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Mensajes - Maurick

#1
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
16 de Sep 2026, 17:11:12
Jonah te agarra de las caderas cuando le das un beso y te ayuda a bajar de las cajas con cuidado. Se recoloca las gafas con un dedo, mira hacia las pasarelas de madera y luego hacia ti.


Empieza a caminar a tu lado.


No parece tener ninguna intención de separarse demasiado. Las siguientes horas transcurren despacio:

La Sal Parda no tiene una plaza donde reunir a sus habitantes ni un lugar evidente donde sentarse a escuchar historias. La gente está trabajando. Reparando redes, arrastrando cubos de agua, limpiando pescado y verduras sobre tablas ennegrecidas, reforzando pilotes hundidos en el fango. El trabajo no se detiene para vosotros, aunque vuestra presencia provoca miradas y, al principio, respuestas breves.

Poco a poco cambia, cómo no. Es evidente, pero descubrís que hablar de Aguas Sagradas resulta más sencillo que hablar de Nicanor. Algunos han nacido allí.

Recuerdan la cueva como algo inmenso, húmedo y seguro. El agua protegía del mundo exterior, la temperatura apenas cambiaba y nadie necesitaba ocultar lo que era. Hablan de criaderos comunes, de comida repartida entre todos, de rincones donde dormían varias familias juntas y de largas noches en las que los más viejos contaban recuerdos que parecían anteriores incluso a ellos mismos.

Varios sonríen mientras lo cuentan, porque alguno todavía tiene familia allí. Una madre, o dos hermanos, o una compañera que decidió no marcharse. Para ellos, Aguas Sagradas nunca fue únicamente una prisión.

Pero llega siempre un momento en el que la conversación cambia. A veces ocurre cuando preguntas por qué se fueron. Otras, cuando Jonah pregunta qué era lo peor de vivir allí. Hay quien responde hablando de Melquíades, el hermano mayor de Nicanor y el despreciable rey que Lydia destronó. Otros apenas lo recuerdan y hablan de Lydia, la reina que vino desde más allá del océano. Los más recientes mencionan a Neiatta.

Lo que está claro es que los nombres cambian, pero el gesto es casi siempe el mismo: una mirada hacia el suelo, o un silencio incómodo. Es la sensación de estar acercándose a algo que nadie quiere nombrar demasiado alto.

Los habitantes más antiguos de la Sal Parda recuerdan a Nicanor mucho antes de que fuese la figura que habéis conocido. No hablan de él como un libertador enviado por los espíritus ni como el fundador de una nueva era. Lo recuerdan joven, rabioso, perdido después de la muerte de su hermano. Recuerdan el viaje hasta el Estero Ciego (dónde os encontráis ahora, era su nombre antes de la Sal Parda) y las primeras semanas durmiendo sobre madera húmeda, comiendo mal y reconstruyendo un viejo refugio que apenas servía para esconderse de las tormentas.

Algunos reconocen que Melquíades era un cabrón, y ninguno parece echarle realmente de menos. Lo que no aceptaron fue que alguien llegase desde fuera, lo devorase y ocupase inmediatamente su lugar. Otros se quedaron con Lydia, pero algunos de esos terminaron llegando aquí años después.

La imagen que ofrecen de ella es diferente a la que esperabas encontrar. Hay quien la recuerda con respeto, incluso con cariño. Dicen que intentó cambiar muchas cosas, que acabó con costumbres que llevaban demasiado tiempo aceptándose porque nadie se atrevía a discutirlas. Tampoco todos los habitantes que hablan contigo consideran que marcharse entonces fuese necesario. Pero con Neiatta las opiniones son mucho menos amables y menos uniformes.

Un hombre de hombros cubiertos de pequeñas placas calcáreas afirma que nunca recibió un castigo de ella, nunca fue amenazado y jamás vio a la reina maltratar personalmente a nadie. Su problema no era Neiatta, era saber que su vida seguía perteneciendo a Aguas Sagradas.

Otro se muestra mucho más duro. Llegó a la Sal Parda después de que comenzasen los intentos de recuperar a quienes se habían marchado. Para él, Neiatta no comprende la diferencia entre proteger una comunidad y poseerla.

Una mujer no aparece entre aquellos con los que habláis, pero sí un Nerai joven que recuerda a su hermana. Ella continúa abajo, y él no quiere obligarla a marcharse y tampoco desea regresar para convencerla. Sólo quiere que ambos puedan tomar decisiones diferentes sin convertirse por ello en enemigos.

Eso parece resumir buena parte de lo que encuentras. La mayoría no odia Aguas Sagradas, e incluso algunos ni siquiera odian a Neiatta. Y Nicanor tampoco despierta una devoción unánime.

Hay hombres que le deben la vida. Lo dicen sin titubeos: cuando las incursiones empezaron, fue Nicanor quien organizó las defensas. Cuando faltó comida, consiguió alianzas. Cuando nadie sabía cómo esconder el Estero Ciego, aparecieron los rituales que mantienen la niebla abrazada al manglar.

Pero también encontráis cansancio: Nicanor pregunta demasiado. Quiere saber quién sale, quién entra, quién habla con quién. Decide qué riesgos son aceptables y cuáles no. Hay quienes llevan años justificándolo porque cada nueva incursión demuestra que sus temores no eran imaginarios.

Otros empiezan a preguntarse cuándo llegará el día en que estar protegido y estar encerrado signifiquen exactamente lo mismo. La vida aquí es peor en casi todos los sentidos materiales: hay mosquitos, calor, tormentas. La madera se pudre, el agua potable tiene que almacenarse. La comida depende de la pesca, de lo que puedan intercambiar y de unas alianzas que no siempre resultan cómodas. Todos trabajan porque una semana mala se nota inmediatamente en las despensas.

Aun así, muchos prefieren esto. Uno de ellos lo demuestra enseñándoos una pequeña vivienda que construyó con sus propias manos. Está torcida, huele a pescado seco y el techo necesita otro parche antes de que llegue una tormenta seria, pero es suya.

La conversación más difícil llega con las camadas. Nadie niega lo que ya viste: hay pocos jóvenes. Demasiado pocos. Los nacimientos internos se detuvieron hace tiempo. Algunos habitantes no quieren hablar del motivo. Otros lo hacen con esa resignación de quien lleva años contemplando el mismo problema: las nuevas generaciones empezaron a nacer peor. Cuerpos que no terminaban de desarrollarse. Cambios incompletos. Rasgos que nadie conseguía explicar únicamente mediante la herencia.

Desde entonces, cada nuevo habitante que consigue llegar desde Aguas Sagradas significa algo más que una boca adicional: significa el futuro.

Y entonces empiezas a comprender por qué las dos comunidades pueden pronunciar la palabra rescate para describir exactamente la misma acción. Cuando preguntas por qué nadie simplemente se marcha más lejos, las respuestas vuelven a fragmentarse. Algunos no quieren abandonar Yucatán. Otros no creen que sobrevivirían separados. Otros hablan de la memoria como si fuese algo que pudiera diluirse con la distancia. Y unos pocos vuelven la mirada hacia el sur, hacia el mar.

No hablan de Mott Garoth. Para ellos, eso no es algo que pueda tener un nombre. Hablan de lo que duerme, de lo que necesita la cueva. Uno de los hombres mayores recuerda que, durante mucho tiempo, los niños aprendían pronto que determinadas preguntas no debían hacerse. Otro se limita a explicar que hubo un momento en que comprendió que ciertas listas no eran guardias, ni trabajadores, ni enfermos. Otro no quiere continuar hablando, Jonah tampoco insiste.



Cuando os alejáis, camina contigo en silencio durante varios metros. Observa una hilera de pequeñas viviendas apoyadas sobre pilotes. En una de ellas, dos Nerai reparan una red bajo la supervisión de otro más viejo. El hechicero se queda mirándolos.


Se mete las manos en los bolsillos.


Una tabla cruje bajo sus zapatillas.


Sonríe ligeramente, sin demasiada nostalgia.


Aparta una rama del manglar para dejarte pasar.


La sonrisa aparece otra vez.


Continúa caminando.


Se encoge de hombros, pero no desarrolla el tema.


Esta vez mira hacia las casas de la Sal Parda.




El resto de la tarde continúa entre conversaciones. Cuando finalmente decidís que habéis escuchado suficiente, la luz ya ha empezado a cambiar sobre el manglar. La niebla convierte el sol en una mancha pálida entre las copas y las pasarelas parecen prolongarse mucho más allá de donde realmente terminan.

Buscáis a Leandro. Jonah termina encontrando a uno de los habitantes que señala una vivienda algo apartada del centro. Tú y él recorréis juntos la última pasarela. En algún momento sus dedos encuentran los tuyos y seguís caminando agarrados de la mano sin necesidad de comentar nada.

