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#11
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Denebia - 29 de Abr 2026, 13:07:37
Cita de: Maurick en 23 de Abr 2026, 12:44:22
Los percebes luminosos palpitan otra vez. La visión te roza sin llegar a cuajar del todo: mares blancos de sal, corrientes detenidas, un fondo oceánico abierto como una herida inmensa. Nada más que un destello, un flash. Como cuando alguien sacaba el móvil para sacar una foto. Un instante de luz, pero suficiente.


Agradezco la sinceridad de Xolomotl y que me haya revelado su nombre, significa mucho para mi.

Según me habla algo parece despertar en mi interior, algo que llevaba tiempo dormido y que ya había olvidado. Es como ir despertando de una anestesia. Flashes de recuerdos de cómo ayudé a Pezuña Caótica se agolpan en mi mente y la ilusión por algo empieza a florecer. Las ideas o formas de cómo ayudar Xolomotl comienzan a agolparse.

Pero, de repente, todo se rompe.


Cita de: Maurick en 23 de Abr 2026, 12:44:22
No hay rabia en esas palabras, precisamente por eso duelen más. Himitsu no replica. Durante un instante, incluso en esa forma extraña, parece más pequeña. Aprieta el cuerpo, recoge un poco la cabeza, y cuando vuelve a mirarte a ti ya no hay curiosidad en sus ojos, sino algo que podrías decir que es pavor. Entonces empiezan a surgir burbujas. Primero unas pocas, escapándose del lecho marino entre las colonias de ojos. Luego muchas, demasiadas. Columnas enteras de aire o de algo parecido al aire ascienden desde las grietas del fondo, enturbiando el agua, rompiendo la quietud reverencial del lugar y llenándolo todo de una agitación súbita y ciega. Himitsu gira de golpe.

Cuando Himitsu me mira con pavor le devuelvo la mirada enfadada. Llena de rabia. Enojada con lo que acaba de hacer y, antes de ascender, miro a Xolomotl unos segundos manteniendo la mirada. Tras ello asciendo todo lo rápido que puedo, huyendo de la cólera adormilada durante siglos.


Cita de: Maurick en 23 de Abr 2026, 12:44:22Sales del arcón con una bocanada que no necesitabas dar. La habitación del camarote vuelve de golpe: hierro, madera, aire inmóvil, el crujido sordo del barco bajo los pies. Himitsu aparece contigo, trastabillando apenas al apoyar una mano en el borde del arcón. Durante un momento las dos os quedáis quietas, reubicando el peso del cuerpo y la respiración. No estáis mojadas, ni una gota. Eso resulta más inquietante que cualquier otra cosa. Jonah no está en el camarote. Tampoco en el pasillo, al menos no por lo que alcanzas a oír. Solo el rumor lejano de la maquinaria y el mar golpeando fuera, ajeno a lo que acaba de pasaros. Himitsu cierra el arcón de golpe. Esta vez el chasquido suena menos ceremonial y más cansado. Se queda de espaldas unos segundos, con los hombros un poco altos, conteniendo algo que no termina de decir. Tú notas entonces una molestia leve en uno de los bolsillos: metes la mano.


Hay algo pesado en mi bolsillo, algo que antes no estaba. Al meter la mano noto que es algo seco, pequeño. Sin sacar la mano miro de soslayo, disimuladamente, sin levantar sospechas a Himitsu. No quiero que se entere.


Cita de: Maurick en 23 de Abr 2026, 12:44:22No tiene brillo. No se mueve. Parece una porquería marina sin importancia. Pero en cuanto lo rozas con la yema de los dedos, algo frío y vasto te atraviesa por dentro. No es una voz ni una visión. Es una presencia, lejanísima y paciente. Como una marea retenida al fondo del alma: lo sabes sin necesidad de pensar demasiado. Xolomotl.


Respiro profundamente y contengo la respiración durante unos segundos. La paz que me transmite el portazgo de Xolomotl se desvanece al ver de nuevo a Himitsu y la rabia se vuelve a apoderar de mi.

Cita de: Maurick en 23 de Abr 2026, 12:44:22

Hablo casi entre dientes. Trato de mantener mi tono de voz calmado pero poco a poco el enfado comienza a emponzoñar de mis palabras.


De repente me vuelvo a ver reprendiendo a Himitsu como me tocaba hacer con Los Ángeles de Gaia. Malditos cachorros que no comprenden la importancia y necesidad de tratar con espíritus.


Doy unos pasos hacia la pueta, mi tono vuelve a arrastrar pesadumbre y cansancio. Mantengo el pomo de la puerta en mi mano y antes de abrirla, con el torso algo ladeado hacia ella, continúo:


Abro la puerta y antes de salir sentencio:


Salgo de la habitación sin dar portazo, solo cierro la puerta de forma calmada. Todos los malos sentimientos vuelven a agolparse en mi mente y freno las amargas lágrimas que tratan de salir al exterior. Me aferro al regalo de Xolomotl y voy a la cubierta para tomar el aire fresco.
#12
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Maurick - 26 de Abr 2026, 20:59:31
Suspira, realmente parece abrumada. El aspecto taciturno que presentaba antes poco a poco se derrumba, aunque intenta mantener la compostura. Traga saliva.

