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#61
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Lady Midnight - 22 de Mar 2026, 22:58:36
Al toparse con la escena, Bruma se queda paralizado durante un instante casi imperceptible. Hace una rápida asociación con la información visual de la que dispone, pero hay algo que no termina de encajar. Se acerca a Ana Mercedes y le coloca la mano en el brazo, cerca del hombro, con suavidad. Para que sienta la cercanía. Para que sienta una presencia amiga.


Separa la mano de su brazo con la misma suavidad con la que la colocó y, con paso decidido, se dirige a la puerta cerrada. Intenta ver si en entorno hay marcas de algún tipo de lucha, forcejeo o resistencia, si hay algún arma u objeto lesivo y si alguna puerta tiene alguna marca sospechosa. Al llegar al lugar del llanto, suspira para mantener el tono y la actitud correspondientes a la calma que le caracteriza.


El theurge tiene una clara línea de actuación:

a) Si Iruz sale o responde, si se muestra abierta a colaborar aunque sea mínimamente, esperará tras la puerta y hablará con ella. Si lo que ocurre es que abre la puerta o sale por ella, intentará acercarse y abrazarla con cuidado para ayudarla a calmarse antes de retomar la conversación.

b) Si se niega a salir o hablar sobre el tema, se irá a la Umbra y echará un vistazo desde allí al interior del baño, en principio sin interceder. Si hay algún motivo de peso (algún peligro, alguna conducta autolesiva o algo similar) entrará en el baño para enfrentarse el problema. Si nada de esto ocurre, volverá a colocarse frente a la puerta para intentar dirigirse a ella de nuevo ("sabes que puedo entrar cuando quiera, pero me gustaría no tener que hacer nada en contra de tu voluntad ni que pueda resultar violento o peligroso; el tiempo corre y te necesito conmigo, te pido por favor que me pongas las cosas algo más fáciles").
#62
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Maurick - 21 de Mar 2026, 11:34:31
No encuentras suelo al otro lado. Atraviesas la niebla negra del interior del arcón esperando madera, hierro, quizá el mismo camarote deformado por la Penumbra del barco. Pero no. Lo que te recibe es una caída silenciosa, limpia, larguísima, a través de un espacio que no debería existir. El aire desaparece. El mundo de la carne se cierra sobre sí mismo como una herida cosida a toda prisa.

Debajo de ti no hay trasatlántico, ni cubierta, ni sombra de hélices. Solo un océano inmenso, oscuro y quieto, extendiéndose hasta un horizonte que no parece curvarse nunca. El agua umbral es negra, pero no ciega: refleja constelaciones que no conoces, lunas pálidas que no pertenecen del todo a Selene y una luz mortecina, fantasmal, que parece nacer de la propia profundidad. Caes hacia esa superficie como una piedra, y entonces el viento te reconoce.

Una brisa fría, leve al principio, se arremolina alrededor de tu cuerpo. No es una ráfaga violenta, ni una mano invisible que te atrape en el último instante. Es algo más antiguo. Más íntimo. El aire gira en torno a ti con una ternura áspera, como si recordara perfectamente el peso de tus huesos, el olor de tu pelaje, el latido concreto de tu miedo. La caída se frena. Tus patas —o tus pies, durante un segundo resulta difícil saber qué eres exactamente en ese lugar— rozan la superficie del océano y, en lugar de hundirte, el agua te sostiene.

A tu lado, la negrura del mar se ilumina con dos presencias. La primera adopta una forma equina alta y orgullosa, hecha de luz cenicienta y líneas de plata húmeda. No hay putrefacción en ella, ni furia ciega, ni hambre de carne. Solo una nobleza severa, recuperada demasiado tarde. El alma purificada de Pezuña Caótica te observa sin hostilidad, con la quietud de quien por fin ha sido arrancado del delirio y recuerda vagamente que una vez sirvió a algo más grande que su propia rabia. La segunda figura emerge detrás, casi superpuesta, como si ambas compartieran una misma raíz. Un anciano Uktena de facciones duras y cansadas, erguido sobre la superficie imposible del océano, con la gravedad de los árboles viejos y de las montañas que no se explican a nadie. Ninastoko no te habla. No lo necesita. Su sola presencia hace que el aire en torno a ti deje de temblar. Durante un instante absurdo, brutal, comprendes que no estás sola en la caída. Que alguien —o algo— ha venido contigo hasta aquí.

El mar se abre entonces con un sonido sordo. Como si una masa enorme hubiese decidido recordar que existía. De la superficie surge una criatura gigantesca, húmeda y antinatural: un pez colosal, de lomo oscuro y vientre pálido, con largos bigotes de gato que vibran al compás de la corriente y mechones de pelaje pegados al cuerpo como algas vivas. Sus ojos son demasiado conscientes. Demasiado serenos. Su boca se abre con lentitud y la voz que sale de ella llega envuelta en una resonancia abisal, ominosa, más sentida en el pecho que escuchada en los oídos. Pero la reconoces.


La inmensa cabeza gira apenas. El agua resbala por sus bigotes y cae de nuevo al mar como si el océano se estuviera devolviendo a sí mismo. Tú activas el Don del Espíritu del Pez. Lo sientes al instante: la piel, la respiración, la forma en que el agua deja de ser obstáculo y empieza a convertirse en camino. Algo en tu cuerpo recuerda una verdad muy vieja. Nadar y descender. Escuchar sin palabras.