La puerta está abierta, y lo primero que sorprende no es encontrar allí a Leandro. Es descubrir que aquello es un despacho. Pequeño, húmedo y completamente absurdo en mitad de un asentamiento levantado sobre un pantano, pero un despacho al fin y al cabo.

Dos paredes están ocupadas por archivadores metálicos de diferentes procedencias. Algunos tienen manchas de óxido alrededor de las bisagras; otros conservan etiquetas escritas con una caligrafía minúscula y sorprendentemente ordenada. Carpetas, sobres y hojas protegidas dentro de fundas de plástico ocupan una estantería construida con tablones.

Hay incluso una mesa de oficina, que no combina con absolutamente nada. ¿Qué es eso? ¿Las opiniones de Allison están permeando tu mente? ¡Qué humana te estás volviendo! Detrás de ella cuelgan varios diplomas enmarcados. Títulos y acreditaciones jurídicas amarilleadas por los años, protegidas del aire húmedo tras cristales que alguien limpia con bastante frecuencia.

Entre ellos hay una fotografía: Leandro parece mucho más joven. Lleva traje, corbata y una sonrisa tan exageradamente orgullosa que cuesta relacionarla con el hombre que conocisteis en la Poza del Tío Bill. Está entre dos personas mayores, un hombre y una mujer vestidos para alguna clase de ceremonia. Los tres miran a la cámara.

En la fotografía, Leandro parece completamente humano, pero el que está sentado ahora detrás de la mesa no. Ha abandonado la apariencia que utiliza en la superficie y mantiene otra forma. Podrías decir que es como tu Glabro. Sigue siendo reconocible, con sus ojos atentos y expresión de sabelotodo. Pero su cuerpo resulta más ancho, irregular y acuático. La piel permanece húmeda y recorrida por pequeñas escamas; a ambos lados del cuello se abren finas hendiduras branquiales que se mueven con su respiración. Sus manos conservan dedos suficientemente hábiles para manejar papeles, aunque una membrana translúcida une parcialmente las falanges.

La camisa ha sobrevivido a la transformación con cierta dificultad. Leandro levanta los ojos cuando aparecéis en la puerta. Su mirada baja durante un instante hacia vuestras manos entrelazadas, pero después vuelve a subir. No dice nada al respecto.


Retira varias carpetas de las dos sillas situadas frente a su mesa y las deposita cuidadosamente sobre un archivador.


Se acomoda en su silla y, antes de que os sentéis, abre uno de los cajones de la mesa. Dentro hay documentos, nolígrafos, una grapadora. Y una botella de mezcal. Leandro saca también un vaso pequeño.


Deja el vaso sobre la mesa y levanta ligeramente la botella.


Se sirve un poco de mezcal. Después guarda la botella a medias dentro del cajón, dejándola al alcance por si alguno cambia de opinión. El Nerai se recuesta, y la madera de la silla protesta bajo el peso de su forma Glabro. O eso esperas.

Mira primero a Jonah y después a ti. Sonríe.


El tipo sonríe con total sinceridad. Su voz no es amenazante y su actitud es muy relajada.
#2
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
15 de Sep 2026, 22:36:01
El desvío os aparta poco a poco de la Provenza que lleváis viendo durante las últimas horas. Los viñedos y las casas de piedra quedan atrás y, en las afueras de Apt, el paisaje termina convertido en algo bastante menos pintoresco: naves de chapa, pequeños talleres, camiones estacionados y solares cerrados con verjas metálicas. El aire huele a asfalto caliente y combustible. A esas horas de la tarde apenas queda actividad. Las coordenadas de Iruz terminan en una calle secundaria del polígono. Hay un coche oscuro aparcado junto a una de las naves y dos chicas jóvenes esperando cerca. Iruz tarda poco en reconocer a una de ellas.


La chica situada junto al coche también la ha reconocido. No hace aspavientos ni levanta una mano. Espera simplemente a que os acerquéis. Iruz sale primero, y luego vosotros dos. No intenta acelerar el paso, pero esperaba que os quedaseis en el coche. Cuando están cerca, la que parece más mayor, de aspecto atlético, pelo largo rubio y lacio, ojos verdes casi marrones, y una mirada nostálgica, se acerca.


Iruz hace una mueca al escuchar el nombre.


Durante unos segundos ambas se observan con una familiaridad extraña. No parece la de dos amigas que llevan tiempo sin verse, pero tampoco la de dos desconocidas. Épsilon mira brevemente hacia ti y Ana Mercedes. Después vuelve a centrarse en Iruz.


Iruz suspira.


Épsilon no responde al comentario. Se limita a caminar hacia el lateral de la nave. Iruz os mira antes de seguirla.


Iruz hace un gesto con la mano de «pequeñito» mientras se ríe. Las dos desaparecen tras una esquina del edificio, y os quedáis allí. Ana Mercedes, tú, y la otra muchacha. El silencio resulta incómodo casi inmediatamente. La chavala tiene un aspecto claramente hindú, con una tonalidad de pelo muy poco común: blanco grisáceo. Podrías decir que es una niña mayor, o una adolescente muy joven. Ella permanece de pie junto al coche, con las manos metidas en los bolsillos. Ana la observa durante un par de segundos y después decide interesarse muchísimo por una nave industrial situada al otro lado de la calle. Pero la chica, en cambio, te mira a ti. No aparta los ojos. Pasan unos segundos y luego algunos más. Ana termina mirándola de reojo. Y la joven continúa observándote con una concentración que ya resulta difícil atribuir a simple curiosidad.


Hace una pequeña pausa, como si acabara de darse cuenta de que lleva demasiado tiempo haciéndolo. Su acento es una mezcla de inglés, hindú y castellano. Suena muy tierna y educada, como si realmente se esforzarse en comunicarse contigo.


Ana vuelve lentamente la cabeza hacia ti. La Ícaro entrecierra un poco los ojos.


El viento mueve una bolsa de plástico contra la verja de la nave. El sonido raspa el metal durante unos instantes.


Ana parece esperar una explicación, pero no llega. Rompe el silencio


La chiquilla desvía por fin la mirada hacia ella.


Y el silencio vuelve, todavía peor que antes. Transcurren varios minutos hasta que Épsilon e Iruz reaparecen por el lateral de la nave. Iruz regresa con las manos en los bolsillos, expulsando aire por la boca. Hay algo más contenido en su expresión, una seriedad que no llevaba cuando se alejó. Épsilon le dice unas últimas palabras demasiado lejos para que podáis escucharlas. Iruz se limita a asentir, pero no bromea ni la insulta.

En cuanto se acerca lo suficiente, parece darse cuenta de ello y recupera buena parte de su expresión habitual. Épsilon camina junto a ella hasta vosotros.


Se detiene delante de Ana y de ti y, por primera vez desde vuestra llegada, su actitud abandona completamente aquella frialdad operativa.


Extiende una mano con absoluta cortesía, sin decidir por vosotros quién debe estrecharla primero. Ana Mercedes tarda un instante en reaccionar. Su mirada pasa de Laura a Iruz y después a la chiquita hindú que hay a vuestro lado. Esta última parece entender la pregunta antes de que sea formulada.


Ana parpadea.


Kaari asiente con naturalidad, e Iruz resopla a vuestro lado.


Ana vuelve a mirar a Laura y después a Kaari, encajando por fin una idea que hasta ese momento había conocido únicamente a través de relatos, informes y de la propia Iruz. Laura mantiene una ligera sonrisa.


Entonces fija la mirada en ti.


La mano de Épsilon permanece extendida hacia ti.
#3
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
13 de Sep 2026, 21:58:15
Tu intervención no sorprende a Leandro. De hecho, parece que te ha calado muy bien, aunque al principio conserve esa expresión suya de abogado que escucha buscando la grieta por la que meter una objeción. Sin embargo, cuando mencionas a Pluma del Viento, cuando explicas que ya elegiste una vez la obligación por encima de aquello que querías proteger y que no piensas cometer el mismo error, algo se relaja en su rostro.

Deja de preparar la siguiente pregunta, y te escucha. Cuando terminas y le pides unos minutos, el licenciado asiente despacio.


Mira hacia la pasarela por la que Nicanor ha desaparecido y después hacia las siluetas de las casas escondidas entre la niebla.


La sonrisa que aparece es breve y cansada.


Leandro parece pensárselo antes de añadir algo más.


Baja un poco la voz.


Una ligera mueca acompaña la frase, pero desaparece enseguida.


Golpea suavemente la madera con un dedo.


Levanta la mirada hacia ti, y por un instante parece que va a añadir algo, pero no lo hace.


