dejando atrás la caseta, el cadáver y las preguntas. Otra provincia. Otro túmulo. Otro capítulo.
A cierta distancia, Aya Kasparinova observa.
Ve cómo su compañera y su aliado forzoso se alejan. Calcula el tiempo y evalúa riesgos. Asume pérdidas. Es hora de abandonar el santuario. En un contenedor metálico oculto entre chatarra cercana, un miserable chupasangre suplica. Llora, promete, jura.
Aya no responde. Abre la puerta del contenedor.
El cuerpo de su prisionero comienza a arder de forma espontánea. Lo ha visto muchas veces.
Demasiadas. Pero nunca es suficiente.
De momento, el viaje de Bruma Nocturna comienza con la compañera más estrafalaria que hubiese podido esperar. ¿Qué se encontrará en el
Túmulo del Estanque del Lirio Apacible? Eso lo veremos en el próximo capítulo.