Entonces comienza a nadar como quien conoce el rumbo y no necesita mirar atrás para comprobar si lo siguen. Las estrellas brillan sobre vosotras con una intensidad sobrenatural, clavadas en el firmamento como alfileres de hielo. El mar umbral refleja esa luz de una forma enferma y bella, y cuando os internáis en la superficie, la claridad no desaparece: simplemente se vuelve más azul, más tenue, más espectral. Nadáis hacia abajo. Hacia una oscuridad atravesada por reflejos lejanos, por corrientes silenciosas y por formas que parecen ruinas vistas a través de un sueño.


La presión llega pronto. Primero como una molestia sorda en el pecho. Luego como un puño inmenso cerrándose alrededor del cráneo, de las costillas, de las articulaciones. El fondo no se acerca. O sí, pero lo hace despacio, como si quisiera obligarte a merecerlo. Sin embargo, justo cuando el malestar amenaza con volverse dolor, una sensación agradable se extiende por tu cuerpo. Fresca y clara, como si una corriente espiritual te envolviera desde dentro y apartara el peso del océano con delicadeza imposible.

Sigues bajando, y comienzas a notarlo. No es Wyrm ni podredumbre. No esa tensión aceitosa, infecta, que precede a las Perdiciones y a las cosas mal hechas. Otra cosa, otra presencia. El lecho marino surge al fin bajo vosotras, vasto y silencioso, cubierto por una colonia imposible. Un millar de pequeñas formas adheridas a la roca, a los restos de estructuras hundidas, a las grietas del fondo. Parecen pecebes. O moluscos. O párpados petrificados. Todos emiten una luz tenue, azulada, casi lunar. Y todos tienen un ojo. Miles de ojos amarillentos, húmedos, abiertos, conscientes, mirando en todas direcciones y reaccionando poco a poco a vuestra llegada. No hay ataque ni hambre. Solo atención. El fondo marino entero parece despertar a cámara lenta, como si hubiese estado esperando no vuestra presencia, sino vuestra mirada. Himitsu reduce la velocidad y gira a tu alrededor con la pesadez majestuosa de su forma monstruosa.




Las luces de aquella colonia palpitan una vez. Después otra. Como un órgano enorme aprendiendo a latir.

#63
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Maurick - 21 de Mar 2026, 10:46:25
Cita de: Lady Midnight en 20 de Mar 2026, 21:56:52Intenta llegar a la casa de Tomás lo antes posible, esperando que sea la verdadera Ana Mercedes la que allí le espera.

Atraviesas el túmulo como una flecha, no te detienes a mirar atrás. No vuelves la vista al sendero, al vallado, a los árboles que hace apenas un momento parecían observarte. Todo lo que Llanto del Arroyo te ha dicho sigue pegado a tu piel como un olor incómodo, pero ahora mismo hay algo más urgente. Algo que ha empezado a moverse antes de que pudieras ponerle nombre.

Cruzas el Estanque del Lirio Apacible con la respiración trabada, dejando atrás los límites domesticados del boun y sus senderos conocidos. La tierra da paso poco a poco a grava, a cuneta, a asfalto. Cuando abandonas del todo la protección espiritual del túmulo y alcanzas la carretera, el mundo vuelve a oler a humanidad: humo viejo, gasoil, basura húmeda, metal recalentado por el sol. Durante un buen trecho avanzas por la cuneta de la autovía, pegado al borde, con coches y camiones rugiendo a pocos metros de tu cuerpo como bestias ciegas que no sabrían qué hacer contigo si te vieran de verdad. Los kilómetros se te hacen cortos, pero el trayecto no. El barrio empieza a levantarse a lo lejos como una mancha de hormigón cansado, gris, lleno de ropa tendida, persianas torcidas y bloques que parecen sostenerse por inercia más que por estructura.

Lo recuerdas enseguida: un primero, sin ascensor. Un barrio marginal, con calles degradadas. Y entonces recuerdas también lo otro: la has dejado allí. Iruz. Eso te golpea con más fuerza que el cansancio. A estas alturas no puedes seguir en lupus sin llamar demasiado la atención. Cambias sobre la marcha, rápido, con esa urgencia fea de quien no tiene tiempo para hacerlo bien. Sea por la escalera del mundo de la carne o por una entrada más tensa y sombría a través de la Umbra, llegas al bloque y subes hasta el rellano con el pulso ya demasiado alto.

La puerta está abierta, no entornada. Abierta. Entras, y lo primero que ves es a Ana Mercedes. Está de pie, rígida, con los hombros tensos y los ojos clavados en el interior del cuarto. Al oírte, gira la cabeza hacia ti con la expresión de alguien que ha aguantado lo que ha podido hasta que por fin aparece otro ser vivo capaz de confirmar que aquello es real. No habla enseguida, no puede.

A su espalda, sobre la cama, está el cuerpo de Tomás Urgel. Desnudo, con varios juguetes de índole sexual repartidos por las sábanas y el suelo. El cuello, ladeado, deja ver con demasiada claridad la marca: dos perforaciones limpias, obscenas, demasiado reconocibles. Hay palidez en su piel y un hilo muy, muy suave, de respiración. Pero quizás no dure mucho tiempo... Desde el baño llega un llanto desconsolado, femenino.