Se separa de la balaustrada y levanta ambas manos con cierta teatralidad. Te sonríe, y se marcha por la pasarela sin mirar atrás. La niebla tarda poco en ocultarlo. De hecho, desde que se ha marchado Nicanor, la niebla parece haberse vuelto más densa y abundante.



Volvamos a la frase de Jonah. Esa frase que ha pronunciado de forma inocente, algo impertinente, y sincera. No ha apartado la mirada mientras hablabas con Leandro. Tampoco mientras explicabas por qué estás aquí. Lo único que ha cambiado es la expresión con la que te observa: no parece preocupado y mucho menos asustado. Parece sorprendido. Cuando tiras suavemente de su mano, te sigue sin decir nada. Camina contigo hasta las cajas apartadas y espera mientras te acomodas sobre una de ellas. Después se sienta a tu lado, algo torcido por la diferencia de altura, apoyando los pies contra la madera inferior.

Y te escucha. Sorprendentemente, el tipo que no se calla ni debajo del agua dedica un momento a escuchar todo lo que tienes que decir. Cuando sacas el mechón de pelo negro, baja los ojos hacia él. Su expresión pierde durante un instante toda esa insolencia que suele llevar pegada a la cara. Después mencionas que quizá seas abuela y una de sus cejas sube. La disonancia es muy evidente en él.


Le hablas de la muerte de Pluma, de los espíritus que dejaste cuidando de aquella manada. De todo aquello que existía antes de que él apareciese en tu vida. Y finalmente empiezas a explicarle que entenderás cualquier reacción que tenga, pero no llegas mucho más lejos. Jonah se inclina hacia ti y te abraza. Un brazo pasa alrededor de tu espalda y el otro te recoge contra su pecho, como si hubiera decidido que seguir sentado escuchándote justificar tu propia vida empieza a resultarle absurdo.


Permanece así unos segundos.


Se separa sólo lo suficiente para poder mirarte. Hay una sonrisa nerviosa en su rostro.


Se rasca ligeramente la nuca.


Niega despacio con la cabeza.


Esta vez la sonrisa dura algo más. Jonah mira hacia la niebla, hacia el lugar por donde ha desaparecido Leandro.


Frunce el ceño.


La sonrisa se vuelve algo más descarada. El lugar se ha quedado en silencio tras el «cocomelón» de Jonah, aunque el olor de la marisma sigue presente. Y escuchas de fondo ruidos de madera moviéndose, de martillos ajustando paneles de troncos y de comentarios en un dialecto que te recuerda al que hablaba Jules con su familia... ¿Qué vas a hacer?
#4
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
07 de Sep 2026, 23:50:36
Ana no aparta el hombro cuando apoyas la mano sobre él. Su mirada baja un instante hasta tus dedos y después regresa a tu rostro. La sonrisa con la que has pretendido cerrar la discusión no parece impresionarla demasiado.

Cita de: Lady Midnight en 07 de Sep 2026, 01:18:59


Iruz, todavía medio hundida en el agua, gira la cabeza hacia ella. Ana Mercedes continúa con la misma tranquilidad.


Se incorpora un poco, apoyando los brazos sobre el borde del jacuzzi.


Iruz alza una ceja.


Ana Mercedes la mira de reojo.


Iruz sonríe con absoluta falta de arrepentimiento. El asunto termina ahí. No porque nadie haya convencido a nadie, sino porque tampoco parece necesario hacerlo. La conversación se diluye entre el agua caliente, el cansancio acumulado y esa extraña facilidad que habéis adquirido durante los últimos días para discutir sobre cosas que, en cualquier otro lugar, resultarían completamente absurdas.



Por la mañana, sin embargo, la pregunta que lanzas al otro lado de la mesa cambia el ambiente. Ana Mercedes había estado repasando las anotaciones de Reeves mientras desayunaba. Cuando mencionas el Estanque del Lirio Apacible, sus dedos dejan de pasar páginas. Iruz también deja de comer. Ana no parece sorprendida. Más bien da la impresión de que sabía que aquella conversación acabaría llegando. Durante unos segundos permanece mirando el papel.

Cita de: Lady Midnight en 07 de Sep 2026, 01:18:59


Levanta finalmente los ojos hacia ti.


Se queda callada un instante.


Iruz sostiene la taza entre ambas manos sin intervenir. Ana tampoco parece necesitar ordenar demasiado lo que quiere decir, claro que no. Lleva varios días haciéndolo.


Su pulgar recorre distraídamente el borde de una de las hojas.


No dramatiza la frase.


Ana gira ligeramente la cabeza, buscando una forma sencilla de terminar la idea.


Fuera, al otro lado de los ventanales del hotel, alguien limpia la nieve acumulada junto a la entrada. El sonido metálico de la pala llega amortiguado hasta el comedor.


Señala a Iruz con una sonrisa en los labios. Se reclina un poco en la silla.


Durante unos segundos sostiene tu mirada.


Iruz desplaza los ojos lentamente hacia Ana. La Hija de Gaia no parece estar pronunciando una amenaza.


Sus ojos bajan un momento hacia el trozo de pescado que has rescatado de la cena anterior. Pone cara de ascazo.


La comisura de sus labios se levanta un poco.


Iruz deja escapar aire por la nariz.


Ana la ignora, y su expresión vuelve a suavizarse cuando te mira.


Y eso parece ser todo lo que está dispuesta a afirmar. Iruz vuelve a concentrarse en el desayuno y, durante unos instantes, el comedor recupera sus pequeños ruidos cotidianos.

Cita de: Lady Midnight en 07 de Sep 2026, 01:18:59

Hasta que mira de soslayo la jarra que habías señalado.


Señala vagamente en tu dirección. Ana Mercedes vuelve a abrir el informe de Reeves.


Iruz levanta un dedo.


Las dos se ríen con algo tan vulgar y simple.



No hay ninguna urgencia real que os obligue a salir aquella mañana. Así que no lo hacéis. El asunto de la alimentación de Iruz se resuelve sin ceremonia (aunque ella insiste en que es mejor morderte :F) y después cada uno encuentra su propio espacio. Ana desaparece durante un rato para meditar. Iruz duerme varias horas más de las que seguramente estaría dispuesta a reconocer. Tú tienes tiempo suficiente para recuperar fuerzas y atender tus propias necesidades espirituales antes del viaje.

Reeves os ha dado una dirección en el sentido más amplio de la palabra. Provenza, Luberon. Blanchard seguirá allí mañana si lleva siglos consiguiendo que nadie encuentre su puerta. Cuando finalmente abandonáis Andorra, nadie protesta porque la Hija de Gaia imponga un ritmo bastante menos suicida que el que habéis mantenido durante buena parte de los últimos días.

Mirepoix llega primero. Sommières después. Coméis, descansáis y conducís. Nada os persigue. No aparecen enemigos en una curva de la carretera. Ningún espíritu intenta advertirte de una catástrofe inmediata. Los pueblos por los que pasáis están ocupados por personas cuya mayor preocupación visible parece ser comprar pan, regresar del trabajo o encontrar dónde aparcar.

Incluso Iruz acaba aburriéndose. Durante una de las paradas, sin embargo, aprovecha para desaparecer junto a un teléfono público. Ana Mercedes la sigue con la mirada desde la terraza de una cafetería. Sigma permanece varios minutos hablando con alguien. No podéis escuchar lo que dice. En algún momento se da la vuelta, comprueba instintivamente que nadie se encuentra demasiado cerca y continúa hablando algo más bajo. Cuando regresa, la Philodox espera hasta que vuelve a sentarse. Iruz tarda un poco en responder.


Remueve el café aunque no ha echado azúcar. Ana observa el movimiento de la cucharilla.


Iruz deja de remover.


Ana reconoce inmediatamente lo que significa aquel nombre después de todo lo que habéis aprendido durante los últimos días. Iruz se encoge de hombros.


La Philodox suspira y observa los números que Iruz le repite. Te sorprende que lo haga con tremenda precisión.


La Ícaro se echa el pelo para atrás. Se lo recoge en una coleta, para que le sea más cómodo.


Iruz deja morir la frase y se encoge un poco de hombros. Ana vuelve a mirar las coordenadas, después el mapa de Reeves y finalmente a ti.


¿Qué haces?
#5
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
07 de Sep 2026, 23:46:15
Nicanor no retrocede cuando te acercas, pero la tensión está ahí. Hace unos segundos parecía dispuesto a convertir cualquier palabra en un desafío, pero ahora se queda rígido, con los hombros altos y la mandíbula encajada. Su mirada aguanta la tuya durante un instante antes de desviarse hacia un lado (no es necesario que tires por Duelo de Miradas). Arruga ligeramente la nariz. Parece que va a titubear, pero en seguida para, respira, piensa lo que va a decir y te responde.


