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#21
Bruma Nocturna / Episodio 2 — La Garrotxa
Último mensaje por Maurick - 15 de Abr 2026, 23:58:13
Carretera de madrugada

A las afueras de Soria — De camino al nordeste

📅 12 de septiembre de 2005, 03:02

La noche en Soria tiene ese frío seco que no muerde de golpe, pero se va metiendo poco a poco en la ropa, en los dedos, en las articulaciones. Cuando regresas del Estanque del Lirio Apacible, el coche sigue donde lo dejasteis, detenido junto al monasterio como una máquina abandonada. La oscuridad no es total: hay algo de luna que se cuela entre las nubes, como un resplandor plateado discreto. La piedra del monasterio la devuelve con una claridad gastada. Iruz está espatarrada en el asiento trasero, con una pierna doblada de mala manera, con la cabeza apoyada en un montón de ropa. Duerme con esa clase de abandono que sólo se permite alguien cuando ya no le queda energía. Parece tranquila. Ana Mercedes, en cambio, está en el asiento del conductor. Dormida de lado, con la frente casi apoyada sobre la ventanilla y un brazo cruzado sobre el pecho. La postura le ha dejado el cuello en un ángulo ingrato, como si se hubiera prometido descansar sólo un momento y el cuerpo le hubiera retirado la palabra. Cuando te acercas, la gravilla cruje bajo tus pasos. Ana Mercedes abre los ojos antes de incorporarse del todo. Sólo tarda un segundo en recordar dónde está, contigo, qué hora es y por qué seguís allí.

Te observa. Sabe lo que has contemplado.


Hay un instante breve en que no dice nada más. Se pasa una mano por la cara, apartándose el cansancio como puede. Después mira hacia atrás, a Iruz, y luego de nuevo a ti.


No hay ceremonia. No hay discurso. Sólo el ruido del motor volviendo al mundo. Durante los primeros minutos nadie habla. El monasterio queda atrás, luego la carretera estrecha, luego los bordes negros de los campos sorianos. El coche avanza por una meseta dormida, vacía, donde la noche parece más ancha de lo normal. La línea del horizonte apenas existe: a un lado, tierra oscura; al otro, cielo oscuro; entre medias, la carretera como una costura gris que alguien dejó a medio hacer. A ratos aparecen pueblos diminutos, manchas de luz amarilla apelmazadas en torno a una iglesia, a una gasolinera cerrada o a una plaza que ahora mismo no le importa a nadie. A ratos no hay nada durante kilómetros enteros. Sólo asfalto, postes, señales reflectantes y ese zumbido monótono que termina por adormecer incluso los pensamientos más tercos.

Iruz acaba despertándose atrás, quejándose de algo. La postura no es cómoda, por supuesto. Luego gruñe como una niña mal criada a la que le han retirado los muñecos. Tarda unos segundos en entender que el coche está en marcha.


Se incorpora lo justo para mirar por la ventanilla. Ve la carretera, la noche, la espalda recta de Ana Mercedes al volante. Te ve a ti, con cara de pánfilo. No parece contenta, sólo parcialmente irritada.


Ana Mercedes no aparta la vista de la carretera. Cambia de marcha con suavidad, como quien no está dispuesta a malgastar energía antes de tiempo. El resto del trayecto hasta la primera parada se consume sin grandes sobresaltos. La noche va cediendo muy lentamente, no a la luz todavía, sino a una especie de agotamiento del negro. El cielo empieza a aclararse por zonas, primero como una ceniza pálida en el este, luego como una promesa muy lejana de mañana.



Parada reglamentaria de descanso

Área de servicio de Soses, Lleida

📅 12 de septiembre de 2005, 06:49

Mucho después, os detenéis en una estación de servicio abierta a medias en algún punto entre Soria y la Garrotxa. Una de esas áreas impersonales que parecen existir fuera del tiempo: surtidores blancos bajo una marquesina demasiado iluminada, máquinas de café que zumbean solas, un expositor de sándwiches triangulares con aspecto de llevar allí desde otra vida, y el suelo brillante de fregona reciente.

El aire de fuera está helado. Cuando salís del coche, el cuerpo protesta. Rodillas entumecidas, hombros cargados, la sensación de haber dormido mal incluso aunque no se haya dormido nada. Ana Mercedes se estira apenas, con discreción, y se aparta el pelo de la cara mientras observa el edificio de la estación con la expresión de quien sólo quiere café y cinco minutos de silencio. Iruz, en cambio, cierra la puerta del coche con más fuerza de la necesaria.


