Foros de El Naufragio

Heaven's Gate => Capítulos => Brisa del Sur => Mensaje iniciado por: Maurick en 26 de May 2026, 23:08:45

Título: Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 26 de May 2026, 23:08:45
Refugio de la playa

Costa de Celestún — Península de Yucatán

📅 10 de julio de 2007, 12:41

El amanecer brilla en el horizonte. Primero se insinúa como una mancha pálida detrás de las nubes bajas, luego empieza a desteñir el negro del mar, y al final termina posándose sobre todo con una luz húmeda, amarillenta, cansada. Ahora sentís el calor acumulándose, sal pegada a la piel y mosquitos que parecen haber esperado toda la noche para declarar la guerra. El salto queda atrás como una mala idea que, por pura cabezonería del universo, ha salido medio bien. La tierra todavía parece demasiado firme bajo los pies después del salto, del viento, del rugido de la avioneta. Nadie ha dicho mucho desde entonces, porque no hacía falta. Hay silencios que no son incómodos, sino prácticos: sirven para no vomitar, no caerse, no discutir o no reconocer en voz alta que todo podría haber terminado mucho peor.

La vegetación costera os ha recibido con una indiferencia espesa. Arbustos bajos, palmeras torcidas, caminos de arena prensada y barro seco, moscas, calor, ramas que arañan la ropa y esa sensación de que todo lo que crece por aquí sabe esconderse mejor que vosotros. Jonah ha pasado buena parte del trayecto mascullando en inglés, con una mano en las costillas y la otra apartándose bichos de la cara. No parece herido de gravedad, pero sí derrotado por la existencia en general.


Himitsu no responde, lo ignora. Va la primera, caminando con determinación, con la maleta en una mano, el pelo pegado al cuello y la mirada fija en el sendero como si no estuviera siguiendo un camino, sino recordándolo. No ha hablado demasiado desde el incidente del Arcón. Con Himitsu resulta difícil saber dónde termina la prudencia y dónde empieza otra cosa. La casa aparece cuando el camino deja de fingir que es camino y se abre hacia una franja de terreno algo más limpia, próxima al Golfo. No es grande ni especialmente bonita. Una construcción baja, de paredes castigadas por la sal, ventanas cerradas con contraventanas viejas y una terraza sencilla orientada hacia el mar. La madera tiene ese color grisáceo de las cosas que llevan demasiado tiempo soportando viento, humedad y secretos ajenos. La puerta principal resiste un poco antes de abrirse. Himitsu fuerza la cerradura con una naturalidad casi ofensiva.


Dentro, el aire está cerrado. Huele a polvo, sal, madera vieja y humedad retenida en las paredes. Hay muebles cubiertos con sábanas finas, una mesa de cocina con marcas de vasos antiguos, una nevera desconectada, una lámpara torcida junto al sofá y arena acumulada en las esquinas. La casa no parece abandonada del todo, más bien parece uno de esos lugares que han aprendido a no llamar la atención. Algunas señales de uso siguen ahí: una taza desportillada en un armario, un arañazo largo en el marco de una puerta y una mancha oscura junto al fregadero que nadie se tomó la molestia de limpiar del todo. En una pared, cerca de la ventana que da al mar, queda una marca rectangular más clara, como si durante mucho tiempo hubiese colgado allí una fotografía, un mapa o algo que alguien decidió llevarse deprisa. Jonah entra el último, y otea alrededor con una mezcla de asco, alivio y sospecha.


Deja caer una mochila en el suelo y se sienta en una silla sin pedir permiso. La silla cruje de forma poco tranquilizadora, pero aguanta. Jonah señala vagamente hacia la cocina.


Himitsu abre una de las habitaciones y pasa al interior. Puedes ver que deja la maleta sobre una de las camas de 90. Luego se acerca a una de las ventanas y aparta la cortina con dos dedos. El Golfo está ahí, quieto bajo la luz sucia del amanecer. El mar no parece hostil, pero tampoco inocente. Sólo permanece, extendido hasta donde alcanza la vista, como si supiera esperar mejor que todos vosotros.


La frase queda en el aire con un peso difícil de medir. Fuera, una gaviota lanza un chillido áspero, y el sonido atraviesa la casa como una raja. Himitsu te mira de reojo, como si hubiera notado un cambio en tu respiración pero hubiese decidido no nombrarlo. Jonah, por suerte o por milagro, está demasiado ocupado abriendo cajones en busca de café, azúcar, alcohol o cualquier cosa que pueda fingir ser una de las tres.


La casa cruje con el calor naciente. Algo golpea suavemente bajo la terraza, quizá una rama arrastrada por la marea, quizá basura, quizá nada importante. El mar sigue respirando al otro lado de las ventanas. Habéis llegado al refugio, no parece que estéis en peligro todavía. Himitsu se acerca a ti.


Hace una pausa, y señala una de las tazas que Jonah ha estado moviendo de un lado para otro. Toma dos de ellas, las pone frente a vosotras. Chasquea los dedos, y puedes ver que se llenan de un líquido caliente, que huele excepcionalmente bien.


El silencio posterior no llega a ser cómodo. Pero al menos es vuestro.


¿Qué haces, Brisa del Sur?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 27 de May 2026, 12:48:30
Cita de: Maurick en 26 de May 2026, 23:08:45La vegetación costera os ha recibido con una indiferencia espesa. Arbustos bajos, palmeras torcidas, caminos de arena prensada y barro seco, moscas, calor, ramas que arañan la ropa y esa sensación de que todo lo que crece por aquí sabe esconderse mejor que vosotros. Jonah ha pasado buena parte del trayecto mascullando en inglés, con una mano en las costillas y la otra apartándose bichos de la cara. No parece herido de gravedad, pero sí derrotado por la existencia en general.



Voy detrás de él, cerrando el grupo. De vez en cuando miro hacia atrás y olisqueo el aire, nunca se sabe si alguien nos ha visto caer y le suscita curiosidad.


Sigo caminando y doy un sonoro respiro. Ya a la altura de Jonah le pongo la mano de forma delicada en su brazo. Con una dulce sonrisa y tono cálido le digo:


Cita de: Maurick en 26 de May 2026, 23:08:45Dentro, el aire está cerrado. Huele a polvo, sal, madera vieja y humedad retenida en las paredes. Hay muebles cubiertos con sábanas finas, una mesa de cocina con marcas de vasos antiguos, una nevera desconectada, una lámpara torcida junto al sofá y arena acumulada en las esquinas. La casa no parece abandonada del todo, más bien parece uno de esos lugares que han aprendido a no llamar la atención. Algunas señales de uso siguen ahí: una taza desportillada en un armario, un arañazo largo en el marco de una puerta y una mancha oscura junto al fregadero que nadie se tomó la molestia de limpiar del todo. En una pared, cerca de la ventana que da al mar, queda una marca rectangular más clara, como si durante mucho tiempo hubiese colgado allí una fotografía, un mapa o algo que alguien decidió llevarse deprisa. Jonah entra el último, y otea alrededor con una mezcla de asco, alivio y sospecha.




Digo a modo de broma, no se me da bien eso de hacerle gracia a los humanos —su humor es algo raro para mi— pero lo intento.

Cita de: Maurick en 26 de May 2026, 23:08:45Himitsu se acerca a ti.


Hace una pausa, y señala una de las tazas que Jonah ha estado moviendo de un lado para otro. Toma dos de ellas, las pone frente a vosotras. Chasquea los dedos, y puedes ver que se llenan de un líquido caliente, que huele excepcionalmente bien.


El silencio posterior no llega a ser cómodo. Pero al menos es vuestro.



El olor a café me recuerda cuando despertaba por las mañanas en la cabaña de Pluma. Le gustaba tomarlo recién hecho, humeante y sin añadirle nada. Cojo la taza. Disfruto del olor a café. ¿O quizá sea el recuerdo lo que esté disfrutando? Ancla. Abro los ojos.


Mis palabras son sinceras y no hay nada de malicia en mi gesto. Le cedo mi taza a Jonah y me siento en un lado del sofá, con las piernas cruzadas. El sofá no es muy cómodo, pero no está mal.

Primero miro a Jonah y Himitsu.


Ahora miro a Himitsu.




Miro a Jonah.


Me incorporo hacia adelante, apoyo los brazos en mis rodillas y sostengo mi cabeza mirando hacia el suelo.


Levanto la mirada y los vuelvo a mirar a ambos. Las palabras que pronuncio son amargas y se nota que aún duelen. No lloro, pero tengo los ojos vidriosos.


**Tengo más cosas que hablar con los pj, pero por darle dinamismo a la escena y que no se mezclen los temas de conversación resolvemos primero esta parte.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33
La pregunta de Brisa queda suspendida en la cabaña con más peso que el calor. Himitsu tiene las manos apoyadas sobre la mesa, los dedos muy quietos, la espalda recta y esa expresión de quien sabe que una explicación llega tarde incluso cuando todavía puede servir para algo. Jonah, en cambio, acepta la taza de café como si le acabaran de entregar una pequeña victoria contra el universo. Da un sorbo, se quema un poco, frunce la cara y aun así no la suelta.


Cita de: Denebia en 27 de May 2026, 12:48:30

Se inclina hacia atrás en la silla, buscando acomodo donde no lo hay. Luego mete dos dedos por el interior del pantalón y saca un cigarrillo algo doblado, con la satisfacción triste de quien ha encontrado una reliquia. Himitsu le dedica una mirada seca, mientras se levanta en silencio a sacar otra taza, y la pone a tu lado. Con otro giro de muñeca, la llena de leche, y de repente salen de la nada, como si fuese magia, un montón de cereales. De los que te encantaban.


Jonah se queda con el cigarrillo entre los dedos, inmóvil durante un segundo.


La Qualmi no contesta. Jonah suspira, se guarda el piti detrás de la oreja y vuelve a abrazar la taza con ambas manos, como si al menos el café no tuviera opiniones sobre él. Himitsu vuelve a mirarte.


No lo adorna ni intenta suavizarlo.


Su mandíbula se tensa, como un gesto nimio, pero en ella parece casi una confesión.


La cabaña cruje bajo el calor naciente. Alguna tabla del techo se dilata con un quejido breve. El olor a café se mezcla con polvo, sal y madera húmeda.


Por primera vez, baja un poco la mirada.


Jonah no hace bromas. Mira el café, como si de pronto fuese un sitio prudente donde dejar los ojos. Himitsu respira despacio.


Se aparta un mechón de la cara con un gesto limpio, casi mecánico.


La última palabra le sale con una sequedad amarga.


Himitsu te sostiene la mirada sin esconderse detrás de acertijos. Eso no la vuelve cálida. Sólo más clara.


El silencio que sigue no pide perdón, pero tampoco se defiende.


Jonah levanta un dedo, todavía con la taza en la otra mano.


Se encoge de hombros. El gesto le tira de las costillas y se le nota en la boca, aunque intenta disimularlo. Su intervención es vergonzosa y torpe, como un niño hablando en una conversación de adultos.


Entonces lo ves. Sobre uno de los sofás cubiertos a medias por una sábana vieja, hay un gato blanco. Está sentado con una quietud imposible, con la cola recogida junto al cuerpo, los ojos azules fijos en ti. No ha entrado por ninguna puerta. No ha hecho ruido. Simplemente está ahí, como si la cabaña siempre hubiese tenido un hueco reservado para él.  Himitsu ya lo ha visto. No parece sorprendida y eso, en cierto modo, resulta más inquietante. Jonah sigue sin darse cuenta. El gato parpadea despacio.


Su voz no rompe el silencio. Lo ocupa con cuidado.


La sábana del sofá se mueve con la brisa que entra por una rendija. Himitsu no dice nada.


Jonah da otro sorbo al café, ajeno todavía al gato blanco que acaba de convertir la conversación en otra cosa.


Hace una pausa. Disfruta su café negro, mientras Jonah intenta intervenir. Himitsu le mira de reojo, y el chaval sabe que tiene que callarse.


Himitsu intenta sonreir. No le sale nada bien... ¿Qué haces, Brisa del Sur?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 31 de May 2026, 18:01:40
Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33
Jonah se queda con el cigarrillo entre los dedos, inmóvil durante un segundo.



Yo también miro mal a Jonah, con una ceja arqueada.


Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33

Esas palabras me hacen sentir una pequeña punzada en el corazón. La verdad es que cuando la conocí me cayó bien, muy misteriosa y algo rara, pero sabía que íbamos a llevarnos bien. Le devuelvo una sonrisa amable como agradecimiento al comentario. No quiero interrumpirla, por lo que dejo que continúe. Mi postura en el sofá ahora es más relajada, ya no estoy tan enojada.

Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33

La última palabra le sale con una sequedad amarga.


Y de repente me vi reflejada en ella. Salvando las distancias, parecía que nuestra vida había sido cortada con el mismo patrón. No puedo otra cosa que acercarme a ella y cogerle de la mano. Dejo que continúe con su explicación.

Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33


Hago una pausa de un par de segundos.


Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33


Digo antes de que acabe la frase.


Mi curiosidad se desvanece de un plumazo.

Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33Entonces lo ves. Sobre uno de los sofás cubiertos a medias por una sábana vieja, hay un gato blanco. Está sentado con una quietud imposible, con la cola recogida junto al cuerpo, los ojos azules fijos en ti. No ha entrado por ninguna puerta. No ha hecho ruido. Simplemente está ahí, como si la cabaña siempre hubiese tenido un hueco reservado para él.  Himitsu ya lo ha visto. No parece sorprendida y eso, en cierto modo, resulta más inquietante. Jonah sigue sin darse cuenta. El gato parpadea despacio.


Su voz no rompe el silencio. Lo ocupa con cuidado.



Mierda— pienso para mis adentros. Le miro solo una vez de reojo. Suelto la mano de Himitsu (si no se ha soltado ella antes) y mi postura se vuelve algo rígida. Me alegra mucho volver a verle, pero no creo que sea el comité de bienvenida... Estoy segura de que tendrá algo que decir por haberme marchado sin decir nada. Trato de no mirarle... "si no lo veo, no está".

Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33Himitsu intenta sonreir. No le sale nada bien...




Cojo a Himitsu de las manos y la aparto un poco. Miro a Jonah.


Digo desde el otro lado de la habitación y vuelvo a hablar con Himitsu, pero en voz baja.


** Aún queda el último punto del que Brisa quiere hablar con el grupo, pero lo dejo pendiente, antes de pasar con Kael, para que Himitsu me conteste si quiere hacerlo.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 31 de May 2026, 21:31:12
Himitsu deja que la apartes sin resistirse. Su mano está fría, más de lo que debería en aquella cabaña cargada de humedad y calor. Durante un instante mira hacia Jonah, que sigue sentado con la taza entre las manos, fingiendo no prestar atención con una falta de talento bastante evidente.

Cita de: Denebia en 31 de May 2026, 18:01:40

La Qualmi te escucha con atención. Emite una pequeña risa, casi imperceptible, que la hace parecer muy tierna.


Cuando os alejáis de Jonah, Himitsu se mueve sin emitir ningún sonido. Ni siquiera la silla, que se ha arrastrado un poco, ha emitido quejido alguno. Os quedáis a las puertas de la habitación más grande: veis que hay dos camas individuales, pero unidas. Alguien se tomó la molestia de hacerlas antes de marcharse.

Cita de: Denebia en 31 de May 2026, 18:01:40

La Qualmi escucha tus preocupaciones, aunque se muestra extrañada. Como si tuviese una pieza de información que tú careces.


Lo dice en voz baja, sin dramatismo. Sus ojos vuelven a ti.


Jonah levanta apenas la mirada desde la silla, como si hubiese oído algo, pero no se atreve a intervenir. El cigarrillo doblado sigue sujeto detrás de su oreja. Decide ponerse de pie y salir fuera. Se despide en voz alta, escucháis que dice «me voy a fumar solo, con mi humo fuera, que no me echa la peta».


Himitsu baja un poco la voz. Te mira a los ojos. Para ella parece evidente. Para ti, en cambio, queda un hueco incómodo.


La madera de la cabaña cruje bajo el avance del calor. Sobre el sofá, el gato blanco continúa inmóvil, con los ojos azules fijos en vosotras.


Hace una pausa breve. Aparta la mirada, al suelo. Mete su mano derecha en el bolsillo izquierdo de su pantalón, rebuscando algo.


La frase parece costarle más que toda la explicación anterior. Por primera vez, hay algo parecido a un intento honesto de humor; seco, incómodo, pero humor al fin y al cabo.


Su mirada se desplaza un momento hacia Kael, se lo queda mirando. Jonah, en el exterior, está tosiendo. Luego, escupe.


¿Qué haces, Brisa del Sur?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 01 de Jun 2026, 12:56:15
Cita de: Maurick en 31 de May 2026, 21:31:12
La frase parece costarle más que toda la explicación anterior. Por primera vez, hay algo parecido a un intento honesto de humor; seco, incómodo, pero humor al fin y al cabo.


Escucho atentamente todo lo que dice sin interrumpir. Cuando finaliza su explicación miro hacia la puerta por la que se ha ido Jonah, como intentando llenar su ausencia con mis palabras, como si hablarle al vacío que ha dejado actuase como un mensajero que le hiciese llegar las palabras. No aparto la mirada de la puerta y no hablo en susurros.


Mis palabras no guardan reproche alguno, pero arrastran melancolía. Son preguntas que no buscan respuesta, sino para que realice un diálogo interior.



Miro a Himitsu. Parece que voy a hablar de otra cosa, pero todo está relacionado.



Cita de: Maurick en 31 de May 2026, 21:31:12Su mirada se desplaza un momento hacia Kael, se lo queda mirando. Jonah, en el exterior, está tosiendo. Luego, escupe.




Suspiro. Busco en mi bolsillo.


Me guardo de nuevo el percebe. Dejo que Himitsu se acomode en el salón y salgo en busca de Jonah. Antes de salir miro por fin a Kael y le saludo inclinando la cabeza.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 01 de Jun 2026, 23:42:03

Himitsu escucha sin interrumpirte. Esta vez no parece estar preparando una respuesta afilada mientras hablas. Sólo escucha, mientras mastica los caramelos y su mirada se pierde entre tu rostro y la pared. Cuando mencionas a Jonah, sus ojos se desplazan hacia la puerta.

Cita de: Denebia en 01 de Jun 2026, 12:56:15


La frase sale seca, pero no suena defensiva.

Cita de: Denebia en 01 de Jun 2026, 12:56:15


Deja que regreses al salón. El gato blanco continúa en el sofá, inmóvil, como si el tiempo de la cabaña hubiese aprendido a rodearlo sin molestarlo. Cuando sales, Jonah está apoyado junto a la pared exterior, con el cigarrillo entre los dedos y expresión perrito herido. Hay humo en el aire, pero en seguida lo mueve y sopla para apartarlo. Lo hace peor, hace que vaya hacia ti.


Da una última calada, tira el cigarrillo al suelo y lo apaga con la suela. Se te queda mirando, con las manos en los bolsillos.


Entra detrás de ti, todavía mascullando, aunque lo hace. Al cruzar el umbral, sus ojos pasan por el sofá sin detenerse. No ve a Kael. O no como lo ves tú. Himitsu ya se ha acomodado junto a la mesa, con las manos recogidas sobre el regazo. No mira a Jonah con dureza esta vez. Sólo le deja espacio. El gato blanco parpadea despacio.

Cita de: Denebia en 01 de Jun 2026, 12:56:15


Su voz es suave. No hay burla en ella, pero tampoco indulgencia.


Jonah frunce el ceño, extrañado. Parece que lo ha escuchado, pero su expresión lo delata: no tiene ni la más remota idea.


La cabaña cruje con el calor. Jonah se queda quieto, y Himitsu le hace un gesto para que se siente.


Kael recoge la cola junto al cuerpo, sereno, demasiado blanco sobre la tela vieja del sofá.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 03 de Jun 2026, 12:37:01
Cita de: Maurick en 01 de Jun 2026, 23:42:03Jonah frunce el ceño, extrañado. Parece que lo ha escuchado, pero su expresión lo delata: no tiene ni la más remota idea.


La cabaña cruje con el calor. Jonah se queda quieto, y Himitsu le hace un gesto para que se siente.



Tras las palabras de Kael miro primero a Jonah algo desconcertada.


La determinación de mis palabras es tal que podríais pasar por alto que no sé el nombre de donde estamos.


Digo de forma totalmente sincera mientras levanto ligeramente las cejas, mirando a Jonah y a Himitsu.



Cita de: Maurick en 01 de Jun 2026, 23:42:03
Su voz es suave. No hay burla en ella, pero tampoco indulgencia.



"No es una reprimenda, dice". Pienso para mis adentros. Me he colocado estratégicamente entre Jonah y Himitsu, me siento como más arropada, por si Kael quería echarme una regañina.


Digo para quitar hierro al asunto. Está claro que mi tono no busca burla, ni pelea.



Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 04 de Jun 2026, 01:12:18
El comentario sobre la playa queda flotando en la cabaña con una naturalidad tan desarmante que Jonah tarda un segundo de más en reaccionar. Mira a Brisa, luego a Himitsu, luego al techo, como si allí hubiera algún manual de conducta para mujeres lobo hablando de bañarse desnudas.


Himitsu le dedica una mirada breve.


Jonah señala a Brisa con la taza, como si aquella precisión hubiese llegado tarde para salvar algo.


Kael permanece sentado sobre el sofá. Sus ojos azules no se apartan de ti. Cuando lo presentas, inclina apenas la cabeza hacia Himitsu primero, después hacia Jonah. No hay solemnidad excesiva en el gesto, pero sí una educación antigua, casi felina en su distancia.


La Qualmi no parece sorprendida al escuchar su nombre en boca del espíritu. Aun así, baja un poco la mirada.


El gato mira entonces hacia Jonah.


Jonah se queda muy quieto. Ahora parece que lo está viendo. El gato se estira, y de un salto se pone en mitad de la mesa.


Durante un instante, el aire sobre la mesa se vuelve más denso. No hay destello, ni aparición dramática. Sólo un ajuste sutil en la luz, como cuando una nube se aparta del sol. El contorno del gato blanco gana peso. Sus bigotes se vuelven visibles para todos. Jonah parpadea una vez, luego otra. Hace un gesto inconsciente de buscar algo en sus bolsillos. No le queda tabaco.


Kael no le responde. Vuelve a mirarte.


La frase llega sin rodeos, pero sin dureza. Como si supiera que esa era la primera cuerda que debía tocar.


El calor avanza por la cabaña. Una tabla cruje cerca de la ventana.


La cola del gato se mueve una vez, despacio, sobre la sábana. Sus ojos pasan de Himitsu a Jonah, y regresan a ti.


Kael parpadea despacio.


El aire parece cerrarse un poco dentro de la cabaña. No cambia nada visible, pero algo en el olor de la sal se vuelve más intenso. Kael se tumba sobre la mesa. De un coletazo, deja caer una de las tazas de metal al suelo. Himitsu la recoge sin apartar su mirada del espíritu totémico.


Himitsu hace un gesto, muy sutil, para adquirir la atención del gato.


Kael mira hacia la puerta. Luego a Himitsu. Parece que suspira, pero los espíritus no hacen eso. ¿O sí?


Jonah deja la taza sobre la mesa con un cuidado exagerado.


Himitsu le lanza una mirada asesina. Jonah se calla de repente y hace un gesto con la mano de que entiende la situación. El gato finalmente se sienta sobre tu regazo. Una vez allí, Kael no se mueve ni un ápice.


La habitación se queda en silencio, mientras el murmullo del océano suena, con tranquilidad, casi con pereza, en el exterior.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 04 de Jun 2026, 21:55:23
Cita de: Maurick en 04 de Jun 2026, 01:12:18Jonah deja la taza sobre la mesa con un cuidado exagerado.




Le digo con una amable sonrisa.


Cita de: Maurick en 04 de Jun 2026, 01:12:18


Hago una pequeña pausa y tras acariciar un poco a Kael (si se deja), le cojo, me levanto y le dejo descansando en la silla. Me pongo delante de Himitsu con los brazos en jarra y con una ceja levantada le digo:


Doy un par de vueltas por la habitación. Llevo días queriendo abordar el tema pero no quiero sonar grosera o que se lo tome mal.


La miro con ojos de súplica.


Sonrío a los mencionados buscando aprobación y luego miro a Himitsu esperando su respuesta.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 06 de Jun 2026, 12:40:39
Kael no se resiste cuando lo acaricias. Su cuerpo parece pesar lo justo: ni del todo carne, ni del todo sueño. El ronroneo le nace bajo tus dedos y se extiende por tu pecho con una calidez lenta, discreta, como una hoguera pequeña protegida del viento.


