Menú

Mostrar Mensajes

Esta sección te permite ver todos los mensajes escritos por este usuario. Ten en cuenta que sólo puedes ver los mensajes escritos en zonas a las que tienes acceso en este momento.

Mostrar Mensajes Menú

Mensajes - Maurick

#1
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Hoy a las 12:50:58
No estáis solos.

Con ellos van Esteban de Haro y sus dos perros más visibles: Apolo, el calvo que ya viste en el entierro, y María Fernanda Robles. Ella. La mujer de coleta alta, ojos cansados y sonrisa de mentira. La artífice de la explosión del Dobra. La que se acercó a Henar. La que puso el cebo, midió la distancia y cerró la trampa.

El grupo se dirige hacia la caverna de Laro. Nadie habla durante el camino. Cuando llegáis, la entrada a la guarida ya no parece una herida abierta de la montaña: es un escenario militar.

Hay varios operativos de la Justicia Metálica vigilando el lugar. Desde donde estás puedes reconocer lo suficiente: Parentela... o al menos humanos a quienes se les ha corrido el Velo hasta un punto del que ya no se regresa fácil. Van equipados con armaduras de alta tecnología, cascos cerrados y rifles automáticos cargados con plata. No están aquí para investigar. Están aquí para cerrar algo. Terry avanza con total tranquilidad. Como si hubiera salido a fumar después de cenar. Se saca un puro del interior de la chaqueta. Luego otro. Se lo ofrece a Semyon. El ruso lo acepta sin mirarlo siquiera. Finalmente Terry saca un tercero y te lo tiende a ti.


No insiste más de la cuenta. Lo cojas o no, el gesto ya ha cumplido su función: hacerte partícipe de la escena antes de que empiece de verdad. Terry se enciende el suyo. Aspira. Exhala una bocanada lenta. Y se vuelve hacia Esteban.


Todo ocurre muy rápido. Terry saca una pistola con silenciador y le mete dos tiros en las piernas a Esteban. Dos. Secos. Ni siquiera parece que apunte demasiado. Esteban no tiene tiempo a reaccionar. Las rodillas se le vencen, el cuerpo gira mal y cae al suelo con un jadeo roto, más de sorpresa que de dolor al principio. Fernanda y Apolo dan medio paso, tensándose, pero se congelan al instante. Docenas de puntitos rojos se encienden sobre sus pechos, gargantas y frente: los operativos de la Justicia Metálica ya les están apuntando. Esteban tarda un segundo en registrar lo que ha pasado. Luego llega el dolor de verdad.


Terry ni pestañea.


Esteban intenta recomponerse. El orgullo le dura menos que el dolor.


Terry se agacha a su lado. Y entonces lo ves: no al político, no al embajador. No al padre que te ofrece puros o media sonrisa antes de pedirte que aprendas. A ese otro, al tipo que da miedo. Al que tiene algo pesado y antiguo en la forma de quedarse quieto. Algo que vuelve la escena más fría, como si la montaña misma hubiera dejado de respirar.


Esteban lo mira con un terror cada vez menos disimulado. Tiene la cara torcida por el dolor y, aún así, lo que más impresiona no es la sangre en sus pantalones. Es lo cerca que está de llorar. Terry sigue hablando como si todavía le estuviera haciendo un favor.


Silencio. Un silencio de los que empiezan a doler por dentro. Semyon observa impasible. Hasta dirías que está disfrutando.  Apolo no se mueve, pero se le marcan todas las venas del cuello. Fernanda está empezando a llorar, sin aspavientos, con lágrimas de esas que salen solas y empeoran la cara de quien intenta seguir siendo útil.

Y entonces notas algo en el brazo. Es Kara. Te ha agarrado sin darse cuenta, o eso parece. Fuerte, en silencio. Y muy tensa. Esteban abre la boca una vez. No sale nada. La segunda vez sale suficiente.


Fernanda cierra los ojos. No protesta. No al principio. Terry chasquea la lengua. Se pone en pie y mira hacia vosotros un instante antes de volver al trío.


Hace un gesto a Semyon. El ruso activa el fetiche que lleva en el antebrazo y de él nace una hacha enorme de plata, preciosa y obscena a la vez, con rebordes trabajados, runas talladas y un brillo limpio que no debería existir en un arma hecha para separar cabezas del resto del mundo. Terry aparta a Esteban de una patada seca y se acerca a Fernanda.


La agarra del brazo.

Vytalian reacciona enseguida y la sujeta también. Entre los dos la obligan a arrodillarse. Fernanda apenas forcejea. Está demasiado dentro del pánico como para montar una defensa útil. Semyon se mueve entonces hacia vosotros. A ti te parece que todo lo hace con una exactitud casi ritual. De un manotazo aparta la mano de Kara de tu brazo. Y te deja el hacha.

Pesa. Muchísimo. Terry y Vytalian mantienen a Fernanda de rodillas. Ella ya no llora. Ahora solo respira mal. Terry te mira. Y cuando habla, ya no lo hace para convencer a nadie. Lo hace para dejar algo escrito en ti.


Nadie dice nada, todos esperan. Que agarres el hacha, que la levantes. Y que cumplas con tu obligación de verdugo.

¿Qué vas a hacer, Mark?