Ana Mercedes la mira de reojo. Hay cansancio, y una paciencia que quizá no sabía que tenía.


Iruz la observa un segundo, como si valorara si pelearse por pura costumbre o aceptar la oferta. Al final se encoge de hombros, de mal humor, pero sin guerra.


Las dos desaparecen hacia el interior con sus cosas. La puerta automática se abre y se cierra tras ellas con un siseo vulgar, de esos que devuelven todo a una normalidad muy fea pero muy útil. Te quedas fuera un momento, junto a los surtidores, con la madrugada rompiéndose despacio alrededor. Algún camión duerme al otro lado del aparcamiento. Más allá, la carretera sigue esperando, extendida hacia el nordeste como una idea todavía sin forma. No parece que estéis en peligro... ¿o sí? No tardan mucho en regresar. ¿Qué les vas a decir? ¿Has hecho algo más antes de abandonar Soria? ¿Qué piensas de todo esto, Bruma?
#22
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Maurick - 15 de Abr 2026, 23:37:43
Análisis del episodio

  • Parada en el Hotel Jiménez: Iruz propone descansar y dejar pasar el día. 🟦🟨 Bruma combina ambas aproximaciones: realiza un reconocimiento del entorno físico y espiritual antes de instalarse, y después decide quedarse con Iruz para hablar largo y tendido, priorizando tanto la seguridad como la obtención de información sobre Aya, Mauricio y el proyecto Ícaro.
  • Semana en el Túmulo del Lirio Apacible: Pau le ofrece quedarse una semana, bajar revoluciones y dejar que el túmulo marque el ritmo. 🟦 Bruma acepta aprender despacio, integrarse en las dinámicas del lugar y escuchar antes de imponer su urgencia o dirigir las conversaciones hacia sus propios intereses.
  • Primera crisis con Edurne en la Umbra: El Invasor telúrico se envalentona y Edurne duda en su propia prueba. 🟨 Bruma decide aconsejarla sin arrebatarle el control, intentando reforzar su confianza y ayudarla a sostener la situación desde un segundo plano, aunque la tirada falla y la presión espiritual aumenta.
  • Confrontación final con el Invasor telúrico: Con Edurne al borde del colapso y el espíritu centrado en Bruma, la situación se vuelve crítica. 🟨 Bruma opta por comprender antes de actuar, establece comunicación con el Invasor para descubrir qué lo ha desplazado y logra calmarlo temporalmente mediante diálogo en lugar de imposición.

Total

  • 🟦🟦
  • 🟨🟨🟨

Experiencia

  • Bruma Nocturna: +5 PX
  • Ana Mercedes (pnj): +2 PX
  • Iruz (pnj): +2 PX
#23
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Maurick - 15 de Abr 2026, 23:24:05
Pau asiente ante tus declaraciones, en silencio. No interviene ni te contradice. La conversación le ha limado algo por dentro y se le nota en la forma de sostener el cuerpo, en cómo reparte el peso entre los cascos, en cómo tarda un segundo más de la cuenta en apartar la vista de Ana Mercedes. Ella también lo nota, y se queda quieta frente a él unos instantes, con la respiración ya más templada, aunque aún le vibra algo en la mandíbula. Luego gira apenas la cabeza hacia ti.


La frase cae con cansancio, no con amenaza. A tu lado, Pau no interviene. Se limita a observarla como quien ve salir a alguien por una puerta que llevaba mucho tiempo cerrada y entiende, tarde y bien, que ya no va a poder cerrársela otra vez. Ana Mercedes se da la vuelta y se marcha, en dirección a la carretera dónde habéis dejado a Iruz. Tú te quedas a solas con Pau. Durante un rato no habla. Camina contigo por el borde del huerto, entre la piedra vieja, las hojas secas y la tierra removida. El sol va bajando despacio. La luz, cada vez más oblicua, le marca las arrugas tempranas del entrecejo y las sombras bajo los ojos. Cuando por fin se decide, lo hace sin mirarte de frente.


Sigue andando unos pasos más antes de continuar. La hierba húmeda cruje bajo las pezuñas de Pau. Al otro lado del muro, un perro ladra a lo lejos y se calla enseguida.


La voz le cambia al nombrarla. No se vuelve más suave. Se vuelve más precisa.