Cita de: Mark en 26 de Abr 2026, 19:04:22¿Cómo lo llevas?


Toma aire, como si el hecho de estar contando esto le doliese.



¿Qué le respondes, Mark? ¿O prefieres irte directamente a reunirte con el contacto? Tú decides.
#13
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Mark - 26 de Abr 2026, 19:04:22
Escucho las interlocuciones de mis compañeros, omitiendo la punzada de Vyt. Cuando corrigen dos de mis comentarios y vuelvo a repasar el dosier. Frunzo el ceño al darme cuenta de que he metido la pata por dos veces en mi análisis. Suspiro y miro por la ventanilla el gris paisaje. La falta de horas de sueño y el estrés me van pasando factura.

Una vez bajamos del coche, observo a Vytalian meterse en la Umbra y escucho el agradecimiento de Kara.

-Hice lo que pude con lo que teníamos... -me saco un cigarro y miro el edificio unos instantes- la ventana de oportunidad que se nos abrió era demasiado estrecha... -sonrío de medio lado y vuelvo la mirada hacia la rusa- Vytalian anda molesto ¿Y tú?¿Cómo lo llevas?
#14
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Maurick - 23 de Abr 2026, 13:22:25
El coche se traga la carretera con un zumbido constante, y durante un buen rato sólo se oye el motor, el roce del aire por la ventanilla y el papel del dossier entre tus manos. Vytalian aguanta en el asiento del copiloto con el hombro pegado a la puerta y la cabeza girada a medias hacia la carretera. Kara conduce con las dos manos fijas en el volante, la mandíbula dura, los ojos clavados al frente. La luz gris de la mañana le cae de lado y le marca el cansancio bajo los párpados. Tu análisis se queda unos segundos flotando dentro del coche. Nadie lo interrumpe al principio. Luego Vytalian gira la cabeza despacio, te mira muy raro por el retrovisor y exhala por la nariz con una mueca de fastidio.


No levanta la voz. Tampoco se molesta en sonar agresivo. Lo suyo es otra cosa... cansancio con dientes. La carretera empieza a ondularse entre montes, y el paisaje va cerrándose poco a poco. Más verde. Más húmedo. También más estrecho. Al fondo ya se insinúan naves, grúas, chimeneas apagadas, una ría que todavía no ves pero que ya parece empujar el aire. Kara no aparta la vista del asfalto cuando habla.


El nombre del otro clan deja un poso extraño en el coche. No por nuevo, sino por lo que arrastra. El rumor del motor sigue debajo, como si quisiera taparlo. Vytalian se acomoda un poco en el asiento y suelta una risa seca, breve, de esas que no tienen nada de alegría.


No espera respuesta. La frase le sale como si llevara tiempo dándole vueltas y le diera igual si alguien se la compra o no. Kara tarda un poco en intervenir. Cuando lo hace, ya se ve Bilbao recortándose al fondo entre el verde, apretado dentro del valle como una ciudad a la que nunca dejaron crecer hacia los lados. Todo parece comprimido. Los árboles, las naves industriales, los bloques grises, los puentes, los accesos. Hasta la luz.

Cita de: Mark en 21 de Abr 2026, 18:14:21-En el presunto de que tuviera que dar órdenes de campo a un grupo de agentes y con la ausencia de contexto al que ya me tenéis últimamente acostumbrado... la forma de afrontar a este sujeto sería a través de vigilancia silenciosa, pues no podríamos simplemente "limpiar" el problema, ya que si la atacamos de frente, el "Anillo Carmesí" podría enviar un protocolo de autodestrucción o exponer todo el túmulo. Además, me inclinaría por localizar a Rogers: necesitaríamos encontrar a Verónica antes de que los controladores de Parhon decidieran que es hora de "cerrar el expediente". En definitiva, deberíamos tener cautela, pues esta tipa no pelea con garras, pelea con secretos y, en este trabajo, un secreto bien colocado te mata más rápido que una bala de plata.


Vytalian vuelve a reírse, esta vez algo más suelto. Se frota la barbilla y niega una vez con la cabeza.


Kara carraspea. No con brusquedad, pero sí con ese tono suyo que deja claro que una broma ha durado lo justo.


El ruso mira hacia atrás, buscando tu atención.


Kara carraspea.


La entrada a Bilbao os cae encima poco después. Primero el verde. Laderas húmedas, árboles espesos, hierba alta pegada a la carretera. Luego el valle se estrecha y todo cambia de golpe. El tejido industrial se mete entre los montes como una costra vieja: naves, depósitos, chimeneas, hierro, hormigón, vallas, pasos elevados. La ciudad aparece gris incluso cuando no debería serlo. Gris en los edificios, en la piedra, en el agua, en el cielo bajo. Una ciudad encajada a presión entre colinas y fábricas, con la sensación de llevar demasiado tiempo respirando humo mojado. El Euskovereda está a las afueras, grande, anodino, rodeado de coches y asfalto, con ese aire de lugar en el que la gente compra cosas para no pensar demasiado en el resto del día. Kara mete el vehículo en el aparcamiento sin decir nada. Encuentra un hueco cerca de una hilera de cristaleras y apaga el motor.

El silencio que queda dentro del coche pesa un segundo más de la cuenta. Vytalian sale primero. Se estira el cuello, observa la entrada principal, los accesos, la gente que entra y sale sin saber nada de lo que se mueve a su alrededor.


