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Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
Último mensaje por Maurick - 16 de Sep 2026, 17:11:12
Jonah te agarra de las caderas cuando le das un beso y te ayuda a bajar de las cajas con cuidado. Se recoloca las gafas con un dedo, mira hacia las pasarelas de madera y luego hacia ti.


Empieza a caminar a tu lado.


No parece tener ninguna intención de separarse demasiado. Las siguientes horas transcurren despacio:

La Sal Parda no tiene una plaza donde reunir a sus habitantes ni un lugar evidente donde sentarse a escuchar historias. La gente está trabajando. Reparando redes, arrastrando cubos de agua, limpiando pescado y verduras sobre tablas ennegrecidas, reforzando pilotes hundidos en el fango. El trabajo no se detiene para vosotros, aunque vuestra presencia provoca miradas y, al principio, respuestas breves.

Poco a poco cambia, cómo no. Es evidente, pero descubrís que hablar de Aguas Sagradas resulta más sencillo que hablar de Nicanor. Algunos han nacido allí.

Recuerdan la cueva como algo inmenso, húmedo y seguro. El agua protegía del mundo exterior, la temperatura apenas cambiaba y nadie necesitaba ocultar lo que era. Hablan de criaderos comunes, de comida repartida entre todos, de rincones donde dormían varias familias juntas y de largas noches en las que los más viejos contaban recuerdos que parecían anteriores incluso a ellos mismos.

Varios sonríen mientras lo cuentan, porque alguno todavía tiene familia allí. Una madre, o dos hermanos, o una compañera que decidió no marcharse. Para ellos, Aguas Sagradas nunca fue únicamente una prisión.

Pero llega siempre un momento en el que la conversación cambia. A veces ocurre cuando preguntas por qué se fueron. Otras, cuando Jonah pregunta qué era lo peor de vivir allí. Hay quien responde hablando de Melquíades, el hermano mayor de Nicanor y el despreciable rey que Lydia destronó. Otros apenas lo recuerdan y hablan de Lydia, la reina que vino desde más allá del océano. Los más recientes mencionan a Neiatta.

Lo que está claro es que los nombres cambian, pero el gesto es casi siempe el mismo: una mirada hacia el suelo, o un silencio incómodo. Es la sensación de estar acercándose a algo que nadie quiere nombrar demasiado alto.

Los habitantes más antiguos de la Sal Parda recuerdan a Nicanor mucho antes de que fuese la figura que habéis conocido. No hablan de él como un libertador enviado por los espíritus ni como el fundador de una nueva era. Lo recuerdan joven, rabioso, perdido después de la muerte de su hermano. Recuerdan el viaje hasta el Estero Ciego (dónde os encontráis ahora, era su nombre antes de la Sal Parda) y las primeras semanas durmiendo sobre madera húmeda, comiendo mal y reconstruyendo un viejo refugio que apenas servía para esconderse de las tormentas.

Algunos reconocen que Melquíades era un cabrón, y ninguno parece echarle realmente de menos. Lo que no aceptaron fue que alguien llegase desde fuera, lo devorase y ocupase inmediatamente su lugar. Otros se quedaron con Lydia, pero algunos de esos terminaron llegando aquí años después.

La imagen que ofrecen de ella es diferente a la que esperabas encontrar. Hay quien la recuerda con respeto, incluso con cariño. Dicen que intentó cambiar muchas cosas, que acabó con costumbres que llevaban demasiado tiempo aceptándose porque nadie se atrevía a discutirlas. Tampoco todos los habitantes que hablan contigo consideran que marcharse entonces fuese necesario. Pero con Neiatta las opiniones son mucho menos amables y menos uniformes.

Un hombre de hombros cubiertos de pequeñas placas calcáreas afirma que nunca recibió un castigo de ella, nunca fue amenazado y jamás vio a la reina maltratar personalmente a nadie. Su problema no era Neiatta, era saber que su vida seguía perteneciendo a Aguas Sagradas.

Otro se muestra mucho más duro. Llegó a la Sal Parda después de que comenzasen los intentos de recuperar a quienes se habían marchado. Para él, Neiatta no comprende la diferencia entre proteger una comunidad y poseerla.

Una mujer no aparece entre aquellos con los que habláis, pero sí un Nerai joven que recuerda a su hermana. Ella continúa abajo, y él no quiere obligarla a marcharse y tampoco desea regresar para convencerla. Sólo quiere que ambos puedan tomar decisiones diferentes sin convertirse por ello en enemigos.

Eso parece resumir buena parte de lo que encuentras. La mayoría no odia Aguas Sagradas, e incluso algunos ni siquiera odian a Neiatta. Y Nicanor tampoco despierta una devoción unánime.

Hay hombres que le deben la vida. Lo dicen sin titubeos: cuando las incursiones empezaron, fue Nicanor quien organizó las defensas. Cuando faltó comida, consiguió alianzas. Cuando nadie sabía cómo esconder el Estero Ciego, aparecieron los rituales que mantienen la niebla abrazada al manglar.

Pero también encontráis cansancio: Nicanor pregunta demasiado. Quiere saber quién sale, quién entra, quién habla con quién. Decide qué riesgos son aceptables y cuáles no. Hay quienes llevan años justificándolo porque cada nueva incursión demuestra que sus temores no eran imaginarios.

Otros empiezan a preguntarse cuándo llegará el día en que estar protegido y estar encerrado signifiquen exactamente lo mismo. La vida aquí es peor en casi todos los sentidos materiales: hay mosquitos, calor, tormentas. La madera se pudre, el agua potable tiene que almacenarse. La comida depende de la pesca, de lo que puedan intercambiar y de unas alianzas que no siempre resultan cómodas. Todos trabajan porque una semana mala se nota inmediatamente en las despensas.