Rompe por sí mismo la cercanía, girándose hacia las casas medio ocultas entre la niebla.


Cuando hablas de las nuevas camadas, la respuesta no llega tan deprisa. Nicanor mira hacia una de las pasarelas inferiores. Allí, el muchacho que antes llevaba las gafas de Jonah permanece junto al adulto, observando la discusión desde lejos. El Rompemareas aprieta los dientes.


Lo dice casi entre dientes, sin que se escuche. Sin embargo, parece que todos los presentes saben de lo que habla. De lo que hablas.


A vuestro alrededor algunos Nerai han dejado de fingir que no escuchan, y Nicanor también se da cuenta. Sus ojos recorren brevemente las plataformas, los embarcaderos, las viviendas perdidas entre la bruma. Gente que trabaja y vive allí. Y gente que está mirándole. Durante unos segundos parece que va a decir algo más, pero no lo hace.


Se da media vuelta.


Se marcha por una de las pasarelas laterales, gruñendo algo imposible de entender. Nadie intenta detenerlo. Leandro espera hasta que la silueta de Nicanor se pierde entre la niebla, y entonces expulsa lentamente el aire.


Se acomoda junto a la balaustrada, apoyando ambas manos sobre la madera húmeda.


Una pequeña sonrisa cansada aparece en su rostro.


Hace una pausa antes de continuar.


Te estudia con más curiosidad que antes.


Leandro se gira hacia ti.


Sus dedos tamborilean una vez sobre la madera.


Jonah sigue a tu lado. Ha seguido a tu lado todo el tiempo. Sin embargo, desde que has pronunciado aquellas cuatro palabras parece estar escuchando la conversación de una forma distinta.

Yo también soy madre.

No ha dicho nada, ni siquiera cuando Nicanor se ha marchado. El niño de antes se acerca con cierta cautela mientras Leandro habla. Lleva las gafas sujetas por ambas patillas y se las ofrece a Jonah. El hechicero tarda un segundo en darse cuenta. Las recoge, le dedica una pequeña sonrisa y se las coloca otra vez. Pero sus ojos regresan enseguida hacia ti.

Leandro termina su pregunta, y Jonah aguanta todavía un instante.


Ya no hay ninguna broma en la voz. Se acerca apenas medio paso, lo suficiente para hablar contigo sin dejar fuera a Leandro, pero bajando instintivamente el tono. Se pasa una mano por la nuca, y durante un momento parece buscar una forma mejor de decirlo y fracasa.


Él mismo frunce el ceño nada más escucharse.


Baja la mirada un instante y vuelve a buscar tus ojos. Leandro permanece en silencio, con cara de situación. Jonah también.
#6
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
06 de Sep 2026, 22:59:11
Cita de: Lady Midnight en 28 de Ago 2026, 14:42:25Camina por la zona fijándose en si alguien vigila a sus acompañantes y entra en alguna tienda más o menos grande, con gente suficiente para no llamar demasiado la atención. [...] se mete en un probador para usar el espejo en cuanto cierra la puerta y pasar, esta vez sí, completamente a la umbra.

Tus pesquisas no encuentran nada. La Umbra de Andorra la Vella tiene poco que ver con los bosques de Wyoming, pero tampoco resulta particularmente inquietante. La Tejedora domina buena parte del paisaje: filamentos geométricos recorren edificios, carreteras y tendidos eléctricos, mientras pequeños espíritus mecánicos se desplazan de un lado a otro ocupados en tareas que apenas parecen reparar en ti.

Cuando alguno se acerca, lo hace por curiosidad. Uno de ellos, una criatura del tamaño de un gato formada por números y pequeñas placas metálicas, dedica unos instantes a observar tus cuernos antes de continuar su camino. Otro responde a tus preguntas hablando de obras, tráfico, cambios en escaparates y una avería eléctrica sucedida dos noches atrás, nada importante.

La única concentración espiritual llamativa aparece alrededor de uno de los grandes bancos de la avenida Meritxell, donde una maraña extraordinariamente densa de fibras de la Tejedora rodea el edificio y decenas de pequeños espíritus semejantes a arañas atraviesan sus muros constantemente. Pero incluso eso parece completamente natural: dinero, información, contratos, seguridad. Nada os persigue, ni os espera ni intenta mataros. Por una vez, el mundo parece conformarse con existir.



El resto de la tarde transcurre prácticamente como esperabas. Ana Mercedes disfruta de las compras bastante más de lo que estaría dispuesta a admitir, e Iruz parece recuperar poco a poco algo parecido a su comportamiento habitual. Para cuando llegáis al japonés, la expresión sombría con la que había abandonado Sant Remei ha dejado paso a suficientes insultos y resoplidos como para que la normalidad resulte casi tranquilizadora.

Cita de: Lady Midnight en 28 de Ago 2026, 14:42:25— ¡Prueba! Te va a... ¿cómo era? ¡Te va a turboflipar!

Iruz observa el pescado que le ofreces. Después te mira.


Coge una pieza de salmón. La mastica, y su expresión no cambia.


Ana Mercedes contiene una sonrisa mientras sigue comiendo.


Iruz la señala con los palillos.




El hotel termina siendo todavía más tranquilo. Los masajes, el agua caliente y la piscina climatizada consiguen algo que ninguna conversación de las últimas semanas había conseguido: durante un rato nadie tiene necesidad de resolver absolutamente nada. Hasta que decides convertirte en un pez.

Cita de: Lady Midnight en 28 de Ago 2026, 14:42:25Al recuperar su forma humana, sale del agua colocando sus brazos en jarra.

— Al final teníais razón, sí que ha sido divertido. No os imagináis el tiempo que ha pasado desde la última vez que hice algo así.

Ana Mercedes te contempla desde fuera del jacuzzi. Primero mira tu cara, después baja los ojos y vuelve a mirar tu cara.


Iruz permanece envuelta en su albornoz, con el pelo mojado pegado a la frente.


Ana levanta una mano y señala el lugar en el que hace unos segundos nadaba un tímalo ártico de casi un metro.


Iruz gira la cabeza hacia ella.


Ana cierra los ojos. Durante unos segundos parece arrepentirse de todas las decisiones que la han conducido hasta allí.


Iruz vuelve a mirarte.


Ana deja caer los brazos.


La Ícaro reflexiona durante unos segundos.


Ana la observa con incredulidad.


Iruz asiente, satisfecha. La discusión no llega mucho más lejos, probablemente porque no hay nadie más allí. Probablemente porque Ana está demasiado cansada para continuarla y probablemente porque, aunque jamás lo reconocería durante una Asamblea, incluso ella se ha reído.



Cita de: Lady Midnight en 28 de Ago 2026, 14:42:25— Chicas, de verdad: no tenéis ni idea. Si esto os gusta, tenéis que venir conmigo un día a "mi casa".

La frase tarda un poco en recibir respuesta. Ana Mercedes está hundida hasta los hombros en el agua caliente y contempla durante unos segundos las pequeñas ondas que recorren la superficie.


No añade nada más. Iruz tampoco. Pero cuando finalmente abandona el jacuzzi, pasa junto a ti y te golpea ligeramente un hombro con el suyo.


La noche termina tarde, sin ninguna tragedia nueva que añadir a la lista.



Andorra la Vella

Hotel Grand Mirall

📅 28 de septiembre de 2005, 09:42

Ana Mercedes espera hasta que los tres estáis desayunando para sacar el papel que Destiny le entregó. Lo ha extendido sobre la mesa y colocado bajo un par de tazas para evitar que vuelva a doblarse. Es mucho menos espectacular de lo que podría esperarse: dos páginas escritas con letra pequeña, algunas referencias y un mapa del sudeste francés con una zona marcada a bolígrafo.

Ana desliza un dedo sobre él.


Su dedo termina sobre una región del interior de la Provenza.


Varias anotaciones rodean el área marcada. Nombres de localidades, carreteras, propiedades antiguas y referencias incompletas procedentes de diferentes fuentes. Ninguna contiene el nombre de Blanchard, pero todas apuntan hacia el mismo lugar.


Ana dobla ligeramente una esquina del mapa.


Mira brevemente hacia las montañas visibles tras los cristales del comedor.


Señala primero una localidad situada al norte de los Pirineos.


La pronunciación del francés de Ana es casi perfecta. Dirías que tiene un don para los idiomas. De hecho, algo que te llama la atención es que también habla catalán e inglés con inusual fluidez. Iruz, que hasta ese momento está untando algo excesivo de mantequilla sobre una tostada, asiente distraídamente.


Es un inusual acto de confianza. Hasta ahora, jamás hablaba de lo que tenía o no tenía que hacer. Ana levanta la mirada.