Kara ya está fuera también. El traje blanco que lleva parece recién sacado de la funda, perfecto, liso, caro. Le queda como si lo hubiera elegido alguien que entiende que una armadura también puede ser tela buena. El pelo rubio lo lleva bien cuidado, sujeto con una precisión que casi da más miedo que las heridas de ayer.


Vytalian localiza un espejo cerca de la entrada lateral, uno de esos paneles decorativos pegados a una columna. Se acerca, apoya una mano y desaparece al otro lado con la naturalidad desagradable del que ya ha hecho esto demasiadas veces. Entonces os quedáis a solas. Kara no habla enseguida. Se queda frente a ti, con un hombro algo vencido, respirando despacio. La gente sigue cruzando el aparcamiento a pocos metros, bolsas en la mano, niños arrastrando los pies, motores arrancando. Todo tan normal que casi da rabia. Cuando por fin levanta los ojos hacia ti, no hay dureza en ellos. Hay cansancio. Mucho. Y algo más que le cuesta sostener.


La frase no lleva alivio. Tampoco orgullo. Le sale como salen las cosas que una se ha repetido en silencio varias veces antes de atreverse a decirlas en voz alta. Luego calla. Y durante un instante sólo queda eso. El ruido lejano de un carrito golpeando un bordillo, el viento arrastrando olor a gasolina y a lluvia vieja, y Kara mirándote a los ojos con el peso de todo lo que ha pasado todavía encima del cuerpo.

Cita de: Mark en 21 de Abr 2026, 18:14:21-¿Podéis darme más información o simplemente Semyon os lanzó el informe al asiento de atrás del coche y os dio un "buena suerte" a modo de pago?


¿Qué vas a hacer, Mark?
#15
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Maurick - 23 de Abr 2026, 12:44:22
El océano permanece inmóvil durante unos segundos que se te meten en el cuerpo como una fiebre lenta. Ni siquiera el temblor de los percebes parece ya un movimiento natural, notas que todo ahí abajo escucha y sigue tus torpes movimientos submarinos. Tú sigues flotando frente a aquella inmensidad enterrada, aguardando una respuesta. Te paras a pensar si lo que has respondido lo has hecho con tu boca o con tu mente. ¿Quizás este inmenso ser también se sabe la del «Chat mental»? Los millares de ojos húmedos que cubren el lecho marino parpadean al unísono, y la luz azulada que los une se vuelve más densa, más profunda, como si hubiese bajado un pensamiento entero por las grietas del fondo. Himitsu no se acerca más, se queda quieta, suspendida en esa forma monstruosa, con los bigotes inmensos oscilando por el vaivén del agua. Te mira a ti otra vez, no a la presencia que tenéis delante.

Y entonces la voz vuelve.


El fondo cruje bajo las colonias de percebes, y un movimiento que levanta un montón de arena te permite entender la forma de Xolomotl un poco mejor: una curva inmensa, placas calcáreas, pliegues que parecen lecho y carne a la vez.

Cita de: Denebia en 21 de Abr 2026, 01:26:44


La frase se te queda dentro del corazón, pesada y molesta, como una verdad que no te apetecía recibir y, aun así, encaja. A tu lado, Himitsu se mueve al fin. No demasiado, con el gesto prudente de quien sabe que está al borde de preguntar algo que no debería.


Las luces del lecho marino se apagan durante un momento, lo justo para que el frío empiece a notarse a través de tus escamas. La respuesta de Xolomotl llega sin prisa, y sin embargo te da la impresión de que ha decidido algo.


El nombre no viaja como una presentación. Cae sobre vosotras como una piedra ritual, antigua, pulida por siglos de silencio.


Una corriente helada te recorre el espinazo. No por el agua. Por el peso de lo que está diciendo.


Los percebes luminosos palpitan otra vez. La visión te roza sin llegar a cuajar del todo: mares blancos de sal, corrientes detenidas, un fondo oceánico abierto como una herida inmensa. Nada más que un destello, un flash. Como cuando alguien sacaba el móvil para sacar una foto. Un instante de luz, pero suficiente.


Himitsu aguanta en silencio. Tú alcanzas a notar que algo en su postura se ha tensado. Muy poco. Lo suficiente.


Esta vez la reacción de Xolomotl no tarda. El lecho marino entero parece cerrarse un poco sobre sí mismo, como un animal inmenso recogiendo las tripas. Como una estrella de mar replegándose sobre sí misma.


No hay rabia en esas palabras, precisamente por eso duelen más. Himitsu no replica. Durante un instante, incluso en esa forma extraña, parece más pequeña. Aprieta el cuerpo, recoge un poco la cabeza, y cuando vuelve a mirarte a ti ya no hay curiosidad en sus ojos, sino algo que podrías decir que es pavor. Entonces empiezan a surgir burbujas. Primero unas pocas, escapándose del lecho marino entre las colonias de ojos. Luego muchas, demasiadas. Columnas enteras de aire o de algo parecido al aire ascienden desde las grietas del fondo, enturbiando el agua, rompiendo la quietud reverencial del lugar y llenándolo todo de una agitación súbita y ciega. Himitsu gira de golpe.