Aun así, muchos prefieren esto. Uno de ellos lo demuestra enseñándoos una pequeña vivienda que construyó con sus propias manos. Está torcida, huele a pescado seco y el techo necesita otro parche antes de que llegue una tormenta seria, pero es suya.

La conversación más difícil llega con las camadas. Nadie niega lo que ya viste: hay pocos jóvenes. Demasiado pocos. Los nacimientos internos se detuvieron hace tiempo. Algunos habitantes no quieren hablar del motivo. Otros lo hacen con esa resignación de quien lleva años contemplando el mismo problema: las nuevas generaciones empezaron a nacer peor. Cuerpos que no terminaban de desarrollarse. Cambios incompletos. Rasgos que nadie conseguía explicar únicamente mediante la herencia.

Desde entonces, cada nuevo habitante que consigue llegar desde Aguas Sagradas significa algo más que una boca adicional: significa el futuro.

Y entonces empiezas a comprender por qué las dos comunidades pueden pronunciar la palabra rescate para describir exactamente la misma acción. Cuando preguntas por qué nadie simplemente se marcha más lejos, las respuestas vuelven a fragmentarse. Algunos no quieren abandonar Yucatán. Otros no creen que sobrevivirían separados. Otros hablan de la memoria como si fuese algo que pudiera diluirse con la distancia. Y unos pocos vuelven la mirada hacia el sur, hacia el mar.

No hablan de Mott Garoth. Para ellos, eso no es algo que pueda tener un nombre. Hablan de lo que duerme, de lo que necesita la cueva. Uno de los hombres mayores recuerda que, durante mucho tiempo, los niños aprendían pronto que determinadas preguntas no debían hacerse. Otro se limita a explicar que hubo un momento en que comprendió que ciertas listas no eran guardias, ni trabajadores, ni enfermos. Otro no quiere continuar hablando, Jonah tampoco insiste.



Cuando os alejáis, camina contigo en silencio durante varios metros. Observa una hilera de pequeñas viviendas apoyadas sobre pilotes. En una de ellas, dos Nerai reparan una red bajo la supervisión de otro más viejo. El hechicero se queda mirándolos.


Se mete las manos en los bolsillos.


Una tabla cruje bajo sus zapatillas.


Sonríe ligeramente, sin demasiada nostalgia.


Aparta una rama del manglar para dejarte pasar.


La sonrisa aparece otra vez.


Continúa caminando.


Se encoge de hombros, pero no desarrolla el tema.


Esta vez mira hacia las casas de la Sal Parda.




El resto de la tarde continúa entre conversaciones. Cuando finalmente decidís que habéis escuchado suficiente, la luz ya ha empezado a cambiar sobre el manglar. La niebla convierte el sol en una mancha pálida entre las copas y las pasarelas parecen prolongarse mucho más allá de donde realmente terminan.

Buscáis a Leandro. Jonah termina encontrando a uno de los habitantes que señala una vivienda algo apartada del centro. Tú y él recorréis juntos la última pasarela. En algún momento sus dedos encuentran los tuyos y seguís caminando agarrados de la mano sin necesidad de comentar nada.

La puerta está abierta, y lo primero que sorprende no es encontrar allí a Leandro. Es descubrir que aquello es un despacho. Pequeño, húmedo y completamente absurdo en mitad de un asentamiento levantado sobre un pantano, pero un despacho al fin y al cabo.

Dos paredes están ocupadas por archivadores metálicos de diferentes procedencias. Algunos tienen manchas de óxido alrededor de las bisagras; otros conservan etiquetas escritas con una caligrafía minúscula y sorprendentemente ordenada. Carpetas, sobres y hojas protegidas dentro de fundas de plástico ocupan una estantería construida con tablones.

Hay incluso una mesa de oficina, que no combina con absolutamente nada. ¿Qué es eso? ¿Las opiniones de Allison están permeando tu mente? ¡Qué humana te estás volviendo! Detrás de ella cuelgan varios diplomas enmarcados. Títulos y acreditaciones jurídicas amarilleadas por los años, protegidas del aire húmedo tras cristales que alguien limpia con bastante frecuencia.

Entre ellos hay una fotografía: Leandro parece mucho más joven. Lleva traje, corbata y una sonrisa tan exageradamente orgullosa que cuesta relacionarla con el hombre que conocisteis en la Poza del Tío Bill. Está entre dos personas mayores, un hombre y una mujer vestidos para alguna clase de ceremonia. Los tres miran a la cámara.

En la fotografía, Leandro parece completamente humano, pero el que está sentado ahora detrás de la mesa no. Ha abandonado la apariencia que utiliza en la superficie y mantiene otra forma. Podrías decir que es como tu Glabro. Sigue siendo reconocible, con sus ojos atentos y expresión de sabelotodo. Pero su cuerpo resulta más ancho, irregular y acuático. La piel permanece húmeda y recorrida por pequeñas escamas; a ambos lados del cuello se abren finas hendiduras branquiales que se mueven con su respiración. Sus manos conservan dedos suficientemente hábiles para manejar papeles, aunque una membrana translúcida une parcialmente las falanges.

La camisa ha sobrevivido a la transformación con cierta dificultad. Leandro levanta los ojos cuando aparecéis en la puerta. Su mirada baja durante un instante hacia vuestras manos entrelazadas, pero después vuelve a subir. No dice nada al respecto.


Retira varias carpetas de las dos sillas situadas frente a su mesa y las deposita cuidadosamente sobre un archivador.


