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Mark / Re:Episodio 1 — Dobra
Último mensaje por Maurick - 06 de Feb 2026, 01:28:27
La torre no responde al instante. No hay aplauso, ni aceptación, ni ese teatrillo de pacto que los cuentos le ponen a las brujas para que los humanos se sientan importantes. Lo que hay es un silencio que pesa, como si la piedra se hubiera quedado escuchando el latido de tu decisión... y evaluara si merece existir.

Y entonces, sin pasos, sin roce de tela, sin sombra previa, Nashira aparece; pero no frente a ti. A tu lado, demasiado cerca, como si hubiera estado ahí desde el principio y tú hubieras sido el que acababa de «llegar».

Sus manos se posan sobre tu pecho con una seguridad casi íntima. No te empuja, no te sujeta; simplemente te encuentra. Los dedos, largos, finos, presionan justo donde el corazón golpea con tozudez, donde el cuerpo insiste en vivir aunque todo alrededor parezca un sueño.

Cita de: Mark en 30 de Ene 2026, 16:15:06-Si ese artefacto me ayudará a cumplir con mi objetivo, a impartir justicia en mi pueblo, que así sea.


Sus ojos se encienden. No es luz de vela ni brillo espiritual como el que has visto en vuestros chamanes o teúrgos. Es un resplandor verde y azulado, un color que no pertenece a ningún amanecer ni a ninguna pantalla. La torre lo refleja en el cuenco central, en las vetas de la piedra, en tus uñas, como si durante un segundo todo el Ensueño quisiera mirarte por dentro.

Sientes el primer tirón, que no duele. Duele menos que una herida, más que una decisión. Es como cuando te despiertas de un sueño muy largo y durante un segundo no recuerdas quién eras antes de dormir: un hueco perfecto, bien delineado, donde algo encajaba. Tu energía espiritual empieza a salir como vapor por una grieta invisible.

La notas, porque siempre la has notado, aunque nunca la hayas nombrado así: esa parte de ti que escucha a Gaia incluso en el ruido, esa intuición que huele a lluvia antes de que llueva, ese cosquilleo en el pecho cuando la Umbra no es amenaza sino hogar. Ahora se derrama, empujada hacia fuera, en forma de hilo tenue, de filamento de plata sucia... y Nashira lo bebe, sin ansia, como si fuese algo habitual; como quien se alimenta de una fruta que conoce desde hace siglos.

La torre se estrecha. Las costillas te crujen por dentro, no físicamente, sino como una sensación de claustrofobia espiritual: un recordatorio de que aquí, en este lugar, tú no eres el juez. Eres el invitado y el precio. Nashira inclina la cabeza apenas, como si escuchara el último goteo de tu alma contra el cuenco invisible que sostiene. Cuando el flujo cesa, lo que queda es una calma extraña... una calma que no te pertenece.


La sonrisa no es amable ni cruel. Es el gesto de alguien que ha conseguido exactamente lo que quería... aunque tú aún no sepas qué era. Entre sus manos aparece algo: no lo «saca» de ningún sitio. No lo «conjura». Simplemente, el aire decide obedecerle.

Una esfera opaca, del tamaño de una naranja grande, con una superficie que no refleja el brillo del cuenco ni la oscuridad de la torre. La miras y, por un segundo, tienes la sensación de que el objeto te mira a ti con más paciencia de la que tú tendrás nunca. Observas que tiene varias vetas talladas en su superficie, con detalles y grabados similares a letras griegas o geométricas.


Te la ofrece con un gesto lento, casi ceremonial, pero sin solemnidad.


La esfera pesa más de lo que debería. No por masa, sino por significado: como si sostenerla implicara aceptar que el pasado no está enterrado, solo está... esperando a que alguien lo desentierren con las manos sucias. Nashira se aparta un paso. Otro. Su figura parece desdibujarse, como tinta diluida en agua.


El aire cambia. Una niebla densa, súbita, te muerde los tobillos y sube. No es humedad; es desorientación. Entra por los ojos, por la lengua, por los poros. La torre desaparece alrededor de ti, y durante un instante te preguntas si has sido tú el que ha pagado... o si ha sido el mundo el que ha cobrado.

Hay un golpe de vacío: un latido demasiado lento. Y luego... metal bajo la mano, olor a gasolina vieja, frío nocturno. Estás fuera. El coche sigue donde lo dejaste. La carretera está negra, la humedad del desfiladero se pega a la piel como una segunda camisa. Las luces lejanas de algún pueblo parpadean como si se burlaran de ti por haber creído que el tiempo era algo que se respetaba.

Miras el reloj del salpicadero. 22:45. O un poco más. La cifra tiembla, como si incluso el aparato dudara de sí mismo. Te cuesta tragar. Te cuesta ubicar el cuerpo. La sensación es clara: te falta algo. No un recuerdo. No un músculo. Una parte de tu «escucha».