La ves moverse por fin con una urgencia nada teatral ni elegante. Se acabó el diálogo, sin duda. Su cuerpo enorme traza un giro brusco y empieza a ascender, esperándote un instante antes de asumir que la sigues. Tú impulsas la aleta y el fondo comienza a quedar atrás. Las burbujas os envuelven al mismo tiempo que la luz de los percebes se vuelve confusa, rota en fragmentos, como si el propio dominio de Xolomotl se estuviera cerrando sobre sí mismo o, peor aún, despertando más de la cuenta por haberos tolerado demasiado tiempo. Nadas tras Himitsu con las articulaciones tensas, agitándolas todo lo rápido que puedes antes de que lo que sea que surge del fondo te alcance; y entonces lo ves, durante un instante.

Una silueta humana entre las burbujas, más arriba y a tu derecha, suspendida en el agua como si no perteneciera a ese lugar ni a esa escena. Un chaval, joven, con el pelo flotando un poco alrededor de la cabeza. No debería estar ahí, no puede estar ahí. Y sin embargo, durante ese segundo brutal, dirías que es Jonah. Luego una corriente de espuma umbral te cruza por delante y ya no hay nadie. El ascenso se vuelve un borrón de presión y negrura, y lo siguiente que sientes es el tirón seco del regreso.

Sales del arcón con una bocanada que no necesitabas dar. La habitación del camarote vuelve de golpe: hierro, madera, aire inmóvil, el crujido sordo del barco bajo los pies. Himitsu aparece contigo, trastabillando apenas al apoyar una mano en el borde del arcón. Durante un momento las dos os quedáis quietas, reubicando el peso del cuerpo y la respiración. No estáis mojadas, ni una gota. Eso resulta más inquietante que cualquier otra cosa. Jonah no está en el camarote. Tampoco en el pasillo, al menos no por lo que alcanzas a oír. Solo el rumor lejano de la maquinaria y el mar golpeando fuera, ajeno a lo que acaba de pasaros. Himitsu cierra el arcón de golpe. Esta vez el chasquido suena menos ceremonial y más cansado. Se queda de espaldas unos segundos, con los hombros un poco altos, conteniendo algo que no termina de decir. Tú notas entonces una molestia leve en uno de los bolsillos: metees la mano.

Lo que sacas es un percebe seco, pequeño, grisáceo, adherido a un trozo mínimo de costra salina. No tiene brillo. No se mueve. Parece una porquería marina sin importancia. Pero en cuanto lo rozas con la yema de los dedos, algo frío y vasto te atraviesa por dentro. No es una voz ni una visión. Es una presencia, lejanísima y paciente. Como una marea retenida al fondo del alma: lo sabes sin necesidad de pensar demasiado. Xolomotl.

Himitsu se gira al notar el cambio en tu cara. Mira el objeto en tu mano y frunce apenas el ceño. No parece gustarle, no porque le tenga miedo exactamente... sino porque no le pidió permiso para dejarte algo. Da un paso hacia ti, aún con el cuerpo algo rígido. Cuando habla, la molestia ya se le ha metido en la mandíbula, en la forma precisa en que mide cada palabra.


La pregunta queda suspendida entre el arcón cerrado, el percebe seco en tu mano y lo que acabáis de vivir.
#16
Bruma Nocturna / Re:Episodio 2 — La Garrotxa
Último mensaje por Maurick - 23 de Abr 2026, 12:01:54
La gravilla cede bajo tus botas cuando te alejas de la luz blanca de los surtidores, mientras el aire roza tu rostro. Es más frío, más limpio, pero notas que hay algo en cómo se queda atrapado entre los camiones que no termina de encajar. El remolque parece temblar durante un instante, lo que te lleva a detenerte durante un segundo. Tu cuerpo bombea sangre de forma demasiado ruidosa, como si tu propia existencia exaltase el silencio que hay a tu alrededor.

Cita de: Lady Midnight en 17 de Abr 2026, 12:40:41Al parar en el área de servicio, el metis no se baja inmediatamente del coche. Espera un minuto, como si estuviese pendiente de que llegase el colega que venía detrás. Cuando Iruz tira la cazadora con asco, la recoge pausadamente. Mira a los lados a través de las ventanillas a medio bajar, y echa un vistazo largo a través del parabrisas lleno de insectos con complejo de cabeza nuclear. Cuando está seguro de que nada llama su atención, se baja del coche, ya solo, y sacude un poco su cazadora antes de dejarla a airear sobre el techo del coche. Camina alrededor del vehículo, abre la puerta del conductor y saca la llave del contacto. Nada parece estar fuera de lugar hasta que un leve chasquido, casi imperceptible, llega de detrás de la cabina de un camión que parece desnuda sin su remolque. No hay ninguna luz, y tampoco parece haber nadie dentro. Sin embargo, es precisamente eso lo que lo hace sospechoso. Quizá ha sido un animal, quizá mera paranoia. Sea lo que sea, lo más prudente es no confiarse y revisarlo. Las chicas están seguras en la tienda, así que es mejor dejarlas fuera de escena mientras se investiga "por si acaso".