Se acomoda en su silla y, antes de que os sentéis, abre uno de los cajones de la mesa. Dentro hay documentos, nolígrafos, una grapadora. Y una botella de mezcal. Leandro saca también un vaso pequeño.


Deja el vaso sobre la mesa y levanta ligeramente la botella.


Se sirve un poco de mezcal. Después guarda la botella a medias dentro del cajón, dejándola al alcance por si alguno cambia de opinión. El Nerai se recuesta, y la madera de la silla protesta bajo el peso de su forma Glabro. O eso esperas.

Mira primero a Jonah y después a ti. Sonríe.


El tipo sonríe con total sinceridad. Su voz no es amenazante y su actitud es muy relajada.
#2
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
Último mensaje por Denebia - 16 de Sep 2026, 11:50:22
Cita de: Maurick en 13 de Sep 2026, 21:58:15

Suelto una risilla y hago un leve gesto de negación con la cabeza. Ninguno de los dos sabe decir, o usar, bien esa palabra. Le doy un pequeño beso en la comisura de los labrios y, aunque me gusten sus abrazos, me separo de él. Me bajo de las cajas y miro a mi alrededor.



Digo con una sonrisa pícara.



Mi intención es preguntar/entrevistar a los Nerai que quieran o se dejen:
- Qué tal su vida allí y qué echan de menos de allí.
- Cómo de diferente es a la de ahora.
- Conocer si saben o no el motivo real de su partida.
- Saber si llegaron a conocer a Lydia y qué opinan de ella.
- Cómo les gustaría vivir.

También ir comentando con Jonah qué va opinando de lo que nos cuenten y con toda la información ir a hablar con Leandro, primero como habitante y luego como consejero de Nicanor.
#3
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Maurick - 15 de Sep 2026, 22:36:01
El desvío os aparta poco a poco de la Provenza que lleváis viendo durante las últimas horas. Los viñedos y las casas de piedra quedan atrás y, en las afueras de Apt, el paisaje termina convertido en algo bastante menos pintoresco: naves de chapa, pequeños talleres, camiones estacionados y solares cerrados con verjas metálicas. El aire huele a asfalto caliente y combustible. A esas horas de la tarde apenas queda actividad. Las coordenadas de Iruz terminan en una calle secundaria del polígono. Hay un coche oscuro aparcado junto a una de las naves y dos chicas jóvenes esperando cerca. Iruz tarda poco en reconocer a una de ellas.


La chica situada junto al coche también la ha reconocido. No hace aspavientos ni levanta una mano. Espera simplemente a que os acerquéis. Iruz sale primero, y luego vosotros dos. No intenta acelerar el paso, pero esperaba que os quedaseis en el coche. Cuando están cerca, la que parece más mayor, de aspecto atlético, pelo largo rubio y lacio, ojos verdes casi marrones, y una mirada nostálgica, se acerca.


Iruz hace una mueca al escuchar el nombre.


Durante unos segundos ambas se observan con una familiaridad extraña. No parece la de dos amigas que llevan tiempo sin verse, pero tampoco la de dos desconocidas. Épsilon mira brevemente hacia ti y Ana Mercedes. Después vuelve a centrarse en Iruz.


Iruz suspira.


Épsilon no responde al comentario. Se limita a caminar hacia el lateral de la nave. Iruz os mira antes de seguirla.


Iruz hace un gesto con la mano de «pequeñito» mientras se ríe. Las dos desaparecen tras una esquina del edificio, y os quedáis allí. Ana Mercedes, tú, y la otra muchacha. El silencio resulta incómodo casi inmediatamente. La chavala tiene un aspecto claramente hindú, con una tonalidad de pelo muy poco común: blanco grisáceo. Podrías decir que es una niña mayor, o una adolescente muy joven. Ella permanece de pie junto al coche, con las manos metidas en los bolsillos. Ana la observa durante un par de segundos y después decide interesarse muchísimo por una nave industrial situada al otro lado de la calle. Pero la chica, en cambio, te mira a ti. No aparta los ojos. Pasan unos segundos y luego algunos más. Ana termina mirándola de reojo. Y la joven continúa observándote con una concentración que ya resulta difícil atribuir a simple curiosidad.


Hace una pequeña pausa, como si acabara de darse cuenta de que lleva demasiado tiempo haciéndolo. Su acento es una mezcla de inglés, hindú y castellano. Suena muy tierna y educada, como si realmente se esforzarse en comunicarse contigo.


Ana vuelve lentamente la cabeza hacia ti. La Ícaro entrecierra un poco los ojos.


El viento mueve una bolsa de plástico contra la verja de la nave. El sonido raspa el metal durante unos instantes.


Ana parece esperar una explicación, pero no llega. Rompe el silencio


La chiquilla desvía por fin la mirada hacia ella.


Y el silencio vuelve, todavía peor que antes. Transcurren varios minutos hasta que Épsilon e Iruz reaparecen por el lateral de la nave. Iruz regresa con las manos en los bolsillos, expulsando aire por la boca. Hay algo más contenido en su expresión, una seriedad que no llevaba cuando se alejó. Épsilon le dice unas últimas palabras demasiado lejos para que podáis escucharlas. Iruz se limita a asentir, pero no bromea ni la insulta.

En cuanto se acerca lo suficiente, parece darse cuenta de ello y recupera buena parte de su expresión habitual. Épsilon camina junto a ella hasta vosotros.


Se detiene delante de Ana y de ti y, por primera vez desde vuestra llegada, su actitud abandona completamente aquella frialdad operativa.


Extiende una mano con absoluta cortesía, sin decidir por vosotros quién debe estrecharla primero. Ana Mercedes tarda un instante en reaccionar. Su mirada pasa de Laura a Iruz y después a la chiquita hindú que hay a vuestro lado. Esta última parece entender la pregunta antes de que sea formulada.