Y entonces el móvil. Lo dejaste en el coche porque no podía cruzar. Porque había cosas que, supuestamente, se quedaban de este lado. La pantalla está viva. Vibraciones. Llamadas perdidas. Mensajes encadenados.

Vytalian. Kara. Repetidos. Urgentes.

Abres el último sin respirar, como si al hacerlo fueses a aceptar que el mundo no te esperó ni un minuto.

Kara: «¡Mark! Micky ha escapado. Vytalian tiene algo.»

El silencio del desfiladero se vuelve de golpe más estrecho que la torre. Y el Ojo del Ayer pesa, en tu mano, como una promesa que ya no puedes permitirte guardar para mañana.
#72
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Maurick - 05 de Feb 2026, 22:43:12
El tiempo en el Estanque del Lirio Apacible es agradable. Es algo que necesitabas, sin duda, aunque tu estancia aquí vaya a ser temporal. Te sirve para reconectar con quién eres...

📅 5 de septiembre de 2005

Cita de: Bruma Nocturna en 27 de Ene 2026, 23:38:19

Pau no responde de inmediato. No hay reproche en su gesto, pero tampoco sonrisa. Apoya el peso del cuerpo en una pierna, se toma su tiempo, y cuando habla lo hace sin alzar la voz, como si estuviera aclarando algo que para él es obvio.


No hay dureza, pero sí firmeza. Pau no está reclamando explicaciones por impaciencia, ni por desconfianza inmediata. Es otra cosa: una grieta que no se permite ignorar.


Te mira de frente, sin desafío, sin juicio.


No añade nada más. Da por dicho lo necesario y vuelve al trabajo, dejándote con esa frase suspendida en el aire, sin exigir respuesta inmediata, pero tampoco permitiendo que se diluya.



📅 8 de septiembre de 2005

Edurne, en cambio, no maneja tan bien el silencio. Cuando le preguntas, cuando intentas reconducirla hacia el sentido del rito, frunce el ceño. No es hostilidad abierta, pero sí una incomodidad clara, casi defensiva. Ajusta la cesta entre las manos, aparta la mirada un instante.

Cita de: Bruma Nocturna en 27 de Ene 2026, 23:38:19


La frase sale sin veneno, pero tampoco con cuidado. Es honesta. Demasiado.


Respira hondo antes de continuar, como si se obligara a no cerrarse del todo.


No hay desafío en sus palabras, pero sí un límite. Uno torpe, mal colocado quizá, pero sincero. Recoge la cesta, te dedica una inclinación rápida de cabeza y se marcha. No enfadada. Pero sí herida en algo que todavía no sabe nombrar.



📅 10 de septiembre de 2005

La noche cae sin ceremonia. Cuando regresas a la guarida y ves a las dos figuras aguardando, algo no encaja. No es el lugar, es la quietud. El aire cambia antes de que puedas reaccionar.

Cita de: Bruma Nocturna en 27 de Ene 2026, 23:38:19Al finalizar la noche, efectivamente, se dirige a su guarida. Al encontrarse a las dos mujeres se sorprende ligeramente, y se dirige a ellas.

Las siluetas se deshacen como humo mal sostenido. La Umbra se pliega un palmo más cerca de la piel. Birdman aparece a tu espalda sin hacer ruido.


Su voz no viene de un punto concreto. Te atraviesa. A su lado, las dos figuras que confundiste en las sombras, recuperan su forma: son una mujer pelirroja, con una larga melena rizada y unos ojos verdes penetrantes, y un niño pequeño, de unos seis o siete años, vestido con un poncho mejicano y la mirada perdida. Observan en silencio, detrás de Birdman.


Sientes el peso de sus meras existencias. Estos seres están extremadamente cargados de poder espiritual. No te llegan a abrumar, pero la sensación es similar a cuando conociste a Perséfone... la Estigma Luxuria.


Un paso más cerca. No te toca.


Una nube negra y oscura comienza a rodear la cabaña. Las figuras ya no están, se desvanecen en el aire. Antes de quedarte a solas, vuelves a escuchar su voz.




La presión desaparece de golpe: la guarida vuelve a ser la guarida. El aire, aire. El silencio, silencio. Pero sabes, con una certeza incómoda, que no ha sido una amenaza, ha sido un recordatorio. Sin embargo, te llama la atención una cosa: el sol se está colando por las ventanas de la cabaña. ¿Se ha hecho de día? Antes de que puedas reaccionar, Ana Mercedes irrumpe en la cabaña de golpe, muy asustada.


La chica te insta a seguirla. Lo notas en el ambiente, un hedor putrefacto pero muy sutil. Estuviste en la colonia corrupta de Bilbao, cuando investigásteis la red de los Danzantes de la Espiral Negra. La sensación es la misma. Todos os esperan: el agujero que viste en la Umbra hace unos días se ha materializado en la realidad. Pau te observa con preocupación...