Las vivencias que has pasado en el Estanque del Lirio Apacible han sido relativamente tranquilas. En tu mente, durante un breve instante, ves a Erik Angelus, transformado en la Bestia Púrpura que asoló Bilbao, ser tumbado por las formas Crinos de Aránzazu e Iris; de un destello, esa visión te muestra la Estigma Gula. Rememoras el momento en el que su piel y carne empezó a derretirse como si estuviese hecha de cera. Como del charco de desechos inmundos surgió una pequeña criatura metálica, que tuviste que reducir y destruir. Todo esto ocurre en un momento, de forma muy rápida, como si tu cerebro estuviese ajustando tus recuerdos para lo que pueda sucedeer.

Cita de: Lady Midnight en 17 de Abr 2026, 12:40:41El muchacho se dirige hacia el lugar, y camina con cautela entre los camiones. Intenta sentir, no solo ver, y aprovecha cualquier reflejo disponible para hacer una visita breve a la umbra. No tanto por la sospecha en sí, sino para hacerse una idea de cómo va cambiando y evolucionando el mundo de los espíritus a medida que se desplazan. Si algún espíritu se muestra predispuesto, el chamán lo saluda de modo amistoso y le pregunta qué tal las cosas por la zona. Cuando termina, se dirige de nuevo al coche a reencontrarse con las chicas (probablemente ya hayan terminado).

Te detienes un segundo antes de avanzar. El pecho sube y baja más despacio, como si el cuerpo hubiese decidido por su cuenta no hacer ruido. La mirada recorre el contorno del vehículo, los reflejos muertos en la chapa, la oscuridad acumulada bajo la cabina. Das un paso más. El mundo físico no protesta cuando tiras de la celosía, al contrario. Cede demasiado fácil, como si no hubiese cortina de realidad que atravesar. Al otro lado, la estación de servicio sigue ahí... pero no es la misma. La marquesina ha perdido el brillo. Los surtidores están inclinados, como si llevasen años abandonados. El suelo no brilla: se deshace en fragmentos de tierra, hormigón y asfalto. Cada paso levanta una ceniza fina que no termina de asentarse nunca. El aire pesa, en contraste con lo que habías sentido en la Teluria. La estructura metálica se sostiene por inercia: hierro desnudo, sin pintura, repleto de óxido. Todo parece haber sido quemado desde dentro, sin fuego visible, sin humo.

Los espíritus no se esconden: no pueden. Los ves adheridos a lo que queda del lugar, reducidos a formas incompletas. Algunos no son más que una vibración, otros un contorno que tiembla al borde de desaparecer. No percibes agresividad, ni miedo, ni sorpresa, ni curiosidad. Lo que percibes, que es un sentimiento que ya empieza a ser bastante común, es agotamiento. Cuando te acercas a una de esas figuras espectrales, se remueve. Cuesta distinguir qué fue alguna vez: si un espíritu de la Tejedora, del Kaos, un reflejo del lugar... Ahora es incapaz de mantener su forma.

Intentas hablarle, y la respuesta llega tarde. Y mal.


El espíritu intenta recomponerse, pero es incapaz. No puede rememorar o mantener su forma. Su cuerpo espectral se le deshace por los bordes mientras intenta fijarse en ti.


La palabra no termina de asentarse, se fragmenta antes de llegar a ser comprendida del todo. El espíritu se pliega sobre sí mismo, incapaz de soportar más su existencia. Y lo que queda... simplemente se apaga. El resto no te dan respuestas —no porque no quieran, si no porque parece que ya no pueden—. Te quedas un segundo más. El peso de ese espacio no empuja... pero tampoco deja respirar del todo. Como si todo lo que aquí ocurrió hubiese sido ya asumido por algo más grande.

Encima de los restos de uno de los camiones, oxidado y devorado por el paso del tiempo, lo ves de nuevo. El profeta de las plumas negras, Birdman te observa en silencio. Si te diriges a él o te acercas, desaparece en una nube de plumas. Una única palabra resuena por todo el lugar, una palabra de la que desconoces el significado... «Exitus»...

Cuando vuelves, la transición es igual de fácil. La Umbra se pliega con la facilidad con la que pelas un plátano maduro. La luz blanca de los fluorescentes te golpea con una normalidad casi ofensiva. El zumbido de las máquinas, el olor a gasolina, el reflejo sucio del parabrisas... todo sigue en su sitio. Como si no hubiese pasado nada. Ana Mercedes está junto al surtidor, con el dinero en la mano. Cuenta sin prisa, con los dedos aún algo rígidos por el frío. No levanta la vista cuando te acercas, pero sabe perfectamente que ya estás ahí.


El gesto es automático. Preciso. Como alguien que ha hecho esto demasiadas veces como para pensar en ello. Iruz aparece a su lado ajustándose la ropa, con el pelo aún húmedo en algunos mechones. Te ve. Y el gesto se le endurece lo justo.


Hay algo más debajo del reproche; será el cansancio.


Ana Mercedes coge el cambio sin mirar cuánto es. Lo guarda en el bolsillo de la chaqueta y se gira hacia vosotros. Su mirada pasa de Iruz a ti... y se queda un segundo más de la cuenta. Después, se asegura de adquirir unos productos para comer algo por el camino: sandwiches mojados, refrescos, agua, alguna bebida energética. Todo material de gasolinera, con un precio superior al habitual, pero justo por su ubicación.