🟦 Negarte y pedir otra vía: sujetar el hacha, pero no alzarla. Exigir que Fernanda hable, que revele todo lo que sabe del Trono, de la bomba y de sus órdenes antes de que nadie la ejecute. 
🟨 Tensar la cuerda con Terry: mirar a tu padre y preguntarle, delante de todos, si esto es justicia para Laro... o una advertencia política para Madrid. 
🟥 Aceptar el papel de verdugo: empuñar el hacha de plata y ejecutar a María Fernanda Robles aquí mismo, ante Terry, Semyon, Esteban y tus compañeros de manada.
#2
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Hoy a las 12:23:40
Cita de: Mark en 17 de Mar 2026, 18:41:03-¿Acaso serviría de algo hacer lo contrario? -digo sin darme la vuelta, con tono áspero y cortante- puedes dejar de apretar tu culo eslavo, relajarte y disfrutar de vuestra tragedia griega de la mano de Fernanda.

Semyon no parece ufano, ni satisfecho. Ni siquiera cruel, no de esa forma tan visible. Lo que hay en su cara es algo peor: preocupación. No por el consejo, no por el cadáver aún caliente de Ramona, ni por la sangre sobre la piedra del Peñasco Blanco. Por ti.


Te deja la frase en la nuca como una mano helada, y se aparta justo lo suficiente para devolverte al consejo. Porque el consejo, de algún modo obsceno, continúa, no con normalidad. Con disciplina.

Los Zarpas de Teluria se mueven primero. Faustino y Marcelino se encargan de los cuerpos. No hay llanto. No hay gesto solemne. Solo trabajo feo hecho por gente acostumbrada a que el dolor no interrumpa el protocolo. Felipe, aún con el klaive en la mano, os lanza una mirada a Kara y a ti que no necesita palabras. No es rabia descontrolada, es peor. Es una cuenta abierta. Pero mantiene la compostura, la mandíbula apretada, el lomo recto, y vuelve a ocupar su sitio sin montar la escena que todos saben que podría montar. La sangre sigue fresca sobre la piedra.

Trovianni no tarda demasiado en recuperar el centro del claro. No mira el cadáver de Ramona. No lo esquiva tampoco. Simplemente decide que ya ha dejado de ser el centro de la noche.


Una pausa breve.


Nadie protesta; no porque todos estén de acuerdo. Sino porque ya nadie quiere ser el siguiente ruido en mitad de esta noche. La ceremonia prosigue con ese mismo ritmo podrido. Se nombran manadas. Se reafirman lealtades. Se recitan cargos y responsabilidades como si la montaña tuviese hambre de burocracia y sangre a partes iguales. Van saliendo nombres de líderes viejos, jefes de manada, guardianes del túmulo, hombres y mujeres que esta mañana tenían una posición y ahora están comprobando si esa posición sigue existiendo después del Dobra. El Trono de Cibeles toma entonces la palabra para lo que de verdad ha venido a hacer: no llorar a los muertos, sino redistribuir fuerza.


Terry no tarda en rematarlo, como si no quisiera que los madrileños acaparen demasiado aire.


Eso levanta murmullos. No muchos. Los justos para que quede claro que todos entienden lo mismo: el Peñasco Blanco acaba de sobrevivir a una tragedia... entregando parte de su soberanía a quienes han venido a «ayudar». Las representantes changeling no participan en nada de eso. Nashira, Darsyne y la mujer de piel verde y pelo de hojas asisten vestidas de negro, hermosas y ajenas, como si alguien hubiese obligado al Ensueño a sentarse a presenciar una reunión de carniceros. Guardan silencio casi toda la ceremonia: no se les pide consejo. No se les pide opinión. Solo, llegado el momento, aceptación.

Trovianni se vuelve hacia ellas.


Nashira no tarda en responder. Su voz parece venir de un lugar donde todavía existe el decoro.


La mujer de hojas inclina apenas la cabeza. Darsyne sonríe de una forma tan pequeña que casi parece un reflejo de luna en agua sucia. No dicen más. No necesitan hacerlo. Y es verdad, piensas, que Trovianni ha sabido manejar el lugar. No porque haya purificado nada. No porque haya hecho justicia. Sino porque ha entendido la única tarea posible esta noche: que el túmulo no se derrumbe por dentro delante de testigos. Pero la noche aún no ha terminado de escupir sus anuncios. Trovianni vuelve a elevar la voz una última vez.


No hace falta que diga el nombre enseguida. Ya se intuye.


Eso sí que agita el fondo de la escena. No como lo de Ramona, no a cuchillo limpio. Sino como un temblor más hondo. Porque una cosa es cerrar una traición. Y otra muy distinta es anunciar la guerra con el futuro.

Terry y Semyon no esperan a que termine el eco del nombre. Simplemente os buscan con la mirada: a ti, a Kara y a Vytalian. Y cuando se mueven, queda claro que no os están invitando a seguirles. Os están reclamando.

La ceremonia sigue detrás, todavía viva, todavía solemne, todavía sucia. Los muertos se enfrían. Los líderes se recolocan. Las alianzas se fingen eternas bajo la noche cántabra. Y vosotros tres abandonáis el círculo sabiendo que lo del Dobra no era el final de nada. Solo la forma más brutal de anunciar lo que viene después.
#3
La presencia de Llanto del Arroyo se disuelve entre los árboles con esa naturalidad inquietante de los depredadores viejos: no parece que se haya marchado, sino que el bosque la ha reclamado de vuelta. Te quedas solo unos segundos más, con el olor fresco de la sangre pequeña aún flotando en el aire y las palabras de la lupus asentándose despacio, como barro en el fondo de un estanque removido. Luego echas a andar.

Cita de: Lady Midnight en 14 de Mar 2026, 17:02:27Cuando la pierde de vista, se dirige despacio hacia el lugar del vienen los golpes. Si Marcos realmente necesita ayuda, le echa una mano con la tarea. Si no, se dirigirá a la Umbra... a entrevistarse con el Lirio Apacible.

