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Mensajes - Maurick

#1
Cita de: Denebia en 16 de Ene 2026, 23:40:03Me encojo de hombros con cara de no haber entendido lo que quería decir. Poso la mirada rápidamente en Himitsu, pero no tardo en volver a mirar al nuevo.

Tiene ojeras profundas, una sonrisa ladeada que no llega a ser amistosa, y esa expresión de quien ya ha perdido la paciencia pero aún se permite el lujo de bromear con ello.


Da un par de pasos, no hacia vosotras, sino hacia el muelle, mirando el agua negra del canal.


Se gira entonces. Mira primero a Brisa. La observa con atención real, sin burla.


Sus ojos se desplazan a Himitsu. Se detienen. Algo cambia, apenas un segundo.


Se frota la cara con ambas manos, exhalando despacio. Himitsu reacciona.


Jonah abre la boca, con una expresión de ofensa muy grande.


Señala el barco con el pulgar, sin mirarlo. Una oleada de energía vibrante lo rodea y parece que el aparato se enciende de golpe. Himitsu se pone en posición defensiva.


Da un paso atrás, dejándoos espacio. Dejándoos elegir.


El agua golpea el casco una vez más. El sol asoma, enfermo y pálido, sobre Redcoast.

¿Qué vas a hacer, Brisa del Sur?
#2
Mark / Re:Episodio 1 — Dobra
Hoy a las 00:16:29
Karlos no te aparta la mirada. Tampoco avanza. Sus hombros están tensos como si llevara horas conteniéndose, y cuando habla no eleva la voz... pero cada palabra sale con rabia vieja, de esa que no necesita gritar.

Cita de: Mark en 18 de Ene 2026, 22:07:08No conocí a Laro Lombera y aunque las circunstancias no han sido las más propicias, no quita para cumplir la Letanía y honrar a un líder Garou


Aprieta los dientes. Se pasa una mano por la barba, nervioso, como si necesitara agarrarse a algo físico para no perder el control.


Da un paso lateral, no hacia ti, sino hacia la losa de Laro. La señala sin tocarla.


Te mira de nuevo, ahora sí, y de frente. Puedes notar como Terry, Semyon, Trovianni y Esteban posan su mirada sobre el griterío que está surgiendo del pasillo de entrada.


Se acerca lo justo para que su voz solo sea tuya.


Se detiene. Respira hondo. Cuando habla de nuevo, no hay amenaza. Hay cansancio.

Cita de: Mark en 18 de Ene 2026, 22:07:08-Alguien tenía que estar al otro lado de la mesa y me tocó a mi -espero unos segundos antes de continuar- vine por equivocación, como he explicado a Monique


Alguien aparece a su lado y le agarra del brazo. Puedes ver que es una chica de ojos oscuros, de ascendencia quizás mejicana, con el pelo largo y lacio, oscuro, y vestida con lo que parece un traje cubista de tela sólida.


Desde el rabillo del ojo notas a Monique tensa. El entierro se queda en silencio, pero alrededor vuestro el aire está cargado, espeso, como antes de una tormenta.

Karlos se aparta medio paso, a regañadientes. Te deja espacio. Te deja elegir.

¿Qué vas a hacer, Mark?

🟦 Marcharte con Monique y salir del foco: Aceptar que aquí no vas a sacar más sin romper algo. Dejar que Karlos se quede con su rabia y usar la cobertura del Arce Verde para salir del entierro sin incidentes. Obtendrás la oportunidad de afianzar una relación cordial con Monique.

🟨 Quedarte y hablar con los Zarpas de Teluria: Aprovechar la grieta abierta por Karlos para hablar con los que también desconfían del nuevo orden. No buscas aliados: buscas testigos. Obtendrás la oportunidad de afianzar una relación con una manada del Peñasco Blanco.

🟥 Acusar a Micky el Mocos como culpable: Micky sabía mucho, y sabía dónde mirar. Quizás es columpiarte demasiado, pero esto te va a librar de toda la atención que tienes ahora. Soltar la bomba en mitad del luto. Sin pruebas, sin red. Forzar a todos a reaccionar ahora. Darás a la Justicia Metálica y al Trono de Cibeles el cabeza de turco que necesitan, aún a costa de equivocarte. No sólo eso, si no que lo soltarás sin contar con Kara, ni con nadie más. No obstante, crees que podrás cerrar este capítulo de tu vida.
#3
Pau no responde de inmediato. Permanece unos segundos en silencio, observando cómo Bruma se presenta sin máscara, en su forma verdadera. No hay juicio en su mirada, pero sí un peso antiguo, como si estuviera escuchando algo más que palabras. El estanque sigue inmóvil. Los lirios no se agitan. Finalmente, el metis asiente una sola vez, despacio.

Cita de: Bruma Nocturna en 17 de Ene 2026, 16:07:30


Da un par de pasos lentos alrededor de la mesa de piedra, apoyando una mano grande y peluda sobre su superficie erosionada. No es un gesto de posesión, sino de costumbre.


Se detiene frente a Bruma.


No hay acusación en sus palabras. Tampoco admiración. Solo constatación.

Cita de: Bruma Nocturna en 17 de Ene 2026, 16:07:30


Hace una pausa breve, lo suficiente para que la alternativa pese.


El viento mueve apenas las hojas de las encinas. Pau respira hondo.


Antes de que Bruma pueda responder, Ana Mercedes da un paso al frente. Su voz es más firme de lo habitual.


El estanque permanece en calma. La pregunta queda en el aire.
#4
Mark / Re:Episodio 1 — Dobra
18 de Ene 2026, 21:37:44
Cita de: Mark en 17 de Ene 2026, 12:16:32🟦 Quedarte con Monique y «leer» el entierro: tragarte el discurso de Trovianni desde la zona lateral y dedicarte a observar quién llora de verdad, quién evita la losa, quién mira a Esteban, quién mira a Semyon. Sales con un mapa social claro... pero pierdes la oportunidad de moverte ahora. Obtendrás 1 dado adicional en la siguiente tirada que realices relacionada con el Peñasco Blanco.