No hay fogonazo espiritual, ni promesa solemne ante la luna. Sólo esa certeza sencilla: Kael está ahí, contigo. Durante un instante, algo se acomoda en tu interior. No borra a Ninastoko ni desplaza a Pezuña Caótica. Es otra cosa: una presencia blanca, paciente, con ojos azules, que sabe esperar incluso cuando tú no sabes hacerlo. Jonah mira la escena con una mezcla de respeto y confusión.


Cita de: Denebia en 04 de Jun 2026, 21:55:23Doy un par de vueltas por la habitación. Llevo días queriendo abordar el tema pero no quiero sonar grosera o que se lo tome mal.

Himitsu permanece callada hasta que te plantas delante de ella. Al escuchar lo de la maleta, su expresión cambia un poco. No mucho. Lo suficiente para que se note que has tocado algo importante.


La corrección sale automática, seca. Luego baja un poco la mirada hacia la habitación donde está el Arcón.


Sus dedos se cierran despacio sobre la taza.


Kael, ya sobre la silla, observa a Himitsu con una quietud limpia.


La Qualmi no responde al espíritu. No enseguida. Se limita a respirar, muy despacio, como si aquello le hubiese molestado precisamente porque era cierto.


Levanta los ojos hacia ti.


Jonah alza una mano con prudencia.


Himitsu le mira.


El mar suena al otro lado de la cabaña, lento y cercano. La habitación donde descansa el Arcón parece, de pronto, un poco más oscura que antes. Notas como la realidad a tu lado se distorsiona un poco, como si te estuvieras sumergiendo en agua templada. De repente, Jonah pega un respingo y dice...


Himitsu se le queda mirando, y notas como el vello de su cuello se eriza momentáneamente, como si hubiese detectado algo incómodo.

Cita de: Denebia en 04 de Jun 2026, 21:55:23Sonrío a los mencionados buscando aprobación y luego miro a Himitsu esperando su respuesta.


Brisa del Sur, tienes que realizar una Tirada de Astucia + Rituales a Dificultad 8. Con un éxito, vinculas espiritualmente el Arcón a Himitsu, y lo podrá conservar en forma de tatuaje dónde tú elijas. Con un fallo, el Fetiche rechazará cualquier vinculación al menos durante una semana o hasta que se le satisfaga con chiminaje.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 09 de Jun 2026, 00:17:28
Cita de: Maurick en 06 de Jun 2026, 12:40:39
Himitsu se le queda mirando, y notas como el vello de su cuello se eriza momentáneamente, como si hubiese detectado algo incómodo.




Digo entre risas. Pero no está de más saber que hay un plan B.

Cita de: Maurick en 06 de Jun 2026, 12:40:39La habitación donde descansa el Arcón parece, de pronto, un poco más oscura que antes. Notas como la realidad a tu lado se distorsiona un poco, como si te estuvieras sumergiendo en agua templada.



Me quedo con esa sensación, está bien porque me hace estar en sintonía con el arcón. No parece que vaya a ser fácil, pero tengo que hacerlo bien: es mi primer ritual ante Jonah, Himitsu y Kael y tengo que dejar el listón alto. Además, es un objeto importante para Himitsu, por lo que tiene que salir bien sí o sí.

Cojo la mano de Himitsu y avanzo a la habitación. Suelto su mano al llegar al vano de la puerta y le pido que espere. Antes de entrar me quito el colgante que llevo, le doy varias vueltas al rededor de mi mano y añado mi pulsera. Doy tres golpes secos al aire haciendo que el tintineo del instrumento ancestral improvisado rompa el silencio. Entono mi cántico omaha y entro en la habitación.

El ritual ha comenzado.




Entro y con mis cánticos muestro mis respetos al fetiche. Con señas le pido a Himitsu que pase y deje la maleta en el suelo. Se queda de pie a un lado del arcón. Me pongo tras ella y suavemente pongo mi mano libre en su hombro señalándole el suelo con la otra. Ella sigue mi petición y se sienta en el suelo, sobre sus piernas, frente al fetiche. Yo ahora soy el puente entre ambos. Se nota que lo que estoy haciendo me gusta, que estoy cómoda en esa situación. No he dejado de cantar ni he soltado el hombro de la qualmi. En el momento que toco la maleta ésta me rechaza, soltando un impulso de fuerza que me lanza hacia atrás dislocándome el hombro. Miro a Jonah, que ha entrado en la habitación, negándole con la cabeza, "todo está bien".

No me enfado, lo que ha ocurrido es normal. Mi cántico se vuelve más suave, transmitiendo calidez en mis palabras. Me incorporo y vuelvo a hacer sonar mi collar y pulsera. Poso de nuevo mi mano en el hombro de Himitsu y, como puedo, pongo gentilmente mi mano en el arcón. Esta vez todo sale bien y el fetiche se desmaterializa al instante. Himitsu nota un pinchazo en su omóplato, bajo mi mano. Termino el verso de mi canción.

El ritual ha terminado.

Me levanto y me sujeto el hombro, está dislocado. Me acerco a una esquina y, tal como me enseñaba Jules en sus películas, me lo coloco de un golpe seco. Hago una mueca de dolor pero ya está en su sitio. Me molestará un rato y mañana como nueva.


Digo a todos con una sonrisa de haber hecho bien mi trabajo.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 10 de Jun 2026, 23:59:18
El golpe contra la pared suena seco, desagradable, demasiado físico para una habitación que todavía conserva el eco del cántico. Jonah da un paso instintivo hacia ti, pero se detiene cuando le niegas con la cabeza. La mano se le queda suspendida a medio camino, inútil, abierta, como si no supiera qué hacer con ella.


No dice nada más. Por una vez, parece entender que arreglar algo no siempre significa deshacerlo. Himitsu permanece sentada en el suelo, inmóvil. Su respiración se ha vuelto muy lenta. Bajo la tela, en el punto exacto donde has mantenido la mano, algo se dibuja sobre su omóplato: una línea oscura, fina, casi elegante, como el cierre de una cerradura antigua visto a través de la piel. No sangra ni quema, pero siente cómo el arcón se ha unido espiritualmente a su cuerpo físico. Sabía que esto podía ocurrir, que se podía hacer, pero había preferido cargar con ello todo este tiempo, como una losa que le recordase su agonía. Pero ahora, la maleta ya no está.

Durante unos segundos, la habitación parece más grande de lo que debería. El aire conserva un olor a sal negra, madera húmeda y algo parecido al polvo de un lugar que nadie ha visitado despierto. Luego todo vuelve despacio a su tamaño normal. Kael observa desde la silla, con la cola recogida junto al cuerpo. Himitsu alza una mano hacia su propio hombro, pero no llega a tocar la marca. Sus dedos se quedan a unos centímetros, temblando durante un instante.


La frase suena absurda incluso en su boca. Como si una parte de ella todavía estuviera revisando todas las razones por las que aquello no debería haber sido posible. Levanta la mirada hacia ti.


Jonah traga saliva. Mira el hueco donde estaba la maleta, luego a Himitsu, luego a ti. Intenta sonreír, pero no le sale del todo.


La Qualmi se incorpora despacio. No parece más ligera de forma evidente, pero algo en su postura ha cambiado. Como si una carga hubiese dejado de estar en el suelo para pasar a formar parte de su sombra.

Se acerca a ti. Durante un momento parece que va a decir algo preciso, útil, insuficiente. Algo muy suyo, pero no lo hace. Sólo inclina la cabeza, hacia adelante. Mostrando un enorme respeto.


La palabra queda entre ambas, sencilla y rara. Kael parpadea despacio. Fuera, el mar golpea la madera de la terraza con suavidad. La situación se alivia durante unos momentos. El cansancio os empieza a cobrar factura.


Kael se desvanece en partículas etéreas, satisfecho con lo que acaba de ocurrir. Himitsu se pone de pie y se estira. Suspira.


Himitsu se acerca a la puerta y procede a cerrarla con unas llaves escondidas bajo el sofá. Después, corre las cortinas y hace algo con los dedos. Tú lo detectas, ha utilizado algún tipo de Don para que la temperatura sea mucho más agradable. Jonah no tarda en espatarrarse encima del sofá de la entrada y a ponerse a roncar. La Qualmi lo mira, y hace algo inusual. Algo que no la habías visto hacer desde el comienzo de vuestro viaje: pasa a su forma de felino y se echa a dormir en el suelo de la cama.

El sueño os rodea. Sientes que es la primera vez desde que despertaste en Gracemire, después de la Catástrofe del Báltico, que tu cuerpo acepta descansar sin mantenerse alerta. Quizá sea un buen momento para permitirlo. En el exterior, la costa respira entre los maderos de la cabaña. El mar se mueve despacio, perezoso bajo el calor de la mañana. Por unas horas, nada exige vuestra atención.

Lo que acabáis de compartir no ha resuelto vuestros problemas. Pero ha dejado la casa en paz.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53
Tres cereales

📅 10 de julio de 2007, 16:25

Finalmente, dejas caer tu cuerpo sobre una superficie en la que puedas descansar en serio esta vez. Lo necesitas, ha pasado mucho tiempo desde Gracemire, y allí no podías dormir tranquila. Ahora, parece que el plomo de tus párpados cae sin que puedas hacer fuerza. Sueñas. Esta vez, sueñas.

Al principio, sueñas con la cabaña de Pluma del Viento. No con la cabaña tal como era, sino como la recuerdas cuando necesitas sentirte a salvo. La madera conserva el calor del fuego. Las mantas huelen a humo, tierra seca y pelaje limpio. Al otro lado de la habitación, alguien tararea una melodía antigua mientras prepara el desayuno, pero no consigues verle la cara. Sobre la mesa hay un cuenco de leche, y dentro flotan tres cereales. Uno gira sobre sí mismo, incapaz de quedarse quieto. Otro permanece apartado, cerca del borde, como si prefiriese hundirse antes que rozar a los demás. El tercero se mueve entre ambos, empujándolos con suavidad para que no se separen.

La cuchara descansa junto al cuenco, pero empieza a golpear la madera sin que nadie la toque. Un ritmo lento, irregular. Cuando intentas contarlo, los golpes cambian de lugar: primero vienen de la mesa, luego del techo y finalmente de algún punto situado bajo el suelo. La melodía de Pluma se detiene, porque fuera ya no están las llanuras. A través de la ventana sólo se ve el mar, oscuro, quieto y extendido hasta un horizonte sin luna. La cabaña permanece en su sitio, pero las olas llegan hasta los escalones de la entrada. Con cada una aparece algo nuevo sobre la arena: una concha rota, una cuerda cubierta de algas, una pluma blanca empapada.

La puerta está cerrada. De uno de sus clavos cuelga una gabardina amarilla que no estaba allí antes. El agua cae desde sus mangas formando un pequeño charco. No huele a lluvia. Huele a sal, a pescado abierto y a flores demasiado maduras. Miras de nuevo el cuenco. La leche se ha vuelto oscura. Los tres cereales siguen flotando, pero bajo ellos se extiende una mancha morada. No parece mezclarse con el líquido. Se mueve por debajo, despacio, como si buscara una grieta por la que salir. Uno de los cereales toca el borde del cuenco.

Algo golpea desde el otro lado de la puerta. Intentas llamar a Pluma, pero sólo te sale agua de la boca. El líquido cae sobre la mesa y arrastra los tres cereales hacia el mismo lado. Durante un instante quedan juntos, apretados contra la porcelana. Entonces la puerta tiembla, la madera se hincha hacia dentro y vuelve a su sitio. Detrás de ella se dibujan dos sombras altas. Una alargada, mientras que la otra tiene demasiados brazos, o quizá sólo sea el movimiento de las olas proyectado sobre la pared.

Buscas a Pluma. En su lugar encuentras su manta doblada sobre una silla. Encima hay una pluma de águila y una pequeña nota escrita con una letra que no reconoces. Sólo contiene una palabra:

ESCUCHA

Vuelves la cabeza hacia la puerta, pero ya no hay golpes. Y alguien, al otro lado, pronuncia un nombre que el mar deshace antes de que puedas comprenderlo. Despiertas con el sabor de la leche en la lengua. La cabaña de Celestún permanece en silencio. Jonah duerme despatarrado sobre el sofá. Himitsu descansa en su forma felina al pie de una de las camas. La luz de la tarde se filtra por las cortinas.

Todo parece tranquilo. Sin embargo, durante unos segundos, no puedes dejar de mirar la puerta. Y en el aire queda un olor dulzón que no pertenece a la cabaña.

Realiza una tirada de Astucia + Ocultismo, dificultad 7
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 13 de Jun 2026, 02:13:57
Cita de: Maurick en 10 de Jun 2026, 23:59:18Jonah no tarda en espatarrarse encima del sofá de la entrada y a ponerse a roncar.


A la par que Jonah se tumba en el sofá, levanto la mano y digo:


Cita de: Maurick en 10 de Jun 2026, 23:59:18La Qualmi lo mira, y hace algo inusual. Algo que no la habías visto hacer desde el comienzo de vuestro viaje: pasa a su forma de felino y se echa a dormir en el suelo de la cama.


Suspiro. Cierro un poco la puerta de la habitación de Himitsu, cierro lo suficiente para darle intimidad pero si le pasara algo pudiésemos oírla. Me cruzo de brazos y los miro. Aunque no lo crean, tengo fe de que acabarán formando un buen equipo y podremos trabajar todos juntos. Me meto en la habitación de al lado, pero dejo la puerta abierta. Miro a mi al rededor, está lago sucia pero he dormido en sitios peores. Me tumbo en la cama. Estoy tan cansada que paso a mi forma lupus y antes de que me de cuenta me quedo dormida.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Finalmente, dejas caer tu cuerpo sobre una superficie en la que puedas descansar en serio esta vez. Lo necesitas, ha pasado mucho tiempo desde Gracemire, y allí no podías dormir tranquila. Ahora, parece que el plomo de tus párpados cae sin que puedas hacer fuerza. Sueñas. Esta vez, sueñas.

...

Despiertas con el sabor de la leche en la lengua. La cabaña de Celestún permanece en silencio. Jonah duerme despatarrado sobre el sofá. Himitsu descansa en su forma felina al pie de una de las camas. La luz de la tarde se filtra por las cortinas.

Todo parece tranquilo. Sin embargo, durante unos segundos, no puedes dejar de mirar la puerta. Y en el aire queda un olor dulzón que no pertenece a la cabaña.


Despierto sobresaltada, con la respiración entrecortada. Necesito tomar "aire fresco" y poner en orden mis ideas. Salgo de la habitación y compruebo que Jonah y Himitsu aún duermen. Quiero salir pero recuerdo que Himitsu cerró con llaves... y no sé dónde las ha puesto... Gruño. Paso a mi forma humana y me dirijo a la mesa de la cocina. Aprovecho el polvillo de la mesa y escribo "Estoy fuera". Sólo espero que lo lean antes de que piensen que me he ido o desaparecido. Me acerco a una de las ventanas y sin hacer ruido, para no despertarlos, la abro, salgo por ella y la vuelvo a cerrar, pero lo suficiente para que desde fuera parezca cerrada pero dejando unos milímetros abierta por si vuelvo antes de que despierten.

Respiro profundo. Se nota que Himitsu bajó la temperatura del interior, pero al estar anocheciendo el calor ya no pega tanto. Pero el suelo me quema, necesito correr. Miro al rededor. Quiero correr en lupus, pero me conformaré en homínido si hay gente cerca. Corro, rápido, libre. Me alejo lo justo. Repaso las imágenes del sueño, tratando de entender lo que me han querido decir.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Sobre la mesa hay un cuenco de leche, y dentro flotan tres cereales. Uno gira sobre sí mismo, incapaz de quedarse quieto. Otro permanece apartado, cerca del borde, como si prefiriese hundirse antes que rozar a los demás. El tercero se mueve entre ambos, empujándolos con suavidad para que no se separen.


Está claro que esos cereales somos nosotros: Himitsu es el que gira sobre sí mismo, Jonah el autodestructivo y yo el pobre que trata de juntarnos.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53La cabaña permanece en su sitio, pero las olas llegan hasta los escalones de la entrada. Con cada una aparece algo nuevo sobre la arena: una concha rota, una cuerda cubierta de algas, una pluma blanca empapada.


La concha rota... "¿Seré yo? No, no soy yo." Estoy segura de que la cocha representa el mar. Está rota porque yo dejé a ese ser libre y ahora lo corrompe y
siembra muerte y ponzoña por donde pasa. La cuerda con algas representa a la sierpe: larga y cubierta de algas indicando que lleva mucho tiempo bajo el mar. "La pluma... aún no sé qué significa la pluma. ¿Representará a Pluma? No sé, no diría que el blanco sea un color que le represente... Tendré que averiguar lo que significa."

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53La puerta está cerrada. De uno de sus clavos cuelga una gabardina amarilla que no estaba allí antes. El agua cae desde sus mangas formando un pequeño charco. No huele a lluvia. Huele a sal, a pescado abierto y a flores demasiado maduras.


"Si está colgada significará que alguien la ha dejado ahí. La cabaña representa mi lugar seguro, así que imagino que hará referencia a... ¿un aliado quizá? Puede que esa sea la ropa que me haga reconocer a esa persona."

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Miras de nuevo el cuenco. La leche se ha vuelto oscura. Los tres cereales siguen flotando, pero bajo ellos se extiende una mancha morada. No parece mezclarse con el líquido. Se mueve por debajo, despacio, como si buscara una grieta por la que salir. Uno de los cereales toca el borde del cuenco.


Está claro que representa por lo que estamos aquí, el mal que representa la dichosa serpiente.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Algo golpea desde el otro lado de la puerta. Intentas llamar a Pluma, pero sólo te sale agua de la boca. El líquido cae sobre la mesa y arrastra los tres cereales hacia el mismo lado. Durante un instante quedan juntos, apretados contra la porcelana.


¿Será que mis actos son los que nos acabarán uniendo?

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Durante un instante quedan juntos, apretados contra la porcelana. Entonces la puerta tiembla, la madera se hincha hacia dentro y vuelve a su sitio. Detrás de ella se dibujan dos sombras altas. Una alargada, mientras que la otra tiene demasiados brazos, o quizá sólo sea el movimiento de las olas proyectado sobre la pared.


Esas sombras... son lo que está detrás de todo esto. La visión me está alertando del peligro y me da pistas para que pueda dar con la solución. No olvidaré la forma que tienen esas sombras ya que es información valiosa.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Buscas a Pluma. En su lugar encuentras su manta doblada sobre una silla. Encima hay una pluma de águila y una pequeña nota escrita con una letra que no reconoces. Sólo contiene una palabra:

ESCUCHA


Aún duele pensar en Pluma y ver que ya no está ni en mi visión me da una pequeña punzada en el corazón. Al menos esa pluma sí que representa más al Pluma que yo conocía. Pero esa letra... no obstante ESCUCHARÉ.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Vuelves la cabeza hacia la puerta, pero ya no hay golpes. Y alguien, al otro lado, pronuncia un nombre que el mar deshace antes de que puedas comprenderlo.


Vuelvo sobre este recuerdo una y otra vez. Tratando de desentrañar el mensaje, tratando de descifrar qué es lo que dice o a quién llama.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Realiza una tirada de Astucia + Ocultismo, dificultad 7



**Ya me dices cuánto me he acercado a mi interpretación.

No he dejado de correr. Vuelvo porque quiero contarles mi visión. No estoy mucho rato fuera, pero cuando vuelvo ya es de noche. Me asomo por si hay alguien despierto o en el porche, a ver si quieren darse un baño.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 14 de Jun 2026, 18:05:41
Cuando cae la noche

Corres hasta que el sueño deja de pegarse a tu piel. No te alejas demasiado de la cabaña. Lo suficiente para que el calor acumulado en la madera, el olor de las latas viejas y la respiración dormida de Jonah dejen de estar encima de ti. Lo suficiente para que el aire del Golfo te llene los pulmones y puedas volver, una y otra vez, a los símbolos de la visión.

No tienes todas las respuestas. Algunas piezas encajan demasiado rápido y otras se resisten, como si el sueño hubiese querido darte una advertencia y no una explicación. Pero algo sí queda claro: lo que viene no llegará por el bosque, ni por el cielo, ni por una grieta umbral abierta a plena vista. Vendrá desde el mar.

Cuando regresas, ya está anocheciendo. La cabaña continúa en pie, quieta sobre la costa, con las ventanas oscuras y la madera respirando humedad. Durante unos segundos no ves a nadie en el porche. La ventana que dejaste entornada sigue casi igual. Nadie parece haberla tocado. Dentro, Jonah ya no duerme en la misma postura. Está sentado en el sofá, con el pelo aplastado y una lata abierta entre las manos. Himitsu permanece cerca de la mesa, otra vez en forma humana, mirando hacia la puerta como si llevara un rato esperando que hicieras precisamente eso: volver.


Intenta sonar ligero, pero la forma en que te mira delata que ha leído la nota antes de hacer la broma.


La comida sabe a metal, sal y conservantes. No es buena, pero llena el estómago. Himitsu escucha lo que quieras contar sobre la visión sin interrumpirte. No descarta nada, ni se burla. Al contrario: cuanto más hablas de la puerta, de la gabardina amarilla y del olor dulzón, más rígida se vuelve su postura.


No parece sorprendida de que tu sueño haya rozado esa información. Más bien parece incómoda por ello.


La Qualmi mantiene la mirada en la puerta.


Hace una pausa breve. Sus dedos rozan la marca oculta bajo la tela, allí donde el Arcón se ha unido a ella.


El tono de la Qualmi suena triste más que furioso.


Se queda mirando la mesa.


Se queda mirando a la mesa. Por primera vez, parece darse cuenta de que ha dicho demasiados nombres seguidos.


Tu respuesta, si es que existe, se queda flotando en el aire.



Contacto con el océano

La noche termina de cerrarse sobre Celestún. Las ventanas reflejan el interior como espejos negros. Fuera, el Golfo respira despacio, demasiado cerca. Jonah está cerca de la ventana, con el cigarro en la boca.


Himitsu no dice nada, solo le echa una mirada de desprecio. Durante unos minutos no ocurre nada, hasta que ocurre. Desde fuera, llega un sonido suave. Es un roce húmedo contra la madera del porche, como tela empapada arrastrándose apenas; después llaman a la puerta: tres golpes cortos. Una pausa. Dos golpes más, separados entre sí. El silencio se prolonga, y entonces llega un último golpe, seco y fuerte. La secuencia te atraviesa antes de que puedas pensar. No es que sea parecida a la de tu sueño, es la misma. Himitsu se pone en pie.


Se acerca a la entrada sin mostrar prisa, pero tampoco duda. Coloca una mano sobre el cierre. En ese instante, el olor dulzón se intensifica: sal, pescado, flores podridas. La Qualmi abre la puerta, y todo ocurre demasiado rápido.

Desde la oscuridad surge un tentáculo negro, grueso, cubierto por una película de líquido morado. Atraviesa el hombro de Himitsu con un sonido húmedo y brutal, mientras la Qualmi grita. Es un grito limpio, agudo, completamente humano. Jamás la habías escuchado gritar. El cuerpo de Himitsu se arquea hacia atrás mientras el tentáculo permanece clavado en su carne. El líquido púrpura resbala por su ropa y cae sobre el suelo de madera en gotas espesas.

Jonah se queda congelado durante una fracción de segundo.


Puedes notar que tira el cigarro al suelo mientras sus manos se iluminan con patrones geométricos de color azul cielo. En el umbral hay dos figuras: están ocultas bajo largas gabardinas amarillas de pescador, empapadas hasta los bajos. Sus rostros permanecen hundidos bajo las capuchas. Bajo una de ellas, algo se mueve con una respiración húmeda. La figura que no sostiene el tentáculo da un paso hacia delante.


¿Qué vas a hacer, Brisa del Sur?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 16 de Jun 2026, 13:55:26
Cita de: Maurick en 14 de Jun 2026, 18:05:41
La comida sabe a metal, sal y conservantes. No es buena, pero llena el estómago.



Me río al terminar la frase, tratando de no pensar en el sabor para que no me entren las ganas de vomitar.

Cita de: Maurick en 14 de Jun 2026, 18:05:41Himitsu escucha lo que quieras contar sobre la visión sin interrumpirte. No descarta nada, ni se burla. Al contrario: cuanto más hablas de la puerta, de la gabardina amarilla y del olor dulzón, más rígida se vuelve su postura.


Les cuento toda mi visión, las sensaciones que me ha transmitido y lo que creo que puede significar.


Cita de: Maurick en 14 de Jun 2026, 18:05:41
El tono de la Qualmi suena triste más que furioso.