Ana parpadea.


Kaari asiente con naturalidad, e Iruz resopla a vuestro lado.


Ana vuelve a mirar a Laura y después a Kaari, encajando por fin una idea que hasta ese momento había conocido únicamente a través de relatos, informes y de la propia Iruz. Laura mantiene una ligera sonrisa.


Entonces fija la mirada en ti.


La mano de Épsilon permanece extendida hacia ti.
#4
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
Último mensaje por Maurick - 13 de Sep 2026, 21:58:15
Tu intervención no sorprende a Leandro. De hecho, parece que te ha calado muy bien, aunque al principio conserve esa expresión suya de abogado que escucha buscando la grieta por la que meter una objeción. Sin embargo, cuando mencionas a Pluma del Viento, cuando explicas que ya elegiste una vez la obligación por encima de aquello que querías proteger y que no piensas cometer el mismo error, algo se relaja en su rostro.

Deja de preparar la siguiente pregunta, y te escucha. Cuando terminas y le pides unos minutos, el licenciado asiente despacio.


Mira hacia la pasarela por la que Nicanor ha desaparecido y después hacia las siluetas de las casas escondidas entre la niebla.


La sonrisa que aparece es breve y cansada.


Leandro parece pensárselo antes de añadir algo más.


Baja un poco la voz.


Una ligera mueca acompaña la frase, pero desaparece enseguida.


Golpea suavemente la madera con un dedo.


Levanta la mirada hacia ti, y por un instante parece que va a añadir algo, pero no lo hace.


Se separa de la balaustrada y levanta ambas manos con cierta teatralidad. Te sonríe, y se marcha por la pasarela sin mirar atrás. La niebla tarda poco en ocultarlo. De hecho, desde que se ha marchado Nicanor, la niebla parece haberse vuelto más densa y abundante.



Volvamos a la frase de Jonah. Esa frase que ha pronunciado de forma inocente, algo impertinente, y sincera. No ha apartado la mirada mientras hablabas con Leandro. Tampoco mientras explicabas por qué estás aquí. Lo único que ha cambiado es la expresión con la que te observa: no parece preocupado y mucho menos asustado. Parece sorprendido. Cuando tiras suavemente de su mano, te sigue sin decir nada. Camina contigo hasta las cajas apartadas y espera mientras te acomodas sobre una de ellas. Después se sienta a tu lado, algo torcido por la diferencia de altura, apoyando los pies contra la madera inferior.

Y te escucha. Sorprendentemente, el tipo que no se calla ni debajo del agua dedica un momento a escuchar todo lo que tienes que decir. Cuando sacas el mechón de pelo negro, baja los ojos hacia él. Su expresión pierde durante un instante toda esa insolencia que suele llevar pegada a la cara. Después mencionas que quizá seas abuela y una de sus cejas sube. La disonancia es muy evidente en él.


Le hablas de la muerte de Pluma, de los espíritus que dejaste cuidando de aquella manada. De todo aquello que existía antes de que él apareciese en tu vida. Y finalmente empiezas a explicarle que entenderás cualquier reacción que tenga, pero no llegas mucho más lejos. Jonah se inclina hacia ti y te abraza. Un brazo pasa alrededor de tu espalda y el otro te recoge contra su pecho, como si hubiera decidido que seguir sentado escuchándote justificar tu propia vida empieza a resultarle absurdo.


Permanece así unos segundos.


Se separa sólo lo suficiente para poder mirarte. Hay una sonrisa nerviosa en su rostro.


Se rasca ligeramente la nuca.


Niega despacio con la cabeza.


Esta vez la sonrisa dura algo más. Jonah mira hacia la niebla, hacia el lugar por donde ha desaparecido Leandro.


Frunce el ceño.


La sonrisa se vuelve algo más descarada. El lugar se ha quedado en silencio tras el «cocomelón» de Jonah, aunque el olor de la marisma sigue presente. Y escuchas de fondo ruidos de madera moviéndose, de martillos ajustando paneles de troncos y de comentarios en un dialecto que te recuerda al que hablaba Jules con su familia... ¿Qué vas a hacer?
#5
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Lady Midnight - 11 de Sep 2026, 17:21:29
Viendo que Ana Mercedes se ha tomado el asunto de la forma de pez tan en serio, el joven se limita a encogerse de hombros.

Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36



Deja que su cuerpo se escurra de nuevo dentro del agua, solo con la cabeza asomando sobre el borde de la burbujeante piscina.



Frente a la respuesta de Ana Mercedes, el chamán se mantiene expectante. Sus hombros están relajados, y la luz que se filtra por la ventana le ilumina indirectamente tras rebotar en el techo de mármol blanco de la lujosa habitación.

Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36





El joven frunce el ceño ligeramente, pensativo.


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36

El sioux sonríe ligeramente.


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36



Durante un rato, mira en silencio a la joven Philodox. Escucha cada palabra, e incluso asiente con gesto de resignación hacia el final del discurso.


Su voz es tranquila, y sus ojos miran con cierta confianza a Ana Mercedes duramte toda la conversación... salvo un breve instante, en el que se desvían brevemente hacia el espejo que hay tras la Hija de Gaia y en el que se refleja el rostro del Demonio de Fuego con una sonrisa cómplice.


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36

El metis resopla con resignación.




El viaje es aburrido. El ritmo más calmado se agradece en cierto modo, pero pasar tanto tiempo en un coche y en asentamientos humanos se hace incómodo a medio plazo. Al pasar por una gasolinera, Bruma Nocturna se compra un libro sobre fauna local que va leyendo en el coche mientras mira de vez en cuándo por la ventanilla.