La tarde avanza mientras habla. No te lo cuenta de golpe, va dejándolo caer a pedazos, entre silencios, rodeos, trabajos de campo y suspiros. Te cuenta que, cuando fue nombrado Cliath, el líder de la Muntanya Blava le invitó a que se marchara una temporada. No como castigo, como necesidad. Para que dejase de usar como muleta a la Yaya Ágata. Te cuenta que pasó tiempo al norte de Francia, colaborando con un clan matriarcal llamado Arce Verde. Que allí vio otros modos de estar en paz y otros modos de fingirla. Que aprendió idiomas a medias, rezos ajenos y nombres de espíritus que no responden igual a la misma luna. Y te cuenta también que, siendo ya Adren, Marcos García de Visarón le abrió un sitio en el Estanque del Lirio Apacible: no un trono ni algo glorioso, un lugar. A veces, en la vida de un Garou, eso basta para cambiarlo todo. Cuando lo dice, ya está cayendo la tarde del todo. El aire se ha enfriado. En las copas de los árboles queda un resto de oro sucio.


La confesión no suena heroica, suena íntima. Como esas verdades que sólo se dicen cuando ya no sirve de nada maquillarlas.


La noche termina de bajar sobre Soria sin estridencias. Dentro del monasterio se encienden algunas luces cansadas. Cenáis en silencio algo de fruta y verdura, que habéis estado recolectando mientras habéis charlado. Marcos llega más tarde, silencioso, con esa forma de estar que tienen algunos hombres cuando prefieren ayudar antes que intervenir. Es ya bien entrada la noche cuando Pau te guía hacia el centro del túmulo. Lo hace con una lámpara pequeña en la mano y la voz más baja que durante el día, como si no quisiera romper algo que lleva horas asentándose.


El estanque aparece entre los árboles como una mancha de plata oscura. El agua casi no se mueve, mientras que el aire pesa de otro modo. Marcos ya os espera en la orilla, inmóvil, con las manos juntas a la espalda. No pronuncia palabra. Entre los dos preparan el rito con la sobriedad de quien ha repetido muchas veces un gesto y, aun así, no se atreve a tratarlo como rutina. El corazón del Boun responde poco a poco: primero cambia el silencio, luego el agua y después la luz. En el centro del estanque, donde la oscuridad parecía más compacta, empieza a abrirse una claridad pálida. No ilumina como una antorcha, se extiende como una respiración. Como si el propio lugar recordara de pronto una forma antigua de estar despierto.



Entonces lo ves: el avatar umbral del Lirio no emerge: comparece. Un espíritu natural, inmenso en su serenidad, se planta junto a ti con la proximidad imposible de los grandes seres umbrales. No tiene necesidad de imponerse. La paz que irradia basta para dejar claro que no se parece a casi nada de lo que has conocido. Hay algo de flor, de agua quieta, de luna sobre piedra blanca. Pau baja la cabeza y Marcos hace lo mismo.

El Lirio te contempla, y en esa contemplación hay reconocimiento.



La superficie del estanque permanece quieta mientras habla. No se mueve ni un ápice, ni una onda, ni insectos, ni las ramas. Hasta el viento parece haberse detenido a una distancia respetuosa.


La luz es fría, reconfortante. Como una brisa de verano rozando tu rostro de madrugada.


La orilla entera parece sostener la respiración.


Algo en la presencia del Lirio se inclina hacia ti. Como si el estanque entero se acercara un poco más a tu cansancio.


La frase se queda contigo más que en el aire. Luego, por primera vez desde que apareció, notas en el espíritu algo parecido a la benevolencia. Una concesión medida.


El estanque exhala entonces una brisa mínima que no mueve las ramas, pero sí te toca la cara. Es fresca, clara y antinatural en su pureza. Después, la presencia empieza a retirarse. No con brusquedad. Como si el agua la reclamara de vuelta a un sitio donde las palabras ya no hacen falta.


La luz se apaga despacio, el corazón del Boun vuelve a estar formado por aguas oscuras, silencios y ramas flotando por la superficie. A tu espalda, Pau tarda unos segundos en alzar la cabeza. Cuando lo hace, sus ojos siguen clavados en el centro del estanque, como si una parte de él aún estuviera intentando decidir si ha presenciado una bendición o un recordatorio. Marcos permanece quieto, las manos aún juntas, respirando muy hondo por la nariz. Ninguno de los dos rompe el momento. Pau te mira solemne, y asiente con la cabeza. No pronuncia nada, pero sabes que te desea un buen viaje hasta su túmulo natal.

Caminas en silencio hacia la carretera, dónde Iruz y Ana Mercedes te esperan. Es el momento de viajar hacia el siguiente punto de tu viaje, y es en este momento cuando te preguntas si lo estás haciendo porque lo necesitas, porque alguien lo necesita o porque es el preludio a cumplir tu destino. De una forma u otra, ¿qué más da?
#24
Cera & Sangre / Re:Episodio 2 — Laberinto
Último mensaje por greatkithain - 08 de Abr 2026, 21:17:40
Nota: Nota: Arda bebe cuatro puntos de sangre de los viales para estar a tope.

