Viajar en coche nunca ha sido la actividad favorita de Bruma Nocturna, pero ha aprendido a tolerar las máquinas de los humanos en su justa medida. El ruido del motor es como una permanente sierra manejada a destiempo, que modula sus pensamientos en una corriente irregular de ideas más difícil de ordenar de lo habitual. El sabor del combustible en el aire, casi imperceptible pero imposible de obviar, hace que no sea capaz de distinguir la fragancia de las especies endémicas que se encuentran en las lindes de la vía.
Cuando Ana Mercedes comienza a hablar, el chamán sale de su rumiación y se gira ligeramente hacia ella para concentrar un poco mejor la atención. Intenta no perderse nada: ni una palabra pronunciada con más rabia, ni una frase expresada como un pensamiento en voz alta, ni una sílaba dicha con la voz un poco más rota. A medida que avanza el relato, el joven sioux ofrece retorno en forma de escucha activa y con leves muestras de empatía. Cuando habla de un túmulo que ha vivido guerras bonitas, bajo el que hay algo viejo, deja permear ese aire que desprenden aquellos que saben demasiado bien que la realidad del Garou no se corresponde con la épica de las canciones.
Tras la interrupción de Iruz, el theurge se dirige a ella con una inesperada muestra de paciencia.
Tras el breve inciso, echa un vistazo al entorno a través de las ventanillas y devuelve la atención a Ana Mercedes aprovechando que está con ánimo de hablar. Tras la descripción del Roc de la Cendra, Bruma simplemente asiente con un leve gruñido de duda. Suena misterioso, quizá peligroso, pero indudablemente atractivo. Tras once años nadando y buceando en la cultura, la historia y los conocimientos de los Garou, una experiencia que suena como una oportunidad de descubrir y aprender algo nuevo siempre es estimulante.
En el momento en el camino se estrecha y la luz cambia, los sentidos del Uktena se activan. Efectivamente, aunque no sabe qué es exactamente, es consciente de que no todo ese cambio de entorno es totalmente natural.
Cuando el molino de metal cesa, el emisario de La Noche Fría cierra los ojos y entrega sus sentidos a aquél o a aquello que ha decidido prestar atención a su presencia. ¿A la suya, o a la del grupo? No lo sabe, pero no importa: lo relevante es que esa fuerza tiene un interés lo suficientemente grande como para decidir hacerse perceptible. Al bajarse el coche, Bruma Nocturna acepta el pacto con esa energía.
Su voz es calmada y profunda, como si ya estuviese entrando en ese trance que parece que le invado cada vez que se toma tan en serio sus funciones chamánicas. Con el permiso de sus compañeras, mira al cielo sobre sus cabezas. Escucha los cantos entre el follaje, olfatea los rastros dejados entre los matorrales y saborea los últimos restos del verano entre las ramas. Se agacha para sentir el suelo con sus manos, para dejar correr la tierra entre sus dedos y, habiéndose sentido uno con la naturaleza del lugar, se asoma a la umbra del lugar con seguridad pero con respeto. Sea lo que sea lo que se ha molestado en manifestarse, merece que su atención sea correspondida.
Cuando Ana Mercedes comienza a hablar, el chamán sale de su rumiación y se gira ligeramente hacia ella para concentrar un poco mejor la atención. Intenta no perderse nada: ni una palabra pronunciada con más rabia, ni una frase expresada como un pensamiento en voz alta, ni una sílaba dicha con la voz un poco más rota. A medida que avanza el relato, el joven sioux ofrece retorno en forma de escucha activa y con leves muestras de empatía. Cuando habla de un túmulo que ha vivido guerras bonitas, bajo el que hay algo viejo, deja permear ese aire que desprenden aquellos que saben demasiado bien que la realidad del Garou no se corresponde con la épica de las canciones.
Tras la interrupción de Iruz, el theurge se dirige a ella con una inesperada muestra de paciencia.
Cita de: Maurick en 17 de May 2026, 00:23:34
Tras el breve inciso, echa un vistazo al entorno a través de las ventanillas y devuelve la atención a Ana Mercedes aprovechando que está con ánimo de hablar. Tras la descripción del Roc de la Cendra, Bruma simplemente asiente con un leve gruñido de duda. Suena misterioso, quizá peligroso, pero indudablemente atractivo. Tras once años nadando y buceando en la cultura, la historia y los conocimientos de los Garou, una experiencia que suena como una oportunidad de descubrir y aprender algo nuevo siempre es estimulante.
En el momento en el camino se estrecha y la luz cambia, los sentidos del Uktena se activan. Efectivamente, aunque no sabe qué es exactamente, es consciente de que no todo ese cambio de entorno es totalmente natural.
Cita de: Maurick en 17 de May 2026, 00:23:34
Cuando el molino de metal cesa, el emisario de La Noche Fría cierra los ojos y entrega sus sentidos a aquél o a aquello que ha decidido prestar atención a su presencia. ¿A la suya, o a la del grupo? No lo sabe, pero no importa: lo relevante es que esa fuerza tiene un interés lo suficientemente grande como para decidir hacerse perceptible. Al bajarse el coche, Bruma Nocturna acepta el pacto con esa energía.
Su voz es calmada y profunda, como si ya estuviese entrando en ese trance que parece que le invado cada vez que se toma tan en serio sus funciones chamánicas. Con el permiso de sus compañeras, mira al cielo sobre sus cabezas. Escucha los cantos entre el follaje, olfatea los rastros dejados entre los matorrales y saborea los últimos restos del verano entre las ramas. Se agacha para sentir el suelo con sus manos, para dejar correr la tierra entre sus dedos y, habiéndose sentido uno con la naturaleza del lugar, se asoma a la umbra del lugar con seguridad pero con respeto. Sea lo que sea lo que se ha molestado en manifestarse, merece que su atención sea correspondida.