Iruz tarda un instante en responder.


Muerde la tostada, mientras Ana sigue esperando. Iruz termina de masticar.


La Philodox frunce ligeramente el ceño, pero no interrumpe. Iruz bebe un poco de zumo.


No desarrolla la explicación. Ana tampoco se la exige, aunque esos nombres le sean tenuemente familiares. En lugar de eso, vuelve a extender el mapa entre vosotros.


Apoya un dedo sobre Andorra y recorre lentamente hacia el nordeste el camino que os llevará hasta Francia.


Su mirada se detiene en ti.


Desde el otro lado de la mesa, Iruz levanta su vaso.


Ana se le queda mirando, atónita. No hace preguntas, así que vuelve a mirar el mapa. Al otro extremo de esas carreteras espera el Luberon. Y, en algún punto de aquella mancha de tinta trazada por Destiny Reeves, quizá también aquello que lleváis tanto tiempo buscando.

Si el plan de Ana te parece bien y no quieres hacer nada más antes de abandonar Andorra, avanzaremos hasta vuestra llegada a la zona marcada en Provenza. ¿Hay algo que Bruma quiera hacer, preparar o comentar antes de partir?
#7
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
01 de Sep 2026, 00:33:02
Cuando el violento tipo que ha entrado de repente sale por una de las puertas, notáis que todo se abre un poco más. Nicanor camina por delante sin comprobar si le seguís, mientras Leandro sale detrás de vosotros con el vaso todavía en la mano y Jonah ocupa la última posición, mirando a ambos lados mientras se ajusta las gafas. La niebla empieza unos metros más adelante. No parece una bruma normal, porque se acumula sobre las aguas bajas, espesa entre las raíces de los mangles, formando paredes blancas que se abren cuando os aproximáis y vuelven a cerrarse a vuestra espalda. Por momentos casi no podéis distinguir a Nicanor a diez metros. Jonah mete una mano entre la neblina, como intentando comprobar su consistencia.


Nicanor ni siquiera se gira.


La pasarela termina en una plataforma irregular construida sobre pilotes. Desde allí nacen varias ramificaciones de tablones que se internan entre pequeñas islas de barro, bancos de arena y extensiones de agua que apenas alcanzan las rodillas. Poco a poco empiezas a comprender que la niebla no está ocultando un único edificio: está ocultando un pueblo. Las primeras viviendas aparecen como sombras y chozas de madera levantadas sobre el agua. Restos de embarcaciones transformados en paredes, con techos de chapa, lonas tensadas entre postes y plataformas construidas alrededor de raíces demasiado grandes para retirarlas. Algunas estructuras son tan pequeñas que apenas parecen dormitorios; otras se han unido entre sí mediante puentes estrechos formando pequeñas agrupaciones.

No hay orden aparente hasta que observas durante unos segundos, entonces empiezas a verlo. Canales despejados, pasos elevados. Zonas donde se almacenan redes y criaderos protegidos por cercados de madera. Depósitos de agua, herramientas, anzuelos y grandes recipientes donde varios hombres limpian pescado. Hay Nerai por todas partes, muchos más de los que esperabas.

La mayoría son varones, que trabajan en silencio o hablando entre ellos hasta que alguien repara en vuestra presencia. El cambio se extiende rápidamente. Un joven que arrastra una red deja de hacerlo. Dos hombres sentados sobre una plataforma dejan de reparar un motor fuera borda. Otro emerge del agua hasta la cintura y se queda mirándote con una expresión de absoluto desconcierto. Un niño señala hacia Jonah, con expresión divertida. Su rostro es una mezcla de escamas y protuberancias quitinosas. Y el adulto que está con él le baja rápidamente la mano. Jonah mira sus propias gafas.


Jonah se acerca a él, y el chaval se pone detrás del adulto. Éste levanta la mano y hace un gesto a Jonah, pero éste se quita las gafas y se las ofrece. El chavalín pasa a tener los ojos iluminados cuando las agarra por las patillas y se las pone. El adulto no sabe muy bien como reaccionar, pero Jonah se pone las manos en la cara imitando unas gafas y sonríe. Nicanor continúa avanzando, pero ahora parece disfrutar un poco de las reacciones.

Varias miradas se quedan clavadas especialmente en ti: no son abiertamente hostiles. Son largas, curiosas e incómodas. Alguno incluso se aparta ligeramente cuando pasas. Leandro se aproxima un poco más, incapaz de mantenerse callado demasiado tiempo.


Nicanor levanta un dedo sin dejar de caminar.


Leandro se calla al instante, pero el silencio no dura ni dos segundos.


Nicanor resopla, resignado. La pasarela desciende hasta desaparecer bajo unos centímetros de agua tibia. Él atraviesa la zona sin detenerse mientras sus botas levantan pequeñas nubes de barro que tardan en volver a asentarse.




Extiende un brazo. No lo hace como quien presenta una posesión, lo hace con un orgullo mucho más sencillo.


Una figura corpulenta pasa al otro lado de la niebla. Por un instante sólo distingues una espalda cubierta de placas oscuras y una cola gruesa desapareciendo detrás de una de las viviendas. No parece Nerai, pero Nicanor ha visto que lo miras.


Se vuelve hacia ti mientras sigue andando de espaldas durante unos pasos.


Vuelve a darse la vuelta. Más adelante, un par de Nerai apartan unas cajas para dejaros pasar. Uno de ellos saluda a Nicanor con un movimiento breve de cabeza. El Rompemareas responde igual.


Da una patada suave a una tabla mal colocada para devolverla a su sitio.


La niebla vuelve a abrirse. Durante unos segundos aparece ante vosotros una extensión mayor de la colonia: varias plataformas conectadas, hombres trabajando en el agua, pequeños fuegos protegidos de la humedad y más viviendas perdiéndose entre el blanco. Nicanor señala hacia ninguna parte concreta.


Se encoge de hombros.


Leandro aparece a su lado, sorteando una tabla levantada.


Nicanor se detiene en seco. Se da la vuelta. La expresión cambia tan deprisa que Leandro deja la frase sin terminar.


Leandro abre las manos.


Nicanor da un paso hacia él, pero sin levantar la voz.


Leandro cierra la boca, al mismo tiempo que Nicanor permanece mirándolo un instante más. Después vuelve hacia vosotros y continúa andando. La tensión parece quedar atrás junto con la niebla, pero no desaparece del todo. Pasáis junto a otra vivienda. Dos hombres dejan de hablar al veros y uno te observa durante demasiado tiempo antes de bajar los ojos. Nicanor se da cuenta y no dice nada. Después de un rato, llegáis a una plataforma que parece el centro de este lugar. Frente a vosotros se levanta una casa más grande, que parece tener dos pisos. Está hecha de madera, y parece tan frágil y resistente como todo lo que habéis visto en esta comunidad. Sin embargo, el ambiente es muy distinto al que viste en Aguas Sagradas: aquí no hay miedo.


Leandro permanece varios metros atrás, mientras habla en una lengua que no entendéis con otros Nerai. Nicanor mira hacia las casas ocultas entre la niebla.


Sus dedos se cierran alrededor de uno de los postes de la pasarela.


Más allá, algo pesado entra en el agua, y Nicanor gira finalmente la cabeza hacia ti.


Leandro se acerca a él, pero pega un pisotón al suelo.


Nicanor le echa una mirada llena de furia. Pero quizá Leandro es una persona más coherente, y quizá es hora de tomar una decisión.

¿Qué haces, Brisa del Sur?
#8
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
27 de Ago 2026, 23:52:22
Nicanor te escucha hasta el final. Cuando mencionas de nuevo a Neiatta, la mandíbula se le tensa, pero esta vez no explota. Mira a Leandro y después a Jonah. Finalmente vuelve a ti.


Leandro arquea ligeramente una ceja. Nicanor hace un gesto hacia el exterior, hacia los mangles y el agua oscura que se extiende detrás de la Poza.


Se encoge de hombros.


Leandro deja lentamente el vaso sobre la barra. Nicanor ya está caminando hacia la pasarela.


Se detiene y gira la cabeza hacia ti.


Una sonrisa seca le cruza el rostro.


Jonah se te queda mirando. Parece que está esperando que grites «¡Cancún!» o algo así. Nicanor se dirige al interior del marjal, por la misma puerta lateral por la que ha entrado. Allí puedes ver una pasarela que se interna en un lugar lleno de niebla, mangles y humedad.
#9
Mark / Re:Episodio 3 — Suances
25 de Ago 2026, 19:46:53
Terry recibe tu pregunta con un asentimiento lento. Durante un instante dirige la mirada hacia Karen, como si estuviera calculando cuánto tardará en convertir cualquier respuesta razonable en un problema.