Se queda mirando la mesa.




Cita de: Maurick en 14 de Jun 2026, 18:05:41




Cita de: Maurick en 14 de Jun 2026, 18:05:41La noche termina de cerrarse sobre Celestún. Las ventanas reflejan el interior como espejos negros. Fuera, el Golfo respira despacio, demasiado cerca. Jonah está cerca de la ventana, con el cigarro en la boca.


Himitsu no dice nada, solo le echa una mirada de desprecio.


Le levanto una ceja a Himitsu por la mirada que le echa a Jonah. Luego le miro a él y le contesto:


Me rio en voz alta por la broma interna que acabo de hacer, por haber nacido lupus en vez de humana.

Cita de: Maurick en 14 de Jun 2026, 18:05:41Durante unos minutos no ocurre nada, hasta que ocurre. Desde fuera, llega un sonido suave. Es un roce húmedo contra la madera del porche, como tela empapada arrastrándose apenas; después llaman a la puerta: tres golpes cortos. Una pausa. Dos golpes más, separados entre sí. El silencio se prolonga, y entonces llega un último golpe, seco y fuerte. La secuencia te atraviesa antes de que puedas pensar. No es que sea parecida a la de tu sueño, es la misma. Himitsu se pone en pie.


Me quedo quieta, en tensión. No sé qué esperar pero no creo que sea bueno.

Cita de: Maurick en 14 de Jun 2026, 18:05:41Desde la oscuridad surge un tentáculo negro, grueso, cubierto por una película de líquido morado. Atraviesa el hombro de Himitsu con un sonido húmedo y brutal, mientras la Qualmi grita. Es un grito limpio, agudo, completamente humano. Jamás la habías escuchado gritar. El cuerpo de Himitsu se arquea hacia atrás mientras el tentáculo permanece clavado en su carne. El líquido púrpura resbala por su ropa y cae sobre el suelo de madera en gotas espesas.

Jonah se queda congelado durante una fracción de segundo.


Puedes notar que tira el cigarro al suelo mientras sus manos se iluminan con patrones geométricos de color azul cielo. En el umbral hay dos figuras: están ocultas bajo largas gabardinas amarillas de pescador, empapadas hasta los bajos. Sus rostros permanecen hundidos bajo las capuchas. Bajo una de ellas, algo se mueve con una respiración húmeda. La figura que no sostiene el tentáculo da un paso hacia delante.



Miro cómo Himitsu es atravesada por el tentáculo. Mis ojos se abren como platos y mi cólera inunda mi rostro. Estiro mi brazo hacia atrás indicando a Jonah que no se acerque. Sin mirarle, le grito:


No sé cuanto tiempo tardará en hacerlo, si es instantáneo o si le dará tiempo a rebobinar y no es atravesado antes él también. Paso a mi forma lupus para lanzarme contra el del tentáculo y sacarlo fuera. Una vez fuera, sobre el cuelo, paso a mi forma crinos para arrancarle el brazo-tentáculo.



Si a Jonah le da tiempo a lanzarlo antes de que le ataquen a él, que no se si le van a atacar o no, y nos cuenta lo que va a pasar, mi plan es esperar fuera de la cabaña y una vez llamen lanzar SUDARIO y en crinos hacerle una presa al del tentáculo. Y que de gracias a que no le desgarre el cuello de un zarpazo.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 22 de Jun 2026, 17:21:28
Durante una fracción de segundo, sólo existe el grito de Himitsu, el olor dulzón del líquido púrpura y el sonido húmedo del tentáculo atravesando carne. Sus manos brillan con aquellos patrones geométricos de color azul cielo, pero la luz parpadea de forma irregular, como si algo dentro de él no terminase de encontrar el borde correcto del mundo.


Entonces te oye. No sabe si obedecerte por confianza, por miedo o porque la palabra «rebobina» le golpea en un sitio demasiado profundo. Pero un resplandor azulado surge de sus manos, mientras gira la derecha rítmicamente. Fijas tu mirada en él, y notas como todo comienza a retroceder: él no te quita ojo de encima, como si te siguiese con su espíritu mientras todo sucede al revés: el líquido morado asciende desde el suelo hasta el tentáculo, el grito de Himitsu se dobla hacia dentro, el cigarrillo de Jonah vuelve a sus dedos y la puerta abierta se cierra con un golpe seco que no debería sonar así.

El mundo da una arcada. Y volvéis: tres golpes cortos. Una pausa. Dos golpes más. Silencio.  Jonah cae de rodillas junto al sofá, con una mano apoyada contra el suelo. La luz azul de sus dedos se apaga de golpe. Tiene sangre bajo la nariz y los ojos demasiado abiertos.


Himitsu se queda inmóvil frente a la entrada. Su mano está todavía sobre el cierre, pero no ha llegado a abrir. Durante un segundo mira su propio hombro, como si hubiese sentido algo que ya no ha ocurrido.


Te acercas a Himitsu y la apartas de la puerta. Le dices que se ponga a salvo, mientras Jonah empieza a sangrar por la nariz y a toser como un tuberculoso.


El último golpe llega desde el otro lado de la puerta. Seco y fuerte. Exactamente igual que en tu sueño, pero esta vez tú ya te estás moviendo. Sales de la cabaña antes de que Himitsu pueda abrir. La noche de Celestún te recibe con calor, sal y oscuridad. Invocas el Sudario mientras tu cuerpo cambia, mientras el mundo se estrecha alrededor de tus sentidos y la rabia encuentra una forma útil de existir. Las dos figuras están en el porche, con sus gabardinas amarillas de pescador, empapadas hasta los bajos. Rostros hundidos bajo las capuchas. Una respiración húmeda bajo la tela. Una de ellas tiene el brazo extendido hacia la puerta, pero lo que sale de la manga no es una mano. Es un tentáculo negro, grueso, cubierto de una película morada.

Esta vez no llega a Himitsu, porque te lanzas sobre él. El impacto hace crujir las tablas del porche. La figura cae hacia atrás con un sonido pesado, viscoso, más parecido al golpe de un animal marino que al de un cuerpo humano. En forma Crinos, tus manos se cierran sobre el apéndice antes de que pueda retirarlo. La carne es fría, resbaladiza y demasiado fuerte. Tiras, y algo se desgarra bajo la gabardina. El líquido púrpura salpica la madera y humea apenas al tocarla. La segunda figura no retrocede. Sólo gira la cabeza hacia ti, despacio. Bajo la capucha no ves un rostro completo, pero sí el brillo húmedo de unos ojos demasiado separados. Desde el interior de la cabaña, Himitsu abre la puerta de golpe. Jonah sigue en el suelo, pálido, con la sangre cayéndole hasta el labio.


La figura atrapada bajo tu presa emite un sonido grave, casi submarino. No parece un grito de dolor. De repente, parece que se desinfla, y un montón de criaturas marinas empiezan a arrastrarse y a chapotear por todas partes. La otra figura ni se inmuta, pero se acerca a ti, incluso en Crinos. La oscuridad de tu Sudario se disipa poco a poco, y ves un rostro escamoso, casi inhumano, que sonríe con la luz de un depredador.


La pregunta suena absurda en mitad de la violencia; o quizá ése sea el problema. No parecen sorprendidos de que les estuvierais esperando.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 24 de Jun 2026, 01:45:47
Cita de: Maurick en 22 de Jun 2026, 17:21:28

Señalo a Himitsu y digo:


Mi voz es muy gutural, muy profunda. Aunque suene tosca y enfadada, mis intenciones hacia Himnitsu no son esas, pero es lo que tiene estar en crinos. Mantengo esta forma hasta que vea que la conversación va por buen camino y ya no hay peligro. No dejo de pensar en Jonah, su sangre. Le miro de vez en cuando, de reojo, aguantando las ganas de salir corriendo hacia él. No sé si el tipo se irá o no, pero tan pronto todo esté lo más "fuera de peligro" posible y parezca que Hinmitsu va a estar a salvo dejo de estar alerta. Sigo la conversación y espero a que Himitsu me de la aprobación de que todo va bien o tengo que intervenir.

El tipo aún estará aquí esperando algo, o incluso a nosotros, y no se habrá ido. Emito un sonido gutural, profundo, como un gruñido a modo advertencia, cuando paso a su lado. No le quito el ojo de encima cuando paso con cuidado y entro a la cabaña. Cambio a mi forma homínida, dejando un poco la seguridad que me transmite mi forma crinos.


Me acerco más a él, con la parte baja de mi camiseta trato de limpiarle algo la sangre que le cae de la nariz. Acerco mis manos. Dudo. Trago saliva, le levanto la camiseta con cuidado y pongo mi mano sobre sus costillas doloridas.


Le susurro tratando de aliviar la situación con esa pequeña broma, con una sonrisa de medio lado. Levanto la mirada y le miro directamente a los ojos. Me sonrojo. Pongo mi otra mano en su mejilla izquierda. De forma inconsciente se me escapa leve una caricia con el pulgar. Uso mi don "Roce Materno". Una sensación de calidez y alivio emana de mis manos. Continúo sin levantar la voz, no quiero que el tipo ese se entere de nada.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 26 de Jun 2026, 02:25:01
El gruñido de Brisa llena la entrada de la cabaña como una amenaza que no necesita traducción. Durante unos segundos, nadie habla. El hidriano del tentáculo ya no está donde debería estar: la gabardina amarilla yace abierta sobre las tablas húmedas del porche, hundida sobre sí misma como una piel abandonada. De su interior brotan cientos, miles de formas pequeñas: cangrejos diminutos de caparazón pálido, larvas translúcidas, gusanos marinos, pequeños pulpos negros del tamaño de una uña, criaturas sin nombre que se retuercen entre los pliegues de tela y se derraman por las rendijas de la madera.

El líquido morado no forma charcos, se mueve y cada gota contiene algo vivo. El olor dulzón se vuelve más intenso durante un instante, mezclado con sal, víscera marina y flores abiertas demasiado tiempo bajo el sol. Luego, poco a poco, aquella multitud diminuta empieza a huir hacia la playa, arrastrándose en silencio hacia la oscuridad del Golfo. No hay cadáver, sólo una gabardina vacía y un rastro vivo que regresa al mar.

El que queda en pie observa la situación y sonríe, con unos dientes afilados más cercanos a un pez abisal que a una persona auténtica. Sigue bajo su gabardina amarilla, empapada hasta los bajos. El rostro permanece hundido bajo la capucha. Algo húmedo se contrae y se expande allí dentro con una respiración lenta, irregular. Himitsu mira la gabardina vacía. Luego mira a Brisa. Después al intruso que queda, y no parece asustada.


Lo dice sin dramatismo, como si quien encaja una pieza desagradable en una maquinaria que ya intuía. La figura inclinada bajo la capucha responde con una voz que parece haber atravesado agua antes de llegar al aire.


Himitsu no aparta la mirada. Se lleva la mano al mentón.


Una carcajada perruna, rítmica, desagradable, emerge de la criatura.


La proclama suena noble, creíble, estúpida. Himitsu se lleva la mano a la cara. Por otra parte, te acercas a Jonah, desde dentro, sigue pálido. La sangre bajo su nariz no ha desaparecido del todo. Sus manos ya no brillan, pero conserva los dedos tensos, preparados para hacer algo estúpido si la escena vuelve a romperse, pero parece que no le quedan fuerzas. El hidriano vuelve la capucha hacia la gabardina vacía. Los últimos animales pequeños se deslizan por el borde del porche y desaparecen entre la arena húmeda.


No lo dice como una acusación exaltada. Himitsu responde antes de que Brisa pueda hacerlo.


Por primera vez, la voz de la Qualmi suena más afilada que fría.


El individuo tarda en contestar. Cuando lo hace, cada palabra parece pesar más que la anterior.


La mirada oculta bajo la capucha se desplaza hacia Brisa.


Fuera, el mar golpea la costa con una suavidad casi obscena. Dentro de la cabaña, el aire parece demasiado estrecho para todos. Himitsu respira despacio.


Un último cangrejo diminuto cae desde la manga de la gabardina vacía y corre hacia la playa. El húmedo intruso lo sigue con la capucha hasta que desaparece, su rostro parece perdido, tapado por las sombras y la oscuridad. Después vuelve a miraros.


Himitsu entrecierra los ojos.


El extraño ser marino parece sonreír bajo la capucha, aunque no hay ningún gesto visible que lo confirme.


Himitsu entra dentro de la cabaña, y se acerca a donde estás atendiendo a Jonah. El chaval suelta una risa breve, sin humor.


La Qualmi se sienta ante vosotros en el suelo, con las piernas cruzadas. No parece contenta.


Jonah se incorpora. Se limpia la nariz con una servilleta. O con las sábanas del sofá, le da igual.


Esta vez Himitsu no le dedica desprecio. Sólo cansancio.


Himitsu se queda mirando a Jonah. Deja salir aire por su boca.


La Qualmi tuerce los morros en una mueca de desagrado.


Himitsu se queda muy quieta. Jonah intenta quejarse.


¿Qué haces, Brisa del Sur?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 26 de Jun 2026, 22:25:18
Cita de: Maurick en 26 de Jun 2026, 02:25:01La mirada oculta bajo la capucha se desplaza hacia Brisa.



— Bien —pienso para mis adentros— me tiene miedo. Es un buen punto de partida. Así se lo pensará dos veces y así se lo contará al resto.

Cita de: Maurick en 26 de Jun 2026, 02:25:01Himitsu entra dentro de la cabaña, y se acerca a donde estás atendiendo a Jonah. El chaval suelta una risa breve, sin humor.




Cita de: Maurick en 26 de Jun 2026, 02:25:01


Cita de: Maurick en 26 de Jun 2026, 02:25:01


Cita de: Maurick en 26 de Jun 2026, 02:25:01
Himitsu se queda muy quieta. Jonah intenta quejarse.



Al terminar el Roce Materno me coloco sobre mis rodillas, sin romper el pequeño círculo privado que hemos formado los tres. Me cruzo de brazos. Levanto una mano mientras cierro los ojos y hago una especie de pinza sobre el punte de la nariz con el dedo pulgar, índice y corazón.


Doy un profundo suspiro.


Vuelvo a abrir los ojos y pongo mis manos sobre las piernas.


Espero a que me de algo personal. Una vez lo tenga lo guardo en mi bolsita. Miro a Himitsu con una mirada cómplice, me levanto y le tiendo la mano.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 27 de Jun 2026, 20:00:03
Jonah mira tu mano extendida con una seriedad que le dura muy poco. Pone una mirada de alguien que no sabe lo que está sucediendo, luego, casi un instante después, se pone serio, y baja la vista hacia sus muñecas. Lleva varias pulseras finas, de esas que parecen haber sobrevivido a demasiados días de humedad, tabaco y decisiones horribles. Tira de una de ellas con los dientes, forcejea un momento y consigue soltársela. Te la deja en la palma.


Levanta las cejas, todavía pálido, todavía con el cuerpo protestando cada vez que respira demasiado hondo.


La sonrisa que intenta poner es juguetona, algo torcida. Sólo esa forma suya de agarrarse a la broma antes de que algo serio le toque demasiado cerca.


Himitsu deja salir aire por la nariz.


Jonah le lanza un corte de mangas. Quizás más confiado que de costumbre.


La pulsera pesa poco. Tela vieja, sal seca, sudor, humo y algo de Jonah pegado al nudo. Eso basta para que no parezca una despedida del todo limpia. Jonah se recuesta mejor contra el sofá, intentando parecer menos cansado de lo que está.


Hace una pausa mínima.


Himitsu se levanta sin responderle. Sus dedos se ajustan alrededor del asa de la maleta con más fuerza de la necesaria, pero en seguida vuelve a introducirla dentro de su tatuaje. Te mira contenta cuando lo hace, pero al volver hacia la puerta, su rostro ya ha recuperado esa calma seca que utiliza para esconder cualquier cosa que no pueda permitirse sentir en ese momento.


Fuera, el hidriano os espera junto al porche. La gabardina vacía del otro se ha hundido sobre la madera como una muda abandonada. Ya no queda movimiento bajo la tela. Sólo algunas gotas moradas, oscuras y brillantes, que la humedad empieza a llevarse entre las rendijas. El emisario gira la cabeza cuando salís.


Himitsu cierra la puerta tras ella. El golpe de la madera no suena fuerte, pero sí definitivo. Durante unos pasos, la cabaña permanece a vuestra espalda como una mancha cálida en mitad de la oscuridad. Luego el sonido del mar empieza a ocuparlo todo. El hidriano avanza hacia la playa sin mirar atrás. Sus botas dejan huellas blandas, demasiado húmedas, y a veces algo pequeño se mueve dentro de cada marca antes de que la arena vuelva a cerrarse. La orilla os recibe con una espuma tibia. El emisario entra primero en el agua. No se sumerge todavía. Espera a que lo sigáis, con la capucha inclinada hacia vosotras y aquella sonrisa de dientes finos apenas visible bajo la sombra.


Himitsu mira el mar. Después a ti.


No añade nada más. La primera ola os cubre los tobillos. Luego las rodillas. Después la cintura. El agua está demasiado caliente para ser de noche, y bajo la superficie no hay oscuridad completa, sino un resplandor verdoso que parece venir desde muy abajo. Cuando la cabeza se hunde, el mundo cambia de golpe. El ruido de la playa desaparece. La cabaña, Jonah, la madera y el aire quedan atrás como cosas pertenecientes a otra especie de vida. El mar os cierra alrededor con una presión blanda y constante. Delante, el hidriano desciende con movimientos torpes al principio, casi humanos, hasta que su cuerpo deja de fingir y se despliega en algo más cómodo para el agua.



El fondo no está tan lejos como debería. Entre columnas de roca cubiertas de algas se abre una grieta inmensa, iluminada desde dentro por fuegos verdes que arden sin consumir el agua. A medida que os acercáis, la abertura deja de parecer una cueva y empieza a parecer una ciudad hundida a medias: restos de barcos encajados en la piedra, planchas de metal sujetas con coral, redes tensadas como toldos, huesos de grandes criaturas marinas formando arcos, caracolas del tamaño de una persona y refugios construidos con madera podrida, plástico humano y conchas pulidas.

Ojos pálidos os observan desde agujeros en la roca. Figuras cubiertas de escamas, pinzas, aletas y piel traslúcida se apartan a vuestro paso. Algunas protegen a criaturas pequeñas contra su cuerpo. Otras muestran los dientes. Ninguna os recibe como invitadas. El hidriano os conduce hacia el interior de la caverna. Allí abajo, el verde del fuego convierte cada sombra en algo enfermo.
Y, desde algún punto más profundo, llega un sonido lento, hueco, ceremonial. Como si alguien estuviera golpeando una concha enorme para anunciar vuestra llegada. El sonido se repite, y la vibración atraviesa el agua y se mete en la piedra, en las algas, en los huesos viejos que sostienen parte de la caverna. No es una llamada urgente. Es un anuncio. Una manera de decir que alguien ha llegado donde no debería.

El hidriano os guía sin mirar atrás. Aguas Profundas se abre alrededor con una vida incómoda, demasiado cercana. Hay refugios hechos con restos de barcos, planchas de metal mordidas por la sal, redes tensadas entre columnas de roca y conchas enormes que desprenden una luz verdosa. Entre las sombras se mueven cuerpos húmedos, rostros a medias, ojos pálidos, branquias abiertas, brazos que no siempre terminan donde deberían. Algunas criaturas se apartan. Otras se quedan quietas, mirando. Himitsu avanza a tu lado en silencio. El corredor termina en una bóveda enorme.

La sala del trono está hundida en el corazón de la caverna, iluminada por faroles verdes y velos de algas negras que oscilan con una corriente lenta. En las paredes hay costillas de grandes animales marinos, maderas de naufragio, hierro oxidado y coral negro. Todo parece colocado con intención, pero no con belleza. Más bien con hambre. El trono ocupa una plataforma central. No parece construido para una reina, parece construido alrededor de una boca. Coral oscuro, hueso pulido, conchas cerradas, mandíbulas secas y restos de metal forman una masa alta, húmeda, ceremonial. Sobre ella espera una mujer de pelo negro, presencia altiva y un traje elaborado con telas, restos de moluscos y joyas brillantes.

No se levanta al veros entrar. Tiene una forma casi humana, lo bastante reconocible para resultar más desagradable. La piel gris verdosa se tensa sobre unos pómulos afilados. Los labios son oscuros. Los ojos, negros, quietos, dominantes. Bajo el cuello, las branquias se abren y se cierran despacio, como heridas que respiran. Cuando sonríe, la boca parece demasiado ancha para su rostro. A un lado del trono permanece un joven, ancho, armado de mandíbula y quietud. No gruñe, sólo está ahí, pesado, atento, con el cuerpo preparado para obedecer. Al otro lado está una mujer demasiado vieja, demasiado antigua como para estar ahí, pequeña y encorvada, con la espalda recogida bajo una coraza quitinosa. Sus ojos lechosos no parecen mirar de frente, pero su atención se nota igual, pegada a la piel como una cosa fría.

El emisario se aparta y baja la cabeza. Neiatta deja pasar un silencio largo. Os mira sin prisa: primero a Himitsu, luego a ti. Después vuelve a mirar al emisario, como si la presencia de ambas tuviera que ser pesada contra lo que le han contado.


La forma en que pronuncia el nombre no tiene afecto ni respeto. Sólo una paciencia venenosa.


Himitsu permanece callada. La mujer inclina la cabeza, como si ese silencio le hiciera gracia.


Sus dedos se deslizan por el borde del trono. Las uñas oscuras rozan el coral con un sonido muy leve.


La mirada negra se fija por fin en ti. No hay reconocimiento en ella. Sólo interés.


La sonrisa de la reina se clava en tus ojos. El mostrenco no se mueve, y la vieja tampoco.


Aguas Profundas queda en silencio alrededor de vosotras. ¿Qué haces, Brisa del Sur?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 05 de Jul 2026, 14:54:25
Cita de: Maurick en 27 de Jun 2026, 20:00:03

De repente mis mejillas se tornan rosadas. No me esperaba que Jonah hiciera un comentario así. Carraspeo.


Digo con una sonrisa, con un tono relajado antes de que se note el rubor. Sujeto la pulsera con firmeza y la guardo en mi riñonera.


Cita de: Maurick en 27 de Jun 2026, 20:00:03Himitsu deja salir aire por la nariz.


Jonah le lanza un corte de mangas. Quizás más confiado que de costumbre.




Cita de: Maurick en 27 de Jun 2026, 20:00:03


Cita de: Maurick en 27 de Jun 2026, 20:00:03
Himitsu mira el mar. Después a ti.



Sigo al emisario. Me sorprende la temperatura del agua, no sé si será la temperatura normal de éstas aguas o algún tipo de don usado para aclimatar el agua haciendo que sea más agradable y no sucumbir al frío. Paso a mi forma pez. Comienzo a pensar que la forma que elegí no es la adecuada para situaciones de peligro, tendría que haber escogido una más... más intimidatoria, joder.



Mientras descendemos —o avanzamos— presto atención a todos los detalles, todo lo que han construido aquí abajo. Me maravilla cómo Gaia ha sabido adaptarnos a cada entorno para poder protegerla, no hay lugar sin su custodio.

Cita de: Maurick en 27 de Jun 2026, 20:00:03Ojos pálidos os observan desde agujeros en la roca. Figuras cubiertas de escamas, pinzas, aletas y piel traslúcida se apartan a vuestro paso. Algunas protegen a criaturas pequeñas contra su cuerpo. Otras muestran los dientes. Ninguna os recibe como invitadas. El hidriano os conduce hacia el interior de la caverna. Allí abajo, el verde del fuego convierte cada sombra en algo enfermo.


El desconocimiento y la ignorancia hace desconfiar de lo extraño, de lo que se sale de la norma. Pero es un sentimiento que, por suerte o por desgracia, lo he vivido desde cachorra y a estas alturas ni me sorprende ni me asusta. Sé lo que esperar de él y lo uso a mi favor.

Y por fin llegamos a la sala del trono.

Cita de: Maurick en 27 de Jun 2026, 20:00:03La mirada negra se fija por fin en ti. No hay reconocimiento en ella. Sólo interés.



Espero, paciente. Permanezco en silencio hasta que Neiatta termina de hablar y nos concede la palabra.


Hago una reverencia, o lo que me permita esta forma de pez. La miro a ella, pero no dejo de perder de vista en ningún momento al grandullón que tiene al lado. No veo más guardia, tampoco me lo ha parecido al llegar aquí, así que asumo que estarán en otro lado... o es que anda baja de personal. Una cosa u otra, ella actuará como si tuviera superioridad numerica. Puede que seamos los primeros depredadores reales a los que se han enfrenrado.