Iota observa la reserva sobrenatural con la misma precisión con la que evaluaría un mecanismo delicado. Tres viales útiles. Uno degradado. Uno demasiado antiguo. Calcula la cantidad mínima necesaria para restaurar la precisión decimal del sistema sin comprometer futuras necesidades del grupo. Toma uno ya empezado, lo abre y lo bebe hasta vaciarlo. El sabor permanece unos segundos en la lengua, metálico y ajeno, y la sensación de haber tomado algo que no era del todo suyo tarda un poco más en disiparse.

Cuando levanta la mirada, Kaari ya está despierta. Su cuerpo vencido hacia un lado, la manta mal colocada, la respiración pesada. La pierna ausente pesa en la forma en que se sostiene, en cómo mide cada gesto antes de hacerlo. Sus ojos pasan de él a la puerta, y luego vuelven a él. La pregunta llega baja, contenida, sin temblor, pero con una mandíbula que ya conoce la respuesta antes de oírla.


Iota no responde de inmediato. No por duda. Por orden. Por secuencia. Mira por la ventana. Dos figuras mugrientas avanzan por la acera de enfrente, manos en bolsillos, mirada que se desliza por portales y coches sin detenerse demasiado. No llaman la atención si no sabes qué buscar. Él sí lo sabe. Están rastreando. Pero aún no han encontrado nada.

Vuelve a Kaari. Le cuenta lo esencial: el almacén, la captura, Elpidios, la amenaza, la condición impuesta. Ni retenida y esperando.

Kaari escucha. Y entonces ríe. Una risa rota, breve, casi sin aire. Una risa que no encaja con la situación, pero que tampoco la contradice. Una risa que no es alivio ni locura, sino una grieta humana en medio de algo que ya no lo es.


Intenta incorporarse, pero el cuerpo no responde. En el suelo hay manchas de sangre secas: se ha arrastrado cuando no estabais. Iota la observa un segundo más de lo necesario. Por análisis. El humor en condiciones adversas es un patrón humano que no termina de comprender ni aplicar.

Respira hondo, reorganizando la secuencia de prioridades. La decisión ya está fijada: estabilización completada. Información transmitida. Próximo vector: localizar a Sfázo. Y después, Ni.


Mientras coge una vieja guía telefónica y encuentra un anuncio de carnicería Sfázo con el telefóno y la dirección.
#25
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Lady Midnight - 08 de Abr 2026, 12:00:15
Aunque el aire fluye, la situación pesa. Bruma Nocturna siente que esa conversación debería haber tenido lugar una semana antes, quizá uno o dos días después de su llegada, y Pau se habría ahorrado el episodio con Ana Mercedes. Pero no. Hay que observarlo todo, sopesarlo todo, retrasarlo todo. A su parecer, el retraso en la toma de decisiones suele conllevar que otros lo hagan por ti antes de que puedas llegar a reaccionar, pero sigues siendo tú el que debe gestionarlas porque es tu responsabilidad. El joven no juzga a su acompañante, pero sí considera que tiene una perspectiva distorsionada y poco práctica, muy afectada por experiencias y deseos personales mal gestionados.

Cita de: Maurick en 06 de Abr 2026, 14:34:44

El joven sioux asiente.


Toma una nueva bocanada de humo y, antes de soltarla, deja la pipa sobre la mesa orientada para que Pau pueda volver a recogerla. Parece que, por fin, pueden tener una conversación honesta en la que se hablan las cosas con la claridad que merecen. Lástima que el Hijo de Gaia haya tenido que llegar a tal nivel de desgaste emocional para conseguirlo.

Cita de: Maurick en 06 de Abr 2026, 14:34:44

Bruma sonríe con amabilidad, y niega ligeramente con la cabeza.


Cuando Ana Mercedes irrumpe de nuevo en el lugar, el muchacho escucha y espera. Ella necesita un espacio para expresarse, pero también una linde que la contenga antes de que su energía se desborde.

Cita de: Maurick en 06 de Abr 2026, 14:34:44


Cita de: Maurick en 06 de Abr 2026, 14:34:44


Hace una pausa, la mira un par de segundos y recoge de nuevo su pipa, dándole a Ana Mercedes la oportunidad de seguir hablando.