Un llanto roto, animal, incapaz ya de guardar compostura. La puerta está cerrada con fuerza, como si quien se ha metido dentro hubiese necesitado un último trozo de mundo que aún pudiera controlar. Ana Mercedes te mira con sorpresa y espanto. Y algo más debajo de todo eso: la necesidad brutal de que seas tú quien haga algo con aquello.


Tu nombre apenas le sale. La habitación huele a sexo, a sudor reciente y a sangre. ¿Qué vas a hacer, Bruma Nocturna?
#64
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Maurick - 21 de Mar 2026, 10:26:49
Torrelavega — Urbanización Calagua, 4ºC

📅 27 de agosto de 2005, 08:17

La mañana cae sobre Torrelavega con esa luz fea de después de la lluvia, grisácea, sin fuerza. En el piso franco solo hay una taza, una cafetera medio vacía y el rumor lejano de algún coche pasando por la calle. Kara y Vytalian no han dormido aquí esta noche; eso se nota en el vacío raro que han dejado sus habitaciones, en la ausencia de respiraciones, de ropa tirada, de ese cansancio compartido que ayer parecía haberse quedado pegado a las paredes.

Tú sí has tenido unas horas entre la cueva del Dobra y este café. Las suficientes para dormir algo... o no. Para ducharte. Para fumar mirando al techo. Para pensar en lo que has hecho, o para apartarlo hasta que el cuerpo te dejase seguir adelante. Lo que haya ocurrido entre la noche y esta mañana queda ahora contigo. El móvil vibra encima de la mesa.

Un mensaje de Felicity Burton.


La pantalla se apaga. El café sigue humeando. Por un segundo, Los Ángeles parece otro planeta. No pasa demasiado tiempo hasta que suenan pasos en la entrada. La puerta se abre, y entran Semyon, Kara y Vytalian. Los tres traen la noche todavía encima, cada uno a su manera. Semyon parece igual de impecable que siempre, aunque con esa rigidez que le sale cuando lleva demasiadas horas sin delegar nada en nadie. Vytalian tiene peor cara que ayer, si eso era posible. Kara no parece descansada. Tampoco rota. Más bien recompuesta a la fuerza, como un cristal pegado deprisa y mal antes de volver a ponerlo en su sitio. Se sientan alrededor de la mesa, pero Semyon se queda de pie. También es el primero en hablar.


Hace una pausa corta. Lo justo para que el nombre se asiente.


Se aclara la garganta y mira a Kara. La rusa baja la vista un segundo. Luego se obliga a hablar con voz firme.


No añade más de lo necesario. Tampoco parece querer hacerlo. Semyon retoma la palabra con la misma tranquilidad dura de siempre.


La frase queda flotando en la cocina, seca, pesada, sin margen para adornos. Semyon entrelaza las manos sobre la mesa y os mira uno por uno.

#65
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Maurick - 21 de Mar 2026, 09:41:15
El hacha cambia de manos, pero la sangre sigue ahí. Y nadie parece tener muchas ganas de añadir una sola palabra más a lo que acaba de ocurrir. Pero Esteban sí.

Sigue en el suelo, con las piernas destrozadas, pálido, bañado en sudor y rabia. Tiene la respiración hecha jirones, pero aún le queda orgullo suficiente como para mirar a Mark con un odio que ya no se molesta en disimular. Luego escupe al suelo, cerca de sus botas, como si eso todavía significara algo.

Cita de: Mark en 20 de Mar 2026, 16:36:12-Y tú... -digo con cierto tono de desprecio- tu castigo será vivir... vivir con los crímenes que has cometido a tus espaldas... vivir con el recuerdo de esta noche... tu castigo será vivir para recordar por los que ya no pueden hacerlo...


No hay respuesta inmediata. Terrence sonríe. No porque le haga gracia, porque ya ha decidido que toda esta pantomima ha terminado.


Te lo dice sin teatralidad, casi limpio, como si no hiciera falta adornar más el momento. Luego se vuelve hacia los operativos de la Justicia Metálica y hace un gesto corto con la mano. Los punteros láser desaparecen del cuerpo de Apolo al mismo tiempo, como si alguien hubiese apagado una constelación. Terrence ni siquiera se molesta en mirar demasiado al calvo.


Una pausa.


Apolo no responde. No tiene margen para hacerlo. Solo asiente una vez, con la cara dura y el cuello marcado por la tensión, y se agacha a cumplir con una obediencia que le cuesta más de lo que está dispuesto a mostrar. Semyon y Vytalian se quedan mirándose unos segundos. No es un duelo, no exactamente. Es otra cosa. Una evaluación muda entre dos tipos que no se gustan, pero se reconocen el oficio. Semyon es el primero en romperla.

Cita de: Mark en 20 de Mar 2026, 16:36:12-Nuestro trabajo... nuestro sufrimiento... -digo al pasar junto a Kara, tocándola el hombro, hablándola casi en un susurro- han valido la pena... no lo olvides...