Espero que a Himitsu no le haya molestado que diga su nombre completo.


Es evidente que no puedo hacer el gesto de las comillas en esta forma, por lo que la remarco con la voz.


En verdad no estoy arrepentida, pero hay que mantener las formalidades y dejar claro que responderemos ante cualquier ataque.

Sigo mirando a Neiatta. Puede que las palabras que voy a decir ahora no le agraden a mi compañera, incluso no estará de acuerdo, pero espero que entienda la finalidad de las mismas. Cuánto echo de menos el chat mental, ahora vendría de perlas.



He calculado bien mis palabras y sé que esta última frase pueda desencadenar que se crean en posición de pedir algo creyendo que nos controlarán, pero todo lo contrario. Si nos ven como un medio para conseguir algo puede que regresemos lo antes posible a la cabaña.


Hago otra "reverencia", de unos segundos más larga que la primera. Aunque he tratado de despedirme no me muevo y espero a que Neiatta conteste.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 08 de Jul 2026, 19:35:17
La Sala del Trono de Aguas Sagradas escucha tu intervención, tus explicaciones. Hay algunos miembros de esta extraña raza que te observan con genuina fascinación; sin embargo, la Reina no parece tan impresionada. No interrumpe tu reverencia, ni tu presentación, ni esa manera medida de colocar las palabras para que parezcan pequeñas. Tampoco se mueve cuando mencionas a Lydia como si fuera un nombre ajeno, una parada accidental en un camino que no le pertenece; sólo te mira. La sonrisa oscura de su boca tarda un poco en aparecer.


Sus dedos se deslizan por el borde del trono. Las uñas rozan el coral negro con un sonido fino, casi seco, que atraviesa el agua como una aguja.


Neiatta ladea un poco la cabeza.


La sala cambia, como cambian las cosas bajo el mar: por presión. Los cuerpos que os observaban desde los huecos de la roca dejan de fingir que sólo están mirando. Unas pocas bocas se entreabren, mientras que algunas manos se apoyan en la piedra. Neiatta levanta una mano, señalando a Himitsu con total tranquilidad.


La Qualmi se queda inmóvil. Por primera vez desde que habéis entrado en la sala del trono, hay algo en su rostro que no parece cálculo. Es una incomodidad fría, repentina, como si acabara de escuchar un mecanismo cerrándose dentro de una habitación donde no sabía que había puertas. Neiatta reconoce ese gesto y sonríe más.


La anciana encorvada que permanece a un lado del trono mueve una de sus manos nudosas. Su espalda parece hundida bajo una coraza oscura, antigua, más parecida al caparazón de un fósil que a una armadura. No pronuncia palabra. Sólo deja caer algo pequeño sobre una concha abierta: una perla gris, opaca, envuelta en filamentos de sal: la concha se ilumina.

Primero no hay sonido. Sólo una vibración. Después, entre el verde de la sala, aparece una voz quebrada, distante, como si llegara desde muy lejos y atravesara demasiadas capas de agua antes de hacerse comprensible: la voz de Himitsu; no está completa, son fragmentos. Cortes mal cosidos: «una nueva Theurge», «una serpiente del Wyrm», «el Golfo», «hidrianos» y «existencia». Himitsu aprieta la mandíbula, no lo niega.

La perla vibra otra vez, y entonces llega otra voz. Más baja, más cansada.


El eco de Lydia no llena la sala. Al contrario: parece encogerse dentro de ella, como una criatura escondida.


La luz de la concha se apaga. Durante un momento nadie se mueve. Himitsu no aparta la mirada de la perla. La expresión se le ha quedado quieta de una forma horrible, demasiado controlada para ser tranquilidad. No parece sorprendida de que el mensaje exista. Parece sorprendida de que alguien lo haya arrancado del agua y lo haya puesto encima de un altar como una víscera. Neiatta apoya la espalda en el trono.


Su mirada vuelve a clavarse en ti.


La sonrisa desaparece, y lo que queda debajo es horrible.


El joven ancho que custodia el trono avanza: sin rugido ni advertencia. Sólo el movimiento brusco de un cuerpo demasiado pesado lanzándose hacia delante con una obediencia perfecta. Su mandíbula parece mal cerrada, como si escondiera demasiados dientes detrás de una forma casi humana. Desde los laterales de la sala, otros hidrianos emergen de la roca, de los huecos, de detrás de las algas negras, con las manos palmeadas, con pinzas, o con extraños tentáculos afilados.


Himitsu reacciona tarde, no por miedo. Por la velocidad con la que todo se ha roto, pero entonces algo arde en tu cuerpo. Es una presión azulada, fría, inmensa, que despierta desde donde guardas el percebe seco de Xolomotl. El objeto palpita una vez. Luego otra. Y, antes de que el guardián de mandíbula pesada llegue a tocarte, la luz estalla.

Toda Aguas Profundas se vuelve azul. Como si el fondo del mar recordara de golpe una verdad anterior a todos los tronos. La barrera se expande desde ti en un círculo violento. Los hidrianos que iban a abalanzarse salen despedidos contra la roca, contra las terrazas, contra los restos de barco incrustados en la sala. El joven corpulento golpea el suelo con el hombro y deja una grieta en la piedra. La anciana del caparazón cae de rodillas. Neiatta pierde el equilibrio sobre su propio trono y resbala hacia un lado, con una expresión de sorpresa furiosa que no llega a convertirse en grito.

La luz sigue latiendo: azul, gélida y antigua. El agua vibra alrededor de ti. Himitsu te mira como si acabara de entender una cosa que no sabía que necesitaba temer: la vieja de la coraza se incorpora despacio. Tiembla como un flan, mientras avanza hacia ti con movimientos torpes, casi arrastrados. Sus ojos lechosos están abiertos de par en par, y por primera vez no hay cálculo ni rencor en su rostro fósil. Se detiene a poca distancia de la barrera, incapaz de cruzarla.


La palabra sale rota. La anciana inclina la cabeza, y su caparazón oscuro cruje bajo la luz azul.


El nombre cae sobre la sala como una piedra en agua quieta. Neiatta se incorpora muy despacio, pero no parece asustada. Su disgusto es tan puro que casi tiene forma. Sus ojos negros pasan de la anciana a ti, de ti al fulgor que te rodea, y durante unos segundos no dice nada. A su alrededor, los hidrianos empiezan a levantarse con cuidado, sin atreverse todavía a acercarse. La reina Blackmouth aprieta los dedos contra el coral del trono.

La luz azul sigue latiendo. Y ahora todo Aguas Profundas te mira de otra manera.

¿Qué haces?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 10 de Jul 2026, 16:29:59
Cita de: Maurick en 08 de Jul 2026, 19:35:17
La Qualmi se queda inmóvil. Por primera vez desde que habéis entrado en la sala del trono, hay algo en su rostro que no parece cálculo. Es una incomodidad fría, repentina, como si acabara de escuchar un mecanismo cerrándose dentro de una habitación donde no sabía que había puertas. Neiatta reconoce ese gesto y sonríe más.


De forma inconsciente me interpongo entre Neiatta y Himitsu, como si mi pequeña forma de pez pudiese hacer algo.

Cita de: Maurick en 08 de Jul 2026, 19:35:17La luz de la concha se apaga. Durante un momento nadie se mueve. Himitsu no aparta la mirada de la perla. La expresión se le ha quedado quieta de una forma horrible, demasiado controlada para ser tranquilidad. No parece sorprendida de que el mensaje exista. Parece sorprendida de que alguien lo haya arrancado del agua y lo haya puesto encima de un altar como una víscera. Neiatta apoya la espalda en el trono.


Permanezco inmóvil, con cara de poker... toda la cara de poker que puede poner un pez. Estaba claro que sabían más de lo que decían, como nosotras. Nos han pillado en esto pero aún la situación es salvable.

Cita de: Maurick en 08 de Jul 2026, 19:35:17
El joven ancho que custodia el trono avanza: sin rugido ni advertencia. Sólo el movimiento brusco de un cuerpo demasiado pesado lanzándose hacia delante con una obediencia perfecta. Su mandíbula parece mal cerrada, como si escondiera demasiados dientes detrás de una forma casi humana. Desde los laterales de la sala, otros hidrianos emergen de la roca, de los huecos, de detrás de las algas negras, con las manos palmeadas, con pinzas, o con extraños tentáculos afilados.


Abro los ojos como platos, pero no se nota porque los peces no pueden abrir más los ojos. El pulso se me acelera. Comienzo a calcular cuantos son y contra cuantos podría, así podría darle la ventaja suficiente a Himitsu y que huya lo más rápido posible. No sé cómo saldremos de esta. Pensamientos intrusivos de lo mal que puede acabar todo.

Cita de: Maurick en 08 de Jul 2026, 19:35:17Himitsu reacciona tarde, no por miedo. Por la velocidad con la que todo se ha roto, pero entonces algo arde en tu cuerpo. Es una presión azulada, fría, inmensa, que despierta desde donde guardas el percebe seco de Xolomotl. El objeto palpita una vez. Luego otra. Y, antes de que el guardián de mandíbula pesada llegue a tocarte, la luz estalla.


Wow...

Cita de: Maurick en 08 de Jul 2026, 19:35:17La barrera se expande desde ti en un círculo violento. Los hidrianos que iban a abalanzarse salen despedidos contra la roca, contra las terrazas, contra los restos de barco incrustados en la sala. El joven corpulento golpea el suelo con el hombro y deja una grieta en la piedra. La anciana del caparazón cae de rodillas. Neiatta pierde el equilibrio sobre su propio trono y resbala hacia un lado, con una expresión de sorpresa furiosa que no llega a convertirse en grito.


La verdad es que estoy disfrutando del espectáculo, y en primera fila.

Cita de: Maurick en 08 de Jul 2026, 19:35:17La vieja de la coraza se incorpora despacio. Tiembla como un flan, mientras avanza hacia ti con movimientos torpes, casi arrastrados. Sus ojos lechosos están abiertos de par en par, y por primera vez no hay cálculo ni rencor en su rostro fósil. Se detiene a poca distancia de la barrera, incapaz de cruzarla.


La palabra sale rota. La anciana inclina la cabeza, y su caparazón oscuro cruje bajo la luz azul.


...

La luz azul sigue latiendo. Y ahora todo Aguas Profundas te mira de otra manera.


Miro a la anciana y le sonrío amable. Qué posibilidad había de que conociesen a Xolomotl. La verdad es que me muero de ganas por preguntarle todo lo que saben de él, pero no es el momento: pareceríamos unas incultas, o algo peor, alguien a quien no le correspondería llevar tal poder. He de apron la oportunidad. Miro a Neiatta y cómo trata de mantener la compostura. Está claro que no está hecha para estar sentada en el trono. "Le falta calle", como diría el corax. Hincho el pecho.



Doy lo que se puede asemejar a un paso adelante.


Miro a Himitsu para que comience a desnadar lo nadado y volver a la cabaña. De repente una idea se me pasa por la cabeza. Me giro y vuelvo a mirar a Neiatta.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 12 de Jul 2026, 17:49:53
Cuando intentas avanzar, tu cuerpo no corta el agua, claro que no. La cola golpea piedra húmeda. La confusión se ordena de golpe, no por explicación, sino por el contacto frío del suelo bajo tus escamas. Aguas Profundas no es una ciudad suspendida en pleno océano. El viaje hasta aquí sí fue bajo el agua, a través de túneles y corrientes negras, pero la sala del trono se abre dentro de una caverna enorme, llena de aire salado, charcos profundos, canales que comunican con el mar y terrazas cubiertas de algas. El techo gotea. Las paredes sudan. El océano respira cerca, detrás de grietas y pozas oscuras, pero no os cubre por completo.

Por eso las voces suenan tan claras. Por eso la risa de Neiatta suena tan horrible. Primero es una exhalación breve, incrédula. Luego se le rompe en algo más agudo. La reina se ríe desde el suelo, desde la humillación de haber resbalado ante toda su corte, desde una rabia tan ofendida que ya no puede permitirse parecer silenciosa. Se ríe como si acabases de contarle la estupidez más deliciosa que ha escuchado en años.


Se incorpora despacio, con una mano apoyada en el coral negro del trono y la otra sobre el pecho, como si le costase respirar de pura diversión.


La risa vuelve a escapársele. Más alta. Más histérica. Más fea.


Neiatta se inclina un poco hacia delante. La luz azul sigue latiendo alrededor de ti, pero ella ya ha recuperado bastante compostura como para convertir el disgusto en veneno.


La anciana de la coraza se mueve antes de que la reina continúe. Sus manos nudosas tiemblan, todavía cerca de la barrera azulada, y aunque no se atreve a cruzarla, sí alza la voz.


Neiatta gira la cabeza hacia ella con una lentitud peligrosa. La vieja traga saliva y su caparazón oscuro cruje al inclinarse.


La sonrisa de Neiatta se queda fija. Demasiado fija.


La reina se coloca mejor sobre el trono, todavía con el orgullo magullado y los ojos negros clavados en la anciana.


La caverna se queda muy quieta: no todos entienden lo mismo, pero todos entienden que ha dicho algo que no debía decirse así. La anciana de la coraza baja un poco la cabeza, aunque no se aparta.


Neiatta abre la boca para responder, pero no llega a hacerlo. Himitsu da un paso adelante, no hacia la reina. Sólo lo suficiente para que su voz no pueda ser confundida con un murmullo. La Qualmi ya no mira la perla apagada ni los charcos ni los cuerpos que se levantan alrededor. Mira a Neiatta.


La pregunta cae seca, sin reverencia, sin respeto. Sin teatro. Neiatta la mira con fastidio. Después mira a la anciana de la coraza: hay un instante breve, muy breve, en el que parece valorar si callarse sería más útil que contestar. Elige contestar.


Himitsu no pestañea. Neiatta sonríe de lado.


La mandíbula de Himitsu se endurece. Hay una confirmación dolorosa, una pieza encajando donde no quería encajar.


Por primera vez, la frase no parece un cálculo perfecto. Suena demasiado inmediata.


La sala reacciona con un murmullo bajo. Himitsu no aparta la mirada de Neiatta.


La risa de Neiatta vuelve. Esta vez no nace de la sorpresa, sino del placer de tener una nueva pieza que aplastar.


Se inclina hacia delante, apoyando los codos en el trono.


La anciana de la coraza avanza un paso, pero esta vez tiembla menos.


Neiatta se queda inmóvil. La vieja no levanta la cabeza del todo, pero su voz se mantiene.


Los ojos negros de Neiatta se estrechan. Durante unos segundos parece que va a ordenar que la aparten, que la castiguen, que la silencien delante de todos. Pero no lo hace. Al mismo tiempo, la luz azul que había surgido de tu ser se desvanece, y el turquesa que ilumina toda la caverna empieza a notarse más. El joven de mandíbula pesada se incorpora con dificultad, una mano contra el hombro golpeado. Los hidrianos de los laterales no vuelven a acercarse. Observan y esperan, como perros de presa bien entrenados.

Neiatta vuelve a mirarte, pero su sonrisa ya no es alegre.


La palabra sale como una concesión que le sabe a veneno.


Sus dedos se cierran sobre el coral del trono.


Himitsu no dice nada más. La anciana de la coraza se encuentra cerca de vosotras, esperando pacientemente. Neiatta espera tu respuesta con la cara de quien ya está calculando cuánto puede hacerte pagar por cada palabra.

¿Qué haces?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 15 de Jul 2026, 16:00:35
Cita de: Maurick en 12 de Jul 2026, 17:49:53La mandíbula de Himitsu se endurece. Hay una confirmación dolorosa, una pieza encajando donde no quería encajar.



Un escalofrío recorre mi espalda, como un tirón inesperado que te saca de un sopor en el que no sabías que estabas. Contengo durante unos segundos la respiración, imperceptible para cualquiera.

Cita de: Maurick en 12 de Jul 2026, 17:49:53Por primera vez, la frase no parece un cálculo perfecto. Suena demasiado inmediata.


La sala reacciona con un murmullo bajo. Himitsu no aparta la mirada de Neiatta.



Dejo salir lentamente el aire que había inhalado. Parpadeo dejando durante un instante los ojos cerrados, pero los vuelo a abrir rápidamente. La imagen de los cereales en el bol de leche me viene de repente a la mente: cada uno por su lado y yo intentando mantenerlos juntos...


Cita de: Maurick en 12 de Jul 2026, 17:49:53
Himitsu no dice nada más. La anciana de la coraza se encuentra cerca de vosotras, esperando pacientemente. Neiatta espera tu respuesta con la cara de quien ya está calculando cuánto puede hacerte pagar por cada palabra.


Me acerco a Himitsu, dándole la espalda a Neiatta, digo en voz baja:


Nada me hace pensar que Himitsu vaya a cambiar de parecer, por lo que imagino que sí está segura de sus palabras. Me vuelvo hacia la reina.


Miro a la anciana una vez que Neiatta conteste.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 16 de Jul 2026, 15:11:07
Ante la pregunta sobre la seguridad de Himitsu, la reina se ríe. No es una risa limpia: empieza en la garganta, sube demasiado rápido y se rompe en un sonido agudo, casi encantado consigo mismo. La reina se lleva una mano al pecho, inclina la cabeza hacia atrás y deja que la carcajada rebote contra la piedra húmeda, contra los canales negros, contra las conchas abiertas y los huesos incrustados en las paredes.


La risa vuelve a escapársele.


Neiatta se seca una lágrima inexistente con la punta de un dedo oscuro.


La anciana de la coraza abre la boca, con las manos nudosas tensas junto al pecho.


Neiatta levanta un dedo sin mirarla, y la vieja se calla. No porque no tenga nada que decir, sino porque sabe exactamente cuánto espacio le queda antes de cruzar una línea.


La palabra hace que la anciana se estremezca, y Neiatta lo nota. Sonríe más.


Himitsu no cambia de expresión, pero sus dedos se cierran con fuerza una sola vez. La luz azul del percebe sigue latiendo alrededor de ti, más baja que antes, como una marea contenida. No impide que varios hidrianos menores se aproximen a la Qualmi desde los lados de la sala. No son los mismos que cargaron contra ti. Estos avanzan con cuidado, la mirada baja, los cuerpos húmedos y deformes tensos bajo la luz extraña. Uno lleva una cuerda trenzada con algas negras. Otro, una pieza de hueso tallado.

Tocan a Himitsu, y ella no se resiste. Sólo gira la cabeza hacia ti.


Su voz sale baja, firme, sin dulzura añadida.


Los hidrianos la rodean. Durante un instante parece pequeña entre ellos, no porque sea frágil, sino por la decisión terrible de no moverse. Luego la conducen hacia una abertura lateral, medio oculta tras cortinas de algas negras y huesos colgantes. La caverna se la traga despacio: primero los hombros, luego el rostro, por último el brillo quieto de sus ojos. Después, ya no está.

Neiatta observa la escena desde el trono con aburrimiento estudiado, como si aquello no le interesara lo bastante como para concederle emoción. La anciana de la coraza se acerca a ti. No cruza la distancia del todo, y mantiene un respeto prudente por el fulgor azul que aún respira en torno al percebe. Sus ojos lechosos no te miran como los de la reina.

Su voz parece salir de una grieta.


La vieja traga salivay su caparazón cruje con un movimiento mínimo. Neiatta deja escapar un suspiro desde el trono.


La anciana no se vuelve hacia ella.


La frase va dirigida a ti: La sala sigue pendiente de cada palabra. Incluso los hidrianos que habían sido arrojados contra la roca se mantienen a distancia.
Los dedos de la vieja, nudosos, se juntan despacio, casi como una plegaria mal hecha.


Neiatta se reclina en el trono, apoyando la mejilla sobre una mano.


Su aburrimiento es una máscara demasiado bonita para ser casual.


La anciana de la coraza no responde a la provocación, sigue mirándote.

Detrás de ella, uno de los canales negros respira con un movimiento lento. El agua sube un poco por la piedra y vuelve a retirarse, dejando una línea brillante de sal. Al fondo de ese paso, la oscuridad no parece igual que la del océano por el que habéis llegado. Es más densa y más quieta, como si estuviera esperando.

La luz azul del percebe late una vez más contra tu cuerpo antes de desaparecer por completo. Neiatta mira desde su trono, aburrida y venenosa.

La anciana espera tu respuesta: puedes seguirla hacia la zona sumergida. O puedes exigir algo más antes de bajar.

¿Qué haces, Brisa del Sur?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 19 de Jul 2026, 00:17:21
Cita de: Maurick en 16 de Jul 2026, 15:11:07Los hidrianos la rodean. Durante un instante parece pequeña entre ellos, no porque sea frágil, sino por la decisión terrible de no moverse. Luego la conducen hacia una abertura lateral, medio oculta tras cortinas de algas negras y huesos colgantes. La caverna se la traga despacio: primero los hombros, luego el rostro, por último el brillo quieto de sus ojos. Después, ya no está.


Observo cómo se la llevan, sin ningún tipo de ceremonia y posibilidad de despedirse.

Joder...

Las cosas no están saliendo como parecía que tenían que salir: bajar, hablar y volver. Rápido. "Un plan sin fisuras"...

Cita de: Maurick en 16 de Jul 2026, 15:11:07
...



La frase va dirigida a ti: La sala sigue pendiente de cada palabra. Incluso los hidrianos que habían sido arrojados contra la roca se mantienen a distancia.
Los dedos de la vieja, nudosos, se juntan despacio, casi como una plegaria mal hecha.



Asiento a la anciana. Neiatta podría aprender un poco de la cordialidad y respeto que muestra esta mujer. Miro hacia por donde la anciana quiere que bajemos, pero no me muevo. Miro de nuevo a Neiatta.





Con lo que sea, acepto bajar con la anciana.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 27 de Jul 2026, 13:28:31
Tus exigencias resuenan por la caverna oscura y enorme, mientras Salomé observa tu cuerpo: la anciana recibe tus palabras sin moverse un ápice. Neiatta tampoco responde desde el trono. Se limita a observarte con la mejilla apoyada sobre una mano, como si la suerte de Himitsu y Lydia ya no mereciera ocupar más espacio en su atención. La vieja del caparazón sí se acerca un poco.

Cita de: Denebia en 19 de Jul 2026, 00:17:21


Su voz raspa como arena arrastrada bajo una ola. Los ojos lechosos permanecen fijos en ti.


Neiatta deja escapar una risita desde el trono. La anciana no reacciona.


Cita de: Denebia en 19 de Jul 2026, 00:17:21Con lo que sea, acepto bajar con la anciana.

No promete nada más, ¿para qué?  La vieja gira el cuerpo y avanza hacia uno de los canales abiertos en la roca. Allí el suelo de la caverna se hunde bajo una lámina de agua negra, contenida entre paredes cubiertas de moluscos y vetas de sal. Una corriente fría entra desde algún punto situado mucho más abajo, llevando consigo el olor del océano profundo: hierro, limo y algo mineral que recuerda a una tumba recién abierta.

Salomé entra primero, mientras el agua le alcanza las rodillas, su espalda se curva y el caparazón que parecía adherido a su cuerpo comienza a extenderse con un crujido húmedo. Las ropas se hunden entre placas oscuras, los hombros desaparecen bajo una coraza semicircular, antigua y mellada, mientras sus costillas se abren para dar paso a agallas pálidas. Bajo el vientre surgen apéndices finos y articulados que tantean la piedra. De la base de su espalda se despliega una cola rígida, larga como una lanza, que oscila detrás de ella antes de sumergirse.

Su cabeza queda recogida bajo el borde del caparazón. Los ojos se desplazan hacia los lados, pequeños, lechosos, casi fósiles: la anciana deja de parecer una mujer. Permanece algo de ella en las manos deformadas, en la boca hundida y en la forma ceremoniosa con la que espera a que la sigas, pero el resto pertenece a una edad del océano en la que todavía no existían nombres para las criaturas.

Adoptas de nuevo la forma que te concede el Espíritu del Pez. Tu cuerpo se aligera y se comprime hasta quedar cubierto por escamas púrpuras, atravesadas por reflejos azules. Las aletas se abren a tu alrededor como velos delicados, demasiado hermosos para el lugar al que estáis a punto de descender.

El agua os cubre, al mismo tiempo que el sonido de la sala del trono desaparece en pocos metros. Las risas de Neiatta, los murmullos y el roce de los cuerpos quedan atrás, sustituidos por el pulso sordo de la corriente y el movimiento de las patas articuladas de Salomé contra la roca.