¿Qué vas a hacer, Bruma Nocturna?
#73
Cera & Sangre / Re:Episodio 1 — Creta
Último mensaje por Maurick - 04 de Feb 2026, 00:53:34
El Almacén Asterion no parece vigilado, eso es lo primero que no encaja. La nave se alza como un bloque muerto de hormigón y chapa ondulada, con los ventanales altos cubiertos de polvo y salitre. El símbolo del toro, desconchado y oxidado, observa el puerto como un vestigio de otra época: transporte, carne, peso.

Tras asegurarse de que no hay nada que ponga en peligro su exploración, y confirmar que alrededor del almacén hay el suficiente bullicio como para que dos chavales pasen desapercibidos, decide poner un pie dentro del monolítico edificio.

Iota lo nota nada más cruzar el perímetro invisible que rodea el edificio: no hay firma espiritual clara. No hay rastro activo de entidades. Pero el lugar ha sido usado recientemente, y con intensidad.

El aire tiene un olor metálico, frío, como de cámaras frigoríficas apagadas hace poco. Gasóleo viejo y plástico quemado. Y algo más difícil de definir: una sensación de tránsito forzado, de cuerpos que han entrado y salido sin querer quedarse. El rastro de Stavros se diluye aquí, fragmentado, como si hubiese sido arrastrado hacia dentro... y luego interrumpido de forma brusca.

Las puertas correderas del almacén están cerradas, pero no selladas. Una de ellas tiene marcas recientes de golpes desde el interior. No intentos de huida: algo pesado fue movido a la fuerza.

Dentro, el espacio es amplio, casi catedralicio. Filas de estanterías metálicas vacías. Palés rotos. Un par de contenedores frigoríficos abiertos, con el interior cubierto de escarcha derretida y manchas oscuras en el suelo. No sangre fresca: restos antiguos, lavados mal. El suelo resbala ligeramente bajo las botas.

En una esquina hay una mesa improvisada: guantes de látex usados, bolsas térmicas rasgadas, jeringuillas dobladas. No es un laboratorio, pero alguien trabajó aquí, deprisa y sin cuidado. Probando cosas.

Y entonces, antes de que Ni diga nada, Iota lo percibe fuera. A través de una rendija lateral, ve la furgoneta blanca. La misma de antes.

No se han ido. Están aparcados en una esquina estratégica, desde donde pueden ver la entrada principal y parte del lateral del almacén. Tres chavales, demasiado jóvenes para este juego. No hablan. Fuman. El humo que exhalan no es gris ni blanco: es oscuro, espeso, casi aceitoso, y se disipa lento, como si costara abandonar el aire. Uno de ellos se ríe sin hacer ruido. Otro se frota el cuello. El tercero os mira... y aparta la vista en cuanto cree que le habéis visto.

No parecen guardias, parecen esperar. Iota da un paso más dentro del almacén... y algo roza su pierna: dos ratas, grandes como un chihuahua. Y confiadas.

Han estado olisqueando su ropa, metiendo el hocico en los pliegues del abrigo, como si buscaran un rastro concreto. En cuanto Iota baja la mirada, chillan y salen corriendo, perdiéndose entre las sombras del fondo con una rapidez antinatural.

El almacén vuelve a quedarse en silencio. ¿Qué vas a hacer, Iota?

🟦 Analizar el Almacén Asterion a fondo: centrarte en reconstruir qué se hacía aquí y cuándo, examinando los restos, los contenedores frigoríficos y el material abandonado para entender la función real del almacén y qué ocurrió con Stavros. Ganarás contexto sólido y pistas a largo plazo, pero el tiempo juega en tu contra mientras los chavales siguen ahí fuera.

🟨 Interactuar con los chavales de la furgoneta: salir del almacén y acercarte a ellos con cuidado, buscando sonsacar información sobre el almacén o a quién están esperando, sin revelar quién eres ni por qué estás aquí. Puede darte una conexión humana directa con la red local... o hacer que el barrio empiece a fijarse en ti.

🟥 Seguir el rastro que no es espiritual: ignorar a los chavales por ahora y adentrarte más en el almacén, siguiendo las marcas de arrastre y el rastro físico interrumpido de Stavros para descubrir qué fue movido a la fuerza y qué hay en las zonas más profundas y oscuras del edificio. Es rápido, directo y peligroso: si algo sigue aquí dentro, no tendrás margen de error.
#74
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Maurick - 03 de Feb 2026, 23:23:58
Jonah se queda quieto. No replica al instante, pero puedes ver que sonríe, quizás de complicidad, quizás porque sí le ha hecho gracia lo que has dicho. Durante un segundo largo, incómodo, solo mira el agua del canal como si esperara que le devolviera algo.