El ruso de la Ráfaga de Plata no se inmuta demasiado. Apenas un asentimiento corto, seco, como si aceptar un elogio fuese algo que todavía le incomoda un poco más que una puñalada. Semyon vuelve entonces la vista hacia Kara.


Kara traga saliva. La frase le llega, pero no la alivia; nada la está aliviando esta noche. Semyon pasa la mirada de Mark a Terrence y termina de cerrar el asunto.


La palabra nosotros basta para dejar claro quién entra y quién no. Kara tarda medio segundo en reaccionar. Antes de moverse, te dedica una mirada breve, descolocada, casi de cachorra perdida, como si todavía no hubiera decidido del todo dónde termina lo que acaba de ocurrir y dónde empieza el siguiente problema. Luego se gira y sigue a Semyon con Vytalian. Y así, poco a poco, el lugar se va vaciando.

Los operativos vuelven a su disciplina muda. Apolo arrastra a Esteban, que no tarda en recolocarse y en regenerar sus heridas pasando temporalmente a Glabro. Lo hace incómodo, como si cambiar de forma en este contexto fuese otra señal de debilidad. El cadáver de Fernanda deja de ser símbolo para volver a ser peso muerto. Cuando por fin se han ido todos, te das cuenta de que te has quedado a solas con Terrence. Bueno, los soldados que vigilan la zona parecen más atrezzo que otra cosa.

Tu padre se sacude las manos, se limpia algo de polvo de la chaqueta y deja escapar una respiración tranquila, como si acabara de resolver una reunión especialmente pesada y no una ejecución seguida de un ajuste de cuentas diplomático.


Ahora sí te mira.


No suena a discurso, suena a doctrina. Terrence se acerca un poco, lo justo para que ya no quede nada de escenario en medio.


Te sostiene la mirada unos segundos más.


Una pequeña pausa.


No hace falta que añada mucho más. Ya has visto suficiente esta noche como para entender que, cuando Terrence pone un nombre así sobre la mesa, lo que viene no será una visita ni una negociación amable. Será otra cosa, que ya no tendrá nada que ver con el Dobra.

🏅 Mark obtienes 2 Puntos de Honor temporal.
#66
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Lady Midnight - 20 de Mar 2026, 21:56:52
Frente a las últimas palabras de la lupus, el Uktena solo escucha. Entiende todo lo que dice, y considera que es cierto. Nada suena extraño, y todo encaja con las ideas que ya tenía. Sin embargo, sus palabras son como un plato vacío a la hora de comer y no satisfacen su hambre de respuestas. Muy a su pesar, sospecha que tendrá que encarar al líder del túmulo casi a ciegas.

Cuando se encuentra con Marcos, cambia su forma a la de homínido y lo saluda con un leve gesto de su mano. Presta atención a lo que le cuenta, y asiente con seriedad.


Su respuesta es concisa, pero no excesivamente seca. Son las palabras de alguien que sabe que algo acaba de comenzar y, sea lo que sea, debe hacerle frente. Se despide de Marcos con otro pequeño gesto de su mano, y vuelve a pasar a lupus para hacer el camino más rápido mientras maldice para sus adentros.


Intenta llegar a la casa de Tomás lo antes posible, esperando que sea la verdadera Ana Mercedes la que allí le espera.
#67
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Mark - 20 de Mar 2026, 16:36:12
Cita de: Maurick en 20 de Mar 2026, 12:23:40Semyon no parece ufano, ni satisfecho. Ni siquiera cruel, no de esa forma tan visible. Lo que hay en su cara es algo peor: preocupación. No por el consejo, no por el cadáver aún caliente de Ramona, ni por la sangre sobre la piedra del Peñasco Blanco. Por ti.


Te deja la frase en la nuca como una mano helada, y se aparta justo lo suficiente para devolverte al consejo. Porque el consejo, de algún modo obsceno, continúa, no con normalidad. Con disciplina.

Giro la cabeza lo justo para ver por el rabillo del ojo a Semyon y asiento en silencio. Sigo observando las ceremonias, deseando que todo esto llegue a su fin.

La mirada de Felipe no pasa desapercibida, pero no encontrará en mi un desafío, sino una comprensión de que nuestros caminos volverán a encontrarse tarde o temprano.

Sigo escuchando la intervención de Trovianni, Esteban y Terrence, solo torciendo el gesto cuando habla el Señor de las Sombras. Su muestra de autoridad me repugna sabiendo su papel en todo esto.

Cuando Trovianni menciona al Viento de Acero y observo la agitación general, me dirijo bajo a Vytalian.

-¿Quienes son esos? -le pregunto.

Cita de: Maurick en 20 de Mar 2026, 12:23:40Terry y Semyon no esperan a que termine el eco del nombre. Simplemente os buscan con la mirada: a ti, a Kara y a Vytalian. Y cuando se mueven, queda claro que no os están invitando a seguirles. Os están reclamando.

La ceremonia sigue detrás, todavía viva, todavía solemne, todavía sucia. Los muertos se enfrían. Los líderes se recolocan. Las alianzas se fingen eternas bajo la noche cántabra. Y vosotros tres abandonáis el círculo sabiendo que lo del Dobra no era el final de nada. Solo la forma más brutal de anunciar lo que viene después.