La voz de Trovianni no necesita imponerse, ya lo hace el lugar. En el jardín-claustro, las fuentes cantan con agua luminosa, pero hoy su música suena como un susurro a destiempo. El aire huele a musgo mojado, a incienso viejo y a hierro. Las dos losas —Laro y Henar— parecen demasiado grandes incluso para este Ensueño de tapices y columnas. Como si la muerte hubiera obligado al sueño a agrandarse para poder tragarla.

Marco Trovianni avanza un paso, se detiene frente a la losa de Laro, y cuando habla su voz se extiende como si estuviera acostumbrada a salas con techo alto.


Se inclina apenas hacia la losa, como si pronunciara un juramento sin decirlo.


Mark, lo notas sin necesidad de mirarlo: Trovianni elige cada palabra como si ya estuviera redactando una versión oficial. Un epitafio que sirve para llorar y para gobernar. A tu lado, Monique no se mueve. Solo observa, con ese rostro de diplomacia fría. Te tiene cerca, como a un invitado incómodo que conviene tener bien colocado. Trovianni continúa, y el tono cambia. Ya no habla solo de Laro. Habla de futuro.


Señala con un gesto suave, casi elegante, como quien nombra instituciones y no personas.


No todos asienten. Lo notas por la tensión que cambia de sitio, como una corriente subterránea. Un murmullo nace en la multitud: un «¿por qué él?», un «¿quién le ha elegido?», un «Laro no habría...», cosas dichas entre dientes, con dolor convertido en rabia.

Entonces, desde un lateral, se acercan a la losa varios individuos de aspecto rudo y salvaje, que no encajan en la estética de aquí. Su ropa parece de otra estación del mundo: tejidos claros, adornos extraños, símbolos que recuerdan a mares y volcanes. Van en silencio, dejan algo simbólico sobre la piedra, y retroceden sin mirar a Trovianni. Monique te roza la manga con los dedos, mínimo.


El murmullo crece. Y en ese momento, Esteban de Haro da un paso al frente. No necesita alzar la voz. Su presencia ya es una orden. Se coloca como si el claustro fuese un estrado, y por un instante el Ensueño parece escucharle a él, no a Trovianni.


Algunos lo miran con odio abierto. Otros con ese tipo de prudencia que solo existe cuando el poder muerde.


Esteban no pide perdón. No ofrece cariño. Ofrece un marco.


El aire se carga. Y no solo por los Garou. Entre los asistentes, Mark... ves movimiento feérico, y se te eriza la piel como si la realidad tuviera electricidad estática. No son «gente» como los demás: son figuras de fábula mal encajada en funeral. Un tipo cornudo con sonrisa amarga y ojos de borrachera triste. Una mujer de belleza imposible que no parpadea como si el duelo no le perteneciera. Un enano de manos manchadas de grasa y metal que mira la losa como quien calcula engranajes. Otros... demasiado hermosos, demasiado raros, demasiado vivos para estar aquí sin rechinar.

Y están cabreados. No gritan. Pero el Ensueño alrededor se crispa, como si el lugar no aceptara que conviertan un entierro en proclamación. Monique aprieta tu brazo.


Te tira con suavidad firme, intentando sacarte de la línea de visión de los grandes... y de los resentidos. No llegáis lejos. El barbudo de antes —barriga dura, barba pesada, presencia de una roca— os corta el paso sin prisa, como quien pone una puerta donde antes no había nada. No lleva arma en la mano. No la necesita.

Te mira primero a ti. Luego a Monique. Luego vuelve a ti, como si decidiera que la cortesía ya se gastó.


Su mirada se te clava. Su insulto se te clava en la parte de atrás del cuello.


Monique no suelta tu brazo. Pero tampoco habla por ti. Y de pronto, Mark, entiendes lo que significa estar «al amparo» del Arce Verde: no es protección. Es estar en mitad del tablero... con una mano elegante sujetándote para que no te muevas mal.

Karlos te espera. La pregunta se queda abierta, afilada, delante de todos los silencios del entierro.
#5
Cera & Sangre / Re:Episodio 1 — Creta
17 de Ene 2026, 01:33:42
El movimiento constante por el piso acaba sacándola del letargo. Kaari abre los ojos con un jadeo seco, como si regresara de un lugar demasiado profundo. Durante unos segundos no se mueve. Solo escucha: el zumbido irregular del portátil, los pasos de Iota, la respiración de Ni. Está pálida, pero hay algo distinto en ella. No es fuerza todavía. Es presencia.


Se incorpora despacio, apretando los dientes cuando el dolor protesta. No grita. No se queja. Evalúa su propio cuerpo con una calma extraña, casi ritual. Luego alza la vista hacia Iota.


Sus ojos se deslizan hacia el portátil cuando Iota menciona a Stavros.


No hay dramatismo en la frase. Es una constatación. Se frota el pulgar contra el índice, como si notara algo que los demás no ven.


Señala el portátil sin tocarlo.


Respira hondo. El gesto le duele, pero no se detiene.


Se inclina hacia delante, apoyando el antebrazo en la rodilla buena.


Te sostiene la mirada. A ti y a Ni.


Cierra los ojos durante un instante, y casi que podríais decir que se le cae una lagrimilla. Respira con fuerza.


La mirada de Kaari cambia. Está llena de determinación.


Habla más bajo. Le tiembla la voz.


El piso guarda silencio tras sus palabras. No es una orden. No es una súplica. Es un paso.

Kaari se recuesta de nuevo, agotada, pero consciente.


Señala un teléfono móvil, un Nokia 7710 bastante gastado.