Dejas atrás la linde, el conejo destripado, el claro donde el aire parecía más fino de lo normal, y tomas el sendero de vuelta hacia la zona donde resonaban los golpes de madera. No vas rápido, pero tampoco dudas. A mitad de camino, algo llama tu atención: una ardilla. Está inmóvil sobre una piedra baja, con el cuerpo tenso y la cola erguida, mirándote fijamente. No parece asustada. Sólo... atenta. Te observa un instante más de lo que sería natural, como si estuviera decidiendo si reconocerte o huir de ti, y al final trepa por el tronco de un roble con una agilidad nerviosa hasta desaparecer entre las ramas altas.

Más adelante, el batir rápido de unas alas rompe el silencio entre dos árboles frutales medio salvajes. Puedes ver un par de jilgueros descendiendo al suelo, picoteando algo invisible entre la tierra y las hojas secas. Entonces levantan la cabeza al unísono. También te miran fijamente. Pequeños, ligeros, absurdamente vivos. Un segundo después revolotean en círculos cortos, nerviosos, y se alejan hacia el vallado en construcción. Cuando llegas al límite oriental del terreno, encuentras por fin a Marcos García de Visarón.

El Hijo de Gaia está de pie junto a una valla a medio rehacer, con varias tablas nuevas apoyadas en el suelo, un mazo clavado boca abajo en la hierba y los pantalones llenos de tierra seca a la altura de las rodillas. Ha retirado parte de la vieja empalizada y está preparando una nueva línea de postes que separe con más claridad la zona domesticada del túmulo de una franja de terreno donde la maleza crece ya sin disculparse ante nadie. En cuanto te ve aparecer, alza una mano con una sonrisa abierta, de esas que no se piensan demasiado.


Se limpia el dorso de la muñeca contra la frente, dejando una mancha de polvo y sudor.


Su tono sigue siendo ligero, pero ya no tanto.


Marcos ladea un poco la cabeza, esperando tu reacción.


Y entonces llega. Lo notas. No es una idea, ni una visión. Tampoco es una certeza, pero es una punzada seca y profunda en la nuca. Un peso repentino bajo la piel. Esa caída interior, mínima pero brutal, que no siempre anuncia peligro... pero casi siempre anuncia que algo ya se ha movido. Una sensación de desasosiego te trepa por la espalda.

¿Qué vas a hacer, Bruma Nocturna? ¿Harás caso de lo que te ha dicho Marcos, o vas a ir al núcleo umbral del túmulo?
#4
El sonido de los pájaros y de la naturaleza se extiende por todo el túmulo mientras Bruma Nocturna y Llanto del Arroyo conversan. De vez en cuando, se escucha el sonido de algún insecto revoloteando. La lupus observa atenta, manteniendo la distancia, y solo gira una oreja hacia atrás, señal de que ha oído y de que no le interesa demasiado.

Cita de: Lady Midnight en 14 de Mar 2026, 17:02:27


Da un paso entre la hierba alta, sin apartar del todo la vista del sendero.


Luego se te queda mirando.

Cita de: Lady Midnight en 14 de Mar 2026, 17:02:27

El viento cambia un poco. La lupus alza el hocico, respira, y cuando vuelve a hablar lo hace más despacio, como si eligiera con cuidado palabras que no le gustan.


Varias moscas se terminan posando sobre el cadáver del conejo. Revolotean y se plantan sobre la sangre y las vísceras. Llanto del Arroyo observa la escena, impasible.


Llanto del Arroyo ladea apenas la cabeza.


No lo defiende. Tampoco lo acusa.


Y esta vez sí, sin añadir nada más, se interna entre los árboles.
#5
Himitsu no aparta la mirada de ti. La maleta sigue abierta en el suelo, exhalando esa neblina oscura y translúcida que no termina de comportarse como humo ni como vapor. Durante un instante, la Qualmi parece satisfecha: no porque hayas acertado del todo, sino porque has llegado cerca.


Se inclina un poco hacia la maleta abierta y pasa la mano por encima de la niebla negra, sin llegar a tocarla.


Sus dedos acarician el borde interior de la maleta.


Hace una breve pausa, respetuosa.


La niebla del interior parece agitarse apenas, como si hubiese escuchado su nombre.


Levanta los ojos hacia ti.


La frase queda suspendida entre vosotras un segundo, con ese tono suyo que nunca termina de bromear del todo. Después cierra la maleta con suavidad. El sonido del cierre parece demasiado seco para algo que hace un momento contenía profundidad.




Abre de nuevo el arcón, y de un salto, bastante ligero, se arroja al interior. Es absorbida por la extraña niebla que emana de la maleta. ¿Vas a ir detrás, Brisa del Sur?
#6
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
16 de Mar 2026, 23:33:37
La vieja zona ritual del Peñasco Blanco está viva esta noche. Viva por la cantidad de cuerpos, de respiraciones contenidas, de miradas que van de una cara a otra midiendo alianzas, deudas y rencores. La gran mesa de piedra sigue en su sitio, erosionada por los años, con el viejo trono pétreo coronándola como si la montaña misma hubiese decidido sentarse a juzgar. Y sobre él, ya acomodado como si siempre le hubiese pertenecido, está Marco Trovianni. No hay dudas de quién manda aquí esta noche.