El día que Iruz se aleja, al igual que Ana Mercedes, presta atención e intenta saber qué está pasando.

Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36






CitarCuando la Ícaro menciona las coordenadas, el muchacho entiende que se trata de una dirección. Frente al comentario de la Hija de Gaia sobre la distancia, simplemente asiente.

#6
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
Último mensaje por Denebia - 08 de Sep 2026, 19:36:42
Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15
Se da media vuelta.


Se marcha por una de las pasarelas laterales, gruñendo algo imposible de entender. Nadie intenta detenerlo.




Veo cómo se aleja enfadado.


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Te estudia con más curiosidad que antes.



Asiento a la afirmación de querer hablar con su gente.


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Leandro se gira hacia ti.





Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Sus dedos tamborilean una vez sobre la madera.




Cuando Jonah me llama me giro hacia él sin terminar la frase. Hay algo en su tono de voz que duele. Me hubiera gustado tener esta conversación en otras circunstancias, no aquí y no ahora. Pero tenía que hacer ver a Nicanor que de verdad entiendo su postura, buscar ese puente al diálogo.

Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Ya no hay ninguna broma en la voz. Se acerca apenas medio paso, lo suficiente para hablar contigo sin dejar fuera a Leandro, pero bajando instintivamente el tono. Se pasa una mano por la nuca, y durante un momento parece buscar una forma mejor de decirlo y fracasa.



Esbozo una sonrisa un poco amarga, no sé si es un cumplido o algo malo. Me giro hacia él para prestarle toda mi atención.

Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Él mismo frunce el ceño nada más escucharse.


Baja la mirada un instante y vuelve a buscar tus ojos. Leandro permanece en silencio, con cara de situación. Jonah también.


No entiendo el comentario, no sé por qué lo dice, y esa duda se refleja en mi rostro.


Pongo mi mano suavemente sobre su brazo y no dejo de mirarle a los ojos. Vuelo a hablar en un tono de voz normal, para asegurarme de que los dos me oyen sin problema.


Tomo aire.


Me inclino un poco para mirar hacia la zona tras Jonah y me dirijo a Leandro con una sonrisa amable.


La verdad es que no espero a la aprobación de Leandro. Cojo a Jonah de las manos y hago un poco de fuerza hacia atrás para moverlo y que me siga. Suelto una de las manos pero con la otra sigo sosteniendo la de Jonah, si él quiere. Busco con la mirada un lugar un poco apartado y solitario y, no muy lejos de allí, veo dos cajas bastante grandes apiladas una sobre la otra y una tercera frente a estas. Tiene pinta de que están vacías y que llevan ahí demasiado tiempo olvidadas. Es el lugar perfecto.

Una vez junto a las cajas compruebo que son más altas de lo que parecían desde lejos ya que la que no tiene nada encima el borde me llega un poco más alta que mi cintura. Doy un pequeño salto y me siento cruzado las piernas, estilo yo (estilo indio). Dejo espacio a mi lado por si Jonah quiere sentarse.


Rebusco en mi riñonera y saco un mechón de pelo negro anudado con una cuerda de cuero. Lo sostengo en mis manos y se lo muestro. Lo vuelvo a guardar delicadamente.




*Nota al pie: solomelón = oxímoron.



 Continúo hablando.


Suspiro, en mi cara se dibuja una sonrisa agridulce. Hago una pausa.



Sonrío ante la loca idea de poder ser abuela y no saberlo.


Hablar de la muerte de Pluma sigue sin ser fácil, pero parece que la carga se ha aliviado un poco.

Permanezco un rato en silencio hasta que me percato de que me he quedado mirando sus manos. Me gustaría tanto poder cogerlas... Doy un respingo y le miro a los ojos. No sé si está molesto, preocupado, enfadado, tenso... Me gustaría tanto poder abrazarle... Se nota, pero quiero dejarle su espacio.

#7
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Maurick - 07 de Sep 2026, 23:50:36
Ana no aparta el hombro cuando apoyas la mano sobre él. Su mirada baja un instante hasta tus dedos y después regresa a tu rostro. La sonrisa con la que has pretendido cerrar la discusión no parece impresionarla demasiado.

Cita de: Lady Midnight en 07 de Sep 2026, 01:18:59


Iruz, todavía medio hundida en el agua, gira la cabeza hacia ella. Ana Mercedes continúa con la misma tranquilidad.


Se incorpora un poco, apoyando los brazos sobre el borde del jacuzzi.


Iruz alza una ceja.


Ana Mercedes la mira de reojo.


Iruz sonríe con absoluta falta de arrepentimiento. El asunto termina ahí. No porque nadie haya convencido a nadie, sino porque tampoco parece necesario hacerlo. La conversación se diluye entre el agua caliente, el cansancio acumulado y esa extraña facilidad que habéis adquirido durante los últimos días para discutir sobre cosas que, en cualquier otro lugar, resultarían completamente absurdas.



Por la mañana, sin embargo, la pregunta que lanzas al otro lado de la mesa cambia el ambiente. Ana Mercedes había estado repasando las anotaciones de Reeves mientras desayunaba. Cuando mencionas el Estanque del Lirio Apacible, sus dedos dejan de pasar páginas. Iruz también deja de comer. Ana no parece sorprendida. Más bien da la impresión de que sabía que aquella conversación acabaría llegando. Durante unos segundos permanece mirando el papel.

Cita de: Lady Midnight en 07 de Sep 2026, 01:18:59


Levanta finalmente los ojos hacia ti.


Se queda callada un instante.