Cita de: Maurick en 06 de Abr 2026, 14:34:44


Se acerca a la mesa y vacía su pipa con cuidado sobre una tela extendida sobre la mesa, mientras Ana Mercedes y Pau terminan de hablar. Cuando termina, cierra la bolsita y la guarda para, a continuación, terminar de recoger sus cosas (el Clipper, la vejiga y el cuenco) y colgarse el bolso al hombro.

Hecho el silencio, Bruma se dirige con calma a la puerta y sale a la calle. Cuando los demás hacen lo mismo, le pide a Ana Mercedes que vuelva con Iruz para no dejarla sola demasiado tiempo. De hecho, él mismo la llama por teléfono para decirle que se va a retrasar un poco pero que estará allí esa misma noche; que lamenta el retraso, pero que Ana Mercedes la llevará a cenar (deja claro que no como sustitución de la promesa, sino como obsequio por concederle un aplazamiento hasta el día siguiente).

Mientras el día pasa, ahora que se ha roto el "pacto de silencio", el Sioux aprovecha para comentar con Pau todas aquellas pequeñas cosas banales del día a día en su lugar de origen. Los recados para Vara Torcida antes de su primer cambio, la aparente tranquilidad en la región en la que creció, la conexión con la naturaleza en cierto modo comparable a la del Estanque del Lirio Apacible... No habla de aventuras, hazañas o proezas. Habla de la vida, lo cotidiano y lo humano. Le cuenta que tiene a alguien que lo espera, que tuvo a alguien que, a su manera, lo cuidó... y que, aunque durante sus viajes debe mostrarse como un verdadero chamán del Kaos, no es más que otro simple individuo al que sencillamente le gustaría poder acabar sus días en paz, en el lugar al que pertenece, honrando a los suyos.

En la audiencia con el Lirio, Bruma no pregunta. Se presenta ante él, con honestidad y humildad, y simplemente espera la reacción del espíritu con paciencia. Si el Lirio no toma la iniciativa, el chamán deja clara su postura.

#26
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Maurick - 06 de Abr 2026, 18:24:06
El lecho marino vuelve a palpitar. No como un corazón. Como algo más antiguo, más lento, más ajeno a la carne. Los percebes luminosos se encienden por franjas, y la luz azulada corre de uno a otro en curvas inmensas, como si una idea estuviera viajando bajo la roca. Himitsu no se mueve. A tu alrededor, el agua parece haberse vuelto más densa, más atenta. La voz regresa.


Un temblor más profundo atraviesa el fondo. Bajo los millares de ojos húmedos, algo inmenso reajusta su peso con una parsimonia tectónica. Ahora sí alcanzas a distinguir una forma más clara bajo la costra del lecho: una curva descomunal, un pliegue mineral que no debería respirar... y, aun así, respira.


La presión alrededor de tu cuerpo no se vuelve hostil, pero sí insoportablemente precisa. Como si una conciencia inmensa estuviese repasando cada hebra de tu espíritu, una por una. Entonces comprendes que no está mirando a tus ojos de pez ni a tu postura en el agua. Está mirando la mancha, la huella que llevas dentro.


Himitsu gira apenas la cabeza hacia ti. Incluso en esa forma monstruosa percibes el estremecimiento que la atraviesa.


Durante un instante, el océano entero parece guardar silencio para que esas palabras terminen de hundirse.


Un destello más intenso recorre el lecho. Esta vez no solo ilumina los percebes: ilumina lo que hay entre ellos. Vetas blanquecinas. Costras minerales. Restos de sal adheridos a roca y carne antigua como si ambas llevaran siglos intentando distinguirse sin conseguirlo. Entonces algo se abre: una grieta viva entre placas y quitinas, lo suficiente para que desde su interior brote una claridad turbia, lechosa. Y con ella llega una visión. No la observas con los ojos, la sufres.

Agua inmensa. Oscura. Primordial. Corrientes enteras deteniéndose como venas coaguladas. Regiones del mar donde el azul desaparece y sólo queda un blanco sucio, insoportable, como si el océano hubiera empezado a secarse desde dentro. Algo larguísimo se retuerce en la distancia: segmentos interminables, espinas, bocas menores abriéndose a lo largo de un vientre imposible. No nada. Devora. Y allí por donde pasa, el mar pierde memoria. Movimiento. Fertilidad. La visión se rompe de golpe. El fondo vuelve a estar quieto, pero ya no igual.


La luz de los percebes disminuye lo justo para dejaros en una penumbra reverencial.


Por primera vez, la inmensa presencia parece reparar en Himitsu de manera más explícita.