Va vestido para la ocasión, sobrio pero impecable, con esa forma tan suya de ocupar espacio sin necesidad de levantar la voz. A sus flancos, como columnas mal avenidas, están los otros dos miembros de su manada: Alberto Gómez, visiblemente recompuesto pero aún con la palidez del que ha estado demasiado cerca del desastre, y Yuri Provlovski, duro, quieto, con la expresión de un perro de presa al que todavía no le han dicho a quién debe morder.

Más allá de la mesa, el claro entero está tomado. Hay otras manadas del Peñasco Blanco, algunas caras conocidas y otras no. También están las hadas: Darsyne, Nashira y una tercera mujer de piel verde y pelo hecho de hojas, inmóvil como si la hubiesen arrancado de un bosque y la hubiesen plantado allí a la fuerza. Cerca de ellas, reconoces a María Falguera, hablando en voz baja con un tipo de rostro cubierto de escamas reptilianas, tan desagradable de mirar que cuesta saber si es un Garou o un error. Los del Trono de Cibeles están presentes. Se les nota incluso cuando callan. No ocupan demasiado espacio, pero se comportan como si todo lo que pisan les perteneciera desde antes de nacer.

También están los Zarpas de Teluria. Felipe, entero, erguido, manteniendo una compostura que sólo alguien que ha decidido no romperse delante de testigos puede sostener. Faustino, a su lado, con esa cara suya de saber demasiado y respetar demasiado poco. Marcelino, oscuro, y Ramona, más tiesa de lo habitual, demasiado pendiente de los movimientos del resto. Y Karlos... Karlos apesta a alcohol incluso desde aquí. Anda discutiendo en voz demasiado alta con Felipe, sin importarle lo más mínimo quién pueda estar escuchando. Felipe no pierde la compostura. De hecho, ese esfuerzo suyo por no perderla empieza a ser más llamativo que el pedo del otro.

Hay más gente. Mucha más. No vamos a describir a todos. No hace falta. Uno de ellos, sin embargo, se te queda clavado en la mirada. Un hombre de aspecto nativoamericano, completamente desnudo, la piel curtida y la melena cayéndole hasta las nalgas. No parece avergonzado, ni incómodo, ni fuera de lugar. Parece más antiguo que todo lo demás. Como si los demás hubieran venido vestidos a una reunión en la que él lleva siglos esperando.

Semyon y Terry están presentes, pero no juntos. No del todo. Se han situado algo apartados, observando. Semyon tiene esa cara suya de absoluto desagrado, como si le molestara el aire que respira y el hecho mismo de compartir noche con la mitad de los presentes. Terry, en cambio, está de un relax casi obsceno. Manos tranquilas. Media sonrisa. Ojos despiertos. Como si supiera exactamente cómo va a terminar esta obra y sólo estuviera esperando a que los demás se pongan a la altura del guion. La reunión tarda en arrancar lo justo para que todos sientan el peso del retraso.

Luego Marco Trovianni se pone en pie. No alza la voz de inmediato. No le hace falta. El claro se va apagando solo, como si hasta los borrachos supieran reconocer cuándo va a hablar alguien que ha decidido ocupar el lugar de un muerto.


Pasea la mirada por el claro. No busca a nadie en concreto. Busca que todos se sientan mirados.


Una pausa breve.


Algunos asienten. Otros agachan un poco la cabeza. Trovianni sigue.


Desvía la vista hacia el grupo de la Justicia Metálica.


Luego mira hacia el grupo del Arce Verde.


Hace un gesto con la mano.


Se produce el murmullo justo. Ni más ni menos. Monique sostiene el tipo con la misma elegancia seca de siempre. Estefanía responde con una inclinación contenida de cabeza. Trovianni vuelve a centrar la escena.


La palabra nombre queda suspendida un segundo.


Trovianni da un paso atrás, pero no se sienta aún.


Esteban de Haro es el primero en avanzar. El simple sonido de su calzado sobre la piedra ya resulta irritante. Se coloca en un punto exacto desde el que puede ser visto por todos, se alisa apenas la manga y habla con esa voz suya que parece haber sido fabricada para humillar sin necesidad de gritar.


Inclina muy levemente la cabeza hacia Trovianni, lo justo para que parezca respeto sin llegar a parecer sumisión.


La frase cae mal. Muy mal.


El murmullo se extiende por el claro como una corriente baja.


Trovianni baja un poco la cabeza. El gesto no parece fingido. Le tiembla una sola vez la mandíbula.


Ese nombre sí le golpea. Trovianni cierra los ojos un segundo. Nada más. Pero basta para que se note. Ángel no era un muerto más. Ángel era de los suyos. Esteban se aparta y entonces avanza Terry McCoil. Ni solemnidad excesiva ni rabia teatral. Sólo seguridad. Se toma su tiempo. Mira a un lado, luego al otro, y se permite incluso sonreír antes de hablar, como si disfrutara un poco de saber que todos necesitan lo que está a punto de decir.


Se pasea despacio, sin prisa. Deja que lo miren.


Eso sí que revienta el ambiente: las posturas cambian al instante. Cabezas que giran, respiraciones que se aceleran. Manos que se abren un poco más de la cuenta. Algún espíritu menor, hasta entonces discreto, se aparta entre las ramas. Los Zarpas de Teluria se ponen tensos. Felipe deja de discutir con Karlos. Ramona se queda inmóvil. Faustino entrecierra los ojos. Incluso los más borrachos entienden que la obra ha dejado de ser cómoda. Terry alza una mano, saboreando el momento.


Y entonces os señala: a ti. A Kara y a Vytalian. Las miradas de medio claro se os vienen encima de golpe.


Silencio. Un silencio real esta vez. No ceremonial. No respetuoso. Uno de esos silencios llenos de músculos preparados para el desastre. Terry no se da prisa.