Iruz sostiene la taza entre ambas manos sin intervenir. Ana tampoco parece necesitar ordenar demasiado lo que quiere decir, claro que no. Lleva varios días haciéndolo.


Su pulgar recorre distraídamente el borde de una de las hojas.


No dramatiza la frase.


Ana gira ligeramente la cabeza, buscando una forma sencilla de terminar la idea.


Fuera, al otro lado de los ventanales del hotel, alguien limpia la nieve acumulada junto a la entrada. El sonido metálico de la pala llega amortiguado hasta el comedor.


Señala a Iruz con una sonrisa en los labios. Se reclina un poco en la silla.


Durante unos segundos sostiene tu mirada.


Iruz desplaza los ojos lentamente hacia Ana. La Hija de Gaia no parece estar pronunciando una amenaza.


Sus ojos bajan un momento hacia el trozo de pescado que has rescatado de la cena anterior. Pone cara de ascazo.


La comisura de sus labios se levanta un poco.


Iruz deja escapar aire por la nariz.


Ana la ignora, y su expresión vuelve a suavizarse cuando te mira.


Y eso parece ser todo lo que está dispuesta a afirmar. Iruz vuelve a concentrarse en el desayuno y, durante unos instantes, el comedor recupera sus pequeños ruidos cotidianos.

Cita de: Lady Midnight en 07 de Sep 2026, 01:18:59

Hasta que mira de soslayo la jarra que habías señalado.


Señala vagamente en tu dirección. Ana Mercedes vuelve a abrir el informe de Reeves.


Iruz levanta un dedo.


Las dos se ríen con algo tan vulgar y simple.



No hay ninguna urgencia real que os obligue a salir aquella mañana. Así que no lo hacéis. El asunto de la alimentación de Iruz se resuelve sin ceremonia (aunque ella insiste en que es mejor morderte :F) y después cada uno encuentra su propio espacio. Ana desaparece durante un rato para meditar. Iruz duerme varias horas más de las que seguramente estaría dispuesta a reconocer. Tú tienes tiempo suficiente para recuperar fuerzas y atender tus propias necesidades espirituales antes del viaje.

Reeves os ha dado una dirección en el sentido más amplio de la palabra. Provenza, Luberon. Blanchard seguirá allí mañana si lleva siglos consiguiendo que nadie encuentre su puerta. Cuando finalmente abandonáis Andorra, nadie protesta porque la Hija de Gaia imponga un ritmo bastante menos suicida que el que habéis mantenido durante buena parte de los últimos días.

Mirepoix llega primero. Sommières después. Coméis, descansáis y conducís. Nada os persigue. No aparecen enemigos en una curva de la carretera. Ningún espíritu intenta advertirte de una catástrofe inmediata. Los pueblos por los que pasáis están ocupados por personas cuya mayor preocupación visible parece ser comprar pan, regresar del trabajo o encontrar dónde aparcar.

Incluso Iruz acaba aburriéndose. Durante una de las paradas, sin embargo, aprovecha para desaparecer junto a un teléfono público. Ana Mercedes la sigue con la mirada desde la terraza de una cafetería. Sigma permanece varios minutos hablando con alguien. No podéis escuchar lo que dice. En algún momento se da la vuelta, comprueba instintivamente que nadie se encuentra demasiado cerca y continúa hablando algo más bajo. Cuando regresa, la Philodox espera hasta que vuelve a sentarse. Iruz tarda un poco en responder.


Remueve el café aunque no ha echado azúcar. Ana observa el movimiento de la cucharilla.


Iruz deja de remover.


Ana reconoce inmediatamente lo que significa aquel nombre después de todo lo que habéis aprendido durante los últimos días. Iruz se encoge de hombros.


La Philodox suspira y observa los números que Iruz le repite. Te sorprende que lo haga con tremenda precisión.


La Ícaro se echa el pelo para atrás. Se lo recoge en una coleta, para que le sea más cómodo.


Iruz deja morir la frase y se encoge un poco de hombros. Ana vuelve a mirar las coordenadas, después el mapa de Reeves y finalmente a ti.


¿Qué haces?
#8
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
Último mensaje por Maurick - 07 de Sep 2026, 23:46:15
Nicanor no retrocede cuando te acercas, pero la tensión está ahí. Hace unos segundos parecía dispuesto a convertir cualquier palabra en un desafío, pero ahora se queda rígido, con los hombros altos y la mandíbula encajada. Su mirada aguanta la tuya durante un instante antes de desviarse hacia un lado (no es necesario que tires por Duelo de Miradas). Arruga ligeramente la nariz. Parece que va a titubear, pero en seguida para, respira, piensa lo que va a decir y te responde.


Rompe por sí mismo la cercanía, girándose hacia las casas medio ocultas entre la niebla.


Cuando hablas de las nuevas camadas, la respuesta no llega tan deprisa. Nicanor mira hacia una de las pasarelas inferiores. Allí, el muchacho que antes llevaba las gafas de Jonah permanece junto al adulto, observando la discusión desde lejos. El Rompemareas aprieta los dientes.


Lo dice casi entre dientes, sin que se escuche. Sin embargo, parece que todos los presentes saben de lo que habla. De lo que hablas.


A vuestro alrededor algunos Nerai han dejado de fingir que no escuchan, y Nicanor también se da cuenta. Sus ojos recorren brevemente las plataformas, los embarcaderos, las viviendas perdidas entre la bruma. Gente que trabaja y vive allí. Y gente que está mirándole. Durante unos segundos parece que va a decir algo más, pero no lo hace.


Se da media vuelta.


Se marcha por una de las pasarelas laterales, gruñendo algo imposible de entender. Nadie intenta detenerlo. Leandro espera hasta que la silueta de Nicanor se pierde entre la niebla, y entonces expulsa lentamente el aire.