#6
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
17 de Ene 2026, 01:13:54
El sendero se vuelve cada vez menos evidente mientras caminas por la naturaleza oculta a los ojos de los humanos. No desaparece del todo, pero deja de parecer un camino y pasa a ser una costumbre del terreno: ramas apartadas siempre por el mismo gesto, hierba aplastada en puntos concretos, piedras que alguien recolocó hace mucho tiempo para que no estorbaran al paso. No hay marcas rituales ni señales visibles, nada que reclame atención.

El bosque se abre poco a poco, hasta que la hondonada aparece sin anuncio previo, como si el terreno hubiese cedido por cansancio. Allí abajo, el aire es distinto: más húmedo, más frío, cargado de un silencio que no pesa. Encinas viejas rodean el lugar, con sus raíces asomando entre la tierra oscura, y el matorral bajo deja claros naturales que invitan a detenerse sin imponerlo. En el centro se encuentra un estanque.

No es grande. No es espectacular. El agua permanece en calma absoluta, alimentada por surgencias invisibles que no agitan la superficie. Brotan lirios de un blanco perlado, intactos, incluso fuera de temporada. No hay hojas muertas flotando, ni insectos rompiendo el reflejo. El agua simplemente está.

La sensación es inmediata y difícil de ignorar: aquí la Rabia no se apaga, pero no se aviva. A unos metros del estanque, en un claro ligeramente elevado, se alza el boun del túmulo.

Una mesa de piedra megalítica, erosionada por siglos de viento y lluvia, ocupa el centro. No tiene grabados visibles, solo marcas suaves de garras apoyadas una y otra vez en los mismos puntos. Frente a ella, ligeramente separados, se alzan dos tronos de roca, toscos, funcionales, sin ornamentación alguna. No parecen asientos de poder, sino lugares donde sentarse a escuchar.

La Umbra, aquí, se superpone sin violencia. Neblina baja, suelo blando, vegetación más densa. Los espíritus no se manifiestan con forma clara. El lugar no proyecta dominio ni frontera; no empuja hacia fuera, pero tampoco invita a entrar sin más. Es un espacio sostenido, no defendido. Ana Mercedes se detiene a un lado del claro. No avanza más.

Y entonces lo ves. Junto a la mesa de piedra, de espaldas al estanque, se encuentra una figura en forma Crinos. Alto. Robusto. Al moverse, notas la deformidad propia de los metis: evidente, pero no grotesca. Unas pezuñas robustas, como las de un ungulado, destacan cuando camina. Su postura no es amenazante. Está erguido, con las manos relajadas a los costados, como alguien que ya estaba esperando. El pelaje es claro, salpicado de tonos más grises. Los ojos, atentos, recorren el claro antes de posarse en vosotros.

Su voz gutural, acentuada por la forma de guerra, parece más suave de lo que estás acostumbrado a oir. La sensación de paz que rodea este lugar es embriagante.


Da un paso adelante, lo justo para ser visto con claridad.


El estanque permanece inmóvil, los lirios no se mueven. El lugar escucha. Pau se sienta sobre uno de los tronos de piedra, mientras os invita a acercaros. Ana Mercedes te mira a los ojos, y te hace un gesto con la cabeza para que vayas tú solo.

#7
Mark / Re:Episodio 1 — Dobra
17 de Ene 2026, 01:13:02
Monique no aparta la mirada de tus ojos cuando hablas. No te discute el tono, pero sí el fondo. Aquí, en el Ensueño, las palabras pesan distinto: cada frase suena como si alguien la estuviera anotando en un libro que no has visto.


Monique inclina apenas la cabeza hacia el centro del jardín, hacia las losas, hacia la multitud vestida como si el duelo fuese un desfile de siglos. Notas como su olor, suave, afrutado, se acentúa con la vigorosa presencia etérea del lugar. Es casi... abrumadora.


Se acerca un paso más, lo suficiente para que su perfume —algo seco, elegante— se mezcle con la humedad del musgo.


Monique deja que tu frase sobre rendir respetos cuaje un instante. Luego, baja la voz.


Entonces sucede. Monique no gira la cabeza, pero sus ojos se mueven, finos. Un detalle en el borde de la escena: Esteban de Haro, inmóvil como una estatua con piel humana, se inclina hacia la mujer delgada de coleta. Le susurra algo con una calma quirúrgica. La mujer asiente una sola vez, y empieza a alejarse.

No corre. No se apresura. Se marcha como quien va a por aire... como quien pretende que su salida no significa nada. Monique te mira de nuevo. Sus dedos te rozan la manga, un gesto mínimo, de guía más que de afecto.


En el jardín, la mujer de coleta ya casi ha alcanzado la salida del claustro. Entre los asistentes, las miradas se clavan en Marco Trovianni, que se coloca delante de la losa de Laro y comienza a soltar un discurso.


La Philodox se acerca aún más a ti y te susurra algo. El mero roce de su aliento contra el lóbulo de tu oreja es suficiente para mandarte un escalofrío... agradable.


¿Qué es lo que vas a hacer, Mark?

🟦 Quedarte con Monique y «leer» el entierro: tragarte el discurso de Trovianni desde la zona lateral y dedicarte a observar quién llora de verdad, quién evita la losa, quién mira a Esteban, quién mira a Semyon. Sales con un mapa social claro... pero pierdes la oportunidad de moverte ahora. Obtendrás 1 dado adicional en la siguiente tirada que realices relacionada con el Peñasco Blanco.

🟨 Presentar respetos a Laro como Philodox: acercarte, reverencia breve, una frase medida. No buscas protagonismo: buscas reacción. Si alguien te corta el paso, si alguien te «perdona», si alguien te ignora, esa respuesta vale oro... pero te expones. Obtienes 1 punto adicional de Fuerza de Voluntad y toda la atención del Peñasco Blanco. Eso puede ser positivo... o no.