El canal desciende en espiral: al principio todavía hay luz. Resplandores verdes alojados en conchas, hongos marinos adheridos a las paredes y pequeños crustáceos transparentes que se apartan ante vosotras. Luego las construcciones de Aguas Sagradas empiezan a desaparecer. Ya no hay redes, ni vigas arrancadas de barcos, ni refugios tallados por manos hidrianas, sólo piedra.

La abertura se estrecha hasta obligaros a pasar entre dos muros cubiertos de percebes muertos. Sus conchas están abiertas, pero dentro no hay carne. Todos orientan sus cavidades hacia abajo. Salomé avanza sin vacilar.

A medida que descendéis, la presión se vuelve más pesada. El agua pierde temperatura y espesor, como si cada metro estuviera hecho de un mar diferente. Las paredes ya no parecen excavadas por corrientes. Presentan surcos paralelos, largos y profundos, demasiado regulares para ser grietas y demasiado grandes para haber sido hechos por herramientas. Algunas terminan en fragmentos de hueso, pero no reconoces en ellos la forma de ninguna ballena.

La cola rígida de Salomé se detiene. La anciana gira bajo su coraza y te observa con uno de sus ojos laterales. Escuchas su voz en el interior de tu mente, y ésto te rememora a cuando Julia usaba el Don que, tan «alegremente», llamábais «Chat mental».


Las palabras llegan deformadas por el agua, pero conservan su peso.


Reanuda el descenso, pero el túnel termina sin aviso. Ante vosotras se abre una sima tan grande que la luz azulada del percebe apenas consigue rozar sus paredes. El fondo no se ve. No hay arena, ni roca, ni movimiento de peces. Sólo una oscuridad vertical que continúa más allá de lo que tus sentidos pueden medir.

Salomé bordea la sima hasta alcanzar una plataforma natural. Allí hay pilares de coral gris, cadenas cubiertas de sal y restos de ofrendas atrapados entre las piedras: caparazones partidos, espinas, mandíbulas pequeñas y tiras de carne ya blanquecinas. La anciana extiende una de sus extremidades hacia el borde.


Al principio sólo distingues la negrura: después, la negrura burbujea con una esfera tan grande que es abrumadora. Dos bordes inmensos se separan lentamente bajo la plataforma. La sima no es una grieta en la roca. La roca forma parte de algo. Una membrana rugosa se retrae entre placas minerales, descubriendo hileras de protuberancias blancas que se pierden hacia ambos lados.

(https://naufragio-heavensgate.duckdns.org/img/gallery/Escenas/Salom%C3%A9%20y%20Brisa%20ante%20el%20abismo.webp)

¡Dientes! La boca de alguna criatura gigantesca ocupa el fondo entero. Comienzas a recordar la visita a Xolomotl, pero esta vez es distinto. La soledad, la nada y el vacío te invaden por todos lados.

No puedes saber cuánto mide. La oscuridad impide encontrar dónde empieza y dónde termina. Cada respiración arrastra el agua hacia el interior con una fuerza leve pero constante, haciendo que los huesos, la sal y los restos de antiguas ofrendas tiemblen sobre la piedra. Desde el interior llega un calor desagradable, acompañado de un olor a grasa podrida y metal antiguo.

Muy dentro de aquella garganta se enciende algo rojizo, pero no parece un ojo. Parece algo peor: un punto de atención sin forma, situado demasiado lejos para pertenecer a la misma criatura cuya boca tenéis delante. Salomé inclina su caparazón.


La boca vuelve a respirar: la corriente tira de tu pequeño cuerpo antes de aflojarse.


La vieja se vuelve hacia ti.


Una de sus patas recoge un pequeño caparazón del suelo. Lo sostiene delante de su rostro y lo parte con facilidad.


Deja caer los fragmentos. Uno de ellos cruza el borde y desaparece hacia la garganta. La boca se contrae durante un instante, pero no llega a cerrarse; aún así, toda la sima responde con un estremecimiento lento.


Salomé aproxima su rostro monstruoso al tuyo. Bajo la coraza, su boca conserva una expresión demasiado humana.


La corriente vuelve a inclinarte hacia la boca. Esta vez, desde el interior de Mott Garoth, llega un sonido profundo. Es el roce de algo inmenso contra las paredes de su propia garganta. Salomé te observa.


La luz azul de tu percebe palpita contra la oscuridad.


Debajo de vosotras, Mott Garoth abre un poco más la boca.

¿Qué haces, Brisa del Sur?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 01 de Ago 2026, 18:44:51
Cita de: Maurick en 27 de Jul 2026, 13:28:31


Levanto una ceja. Tengo muchas preguntas pero quiero salir de ahí cuanto antes, por lo que dejo las preguntas para más adelante.


Cita de: Maurick en 27 de Jul 2026, 13:28:31


Asiento a la anciana, pero eso de "Mientras esa marca permanezca" no es que me de mucha confianza... Sigo a la anciana cuando abandona la sala del trono, no me despido ni miro atrás. Solo espero que Himitsu esté bien. Descendemos en espiral, la forma en cómo se ha construido o formado estos túneles es muy particular, lo que haya al final me suscita mucha curiosidad.


Cita de: Maurick en 27 de Jul 2026, 13:28:31
Las palabras llegan deformadas por el agua, pero conservan su peso.







Cita de: Maurick en 27 de Jul 2026, 13:28:31Salomé bordea la sima hasta alcanzar una plataforma natural. Allí hay pilares de coral gris, cadenas cubiertas de sal y restos de ofrendas atrapados entre las piedras: caparazones partidos, espinas, mandíbulas pequeñas y tiras de carne ya blanquecinas. La anciana extiende una de sus extremidades hacia el borde.




Miro. Primero solo veo negrura pero hay algo más, algo pretérito, tan viejo como la propia Gaia. Me impone respeto. Escucho con atención todo lo que Salomé me cuenta.


Cita de: Maurick en 27 de Jul 2026, 13:28:31
...



...





Las siguientes palabras las digo con un tono lo más cordial posible, pero sin darle mucha importancia, como quien lanza un plan en una tormenta de ideas. Es muy posible que mi idea no sea bienvenida y quiero volver a la superficie cuanto antes.


Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 03 de Ago 2026, 13:18:35
Cita de: Denebia en 01 de Ago 2026, 18:44:51

La anciana permanece quieta cuando preguntas por Salmyra, e incluso sus patas dejan de tantear la piedra. Uno de sus ojos laterales se fija en ti, inmóvil bajo el borde del caparazón. La corriente nacida de la respiración de Mott Garoth tira de vuestras formas hacia el abismo y vuelve a soltarlas, pero Salomé ya no parece sentirla.


No parece burlarse, parece desconcertada de verdad. Quizá sea también una primera grieta en todo lo que había supuesto sobre ti. La anciana aproxima el cuerpo, y las articulaciones bajo su coraza crujen con suavidad.


Mira hacia la boca abierta bajo vosotras.


El aire que surge de Mott Garoth hace temblar las cadenas cubiertas de sal. Salomé escucha tu siguiente pregunta sin interrumpirte: Lydia, la nidada del norte, el hambre que crece bajo Aguas Sagradas. Cuando terminas, mueve lentamente el caparazón.

Cita de: Denebia en 01 de Ago 2026, 18:44:51


Una de sus patas recoge un fragmento de hueso, atrapándolo entre dos apéndices finos.


Parte el hueso, y los dos pedazos flotan entre vosotras.


Salomé suelta uno de los fragmentos. La corriente lo arrastra hacia la boca y desaparece entre los dientes.


La respuesta llega seca.


La anciana deja libre el otro pedazo de hueso, pero lo retiene contra la piedra antes de que la corriente se lo lleve.


Sus ojos lechosos vuelven a ti.


Las fauces de Mott Garoth se contraen debajo. Una hilera de dientes se pierde brevemente en la oscuridad antes de volver a aparecer.


No necesita explicar su destino, porque la boca abierta bajo vosotras ya lo ha hecho.

Cita de: Denebia en 01 de Ago 2026, 18:44:51

Ante tu última pregunta, Salomé guarda silencio. Tarda más en responder.


La admisión resulta extraña en su boca. Honesta, quizá a su pesar.


Salomé se aproxima al borde. La corriente arrastra los filamentos y pequeños restos adheridos a su coraza hacia la garganta.


Se vuelve hacia ti.


Su cola rígida señala el camino de regreso, hacia el túnel por el que habéis descendido.


El agua se precipita hacia las fauces y obliga a Salomé a aferrarse a la roca. Durante un instante, toda la sima parece inclinarse hacia la oscuridad.


¿Qué haces, Brisa del Sur?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 04 de Ago 2026, 01:04:11
Escucho atenta todo lo que me cuenta Salomé. Realmente me parece fascinante conocer a otras criaturas, su historia y costumbres.

Estoy asomada al borde. La corriente me mueve suave de un lado a otro, como una madre mece a un bebé para que se duerma, pero es tan sutil que estoy sumida en una especie de trance del que no me he dado cuenta cuanto tiempo llevo así.


Salgo de la especie de trance del ir y venir de la respiración. Dejo de acunarme en la corriente y miro a mi acompañante, sueno firme y decidida.


Comienzo a desnadar lo nadado y espero a la anciana en el principio del pasillo para volver a la superficie.





Lo que pretendo hacer es volver a la superficie y reunirme con Jonah. Una vez allí ir hacia el Norte con él a ver a los Nerai de la escisión.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39
Nombrar a los Rokea provoca en Salomé una reacción que dura menos que un latido: su cuerpo se encoge alrededor de sí mismo. Los pliegues de su piel se tensan y las membranas que bordean sus brazos se cierran de golpe, como si una corriente helada hubiese atravesado las aguas templadas del abismo. Sus ojos se apartan de ti y buscan durante un instante la oscuridad que rodea la boca de Mott Garoth, pero no tarda en recuperar la compostura.

Cuando vuelve a mirarte, el temblor ha desaparecido. Solo queda la anciana que guarda los recuerdos de su pueblo.


Salomé empieza a alejarse del borde, pasando a una forma más aerodinámica. La verdad es que es perturbador, al menos para ti, observar como su cuerpo se retuerce, crece, se adapta y se transforma. No es algo que te extrañe, pero no se puede comparar a las transformaciones de Matt, de Himitsu o de Bill... La anciana nada despacio, apoyándose de vez en cuando sobre la roca con sus extremidades más largas. A vuestra espalda, ese ser enorme continúa respirando. Cada movimiento de aquella boca descomunal altera la corriente y arrastra pequeñas piedras hacia el fondo.


La anciana se detiene junto a una pared cubierta de depósitos calcáreos. Pasa los dedos por las marcas, como si comprobara que continúan en el mismo lugar.


La corriente vuelve a cambiar. Desde la sima llega un ruido húmedo, profundo, seguido por el roce de algo inmenso contra la piedra; la anciana no mira hacia atrás.


No hay orgullo en sus palabras, pero tampoco arrepentimiento. Habla como quien enumera las partes de una enfermedad que lleva demasiado tiempo aceptando como inevitable.


Salomé reanuda el camino hacia los pasillos superiores. Avanza durante unos metros antes de responder a tu exigencia sobre Himitsu.


La anciana gira el rostro hacia ti. Sus ojos amarillentos permanecen inmóviles.


La promesa queda suspendida entre ambas. No es lo que has pedido, pero parece ser todo cuanto Salomé está dispuesta a arriesgar contra la autoridad de la reina. Cuando mencionas a Lydia, la expresión de la anciana se endurece.


Aparta la mirada y continúa nadando, mientras los corredores se vuelven más estrechos durante el ascenso. La presión disminuye poco a poco y el agua empieza a sentirse menos pesada sobre tu cuerpo. Antes de alcanzar las cámaras habitadas, te ofrece las indicaciones que necesitas.


La anciana se queda atrás. No hay una despedida ceremonial. Solo un último gesto de su cabeza antes de hundirse de nuevo entre los pasillos de piedra, regresando hacia la oscuridad donde su pueblo guarda aquello que no quiere olvidar.



Decides que es el momento ideal para marcharte. A medida que avanzas por Aguas Sagradas, comienzas a notar que no estás sola. Los hidrianos abandonan sus cámaras para observarte. Algunos tienen cuerpos casi humanos cubiertos de escamas apagadas, mientras que otros muestran formas difíciles de interpretar: torsos incompletos, aletas nacidas donde deberían tener brazos, rostros que aún no han decidido si pertenecen a un pez o a una persona. Todos permanecen a una distancia prudente, pero sus ojos te siguen.

Lo que sí reconoces es que no hay odio en esas miradas. Tu cuerpo de Pez Betta, enorme y cubierto por escamas moradas, avanza entre ellos como una criatura surgida de alguna leyenda extranjera. Tus aletas se extienden con la corriente y rozan las columnas naturales de la caverna.

Varias criaturas pequeñas aparecen entre los adultos, con algunas apenas del tamaño de un bebé humano. Una de ellas posee un torso menudo, branquias abiertas en el cuello y una cola de pez que mueve con tanta energía que le cuesta mucho avanzr en línea recta. Otra se parece más a un pez rechoncho, pero de su vientre nacen dos brazos diminutos con dedos muy largos y torpes. Éstos dos se acercan sin miedo, y una de las crías intenta rozar el extremo de una de tus aletas; en cuanto lo tocas, retrocede inmediatamente cuando esta se mueve. Las demás la rodean, excitadas, y vuelven a aproximarse.

Las miras con una sonrisa, eso parece animarlas. Durante unos instantes, las pequeñas criaturas nadan alrededor de ti, escondiéndose entre los pliegues de tus aletas y siguiéndote hasta que varios adultos emiten sonidos graves desde las cámaras laterales. Las crías se detienen en seco (bueno, en mojado, pero se entiende); una de ellas tarda un poco más que las demás y continúa mirándote mientras te alejas.

Después, las cavernas quedan atrás: el agua se aclara conforme te aproximas a la salida. El techo rocoso desaparece y sobre ti se extiende la superficie del Golfo de México, teñida por una luz pálida. Cuando emerges, el amanecer ya está rompiendo sobre Celestún.

El cielo conserva manchas violetas y rojizas sobre el horizonte. Las primeras aves recorren la costa en grupos desordenados, y el aire huele a sal, madera mojada y vegetación. Después de tantas horas bajo tierra, cada sonido parece demasiado nítido.



Refugio de la playa

Costa de Celestún — Península de Yucatán

📅 11 de julio de 2007, 05:06

En la playa hay una figura esperando: Jonah está cerca de la orilla, con los pantalones remangados y las botas abandonadas varios metros más atrás. Camina de un lado a otro sobre la arena húmeda. Cuando te ve salir del agua, se queda completamente quieto. Tarda unos segundos en reaccionar, pero echa a correr.

Te alcanza cuando recuperas una forma que puede abrazar sin quedar sepultado bajo varios cientos de kilos de pez morado. Jonah te rodea con los brazos y aprieta con una fuerza torpe, desesperada, muy distinta de la despreocupación con la que suele afrontar casi todo.


Sus mejillas están húmedas. Podría ser la bruma del amanecer, el agua que el viento levanta desde el mar o algo que lleva allí desde antes de que emergieras. Jonah se separa lo suficiente para mirarte, y su expresión cambia cuando busca detrás de ti y no encuentra a nadie más saliendo del agua.


En seguida se da cuenta de que no todo es tan gracioso. Carraspea y volvéis a la orilla, pero durante el trayecto no deja de mirar hacia el mar, como si esperase ver aparecer en cualquier momento la cabeza de la Qualmi entre las olas. En el interior todavía quedan restos de la noche: tazas sin recoger, mantas arrugadas, arena sobre las tablas y el olor apagado del humo. Jonah acerca una silla a la mesa y te deja espacio para explicar lo ocurrido.

[Asumimos que le cuentas lo que ha pasado. Lo que no le quieras contar, indícalo en la próxima pulbicación]

No te interrumpe cuando hablas de Neiatta, de Lydia o de la promesa de Salomé. Tampoco cuando describes la boca que duerme bajo Aguas Sagradas y los sacrificios con los que llevan años alimentándola. Al enterarse de que Himitsu se ha entregado como rehén, aprieta la mandíbula. Sus dedos tamborilean una vez sobre la mesa y después se quedan inmóviles.


Se agarra la cabeza. Niega con ella, pero no tarda en centrarse de nuevo. Se levanta y empieza a registrar los cajones de la cabaña. Encuentra varios papeles viejos, un mapa de carreteras doblado y un lápiz al que le falta la mitad. Extiende el mapa sobre la mesa y busca Celestún con el dedo.


Recorre la costa hacia el norte siguiendo las indicaciones que te dio Salomé. Encuentra Sisal y marca con el lápiz una zona al oeste del pueblo.


Jonah ladea la cabeza, estudiando las carreteras secundarias.


Traza una línea aproximada desde la carretera hasta la costa.


Deja el lápiz sobre el mapa y apoya ambas manos en la mesa. Por primera vez desde que has regresado, su mirada se queda quieta.


¿Qué vas a hacer, Brisa del Sur?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 08 de Ago 2026, 00:39:00
Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39Las miras con una sonrisa, eso parece animarlas. Durante unos instantes, las pequeñas criaturas nadan alrededor de ti, escondiéndose entre los pliegues de tus aletas y siguiéndote hasta que varios adultos emiten sonidos graves desde las cámaras laterales. Las crías se detienen en seco (bueno, en mojado, pero se entiende); una de ellas tarda un poco más que las demás y continúa mirándote mientras te alejas.


Me divierte jugar con los pequeños nerai y agradezco el buen gesto tras tanta tensión en la sala del trono. Cuando son llamados por sus progenitores me despido de ellos.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39Después, las cavernas quedan atrás: el agua se aclara conforme te aproximas a la salida. El techo rocoso desaparece y sobre ti se extiende la superficie del Golfo de México, teñida por una luz pálida. Cuando emerges, el amanecer ya está rompiendo sobre Celestún.

El cielo conserva manchas violetas y rojizas sobre el horizonte. Las primeras aves recorren la costa en grupos desordenados, y el aire huele a sal, madera mojada y vegetación. Después de tantas horas bajo tierra, cada sonido parece demasiado nítido.


Cuando el aire entra en mis pulmones cierro los ojos y disfruto durante unos instantes de la sensación de estar por fin fuera del agua. La presión ya no existe, solo gravedad y aire.



Refugio de la playa

Costa de Celestún — Península de Yucatán

📅 11 de julio de 2007, 05:06

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39Te alcanza cuando recuperas una forma que puede abrazar sin quedar sepultado bajo varios cientos de kilos de pez morado. Jonah te rodea con los brazos y aprieta con una fuerza torpe, desesperada, muy distinta de la despreocupación con la que suele afrontar casi todo.



Al principio yo también me quedo quieta, verificando que sea él. Me contagia su alegría pero avanzo lenta, el agua y el cansancio no deja que pueda correr tanto.

Su abrazo me pilla de sorpresa, pero también le abrazo rodeando su torso con mis brazos y sonrío al escuchar su sorpresa al comprobar que estoy viva.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39


Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39[Asumimos que le cuentas lo que ha pasado. Lo que no le quieras contar, indícalo en la próxima pulbicación]


Le cuento TODO a Jonah, no le oculto nada. Hago bastante hincapié en lo mal que me cae Neiatta y en lo preocupada que estoy por Himitsu.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39


Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39


Digo seria.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39Recorre la costa hacia el norte siguiendo las indicaciones que te dio Salomé. Encuentra Sisal y marca con el lápiz una zona al oeste del pueblo.

Jonah ladea la cabeza, estudiando las carreteras secundarias.

Traza una línea aproximada desde la carretera hasta la costa.


Me gusta la iniciativa que tiene Jonah en buscar algo con lo que orientarnos y en la facilidad que ha tenido en localizar todo en el mapa.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39


Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39Deja el lápiz sobre el mapa y apoya ambas manos en la mesa. Por primera vez desde que has regresado, su mirada se queda quieta.



Estoy sentada a su lado. Extiendo mi mano para agarrar la suya y le miro a los ojos.


Mi rostro cambia, me pongo seria pero no le suelto la mano, sino que le agarro con más fuerza.


Hago una pequeña pausa.


Sin darme cuenta me he acercado más a él. Le suelto de la mano con una sonrisa y suelto un sonoro suspiro.


Me levanto de la mesa y, con la despreocupación típica que me caracteriza en estos temas —recordemos que soy una lupus— comienzo a desvestirme sin ningún tipo de pudor. Me quedo solo con la ropa interior puesta, es de encaje negro.


Digo riéndome mientras termino de quitarme la ropa. Salgo y la dejo secar en la balaustrada del porche de la cabaña.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 09 de Ago 2026, 22:14:14
Después de que os refugiéis en la casona junto a la playa, te sorprende no haber visto a ningún humano más cerca por aquí. Parece que este punto es ignorado por la humanidad, ¿quizás algo que haya hecho Neiatta o su séquito de cambiantes marinos?

De vuelta en la sala, con un cuenco de leche fresca y cereales a los que les falta algo de sabor, Jonah escucha la propuesta de viajar por la Sombra mientras mantiene un dedo apoyado sobre el mapa. No responde enseguida. Sigue con la mirada la línea de costa y termina rascándose la nuca.


Levanta la vista hacia ti y hace una pequeña mueca.


Hace girar el lápiz entre los dedos. Mira hacia el techo, y se ajusta el pelo.


Se inclina de nuevo sobre el mapa y señala una pequeña población. Te mira a los ojos, con el cuerpo arqueado sobre esa guía turística decolorada y rota por los bordes.


Se queda pensándolo durante un segundo.


La sonrisa desaparece cuando empiezas a hablar de Himitsu, del peligro y de haberlos arrastrado hasta allí. Jonah deja el lápiz. Cuando le coges la mano, mira primero tus dedos y después a ti. No intenta retirarla. Su pulgar se mueve apenas contra el lateral de tu mano antes de quedarse quieto.


Aprieta tu mano una vez antes de soltarla.


La referencia geográfica es suficientemente incorrecta para que resulte evidente que no tiene intención alguna de corregirse. Después empiezas a quitarte la ropa, sin aviso ni advertencia alguna. Jonah todavía está recogiendo el mapa cuando levanta la cabeza; se queda inmóvil: sus ojos bajan durante una fracción de segundo y regresan inmediatamente hacia una ventana que, de repente, parece haberse convertido en el objeto más interesante de toda la Península de Yucatán.


Carraspera, y se gira un poco más hacia la ventana.


Su concentración en el paisaje exterior empieza a adquirir una intensidad casi religiosa. Cuando sales al porche para dejar la ropa mojada, Jonah aprovecha para moverse por la cabaña. Abre un armario, cierra otro y señala hacia el fondo sin mirarte directamente todavía.


Ahora sí vuelve a mirarte, aunque manteniendo cuidadosamente los ojos a una altura bastante prudente.


Se apoya contra el marco de la puerta. No te mira a ti, mira al suelo.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 10 de Ago 2026, 16:33:47
Cita de: Maurick en 09 de Ago 2026, 22:14:14Hace girar el lápiz entre los dedos. Mira hacia el techo, y se ajusta el pelo.




Cita de: Maurick en 09 de Ago 2026, 22:14:14
Ahora sí vuelve a mirarte, aunque manteniendo cuidadosamente los ojos a una altura bastante prudente.




Mi cara es una mezcla entre sorpresa y alegría, aplaudo y celebro la buena noticia. De dos zancadas me planto frente a él y le doy un abrazo. De un pequeño salto consigo darle un pequeño beso en la mejilla.


Le miro durante unos segundo a los ojos y tan rápido como fui me voy corriendo al baño. No tardo mucho en salir con el sujetador de la mano y rodeada por una toalla no muy grande, pero con mi estatura parece ser más grande de lo que es. Un poco torpe termino de quitarme mi ropa interior y salgo a por la ropa del porche. Lo lanzo todo a la lavadora pero me quedo mirando los botones...


Cita de: Maurick en 09 de Ago 2026, 22:14:14Se apoya contra el marco de la puerta. No te mira a ti, mira al suelo.




Cojo dos cojines del sofá, los dejo en el suelo y me siento sobre uno de ellos. Sorprendentemente la toalla tiene el tamaño justo para que no se vea nada íntimo.


Señalo el cojín que está a mi lado.


Pronunciar su nombre hace que tenga una pequeña punzada en el corazón y los recuerdos comiencen a aflorar, pero respiro hondo y consigo que no me dominen. Tengo que centrarme en el ahora y no hundirme en el pasado.



Mi intención es meditar y/o descansar para recuperar todo el maná que he gastado usando mis dones.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06
El tambor de la lavadora comienza a girar con un traqueteo irregular. Jonah permanece agachado frente al electrodoméstico durante unos segundos, observándolo como si esperase que en cualquier momento abriera un portal dimensional. Ha metido dentro toda tu ropa sin hacer demasiadas preguntas. Sólo ha tenido un instante especialmente complicado cuando ha tenido que recoger el sujetador negro que habías dejado con el resto. Lo sostuvo por una de las tiras, miró la etiqueta y adoptó una expresión de concentración absolutamente desproporcionada. Eso no pasó con las bragas, no obstante.