Cita de: Mark en 24 de Ago 2026, 16:48:21


Vuelve a mirarte.


Se mete las manos en los bolsillos.


Una pequeña sonrisa aparece en la comisura de sus labios.


No desarrolla la idea. Terry mira entonces hacia Karen, que continúa demasiado cerca de ti y demasiado interesada en la cajetilla que le has ofrecido.

Cita de: Mark en 24 de Ago 2026, 16:48:21


Después se dirige hacia la puerta.


Os dedica una sonrisa auténtica y sincera, antes de marcharse de la habitación. Sus pasos se alejan por el pasillo hasta desaparecer. Durante unos segundos queda un silencio extraño en la habitación. Karen lo rompe mirando la cajetilla que todavía mantienes extendida hacia ella, y sus ojos se iluminan.


Antes de que puedas reconsiderar el gesto, mete dos dedos en la cajetilla y extrae dos cigarrillos, dos. Se coloca uno en cada extremo de la boca.


Encuentra tu encendedor sobre la mesilla antes de que tengas tiempo de preguntarte qué demonios pretende hacer. Pega un chispazo y enciende el primer piti. Luego el otro. Karen aspira y su expresión cambia inmediatamente. Los ojos se le abren como platos.


Tose como si hubiese pegado un bocado a un cenicero lleno de colillas. A la tercera, los dos cigarrillos salen disparados de su boca y caen encendidos sobre el suelo.


Te obliga a apartarte de la pared y aplastarlos antes de que la genial primera decisión conjunta de vuestra futura manada consista en incendiar el piso franco. Cuando vuelves a mirarla, Karen tiene los ojos completamente llorosos. Está roja como tomate, y tiene una mano sobre el pecho. Y se está riendo mientras intenta recuperar el aire.


Se seca una lágrima con el dorso de la mano y contempla los dos cigarrillos aplastados.


Parece satisfecha con haber llegado a aquella conclusión. Luego te mira y agarra de nuevo la cajetilla, y la tira a la papelera que hay al lado de la cama.


No espera respuesta.


Te observa con una sonrisa absolutamente seria durante aproximadamente medio segundo. La propuesta resulta peculiar. ¿Cómo seleccionasteis el tótem en tus anteriores manadas? ¿Ya estaba elegido o tuviste algo que ver? Sin embargo, una manada no obtiene un Tótem simplemente porque pronuncie su nombre: llegado el momento tendréis que buscarlo en la Umbra y será el propio espíritu quien decida si sois dignos de su protección. Karen parece interpretar tu silencio como una invitación para continuar.


Da un paso hacia ti.


Asiente varias veces.


Tu hermana acaba de conocerte hace unos minutos, ha intentado fumarse dos cigarrillos simultáneamente, casi prende fuego al dormitorio y ya ha decidido el nombre y el Tótem de vuestra futura manada. Además, parece que no tiene filtro.

¿Qué haces, Mark?
#10
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
25 de Ago 2026, 19:35:59
Leandro te escucha con una atención que hasta ahora no había mostrado. Cuando mencionas que Himitsu está retenida en Aguas Sagradas, sus dedos dejan de jugar con el vaso. Y cuando pronuncias el nombre de Neiatta, algo cambia detrás de la barra. Escucháis un golpe seco, que no es demasiado fuerte, como la madera chocando contra la madera. Leandro cierra los ojos durante un instante, pero no parece sorprendido. Parece resignado.


La voz atraviesa el local desde una puerta lateral que hasta entonces habías confundido con parte de la pared.


Leandro deja caer la cabeza y suspira.


La puerta se abre de golpe. El hombre que aparece al otro lado no tiene el aspecto que esperabas encontrar en el líder de una comunidad oculta. Es fibroso, de hombros secos y brazos marcados, con una edad difícil de calcular. Podría rondar los cuarenta, pero se mueve con demasiada energía para parecer cansado. Hay algo extraño en él: la cara pertenece a un hombre maduro mientras el cuerpo parece incapaz de permanecer quieto. Sale de la habitación caminando demasiado deprisa.


Leandro levanta una mano.


El tipo pega un puñetazo en la barra. Jonah observa la situación flipando en colores y da dos pasos hacia atrás. Sus dedos empiezan a colocarse en una posición que sugiere «rebobinar», pero se mantiene firme.


Ahora sí te mira: primero a los ojos. Después recorre rápidamente tu aspecto, como intentando decidir qué eres, cuánto sabes y cuánto peligro representas. Apenas tarda un segundo antes de volver a caminar. Da una vuelta alrededor de una de las mesas.


Leandro intenta intervenir.


Nicanor golpea con la palma el respaldo de una silla, que hacia delante y queda atravesada sobre las tablas. No mira siquiera lo que acaba de hacer.


El silencio posterior dura apenas un instante, mientras Nicanor toma aire. Se frota la cara con ambas manos y vuelve a mirarte. La rabia sigue ahí, pero ahora está intentando meterla dentro de algún sitio donde no estorbe. No parece conseguirlo del todo.


La palabra sale rápida, casi arrancada. Señala hacia Leandro sin mirarlo.


Leandro se vuelve a servir un vaso de mezcal. Está con la mano derecha apoyado sobre la barra, de lado.


El bruto que está frente a ti se gira hacia él y gruñe.


Leandro alza el vaso vacío hacia él.


Nicanor vuelve a centrarse en ti. Se acerca lo suficiente como para que quede claro que las distancias personales no parecen preocuparle demasiado.


La mandíbula se le mueve mientras espera la respuesta, pero apenas pasan dos segundos antes de que otra idea le atraviese la cabeza.


Da dos pasos hacia un lado. Vuelve. Se percata de que, detrás de ti, está Jonah.


Aprieta los dientes. Leandro deja el vaso sobre la barra con mucho cuidado.


El hombre se vuelve hacia él con una velocidad brusca.


Leandro sostiene su mirada, pero no dice nada. Pasan un par de segundos. Y Nicanor vuelve a tomar aire por la nariz y se gira de nuevo hacia ti.


Esta vez lo dice más despacio.


Señala hacia ti.


Por primera vez desde que ha aparecido deja de caminar. Jonah traga saliva, no parece estar muy cómodo en esta situación. El Licenciado suspira y deja caer sus codos sobre la barra de madera. Parece lamentarse, pero no sabes muy bien si por su existencia o por su relación con... este tipo.
#11
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
25 de Ago 2026, 18:32:14
Cita de: Lady Midnight en 23 de Ago 2026, 00:15:58


Ana Mercedes parece satisfecha con la concesión, aunque tu pregunta sobre Iruz le hace mirar hacia el coche. Durante un instante observa a la Ícaro a través de la luna trasera, sentada con los brazos cruzados y la mirada perdida en algún punto del asiento delantero.


No parece una sugerencia.



Andorra la Vella

Zona comercial

📅 27 de septiembre de 2005, 17:54

Llegar hasta la capital requiere algo menos de una hora entre carreteras encajonadas entre montañas, túneles y pequeños núcleos urbanos que aparecen y desaparecen tras cada curva. Ana conduce durante casi todo el trayecto con una tranquilidad que contrasta con los últimos días. Iruz ocupa el asiento trasero y durante el viaje habla poco. No está exactamente enfadada, aunque a veces lo parece. Mantiene la mejilla apoyada contra una mano mientras contempla el paisaje al otro lado de la ventanilla y responde con monosílabos cuando Ana intenta incluirla en alguna conversación. Otras veces sus ojos se humedecen ligeramente y parpadea varias veces hasta recuperar el control.

Ana no insiste, claro que no. Cuando las montañas empiezan a abrirse alrededor de la ciudad, la tarde todavía tiene muchas horas por delante. El primer destino acaba siendo un pequeño local llamado La Finestra del Valira, especializado en helados y cafés, ubicado en una calle secundaria apartada de las tiendas más concurridas. El local tiene apenas una docena de mesas, paredes de piedra clara y grandes ventanales desde los que se ve correr el agua entre edificios y árboles.

La Philodox estudia la carta durante varios minutos.


Levanta la vista por encima del menú.


Una camarera pasa cerca de vuestra mesa con tres platos. Ana espera a que se aleje.


Iruz, sentada frente a ella, baja lentamente su carta.


Es la primera frase completa que pronuncia desde que salisteis de Sant Remei. Ana sonríe y no comenta nada. La merienda transcurre con una normalidad casi sospechosa. Helados de distintos sabores, bollería industrial, galletas, bizcochos y mucha más cantidad de comida bastante superior a la necesaria porque Ana parece empeñada en pedir cosas diferentes sólo para probarlas. Iruz empieza comiendo despacio, sin demasiado entusiasmo, hasta que termina apropiándose de parte de unos maccarons que originalmente estaban en el lado de Ana, pero no ocurre absolutamente nada.