🟥 Aprovechar el foco y largarte tras la mujer de coleta: salir del claustro cuando todos miran a Trovianni, seguirla sin correr, sin dramatismo, mezclándote como si fueras parte del cortejo, y ver a dónde va y con quién se cruza. Es riesgo inmediato: si te cazan, no será una conversación. Será un «¿qué coño haces?» en mitad del luto. Para ello, supera una Tirada de Carisma + Sigilo a Dificultad 7; con éxito, logras ver qué es lo que hace la mujer de coleta.
#8
Mark / Re:Episodio 1 — Dobra
15 de Ene 2026, 13:17:11
La voz de Nashira no llega como un susurro íntimo, sino como una presión fría detrás del oído. No hay calor. No hay consuelo. Solo dirección.


El sendero a la derecha se abre ante ti, mostrándote un camino de baldosas amarillas montaña arriba, hacia lo que parece un promontorio natural. El Ensueño se abre ante ti como un cauce de musgo y bruma. La Umbra aquí no es solo Umbra: es la herida vieja del Peñasco Blanco, ese lugar donde lo feérico y lo espiritual se han pegado como dos pieles mal cosidas. Por momentos, el aire huele a tierra mojada y a perfume antiguo, y a la vez a ozono, como si algo eléctrico respirara entre los helechos.


Caminas, y tu propia presencia delata lo que eres. Un Morador de Cristal no encaja aquí: el Ensueño te nota como una arista, como una nota fuera de escala. Donde pisas, la belleza sigue siendo belleza... pero te mide. Te tolera. Como si el paisaje tuviera ojos. Entonces lo ves.

No es un claro cualquiera. Es un balneario imposible, levantado como un tesoro medieval: piedra clara y columnas talladas, tapices que ondean sin viento, fuentes que cantan con agua luminosa. Los árboles alrededor no son árboles: parecen estandartes vivos, y las flores tienen el brillo de las joyas cuando les da el sol. Cuando te acercas, vas escuchando el bullicio: aquí hay muchas personas. A mano izquierda accedes a un jardín tipo claustro. En el centro, se han cavado dos gigantescas tumbas, con losas de piedra tallada.

Allí, está todo el Peñasco Blanco. No te han invitado, lo sientes en los bordes del lugar, como una puerta que no termina de abrirse para ti. Aun así, Nashira te empuja con palabras que no admiten réplica.


A medida que avanzas, empiezas a distinguir rostros.

Gente que ya has visto... en otros escenarios, con otras luces. Aquí, sin embargo, van vestidos para una época que no es la tuya: algunos lucen trajes elegantes como diplomáticos; otros llevan sedas antiguas con bordados que parecen juramentos; otros, directamente, armaduras completas, como si el luto fuera un campo de batalla. Los peinados, las joyas, los broches... todo grita rango y linaje.

Ves a una mujer peinada con exceso, ornamental, como un retrato fuera de siglo, con un rostro de odio y asco que destila repulsión. Le acompaña un animal ridículamente pequeño, nervioso. A su lado, se encuentra un hombre adulto, de pelo negro casi rizado, con gafas de sol y una cazadora de cuero. A su lado, reconoces a Felipe de Marchal, hablando con un tipo de aspecto casi cadavérico, de larga melena canosa, y ojos amarillos brillantes.

Entre ellos reconoces figuras de la Media Luna. También ves a Terry, a Semyon, a Esteban de Haro... y a dos Garou que no te suenan, colocados como sombras al lado de los que mandan. Un hombre de aspecto tosco, calvo, y una mujer delgada, fibrosa, con el pelo recogido en una coleta. Sus ojos se mueven como los de un ratón en la oscuridad. El aire es hermoso, sí, pero la tensión es una cuerda tensada sobre un abismo.


Antes de que puedas dar un paso más, notas movimiento a tu izquierda: un hombre grande, barbudo, de barriga firme, con un aire germánico imposible de confundir, empieza a encaminarse hacia ti con decisión. No llega.

Una mano elegante lo toma del brazo como si fuera lo más natural del mundo y lo aparta, desviándolo con suavidad absoluta, sin discusión. Es una mujer de ojos claros y presencia afilada. Te arrastra hacia una zona más discreta, donde hay otros apartados del núcleo del Peñasco: gente que observa en vez de desfilar. Por el rabillo del ojo reconoces a la chica del piso de Henar, María, que habla con el tipo de la chupa de cuero y le susurra algo al oído mientras te alejas del lugar.

Monique te suelta, te mira de arriba abajo, y su voz sale baja, directa, con esa mezcla de juicio y sorpresa que duele más que un grito.


Su acento francés es muy característico. Va vestida con un traje de seda negro, con palabra de honor, y lleva unos zapatos elegantes decorados con hebillas de diamante. Clava sus ojos azules mientras espera una respuesta.
#9
Mark / Re:Episodio 1 — Dobra
11 de Ene 2026, 21:04:59
El coche que te han dejado te espera donde siempre: un Opel Corsa del 89, blanco amarillento, con el parachoques abollado y un ralentí que suena como un perro asmático. Nada de lujo ni símbolos, sólo metal cansado. No existe un Discord, no hay GPS en los móviles. Borras estos pensamientos como si fuese lo más natural, pero te quedas pensando durante unos momentos, sentado en el coche del conductor. ¿Qué es un Discord?

Arranca al segundo intento. Recuerdas lo que dijo Terry... «Todo lo que necesitéis.» Pero el tiempo apremia.

El camino hacia el Desfiladero de la Hermida se abre poco a poco, y Cantabria empieza a mostrar su verdadero rostro. El asfalto serpentea entre montañas cubiertas de verde imposible. Prados húmedos, bosques espesos, rocas antiguas cubiertas de musgo. El aire se vuelve más limpio a cada kilómetro, más frío, más denso. Aquí la tierra no está domada. Solo tolera.