El coche vuelve a la carretera sin más. El cielo empieza a clarear por el este, apenas una línea sucia entre nubes bajas. La noche se retira sin hacer ruido. El motor vuelve a ese zumbido constante que termina por ocupar todo el espacio. Iruz se deja caer en el asiento del conductor, mirando por la ventanilla como si no esperase nada de lo que viene. La carretera sigue hacia el nordeste.


Está recostada en el asiento de atrás, pero no parece que vaya a dormirse pronto. Notas preocupación, como si este grupo y este viaje no estuviese del todo bien montado. ¿Qué haces, Bruma Nocturna?
#17
Cera & Sangre / Re:Episodio 2 — Laberinto
Último mensaje por Maurick - 21 de Abr 2026, 23:14:11
Kaari se incorpora, mientras la manta resbala un poco por su cadera cuando intenta incorporarse y el gesto le tensa la boca de inmediato. Apoya una mano en el borde del sofá, luego la otra, y se arrastra lo justo para quedar un poco más erguida. El esfuerzo le deja la respiración corta, contenida, como si no quisiera regalarle al dolor ni un solo sonido. Sus ojos bajan al listín abierto sobre la mesa.


Se gira hacia el portátil con un movimiento torpe, lento, y estira el brazo para alcanzarlo. No llega del todo. Tiene que tirar de él hacia sí con dos dedos, arrastrándolo sobre la mesa baja con un roce áspero de plástico y madera. Cuando por fin lo tiene cerca, se queda un momento quieta, con la barbilla apenas hundida en el pecho y los hombros tensos, recuperando aire antes de levantar la pantalla. Tú la observas mientras el barrio sigue respirando al otro lado del cristal; abajo, los dos tipos mugrientos continúan con su paseo de mentira. Uno se detiene junto a un coche aparcado, mientras el otro mira hacia la esquina y escupe al suelo. Desde aquí parecen hombres cualquiera. Kaari enciende el portátil: la luz fría le blanquea la cara y le hunde aún más las ojeras. Sus dedos vacilan al principio sobre el teclado, pero encuentran ritmo rápidamente. Abre carpetas, historiales, conversaciones viejas. Se mete en programas de mensajería, teclea comandos en una terminal, se abren más ventanas.


El ventilador del portátil arranca con un zumbido mínimo. En la calle pasa un coche demasiado deprisa para la hora que es. Durante un segundo, desde lejos, se cuela un villancico malo por la ventana cerrada. Apenas unas notas deformadas por la distancia, ridículas y tristes a la vez. Diciembre ya está aquí, y Creta sigue girando aunque haya una chica inmóvil bajo tierra y un monstruo pensando debajo del puerto. La joven aguanta la respiración, lee, relee. Vuelve atrás. Abre otra ventana. Sus labios se separan, lo justo para dejar salir una respiración un poco más larga.


No levanta la voz, pero dirías que hay algo en la forma en que pronuncia esa única palabra que te obliga a acercarte. En la pantalla hay una conversación antigua, entre «bnikoleta» y «scylo_stavy». Reconoces a Laura, a pesar de que sólo has estado con ella unas horas. La identidad del otro, te la imaginas.


Sus dedos se quedan suspendidos sobre el teclado. Luego descienden otra vez.


El resplandor del portátil parpadea sobre su cara. Tú sigues de pie, disfrutando el alimento, la vitae. El encierro en el laberinto de Elpidios te ha cobrado más de lo que estás dispuesto a admitir. La sangre reciente ha corregido el hambre, pero no ha borrado del todo el resto. El cansancio vuelve de otra forma: sordo, y hondo. Cierras los ojos. El peso es casi insoportable. Kaari continúa tecleando. Va reuniendo nombres, horas, restos de búsquedas, pequeños rastros que Laura dejó dispersos como si pensara regresar a por ellos. A veces se detiene. Se lleva dos dedos a la sien y reanuda.


El sonido del barrio es muy curioso. Corres las cortinas, bajas las persianas. La habitación se queda a oscuras, iluminada solo por el la luz blanquecina del portátil. Las farolas parpadean, y te sientes a gusto. En tensión, con algo de miedo, pero a gusto. Te sientas o quizá solo te dejas caer cerca, sin decidirlo del todo. El cuerpo empieza a pedirte una tregua con una insistencia cada vez más espesa. La cabeza pesa; la habitación se vuelve extrañamente blanda en los bordes, como si el tiempo se estuviera deslizando entre los dedos sin hacer ruido. Tú notas cómo los párpados empiezan a caer con un peso que ya no admite discusión. Fuera, otro coche atraviesa la madrugada con un villancico puesto demasiado alto. Escuchas risas, muebles arrastrándose, alguien tosiendo. Después, otra vez, ese silencio irregular de barrio que nunca duerme del todo. Kaari teclea una última vez antes de levantar apenas la cabeza hacia ti.


La oscuridad tarda poco en encontrarte. Primero te pesa la nuca, luego la mandíbula deja de apretar. Después, tu cuerpo entero se hunde en una quietud densa, absoluta, como si alguien hubiese apagado una sala entera dentro de ti. Y entonces ya no queda refugio, ni farolas, ni sal, ni pantalla, sólo oscuridad.