Sigo a nuestros líderes junto a mis compañeros, en silencio. En cierto modo, con alivio por concluir con esa farsa incómoda. Me enciendo un cigarro y calmo mis inquietudes con nicotina.

Suspiro al ver que se nos unen Esteban y sus perros de caza. Por supuesto, guardo en mi cabeza los pensamientos que afloran en mi mente. No es el momento y soy consciente de cual es mi lugar.

Cita de: Maurick en 20 de Mar 2026, 12:50:58El grupo se dirige hacia la caverna de Laro. Nadie habla durante el camino. Cuando llegáis, la entrada a la guarida ya no parece una herida abierta de la montaña: es un escenario militar.

Hay varios operativos de la Justicia Metálica vigilando el lugar. Desde donde estás puedes reconocer lo suficiente: Parentela... o al menos humanos a quienes se les ha corrido el Velo hasta un punto del que ya no se regresa fácil. Van equipados con armaduras de alta tecnología, cascos cerrados y rifles automáticos cargados con plata. No están aquí para investigar. Están aquí para cerrar algo. Terry avanza con total tranquilidad. Como si hubiera salido a fumar después de cenar. Se saca un puro del interior de la chaqueta. Luego otro. Se lo ofrece a Semyon. El ruso lo acepta sin mirarlo siquiera. Finalmente Terry saca un tercero y te lo tiende a ti.

Lanzo una mirada de soslayo a Kara cuando nos topamos con tal presencia militar. Inesperado, pero sigo sin pronunciar palabra. Mi ceño se frunce, pero aguardo a que sean otros los que tomen iniciativa alguna.

Tomo el puro que me ofrece mi padre, pero no me lo enciendo, lo mantengo en mi mano sin comprender cual es la celebración. Me lo guardo en el interior de mi chaqueta cuando Terrence comienza a hablar a Esteban.

Cuando mi padre dispara a Esteban, no puedo evitar alzar las cejas con asombro. Lanzo una mirada a Semyon y luego a los secuaces del malherido bastardo, echando mano a la culata de mi pistola que se sitúa bajo mi cazadora. Mi mano no llega a desenfundarla al ver los puntitos carmesís que iluminan a Fernanda y Apolo. Me mantengo quieto, tenso, con el cigarro en la boca, observando con los ojos entrecerrados la escena que se acontece ante nosotros.

Escucho a mi padre, observo su forma de conducir la situación, sus gestos, su tono. Doy una calada larga al cigarro, no puedo apartar la mirada del ya poco orgulloso Esteban. No puedo evitar sentir cierta satisfacción, no por su dolor, no por su sufrimiento, no por su humillación... sino porque finalmente, parece que va a hacerse justicia.

Vuelvo la mirada hacia Fernanda cuando esta parece darse cuenta de que su destino está ya sellado, que no saldrá airosa al igual que su amo de los crímenes que han cometido.

Cita de: Maurick en 20 de Mar 2026, 12:50:58Y entonces notas algo en el brazo. Es Kara. Te ha agarrado sin darse cuenta, o eso parece. Fuerte, en silencio. Y muy tensa. Esteban abre la boca una vez. No sale nada. La segunda vez sale suficiente.


Fernanda cierra los ojos. No protesta. No al principio. Terry chasquea la lengua. Se pone en pie y mira hacia vosotros un instante antes de volver al trío.


Miro de reojo a Kara, para volver de nuevo la mirada hacia Esteban. No aparto su mano, la dejo que se aferre si es lo que necesita.

Las palabras de Esteban se clavan en mi interior, volviendo mi mirada ceñuda hacia Fernanda. Conocía la información, podía hacerme una idea de cómo fue, pero escucharlo en voz alta de la boca de uno de los culpables, me resulta repulsivo. Algo se agita en mis entrañas.

Observo el resto de la escena expectante. La esperanza de que se impartiera justicia se había esfumado con la ceremonia ante el Peñasco Blanco, pero ahora esa esperanza volvía a resurgir como si de un géiser se tratara.

Cita de: Maurick en 20 de Mar 2026, 12:50:58Vytalian reacciona enseguida y la sujeta también. Entre los dos la obligan a arrodillarse. Fernanda apenas forcejea. Está demasiado dentro del pánico como para montar una defensa útil. Semyon se mueve entonces hacia vosotros. A ti te parece que todo lo hace con una exactitud casi ritual. De un manotazo aparta la mano de Kara de tu brazo. Y te deja el hacha.

Pesa. Muchísimo. Terry y Vytalian mantienen a Fernanda de rodillas. Ella ya no llora. Ahora solo respira mal. Terry te mira. Y cuando habla, ya no lo hace para convencer a nadie. Lo hace para dejar algo escrito en ti.


Nadie dice nada, todos esperan. Que agarres el hacha, que la levantes. Y que cumplas con tu obligación de verdugo.


Miro a los ojos a Semyon, tomo el hacha en mis manos y le asiento con la cabeza, en silencio. Compruebo lo pesada que es, un peso que va más allá de lo puramente material.

No respondo a Terrence, simplemente me giro hacia la arrodillada Fernanda. Sus lloros no me conmueven, no puede conmoverme alguien que ha utilizado a una inmadura niña para que fuese la heraldo de la perdición de su propio padre y de ella misma. No habrá piedad, no habrá compasión. Debe hacerse justicia.