Una pausa. Larga. Demasiado larga.


Un golpe seco de conmoción recorre el claro. No físico. Todavía. Terry no deja que se rompa del todo.


Ahora sí. Todas las cabezas van hacia ella.


Ramona da un paso atrás. No tarda ni un segundo en entender que ya no hay salida digna.


No termina la frase. Porque Karlos entra en frenesí. No hay transición. No hay amenaza previa. No hay advertencia dramática. Un instante está tambaleándose, apestando a vino y rabia vieja, y al siguiente ya está cambiando, creciendo, reventando carne y ropa en una masa de músculo, pelo y odio. En menos de dos segundos ambos están en Crinos y dándose de hostias como si el consejo entero hubiera dejado de existir.

La piedra cruje. La gente se aparta a empujones. Alguien grita; alguien se ríe nervioso. Un espíritu se larga.

Terry y Esteban se apartan con una limpieza casi ofensiva, como dos hombres que ya sabían que esto podía pasar y no estaban dispuestos a mancharse por ello. Felipe cambia también, rápido, su klaive ya en mano, avanzando para intervenir—pero llega tarde. Muy tarde.

Porque Karlos ya le ha metido la garra en la garganta a Ramona. Y Ramona, en una respuesta desesperada y brutal, le abre el vientre con ambas manos, arrancándole tripas, pulmones y media vida en un solo gesto monstruoso. La sangre cae sobre la piedra ritual con un ruido espeso. No dura mucho más, no puede, joder. Cuando por fin ambos cuerpos se desploman, el claro entero parece haberse quedado sin voz. Otra vez silencio, ésta vez de verdad.

Faustino es el primero en moverse. Cambia lo justo, se acerca agachándose con esa rapidez seca de quien ya está acostumbrado a revisar cadáveres en peores condiciones, y comprueba el estado de Ramona. Mira un instante, nada más. Luego alza un poco la cabeza. No hace falta que diga gran cosa: está muerta.

Y mientras todo eso ocurre, mientras el consejo entero intenta decidir si acaba de presenciar justicia, castigo divino, accidente o el enésimo ejemplo de por qué los Garou no deberían reunirse jamás en grupos de más de seis...

Semyon ya no está donde estaba. Lo notas detrás de ti antes de oírlo. Cerca. 
Demasiado cerca. Su voz llega baja, seca, sin el menor rastro de humor.




¿Qué vas a hacer, Mark?

🟦 Seguirle el juego a Semyon: asentir, dejar claro que entiendes la situación y que, delante de todos, vas a sostener la versión de la Justicia Metálica.
🟨 Buscar la reacción de Kara: girarte hacia ella y preguntarle si de verdad está de acuerdo con esto... y si la investigación de ayer no ha servido para nada.
🟥 Plantar cara aquí y ahora: apartarte de Semyon, dar un paso al frente y reclamar a Terry, sin importar si hay alguien mirando.
#7
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
16 de Mar 2026, 22:04:36
Monique escucha con la taza entre las manos. No te quita ojo de encima mientras hablas, pero tampoco te aprieta. Cuando mencionas la Media Luna, su mirada se desvía un instante hacia la ventana. Afuera, uno de los niños casi se lleva por delante a otro con la bicicleta. La francesa resopla por la nariz, divertida, antes de volver a centrarse en ti.


Cita de: Mark en 05 de Mar 2026, 12:37:45-¿Podrías refrescarme la memoria de lo que pasó en la Media Luna después de que Felipe estallara? -miro por la ventana a un par de niños en bicicleta- No se si fue por algún impacto, la adrenalina del momento o el caos fruto de la ira, que no recuerdo con precisión lo acontecido y, como va siendo costumbre, nadie de mi entorno ha entrado en detalles... -doy otro sorbo al café- mi profesión me ha dado como costumbre buscar sacar información de la gente... pero estos días me siento en el papel de un destornillador permanente hasta en las cuestiones más sencillas...

Da un sorbo corto. Luego deja la taza en el plato con cuidado. Cuando le preguntas por lo ocurrido tras la explosión de Felipe, se toma unos segundos. No parece ordenar los hechos: parece decidir cuánto decirte.


Se inclina un poco hacia ti.


La pronunciación de la letra «r» es curiosa, agradable, muy musical. Te agrada.


Cita de: Mark en 05 de Mar 2026, 12:37:45-Imagino que no pueda fumar aquí dentro ¿verdad? -sonrío de medio lado.

Tu comentario sobre fumar le arranca una sonrisa algo más franca.


Cita de: Mark en 05 de Mar 2026, 12:37:45-Realmente son muy teatrales ¿no? -suspiro- celebrar el consejo de los antiguos que pone fin al incidente del Dobra en el mismo lugar donde se inició todo...

Cuando mencionas el consejo de esa noche, asiente despacio, sin dramatismo. Como si llevara todo el día oyendo ecos del mismo rumor.


Cita de: Mark en 05 de Mar 2026, 12:37:45¿Sabes algo de Alberto? No sé si le recuerdas o acaso lo conoces...

La cucharilla gira una vez entre sus dedos. Cuando preguntas por Alberto, frunce un poco el ceño, buscando el nombre en la memoria.


Te deja seguir hablando. No te corta cuando hablas del clan, de tus compañeros, de la sensación de estar rodeado de gente que empuja, mide o esconde. Cuando terminas, Monique deja escapar una respiración corta por la nariz. No parece ofendida. Tampoco sorprendida.

Cita de: Mark en 05 de Mar 2026, 12:37:45- Desde que abandoné Los Ángeles, puede que seas el único rostro amable que me he encontrado...