Himitsu inclina apenas la cabeza. No responde: no quiere romper este momento. La voz vuelve a ti.


La presión aumenta un poco, no como amenaza, sino como una mano enorme apoyándose sobre la verdad.


El lecho entero os observa.

#27
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Maurick - 06 de Abr 2026, 14:34:44
La pipa vuelve a tus dedos todavía templada por la calada de Pau. Él no la reclama de nuevo. Se queda mirándote con la mandíbula apretada y los hombros demasiado quietos, como si se estuviera sujetando por dentro con la misma fuerza con la que otros aprietan un arma. La luz que cae entre las ramas le parte la cara en dos: cansancio en un lado, otra cosa más áspera en el otro.

Cita de: Lady Midnight en 01 de Abr 2026, 19:00:59

La noticia, que aunque fuese evidente para todos, pesa a Pau más de lo que le gustaría mostrar. Ante ti ves a a un hombre que parece ostentar un cargo que no merece, que ha tomado decisiones que no le correspondían, y que ahora debe rendir cuentas. No al enemigo, no al opresor, a quién más ha protegido.


El viento mueve apenas una esquina de la rebeca olvidada sobre el respaldo de una silla. Desde dentro del monasterio llega un roce de suela contra piedra, mientras Pau apoya dos dedos en la mesa, muy despacio, como si necesitara notar la dureza de la piedra para no dejarse arrastrar por el resto.


La frase se queda un momento entre vosotros, seca, sin consuelo. No pide compasión. Tampoco absolución. Cuando vuelve a hablar, ya no te mira sólo a ti. Mira también hacia la puerta del monasterio, hacia el interior donde Ana Mercedes ha buscado tarea, brazos ajenos que atender, cualquier cosa que no sea quedarse sentada respirando lo que acaba de escuchar.

Cita de: Lady Midnight en 01 de Abr 2026, 19:00:59


Te mira entonces de frente. Sin rodeos. Con esa forma de dureza que no necesita alzar el volumen para hacerse notar. Una hoja seca cruza el patio arrastrada por una racha breve y se queda atrapada junto a una pata de la mesa. Tú sigues con la pipa en la mano, mientras él sigue sin apartar los ojos de ti.


Se hace un silencio corto. Tenso. De los que no vacían el aire, sólo lo vuelven más pesado. Entonces, Ana Mercedes entra en escena. Pronuncia su frase y se detiene junto a la mesa. Te mira a ti primero. Luego a Pau. No tarda en hablar, pero tampoco entra como un cuchillo. Entra como alguien que lleva demasiados años tragándose las frases importantes y ya no está de humor para hacerlo una vez más.


La voz le sale baja. Eso la vuelve peor. Más seria. Más verdadera. Una mano se le queda apoyada en el borde de la mesa. Los nudillos no están blancos esta vez. Sólo firmes.


La luz del patio le toca la cara de lado y le marca el cansancio bajo los ojos. No parece más frágil por decir eso. Parece más cansada de fingir que no lo sabe.

Cita de: Lady Midnight en 01 de Abr 2026, 19:00:59


Pau baja muy levemente la cabeza. No como quien acepta un veredicto, sino como quien reconoce una herida que ya venía abierta y acaba de escucharla por boca ajena. Ana Mercedes exhala por la nariz y aparta un instante la vista hacia el huerto, hacia la tierra removida, las hojas, la piedra, el sitio exacto donde ha vivido tanto tiempo sin acabar de entrar del todo en su propia vida.


No hay dulzura en la frase. Tampoco crueldad. Lo que hay es cansancio limpio. De ese que por fin se ha cansado de sí mismo; ella vuelve entonces la cara hacia ti. La mirada te llega sin adornos.


La pipa pesa un poco más entre tus dedos. El humo ya casi no sube. Sólo queda el olor.


Pau la mira de lado. Hay algo casi doloroso en cómo se le afloja, por fin, un músculo de la cara. No sonríe. No aprueba. Pero tampoco intenta detenerla. Se le nota que ya ha entendido que esa posibilidad se le ha terminado.


Ana Mercedes no aparta la vista de ti.


El patio vuelve a quedarse en silencio. La hoja seca sigue atrapada junto a la mesa. Dentro del monasterio, el padre Martín tose una sola vez. El sonido llega amortiguado, pequeño, casi doméstico. Afuera, en cambio, ya no queda nada doméstico en la escena. Pau sigue en pie junto a la mesa de piedra, con el peso mal repartido entre ambos pies, como un hombre que acaba de perder una costumbre vieja y todavía no sabe qué hacer con las manos. Ana Mercedes, a tu lado contrario, ya no tiene la postura de quien pide permiso. Tiene la de quien ha decidido romper algo y vivir con el ruido.