Introduce la prenda dentro, cierra la puerta y pulsa un botón. Se levanta, saca un paquete de detergente algo gastado y lo echa en el tambor sin preocuparse por si ha echado mucho o poco. La máquina empieza a llenarse de agua y Jonah levanta ambos brazos.


Después se gira hacia ti y vuelve a recordar la toalla. Su mirada baja, recorriendo todo tu cuerpo, mientras escucha lo que le propones. Carraspeba y se dirige inmediatamente hacia el cojín que has colocado junto al tuyo.


Se deja caer sobre el cojín y cruza las piernas de una manera que parece haber aprendido viendo a alguien hacerlo una vez desde lejos. Apoya las manos sobre las rodillas y deja la espalda recta mientras cierra los ojos. Dura unos cuatro segundos, abre uno. Su mirada se cruza con la tuya.


Se aclara la garganta. La cercanía tampoco ayuda. El cojín no deja ni medio brazo entre vosotros y, cuando Jonah intenta acomodarse mejor, una de sus rodillas roza ligeramente la tuya. Se queda quieto, pero no se aparta al instante. Después mueve la pierna unos centímetros y vuelve a cerrar los ojos.


El sonido de la lavadora llena los silencios. Agua chocando contra el tambor, el golpe de alguna hebilla contra el cristal. Fuera, el calor empieza a entrar por las ventanas. Poco a poco Jonah deja de moverse tanto. Su respiración termina siguiendo, casi sin querer, el ritmo de la tuya. Durante unos minutos no habla, y ya puedes considerarlo un logro enorme.


Abre un ojo otra vez, y ahora hay una sonrisa pequeña en la comisura de su boca.


Deja pasar unos segundos con absoluta mala intención.


Se muerde ligeramente el interior de la mejilla. Mira hacia delante, evitando mirarte directamente.


Ahora sí gira la cabeza. Tiene las mejillas un poco más encendidas de lo habitual, pero la expresión se ha vuelto descaradamente divertida.


Una pausa.


Mantiene tus ojos durante apenas un par de segundos. Luego su mirada amenaza con bajar de nuevo hacia la toalla y la desvía inmediatamente hacia la lavadora.


Se ríe por lo bajo y vuelve a cerrar los ojos. Esta vez permanece así un rato, mientras la tensión de sus hombros va desapareciendo. Su respiración se vuelve más profunda: quizá la meditación funciona. Quizá sólo está agotado después de pasar la noche esperando saber si seguías viva. Al cabo de unos minutos, su cuerpo se vence ligeramente hacia un lado. Su hombro termina apoyándose contra el tuyo, y Jonah abre los ojos de golpe al notar el contacto, pero no se aparta. Mira primero vuestro hombro compartido y después tu rostro.


No se mueve. La sonrisa vuelve, más pequeña esta vez.


La lavadora cambia de ciclo detrás de vosotros. Jonah permanece a tu lado.


Esta vez no consigue esconder la sonrisa.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 14 de Ago 2026, 12:55:19
Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06Se deja caer sobre el cojín y cruza las piernas de una manera que parece haber aprendido viendo a alguien hacerlo una vez desde lejos. Apoya las manos sobre las rodillas y deja la espalda recta mientras cierra los ojos. Dura unos cuatro segundos, abre uno. Su mirada se cruza con la tuya.



Me sorprende gratamente que Jonah haya decidido meditar conmigo. Realmente pensaba que pasaría de ello y se iría a fumar al porche o a dormir. Le dedico una amplia sonrisa cuando veo que se sienta a mi lado, cierro los ojos, respiro hondo y me pongo seria. Pero la repentina pregunta de Jonah hace que vuelva a sonreír, aunque no abro los ojos.


Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06Se aclara la garganta. La cercanía tampoco ayuda. El cojín no deja ni medio brazo entre vosotros y, cuando Jonah intenta acomodarse mejor, una de sus rodillas roza ligeramente la tuya. Se queda quieto, pero no se aparta al instante. Después mueve la pierna unos centímetros y vuelve a cerrar los ojos.


Al notar el roce me percato de la cercanía. Contengo brevemente la respiración, pero tampoco me aparto. "¿Por qué he dejado el cojín tan cerca?". Debería sentirme avergonzada o mal por ello, pero no es así, me gusta que esté cerca. Me pongo algo nerviosa. Algo me dice que voy a tardar en concentrarme...

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06El sonido de la lavadora llena los silencios. Agua chocando contra el tambor, el golpe de alguna hebilla contra el cristal. Fuera, el calor empieza a entrar por las ventanas. Poco a poco Jonah deja de moverse tanto. Su respiración termina siguiendo, casi sin querer, el ritmo de la tuya. Durante unos minutos no habla, y ya puedes considerarlo un logro enorme.


Y así es, nunca pensé que aceptaría a meditar y encima que se lo tomara en serio. Su actitud me sorprende gratamente y hace que comience a tranquilizarme un poco.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06


Frunzo el ceño sin abrir los ojos inclinando mi cabeza hacia un lado. El tono de mi pregunta es totalmente inocente.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06

Parece que voy a decir algo. Abro la boca para replicar, pero la vuelvo a cerrar. Me paro a analizar su resumen y, verlo así, hace que me muera de la vergüenza.


Es lo único que logro decir en un leve susurro.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06

Abro los ojos como platos. Le miro de arriba a abajo con una mirada entre preocupación y desconcierto. Luego me miro a mi, también de arriba a abajo. Le agarro del brazo, se lo levanto. No hay nada. Le muevo lentamente hacia adelante para revisar su espalda. No hay nada. Le suelto y me inclino un poco hacia adelante. Tampoco hay nada. Mientras tanto le digo:


Digo bastante alarmada, sin apenas respirar entre frase y frase, pero tras comprobar que está bien me tranquilizo. De repente caigo en algo y me muero de la vergüenza. Me tapo la cara con ambas manos.


Tomo aire de nuevo y vuelo a tomar la posición de meditar.


Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06Se ríe por lo bajo y vuelve a cerrar los ojos. Esta vez permanece así un rato, mientras la tensión de sus hombros va desapareciendo. Su respiración se vuelve más profunda: quizá la meditación funciona. Quizá sólo está agotado después de pasar la noche esperando saber si seguías viva. Al cabo de unos minutos, su cuerpo se vence ligeramente hacia un lado. Su hombro termina apoyándose contra el tuyo, y Jonah abre los ojos de golpe al notar el contacto, pero no se aparta. Mira primero vuestro hombro compartido y después tu rostro.


La presión no rompe mi meditación sino que actúa como uno resorte que activa algo primario en mis instintos. Inclino mi cabeza hacia el cuerpo de Jonah, inspiro profundamente a la altura de su cuello y su olor me embriaga: huele a  cuero, a tabaco, a magia, a decisiones e inseguridades. A ternura. Huele a él.

Abro los ojos y me sostiene la mirada mientras me pide perdón por algo que no entiendo. Mi corazón late fuerte contra mi pecho y el rubor de mis mejillas parece no irse nunca.


Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06No se mueve. La sonrisa vuelve, más pequeña esta vez.




Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06
Esta vez no consigue esconder la sonrisa.

Le devuelvo la sonrisa, esta vez sí he entendido a qué se refiere.


Seguimos compartiendo espacio. Apoyo con cuidado mi cabeza sobre su hombro.


Busco su mirada de nuevo.


Doy un par de palmadas en mi pecho, a la altura del corazón. No lo digo en voz alta, pero sé que Jonah es capaz de entender lo importante que ha sido revelarle mi verdadero nombre.


Dejo que todo el peso de mi cuerpo acabe descansando sobre el de Jonah colocando mis piernas hacia un lado y recojo mi pelo para dejarlo caer sobre el hombro izquierdo, el opuesto al suyo. La cicatriz que tengo en la cara en forma de media luna, que me dejó Pezuña Caótica mucho tiempo atrás, se deja entre ver por un par de mechones que no han que bien recogidos.

Mi corazón no ha dejado de latir fuerte y el rubor continúa sin intención de irse.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 16 de Ago 2026, 19:14:16
La sonrisa de Jonah, que tenía hace un momento se apaga poco a poco mientras hablas. Cuando pronuncias Aka'wi, algo cambia en su expresión. No porque comprenda todas las implicaciones de un nombre guardado durante años, sino porque comprende perfectamente el modo en que se lo has entregado. No hace ninguna broma, y eso te parece que ya dice bastante.

Cuando le explicas que llevas días mostrando tu afecto porque él te gusta, Jonah baja brevemente la mirada. La levanta después hacia ti, hacia tu rostro apoyado tan cerca del suyo, y parece debatirse durante unos segundos entre decir alguna estupidez que alivie el momento o aceptar que ya no hay ningún sitio detrás del que esconderse.


Pronuncia el nombre con cuidado. Sin imitar ningún acento, sin jugar con las sílabas.


Una sonrisa diminuta aparece en una de sus comisuras.


Pero tampoco esa broma consigue salvarlo. Te mira fijamente. Algo ha cambiado en sus ojos hundidos bajo aquellas ojeras demasiado profundas para alguien tan joven. El debate que mantiene consigo mismo resulta casi visible: la costumbre de esconderse detrás de una salida graciosa enfrentada a algo bastante más sencillo. Y, probablemente, mucho más aterrador.

Al final manda a la mierda el poco raciocinio que le quedaba: levanta una mano. El dorso de sus dedos roza primero tu mejilla, casi como si todavía estuviera comprobando que puede hacerlo. Aparta con cuidado los mechones que han quedado sueltos junto a tu rostro y descubre mejor la cicatriz con forma de media luna. Su pulgar sigue lentamente uno de sus bordes.


La yema de su dedo continúa el recorrido de la cicatriz.


La coz de Pezuña Caótica fue más sencilla de soportar que la presión que empieza a crecerte ahora dentro del pecho. Jonah deja de mirar la cicatriz, y sus ojos descienden hacia tus labios durante un instante. Después vuelven a buscar los tuyos. Su mano termina de recorrer aquella antigua herida y queda apoyada contra tu mejilla. El pulgar se mueve una vez sobre tu piel. Jonah inspira profundamente y cierra los ojos mientras acerca despacio el rostro. Tú haces lo mismo, mientras sus labios rozan los tuyos.


Es apenas un contacto, suave y breve, suficiente para que Jonah se aparte unos centímetros con una sonrisa nerviosa que no consigue contener. Vuelve a besarte, y esta vez hay más presión. Un segundo beso llega casi pegado al anterior, y después otro. La vacilación inicial se va perdiendo entre respiraciones cada vez más próximas hasta que, en el siguiente, Jonah entreabre los labios. Su lengua busca la tuya, el beso cambia. Ya no existe aquella prudencia torpe de los primeros segundos. Jonah te atrae hacia él con la mano que todavía mantiene junto a tu rostro, como si una parte absurda de su cabeza temiese que pudieras desaparecer en cuanto aflojase los dedos. La otra encuentra tu cintura y tira suavemente de ella hasta reducir el pequeño espacio que quedaba entre ambos.

Se gira sobre el cojín para quedar frente a ti. Tus brazos lo rodean. La toalla roza el chaleco de Jonah amenazando con destruir la integridad del nudo que has hecho, pero parece no importaros. Vuestras lenguas se encuentran una y otra vez. El sabor del tabaco todavía permanece ligeramente en su boca. Su respiración se mezcla con la tuya. Cada vez que parece que vais a separaros, alguno de los dos vuelve a buscar al otro y el beso comienza otra vez. Durante un rato deja de existir la lavadora, Aguas Sagradas, Himitsu y la serpiente. El fin de mundo puede esperar unos minutos.

Cuando finalmente os separáis, no lo hacéis demasiado. Jonah mantiene el brazo alrededor de tu cintura. Ahora parece haberse dado cuenta de lo menuda que eres comparada con él; prácticamente podría rodearte con un solo brazo. Te mira, y tiene los labios ligeramente húmedos, la respiración algo acelerada y una expresión estúpidamente satisfecha que intenta disimular sin demasiado éxito. Tú juegas con uno de los mechones que le cae sobre la frente, y Jonah vuelve a mirar tu boca.

Después la toalla, después tus ojos. Traga saliva.


Una pausa.


Sonríe. Durante un segundo parece que va a volver a besarte. No lo hace. En cambio, inspira profundamente y mira hacia la pequeña cocina de la cabaña como si acabara de recordar que allí existe una posibilidad real de salvación.


Sus dedos siguen apoyados en tu cintura. No parece tener ninguna prisa por retirarlos.


Te dedica una sonrisa ladeada. La lavadora continúa girando detrás de vosotros.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 19 de Ago 2026, 02:09:08
Me he dejado llevar, he hecho lo que mi corazón me gritaba disfrutado cada instante junto a Jonah, y es algo que se refleja en mi mirada. Mi corazón aún late fuerte contra mi pecho.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06
Sus dedos siguen apoyados en tu cintura. No parece tener ninguna prisa por retirarlos.


Te dedica una sonrisa ladeada. La lavadora continúa girando detrás de vosotros.


Noto su presión sobre mi cintura, al igual que la presión por tener que solucionar el problema de los Nerai. Una dulce, otra amarga. Comparto su preocupación, el deber nos llama pero el momento ha sido nuestro. Miro en la misma dirección, hacia la cocina y luego le devuelvo la mirada.


Aún frente a él y de rodillas le sujeto la cabeza con ambas manos y le doy un pequeño beso los labios y otro en la frente.


Le guiño un ojo y me incorporo, le tiendo la mano para ayudarle a levantarse. Rebusco por los armarios de la cocina y encuentro varias latas sin etiqueta. Escojo las tres que menos repelús dan, aunque cada una es diferente desde fuera todas me dan el mismo olor. Miro a Jonah con cara de incertidumbre, levanto los hombros a modo de pregunta.


Me río mientras me giro a encender los fuegos y coloco una cazuela que deja mucho que desear, ha vivido tiempos mejores, y este no es uno de ellos. Ya comiendo, y algo más seria, pregunto:


Doy otro par de cucharadas al potingue que había en la lata.


Una vez finalizado "el banquete" nos sentamos en el sofá. Estoy junto a él, medio de lado, con la cabeza descansando sobre la mano del brazo que tengo apoyado en el respaldo del sofá. Le miro fijamente estudiando de nuevo sus rasgos.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42
Jonah mastica despacio mientras te escucha explicar el plan. Al principio parece que está esperando el momento en que llegue la parte de entrar por una ventana, transformarse en una bestia enorme o arrancarle la cabeza a alguien, pero parece que no llega. Cuando terminas, deja la cuchara dentro de la lata y te mira con una expresión extraña.


La sonrisa aparece enseguida, antes de que puedas interpretar aquello como una crítica.


Señala hacia ti con la cuchara.


Jonah baja la cuchara, y por una vez no hay ironía en su rostro.


Hace una pequeña pausa.


Se encoge de hombros, como si lo que te cuenta hubiese sido que una señora se tropezó al subir al autobús.


La seriedad dura poco.


---

La Marga — Costa de Yucatán

📅 11 de julio de 2007, 14:18

El pueblo conocido como La Marga parece estar de celebración. En un lugar cercano, hay una decena de personas bailando, bebiendo y haciendo mucho ruido. Desde varias calles antes podéis escuchar la música. Uno de los restaurantes cercanos a la costa parece haber absorbido a medio pueblo. Es un edificio ancho, de madera castigada por la sal, con una terraza cubierta por planchas onduladas y tiras de bombillas colgadas entre postes. Sobre las mesas quedan platos con espinas de pescado, botellas de cerveza, vasos de plástico y restos de una celebración cuyo motivo resulta imposible de adivinar.

Tampoco parece importarle a nadie. Hay hombres bailando con mujeres, mujeres bailando entre ellas, un anciano dormido sobre una mesa y varios niños corriendo entre las sillas mientras los adultos empiezan a alcanzar ese punto de embriaguez en el que todo el mundo parece ser amigo de todo el mundo. El aparcamiento improvisado junto al restaurante está repleto.

Pick-ups, sedanes, dos furgonetas, un todoterreno que parece haber sobrevivido a varias guerras y una colección de coches castigados por el sol, la humedad y demasiados kilómetros. Para ti, son todos iguales. Trozos de metal con ruedas, pero para Jonah son como chucherías en un buffet de comida. Se le ve que quiere elegir. Jonah contempla aquello durante unos segundos.


Señala discretamente un sedán gris aparcado entre dos camionetas. Nada llamativo. Nada que alguien vaya a reconocer a cien metros entre otros veinte coches similares. Cuando le preguntas cómo piensa arrancarlo sin llaves, Jonah mueve la cabeza.


No lo está. Jonah espera a que un grupo pase junto a vosotros cargando una nevera portátil. Después se acerca al coche, comprueba la puerta y manipula el cierre con movimientos rápidos, pequeños, cubiertos por su propio cuerpo. Un clic y se abre. Se sienta al volante y te hace una señal para que entres. Cuando cierras la puerta, Jonah apoya ambas manos alrededor de la columna de dirección. No toca ningún cable ni fuerza el contacto. Qué diablos, no tienes ni la más remota idea de lo que se debe hacer para robar un coche, pero él simplemente se concentra.

Durante un instante puedes sentirlo. No se parece a lo que ocurrió cuando retrocedió aquellos segundos para impedir que Himitsu fuese atravesada. Entonces el aire pareció doblarse alrededor de él y su cuerpo pagó inmediatamente el precio. Ahora existe una pequeña vibración, casi imperceptible. Notas que está haciendo algo con el entorno espiritual alrededor de vosotros, pero no sabrías decir qué.

El motor da una sacudida, da otra. Parece que se va a ahogar, pero de pronto vuelve a rugir. No arranca, ya estaba arrancado. O, al menos, el motor acaba de regresar al momento en que lo estaba. Jonah sonríe.


Mete primera. No tiene sangre en la nariz y no tiembla. Su respiración sigue completamente normal. La diferencia con el uso anterior de su magia es evidente.


Saca el coche del aparcamiento con toda la tranquilidad del mundo, y nadie os presta atención.


Mira el indicador.


---

El trayecto hacia Sisal consume algo más de una hora. La carretera atraviesa kilómetros de Yucatán bajo un sol que aplasta los colores. La vegetación baja se acumula a ambos lados del asfalto, interrumpida por caminos de tierra, postes eléctricos inclinados y pequeños cruces que parecen conducir hacia lugares donde no vive nadie.

Cuanto más avanzáis hacia la costa norte, más cambia el paisaje. El agua vuelve a aparecer: primero como destellos entre árboles, después como extensiones someras al otro lado de la carretera. Sisal surge al final del recorrido como una localidad costera que alguna vez debió parecer tranquila y todavía conserva algo hermoso. Casas bajas, fachadas pintadas en colores claros, apagados por el sol. Palmeras inclinadas hacia el mar, barcas de pesca descansando donde la arena se encuentra con las primeras calles. Te recuerda a aquella zona en Los Ángeles, Hollow Beach, dónde ocurrió el incidente con los Rokea.

Rokea. Los hombres tiburón. ¿Qué habrá pasado con ellos? ¿Seguirán allí? Sin embargo, estás ahora en el presente, en una zona que desconoces. Junto a tu lado está Jonah, que parece encantado de sí mismo y de mostrarte sus capacidades. ¿Tendrá razón Himitsu? Sin embargo, el mundo que conoces siempre parece haber llegado unos años tarde al mantenimiento. Hay pintura arrancada por la humedad. Persianas oxidadas, muros con grietas negras, redes acumuladas junto a edificios que llevan demasiado tiempo cerrados. Algunos perros descansan bajo coches abandonados y observan vuestro paso sin levantarse.

Los carteles de tráfico están torcidos o cubiertos de pegatinas viejas. La mar, al fondo, es demasiado azul para un lugar que parece haberse acostumbrado a deteriorarse. Jonah conduce sin decir demasiado, ha cambiado su actitud en cuanto habéis entrado aquí. Cuando dejáis atrás las últimas calles, el asfalto empeora. El camino que habéis seguido termina junto a lo que en algún momento debió ser un pequeño mirador sobre los humedales y ahora quedan una barandilla oxidada, dos bancos de hormigón partidos y un cartel informativo tumbado entre la vegetación. Alguien ha pintado encima de las indicaciones con aerosol negro un enorme y suntuoso falo, con todos los detalles posibles. Humor de hombres, piensas. Otro cartel permanece en pie solamente porque una de sus esquinas se apoya contra un poste.

Jonah apaga el motor, de nuevo, haciendo algo con el entorno espiritual de vuestro alrededor. No tiene la llave, dice, pero no entiendes qué significa eso.


Golpea dos veces el salpicadero.


Te mira y sonríe de medio lado.


---

El Estero Ciego

El camino desaparece muy rápido. No existe una frontera clara entre tierra y agua. El suelo simplemente empieza a hundirse bajo vuestros pasos hasta convertirse en una mezcla de barro oscuro, arena húmeda y charcos salobres que reflejan el cielo entre raíces. Los mangles crecen formando paredes naturales y sus raíces emergen del agua como dedos retorcidos, cruzándose unas sobre otras y creando pequeñas cavidades donde se esconden cangrejos diminutos. Algunas zonas están cubiertas por una película verde; otras tienen el color oscuro del té.

El aire apesta: huele a sal, barro caliente, vegetación húmeda y materia orgánica pudriéndose lentamente bajo el agua. Los insectos forman un zumbido constante alrededor de vosotros y más lejos se escuchan aves. Después dejan de escucharse, pero no sabrías señalar en qué momento exacto ocurre. Simplemente reparas en que lleváis demasiado rato oyendo únicamente vuestros propios pasos.

El Estero Ciego empieza a hacer honor a su nombre. Los canales se dividen y vuelven a encontrarse. Una lengua de tierra parece un camino hasta que termina abruptamente en agua. Los mangles impiden ver más allá de unos pocos metros y cada abertura entre los árboles parece idéntica a la anterior. Entonces encontráis algo que no debería estar allí: entre dos canales aparece una construcción elevada sobre pilotes. Parece un bar. O una discoteca. No lo distingues bien, no porque no lo veas, si no porque no sabes distinguir esos sitios. No has ido mucho a ellos, ¿verdad?

Una pasarela de madera comunica una pequeña isla embarrada con un edificio largo y estrecho levantado sobre el agua. Tiene una terraza frontal protegida por un tejado metálico, varias mesas vacías y una barra visible detrás de grandes ventanales abiertos, las tablas han perdido casi toda la pintura y sobre la fachada cuelga un letrero inclinado cuyo nombre ya no puede leerse.

Jonah se detiene, y comienza a caminar hacia ahí.


Entráis al sitio porque Jonah ha querido. Parece completamente abandonado, pero de repente, escucháis como una silla se arrastra. Alguien estaba allí. Un hombre aparece tras la barra y sale tranquilamente hacia la terraza. Tiene unos cuarenta y tantos años, aunque hay algo en su manera de observaros que resulta más viejo que su rostro. No lleva ningún arma visible y tampoco parece especialmente impresionado por vuestra llegada.

Se apoya contra la barra. Te mira primero a ti y luego a Jonah, a pesar de que éste va por delante de ti.


Su español tiene un deje mexicano claro, natural. Mira hacia el sendero por el que habéis llegado y niega despacio con la cabeza.


Una sonrisa rápida cruza su rostro. Abre una mano hacia el interior del local.


Se aparta de la barra, y levanta parte de la madera para salir y acercarse a vosotros.


Le ofrece la mano a Jonah, y éste se la da con una cara de extrañeza MUY evidente. Con dos dedos señala las botellas alineadas detrás de la barra.


Su sonrisa se ensancha apenas.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 21 de Ago 2026, 18:18:53
Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42
Jonah baja la cuchara, y por una vez no hay ironía en su rostro.



Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42


Sonrío encogiéndome de hombros, pero el recuerdo hace ensombrecer un poco mi rostro. Miro durante unos instantes las cicatrices, doy un suspiro y continúo escuchando la historia de la misión de Jonah y Ajax.

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42


Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42La seriedad dura poco.



Me río a carcajadas. Entre lágrimas digo:




La Marga — Costa de Yucatán

📅 11 de julio de 2007, 14:18

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42El motor da una sacudida, da otra. Parece que se va a ahogar, pero de pronto vuelve a rugir. No arranca, ya estaba arrancado. O, al menos, el motor acaba de regresar al momento en que lo estaba. Jonah sonríe.



Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42Mete primera. No tiene sangre en la nariz y no tiembla. Su respiración sigue completamente normal. La diferencia con el uso anterior de su magia es evidente.



No obstante me preocupo, no le quito el ojo de encima y le pregunto varias veces si se encuentra bien. Tras un rato después, en el que no he visto ninguna consecuencia como la primera vez que rebobinó, comienzo a tranquilizarme y aceptar que rebobinar objetos es más fácil que personas.

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42
Te mira y sonríe de medio lado.




Digo sonriente mientas le doy un par de golpecitos a mi riñonera. Al poco me pongo un poco más seria.




Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42El camino desaparece muy rápido. No existe una frontera clara entre tierra y agua. El suelo simplemente empieza a hundirse bajo vuestros pasos hasta convertirse en una mezcla de barro oscuro, arena húmeda y charcos salobres que reflejan el cielo entre raíces.


Cuando el barro amenaza con embadurnarlo todo me arremango los pantalones un par de vueltas. Con las zapatillas va a ser más complicado por lo que voy pisando con cuidado para no hundirme, no me importa que se manchen mucho.

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42
Entráis al sitio porque Jonah ha querido.


En principio parezco un poco reticente a entrar en un lugar así, no inspira mucha confianza, pero como Jonah sí parece tenerla le sigo unos pasos por detrás.

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42Parece completamente abandonado, pero de repente, escucháis como una silla se arrastra. Alguien estaba allí. Un hombre aparece tras la barra y sale tranquilamente hacia la terraza. Tiene unos cuarenta y tantos años, aunque hay algo en su manera de observaros que resulta más viejo que su rostro. No lleva ningún arma visible y tampoco parece especialmente impresionado por vuestra llegada.



Digo con tono de fastidio y en un susurro a Jonah.

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42Le ofrece la mano a Jonah, y éste se la da con una cara de extrañeza MUY evidente. Con dos dedos señala las botellas alineadas detrás de la barra.


Lo disimulo, pero me parece extraño que sea a mi a quién mire primero pero sea solo a Jonah a quién le da la mano. No creo que sea algo deliberado. ¿Me tiene miedo? ¿No quiere tocarme? Ya veremos cómo se desarrollan los acontecimientos.

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42
Su sonrisa se ensancha apenas.




Me acerco a un poste que sujeta el tejadillo del poste. Me coloco de medio lado: no le doy la espalda Leandro pero tampoco quiero dejar la retaguardia sin poder mirar de reojo.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 22 de Ago 2026, 17:40:36
Jonah deja de masticar cuando señalas las cicatrices de tus muñecas. Durante un instante te mira las manos y después levanta la vista hacia ti, sorprendido de verdad.


La expresión divertida con la que estaba contando la historia de Ajax desaparece un poco. Se inclina hacia delante, apoyando los antebrazos sobre la mesa.


Sus ojos vuelven un momento hacia las cicatrices antes de regresar a los tuyos.


La frase le sale sin demasiada preparación. Sonríe después, algo más pequeño de lo habitual.




La Poza del Tío Bill — Estero Ciego

Leandro no pierde la sonrisa cuando respondes que no bebéis, y la mantiene incluso mientras sus ojos se desplazan fugazmente hacia Jonah. Jonah abre ligeramente la boca, parece dispuesto a puntualizar algo, pero termina cerrándola. Te mira de reojo con una expresión que viene a decir que, por lo visto, ahora no bebe. Leandro asiente despacio.


Se vuelve hacia la barra y durante apenas unos segundos podéis verle de espaldas mientras busca una botella entre las demás. El cristal golpea ligeramente contra otro. Sus manos no tiemblan, pero tarda demasiado en escoger. Sirve una cantidad generosa de mezcal en un vaso bajo y se lo lleva a los labios. No es un sorbo pequeño de anfitrión educado. Se bebe casi la mitad de una vez y deja el vaso sobre la madera con más fuerza de la necesaria.

Cuando vuelve hacia vosotros, la sonrisa sigue ahí. Mira primero a Jonah y después a ti.


Hace un pequeño gesto con ambas manos, tranquilo, sin acercarse.


Jonah arquea una ceja, pero no dice nada. Leandro recoge otra vez el vaso. Esta vez solamente moja los labios antes de apoyarse contra la barra y escuchar tu explicación. Cuando mencionas la verdad, su sonrisa cambia, no desaparece.


Mira el mezcal unos segundos, haciéndolo girar dentro del vaso.


Levanta el vaso ligeramente hacia vosotros.


Da otro trago, esta vez más pequeño.


Durante unos segundos sólo se escucha el ventilador sobre vuestras cabezas y el zumbido constante de los insectos más allá de la pasarela. Leandro deja el vaso, y entonces os mira con bastante más atención.


Señala hacia vosotros con dos dedos.


Lo pronuncia sin desprecio, con afecto y familiaridad.


Después mira a Jonah.


Jonah frunce el ceño.


Leandro sonríe un poco más y el vaso vuelve a su mano.


Jonah cierra la boca. Por primera vez desde que habéis entrado, Leandro parece disfrutar realmente de algo, pero dura poco. Sus dedos vuelven a apretar el vaso.


Se aparta ligeramente de la barra y deja espacio alrededor, como intentando demostrar que no pretende encerraros ni bloquear la salida.


Mira hacia el exterior del local, hacia los mangles. Hacia el agua estancada y con olor a sal que impregna todo el lugar. Después, con parsimonia, vuelve a miraros a vosotros.


Por primera vez su sonrisa desaparece del todo.


El ventilador completa otra vuelta lenta sobre su cabeza.


El ruido del exterior parece detenerse durante un instante.


Leandro recupera el vaso, lo observa, se bebe lo que queda del líquido dorado y os observa. Espera.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 23 de Ago 2026, 01:38:07
Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 17:40:36Durante unos segundos sólo se escucha el ventilador sobre vuestras cabezas y el zumbido constante de los insectos más allá de la pasarela. Leandro deja el vaso, y entonces os mira con bastante más atención.



Insectos, maravilloso. Antes se dejaron de oír y ahora han vuelto. ¿O alguien ha silenciado la zona? Sea lo que sea, no me gustan los insectos.

Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 17:40:36


Asiento con la cabeza.


Me apoyo en el pilar y me cruzo de brazos.

Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 17:40:36Leandro recupera el vaso, lo observa, se bebe lo que queda del líquido dorado y os observa. Espera.



Dejo que hable de seguido y no le interrumpo.


Hago una pequeña pausa y pongo cara de circunstancia.


Me acerco a Leandro pero sigo manteniendo las distancias.


Miro a Leandro de arriba a abajo.


He comenzado a enfadarme un poco al recordar cómo me trató Neiatta. Sin embargo, tomo aire y me tranquilizo.


Hablo un poco más bajo, como cansada de la situación y sintiéndome culpable por dejar allí a Himitsu.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 25 de Ago 2026, 19:35:59
Leandro te escucha con una atención que hasta ahora no había mostrado. Cuando mencionas que Himitsu está retenida en Aguas Sagradas, sus dedos dejan de jugar con el vaso. Y cuando pronuncias el nombre de Neiatta, algo cambia detrás de la barra. Escucháis un golpe seco, que no es demasiado fuerte, como la madera chocando contra la madera. Leandro cierra los ojos durante un instante, pero no parece sorprendido. Parece resignado.


La voz atraviesa el local desde una puerta lateral que hasta entonces habías confundido con parte de la pared.


Leandro deja caer la cabeza y suspira.


La puerta se abre de golpe. El hombre que aparece al otro lado no tiene el aspecto que esperabas encontrar en el líder de una comunidad oculta. Es fibroso, de hombros secos y brazos marcados, con una edad difícil de calcular. Podría rondar los cuarenta, pero se mueve con demasiada energía para parecer cansado. Hay algo extraño en él: la cara pertenece a un hombre maduro mientras el cuerpo parece incapaz de permanecer quieto. Sale de la habitación caminando demasiado deprisa.


Leandro levanta una mano.


El tipo pega un puñetazo en la barra. Jonah observa la situación flipando en colores y da dos pasos hacia atrás. Sus dedos empiezan a colocarse en una posición que sugiere «rebobinar», pero se mantiene firme.


Ahora sí te mira: primero a los ojos. Después recorre rápidamente tu aspecto, como intentando decidir qué eres, cuánto sabes y cuánto peligro representas. Apenas tarda un segundo antes de volver a caminar. Da una vuelta alrededor de una de las mesas.


Leandro intenta intervenir.


Nicanor golpea con la palma el respaldo de una silla, que hacia delante y queda atravesada sobre las tablas. No mira siquiera lo que acaba de hacer.


El silencio posterior dura apenas un instante, mientras Nicanor toma aire. Se frota la cara con ambas manos y vuelve a mirarte. La rabia sigue ahí, pero ahora está intentando meterla dentro de algún sitio donde no estorbe. No parece conseguirlo del todo.


La palabra sale rápida, casi arrancada. Señala hacia Leandro sin mirarlo.


Leandro se vuelve a servir un vaso de mezcal. Está con la mano derecha apoyado sobre la barra, de lado.


El bruto que está frente a ti se gira hacia él y gruñe.


Leandro alza el vaso vacío hacia él.


Nicanor vuelve a centrarse en ti. Se acerca lo suficiente como para que quede claro que las distancias personales no parecen preocuparle demasiado.


La mandíbula se le mueve mientras espera la respuesta, pero apenas pasan dos segundos antes de que otra idea le atraviese la cabeza.


Da dos pasos hacia un lado. Vuelve. Se percata de que, detrás de ti, está Jonah.


Aprieta los dientes. Leandro deja el vaso sobre la barra con mucho cuidado.


El hombre se vuelve hacia él con una velocidad brusca.


Leandro sostiene su mirada, pero no dice nada. Pasan un par de segundos. Y Nicanor vuelve a tomar aire por la nariz y se gira de nuevo hacia ti.


Esta vez lo dice más despacio.


Señala hacia ti.


Por primera vez desde que ha aparecido deja de caminar. Jonah traga saliva, no parece estar muy cómodo en esta situación. El Licenciado suspira y deja caer sus codos sobre la barra de madera. Parece lamentarse, pero no sabes muy bien si por su existencia o por su relación con... este tipo.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 26 de Ago 2026, 18:09:43
Cita de: Maurick en 25 de Ago 2026, 19:35:59La puerta se abre de golpe. El hombre que aparece al otro lado no tiene el aspecto que esperabas encontrar en el líder de una comunidad oculta. Es fibroso, de hombros secos y brazos marcados, con una edad difícil de calcular. Podría rondar los cuarenta, pero se mueve con demasiada energía para parecer cansado. Hay algo extraño en él: la cara pertenece a un hombre maduro mientras el cuerpo parece incapaz de permanecer quieto. Sale de la habitación caminando demasiado deprisa.


Me sorprendo por la aparición de ese tipo. Intuía que lo conocería, pero no tan pronto y no aquí. Me incorporo y despacio reduzco la distancia que hay entre Jonah y yo. Ya no vigilo nuestra retaguardia, pues este señor llama ahora toda mi atención.

Cita de: Maurick en 25 de Ago 2026, 19:35:59El tipo pega un puñetazo en la barra. Jonah observa la situación flipando en colores y da dos pasos hacia atrás. Sus dedos empiezan a colocarse en una posición que sugiere «rebobinar», pero se mantiene firme.


Yo también flipo un poco. Neiatta y Nicanor: una es la representación personificada de la soberbia y el otro de la ira. No sé cuál es el mejor de los dos... Ya no estoy tan segura de que el plan de "hablemos con el otro bando" vaya a ser buena idea.

De reojo veo que Jonah comienza a prepararse para lo que pueda ocurrir. Acerco mi mano lentamente y de forma sutil le sujeto su mano haciendo un poco de presión, solo durante unos dos o tres segundos, lo suficiente para que solo él se de cuenta.

Tranquilo...

Es lo que le diría. Cómo echo de menos el chat mental en estas ocasiones, maldita sea.

Cita de: Maurick en 25 de Ago 2026, 19:35:59Leandro intenta intervenir.



Yo lo preferiría, parece el más razonable de los dos.

Cita de: Maurick en 25 de Ago 2026, 19:35:59


Digo lo más tranquila que pueda parecer.

Cita de: Maurick en 25 de Ago 2026, 19:35:59
Señala hacia ti.



Me ha preguntado tantas cosas de las que luego ha dicho que prefiere saber antes otras que ya no me queda claro qué información quiere primero y cuál no, y como yo no soy una de ellas contestaré a lo último que me ha preguntado.



Miro a Leandro al esa última parte. Vuelvo a mirar a Nicanor.


Espero a que Leandro o Nicanor me den algún tipo de confianza para seguir con la conversación.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 27 de Ago 2026, 23:52:22
Nicanor te escucha hasta el final. Cuando mencionas de nuevo a Neiatta, la mandíbula se le tensa, pero esta vez no explota. Mira a Leandro y después a Jonah. Finalmente vuelve a ti.


Leandro arquea ligeramente una ceja. Nicanor hace un gesto hacia el exterior, hacia los mangles y el agua oscura que se extiende detrás de la Poza.


Se encoge de hombros.


Leandro deja lentamente el vaso sobre la barra. Nicanor ya está caminando hacia la pasarela.


Se detiene y gira la cabeza hacia ti.


Una sonrisa seca le cruza el rostro.


Jonah se te queda mirando. Parece que está esperando que grites «¡Cancún!» o algo así. Nicanor se dirige al interior del marjal, por la misma puerta lateral por la que ha entrado. Allí puedes ver una pasarela que se interna en un lugar lleno de niebla, mangles y humedad.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 28 de Ago 2026, 13:52:07
Cita de: Maurick en 27 de Ago 2026, 23:52:22Se detiene y gira la cabeza hacia ti.


Una sonrisa seca le cruza el rostro.


Jonah se te queda mirando. Parece que está esperando que grites «¡Cancún!» o algo así. Nicanor se dirige al interior del marjal, por la misma puerta lateral por la que ha entrado. Allí puedes ver una pasarela que se interna en un lugar lleno de niebla, mangles y humedad.

Solo los insectos del exterior viven despreocupados y ajenos a lo que ocurre dentro de este lugar.  Arqueo una ceja ya que el ofrecimiento de Nicanor me pilla desprevenida. Dudo durante unos segundos pero sopeso las posibilidades de que este tipo, aún siendo la representación de la ira, sea más fácil de sobrellevar que Neiatta.

Miro a Leandro cuando Nicanor sale al exterior, su rostro es la imagen del alivio y vuelve a tener la misma expresión que antes de la aparición de su líder. Levanta su copa hacia mi a modo de brindis y de un trago se acaba lo que sea que estaba tomando.

Veo la expresión de Jonah pero le dedico una  sonrisa de medio lado transmitiéndole tranquilidad. Le hago un gesto con la cabeza en dirección a la puerta abierta y me dirijo hacia allí.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02
Cuando el violento tipo que ha entrado de repente sale por una de las puertas, notáis que todo se abre un poco más. Nicanor camina por delante sin comprobar si le seguís, mientras Leandro sale detrás de vosotros con el vaso todavía en la mano y Jonah ocupa la última posición, mirando a ambos lados mientras se ajusta las gafas. La niebla empieza unos metros más adelante. No parece una bruma normal, porque se acumula sobre las aguas bajas, espesa entre las raíces de los mangles, formando paredes blancas que se abren cuando os aproximáis y vuelven a cerrarse a vuestra espalda. Por momentos casi no podéis distinguir a Nicanor a diez metros. Jonah mete una mano entre la neblina, como intentando comprobar su consistencia.


Nicanor ni siquiera se gira.


La pasarela termina en una plataforma irregular construida sobre pilotes. Desde allí nacen varias ramificaciones de tablones que se internan entre pequeñas islas de barro, bancos de arena y extensiones de agua que apenas alcanzan las rodillas. Poco a poco empiezas a comprender que la niebla no está ocultando un único edificio: está ocultando un pueblo. Las primeras viviendas aparecen como sombras y chozas de madera levantadas sobre el agua. Restos de embarcaciones transformados en paredes, con techos de chapa, lonas tensadas entre postes y plataformas construidas alrededor de raíces demasiado grandes para retirarlas. Algunas estructuras son tan pequeñas que apenas parecen dormitorios; otras se han unido entre sí mediante puentes estrechos formando pequeñas agrupaciones.

No hay orden aparente hasta que observas durante unos segundos, entonces empiezas a verlo. Canales despejados, pasos elevados. Zonas donde se almacenan redes y criaderos protegidos por cercados de madera. Depósitos de agua, herramientas, anzuelos y grandes recipientes donde varios hombres limpian pescado. Hay Nerai por todas partes, muchos más de los que esperabas.

La mayoría son varones, que trabajan en silencio o hablando entre ellos hasta que alguien repara en vuestra presencia. El cambio se extiende rápidamente. Un joven que arrastra una red deja de hacerlo. Dos hombres sentados sobre una plataforma dejan de reparar un motor fuera borda. Otro emerge del agua hasta la cintura y se queda mirándote con una expresión de absoluto desconcierto. Un niño señala hacia Jonah, con expresión divertida. Su rostro es una mezcla de escamas y protuberancias quitinosas. Y el adulto que está con él le baja rápidamente la mano. Jonah mira sus propias gafas.


Jonah se acerca a él, y el chaval se pone detrás del adulto. Éste levanta la mano y hace un gesto a Jonah, pero éste se quita las gafas y se las ofrece. El chavalín pasa a tener los ojos iluminados cuando las agarra por las patillas y se las pone. El adulto no sabe muy bien como reaccionar, pero Jonah se pone las manos en la cara imitando unas gafas y sonríe. Nicanor continúa avanzando, pero ahora parece disfrutar un poco de las reacciones.

Varias miradas se quedan clavadas especialmente en ti: no son abiertamente hostiles. Son largas, curiosas e incómodas. Alguno incluso se aparta ligeramente cuando pasas. Leandro se aproxima un poco más, incapaz de mantenerse callado demasiado tiempo.


Nicanor levanta un dedo sin dejar de caminar.


Leandro se calla al instante, pero el silencio no dura ni dos segundos.


Nicanor resopla, resignado. La pasarela desciende hasta desaparecer bajo unos centímetros de agua tibia. Él atraviesa la zona sin detenerse mientras sus botas levantan pequeñas nubes de barro que tardan en volver a asentarse.

(https://naufragio-heavensgate.duckdns.org/img/gallery/Localizaciones/La_Sal_Parda.webp)


Extiende un brazo. No lo hace como quien presenta una posesión, lo hace con un orgullo mucho más sencillo.


Una figura corpulenta pasa al otro lado de la niebla. Por un instante sólo distingues una espalda cubierta de placas oscuras y una cola gruesa desapareciendo detrás de una de las viviendas. No parece Nerai, pero Nicanor ha visto que lo miras.


Se vuelve hacia ti mientras sigue andando de espaldas durante unos pasos.


Vuelve a darse la vuelta. Más adelante, un par de Nerai apartan unas cajas para dejaros pasar. Uno de ellos saluda a Nicanor con un movimiento breve de cabeza. El Rompemareas responde igual.


Da una patada suave a una tabla mal colocada para devolverla a su sitio.


La niebla vuelve a abrirse. Durante unos segundos aparece ante vosotros una extensión mayor de la colonia: varias plataformas conectadas, hombres trabajando en el agua, pequeños fuegos protegidos de la humedad y más viviendas perdiéndose entre el blanco. Nicanor señala hacia ninguna parte concreta.


Se encoge de hombros.


Leandro aparece a su lado, sorteando una tabla levantada.


Nicanor se detiene en seco. Se da la vuelta. La expresión cambia tan deprisa que Leandro deja la frase sin terminar.


Leandro abre las manos.


Nicanor da un paso hacia él, pero sin levantar la voz.


Leandro cierra la boca, al mismo tiempo que Nicanor permanece mirándolo un instante más. Después vuelve hacia vosotros y continúa andando. La tensión parece quedar atrás junto con la niebla, pero no desaparece del todo. Pasáis junto a otra vivienda. Dos hombres dejan de hablar al veros y uno te observa durante demasiado tiempo antes de bajar los ojos. Nicanor se da cuenta y no dice nada. Después de un rato, llegáis a una plataforma que parece el centro de este lugar. Frente a vosotros se levanta una casa más grande, que parece tener dos pisos. Está hecha de madera, y parece tan frágil y resistente como todo lo que habéis visto en esta comunidad. Sin embargo, el ambiente es muy distinto al que viste en Aguas Sagradas: aquí no hay miedo.


Leandro permanece varios metros atrás, mientras habla en una lengua que no entendéis con otros Nerai. Nicanor mira hacia las casas ocultas entre la niebla.


Sus dedos se cierran alrededor de uno de los postes de la pasarela.


Más allá, algo pesado entra en el agua, y Nicanor gira finalmente la cabeza hacia ti.


Leandro se acerca a él, pero pega un pisotón al suelo.


Nicanor le echa una mirada llena de furia. Pero quizá Leandro es una persona más coherente, y quizá es hora de tomar una decisión.

¿Qué haces, Brisa del Sur?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 02 de Sep 2026, 22:36:48
Salgo del local siguiendo a Nicanor y piso por donde va pisando él cuando la niebla comienza a aparecer.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02La niebla empieza unos metros más adelante. No parece una bruma normal, porque se acumula sobre las aguas bajas, espesa entre las raíces de los mangles, formando paredes blancas que se abren cuando os aproximáis y vuelven a cerrarse a vuestra espalda. Jonah mete una mano entre la neblina, como intentando comprobar su consistencia.




Yo también extiendo la mano para poder tocarla, me suscita mucha curiosidad saber cómo funciona.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02No hay orden aparente hasta que observas durante unos segundos, entonces empiezas a verlo. Canales despejados, pasos elevados. Zonas donde se almacenan redes y criaderos protegidos por cercados de madera. Depósitos de agua, herramientas, anzuelos y grandes recipientes donde varios hombres limpian pescado.


Observo la estructura de la pequeña ciudad que han construido. Se nota que el asentamiento lleva ya un tiempo aquí y que ha comenzado a funcionar por sí sola. Pero caigo en la cuenta de algo curioso: me extraña que estén en la superficie y no bajo el agua, como Aguas Sagradas.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02La mayoría son varones, que trabajan en silencio o hablando entre ellos hasta que alguien repara en vuestra presencia. El cambio se extiende rápidamente.


Parece que mis sospechas comienzan a tener fundamento. Prácticamente solo hay hombres y son los únicos que se quedan mirando. Yo también les miro.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02
Jonah se acerca a él, y el chaval se pone detrás del adulto. Éste levanta la mano y hace un gesto a Jonah, pero éste se quita las gafas y se las ofrece. El chavalín pasa a tener los ojos iluminados cuando las agarra por las patillas y se las pone. El adulto no sabe muy bien como reaccionar, pero Jonah se pone las manos en la cara imitando unas gafas y sonríe.




Es un gesto muy bonito y la cara de felicidad del pequeño no tiene precio. Observo la escena con una sonrisa tonta en la cara y me cala un poco en el corazón. "Mierda, esto no entraba en mis planes"... pero hace tanto que no lo siento que dejo que fluya por esta vez.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02Varias miradas se quedan clavadas especialmente en ti: no son abiertamente hostiles. Son largas, curiosas e incómodas. Alguno incluso se aparta ligeramente cuando pasas.


"¿Qué les pasa? ¿Es que nunca han visto a alguien con los pantalones un poco arremangados para no mancharlos? ¿O es que acaso me miran porque soy mujer?" pienso cuando las miradas comienzan a ser algo incómodas.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02

"MEMORIA", otra vez esa palabra. Con Salomé me pasó inadvertida, otra palabra más perdida en la conversación, pero ahora salta como un resorte. ¿A qué se referirán? Y que Nicanor le haya hecho callar llama más mi curiosidad.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02Leandro se calla al instante, pero el silencio no dura ni dos segundos.




Arqueo una ceja extrañada. No sé si tomármelo como un cumplido o como algo discriminatorio. No espero respuesta por lo que la pregunta es más como un autocomentario que lanzo al aire en voz no muy alta, ni si quiera me doy cuenta de que lo he dicho en voz alta.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02Más allá, algo pesado entra en el agua, y Nicanor gira finalmente la cabeza hacia ti.


Leandro se acerca a él, pero pega un pisotón al suelo.


Nicanor le echa una mirada llena de furia. Pero quizá Leandro es una persona más coherente, y quizá es hora de tomar una decisión.