Se acomoda junto a la balaustrada, apoyando ambas manos sobre la madera húmeda.


Una pequeña sonrisa cansada aparece en su rostro.


Hace una pausa antes de continuar.


Te estudia con más curiosidad que antes.


Leandro se gira hacia ti.


Sus dedos tamborilean una vez sobre la madera.


Jonah sigue a tu lado. Ha seguido a tu lado todo el tiempo. Sin embargo, desde que has pronunciado aquellas cuatro palabras parece estar escuchando la conversación de una forma distinta.

Yo también soy madre.

No ha dicho nada, ni siquiera cuando Nicanor se ha marchado. El niño de antes se acerca con cierta cautela mientras Leandro habla. Lleva las gafas sujetas por ambas patillas y se las ofrece a Jonah. El hechicero tarda un segundo en darse cuenta. Las recoge, le dedica una pequeña sonrisa y se las coloca otra vez. Pero sus ojos regresan enseguida hacia ti.

Leandro termina su pregunta, y Jonah aguanta todavía un instante.


Ya no hay ninguna broma en la voz. Se acerca apenas medio paso, lo suficiente para hablar contigo sin dejar fuera a Leandro, pero bajando instintivamente el tono. Se pasa una mano por la nuca, y durante un momento parece buscar una forma mejor de decirlo y fracasa.


Él mismo frunce el ceño nada más escucharse.


Baja la mirada un instante y vuelve a buscar tus ojos. Leandro permanece en silencio, con cara de situación. Jonah también.
#9
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Lady Midnight - 07 de Sep 2026, 01:18:59
Durante la cena, todo transcurre con normalidad. En el jacuzzi, a pesar de la seriedad de Ana Mercedes, espera a que ella e Iruz intercambien opiniones y responde a su requerimiento "formal" con una actitud juguetona, divertida y casi desafiante; con ese toque joven de quien transgrede una ley por mera diversión sin intención de causar ningún tipo de perjuicio.

Cita de: Maurick en 06 de Sep 2026, 22:59:11









La noche transcurre sin nada más que destacar, y el chamán se toma un rato para meditar antes de retirarse a dormir.



Al día siguiente, parece que la actitud del grupo ha vuelto a la normalidad. Como cabría esperar, la de Bruma también. Cuando se sienta sobre la mesa, se sirve un café y saca de algún sitio un trozo de pescado del día anterior que había escondido en algún sitio.

Cita de: Maurick en 06 de Sep 2026, 22:59:11

Asiente con la cabeza.


Esquiva la mirada asesina de Ana Mercedes y le deja continuar con su exposición, así como tampoco interrumpe a Iruz cuando comenta sus intenciones.

Cita de: Maurick en 06 de Sep 2026, 22:59:11

No levanta la mirada del café, y se dirige a la muchacha con total tranquilidad.


Tras terminar el trozo de sushi y el café, se dirige, algo más serio, a Ana Mercedes.


Su expresión es tranquila, y el tono de su voz amable. Sin embargo, sus palabras se trasladan de un lado al otro de la mesa volviendo el ambiente no más tenso pero sí algo más "profesional".


Deja que las palabras reposen, mirando a Ana Mercedes con tranquilidad mientras deja que su espalda repose sobre la silla.




Cita de: Maurick en 06 de Sep 2026, 22:59:11Si el plan de Ana te parece bien y no quieres hacer nada más antes de abandonar Andorra, avanzaremos hasta vuestra llegada a la zona marcada en Provenza. ¿Hay algo que Bruma quiera hacer, preparar o comentar antes de partir?

Bruma Nocturna pretende que todo el equipo esté lo mejor recuperado posible: medita para recuperar su gnosis, le ofrece a Ana Mercedes espacio para que ella haga lo mismo y se preocupa de alimentar a Iruz y de que se recupere de sus heridas antes de partir. Aparte de eso, lo único que quiere es comentar los puntos mencionados en la última conversación.
#10
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Maurick - 06 de Sep 2026, 22:59:11
Cita de: Lady Midnight en 28 de Ago 2026, 14:42:25Camina por la zona fijándose en si alguien vigila a sus acompañantes y entra en alguna tienda más o menos grande, con gente suficiente para no llamar demasiado la atención. [...] se mete en un probador para usar el espejo en cuanto cierra la puerta y pasar, esta vez sí, completamente a la umbra.

Tus pesquisas no encuentran nada. La Umbra de Andorra la Vella tiene poco que ver con los bosques de Wyoming, pero tampoco resulta particularmente inquietante. La Tejedora domina buena parte del paisaje: filamentos geométricos recorren edificios, carreteras y tendidos eléctricos, mientras pequeños espíritus mecánicos se desplazan de un lado a otro ocupados en tareas que apenas parecen reparar en ti.

Cuando alguno se acerca, lo hace por curiosidad. Uno de ellos, una criatura del tamaño de un gato formada por números y pequeñas placas metálicas, dedica unos instantes a observar tus cuernos antes de continuar su camino. Otro responde a tus preguntas hablando de obras, tráfico, cambios en escaparates y una avería eléctrica sucedida dos noches atrás, nada importante.

La única concentración espiritual llamativa aparece alrededor de uno de los grandes bancos de la avenida Meritxell, donde una maraña extraordinariamente densa de fibras de la Tejedora rodea el edificio y decenas de pequeños espíritus semejantes a arañas atraviesan sus muros constantemente. Pero incluso eso parece completamente natural: dinero, información, contratos, seguridad. Nada os persigue, ni os espera ni intenta mataros. Por una vez, el mundo parece conformarse con existir.