La sensación es extraña: cuanto más bello es el paisaje, más consciente eres de que no perteneces del todo. Cuando aparcas y bajas del coche, en el aparcamiento del balneario, lo notas al instante: la Umbra aquí no está sola.

Atraviesas el velo que separa ambos mundos mediante los espejos del vehículo, y una sensación inquietante y de hormigueo estomacal de invade. Una dimensión adyacente se derrama sobre la Umbra, como tinta en agua. Los límites son borrosos, inconsistentes. Colores que no deberían existir. Ecos de risas que no llegan a ser sonido. El aire vibra con una presencia viva, curiosa... y recelosa. ¿Qué es este misterioso lugar?

Cruzas, pero antes de abrir el portón enorme que separa la Cantabria salvaje del interior del balneario por la Umbra, te fijas en tus manos. Eres cristal: bordes definidos, reflejos duros, una geometría que no encaja con la fluidez brillante de tu alrededor. Cada paso tuyo hace que algo se tense del entorno. No te rechazan, pero te sienten. Como una nota discordante en una melodía antigua.

El balneario aparece ante ti como un tesoro medieval arrancado de una leyenda: piedra blanca, arcos imposibles, agua luminosa fluyendo en canales tallados con símbolos que se mueven cuando no los miras directamente. Es hermoso. Demasiado. Un lugar que promete sanación... y cobra precios que no siempre entiendes hasta que es tarde.

Das un paso más. Y antes de atravesar el umbral, una voz te envuelve, suave y firme a la vez, como si siempre hubiera estado ahí.


Nashira ya te estaba esperando.
#10
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
11 de Ene 2026, 20:45:35
"Aránzazu" no responde de inmediato. Agarra con fuerza la caja, se coloca y, tras un segundo de silencio, echa a andar sin mirar atrás. No es una huida ni una invitación explícita. Es un gesto simple, casi cotidiano.


El sendero se interna en el bosque. Encinas bajas, matorral espeso, tierra seca bajo los pies. El camino no está marcado, pero se nota que ha sido transitado muchas veces, siempre por las mismas personas. Camináis unos metros en silencio.


Te lanza una mirada breve, evaluadora.


El bosque se espesa ligeramente. El aire es distinto. No más peligroso, pero sí más atento.


Se detiene un momento, como si escuchara algo que tú no percibes con claridad. Luego continúa.


Su voz no es dura. Es honesta.


El sendero desciende suavemente. El sonido del viento cambia. Hay humedad en el aire. "Aránzazu" se detiene por segunda vez y, ahora sí, te mira de frente.

Cita de: Bruma Nocturna en 10 de Ene 2026, 18:37:03


No hay rabia en sus ojos. Tampoco tristeza evidente. Solo una certeza antigua.


Da un paso más, apartando unas ramas bajas. Entre los árboles, más abajo, el terreno se abre. El aire es más fresco. Más quieto.


Y continúa caminando, hacia lo que parece ser un monte cercano. ¿Hay algo que quieras preguntarle, Bruma Nocturna? ¿O prefieres ir caminando hacia el túmulo?
#11
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
09 de Ene 2026, 19:03:51
Cita de: Bruma Nocturna en 09 de Ene 2026, 01:19:26Si Iruz acepta, le da otros 3 puntos de sangre. Sin embargo, retrasa ligeramente la llegada para beber y tomarse un descanso (por si algo pasase al llegar) mientras se recupera. En ese rato, aprovecha para meditar y recuperar también el punto de gnosis usado con el espíritu rata.

Iruz no discute la propuesta. No hace bromas. No pregunta. Simplemente apaga el motor, se baja del coche y se apoya en la puerta, esperando. Su postura es relajada, casi paciente, como si hubiese tomado la decisión antes incluso de que tú terminaras de hablar. No hay urgencia, ni ansiedad. Solo confianza silenciosa.

Cuando extraes la sangre, no aparta la mirada. Respira despacio, es un acto funcional, íntimo en su crudeza, sin erotismo ni dramatismo. Al terminar, se limpia la comisura de los labios con el dorso de la mano y te mira un instante largo.


Se encoge un poco de hombros, con una sonrisa torcida.


Te da un toque suave en el brazo y vuelve al coche, dejándote espacio para que medites y entres en comunión con el lugar. Tanto la Gnosis como la presencia espiritual de esta zona son muy puras. Te recuerda a cuando meditabas en el corazón de la Noche Fría. Tu hogar, que ahora parece tan lejos...



Cita de: Bruma Nocturna en 09 de Ene 2026, 01:19:26

Cuando el sacerdote se acerca y te escucha hablar de chamanes, aprendizaje y conocimiento, frunce el ceño. No con hostilidad, sino con desconcierto genuino. Durante unos segundos parece no saber cómo responderte.


Mientras habla, lo notas. La Gnosis del lugar se altera, apenas un susurro, como si algo hubiese contenido la respiración durante un instante. No viene del sacerdote. Viene de más atrás. De más hondo. Tus ojos se deslizan, casi por instinto, hacia la joven que acaba de salir del monasterio con una caja entre los brazos.

Ella también te está observando. Da un paso al frente, con naturalidad, y se dirige al anciano.


El sacerdote parpadea, como si algo encajase al fin.


Se gira y regresa al interior del monasterio sin añadir nada más. La joven espera a que os alejéis unos metros, lo justo para quedar fuera del alcance de miradas indiscretas. Deja la caja en el suelo y se vuelve hacia ti. Su expresión no es hostil pero tampoco acogedora.


Te mira de arriba abajo, con atención medida.


El aire alrededor del monasterio permanece quieto. Expectante.
#12
Cita de: Denebia en 07 de Ene 2026, 17:30:59Miro a Himitsu y le doy un leve ladrido para que me siga.