Se inclina lo justo para bajar la voz, aunque nadie en la cafetería os esté prestando atención.


Otra pausa. No larga, lo suficiente.


Te observa con una calma casi molesta. Se termina el café y mira la hora.


Se pone en pie, se arregla un poco la chaqueta y te dedica una media sonrisa, leve, cansada, pero sincera.




La tarde se consume despacio después de eso.

Pasas por Torrelavega. Recuperas el segundo pendrive en la estación y lo guardas donde corresponde: bien al fondo, donde no moleste, donde tampoco se pierda. El gesto tiene algo de acto reflejo y algo de promesa a medias. Después caminas un rato sin rumbo real. Calles húmedas. Algún bar con la televisión encendida. Gente que sigue con su vida mientras vosotros os preparáis para decidir qué versión de la muerte va a contarse esta noche. Cuando regresas al piso franco, el sol ya ha empezado a caer.


Vytalian está en el salón, de pie, con las llaves del coche en una mano y un cigarro apagado en la otra. Parece más limpio que por la mañana. No más descansado. La puerta del dormitorio se abre con un chasquido suave.

Kara sale por su propio pie. Sigue hecha una mierda. Eso no lo tapa nadie. Pero se ha lavado la cara, se ha cambiado y vuelve a tener esa rigidez seca en la mandíbula que le conoces bien. No parece recuperada. Parece funcional. Que para esta noche, quizás, es más importante.

No dice nada al principio. Solo coge su chaqueta, comprueba que lleva encima lo que necesita y alza la vista hacia vosotros dos.


La carretera hacia el Dobra os recibe con el cielo ya oscureciendo.

El consejo no será en la cima ni en las ruinas inmediatas de la explosión, sino en una vieja zona ritual del Peñasco Blanco, apartada entre arboleda y roca, lo bastante cerca como para que el monte siga pesando en el aire. Allí, donde esta noche se reunirán el Arce Verde, el Peñasco Blanco, la Justicia Metálica y el Trono de Cibeles.

Se espera que Marco Trovianni tome el mando del clan. Se espera que alguien diga en voz alta quién mató a Laro Lombera, a Henar y al resto. Y se espera, sobre todo, que todos los presentes sepan comportarse como si esa respuesta bastase.
#8
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
07 de Mar 2026, 09:33:20
Cuando hablas de decisiones necesarias, de venenos que quizás llevas dentro desde antes de saberlo, Llanto del Arroyo permanece quieta. Su mirada no busca dominar, pero tampoco esquiva la tuya. Escucha como escuchan los lobos: sin interrumpir, sin mostrar acuerdo. Cuando terminas, la loba aparta la vista hacia el bosque. Olfatea el aire un instante. El viento trae olor de madera cortada, de hierro oxidado... y del humano que trabaja más allá de la linde. Luego vuelve a mirarte.


La cola se mueve una vez, lenta.


Hace una pausa breve, sin dramatismo. Habla la experiencia y lo salvaje.


La loba ladea ligeramente la cabeza.


Sus orejas se mueven hacia atrás un instante. El cuerpo sin vida de los gazapos rezuma sangre poco a poco. Notas que no tiene intención de comer.


Su mirada se dirige hacia el claro donde descansa el Estanque del Lirio Apacible.


Vuelve a mirarte.


No es una acusación, es una certeza tranquila. La loba olfatea de nuevo el viento que llega desde el sendero. Los golpes de madera vuelven a escucharse a lo lejos.


Su cabeza se vuelve en esa dirección. Luego mira hacia el interior del bosque, donde la Celosía se vuelve más fina entre los árboles.


Te dedica una última mirada hacia ti.


Y sin esperar respuesta, Llanto del Arroyo se gira y se interna entre los árboles, donde el aire comienza a volverse más fino y la presencia de la Umbra se siente más cerca.
#9
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
04 de Mar 2026, 21:31:44
Cuando adoptas la forma lupus, sus orejas se inclinan hacia atrás. No retrocede. Tampoco se acerca. Permanece quieta, evaluando. El aire entre ambos lleva el olor de la mañana, de la madera húmeda, de la tierra removida... y de algo más viejo que ninguno de los dos ha traído consigo. Llanto del Arroyo baja la cabeza un instante, olfatea el suelo, luego el viento que llega desde el camino del monasterio. Sus ojos regresan a ti.


No parece responder a su pregunta. La lupus da un paso lento alrededor de ti. Es costumbre,  los lobos se mueven cuando piensan.


Otro paso, un silencio breve.


La lupus ladea la cabeza.


Sus ojos no se apartan de los tuyos.

Cita de: Lady Midnight en 04 de Mar 2026, 19:38:48

Gruñe un instante.


Camina de nuevo hacia la espesura. Espera que la sigas.

Cita de: Lady Midnight en 04 de Mar 2026, 19:38:48


Una pausa. Espera que hables, que digas algo, que cuentes por qué la has buscado. Es más incordio que preocupación.
#10
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
04 de Mar 2026, 14:57:06
Cita de: Mark en 03 de Mar 2026, 16:02:52[Si quieres que roleemos las conversaciones que pudimos tener, adelante. Si quieres hacer un resumen sin problema también]

Los Corrales de Buelna — Cafetería junto al parque

📅 26 de Agosto de 2005, 14:11

La cafetería está casi vacía a esa hora. Un par de jubilados discuten en voz baja sobre fútbol en la barra, y el murmullo de una radio antigua se mezcla con el ruido de la máquina de café. Monique Devenie está sentada en una mesa junto a la ventana, con un café negro delante.