El resto de la tarde transcurre prácticamente como esperabas. Ana Mercedes disfruta de las compras bastante más de lo que estaría dispuesta a admitir, e Iruz parece recuperar poco a poco algo parecido a su comportamiento habitual. Para cuando llegáis al japonés, la expresión sombría con la que había abandonado Sant Remei ha dejado paso a suficientes insultos y resoplidos como para que la normalidad resulte casi tranquilizadora.

Cita de: Lady Midnight en 28 de Ago 2026, 14:42:25— ¡Prueba! Te va a... ¿cómo era? ¡Te va a turboflipar!

Iruz observa el pescado que le ofreces. Después te mira.


Coge una pieza de salmón. La mastica, y su expresión no cambia.


Ana Mercedes contiene una sonrisa mientras sigue comiendo.


Iruz la señala con los palillos.




El hotel termina siendo todavía más tranquilo. Los masajes, el agua caliente y la piscina climatizada consiguen algo que ninguna conversación de las últimas semanas había conseguido: durante un rato nadie tiene necesidad de resolver absolutamente nada. Hasta que decides convertirte en un pez.

Cita de: Lady Midnight en 28 de Ago 2026, 14:42:25Al recuperar su forma humana, sale del agua colocando sus brazos en jarra.

— Al final teníais razón, sí que ha sido divertido. No os imagináis el tiempo que ha pasado desde la última vez que hice algo así.

Ana Mercedes te contempla desde fuera del jacuzzi. Primero mira tu cara, después baja los ojos y vuelve a mirar tu cara.


Iruz permanece envuelta en su albornoz, con el pelo mojado pegado a la frente.


Ana levanta una mano y señala el lugar en el que hace unos segundos nadaba un tímalo ártico de casi un metro.


Iruz gira la cabeza hacia ella.


Ana cierra los ojos. Durante unos segundos parece arrepentirse de todas las decisiones que la han conducido hasta allí.


Iruz vuelve a mirarte.


Ana deja caer los brazos.


La Ícaro reflexiona durante unos segundos.


Ana la observa con incredulidad.


Iruz asiente, satisfecha. La discusión no llega mucho más lejos, probablemente porque no hay nadie más allí. Probablemente porque Ana está demasiado cansada para continuarla y probablemente porque, aunque jamás lo reconocería durante una Asamblea, incluso ella se ha reído.



Cita de: Lady Midnight en 28 de Ago 2026, 14:42:25— Chicas, de verdad: no tenéis ni idea. Si esto os gusta, tenéis que venir conmigo un día a "mi casa".

La frase tarda un poco en recibir respuesta. Ana Mercedes está hundida hasta los hombros en el agua caliente y contempla durante unos segundos las pequeñas ondas que recorren la superficie.


No añade nada más. Iruz tampoco. Pero cuando finalmente abandona el jacuzzi, pasa junto a ti y te golpea ligeramente un hombro con el suyo.


La noche termina tarde, sin ninguna tragedia nueva que añadir a la lista.



Andorra la Vella

Hotel Grand Mirall

📅 28 de septiembre de 2005, 09:42

Ana Mercedes espera hasta que los tres estáis desayunando para sacar el papel que Destiny le entregó. Lo ha extendido sobre la mesa y colocado bajo un par de tazas para evitar que vuelva a doblarse. Es mucho menos espectacular de lo que podría esperarse: dos páginas escritas con letra pequeña, algunas referencias y un mapa del sudeste francés con una zona marcada a bolígrafo.

Ana desliza un dedo sobre él.


Su dedo termina sobre una región del interior de la Provenza.


Varias anotaciones rodean el área marcada. Nombres de localidades, carreteras, propiedades antiguas y referencias incompletas procedentes de diferentes fuentes. Ninguna contiene el nombre de Blanchard, pero todas apuntan hacia el mismo lugar.


Ana dobla ligeramente una esquina del mapa.


Mira brevemente hacia las montañas visibles tras los cristales del comedor.


Señala primero una localidad situada al norte de los Pirineos.


La pronunciación del francés de Ana es casi perfecta. Dirías que tiene un don para los idiomas. De hecho, algo que te llama la atención es que también habla catalán e inglés con inusual fluidez. Iruz, que hasta ese momento está untando algo excesivo de mantequilla sobre una tostada, asiente distraídamente.


Es un inusual acto de confianza. Hasta ahora, jamás hablaba de lo que tenía o no tenía que hacer. Ana levanta la mirada.


Iruz tarda un instante en responder.


Muerde la tostada, mientras Ana sigue esperando. Iruz termina de masticar.


La Philodox frunce ligeramente el ceño, pero no interrumpe. Iruz bebe un poco de zumo.


No desarrolla la explicación. Ana tampoco se la exige, aunque esos nombres le sean tenuemente familiares. En lugar de eso, vuelve a extender el mapa entre vosotros.


Apoya un dedo sobre Andorra y recorre lentamente hacia el nordeste el camino que os llevará hasta Francia.


Su mirada se detiene en ti.


Desde el otro lado de la mesa, Iruz levanta su vaso.


Ana se le queda mirando, atónita. No hace preguntas, así que vuelve a mirar el mapa. Al otro extremo de esas carreteras espera el Luberon. Y, en algún punto de aquella mancha de tinta trazada por Destiny Reeves, quizá también aquello que lleváis tanto tiempo buscando.

Si el plan de Ana te parece bien y no quieres hacer nada más antes de abandonar Andorra, avanzaremos hasta vuestra llegada a la zona marcada en Provenza. ¿Hay algo que Bruma quiera hacer, preparar o comentar antes de partir?