-No llores... -digo a la mujer arrodillada, mi voz silenciada hasta ahora brota áspera, fría- tu muerte va a ser más honorable que la que ofreciste a Henar... a Laro... a todos a los que ayudaste a segar sus vidas... esta noche, se hace justicia... -el hacha baja a plomo al decir esto último, seccionando de un golpe seco la cabeza de Fernanda- mi promesa está cumplida... -digo susurrando, pensando en María Falguera.

No percibo las gotas de sangre arterial que han perlado mi rostro. Observo el cuerpo decapitado de la asesina en el suelo, sujeta aún por Terrence y Vytalian. Aguardo unos segundos y alzo de nuevo el arma de plata ensangrentada, señalando esta vez con la punta del arma al moribundo Esteban.

-Y tú... -digo con cierto tono de desprecio- tu castigo será vivir... vivir con los crímenes que has cometido a tus espaldas... vivir con el recuerdo de esta noche... tu castigo será vivir para recordar por los que ya no pueden hacerlo...

Me vuelvo y me dirijo a Semyon, a quien le devuelvo su fetiche con respeto, sin decir nada. Simplemente un nuevo asentimiento con la cabeza, una afirmación silenciosa de que la sentencia ha sido cumplida.

Continúo hacia fuera del círculo que se había formado, dando la espalda a Esteban y al cuerpo inerte de la asesina.

-Nuestro trabajo... nuestro sufrimiento... -digo al pasar junto a Kara, tocándola el hombro, hablándola casi en un susurro- han valido la pena... no lo olvides...

Prosigo y saco el puro que me dio mi padre. Me lo enciendo y exhalo su abundante humo mientras observo el cielo estrellado.

Cita de: Maurick en 20 de Mar 2026, 12:50:58¿Qué vas a hacer, Mark?

🟥 Aceptar el papel de verdugo: empuñar el hacha de plata y ejecutar a María Fernanda Robles aquí mismo, ante Terry, Semyon, Esteban y tus compañeros de manada.

Gastaré un punto de Fuerza de Voluntad para poder llevar a cabo la sentencia.
#68
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Maurick - 20 de Mar 2026, 12:50:58
No estáis solos.

Con ellos van Esteban de Haro y sus dos perros más visibles: Apolo, el calvo que ya viste en el entierro, y María Fernanda Robles. Ella. La mujer de coleta alta, ojos cansados y sonrisa de mentira. La artífice de la explosión del Dobra. La que se acercó a Henar. La que puso el cebo, midió la distancia y cerró la trampa.

El grupo se dirige hacia la caverna de Laro. Nadie habla durante el camino. Cuando llegáis, la entrada a la guarida ya no parece una herida abierta de la montaña: es un escenario militar.

Hay varios operativos de la Justicia Metálica vigilando el lugar. Desde donde estás puedes reconocer lo suficiente: Parentela... o al menos humanos a quienes se les ha corrido el Velo hasta un punto del que ya no se regresa fácil. Van equipados con armaduras de alta tecnología, cascos cerrados y rifles automáticos cargados con plata. No están aquí para investigar. Están aquí para cerrar algo. Terry avanza con total tranquilidad. Como si hubiera salido a fumar después de cenar. Se saca un puro del interior de la chaqueta. Luego otro. Se lo ofrece a Semyon. El ruso lo acepta sin mirarlo siquiera. Finalmente Terry saca un tercero y te lo tiende a ti.


No insiste más de la cuenta. Lo cojas o no, el gesto ya ha cumplido su función: hacerte partícipe de la escena antes de que empiece de verdad. Terry se enciende el suyo. Aspira. Exhala una bocanada lenta. Y se vuelve hacia Esteban.


Todo ocurre muy rápido. Terry saca una pistola con silenciador y le mete dos tiros en las piernas a Esteban. Dos. Secos. Ni siquiera parece que apunte demasiado. Esteban no tiene tiempo a reaccionar. Las rodillas se le vencen, el cuerpo gira mal y cae al suelo con un jadeo roto, más de sorpresa que de dolor al principio. Fernanda y Apolo dan medio paso, tensándose, pero se congelan al instante. Docenas de puntitos rojos se encienden sobre sus pechos, gargantas y frente: los operativos de la Justicia Metálica ya les están apuntando. Esteban tarda un segundo en registrar lo que ha pasado. Luego llega el dolor de verdad.


Terry ni pestañea.


Esteban intenta recomponerse. El orgullo le dura menos que el dolor.


Terry se agacha a su lado. Y entonces lo ves: no al político, no al embajador. No al padre que te ofrece puros o media sonrisa antes de pedirte que aprendas. A ese otro, al tipo que da miedo. Al que tiene algo pesado y antiguo en la forma de quedarse quieto. Algo que vuelve la escena más fría, como si la montaña misma hubiera dejado de respirar.


Esteban lo mira con un terror cada vez menos disimulado. Tiene la cara torcida por el dolor y, aún así, lo que más impresiona no es la sangre en sus pantalones. Es lo cerca que está de llorar. Terry sigue hablando como si todavía le estuviera haciendo un favor.