La salida de Gracemire no fue anunciada ni observada. No hubo despedidas, ni rituales de partida, ni miradas de reproche. El túmulo continuó respirando a su propio ritmo mientras dos siluetas se alejaban de su perímetro, deslizándose entre la niebla baja como si el terreno mismo aceptara su marcha.

Las colinas húmedas que rodean el antiguo hospital se cerraron tras ellas con la indiferencia de lo viejo. Los senderos rurales, apenas visibles bajo la hierba aplastada por lluvias constantes, conducían hacia carreteras secundarias rotas, donde el asfalto se abría en cicatrices irregulares y la señalización oxidada apuntaba a destinos que ya no existían. Las torres eléctricas, inclinadas como animales exhaustos, zumbaban con una electricidad inestable que erizaba el aire y hacía murmurar a los espíritus menores que se ocultaban entre los matorrales.

El trayecto fue largo, silencioso y áspero. Atravesaron tramos donde la Tejedora aún se aferraba a viejas estructuras industriales —puentes sin tráfico, estaciones de tren selladas, naves vacías— y otros donde el Kaos reclamaba terreno: campos inundados, bosques ennegrecidos por incendios antiguos, caminos donde la niebla no se comportaba como vapor, sino como algo que observaba. En más de una ocasión, el suelo crujió bajo sus pasos con un eco que no pertenecía a ningún animal conocido.

A medida que avanzaban hacia el este, el olor del mar comenzó a imponerse: sal, metal húmedo, algas podridas. El viento se volvió más cortante, cargado de partículas finas que raspaban la piel y el pelaje. Pasaron cerca de Grenvale sin detenerse, bordeando las zonas calcinadas y los restos de edificios que aún olían a humo viejo. Más allá, la carretera costera descendía lentamente, revelando a lo lejos las siluetas del puerto. Muchos fantasmas quedaron atrás en Grenvale: Hoa, Rose, Ajax...

Redcoast emergió de la bruma como un esqueleto industrial. Grúas inmóviles recortadas contra un cielo gris perla, muelles corroídos, contenedores apilados sin orden aparente. El agua del canal apenas se movía, espesa y oscura, reflejando una luz mortecina que no llegaba a calentar. Los ecos del lugar no eran humanos: golpes metálicos sin origen, chapoteos que no correspondían a mareas, el roce constante de algo que se arrastraba bajo las plataformas. Como si la presencia de Lindon Derick aún permease en el ambiente. Las Morrigan se habían quedado en el Consejo, carentes de propósito pero igual de sedientas de sangre. Quizá por eso Brisa caminó sin mirar atrás.

Cuando alcanzaron los límites del puerto, el cielo comenzaba a aclararse. Eran poco más de las siete de la mañana. La noche se retiraba con desgana, dejando tras de sí un amanecer pálido y enfermo, como si el sol dudase en mostrarse sobre aquel tramo de costa. La ciudad aún dormía, o fingía hacerlo.

Allí, entre el olor a óxido y salmuera, quedaba claro que el siguiente paso no sería un regreso, ni una pausa. Redcoast no ofrecía refugio, sino una salida. Un punto de no retorno desde el que el mundo se abría hacia el agua... y hacia aquello que aguardaba más allá.



La marea está baja y deja al descubierto una franja de limo oscuro adherido a los pilotes, como una costra antigua. Entre dos embarcaciones oxidadas, un barco a motor permanece amarrado con cabos gastados, la pintura desconchada y el parabrisas cubierto de sal seca. El motor parece intacto... lo justo para no fiarse de él.

Mientras revisa el interior —un bidón medio vacío, una caja de herramientas incompleta, un mapa náutico manchado—, el viento del canal empuja un olor a combustible rancio y algas muertas. Es entonces cuando Himitsu vuelve a su forma humana. Ella también lleva dedicada su ropa, sus abalorios, su pequeña vida. Rompe el silencio, sin alzar la voz, como si hablara para el agua.


Da un salto ágil al interior y observa los indicadores.

Un sonido ajeno corta el murmullo del agua: pasos rápidos sobre la pasarela metálica, acompañados del tintinear de llaves. Una figura emerge entre las grúas, avanzando con decisión. Un tipo joven, con buena presencia, un peinado llamativo, va caminando hacia vuestra ubicación. Himitsu se asoma y cruza miradas con aquel individuo. Se sobresalta.


Ese hombre se para de repente, y os llama la atención en voz alta.


El viento levanta una ráfaga más fuerte y hace golpear los cabos contra el casco. Jonah mantiene la mirada, expectante, con esa mezcla de urgencia y cansancio que se ha vuelto común en Gracemire desde que todo empezó a resquebrajarse.

Himitsu traga saliva, y se queda mirándote.
#13
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
07 de Ene 2026, 16:24:18
📅 3 de septiembre de 2005, madrugada

El sueño no llega de golpe. Se desliza.

Bruma corre, es un lobo. Y tiene cuernos.

Corre con cuatro patas sobre un páramo devastado, un territorio que alguna vez fue algo más y ahora no es nada. El suelo está cubierto de ceniza fina, que se levanta a cada zancada y vuelve a caer como nieve muerta. Hay niebla, espesa y baja, que no oculta el camino pero lo vuelve irreal, como si el mundo estuviese a medio recordar.

No le resulta extraño. Corre como si siempre hubiera sido así.

A lo lejos, en mitad de la devastación, una silueta rompe la monotonía: la forma de una ciudad. No puede distinguir edificios ni murallas, solo el perfil imposible de algo que no debería estar ahí. No emite luz. No se mueve. Está... esperando. Antes de que pueda acercarse más, la tierra tiembla.

Del suelo surge una torre de piedra, elevándose como si siempre hubiera estado enterrada y solo ahora recordase cómo erguirse. Es enorme, desproporcionada, antiquísima. La piedra es rosácea, erosionada por siglos que no existen. No hay símbolos visibles. No hay ornamentos. Solo peso.