Se pasa la lengua por los dientes, pensativo. Cuando vuelve a mirarte, ya no hay burla. Tampoco respeto.


Da una patada suave a una piedra del muelle, que rebota y cae al agua sin hacer ruido.


Alza la vista hacia vosotras dos, cansado de verdad.


Se gira medio cuerpo, como si fuera a marcharse... pero se detiene.


Una última mirada, ladeada. Se enciende un pitillo. Expulsa el humo por la nariz.


Mira hacia abajo y emite una risa corta, irónica.


Da unos pasos alejándose por la pasarela. Himitsu se queda en silencio, mirando al suelo. Lo último que le ha dicho este tipo le ha molestado.


Se queda de espaldas. Se termina el cigarro.


El muelle cruje. Himitsu se ha quedado sin palabras...
#75
Mark / Re:Episodio 1 — Dobra
Último mensaje por Mark - 30 de Ene 2026, 16:15:06
Cita de: Maurick en 26 de Ene 2026, 23:47:56

Frunzo el ceño mientras la escucho. Encajé mal las piezas del puzle. Laro y su séquito no fue como un conquistador, sino como un libertador. Me queda mucho por aprender de este lugar y de esta gente.

Cita de: Maurick en 26 de Ene 2026, 23:47:56

¿Tres fuerzas?¿Se refiere al Peñasco Blanco, Trono de Cibeles y Justicia Metálica?¿O acaso a algo más?

-Mi pueblo hace tiempo que ha olvidado que tenemos un enemigo común, que nuestra gente sangra por intereses mezquinos y egoístas en lugar de cumplir el objetivo para el que fuimos creados -miro a mi alrededor sin esperar encontrar a nadie- no soy más que una pieza en una guerra eterna que nos desgasta día tras día, pero... ¿acaso debo seguir la dirección del cauce simplemente porque así lo designa el río en el que nos zambullimos?

Camino despacio entorno al cuenco central.

-Hasta un peón puede llegar a ser una dama si consigue llegar al otro lado... hasta el ser más humilde de Gaia puede marcar la diferencia a través de sus acciones -alzo la mirada hacia el techo de la torre- es hora de que los peones de este juego se unan y dirijan a nuestro pueblo a cumplir con el destino de nuestra raza ¿No crees, dama del Ensueño?

Cita de: Maurick en 26 de Ene 2026, 23:47:56
La torre se te hace estrecha otra vez, como si te apretara las costillas por dentro.


La presión desaparece de golpe, dejándote con el silencio y el cuenco vacío, como si la torre hubiera terminado de hablar y ahora te tocara a ti decidir si la «claridad» que pedías era valentía... o solo un modo elegante de pedir permiso. Nashira aguarda por tu respuesta.
Debes decidir si perder 1 Punto permanente de Gnosis a cambio del artefacto que te ha descrito Nashira.

-Si ese artefacto me ayudará a cumplir con mi objetivo, a impartir justicia en mi pueblo, que así sea.
#76
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Lady Midnight - 27 de Ene 2026, 23:38:19
Bruma sigue a Pau tras su señal, en silencio, hasta que se excusa. Sin añadir más que respuestas cordiales, acompaña a Ana Mercedes hasta el coche.

Cita de: Maurick en 26 de Ene 2026, 21:56:29


Intenta calmar a la Ícaro con una oferta sincera, y regresa con Ana Mercedes cuando Iruz arranca el coche.

Cita de: Maurick en 26 de Ene 2026, 21:56:29

Bruma duda un momento, pero sonríe ligeramente y responde con naturalidad.


Frente a la oferta de Pau de quedarse en la casa del anterior líder, el Uktena duda. Comunica que de ninguna manera querría ocupar, mucho menos usurpar, el hogar de alguien respetado en el túmulo. Si la casa está en desuso por ausencia de necesidad, la usará; si está vacía como señal de respeto, dormirá al raso en las inmediaciones. Aunque echa de menos cazar algo para la primera comida del día, se guarda su opinión y se integra en las rutinas del túmulo. Está atento a quién empieza qué tareas, y se suma a las que considera más necesarias o a las que cree que puede aportar mayor utilidad.

### Días 1-2:

Participa de las actividades con la misma actitud. Realmente, no le sorprende ni molesta ese tipo de trabajo. De donde viene no hay máquinas, y tampoco está bien abusar de los espíritus en tareas para las que no son necesarios. Aunque al principio tiene la sensación de que podría estar intentando hacer "algo más importante", pronto recuerda lo importantes que eran esas tareas en el día a día de la Noche Fría. Y cuánto lo echaba de menos.

Cita de: Maurick en 26 de Ene 2026, 21:56:29

Una vez más, el joven sonríe.