Podréis pasar el día descansando en las cercanías del túmulo, o en la casa de Ana Mercedes. Es una pequeña masía de dos pisos, de planta muy estrecha, que tiene una modesta habitación, un servicio con bañera, y una cocina de gas. Se encuentra en la linde del túmulo, en lo que parece un pequeño barrio rural. Por la noche, si continúas deseando hablar con el Lirio, podrás tener tu audiencia en el corazón del túmulo. Estarán dirigiendo la ceremonia Pau y Marcos, mientras que Llanto del Arroyo y Tomás estarán ausentes. Ana Mercedes se quedará con Iruz, esperándote.

Ahora... ¿qué preguntas tienes para el Lirio?
#28
Documentación / [Trasfondo] V-AN/443-PARHON
Último mensaje por Maurick - 06 de Abr 2026, 14:09:56
V-AN/443-PARHON

  • Clasificación: ALTO SECRETO
  • Código de activo: V-AN/443-PARHON
  • Estado: ACTIVO / OPERATIVO

1. Identificación del sujeto

  • Nombre: Valeria Parhon
  • Origen: Bucarest (Rumanía)
  • Residencia: Norte de España (Santander / Bilbao)
  • Naturaleza: Ananasi
  • Cobertura: Psicóloga — entorno Garou (Viento de Acero)
  • Nivel de acceso: Medio-alto (incremental)

2. Perfil psicológico y funcional

El sujeto presenta una estructura cognitiva especialmente adecuada para tareas de infiltración pasiva.

  • No muestra adhesión emocional profunda a estructuras grupales.
  • No desarrolla vínculos estables fuera de marcos funcionales.
  • Presenta tolerancia elevada a la violencia instrumental.

Historial relevante:

  • Evento de eliminación parental sin respuesta emocional disfuncional
  • Adaptación progresiva a naturaleza no humana sin colapso psicológico
  • Tendencia a racionalizar conductas extremas como necesarias

Evaluación: Activo estable. Baja probabilidad de ruptura interna espontánea.

3. Inserción en entorno objetivo

El sujeto ha sido integrado con éxito en el túmulo conocido como Viento de Acero.

Funciones actuales:

  • Evaluación de nuevos Garou tras Primer Cambio
  • Apoyo psicológico en procesos de adaptación
  • Supervisión de individuos inestables

Acceso directo a:

  • Información personal de miembros
  • Dinámicas internas del túmulo
  • Procesos de toma de decisiones a nivel intermedio

Valor estratégico: Alto. Posición privilegiada sin exposición.

4. Protocolo de control

  • Estado: ACTIVO
  • Sistema: Anillo — Serie Carmesí

El sujeto opera bajo influencia continúa del aparato sin conciencia de interferencia.

Efectos confirmados:

  • Filtrado constante de información relevante
  • Ausencia de resistencia cognitiva
  • Conservación íntegra de comportamiento externo
  • No se han detectado desviaciones.

Conclusión: Control funcional completo. Riesgo de detección: bajo.

5. Información recopilada (desde 09/07/2005)

El flujo de datos ha sido constante y fiable.

Principales aportaciones:

  • Identificación de miembros clave del Viento de Acero
  • Localización del túmulo y rutas de acceso
  • Estado estructural tras conflictos recientes
  • Evaluación psicológica de sujetos de interés

Aplicación: Planificación de operaciones de infiltración, desgaste y ruptura interna.

6. Red de contactos

El sujeto mantiene relación operativa con:

  • Rufus Sentinel (vector de integración inicial)
  • Diversos Garou en fase de formación
  • Miembros veteranos del túmulo (contacto indirecto): Custod Aeson, Kate Rösenberg, Veronica Rogers (traidora, objetivo primario de eliminación)

No se detectan vínculos externos significativos fuera del entorno objetivo.

Interpretación: Dependencia contextual elevada. Refuerza la estabilidad del activo.

7. Riesgos detectados

Riesgos actuales limitados. Posibles escenarios de degradación:

  • Exposición del artefacto de control
  • Intervención de entidades espirituales externas
  • Alteración del equilibrio interno del túmulo

Probabilidad estimada: baja a medio plazo.

8. Proyección operativa

El activo continúa siendo altamente rentable.