La torre se abre. De su interior emerge una figura humanoide. Camina despacio, encorvado, como si cada paso fuese un esfuerzo antiguo. Tiene cuernos, como los suyos. Su pelo es blanco, casi plateado, largo y descuidado. El rostro es familiar... y al mismo tiempo completamente desconocido, como un reflejo visto en agua turbia. Va apoyada en un cayado de madera y plata; alza una mano; no hay palabras. El gesto basta. Ambos se giran hacia el cielo.

Allí flota un planeta azul y verde, que resplandece bello, vivo y entero. Durante un instante, parece inmóvil. Entonces empieza a desintegrarse. No explota. No grita. Simplemente se va deshaciendo, capa a capa, como si alguien estuviese borrándolo con paciencia. De él queda una ceniza cósmica, que se dispersa en el vacío. En medio de esa nada, un punto blanco.

Brilla. Brilla tanto que el cielo se vuelve claro, como si hubiese amanecido de golpe. La luz lo inunda todo. La ciudad lejana desaparece en el resplandor. El páramo deja de existir. El punto cae. No como un meteorito, sino como algo que viaja e impacta contra la torre. La piedra se revienta, fragmentándose en mil pedazos que salen despedidos en todas direcciones. La figura humanoide no se mueve. El lobo tampoco. El mundo se rompe en silencio. Y entonces... nada.



Bruma despierta. La habitación del hotel está en penumbra. El zumbido lejano del polígono industrial sigue ahí, constante, mundano. Al mirar el reloj, comprueba que son las ocho de la mañana.

Iruz sigue dormida en la cama, espatarrada, respirando profundamente, ajena a todo. El sueño se desvanece... pero no del todo.

Hotel Jiménez — Polígono al norte de Soria

📅 3 de septiembre de 2005, ~08:10

La mañana llega sin ceremonia.

Café aguado, bollería industrial, algo de pan tostado. Nada memorable. El tipo de desayuno que se toma porque el cuerpo lo pide, no porque apetezca. El hotel se va desperezando despacio; un par de puertas que se abren, una televisión encendida a volumen bajo, pasos en el pasillo.

No pasa nada. Y eso, hoy, casi se agradece.

Poco después, os dirigís al taller del polígono. El coche sigue donde lo dejasteis, ya fuera, limpio de herramientas y con el capó cerrado. El mecánico aparece al poco, mono manchado, gesto neutro.


Iruz lo interrumpe. No le interesa nada del upselling que está intentando realizar este tipo. El nota lo entiende, y pide 120 euros. Sin regateos ni historias. El trámite es rápido. Las llaves cambian de mano y el coche vuelve a ser vuestro.



Carretera secundaria — Sur de Soria

📅 3 de septiembre de 2005, ~09:00

Iruz conduce. Esta vez sin música. En unos 15–20 minutos, el paisaje cambia. El polígono queda atrás y la carretera se estrecha, flanqueada por vegetación baja y muros de piedra antigua. El coche se detiene frente a un monasterio de aspecto severo, construido con bloques gastados por siglos de intemperie. No hay turistas. No hay coches. El aparcamiento está casi vacío. Iruz apaga el motor, pero no se mueve.


El lugar está en silencio. Un silencio distinto al del polígono: más denso, más antiguo. Al cabo de unos instantes, la puerta del monasterio se abre. Sale un sacerdote. Anciano. Camina despacio, apoyándose levemente en un bastón. Observa el coche con curiosidad sincera mientras se acerca, como si aquel vehículo fuese la única anomalía del lugar.

Se detiene a una distancia prudente y sonríe con cansancio amable.


El silencio vuelve a asentarse, expectante. Justo detrás de él sale una chica joven, cargando una caja de cartón. Lleva puesto un mono de trabajo de color marrón claro, y una camisa de tela gris arremangada. Se acerca a dónde estáis vosotros. Cruzáis las miradas...



¿Qué hace Aránzazu aquí?
#14
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
07 de Ene 2026, 16:14:22
Cita de: Bruma Nocturna en 05 de Ene 2026, 16:03:34

Iruz sonríe cuando escucha eso. No parece estar acostumbrada a recibir elogios o afirmaciones positivas.

Cita de: Bruma Nocturna en 05 de Ene 2026, 16:03:34


Cuando lo pronuncia, no parece que se lo esté tomando en serio. Ni siquiera parece ofendida por su sonrisa.

Cita de: Bruma Nocturna en 05 de Ene 2026, 16:03:34

Notas que su rostro cambio cuando hablas de la hermana de Mauricio. Sus cejas forman una «v» muy marcada.


Suspira.


Cita de: Bruma Nocturna en 05 de Ene 2026, 16:03:34

Se te queda mirando. No solo a ti, si no que mira alrededor.


Y te guiña un ojo, juguetona como siempre.

Cita de: Bruma Nocturna en 05 de Ene 2026, 16:03:34

Se bebe lo que queda del refresco de cola light sin azúcar ni edulcorantes añadidos. Tuerce el morro un momento.




Finalmente, cuando estáis en el centro de la ciudad, y surge la conversación...

Cita de: Bruma Nocturna en 05 de Ene 2026, 16:03:34

Se le ilumina la cara cuando ve el stand de bisutería encima de uno de los mostradores.


Son unas gemas engarzadas en lo que parece acero pintado de oro. Sin embargo, cuando Iruz coge una de ellas, en seguida la suelta y se queja algo. Puedes ver que las yemas de sus dedos están soltando algo de humo. Afortunadamente, nadie se ha dado cuenta.


Así finaliza vuestra visita al centro de la ciudad en busca de ropa nueva y abalorios para Iruz. Volvéis al hotel.



