Prólogo — Vientos de una nueva condena

Iniciado por Maurick, 10 de Jul 2025, 14:07:06

Tema anterior - Siguiente tema
Iruz no aparta la mirada cuando Bruma se planta delante de ella. Al contrario: ladea un poco la cabeza, como si lo estuviera midiendo por primera vez de verdad. No sonríe. Tampoco se pone a la defensiva.


Se pasa el dorso de la mano por la boca, como si intentara borrar un sabor fantasma. Respira hondo. Otra tos seca.


Se encoge de hombros, incómoda.


Hace un gesto vago con la mano, señalándolo a él, al cayado, a todo lo que es Bruma.


Hay un silencio breve. No tenso. Honesto.


Por primera vez desde que frenaron, baja la mirada. Solo un segundo.


Levanta los ojos otra vez, clavándolos en los de Bruma.


Cuando, por primera vez, la joven se para frente a él, el Uktena toma plena conciencia de la situación. Joder, es una cría. Una cría que habrá pasado vete tú a saber cuánto tiempo en un tubo gigante o una sala blanca con luces mientras esos cabrones jugaban a ser Dios con su cuerpo. Bruma se relaja un poco, y su aire de modelo en los 20 se hace presente por primera vez desde que se encontraron

Cita de: Maurick en 21 de Dic 2025, 21:52:52


Tras un tiempo sin hacerlo, y casi a modo de ritual, saca su pipa y comienza a cargarla con tabaco que saca de una bolsita de tela.


Se prende la pipa, aspira sin tragar el humo y suelta una bocanada que huele a una mezcla de pasto verde y flores.


Aspira fuerte una vez más, cierra los ojos y busca las palabras adecuadas mientras la quinceañera explica su situación. Suelta el humo, despacio, mientras abre de nuevo los ojos, pero todavía en silencio. La conversación parece sincera, y la situación es lo suficientemente apremiante como para no dilatarla más en búsqueda de alternativas. Suelta el humo y vacía la pipa con cuidado en el arcén, pisando los restos para apagarlos adecuadamente.

Cita de: Maurick en 21 de Dic 2025, 21:52:52
Se encoge de hombros, incómoda.


Hace un gesto vago con la mano, señalándolo a él, al cayado, a todo lo que es Bruma.


Hay un silencio breve. No tenso. Honesto.


Por primera vez desde que frenaron, baja la mirada. Solo un segundo.


Levanta los ojos otra vez, clavándolos en los de Bruma.



Mientras dice con calma y suavidad estas últimas palabras, saca de entre su ropa el pequeño cuchillo ornamentado que suele usar para sus ritos.


La oferta parece honesta, aunque todavía se adivina cierto resquemor en sus ojos. Si la Ícaro lo traiciona, le habrá dado lo que necesita para poder enfrentarse a él. Después de tantos errores, ¿todavía no ha aprendido? ¿O es que todavía conserva algo de esperanza en este mundo hostil lleno de hijos de puta?
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Cita de: Bruma Nocturna en 22 de Dic 2025, 12:36:55

Cuando Bruma termina con su explicación de la Tríada, Iruz ladea la cabeza, escuchando... y al final suelta un bufido.


Hace un gesto vago con la mano.


Arquea una ceja y se echa hacia adelante. Sonríe.


Cita de: Bruma Nocturna en 22 de Dic 2025, 12:36:55
Mientras dice con calma y suavidad estas últimas palabras, saca de entre su ropa el pequeño cuchillo ornamentado que suele usar para sus ritos.


Iruz parpadea un par de veces cuando Bruma pone las condiciones. No se ríe. No protesta. De hecho, parece... aliviada. Luego resopla.


Se gira lo justo para señalar el asiento trasero con el pulgar.


Alza los hombros, práctica.


Hace una pausa breve, apoyándose un momento en el coche, como si el simple hecho de hablar le pesara un poco menos ahora que hay comida a la vista.


Vuelve a mirarlo, esta vez sin chulería. Directa.

CONTEXTO: Iruz necesita, al menos, 3 Puntos de Sangre. Eso equivale a 3 Puntos de Daño Letal. Si lo ves correcto, Bruma, continuamos con el viaje.

"Esto me va a pasar factura", piensa Bruma para sí.


Mientras se bebe el refresco en un par de tragos, escucha los comentarios de Iruz.