No digo nada durante "el gran discurso sube ego" de Nicanor. Escucho paciente, ya que eso es lo que hemos venido a hacer. Cuando al final se altera y, en un alarde de hombría, me reta a matarle suelto una risilla y ladeo la cabeza de un lado a modo de negación. Doy unos pasos para acercarme a Nicanor, decidida. Atrevida. Apenas miro a Leandro unos segundos cuando interviene pero mi mirada vuelve a fijarse en el "Rompemareas". Me quedo tan cerca de él que apenas nuestras caras se separan unos centímetros.


Cierro los ojos e inspiro su aroma para aprenderlo. Lo más seguro es que esté transgrediendo mucho su espacio personal socialmente aceptado, pero quiero ponerle nervioso, o al menos algo nervioso. Comprobar si es odio o temor a las mujeres o simplemente coincidencia. Vuelvo a abrir los ojos y clavo mi mirada en la suya.


Dejo un breve espacio para el silencio. Sonrío de medio lado, me aparto dando un par de pasos hacia atrás sin dejar de mirarle y me apoyo en una balaustrada improvisada de la pasarela para observar Sal Parda.


Me giro hacia Nicanor, apoyada con los brazos hacia atrás y agarrada a la balaustrada.



Cojo aire para continuar pero me freno durante un instante. Miro a Jonah preocupada, no sé cómo se tomará lo que voy a decir a continuación, pero busco comprensión en sus ojos. Trato de no hacer mucho caso al nudo que se me acaba de formar en el estómago. Vuelvo a mirar a mi interlocutor. Ya no estoy apoyada contra la balaustrada, me he incorporado.


Me incorporo y camino para quedarme cerca de Jonah.


Miro también a Leandro al hacer esa última pregunta, ya que parece ser su mano derecha y el más sensato de los dos.



Menciono a los Rokea y Salmyra tratando de tocar alguna fibra sensible, como pasó con Salomé. O puede que no pase nada y que solo ella recuerde todo eso, La verdad es que nunca adivinaría cuantos años tiene esa mujer.




Por si no se ha notado, no digo nuestros nombres, ya que no nos lo han preguntado. Soy un poco reservada con ese tema, aunque Jonah ha dicho parte del mío por encima.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15
Nicanor no retrocede cuando te acercas, pero la tensión está ahí. Hace unos segundos parecía dispuesto a convertir cualquier palabra en un desafío, pero ahora se queda rígido, con los hombros altos y la mandíbula encajada. Su mirada aguanta la tuya durante un instante antes de desviarse hacia un lado (no es necesario que tires por Duelo de Miradas). Arruga ligeramente la nariz. Parece que va a titubear, pero en seguida para, respira, piensa lo que va a decir y te responde.


Rompe por sí mismo la cercanía, girándose hacia las casas medio ocultas entre la niebla.


Cuando hablas de las nuevas camadas, la respuesta no llega tan deprisa. Nicanor mira hacia una de las pasarelas inferiores. Allí, el muchacho que antes llevaba las gafas de Jonah permanece junto al adulto, observando la discusión desde lejos. El Rompemareas aprieta los dientes.


Lo dice casi entre dientes, sin que se escuche. Sin embargo, parece que todos los presentes saben de lo que habla. De lo que hablas.


A vuestro alrededor algunos Nerai han dejado de fingir que no escuchan, y Nicanor también se da cuenta. Sus ojos recorren brevemente las plataformas, los embarcaderos, las viviendas perdidas entre la bruma. Gente que trabaja y vive allí. Y gente que está mirándole. Durante unos segundos parece que va a decir algo más, pero no lo hace.


Se da media vuelta.


Se marcha por una de las pasarelas laterales, gruñendo algo imposible de entender. Nadie intenta detenerlo. Leandro espera hasta que la silueta de Nicanor se pierde entre la niebla, y entonces expulsa lentamente el aire.


Se acomoda junto a la balaustrada, apoyando ambas manos sobre la madera húmeda.


Una pequeña sonrisa cansada aparece en su rostro.


Hace una pausa antes de continuar.


Te estudia con más curiosidad que antes.


Leandro se gira hacia ti.


Sus dedos tamborilean una vez sobre la madera.


Jonah sigue a tu lado. Ha seguido a tu lado todo el tiempo. Sin embargo, desde que has pronunciado aquellas cuatro palabras parece estar escuchando la conversación de una forma distinta.

Yo también soy madre.

No ha dicho nada, ni siquiera cuando Nicanor se ha marchado. El niño de antes se acerca con cierta cautela mientras Leandro habla. Lleva las gafas sujetas por ambas patillas y se las ofrece a Jonah. El hechicero tarda un segundo en darse cuenta. Las recoge, le dedica una pequeña sonrisa y se las coloca otra vez. Pero sus ojos regresan enseguida hacia ti.

Leandro termina su pregunta, y Jonah aguanta todavía un instante.


Ya no hay ninguna broma en la voz. Se acerca apenas medio paso, lo suficiente para hablar contigo sin dejar fuera a Leandro, pero bajando instintivamente el tono. Se pasa una mano por la nuca, y durante un momento parece buscar una forma mejor de decirlo y fracasa.


Él mismo frunce el ceño nada más escucharse.


Baja la mirada un instante y vuelve a buscar tus ojos. Leandro permanece en silencio, con cara de situación. Jonah también.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 08 de Sep 2026, 19:36:42
Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15
Se da media vuelta.


Se marcha por una de las pasarelas laterales, gruñendo algo imposible de entender. Nadie intenta detenerlo.




Veo cómo se aleja enfadado.


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Te estudia con más curiosidad que antes.



Asiento a la afirmación de querer hablar con su gente.


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Leandro se gira hacia ti.





Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Sus dedos tamborilean una vez sobre la madera.




Cuando Jonah me llama me giro hacia él sin terminar la frase. Hay algo en su tono de voz que duele. Me hubiera gustado tener esta conversación en otras circunstancias, no aquí y no ahora. Pero tenía que hacer ver a Nicanor que de verdad entiendo su postura, buscar ese puente al diálogo.

Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Ya no hay ninguna broma en la voz. Se acerca apenas medio paso, lo suficiente para hablar contigo sin dejar fuera a Leandro, pero bajando instintivamente el tono. Se pasa una mano por la nuca, y durante un momento parece buscar una forma mejor de decirlo y fracasa.



Esbozo una sonrisa un poco amarga, no sé si es un cumplido o algo malo. Me giro hacia él para prestarle toda mi atención.

Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Él mismo frunce el ceño nada más escucharse.


Baja la mirada un instante y vuelve a buscar tus ojos. Leandro permanece en silencio, con cara de situación. Jonah también.


No entiendo el comentario, no sé por qué lo dice, y esa duda se refleja en mi rostro.


Pongo mi mano suavemente sobre su brazo y no dejo de mirarle a los ojos. Vuelo a hablar en un tono de voz normal, para asegurarme de que los dos me oyen sin problema.


Tomo aire.


Me inclino un poco para mirar hacia la zona tras Jonah y me dirijo a Leandro con una sonrisa amable.


La verdad es que no espero a la aprobación de Leandro. Cojo a Jonah de las manos y hago un poco de fuerza hacia atrás para moverlo y que me siga. Suelto una de las manos pero con la otra sigo sosteniendo la de Jonah, si él quiere. Busco con la mirada un lugar un poco apartado y solitario y, no muy lejos de allí, veo dos cajas bastante grandes apiladas una sobre la otra y una tercera frente a estas. Tiene pinta de que están vacías y que llevan ahí demasiado tiempo olvidadas. Es el lugar perfecto.

Una vez junto a las cajas compruebo que son más altas de lo que parecían desde lejos ya que la que no tiene nada encima el borde me llega un poco más alta que mi cintura. Doy un pequeño salto y me siento cruzado las piernas, estilo yo (estilo indio). Dejo espacio a mi lado por si Jonah quiere sentarse.


Rebusco en mi riñonera y saco un mechón de pelo negro anudado con una cuerda de cuero. Lo sostengo en mis manos y se lo muestro. Lo vuelvo a guardar delicadamente.




*Nota al pie: solomelón = oxímoron.



 Continúo hablando.


Suspiro, en mi cara se dibuja una sonrisa agridulce. Hago una pausa.



Sonrío ante la loca idea de poder ser abuela y no saberlo.


Hablar de la muerte de Pluma sigue sin ser fácil, pero parece que la carga se ha aliviado un poco.

Permanezco un rato en silencio hasta que me percato de que me he quedado mirando sus manos. Me gustaría tanto poder cogerlas... Doy un respingo y le miro a los ojos. No sé si está molesto, preocupado, enfadado, tenso... Me gustaría tanto poder abrazarle... Se nota, pero quiero dejarle su espacio.

Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 13 de Sep 2026, 21:58:15
Tu intervención no sorprende a Leandro. De hecho, parece que te ha calado muy bien, aunque al principio conserve esa expresión suya de abogado que escucha buscando la grieta por la que meter una objeción. Sin embargo, cuando mencionas a Pluma del Viento, cuando explicas que ya elegiste una vez la obligación por encima de aquello que querías proteger y que no piensas cometer el mismo error, algo se relaja en su rostro.

Deja de preparar la siguiente pregunta, y te escucha. Cuando terminas y le pides unos minutos, el licenciado asiente despacio.


Mira hacia la pasarela por la que Nicanor ha desaparecido y después hacia las siluetas de las casas escondidas entre la niebla.


La sonrisa que aparece es breve y cansada.


Leandro parece pensárselo antes de añadir algo más.


Baja un poco la voz.


Una ligera mueca acompaña la frase, pero desaparece enseguida.


Golpea suavemente la madera con un dedo.


Levanta la mirada hacia ti, y por un instante parece que va a añadir algo, pero no lo hace.


Se separa de la balaustrada y levanta ambas manos con cierta teatralidad. Te sonríe, y se marcha por la pasarela sin mirar atrás. La niebla tarda poco en ocultarlo. De hecho, desde que se ha marchado Nicanor, la niebla parece haberse vuelto más densa y abundante.



Volvamos a la frase de Jonah. Esa frase que ha pronunciado de forma inocente, algo impertinente, y sincera. No ha apartado la mirada mientras hablabas con Leandro. Tampoco mientras explicabas por qué estás aquí. Lo único que ha cambiado es la expresión con la que te observa: no parece preocupado y mucho menos asustado. Parece sorprendido. Cuando tiras suavemente de su mano, te sigue sin decir nada. Camina contigo hasta las cajas apartadas y espera mientras te acomodas sobre una de ellas. Después se sienta a tu lado, algo torcido por la diferencia de altura, apoyando los pies contra la madera inferior.

Y te escucha. Sorprendentemente, el tipo que no se calla ni debajo del agua dedica un momento a escuchar todo lo que tienes que decir. Cuando sacas el mechón de pelo negro, baja los ojos hacia él. Su expresión pierde durante un instante toda esa insolencia que suele llevar pegada a la cara. Después mencionas que quizá seas abuela y una de sus cejas sube. La disonancia es muy evidente en él.


Le hablas de la muerte de Pluma, de los espíritus que dejaste cuidando de aquella manada. De todo aquello que existía antes de que él apareciese en tu vida. Y finalmente empiezas a explicarle que entenderás cualquier reacción que tenga, pero no llegas mucho más lejos. Jonah se inclina hacia ti y te abraza. Un brazo pasa alrededor de tu espalda y el otro te recoge contra su pecho, como si hubiera decidido que seguir sentado escuchándote justificar tu propia vida empieza a resultarle absurdo.


Permanece así unos segundos.


Se separa sólo lo suficiente para poder mirarte. Hay una sonrisa nerviosa en su rostro.


Se rasca ligeramente la nuca.


Niega despacio con la cabeza.


Esta vez la sonrisa dura algo más. Jonah mira hacia la niebla, hacia el lugar por donde ha desaparecido Leandro.


Frunce el ceño.


La sonrisa se vuelve algo más descarada. El lugar se ha quedado en silencio tras el «cocomelón» de Jonah, aunque el olor de la marisma sigue presente. Y escuchas de fondo ruidos de madera moviéndose, de martillos ajustando paneles de troncos y de comentarios en un dialecto que te recuerda al que hablaba Jules con su familia... ¿Qué vas a hacer?
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Denebia en 16 de Sep 2026, 11:50:22
Cita de: Maurick en 13 de Sep 2026, 21:58:15

Suelto una risilla y hago un leve gesto de negación con la cabeza. Ninguno de los dos sabe decir, o usar, bien esa palabra. Le doy un pequeño beso en la comisura de los labrios y, aunque me gusten sus abrazos, me separo de él. Me bajo de las cajas y miro a mi alrededor.



Digo con una sonrisa pícara.



Mi intención es preguntar/entrevistar a los Nerai que quieran o se dejen:
- Qué tal su vida allí y qué echan de menos de allí.
- Cómo de diferente es a la de ahora.
- Conocer si saben o no el motivo real de su partida.
- Saber si llegaron a conocer a Lydia y qué opinan de ella.
- Cómo les gustaría vivir.

También ir comentando con Jonah qué va opinando de lo que nos cuenten y con toda la información ir a hablar con Leandro, primero como habitante y luego como consejero de Nicanor.
Título: Re:Episodio 1 — Celestún
Publicado por: Maurick en 16 de Sep 2026, 17:11:12
Jonah te agarra de las caderas cuando le das un beso y te ayuda a bajar de las cajas con cuidado. Se recoloca las gafas con un dedo, mira hacia las pasarelas de madera y luego hacia ti.


Empieza a caminar a tu lado.


No parece tener ninguna intención de separarse demasiado. Las siguientes horas transcurren despacio:

La Sal Parda no tiene una plaza donde reunir a sus habitantes ni un lugar evidente donde sentarse a escuchar historias. La gente está trabajando. Reparando redes, arrastrando cubos de agua, limpiando pescado y verduras sobre tablas ennegrecidas, reforzando pilotes hundidos en el fango. El trabajo no se detiene para vosotros, aunque vuestra presencia provoca miradas y, al principio, respuestas breves.

Poco a poco cambia, cómo no. Es evidente, pero descubrís que hablar de Aguas Sagradas resulta más sencillo que hablar de Nicanor. Algunos han nacido allí.

Recuerdan la cueva como algo inmenso, húmedo y seguro. El agua protegía del mundo exterior, la temperatura apenas cambiaba y nadie necesitaba ocultar lo que era. Hablan de criaderos comunes, de comida repartida entre todos, de rincones donde dormían varias familias juntas y de largas noches en las que los más viejos contaban recuerdos que parecían anteriores incluso a ellos mismos.

Varios sonríen mientras lo cuentan, porque alguno todavía tiene familia allí. Una madre, o dos hermanos, o una compañera que decidió no marcharse. Para ellos, Aguas Sagradas nunca fue únicamente una prisión.

Pero llega siempre un momento en el que la conversación cambia. A veces ocurre cuando preguntas por qué se fueron. Otras, cuando Jonah pregunta qué era lo peor de vivir allí. Hay quien responde hablando de Melquíades, el hermano mayor de Nicanor y el despreciable rey que Lydia destronó. Otros apenas lo recuerdan y hablan de Lydia, la reina que vino desde más allá del océano. Los más recientes mencionan a Neiatta.

Lo que está claro es que los nombres cambian, pero el gesto es casi siempe el mismo: una mirada hacia el suelo, o un silencio incómodo. Es la sensación de estar acercándose a algo que nadie quiere nombrar demasiado alto.

Los habitantes más antiguos de la Sal Parda recuerdan a Nicanor mucho antes de que fuese la figura que habéis conocido. No hablan de él como un libertador enviado por los espíritus ni como el fundador de una nueva era. Lo recuerdan joven, rabioso, perdido después de la muerte de su hermano. Recuerdan el viaje hasta el Estero Ciego (dónde os encontráis ahora, era su nombre antes de la Sal Parda) y las primeras semanas durmiendo sobre madera húmeda, comiendo mal y reconstruyendo un viejo refugio que apenas servía para esconderse de las tormentas.

Algunos reconocen que Melquíades era un cabrón, y ninguno parece echarle realmente de menos. Lo que no aceptaron fue que alguien llegase desde fuera, lo devorase y ocupase inmediatamente su lugar. Otros se quedaron con Lydia, pero algunos de esos terminaron llegando aquí años después.

La imagen que ofrecen de ella es diferente a la que esperabas encontrar. Hay quien la recuerda con respeto, incluso con cariño. Dicen que intentó cambiar muchas cosas, que acabó con costumbres que llevaban demasiado tiempo aceptándose porque nadie se atrevía a discutirlas. Tampoco todos los habitantes que hablan contigo consideran que marcharse entonces fuese necesario. Pero con Neiatta las opiniones son mucho menos amables y menos uniformes.

Un hombre de hombros cubiertos de pequeñas placas calcáreas afirma que nunca recibió un castigo de ella, nunca fue amenazado y jamás vio a la reina maltratar personalmente a nadie. Su problema no era Neiatta, era saber que su vida seguía perteneciendo a Aguas Sagradas.

Otro se muestra mucho más duro. Llegó a la Sal Parda después de que comenzasen los intentos de recuperar a quienes se habían marchado. Para él, Neiatta no comprende la diferencia entre proteger una comunidad y poseerla.

Una mujer no aparece entre aquellos con los que habláis, pero sí un Nerai joven que recuerda a su hermana. Ella continúa abajo, y él no quiere obligarla a marcharse y tampoco desea regresar para convencerla. Sólo quiere que ambos puedan tomar decisiones diferentes sin convertirse por ello en enemigos.

Eso parece resumir buena parte de lo que encuentras. La mayoría no odia Aguas Sagradas, e incluso algunos ni siquiera odian a Neiatta. Y Nicanor tampoco despierta una devoción unánime.

Hay hombres que le deben la vida. Lo dicen sin titubeos: cuando las incursiones empezaron, fue Nicanor quien organizó las defensas. Cuando faltó comida, consiguió alianzas. Cuando nadie sabía cómo esconder el Estero Ciego, aparecieron los rituales que mantienen la niebla abrazada al manglar.

Pero también encontráis cansancio: Nicanor pregunta demasiado. Quiere saber quién sale, quién entra, quién habla con quién. Decide qué riesgos son aceptables y cuáles no. Hay quienes llevan años justificándolo porque cada nueva incursión demuestra que sus temores no eran imaginarios.

Otros empiezan a preguntarse cuándo llegará el día en que estar protegido y estar encerrado signifiquen exactamente lo mismo. La vida aquí es peor en casi todos los sentidos materiales: hay mosquitos, calor, tormentas. La madera se pudre, el agua potable tiene que almacenarse. La comida depende de la pesca, de lo que puedan intercambiar y de unas alianzas que no siempre resultan cómodas. Todos trabajan porque una semana mala se nota inmediatamente en las despensas.

Aun así, muchos prefieren esto. Uno de ellos lo demuestra enseñándoos una pequeña vivienda que construyó con sus propias manos. Está torcida, huele a pescado seco y el techo necesita otro parche antes de que llegue una tormenta seria, pero es suya.

La conversación más difícil llega con las camadas. Nadie niega lo que ya viste: hay pocos jóvenes. Demasiado pocos. Los nacimientos internos se detuvieron hace tiempo. Algunos habitantes no quieren hablar del motivo. Otros lo hacen con esa resignación de quien lleva años contemplando el mismo problema: las nuevas generaciones empezaron a nacer peor. Cuerpos que no terminaban de desarrollarse. Cambios incompletos. Rasgos que nadie conseguía explicar únicamente mediante la herencia.

Desde entonces, cada nuevo habitante que consigue llegar desde Aguas Sagradas significa algo más que una boca adicional: significa el futuro.

Y entonces empiezas a comprender por qué las dos comunidades pueden pronunciar la palabra rescate para describir exactamente la misma acción. Cuando preguntas por qué nadie simplemente se marcha más lejos, las respuestas vuelven a fragmentarse. Algunos no quieren abandonar Yucatán. Otros no creen que sobrevivirían separados. Otros hablan de la memoria como si fuese algo que pudiera diluirse con la distancia. Y unos pocos vuelven la mirada hacia el sur, hacia el mar.

No hablan de Mott Garoth. Para ellos, eso no es algo que pueda tener un nombre. Hablan de lo que duerme, de lo que necesita la cueva. Uno de los hombres mayores recuerda que, durante mucho tiempo, los niños aprendían pronto que determinadas preguntas no debían hacerse. Otro se limita a explicar que hubo un momento en que comprendió que ciertas listas no eran guardias, ni trabajadores, ni enfermos. Otro no quiere continuar hablando, Jonah tampoco insiste.



Cuando os alejáis, camina contigo en silencio durante varios metros. Observa una hilera de pequeñas viviendas apoyadas sobre pilotes. En una de ellas, dos Nerai reparan una red bajo la supervisión de otro más viejo. El hechicero se queda mirándolos.


Se mete las manos en los bolsillos.


Una tabla cruje bajo sus zapatillas.


Sonríe ligeramente, sin demasiada nostalgia.


Aparta una rama del manglar para dejarte pasar.


La sonrisa aparece otra vez.


Continúa caminando.


Se encoge de hombros, pero no desarrolla el tema.


Esta vez mira hacia las casas de la Sal Parda.




El resto de la tarde continúa entre conversaciones. Cuando finalmente decidís que habéis escuchado suficiente, la luz ya ha empezado a cambiar sobre el manglar. La niebla convierte el sol en una mancha pálida entre las copas y las pasarelas parecen prolongarse mucho más allá de donde realmente terminan.

Buscáis a Leandro. Jonah termina encontrando a uno de los habitantes que señala una vivienda algo apartada del centro. Tú y él recorréis juntos la última pasarela. En algún momento sus dedos encuentran los tuyos y seguís caminando agarrados de la mano sin necesidad de comentar nada.

La puerta está abierta, y lo primero que sorprende no es encontrar allí a Leandro. Es descubrir que aquello es un despacho. Pequeño, húmedo y completamente absurdo en mitad de un asentamiento levantado sobre un pantano, pero un despacho al fin y al cabo.

Dos paredes están ocupadas por archivadores metálicos de diferentes procedencias. Algunos tienen manchas de óxido alrededor de las bisagras; otros conservan etiquetas escritas con una caligrafía minúscula y sorprendentemente ordenada. Carpetas, sobres y hojas protegidas dentro de fundas de plástico ocupan una estantería construida con tablones.

Hay incluso una mesa de oficina, que no combina con absolutamente nada. ¿Qué es eso? ¿Las opiniones de Allison están permeando tu mente? ¡Qué humana te estás volviendo! Detrás de ella cuelgan varios diplomas enmarcados. Títulos y acreditaciones jurídicas amarilleadas por los años, protegidas del aire húmedo tras cristales que alguien limpia con bastante frecuencia.

Entre ellos hay una fotografía: Leandro parece mucho más joven. Lleva traje, corbata y una sonrisa tan exageradamente orgullosa que cuesta relacionarla con el hombre que conocisteis en la Poza del Tío Bill. Está entre dos personas mayores, un hombre y una mujer vestidos para alguna clase de ceremonia. Los tres miran a la cámara.

En la fotografía, Leandro parece completamente humano, pero el que está sentado ahora detrás de la mesa no. Ha abandonado la apariencia que utiliza en la superficie y mantiene otra forma. Podrías decir que es como tu Glabro. Sigue siendo reconocible, con sus ojos atentos y expresión de sabelotodo. Pero su cuerpo resulta más ancho, irregular y acuático. La piel permanece húmeda y recorrida por pequeñas escamas; a ambos lados del cuello se abren finas hendiduras branquiales que se mueven con su respiración. Sus manos conservan dedos suficientemente hábiles para manejar papeles, aunque una membrana translúcida une parcialmente las falanges.

La camisa ha sobrevivido a la transformación con cierta dificultad. Leandro levanta los ojos cuando aparecéis en la puerta. Su mirada baja durante un instante hacia vuestras manos entrelazadas, pero después vuelve a subir. No dice nada al respecto.


Retira varias carpetas de las dos sillas situadas frente a su mesa y las deposita cuidadosamente sobre un archivador.


Se acomoda en su silla y, antes de que os sentéis, abre uno de los cajones de la mesa. Dentro hay documentos, nolígrafos, una grapadora. Y una botella de mezcal. Leandro saca también un vaso pequeño.


Deja el vaso sobre la mesa y levanta ligeramente la botella.


Se sirve un poco de mezcal. Después guarda la botella a medias dentro del cajón, dejándola al alcance por si alguno cambia de opinión. El Nerai se recuesta, y la madera de la silla protesta bajo el peso de su forma Glabro. O eso esperas.

Mira primero a Jonah y después a ti. Sonríe.


El tipo sonríe con total sinceridad. Su voz no es amenazante y su actitud es muy relajada.