Continúa trabajando, sin que la breve conversación haya perturbado su ánimo en absoluto. En la visita a Iruz, a la que accede de buen grado, le lleva un pequeño ramillete de flores para colocar en un vasito con agua si es que le apetece. "Las más frescas del día, intentaré volver a verte antes de que se marchiten del todo", le dice. Le propone salir a comer, ofrece a Ana Mercedes asistir si le apetece y comenta las tareas del túmulo del modo más rutinario posible (con alguna anécdota con algún animalillo, quizá) mientras le pregunta a la adolescente qué ha estado haciendo mientras.

### Días 3-4:

Cuando le presentan a Marcos, escucha sus indicaciones y le da las gracias por hacer las cosas tan claras y fáciles. Le ofrece ayudar en lo que necesite, y continúa con las tareas que esté en ese momento. Cuando cruza miradas con Llanto del Arroyo, mantiene la mirada con honestidad; ofreciendo sus oídos pero sin solicitar nada. Cuando se va, continúa con la rutina. En la conversación con Tomás, ya que hay más gente involucrada, apenas participa. Le hace un gesto a modo de saludo cuando se dirige a él, y se mantiene en silencio mientras hace sus chistes. Sólo le dirige una mirada, algo dura, cuando menciona sus plumas (que lleva consigo, aunque en el túmulo no las lleve puestas). Sin gestos a mayores, ni palabras de reproche. Si sus compañeros le toleran las bromas, seguramente sea porque se lo ha ganado. Si no es así, ya lo descubrirá con el tiempo.

Por la noche, aunque el día haya sido amable, Bruma no duerme. "Nos veremos en el cuarto día. Si sigues cuerdo, claro. O si aún recuerdas tu nombre". Pau le dijo que estaría a salvo, pero no confía en los métodos que ese demente pueda llegar a usar para acercarse. Pasa la noche un poco más lejos, cerca del boun, por si debiese abandonar el lugar por la seguridad del túmulo. La atención puesta en detectar cualquier posible amenaza o movimiento, y revisiones periódicas a la umbra. Si Birdman aparece, lo primordial es salvaguardar a los habitantes del Estanque.

### Días 5-6:

Cuando Edurne aparece, le hace un gesto inclinando la cabeza con respeto a modo de saludo. Le coge la cesta y la escucha.

Cita de: Maurick en 26 de Ene 2026, 21:56:29


Con amabilidad, le pide que haga una especie de simulacro y le va preguntando qué intención y sentido tiene cada uno de los pasos. Intenta comprender el rito, y ayudarla a corregir los pequeños errores que pueda cometer por nerviosismo (materiales levemente mal colocados, palabras pronunciadas con poca energía... cualquier aspecto que sea común en la ejecución habitual de ritos del estilo). No le corrige, sino que le ayuda a ser ella la que toma conciencia de qué se puede mejorar y por qué.

Cita de: Maurick en 26 de Ene 2026, 21:56:29

El Sioux frunce el ceño, y se aproxima dentro de una distancia prudencial. No tiene buen aspecto, desde luego, y no se ha topado nada exactamente así hasta la fecha. Sin embargo... quizá haya leído algo en algún sitio, y quizá pueda recordarlo con la información de la que dispongan los espíritus y/o los moradores del túmulo.


### Día 7:

Cuando se siente la presencia del tótem, Bruma se inclina con respeto. Intenta que su aspecto en la Umbra no atraiga demasiadas miradas ni genere conversaciones innecesarias, y azuza con cariño a los espíritus del Kaos que se arremolinan a su alrededor para que no llamen demasiado la atención en este momento.

Cita de: Maurick en 26 de Ene 2026, 21:56:29


Al finalizar la noche, efectivamente, se dirige a su guarida. Al encontrarse a las dos mujeres se sorprende ligeramente, y se dirige a ellas.

#77
Cera & Sangre / Re:Episodio 1 — Creta
Último mensaje por greatkithain - 27 de Ene 2026, 13:33:58
Nota: Gasto de un punto de fuerza de voluntad.

--
Iota se detiene a unos metros de la nave, sin acercarse más de lo necesario. No mira a Ni directamente; su atención está repartida entre el edificio, el entorno y el eco espiritual que vibra bajo la piel como una interferencia.

Sin emoción, informa.


Da un paso lateral, ajustando el ángulo de percepción como si afinara una antena y se concentra en sus Sentidos Aguzados


Señala el símbolo del toro en la fachada.


Inspira despacio, calibrando el entorno.


Finalmente, gira la cabeza hacia Ni, su expresión neutra.


Da un paso hacia la nave, pero no cruza la línea invisible que marca el límite seguro.



