Cita de: Takashi Nakamura en 06 de Abr 2024, 12:48:14— Os he avisado, Hijas de Sokolov. No somos más que polvo en mitad de un espacio liminal. Me habéis ignorado y me habéis golpeado. Ahora soy yo el Heraldo de la Inexistencia. Venid conmigo y dejad de sufrir, no tenemos por qué someternos a un Falso Profeta, el Dios Máquina tiene lugar para todos nosotros.
Ahora voy a intentar agarrar a una de ellas. ¿A quién me puedo llevar?
Sin embargo, el destino de una de vosotras ya está escrito. El corrupto ser que ahora es Nakamura se abalanza como una bestia icontrolable sobre Mei Ling Chen. Ésta reacciona empujando a Astrid contra una de las paredes, que queda a salvo del ataque. Sin embargo, la bióloga es atrapada por el asaltante, que no tarda en clavar los extraños cables en el cuerpo de su víctima. Mei emite un grito de dolor, pero en seguida reacciona sacando un bisturí y clavándoselo de vuelta a Nakamura en el cuello.
La situación se vuelve borrosa para ambas. Mei es arrastrada por un dolido Nakamura hacia la puerta inexistente de la que ha surgido. La sustancia corrupta que estaba invadiendo la habitación la ha consumido por completo, pero antes de que este malhechor pueda hacer algo más, Mei se zafa de su agarre y levanta una de las máquinas de diálisis que hay en la habitación. Sin pensárselo mucho, se la estampa a Nakamura en los dientes y hace que impacte contra la puerta, la puerta inexistente. Una repentina explosión azulada consume la habitación, y en los ojos de Astrid se puede ver como algo atraviesa el portal y se lleva los cuerpos de Nakamura y Mei.
Después, el silencio. La habitación ha quedado devastada, con toda las máquinas, arrancadas y oxidadas. Una mancha repulsiva supura de la pared, empapando el suelo con una sustancia parduzca y maloliente.