Pasan minutos, horas, días. No eres consciente de ello, pero cuando abres los ojos estás en un lugar oscuro. El suelo sobre el que estás tumbado es sólido, frío. Te encuentras con tu atavío de laboratorio, de cuando estabas bajo el cuidado de Aya Kunter. Estás descalzo. Escuchas un enorme aleteo y una nube de plumas se materializa frente a ti. Un hombre con el torso desnudo, musculado, vestido con un pantalón de cuero apretado y unos calentadores en los brazos de tela. Camina hacia ti, con los brazos abiertos.


¿Cómo vas a reaccionar, Iota?
#18
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Mark - 21 de Abr 2026, 18:14:21
No añado nada más, me limito a escuchar y asentir en silencio cuando corresponda. El momento de las puyas ya terminó.

Cita de: Maurick en 06 de Abr 2026, 01:06:54
Te lo deja al lado, con una sinceridad fea y bastante humana. Se pasa una mano por la nuca, aprieta los dedos un momento y escupe el resto con voz ronca.


Me paro unos instantes ante su comentario, frente al magullado coche.

-Donde tú ves un castigo, yo veo una nueva oportunidad para cumplir con nuestro deber -me giro hacia él, tranquilo, sin sentirme ofendido- no se qué habréis estado hablando durante esta noche, pero no nos están castigando -me saco un cigarro y ofrezco otro a Vytalian, me lo enciendo igualmente- la situación en la que nos encontrábamos era una encerrona... tener que investigar un suceso dramático, en una tierra donde hasta las piedras nos repudian, con un presunto aliado como culpable entre las sombras... da gracias a Gaia porque mantengamos la cabeza pegada a nuestros hombros... -doy una calada y expulso el humo por las fosas nasales- con las ganas que nuestros jefes tienen al bueno de Johnny ¿crees que nos encargarían esta misión si nos vieran como unos incompetentes? -doy otra calada y tiro el cigarro antes de subir a la parte de atrás del coche- piénsalo...

Observo el dossier y sin decir nada más hasta terminar de leerlo en nuestro viaje hasta Bilbao, voy analizando el documento y procesando la información.

-¿Y esta mujer qué pinta en la ecuación? -digo una vez he terminado de analizar la información- A primera vista, es la psicóloga perfecta. Viene de Bucarest, tiene esa calma que te hace querer contarle hasta lo que desayunaste... y ahí es donde viene el problema. No es Garou, ni humana. Es una Ananasi. Una maldita araña que ha cambiado las telas de seda por un diván en el túmulo Viento de Acero -voy pasando las hojas a medida que continúo, repasando la información por encima- Su perfil psicológico es de manual de sociopatía: no tiene vínculos, no tiene lealtad y eliminó a sus propia parentela sin que le temblara el pulso. No está aquí para ayudarnos con el estrés post-traumático de la guerra contra el Wyrm; está aquí para mapear nuestras grietas mentales.

Me pauso unos instantes antes de continuar, buscando cruzar la mirada con alguno de mis compañeros a través del retrovisor.

-El "Anillo Carmesí"... -vuelvo con la lectura y explicación- Aquí es donde la cosa se pone técnica. Según los datos que he leído, Parhon no opera sola. Está bajo el control de lo que llaman la "Serie Carmesí". Lleva un artefacto, un anillo, que la mantiene monitorizada y filtrando datos en tiempo real. Ella cree que es libre, pero es un activo controlado. Todo lo que se la diga en "confidencialidad" termina en un servidor de alguna facción que nos querrá disecados.

Vuelvo a hacer una pausa antes de continuar.

-En líneas generales, la "Doctora" Parhon tiene acceso total a: la evaluación de los cachorros tras su Primer Cambio, marcándolos antes de que sepan quiénes son); las debilidades de los veteranos, sabiendo qué botón pulsar para que entren en frenesí en el peor momento; así como la ubicación exacta y las rutas de acceso de Viento de Acero -suspiro- en definitiva, su influencia y control en el Viento de Acero es muy alta, pudiendo resultar un auténtico problema...

Miro por la ventanilla para ver un poco el paisaje gris que parece no acabar nunca.

-Por lo visto, tiene a una tal Veronica Rogers en el punto de mira. La ha marcado como "Objetivo Primario de Eliminación". Si esa araña quiere ver muerta a Rogers, es porque Rogers ha visto algo que los nuestros han podido pasar por alto...

Suspiro y dejo el dossier en el asiento de al lado.

-En el presunto de que tuviera que dar órdenes de campo a un grupo de agentes y con la ausencia de contexto al que ya me tenéis últimamente acostumbrado... la forma de afrontar a este sujeto sería a través de vigilancia silenciosa, pues no podríamos simplemente "limpiar" el problema, ya que si la atacamos de frente, el "Anillo Carmesí" podría enviar un protocolo de autodestrucción o exponer todo el túmulo. Además, me inclinaría por localizar a Rogers: necesitaríamos encontrar a Verónica antes de que los controladores de Parhon decidieran que es hora de "cerrar el expediente". En definitiva, deberíamos tener cautela, pues esta tipa no pelea con garras, pelea con secretos y, en este trabajo, un secreto bien colocado te mata más rápido que una bala de plata.

Me reclino en el asiento, tengo la espalda algo dolorida por haber mantenido la misma posición durante la lectura del informe y la exposición de mi análisis.