Silencio. Un silencio de los que empiezan a doler por dentro. Semyon observa impasible. Hasta dirías que está disfrutando.  Apolo no se mueve, pero se le marcan todas las venas del cuello. Fernanda está empezando a llorar, sin aspavientos, con lágrimas de esas que salen solas y empeoran la cara de quien intenta seguir siendo útil.

Y entonces notas algo en el brazo. Es Kara. Te ha agarrado sin darse cuenta, o eso parece. Fuerte, en silencio. Y muy tensa. Esteban abre la boca una vez. No sale nada. La segunda vez sale suficiente.


Fernanda cierra los ojos. No protesta. No al principio. Terry chasquea la lengua. Se pone en pie y mira hacia vosotros un instante antes de volver al trío.


Hace un gesto a Semyon. El ruso activa el fetiche que lleva en el antebrazo y de él nace una hacha enorme de plata, preciosa y obscena a la vez, con rebordes trabajados, runas talladas y un brillo limpio que no debería existir en un arma hecha para separar cabezas del resto del mundo. Terry aparta a Esteban de una patada seca y se acerca a Fernanda.


La agarra del brazo.

Vytalian reacciona enseguida y la sujeta también. Entre los dos la obligan a arrodillarse. Fernanda apenas forcejea. Está demasiado dentro del pánico como para montar una defensa útil. Semyon se mueve entonces hacia vosotros. A ti te parece que todo lo hace con una exactitud casi ritual. De un manotazo aparta la mano de Kara de tu brazo. Y te deja el hacha.

Pesa. Muchísimo. Terry y Vytalian mantienen a Fernanda de rodillas. Ella ya no llora. Ahora solo respira mal. Terry te mira. Y cuando habla, ya no lo hace para convencer a nadie. Lo hace para dejar algo escrito en ti.


Nadie dice nada, todos esperan. Que agarres el hacha, que la levantes. Y que cumplas con tu obligación de verdugo.

¿Qué vas a hacer, Mark?

🟦 Negarte y pedir otra vía: sujetar el hacha, pero no alzarla. Exigir que Fernanda hable, que revele todo lo que sabe del Trono, de la bomba y de sus órdenes antes de que nadie la ejecute. 
🟨 Tensar la cuerda con Terry: mirar a tu padre y preguntarle, delante de todos, si esto es justicia para Laro... o una advertencia política para Madrid. 
🟥 Aceptar el papel de verdugo: empuñar el hacha de plata y ejecutar a María Fernanda Robles aquí mismo, ante Terry, Semyon, Esteban y tus compañeros de manada.
#69
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Maurick - 20 de Mar 2026, 12:23:40
Cita de: Mark en 17 de Mar 2026, 18:41:03-¿Acaso serviría de algo hacer lo contrario? -digo sin darme la vuelta, con tono áspero y cortante- puedes dejar de apretar tu culo eslavo, relajarte y disfrutar de vuestra tragedia griega de la mano de Fernanda.

Semyon no parece ufano, ni satisfecho. Ni siquiera cruel, no de esa forma tan visible. Lo que hay en su cara es algo peor: preocupación. No por el consejo, no por el cadáver aún caliente de Ramona, ni por la sangre sobre la piedra del Peñasco Blanco. Por ti.


Te deja la frase en la nuca como una mano helada, y se aparta justo lo suficiente para devolverte al consejo. Porque el consejo, de algún modo obsceno, continúa, no con normalidad. Con disciplina.

Los Zarpas de Teluria se mueven primero. Faustino y Marcelino se encargan de los cuerpos. No hay llanto. No hay gesto solemne. Solo trabajo feo hecho por gente acostumbrada a que el dolor no interrumpa el protocolo. Felipe, aún con el klaive en la mano, os lanza una mirada a Kara y a ti que no necesita palabras. No es rabia descontrolada, es peor. Es una cuenta abierta. Pero mantiene la compostura, la mandíbula apretada, el lomo recto, y vuelve a ocupar su sitio sin montar la escena que todos saben que podría montar. La sangre sigue fresca sobre la piedra.

Trovianni no tarda demasiado en recuperar el centro del claro. No mira el cadáver de Ramona. No lo esquiva tampoco. Simplemente decide que ya ha dejado de ser el centro de la noche.


Una pausa breve.


Nadie protesta; no porque todos estén de acuerdo. Sino porque ya nadie quiere ser el siguiente ruido en mitad de esta noche. La ceremonia prosigue con ese mismo ritmo podrido. Se nombran manadas. Se reafirman lealtades. Se recitan cargos y responsabilidades como si la montaña tuviese hambre de burocracia y sangre a partes iguales. Van saliendo nombres de líderes viejos, jefes de manada, guardianes del túmulo, hombres y mujeres que esta mañana tenían una posición y ahora están comprobando si esa posición sigue existiendo después del Dobra. El Trono de Cibeles toma entonces la palabra para lo que de verdad ha venido a hacer: no llorar a los muertos, sino redistribuir fuerza.


Terry no tarda en rematarlo, como si no quisiera que los madrileños acaparen demasiado aire.