Nadie entra armado. Nadie os reconoce ni aparecen espíritus. ¿Qué se pide Bruma Nocturna? Incluso el café resulta razonablemente bueno. En algún momento, Ana deja la servilleta sobre la mesa y se levanta.


Iruz espera a que desaparezca al fondo del local, y después permanece unos segundos mirando el plato vacío frente a ella. Sus dedos juegan con una esquina doblada de la servilleta. Finalmente levanta los ojos hacia ti.


La palabra le cuesta bastante más de lo que debería. Iruz aparta la mirada hacia la ventana.


Se frota una mejilla con dos dedos, visiblemente incómoda.


Una pequeña inspiración.


Te mira apenas un instante. En cuanto escucha la puerta del baño, se endereza en la silla y recupera una expresión considerablemente más hostil hacia el universo. Ana regresa unos segundos después y mira a Iruz. Después te mira a ti y no pregunta.


Iruz sonríe mientras se relame.



📅 27 de septiembre de 2005, 19:01

La siguiente parte del plan de Ana resulta ser considerablemente más peligrosa. Galeries del Valira ocupa varias plantas alrededor de una gran zona central cubierta por cristal. Tiendas de ropa, perfumerías, cafeterías y escaparates iluminados se extienden en todas direcciones. Ana entra como si hubiese estado preparando aquel momento durante semanas. Iruz tarda algo más en aceptar su destino.


Ana sostiene entre dos dedos la camiseta verde de la cabra esquiadora que Sigma todavía lleva puesta. La llevaba oculta bajo la cazadora vaquera.


Iruz mira hacia abajo, y quince minutos después, las dos desaparecen dentro de una tienda. Durante la siguiente hora, Ana parece descubrir que comprar ropa para alguien que protesta continuamente hace que la experiencia sea bastante más divertida. Iruz sale varias veces del probador diciendo que algo es demasiado putón, demasiado cutre, demasiado gitano, demasiado largo o sencillamente una mierda. Aun así, termina con varias bolsas y Ana acaba acumulando algunas más. En una de las tiendas descubre unas gafas de sol enormes que se prueba durante medio minuto frente a un espejo.


Iruz pasa detrás de ella cargada con dos bolsas.


Ana se las compra. Cuando salís de las galerías ya ha oscurecido. ¿Cómo ha aguantado Bruma Nocturna todo esto?



📅 27 de septiembre de 2005, 22:06

La cena tiene lugar en Kitsune no Yoru, un restaurante japonés situado en una primera planta sobre una avenida iluminada. Dentro hay madera oscura, lámparas de papel y mesas separadas por pequeños paneles. Ana insiste en pedir varias cosas para compartir e Iruz recupera suficiente ánimo como para discutir durante casi cinco minutos sobre cuál es la manera correcta de comer un determinado plato y, poco después, termina robándole una pieza de sushi directamente del plato.


Iruz mastica sin ninguna prisa.


Ana se queda mirándola.


Iruz se encoge de hombros.


Por primera vez durante toda la tarde, la carcajada de Ana hace girarse a una pareja de la mesa contigua. Nadie habla de otra cosa. La noche continúa entre platos pequeños, comida que ninguna de las dos sabe pronunciar correctamente y una discusión completamente inútil sobre si un postre con judías dulces es postre o no. Ambas van al baño juntas y te dejan a solas. ¿Qué pide Bruma Nocturna en un restaurante así?



Hotel Grand Mirall

📅 27 de septiembre de 2005, 23:36

El hotel que Ana ha escogido está en una de las zonas altas de la ciudad, y es de cinco estrellas. Las habitaciones son demasiado grandes, camas cubiertas de cojines que nadie necesita, enormes ventanales orientados hacia las luces del valle y un cuarto de baño en el que probablemente podría vivir una familia pequeña. Cuando llegáis, Iruz mira alrededor del vestíbulo de mármol y madera pulida.


Ana ni siquiera reduce el paso camino de recepción.


Iruz espera algo más, pero no llega. Ana le sonríe con una naturalidad increíble. Era esa sonrisa que también vislumbrabas en Aránzazu cuando hacía algo mundano, como cocinar macarrones para tres o encontrar la forma de ignorar a Rufus unas horas más. Un rato después, ya instalados y con las bolsas repartidas entre las habitaciones, Ana aparece con un albornoz blanco doblado bajo un brazo.


Iruz, sentada sobre una cama mientras inspecciona una de sus nuevas prendas, alza la cabeza.


Ana levanta otro albornoz.


Iruz observa el albornoz, luego a Ana, y después vuelve a mirar el albornoz.


Ana sonríe con evidente satisfacción. Antes de marcharse se asoma hacia ti.


Se encoge de hombros.


Iruz pasa por su lado camino del pasillo y resopla.


Ana cierra la puerta detrás de ambas. Por primera vez desde que empezó el viaje, no hay ninguna urgencia esperando al otro lado. Sólo una habitación de hotel, una ciudad desconocida extendiéndose bajo las ventanas y unas cuantas horas de noche por delante.

¿Qué hace Bruma Nocturna?
#12
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
22 de Ago 2026, 23:22:55
La información que amplías sobre Yellowstone, sobre la implicación o no de Marian Coldwater en la protección del norte de EEUU y la posición estratégica de vuestro clan es de claro interés para la Philodox. No tarda en anotar varios puntos importantes en su libreta: notas que su caligrafía es rápida y casi ilegible, pero supones que para ella será fácil ponerlo en orden. En el momento en el que vuestra conversación finaliza, se levanta y comienza a prepararse para marcharse. Sin embargo...

Durante unos segundos permanece de espaldas a ti, con una mano apoyada sobre el respaldo de la silla que acaba de abandonar. Luego gira ligeramente la cabeza y vuelve a mirarte. Puedes discernir la concentración clínica de alguien repasando una impresión que todavía conserva fresca.


La afirmación llega limpia, sin dramatismo.


Una última sombra de sonrisa aparece en su rostro.


No añade nada más antes de marcharse del bar, tranquilamente. Durante los minutos siguientes, el ruido cotidiano vuelve a ocupar el espacio que ha dejado atrás. Vasos apoyándose contra la barra, conversaciones que no entiendes, una cafetera expulsando vapor y el arrastre ocasional de una silla sobre el suelo.

Cuando terminas lo que te queda por hacer y vuelves a dirigir tu atención hacia la Umbra, descubres que allí también algo ha cambiado. Las estructuras que rodeaban el edificio continúan visibles, pero ya no mantienen aquella disposición cerrada y vigilante. Una de las criaturas voladoras se aleja entre las líneas geométricas del paisaje espiritual. Otra asciende, pierde definición y desaparece detrás de una maraña de filamentos de la Tejedora.

Las restantes hacen lo mismo poco después, porque no parecen haber sido destruidas ni expulsadas. Simplemente... se marchan. Cuando finalmente sales al exterior, el aire de montaña resulta más frío que dentro del bar y puedes notar que Destiny todavía no se ha ido. Está unos metros más allá, junto a Ana Mercedes e Iruz. Llegas justo al final de una conversación que evidentemente no estaba destinada a ti.

Iruz tiene los brazos cruzados con fuerza contra el pecho y la cara completamente roja. No sólo las mejillas, también las orejas. Mantiene la vista apartada de Destiny con una expresión que mezcla irritación y una cantidad considerable de ganas de que la tierra se abra bajo sus pies. Destiny, en cambio, conserva una serenidad casi ofensiva.


Iruz levanta finalmente la mirada.


Aprieta los labios y descubre tu presencia unos segundos después. La intensidad con la que te mira deja bastante claro que formular cualquier pregunta en ese momento podría constituir una decisión estratégicamente cuestionable. Destiny parece divertirse apenas con ello, pero no comenta nada. En lugar de hacerlo, extrae del interior de su chaqueta un papel doblado varias veces y se lo ofrece a Ana Mercedes.


Ana toma el documento y empieza a desplegarlo. Recorre las primeras líneas rápidamente: hay nombres, referencias geográficas y varias anotaciones manuscritas. Su expresión cambia poco a poco hasta adquirir esa seriedad que aparece cuando algo deja de ser una posibilidad y empieza a convertirse en un camino.

A pocos metros espera una motocicleta deportiva de gran cilindrada, de carenado oscuro y aspecto mucho más agresivo de lo que cabría asociar con la mujer relativamente sobria que acaba de pasar casi una hora hablando contigo. Destiny se coloca el casco.