Líneas recomendadas:

  • Mantener flujo de información sin interferencias visibles
  • Evitar sobreexposición del sujeto en operaciones directas
  • Preparar uso como vector de desestabilización interna llegado el momento

Posible uso futuro:

  • Facilitación de acceso físico a instalaciones
  • Identificación de objetivos prioritarios
  • Inducción de decisiones erróneas en liderazgo enemigo

9. Observación interna

El sujeto no presenta lealtad hacia ninguna estructura. Opera por coherencia interna, no por ideología. Esto no es una debilidad, es la razón por la que funciona.

10. Estado final del informe

Activo plenamente funcional. Continuar monitorización. No intervenir.

#29
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Maurick - 06 de Abr 2026, 01:06:54
Tu pregunta queda un instante en el aire, mezclada con el olor del café y la pólvora vieja de la noche anterior. Semyon no responde enseguida. Se queda mirándote con esa quietud suya que no tiene nada de calma. Tiene los hombros rectos, las manos apoyadas sobre la mesa y la expresión de quien ya venía cansado antes de sentarse.


No alza la voz. No le hace falta. La frase cae seca, cortante, con la precisión desagradable de un cuchillo bien afilado. Su mirada no se aparta de ti mientras hablas de contactos, de traiciones y de molestias. Luego se recuesta apenas en la silla y deja escapar una respiración corta por la nariz, más cerca del fastidio que de la burla.


La cocina vuelve a quedarse en silencio. La cafetera ya se ha apagado. Afuera, detrás de la ventana, la mañana sigue avanzando sobre Torrelavega con esa luz blanquecina que no termina de despertar del todo a nadie. Kara carraspea antes de hablar. Ha estado callada hasta ahora, con los codos sobre las rodillas y las manos entrelazadas, mirando un punto fijo de la mesa como si ahí pudiera encontrar algo más sólido que su propia noche. Alza la vista hacia ti. Tiene la voz más áspera que de costumbre.


No lo dice con entusiasmo ni con dureza teatral. Lo dice como quien repite una instrucción que ya se ha tragado por dentro y no tiene intención de discutir. Semyon la observa un segundo. Luego sonríe. Apenas. Lo justo para que se note que esa respuesta le sirve.


Se ajusta la chaqueta con un gesto automático y os mira a los tres como si ya os hubiera descontado de la estancia, de la mañana y casi del resto del día.


La orden basta para que Kara se levante la primera, obediente. El movimiento le cuesta más de lo que le gustaría admitir, pero no deja que se le vea más de la cuenta. Vytalian la sigue con esa pesadez suya de oso mal dormido. Tú recoges tus cosas, el café ya medio frío, la pistola limpia, el humo suspendido en la cocina como si también él dudara en moverse. No habláis mucho al salir del piso franco, los pasos por el pasillo suenan huecos. La puerta se cierra a vuestra espalda con un golpe seco. Durante unos segundos solo hay el roce de la ropa, la respiración todavía cargada de tabaco y el eco de la misión recién puesta sobre la mesa. Es Vytalian quien rompe el silencio, te mira de lado mientras bajáis, con la boca torcida y el cansancio pegado a los ojos. Lleva la rabia metida tan abajo que casi parece pereza.


Te lo deja al lado, con una sinceridad fea y bastante humana. Se pasa una mano por la nuca, aprieta los dedos un momento y escupe el resto con voz ronca.


Kara no interviene. Sigue andando un paso por delante, rígida, con la espalda tensa y la cabeza demasiado quieta. No parece querer mediar. Tampoco parece estar del todo en otra parte. Solo escucha, arrastrando el peso de todo lo de ayer y de todo lo que viene. Llegáis al garaje, dónde podéis ver los dos coches que tenéis para esta misión. La rusa observa el vehículo, aún lleno de suciedad de la persecución de antes de ayer, con varios golpes en la carrocería. Se sube al asiento del conductor.


El motor del vehículo arranca, y dejáis atrás el edificio de la Urbanización Calagua. El aire de la mañana se cuela por la ventanilla. Huele a humedad, a gasolina y a piedra mojada.
#30
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Denebia - 02 de Abr 2026, 18:03:20
Cuando la calma me invade es cuando me doy cuenta de que soy más liviana de lo normal y que me mezo con la corriente. Trato de mirar mi cuerpo y no veo mis extremidades, en su lugar veo una gran aleta. Doy varias vueltas sobre mi misma y caigo en la cuenta de que es la primera vez que uso mi don Espíritu del Pez. Ahora soy un bonito pez betta -más grande de lo normal- de cuerpo púrpura con reflejos azules.



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Hago una leve pausa acercándome un poco más hacia el foco de la voz.