Eso levanta murmullos. No muchos. Los justos para que quede claro que todos entienden lo mismo: el Peñasco Blanco acaba de sobrevivir a una tragedia... entregando parte de su soberanía a quienes han venido a «ayudar». Las representantes changeling no participan en nada de eso. Nashira, Darsyne y la mujer de piel verde y pelo de hojas asisten vestidas de negro, hermosas y ajenas, como si alguien hubiese obligado al Ensueño a sentarse a presenciar una reunión de carniceros. Guardan silencio casi toda la ceremonia: no se les pide consejo. No se les pide opinión. Solo, llegado el momento, aceptación.

Trovianni se vuelve hacia ellas.


Nashira no tarda en responder. Su voz parece venir de un lugar donde todavía existe el decoro.


La mujer de hojas inclina apenas la cabeza. Darsyne sonríe de una forma tan pequeña que casi parece un reflejo de luna en agua sucia. No dicen más. No necesitan hacerlo. Y es verdad, piensas, que Trovianni ha sabido manejar el lugar. No porque haya purificado nada. No porque haya hecho justicia. Sino porque ha entendido la única tarea posible esta noche: que el túmulo no se derrumbe por dentro delante de testigos. Pero la noche aún no ha terminado de escupir sus anuncios. Trovianni vuelve a elevar la voz una última vez.


No hace falta que diga el nombre enseguida. Ya se intuye.


Eso sí que agita el fondo de la escena. No como lo de Ramona, no a cuchillo limpio. Sino como un temblor más hondo. Porque una cosa es cerrar una traición. Y otra muy distinta es anunciar la guerra con el futuro.

Terry y Semyon no esperan a que termine el eco del nombre. Simplemente os buscan con la mirada: a ti, a Kara y a Vytalian. Y cuando se mueven, queda claro que no os están invitando a seguirles. Os están reclamando.

La ceremonia sigue detrás, todavía viva, todavía solemne, todavía sucia. Los muertos se enfrían. Los líderes se recolocan. Las alianzas se fingen eternas bajo la noche cántabra. Y vosotros tres abandonáis el círculo sabiendo que lo del Dobra no era el final de nada. Solo la forma más brutal de anunciar lo que viene después.
#70
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Maurick - 20 de Mar 2026, 12:00:56
La presencia de Llanto del Arroyo se disuelve entre los árboles con esa naturalidad inquietante de los depredadores viejos: no parece que se haya marchado, sino que el bosque la ha reclamado de vuelta. Te quedas solo unos segundos más, con el olor fresco de la sangre pequeña aún flotando en el aire y las palabras de la lupus asentándose despacio, como barro en el fondo de un estanque removido. Luego echas a andar.

Cita de: Lady Midnight en 14 de Mar 2026, 17:02:27Cuando la pierde de vista, se dirige despacio hacia el lugar del vienen los golpes. Si Marcos realmente necesita ayuda, le echa una mano con la tarea. Si no, se dirigirá a la Umbra... a entrevistarse con el Lirio Apacible.

Dejas atrás la linde, el conejo destripado, el claro donde el aire parecía más fino de lo normal, y tomas el sendero de vuelta hacia la zona donde resonaban los golpes de madera. No vas rápido, pero tampoco dudas. A mitad de camino, algo llama tu atención: una ardilla. Está inmóvil sobre una piedra baja, con el cuerpo tenso y la cola erguida, mirándote fijamente. No parece asustada. Sólo... atenta. Te observa un instante más de lo que sería natural, como si estuviera decidiendo si reconocerte o huir de ti, y al final trepa por el tronco de un roble con una agilidad nerviosa hasta desaparecer entre las ramas altas.

Más adelante, el batir rápido de unas alas rompe el silencio entre dos árboles frutales medio salvajes. Puedes ver un par de jilgueros descendiendo al suelo, picoteando algo invisible entre la tierra y las hojas secas. Entonces levantan la cabeza al unísono. También te miran fijamente. Pequeños, ligeros, absurdamente vivos. Un segundo después revolotean en círculos cortos, nerviosos, y se alejan hacia el vallado en construcción. Cuando llegas al límite oriental del terreno, encuentras por fin a Marcos García de Visarón.

El Hijo de Gaia está de pie junto a una valla a medio rehacer, con varias tablas nuevas apoyadas en el suelo, un mazo clavado boca abajo en la hierba y los pantalones llenos de tierra seca a la altura de las rodillas. Ha retirado parte de la vieja empalizada y está preparando una nueva línea de postes que separe con más claridad la zona domesticada del túmulo de una franja de terreno donde la maleza crece ya sin disculparse ante nadie. En cuanto te ve aparecer, alza una mano con una sonrisa abierta, de esas que no se piensan demasiado.


Se limpia el dorso de la muñeca contra la frente, dejando una mancha de polvo y sudor.


Su tono sigue siendo ligero, pero ya no tanto.


Marcos ladea un poco la cabeza, esperando tu reacción.


Y entonces llega. Lo notas. No es una idea, ni una visión. Tampoco es una certeza, pero es una punzada seca y profunda en la nuca. Un peso repentino bajo la piel. Esa caída interior, mínima pero brutal, que no siempre anuncia peligro... pero casi siempre anuncia que algo ya se ha movido. Una sensación de desasosiego te trepa por la espalda.

¿Qué vas a hacer, Bruma Nocturna? ¿Harás caso de lo que te ha dicho Marcos, o vas a ir al núcleo umbral del túmulo?