Cita de: Bruma Nocturna en 05 de Ene 2026, 16:03:34Cuando Birdman desaparece, Bruma se apura en socorrer al exhausto espíritu rata. Intenta ayudarle a recuperarse, compartiendo con él su Gnosis si es necesario.

El espíritu recupera parte de su estabilidad espiritual al absorber tu Gnosis. Es una criatura simple, sin mucha capacidad para elaborar frases complejas.

Asumimos que has dado 1 Punto de Gnosis para obtener información.

Una vez se ha recuperado, el espíritu no tarda en desaparecer por la Umbra.

Cita de: Bruma Nocturna en 05 de Ene 2026, 16:03:34Antes de salir de la Umbra, busca a un espíritu pez para pedirle que busque a Iris. "Las plumas son más traicioneras que los cuernos". Nada más. Al regresar de la Umbra, antes de ninguna otra cosa, coge su Nokia 3510 y le escribe un SMS a Rufus Sentinel un escueto "¿Sigues con vida?" antes de mirar a Iruz. Aunque se le ve turbado, no quiere preocuparla.

Te es complicado encontrar un espíritu pez por esta zona de la Umbra, ya que el río más próximo está a un rato caminando. ¿Quizás un pájaro podrá servir? De esos espíritus, hay bastantes. Por otra parte, cuando escribes el SMS con dificultad, no estás acostumbrado a usar esos trastos, pulsas el botón de enviar, y al minuto o así recibes un mensaje que indica:

El número marcado no existe. Revise el nº introducido. No se le ha cobrado la emisión del mensaje de texto.
#15
Mark / Re:Episodio 1 — Dobra
07 de Ene 2026, 13:32:09
Vytalian emite un resoplido de resignación, pero es consciente de su posición ahora mismo. No puede permitirse fallar ni que nadie le reclame haber hecho algo mal, tiene a Terry McCoil detrás de su cuello.

La habitación se queda en silencio cuando Mark habla. Incluso sus compañeros rusos, que hacía unos días le menospreciaban, pueden ver a McCoil en él. Ellos desconocen su vínculo familiar, pero sin duda alguno, Mark ha hablado como su padre en ese momento. Kara traga saliva, no sabe si lo que acaba de experimentar es algo bueno o algo malo.

Cita de: Mark en 04 de Ene 2026, 22:12:31-Dicho todo esto y aclarado el malentendido, procederé a explicarte lo sucedido hasta ahora ¿de acuerdo? -apago en el cenicero el cigarro casi consumido- Bien, tras nuestra reunión con Terrence, Semyon y Esteban, decidimos comenzar nuestra investigación por el Dobra, para ver qué había sucedido exactamente como nos pidió expresamente Terrence McCoil, para lo cual, en ningún momento nos dijeron que tuviéramos que ponernos en contacto contigo, así que procuremos no ofendernos tan a la ligera de ahora en adelante.

Alberto no responde de inmediato. Se deja caer en la silla, pasa una mano por la cara y suelta el aire despacio, como si llevara horas aguantando algo que por fin puede decir en voz alta.


Se inclina hacia delante, apoyando los antebrazos en la mesa.

Cita de: Mark en 04 de Ene 2026, 22:12:31- en el lugar de los hechos, fue cuando nos encontramos con Micky, al cual capturamos y lo trajimos aquí y una vez aquí, nos expuso la increíble historia de un artefacto capaz de volar por los aires media montaña entregado a Henar, la hija de Lombera


Kara resopla.


Alberto no sabe qué contestar.


Cita de: Mark en 04 de Ene 2026, 22:12:31Fuimos al piso de Henar para investigar la información que nos había dado el Mocos, pero ahí nos encontramos con María, la compañera de piso de la muchacha, la cual no nos dejó husmear en la casa, pero si corroboró que Henar había llevado un regalo "especial" a su padre al Dobra

Hace una pausa breve. Mira de reojo hacia la pared que separa la habitación de Micky.


Kara interviene entonces, sin dramatismo, como si estuviera cerrando un informe.


El Señor de la Sombra da un puñetazo a la mesa. Ni Kara ni Mark os sorprendéis.


La rusa sonríe y pone una mueca de condescendencia.


Alberto se queda sin respuesta, otra vez. Carraspea.


La Ragabash afirma con la cabeza. Se gira hacia Mark primero.


Luego mira a Alberto.


Alberto resopla, pero asiente.


Kara sonríe y saca, de una bolsa de deporte cercana, un extraño dispositivo que parece más un arnés de BDSM que otra cosa.


La rusa lo arroja sobre la cama. Parece pesado.


Señala a Mark.


Se hace un silencio incómodo. Kara vuelve a Mark. Esta vez su mirada es distinta: menos acero, más urgencia contenida.


Los tres salís de la habitación con el aparato de cuero y plata de Kara. Micky alucina al verlo, y cuando le quitáis la mordaza hace un chiste de los suyos.


Tarda poco en callarse y en ser desnudado, y vestido con la «Jaula de los impuros». La escena es lamentable y bastante pestilente. Después, Kara le obliga a ponerse la ropa por encima, una vez vestido de nuevo no parece que lleve un arnés. Vytalian le da un empujón y Alberto lo va sacando fuera, al recibidor. Kara aprovecha para reunirse con vosotros durante un momento.


El agradable aliento de Kara roza el lóbulo de tu oreja. Huele a cigarro mentolado.


Vytalian cierra los ojos, como si la petición le doliese, pero suspira.


Kara se queda en silencio. En la puerta, distingue las siluetas de Alberto y Micky esperando, inquietos.


El nombre cae con peso propio.


El piso vuelve a llenarse de movimiento controlado. Cada uno con una tarea clara. Cada uno sabiendo que, cuando vuelvan a juntarse, ya no estarán hablando de suposiciones.

No hay aplausos. No hay tiempo para dudas. Todos esperan que te muevas.