Cuando entras, levanta la mirada un instante. No sonríe inmediatamente. Primero te observa, como si evaluara cuánto peso llevas encima hoy, luego sí. Una sonrisa pequeña, ladeada.


Te sientas frente a ella. La camarera se acerca y deja tu café poco después. Monique no habla durante unos segundos. Mira la calle, después vuelve a ti.


Da un sorbo a su café.


El silencio entre vosotros no es incómodo. Es el tipo de silencio que existe entre dos que saben que las palabras, cuando llegan, suelen pesar. Monique deja la taza sobre el plato.


Inclina ligeramente la cabeza.


Suena a constatación.


Sus dedos juegan con la cucharilla.


Una leve sonrisa aparece en la comisura de sus labios. El viento mueve las hojas del parque al otro lado del cristal. Durante unos segundos, Monique observa ese movimiento. Cuando vuelve a mirarte, su expresión es más seria.
#11
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
04 de Mar 2026, 07:17:42
📅 11 de septiembre de 2005
El Estanque del Lirio Apacible despierta con esa calma que sólo poseen los lugares que conocen la verdadera quietud. El aire es frío, limpio. La humedad aún se aferra a la hierba y a las piedras como si la noche no quisiera retirarse del todo. Caminas sin prisa, observas. El túmulo respira con normalidad. No hay ecos extraños en la Celosía, no hay vibraciones subterráneas. Todo parece... estable. Cerca de la linde que separa el territorio del sendero que conduce hacia el monasterio, distingue dos figuras: Pau y Edurne.

Edurne está hablando con las manos, demasiado deprisa para que el viento pueda seguirle el ritmo. Pau escucha con una media sonrisa contenida, las manos a la espalda, como quien ya sabe lo que va a decir antes de decirlo. Cuando te aproximas, Pau alza la mirada.


Edurne se gira hacia ti, con los ojos brillando de expectación.


No puede evitar sonreír.


Hace una pausa leve.


Mira a la joven, y luego a ti.


Edurne da un pequeño salto casi infantil, aunque intenta disimularlo.


Se contiene un segundo, intentando adoptar compostura.


Pero la emoción se le escapa por los bordes.


Pau empieza a caminar en dirección al sendero. Mientras avanza, su forma se distiende y adopta el aspecto humano con naturalidad, como quien cambia de abrigo; antes de desaparecer tras la curva del camino, se detiene un instante. Te mira: no es una mirada acusadora, no es una advertencia. Una fracción de segundo en la que parece estar midiendo algo que sólo él conoce. Luego, continúa. Edurne, todavía eufórica, te dedica un gesto rápido con la mano antes de seguirle, hablando ya de maletas, de mapas, de nombres impronunciables. El sendero queda en silencio.



Más tarde, el sonido de la madera golpeando madera marca el ritmo de la mañana. Marcos ya ha empezado a desmontar una de las vallas deterioradas cerca del límite oriental. El trabajo es simple, casi terapéutico. Camino allí, algo cambia, no es un ruido. Un desplazamiento en la maleza que no rompe ramas. Te detienes, el viento se mueve en una dirección que no coincide con la hierba. Entonces la ves.

Llanto del Arroyo emerge de entre los arbustos con la elegancia silenciosa de lo que no necesita permiso para existir. Su pelaje grisáceo absorbe la luz. Sus ojos, atentos, no parpadean. No hay hostilidad en su postura. Pero tampoco sumisión.


La lupus se mantiene a unos pasos de distancia, la cabeza ligeramente ladeada. No parece que haya sido por casualidad.
#12
Offtopic / Re:Probando la pinga de los mensajes
01 de Mar 2026, 14:51:04








#13
Cera & Sangre / Episodio 2 — Laberinto
01 de Mar 2026, 11:58:13
Prisioneros del Laberinto

Heraclión — Bajo el puerto

📅 16 de diciembre de 2005 - 00:39

La ciudad duerme sobre sus propias ruinas. Bajo las terrazas apagadas y los cafés cerrados por invierno, bajo la piedra agrietada que mira al mar, Heraclión respira por fisuras invisibles. Aquí abajo el aire es espeso, cargado de sal antigua y humedad mineral. Las paredes, excavadas siglos atrás y ampliadas con paciencia enfermiza, devuelven cada sonido con un eco cansado, como si el subsuelo estuviera harto de custodiar secretos que no le pertenecen.

La lámpara desnuda sobre tu celda no ilumina, insiste. Estás sentado en el banco de hormigón, con la espalda apoyada contra la piedra fría. Las manos descansan sobre tus rodillas. No hay cadenas. No hacen falta. Sabes que no hacen falta. Aún notas el recuerdo.

Oyes ratas entre los muros, oyes el agua desplazándose por galerías más antiguas que cualquier imperio. Y oyes tu propio latido: constante, obstinado, real. Al otro lado de los barrotes, el silencio tiene forma. Al otro lado de los barrotes, el responsable de todo esto no se mueve. Su gabardina oscura se funde con la penumbra, y su silueta parece una grieta más del túnel. Solo los ojos, amarillentos y atentos, brillan con una inteligencia húmeda. No te mira como una presa, sino como un problema.

Habla en un griego demasiado antiguo, pero que puedes entender. No sin dificultad.


Da un paso. El cuero roza la piedra.


No hay rabia en el tono. Solo contabilidad.


Se aproxima un poco más. La luz dibuja relieves grotescos en su rostro deformado.


Lo pronuncia despacio, como quien prueba un término extranjero.


Se inclina un poco hacia ti. Su olor es repulsivo.