(con gasto de 1 punto de Fueza de Voluntad)
#78
Mark / Re:Episodio 1 — Dobra
Último mensaje por Maurick - 26 de Ene 2026, 23:47:56
La torre te recibe sin ceremonia. No hay puertas que chirríen ni antorchas dramáticas: solo piedra negra, húmeda, con vetas que parecen raíces petrificadas. El aire aquí no huele a moho, huele a promesa vieja. Cada peldaño que subes te devuelve una sensación amarga, como si la plata bajo la pintura amarilla siguiera ahí, escondida, recordándote que el Ensueño tolera... pero no olvida. No la ves. Pero la sientes cuando dejas de buscarla.

La voz vuelve a entrar detrás de tu oído, sin calor, sin teatro. Como una mano fría cerrando un libro.


El interior se estrecha de pronto. No físicamente: en el sentido en que un juramento estrecha el pecho cuando sabes que vas a cumplirlo aunque te cueste.


La escalera te lleva a una estancia circular sin ventanas. En el centro hay un cuenco vacío de metal oscuro, antiguo, sin brillo. No hay mesa, no hay silla. Solo ese cuenco y el eco de tus propios pasos, como si la torre quisiera oírte caminar para decidir cuánto pesas.


La pausa que sigue no es dramática, es necesaria.


Y por un segundo la torre te muestra lo que muestra siempre: no una escena completa, sino la forma de la escena. Un patrón.
No ves el Dobra. Ves el instante antes de que el mundo se rompa: el aire cargándose como cuando va a caer una tormenta. Un filamento de plata vibrando bajo la piel del lugar. La sensación de que algo «encaja»... como encaja una pieza en su ranura. Luego, la explosión no como fuego: como una apertura brusca, una boca arrancada de cuajo. La voz baja, casi como si la torre tuviera paredes por dentro de tu cráneo.


Te mareas. Demasiadas palabras que no surgen de una boca, surgen de tu mente. No te da nombres. No te los regala. Pero te deja algo peor: una certeza incómoda. Que tu investigación no está persiguiendo un monstruo suelto. Está mirando un tablero donde cada facción intenta llegar la primera a una conclusión útil.


El cuenco del centro emite un sonido mínimo, como si algo invisible hubiese caído dentro. No ves nada, pero el aire cambia: más denso, más real. Y entonces, por primera vez, la voz suena casi... humana. No amable. Solo humana.


La torre se te hace estrecha otra vez, como si te apretara las costillas por dentro.


La presión desaparece de golpe, dejándote con el silencio y el cuenco vacío, como si la torre hubiera terminado de hablar y ahora te tocara a ti decidir si la «claridad» que pedías era valentía... o solo un modo elegante de pedir permiso. Nashira aguarda por tu respuesta.

Debes decidir si perder 1 Punto permanente de Gnosis a cambio del artefacto que te ha descrito Nashira.
#79
Cera & Sangre / Re:Episodio 1 — Creta
Último mensaje por Maurick - 26 de Ene 2026, 22:00:43


Kaari no responde de inmediato. El esfuerzo de incorporarse le roba el aire durante unos segundos, pero no baja la mirada. Cuando habla, lo hace despacio, como si cada palabra tuviera que atravesar algo más que su garganta. Apoya la mano en el colchón, estabilizándose.


Alza la vista hacia Iota, fija, lúcida.


Señala el teléfono con un gesto breve.


Respira hondo. El dolor vuelve a asomar, pero no la quiebra.


Salir al exterior es como cruzar una membrana. El frío golpea primero. Después el olor: sal, gasoil, basura húmeda. Nea Alikarnassos queda atrás mientras avanzáis hacia la zona portuaria. El tráfico es irregular. Demasiadas motos. Demasiados ojos que miran sin fijarse.

A medio camino, Karma nota algo antes que Iota: un grupo de chavales apoyados en una furgoneta blanca, demasiado jóvenes, demasiado quietos. Uno de ellos os sigue con la mirada. Otro se toca el cuello, nervioso. El tercero sonríe sin motivo. Iota, tú lo sientes un segundo después: un cosquilleo bajo la piel, una vibración sucia, el mismo eco distorsionado que percibiste en el piso... pero más débil. Más disperso.

Ante vosotros, siguiendo el rastro espiritual parcial que detectó Iota, llegáis a una nave gigantesca, apartada, que parece abandonada. En el centro, el símbolo de una compañía de transportes, representado por la cabeza de un toro. Debajo, podéis ver el letrero: ASTERION LOGISTICS.



¿Qué vais a hacer, Iota y Ni?

🟦 Analizar el Almacén Asterión antes de entrar, incluyendo el símbolo del toro, el rastro espiritual residual y la actividad reciente del lugar, para entender qué tipo de operación se mueve aquí y quién podría estar ocupándolo ahora. Para ello, debéis superar una Tirada de Percepción + Callejeo a Dificultad 8; con un éxito tendréis información para actuar sin problema. Un fallo o fracaso os dará información errónea y os meterá en problemas.