Iruz levanta de forma instintiva el dedo corazón y aprieta los dientes. La Philodox responde con una sonrisa desde detrás de la visera antes de arrancar, y el motor rompe durante unos segundos la tranquilidad del pueblo. Destiny sale hacia la carretera, gana velocidad y desaparece tras la primera curva entre las casas de piedra.

El sonido tarda un poco más en marcharse, mientras Ana continúa mirando el papel e Iruz sigue roja. Demasiado. Ana dobla finalmente el documento y alza los ojos hacia ti.


Guarda el papel con cuidado.


Luego mira hacia el coche.


Ana Mercedes te mira con la inocencia de un cachorro Garou, mientras la Ícaro se mete sin decir nada en la parte trasera del coche, quizás aguantándose las lágrimas.

¿Cuál es tu respuesta, Bruma Nocturna?
#13
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
22 de Ago 2026, 18:00:54
Destiny escucha tu última afirmación y, por primera vez desde que Iruz salió del bar, sonríe de verdad. No llega a ser una carcajada. Apenas una pequeña curva en los labios, divertida por tu seguridad.


Inclina ligeramente la cabeza.


La sonrisa permanece un instante más.


No desarrolla la respuesta. Ni su expresión permite adivinar si aquello pretende tranquilizarte o todo lo contrario.

Cuando vuelves a preguntarle por sus intenciones, Destiny abandona finalmente cualquier rodeo. Apoya las manos sobre la mesa y mira durante unos segundos hacia la ventana antes de volver a ti.


Hace una pausa breve.


Sus dedos golpean una vez la madera.


Ahora te observa con mayor atención.


Destiny permanece unos segundos en silencio antes de continuar.


Busca las palabras.


Notas un cosquilleo detrás de la nuca. Lo ves: está sentado junto a Destiny, en Crinos. Obviamente, su espacio corporal no encaja con el estrecho hueco que hay entre ambas sillas.


La Philodox se recuesta ligeramente, al mismo tiempo que tu padre parece desvanecerse en el aire.


Destiny recoge lentamente sus cosas.


Se pone en pie.


Mira brevemente hacia la puerta por la que salió Iruz.


Su expresión vuelve a adquirir aquella rigidez profesional del principio.


Destiny aparta la silla y se coloca la chaqueta, pero no se marcha todavía. Permanece junto a la mesa durante unos segundos, mirándote. Lo suficiente para dejarte decir una última cosa antes de que cada uno continúe su camino.
#14
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
22 de Ago 2026, 17:40:36
Jonah deja de masticar cuando señalas las cicatrices de tus muñecas. Durante un instante te mira las manos y después levanta la vista hacia ti, sorprendido de verdad.


La expresión divertida con la que estaba contando la historia de Ajax desaparece un poco. Se inclina hacia delante, apoyando los antebrazos sobre la mesa.


Sus ojos vuelven un momento hacia las cicatrices antes de regresar a los tuyos.


La frase le sale sin demasiada preparación. Sonríe después, algo más pequeño de lo habitual.




La Poza del Tío Bill — Estero Ciego

Leandro no pierde la sonrisa cuando respondes que no bebéis, y la mantiene incluso mientras sus ojos se desplazan fugazmente hacia Jonah. Jonah abre ligeramente la boca, parece dispuesto a puntualizar algo, pero termina cerrándola. Te mira de reojo con una expresión que viene a decir que, por lo visto, ahora no bebe. Leandro asiente despacio.


Se vuelve hacia la barra y durante apenas unos segundos podéis verle de espaldas mientras busca una botella entre las demás. El cristal golpea ligeramente contra otro. Sus manos no tiemblan, pero tarda demasiado en escoger. Sirve una cantidad generosa de mezcal en un vaso bajo y se lo lleva a los labios. No es un sorbo pequeño de anfitrión educado. Se bebe casi la mitad de una vez y deja el vaso sobre la madera con más fuerza de la necesaria.

Cuando vuelve hacia vosotros, la sonrisa sigue ahí. Mira primero a Jonah y después a ti.


Hace un pequeño gesto con ambas manos, tranquilo, sin acercarse.


Jonah arquea una ceja, pero no dice nada. Leandro recoge otra vez el vaso. Esta vez solamente moja los labios antes de apoyarse contra la barra y escuchar tu explicación. Cuando mencionas la verdad, su sonrisa cambia, no desaparece.


Mira el mezcal unos segundos, haciéndolo girar dentro del vaso.


Levanta el vaso ligeramente hacia vosotros.


Da otro trago, esta vez más pequeño.


Durante unos segundos sólo se escucha el ventilador sobre vuestras cabezas y el zumbido constante de los insectos más allá de la pasarela. Leandro deja el vaso, y entonces os mira con bastante más atención.


Señala hacia vosotros con dos dedos.


Lo pronuncia sin desprecio, con afecto y familiaridad.


Después mira a Jonah.


Jonah frunce el ceño.


Leandro sonríe un poco más y el vaso vuelve a su mano.


Jonah cierra la boca. Por primera vez desde que habéis entrado, Leandro parece disfrutar realmente de algo, pero dura poco. Sus dedos vuelven a apretar el vaso.


Se aparta ligeramente de la barra y deja espacio alrededor, como intentando demostrar que no pretende encerraros ni bloquear la salida.


Mira hacia el exterior del local, hacia los mangles. Hacia el agua estancada y con olor a sal que impregna todo el lugar. Después, con parsimonia, vuelve a miraros a vosotros.


Por primera vez su sonrisa desaparece del todo.


El ventilador completa otra vuelta lenta sobre su cabeza.


El ruido del exterior parece detenerse durante un instante.


Leandro recupera el vaso, lo observa, se bebe lo que queda del líquido dorado y os observa. Espera.
#15
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
21 de Ago 2026, 11:53:45
Los tres éxitos terminan de ordenar aquella sensación que al principio sólo habías podido comparar con Sentir al Wyrm. Ahora reconoces el patrón.

El Don utilizado por Destiny es Sentir Equilibrio, una capacidad propia de los Philodox experimentados. No busca corrupción de forma específica, sino desequilibrio: una presencia excesiva del Wyrm, del Kaos o de la Tejedora dentro de una persona, un objeto o incluso un lugar. Es una percepción bastante más sutil que Sentir al Wyrm; el Wyrm deja una impresión densa y aceitosa, la Tejedora algo frío y tenaz, mientras que el Kaos se manifiesta cálido, inestable, casi trémulo.

Destiny estaba estudiándote a ti: intentaba averiguar hasta qué punto las fuerzas de la Tríada permanecen equilibradas en tu interior o si alguna de ellas posee una presencia anormalmente intensa. Puedes comprender qué buscaba con el Don y cómo funciona. Lo que no puedes saber mediante este análisis es qué conclusión obtuvo ella.

Destiny deja que hables; incluso cuando mencionas los Croatanos, cuando defiendes el papel histórico de los Uktena o cuando el nombre de Vara Torcida adquiere un orgullo evidente en tu voz, se limita a escucharte. La molestia inicial desaparece poco a poco de su rostro y deja paso a algo bastante más difícil de interpretar.

Cuando terminas de hablar de tu abuelo, Destiny permanece unos segundos en silencio. Sus ojos bajan hacia tu pipa. Luego vuelven a ti.


Destiny ladea ligeramente la cabeza.


No sonríe. Tampoco hay hostilidad en su tono. Simplemente deja la contradicción encima de la mesa.


Destiny se recuesta un poco en la silla. La noticia sobre la destrucción de la Noche Fría sí parece haber cambiado algo. La expresión profesional continúa ahí, pero ahora escucha de otra manera. Ya no parece estar reconstruyendo únicamente una vieja disputa territorial de Marian Coldwater.


Sus dedos se desplazan despacio sobre la madera.


Durante unos segundos mira hacia la ventana del bar. Afuera, la luz de la tarde cae sobre las fachadas de piedra y las montañas cierran el horizonte como una pared.


Vuelve a mirarte.


Cuando mencionas a Jan Nevershire, Nancy Vixenhart y Sophie Kult, Destiny no muestra reconocimiento ante Les Flamberts, pero sí ante los nombres. La mandíbula se le tensa.


Hace una pequeña pausa.


Después llega tu condición: qué quiere saber de la Noche Fría y para qué. Destiny guarda silencio durante bastante más tiempo antes de responder.


Se inclina hacia delante y apoya los antebrazos sobre la mesa.


Sus dedos se entrelazan.


Destiny frunce ligeramente el ceño.


Deja que la frase repose.


No aparta la mirada.


La sinceridad de esa última frase resulta casi brusca.


Destiny alza ligeramente una mano antes de que la petición pueda confundirse con otra cosa.


Baja la mano.


Destiny se queda observándote.


La voz pierde algo de dureza.


No añade ninguna otra pregunta, porque espera tu respuesta.