— Os he avisado, Hijas de Sokolov. No somos más que polvo en mitad de un espacio liminal. Me habéis ignorado y me habéis golpeado. Ahora soy yo el Heraldo de la Inexistencia. Venid conmigo y dejad de sufrir, no tenemos por qué someternos a un Falso Profeta, el Dios Máquina tiene lugar para todos nosotros.
Ahora voy a intentar agarrar a una de ellas. ¿A quién me puedo llevar?
Ahora voy a intentar agarrar a una de ellas. ¿A quién me puedo llevar?