🟨 Contactar con Kaari desde las inmediaciones, usando el teléfono y cualquier terminal o cámara cercana para que rastree la red del puerto y averigüe quién está entrando y saliendo del Asterión... y quién observa desde fuera. Esta opción os dará la información para actuar sin problema, pero se hará de noche mientras esperáis. Y hace frío y tenéis hambre.

🟥 Entrar en el Almacén Asterión de inmediato, siguiendo el rastro caliente antes de que se enfríe, aun sabiendo que los chavales de la furgoneta os han percibido. Comenzaréis la investigación del almacén, pero sin apoyo ni información alguna.
#80
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Maurick - 26 de Ene 2026, 21:56:29
El rojizo crinos escucha antes de responder. Esta actitud es muy llamativa, ¿cómo puede estar tan tranquilo? Suspira, y antes de que comencéis con tu adaptación, te responde con absoluta serenidad.


Se levanta, y te hace un gesto con la cabeza para que lo sigas.

Cita de: Bruma Nocturna en 23 de Ene 2026, 15:31:57


Detrás de vosotros va Ana Mercedes, con un sentimiento de extrañeza y curiosidad. Notas como si supiese por lo que estás aquí, pero no termina de entenderlo.

Cita de: Bruma Nocturna en 23 de Ene 2026, 15:31:57

Ella sonríe por primera vez, con una risa que dirías que es idéntica a la de Aránzazu, pero quizás son tus recuerdas jugándote una mala pasada. Te indica que continúes.


Pau se excusa un momento antes de cambiar a lupus y perderse en la espesura del boun. Ana Mercedes afirma que va a avisar a los Guardianes del Silencio de tu visita, la manada que se encarga de evitar que intrusos estén más tiempo de lo razonable en el túmulo. Ella aprovecha para regresar contigo al Monasterio de San Polo, dónde os acercáis al coche destartalado de Iruz. La Ícaro se te queda mirando y sonríe.


Sin embargo, la conversación no va a tardar en ponerse incómoda. Iruz no quiere separarse de ti, a pesar de que Ana Mercedes le va a ofrecer un piso en Soria, en barrio bastante pobre, pero un hogar con todo lo necesario para aguantar la espera.


Iruz se la queda mirando con una cara de odio que te recuerda mucho a una niña pequeña. ¿A qué otra chica joven conocías que se agarraba esos berrinches?


Ana Mercedes suspira e ignora los insultos. Parece que tiene tablas en soportar este tipo de broncas.


La joven se queda en silencio, rumiando las palabras. Parece molesta porque Ana Mercedes ni siquiera se ha ofendido por el insulto.


Asumimos que Bruma Nocturna responde de manera afirmativa, lo cual permite que Iruz arranque el vehículo y se marche a la dirección que le ha pasado tu nueva compañera Philodox. Cuando ya no está, ella vuelve a suspirar.


Regresáis al túmulo. De nuevo, el silencio parece rodearos por completo. Ana te explica que ella iba a cuidar unas plantaciones de hierbas medicinales en la parte sur del boun, y para eso era la caja que portaba cuando llegaste. Pasas el día reconociendo el área, acompañado por Ana Mercedes. Habláis poco, hay mucho trabajo que hacer: limpiar hierbajos, retirar frutos, cuidar la tierra...

La primera noche no hay «ceremonia de bienvenida». No hay cánticos. No hay un corro de miradas evaluándote como si fueras un problema a resolver. Cuando el sol ya ha caído, te encuentras con Pau señalando un camino secundario y un «ven» que suena más a rutina que a orden. La humedad te cala el pelaje como una manta fría. Pau te guía fuera del claro, por un sendero que no es sendero, hasta una caseta de piedra baja, antigua, medio tragada por la vegetación. En la puerta, colgado de un clavo, hay un cuenco de barro con agua limpia.


A la mañana siguiente —y las que siguen— el túmulo se revela como lo que es: **un lugar que funciona**, no un lugar que presume. No hay campanas, hay pájaros. No hay órdenes, hay tareas que alguien empieza, y el resto se suma. Se desayuna sin hablar demasiado: pan, aceite, algo de fruta y agua fresca del arroyo. El aire tiene ese filo de Soria que no es invierno aún, pero ya ha decidido que va a llegar.

### Días 1–2: El ritmo que no te pide nada

Pau te lleva, sin darte un mapa, a los canales que alimentan el estanque. No es un río: son venas pequeñas, discretas, que se atascan con hojas, con limo, con el cansancio del año. Trabajáis en silencio. Te da herramientas sencillas, nada ritual. Un rastrillo, un cesto, las manos. Y ese detalle —la ausencia de espectáculo— es casi un golpe. A ratos, cuando levantas la vista, ves la Umbra superpuesta como una respiración baja: niebla pegada al suelo, vegetación demasiado verde, agua demasiado quieta. Los espíritus no se acercan a pedir, se acercan a mirar. Como viejos que recuerdan tu cara sin recordar tu nombre. Una tarde, mientras vacías limo con paciencia, Pau por fin suelta lo que lleva días masticando.


