Nota: Nota: Arda bebe cuatro puntos de sangre de los viales para estar a tope.
Iota observa la reserva sobrenatural con la misma precisión con la que evaluaría un mecanismo delicado. Tres viales útiles. Uno degradado. Uno demasiado antiguo. Calcula la cantidad mínima necesaria para restaurar la precisión decimal del sistema sin comprometer futuras necesidades del grupo. Toma uno ya empezado, lo abre y lo bebe hasta vaciarlo. El sabor permanece unos segundos en la lengua, metálico y ajeno, y la sensación de haber tomado algo que no era del todo suyo tarda un poco más en disiparse.
Cuando levanta la mirada, Kaari ya está despierta. Su cuerpo vencido hacia un lado, la manta mal colocada, la respiración pesada. La pierna ausente pesa en la forma en que se sostiene, en cómo mide cada gesto antes de hacerlo. Sus ojos pasan de él a la puerta, y luego vuelven a él. La pregunta llega baja, contenida, sin temblor, pero con una mandíbula que ya conoce la respuesta antes de oírla.
Iota no responde de inmediato. No por duda. Por orden. Por secuencia. Mira por la ventana. Dos figuras mugrientas avanzan por la acera de enfrente, manos en bolsillos, mirada que se desliza por portales y coches sin detenerse demasiado. No llaman la atención si no sabes qué buscar. Él sí lo sabe. Están rastreando. Pero aún no han encontrado nada.
Vuelve a Kaari. Le cuenta lo esencial: el almacén, la captura, Elpidios, la amenaza, la condición impuesta. Ni retenida y esperando.
Kaari escucha. Y entonces ríe. Una risa rota, breve, casi sin aire. Una risa que no encaja con la situación, pero que tampoco la contradice. Una risa que no es alivio ni locura, sino una grieta humana en medio de algo que ya no lo es.
Intenta incorporarse, pero el cuerpo no responde. En el suelo hay manchas de sangre secas: se ha arrastrado cuando no estabais. Iota la observa un segundo más de lo necesario. Por análisis. El humor en condiciones adversas es un patrón humano que no termina de comprender ni aplicar.
Respira hondo, reorganizando la secuencia de prioridades. La decisión ya está fijada: estabilización completada. Información transmitida. Próximo vector: localizar a Sfázo. Y después, Ni.
Mientras coge una vieja guía telefónica y encuentra un anuncio de carnicería Sfázo con el telefóno y la dirección.
Iota observa la reserva sobrenatural con la misma precisión con la que evaluaría un mecanismo delicado. Tres viales útiles. Uno degradado. Uno demasiado antiguo. Calcula la cantidad mínima necesaria para restaurar la precisión decimal del sistema sin comprometer futuras necesidades del grupo. Toma uno ya empezado, lo abre y lo bebe hasta vaciarlo. El sabor permanece unos segundos en la lengua, metálico y ajeno, y la sensación de haber tomado algo que no era del todo suyo tarda un poco más en disiparse.
Cuando levanta la mirada, Kaari ya está despierta. Su cuerpo vencido hacia un lado, la manta mal colocada, la respiración pesada. La pierna ausente pesa en la forma en que se sostiene, en cómo mide cada gesto antes de hacerlo. Sus ojos pasan de él a la puerta, y luego vuelven a él. La pregunta llega baja, contenida, sin temblor, pero con una mandíbula que ya conoce la respuesta antes de oírla.
Iota no responde de inmediato. No por duda. Por orden. Por secuencia. Mira por la ventana. Dos figuras mugrientas avanzan por la acera de enfrente, manos en bolsillos, mirada que se desliza por portales y coches sin detenerse demasiado. No llaman la atención si no sabes qué buscar. Él sí lo sabe. Están rastreando. Pero aún no han encontrado nada.
Vuelve a Kaari. Le cuenta lo esencial: el almacén, la captura, Elpidios, la amenaza, la condición impuesta. Ni retenida y esperando.
Kaari escucha. Y entonces ríe. Una risa rota, breve, casi sin aire. Una risa que no encaja con la situación, pero que tampoco la contradice. Una risa que no es alivio ni locura, sino una grieta humana en medio de algo que ya no lo es.
Intenta incorporarse, pero el cuerpo no responde. En el suelo hay manchas de sangre secas: se ha arrastrado cuando no estabais. Iota la observa un segundo más de lo necesario. Por análisis. El humor en condiciones adversas es un patrón humano que no termina de comprender ni aplicar.
Respira hondo, reorganizando la secuencia de prioridades. La decisión ya está fijada: estabilización completada. Información transmitida. Próximo vector: localizar a Sfázo. Y después, Ni.
Mientras coge una vieja guía telefónica y encuentra un anuncio de carnicería Sfázo con el telefóno y la dirección.