-¿Podéis darme más información o simplemente Semyon os lanzó el informe al asiento de atrás del coche y os dio un "buena suerte" a modo de pago?
#19
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Denebia - 21 de Abr 2026, 01:26:44
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Escucho atenta. Me viene a la memoria cuando mi manada... mi antigua manada y yo nos enfrentamos a una garra del Wyrm. Me pregunto a mi misma si esta situación será lo mismo. No fue nada fácil, pero esta idea no hace que desista de mi empeño.

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El lecho entero os observa.


No me precipito a contestar. Sé que la respuesta es tan importante como su pregunta. Soy firme en mi declaración, como si llevase días macerando la respuesta en mi interior -sin ni siquiera saber que me la preguntarían- pero nunca me hubiese atrevido a decir en voz alta.


Hago una pequeña pausa.


Miro al ser que se ha materializado ante mi y, aunque tuviera párpados, sin parpadear y firme. Espero su siguiente respuesta.
#20
Bruma Nocturna / Re:Episodio 2 — La Garrotxa
Último mensaje por Lady Midnight - 17 de Abr 2026, 12:40:41
Bruma Nocturna escucha la historia de Pau (asumo que se desarrolla mientras Bruma le habla de las Rocosas, del legado de su madre, de su abuelo, etc). En el encuentro con el espíritu del Lirio del Estanque Apacible, muestra respeto pero no sumisión: inclina ligeramente la cabeza en señal de respeto, pero no se arrodilla. Tampoco mantiene la mirada baja, sino que la fija en el espíritu como señal de que cuenta con su atención plena. Sin embargo, no replica ni responde hasta que el Lirio termina de hablar.


Con un respetuoso gesto de cabeza, se despide del Lirio y abandona el lugar. Se aleja caminando despacio, consciente de la bendición muda de Pau, pero hace una pequeña parada antes de estar demasiado lejos para gira levemente la cabeza, mirar al hombre a los ojos y hacer un último anuncio a modo de promesa con expresión seria pero amable.


Nada más.

Tras su palabra de despedida, continúa la marcha hacia la carretera.



Al regresar al coche y ver a Iruz y Ana Mercedes, intenta actuar sin hacer demasiado ruido ni movimientos bruscos.

Cita de: Maurick en 15 de Abr 2026, 23:58:13

Asiente con la cabeza.


Se sube al coche intentando molestar lo mínimo posible, y rebusca por debajo del asiento. Recuerda que en algún sitio había una pequeña manta, así que intenta encontrarla para ponérsela por encima a la agotada ícaro.

Después de que Ana Mercedes arranque, solo silencio y alguna mirada furtiva al retrovisor. Como habitualmente, intenta prevenir que alguien (o algo) los esté siguiendo... o pueda aparecer desde algún lugar no físico. Cuando Iruz se despierta, solo le responde para molestar.

Cita de: Maurick en 15 de Abr 2026, 23:58:13




Al parar en el área de servicio, el metis no se baja inmediatamente del coche. Espera un minuto, como si estuviese pendiente de que llegase el colega que venía detrás. Cuando Iruz tira la cazadora con asco, la recoge pausadamente. Mira a los lados a través de las ventanillas a medio bajar, y echa un vistazo largo a través del parabrisas lleno de insectos con complejo de cabeza nuclear. Cuando está seguro de que nada llama su atención, se baja del coche, ya solo, y sacude un poco su cazadora antes de dejarla a airear sobre el techo del coche. Camina alrededor del vehículo, abre la puerta del conductor y saca la llave del contacto. Nada parece estar fuera de lugar hasta que un leve chasquido, casi imperceptible, llega de detrás de la cabina de un camión que parece desnuda sin su remolque. No hay ninguna luz, y tampoco parece haber nadie dentro. Sin embargo, es precisamente eso lo que lo hace sospechoso. Quizá ha sido un animal, quizá mera paranoia. Sea lo que sea, lo más prudente es no confiarse y revisarlo. Las chicas están seguras en la tienda, así que es mejor dejarlas fuera de escena mientras se investiga "por si acaso".

El muchacho se dirige hacia el lugar, y camina con cautela entre los camiones. Intenta sentir, no solo ver, y aprovecha cualquier reflejo disponible para hacer una visita breve a la umbra. No tanto por la sospecha en sí, sino para hacerse una idea de cómo va cambiando y evolucionando el mundo de los espíritus a medida que se desplazan. Si algún espíritu se muestra predispuesto, el chamán lo saluda de modo amistoso y le pregunta qué tal las cosas por la zona. Cuando termina, se dirige de nuevo al coche a reencontrarse con las chicas (probablemente ya hayan terminado).


Tras la indicación, se dirige a la tienda mientras busca el dinero en su bolso de piel. Le confirma el número de surtidor al tipo calvo y con barriga, y mientras le da el cambio intenta rellenar el silencio comentando que "está la noche tranquila, ¿eh?".

Al volver al coche, recoge su cazadora del techo y se la pone sobre los hombros sin meter los brazos en las mangas. Abre la puerta del copiloto y le hace un gesto a Iruz para que se siente. Si accede, él irá detrás, en silencio, vigilando el entorno y pensando en lo ocurrido. Si Iruz replica, no discute: se sienta él en la parte delantera del coche, y mantiene la misma actitud reservada (salvo que se dirijan a él de algún modo).