No es acusación directa. Es una piedra dejada en mitad del camino.


No te lo pide. Te lo informa.

Por la tarde, Ana Mercedes se ofrece a acercarte al piso dónde está Iruz. Asumimos que aceptas ir: es un primero en un barrio marginal, con evidente degradación en las calles, y sin ascensor. Aunque ella se queja, ves su rostro y mirada aburrimiento, no pánico ni velocidad. Lo está pasando bien. Muy aburrido, pero bien.

### Días 3–4: Las caras del Lirio Apacible

El tercer día, te presentan a Marcos. Llega como un tipo que trae leña al hombro como si su misión en la vida fuera que nadie pase frío. Su presencia llena sin empujar. Su rostro, avejentado, demuestra la experiencia de un Luna Llena experimentado, y que ha visto mucho. Y cuando te mira, no mira tus cuernos: mira tus manos, tu postura, tu cansancio.


Marcos no te pone a prueba. Te integra, te explica, con la misma naturalidad con la que alguien te dice dónde está el baño, que aquí hay una norma que no se discute. Él es el custodio del boun, quien se encarga de neutralizar las amenazas. No puedes evitar notar que tiene ya demasiadas cicatrices, demasiada experiencia. Y aún así, está en este lugar tan tranquilo, tan carente... de amenazas.

Ese mismo día, ves por primera vez a Llanto del Arroyo. No se presenta de inmediato, está lejos, en un borde del boun, como una sombra que decidió aprender a ser persona. Una loba cono ojos de haber visto muchas veces como la Tejedora destruía su escaso territorio. No te habla, mantiene la distancia. Cruzáis las miradas y se va. Sin más.

A la hora de cenar, te reúnes con Pau y con Ana Mercedes. Ellos vienen acompañados de un hombre joven, musculoso, con los brazos y el pecho peludos. Sonríe, se presenta como Tomás.


Te parece demasiado alegre. Incómodo. No para de molestar y de tirar pullas: que si las pezuñas de Pau, que si Ana debe echarse un novio, que dónde has dejado las plumas, etc... Lo que llegas a sacar de la conversación es que es el dueño del piso dónde está Iruz. Y otro de la manada de Marcos, aparte de Llanto del Arroyo, los Custodios del Silencio. Sin embargo, éste no está tan silencioso.

Esa noche, al volver a tu caseta, descubres un pequeño detalle: donde ayer había una marca de barro en la puerta, hoy está limpia. Alguien se tomó la molestia de borrar tu rastro sin pedírtelo.

### Día 5-6: La limpieza del Estanque

Edurne aparece con una cesta de vendas y un humor raro: esa mezcla de dulzura y filo que solo tienen los que han sobrevivido a cosas que nadie debería. Es metis, y se nota en los ángulos de su cuerpo incluso cuando intenta parecer normal. No te mira como «otro metis». Te mira como «alguien que sabe».


Hay una franqueza ahí que no es cariño fácil. Es disciplina de sanador. Esa tarde, Edurne te acompaña a un punto al noreste donde el terreno se hunde un poco, y pasáis a la Umbra. Ves que al otro lado de la Celosía hay un enorme agujero pulsante que no para de vomitar, poco a poco, una bilis repulsiva.


### Día 7: La Vigilia del Estanque

La última noche de esa semana no es una fiesta. Es la Vigilia. Os reunís cerca del agua. Nadie habla. No hay discursos. Solo presencia. En la Umbra, el lugar es más denso: la niebla se hace casi tangible, el estanque parece un ojo cerrado, y el Lirio Quieto —el tótem— no se manifiesta con forma, pero su influencia se nota como una mano apoyada en el pecho, respira.

Pau se sienta en uno de los tronos de roca. Marcos cerca, vigilando sin vigilar. Tomás en un borde, asegurándose de que nadie ajeno se asome. Llanto del Arroyo más cerca del agua que de nadie. Edurne con las manos quietas, como si sostuviera algo invisible. Ana Mercedes de pie, siempre un paso fuera del centro, como si el centro quemara. Y entonces, sin romper la norma del silencio con un discurso, Pau te mira y, por primera vez en días, te habla como a alguien que ya ha decidido quedarse.


Ana Mercedes no sonríe. Pero cuando te mira, hay algo de complicidad en sus ojos. El estanque no se mueve. Los lirios, tampoco. Pero tú notas algo que no habías notado al llegar: aquí, por primera vez en mucho tiempo, no te están pidiendo que seas útil para merecer existir.


El silencio se hace palpar. Esperan que digas algo. Finalmente, cuando la noche finaliza, en tu guarida encontrarás a Edurne y a Ana Mercedes, esperando hablar contigo.