Aparta la mirada un momento. Mira a otro lado, inquieto. Te mira con intensidad y da un golpe contra los barrotes.


Deja que la palabra flote. «Aquietó». Inclina la cabeza. El eco de una gota resuena en la galería.


No es una pregunta. Se aparta medio paso, cruzando las manos a la espalda.


Te observa sin parpadear. Un leve chasquido de lengua.


Silencio. El agua sigue fluyendo bajo la ciudad. La lámpara oscila. Arriba, el mundo continúa creyéndose solo. La criatura aguarda al otro lado de los barrotes una respuesta. Algo roza tu espalda: algo más antiguo, intangible. La realidad parece fragmentarse aquí, bajo tierra. Y no has encontrado rastro de Laura...

¿Qué haces, Arda?
#14
Mark / Episodio 2 — Bilbao
01 de Mar 2026, 11:29:46
Ecos del Dobra

Torrelavega — Urbanización Calagua, 4ºC

📅 26 de Agosto de 2005, 20:03

El día había transcurrido como una herida mal cerrada. El sol de agosto se filtraba oblicuo por las persianas, tiñendo el salón de una luz dorada que no lograba calentar nada. El piso franco seguía oliendo a café recalentado y a tensión contenida. Nadie había dormido bien. Nadie había hablado más de lo estrictamente necesario.

Kara no había salido de su habitación en todo el día. Vytalian lo había intentado dos veces. Primero con palabras. Después con silencio. Ninguno de los dos métodos surtió efecto. La Ragabash estaba hecha añicos: no por las heridas —esas cicatrizaban— sino por algo más hondo. Rabia que no encontraba enemigo concreto al que morder.

Tú lo sabías. Y también sabías que aquella noche no habría margen para fragilidades. A media tarde, el teléfono vibró en tu bolsillo. Un único mensaje. Confirmación escueta. La revelación se haría pública esa misma noche. Terry no llamó para discutir el contenido del informe. No preguntó por los detalles. Solo dejó una instrucción clara, casi paternal en su frialdad:

La frase había pesado más que cualquier felicitación por tu ascenso a Fostern, porque no era una orden. Era una prueba.



Durante el día, no te has quedado en el piso. Quedó algo pendiente, una reunión con Monique Devenie. Te recibió lejos del ruido, en un lugar donde el viento no parecía cargar con consignas ni amenazas. Con ella, el tiempo no corría igual. No había exigencias de resultados, ni cronómetros políticos. Solo preguntas, y respuestas que rara vez eran completas.

¿Qué hablasteis, Mark? 
¿Qué buscabas realmente al acudir a ella? 
¿Consuelo, guía... o permiso?
¿Qué hicisteis durante esas horas? 



El lugar elegido para el consejo no era casual. Una antigua zona ritual, a escasa distancia del Monte Dobra. Allí donde las raíces del Peñasco Blanco se hunden en tierra vieja y memoria aún más vieja. Donde la roca guarda eco de juramentos que preceden a cualquier alianza moderna.

Se sabía que ellos también tomarían la palabra. Se sabía que Marco Trovianni estaba preparado para asumir el liderazgo del clan esa misma noche. Y se sabía —aunque nadie lo decía en voz alta— que un nombre sería pronunciado como responsable de la muerte de Laro Lombera y su séquito. Un culpable o un sacrificio.

El cielo comenzaba a oscurecer cuando Vytalian salió por fin del pasillo. Su expresión era una máscara pulida.

Dice, sin añadir nada más. La puerta del dormitorio se abre con un leve chasquido. Kara aparece, con una mirada de determinación, pero también de tristeza y melancolía. La carretera hacia el Dobra os espera. Y esta vez, no vais a perseguir la verdad, vais a escuchar cómo la moldean.

Mark, ¿cómo has pasado el día? ¿Qué has estado haciendo? ¿Qué otros personajes has ido a visitar?
#15
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
01 de Mar 2026, 09:54:46
El silencio se alarga después de que Bruma termine. Es un silencio que pesa. Ana Mercedes no baja la mirada. Pero tampoco la clava en él con desafío. Está pensando, encajando. Hace un leve gesto con la cabeza, casi imperceptible.


No suena como acusación. Suena como una pieza que por fin encaja. Camina despacio hacia la ventana. La luz de la luna empieza a dibujar líneas suaves en el suelo del Túmulo.


Hace una pausa, como si esa conclusión le doliera más que todo lo demás.


Se gira hacia él.


El aire parece más frío. Baja ligeramente la voz.


Respira hondo. Esta vez sí hay una sombra de temor, pero está contenida. El juego de luces del interior de la cabaña resalta sus facciones, de nuevo. Sin embargo, si fuera ella —y lo recuerdas con más vividez de la que querrías admitir—, eres consciente de que iba a estar mucho más exaltada.


No parece dramático. Como si quisiera entender y esperar.


Sus manos se entrelazan frente a ella, firme, anclada.


Un silencio más. La tensión se asienta.


Parece que le cuesta pronunciar el nombre. Baja un poco la mirada.


Suspira. Esta vez sí se le escapa el cansancio.


Da un paso hacia la puerta.


Se detiene un instante, sin mirarte.


Y tras una última respiración contenida:


Sale sin dramatismo, pero ya no es la misma que entró.



Va a pasar la noche sin mayor incidencia. A la mañana siguiente, no encontráis a Ana Mercedes por ningún lugar, parece que se ha marchado. ¿Qué vas a hacer, Bruma Nocturna? ¿Con quién vas a hablar, o a dónde te vas a dirigir?