Cita de: Maurick en 22 de Dic 2025, 20:45:12


Con el recipiente en una mano y el cuchillo en la otra, el joven Sioux se sienta en el asiento del copiloto de lado, con la puerta abierta y los pies apoyados en el suelo fuera del coche. Si algo sale mal, mejor que sea con algún espejo cerca.

Cita de: Maurick en 22 de Dic 2025, 20:45:12


Durante todo el proceso, Bruma permanece alerta; vigila tanto el entorno (con miradas rápidas y usando los retrovisores del coche) como a la propia Iruz. Al terminar de proporcionarle alimento a la joven Ícaro, se guarda el cuchillo y se aprieta un pañuelo fuerte contra la herida. Con un poco de suerte, entre el líquido ingerido y su regeneración Garou, pronto volverá a sentirse bien.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Cita de: Bruma Nocturna en 23 de Dic 2025, 11:19:39


Los ojos de la joven se iluminan en cuanto el líquido carmesí comienza a brotar del antebrazo. Aguarda pacientemente (todo lo paciente que puede ser una choni de la década de los 2000) mientras se le nota con total descaro como saliva.

Cita de: Bruma Nocturna en 23 de Dic 2025, 11:19:39

Tuerce un poco el morro, y se enfurruña durante un instante. Luego, suspira.


Se acomoda apoyándose en la puerta del coche. Te mira a los ojos.


Mira hacia el horizonte. Notas como vibra algo dentro dentro de su pantalón. ¿Lleva pantalón? De igual forma, saca un teléfono móvil de concha y hecha un vistazo. Sonríe.


Cierra el teléfono tras teclear algo muy rápidamente. Se te queda mirando, ya has preparado la sangre suficiente.


Se toca la parte inferior del labio mientras mira hacia arriba. Parece que intenta recordar.


Cuando has finalizado, toma el vaso y echa un vistazo. Se relame y se lo toma todo de un trago, sin casi respirar. No sé cuanto serán 3 Puntos de Sangre en ml, pero pongamos que es medio litro y ya. Cuando finaliza, algo de sangre cae por un hilillo de su boca, y carraspea.


Se sube al coche y arranca. Asumimos que Bruma hace lo adecuado y se acomoda para dejar que su metabolismo Garou actúe en regenerar la sangre perdida. El motor ruge y la gasolinera de Pancorbo queda atrás, devorada por la noche y las luces amarillas. La carretera se abre hacia La Rioja.


Conduce con una mano, la otra apoyada en la ventanilla abierta. El aire frío entra a saco.


Hace un gesto vago con la cabeza, como si señalara un pasado que no le apetece detallar.


Silencio unos segundos. La carretera serpentea entre viñedos y naves oscuras.


Aprieta un poco más el acelerador.


Le echas una mirada. Sus mejillas son más sonrosadas, sus ojos algo más vidriosos. Se nota que pensar en Aya le causa algún tipo de sensación. Iruz se encoge de hombros.

Hace una pausa, ladea la cabeza.


Te deduca una media sonrisa torcida mientras se come un bache que pone en entredicho la estabilidad del vehículo.


La carretera se estrecha. A lo lejos, unas estructuras bajas, oxidadas, apenas iluminadas: antiguas naves ferroviarias junto a unas vías muertas.


Reduce la velocidad y aparca junto a una montaña de coches oxidados y destartalados.


Señala una caseta de obra en la que se ve que hay una luz tenue encendida. Es por la mañana, quizás a punto de ser mediodía.


Asumimos que Bruma Nocturna decide acercarse a ver qué pasa. Obviamente, anticipamos que usara dones y demás elementos sobrenaturales para asegurarse que no es una trampa, pero volvemos a asumir que está todo bien.

La luz de la caseta industrial no es blanca. Es amarillenta, cansada, como si llevara demasiado tiempo encendida sin que nadie se haya molestado en cambiar la bombilla. El interior huele a metal frío, a polvo antiguo y a algo más difícil de identificar: un rastro tenue de sangre vieja, no fresca, no derramada con violencia, sino contenida, medida.

Hay una mujer de espaldas a la puerta que no se gira cuando Bruma entra en la caseta.

Su figura es alta, demasiado recta para alguien que debería estar relajada. Lleva un abrigo oscuro, gastado en los bordes, y el cabello recogido de cualquier manera funcional. Si alguien tuviera que describirla, probablemente diría que no encaja.


Se gira entonces. Sus ojos se posan en Bruma Nocturna con una atención absoluta, quirúrgica. No curiosidad. No juicio. Evaluación.


Desprende un fuerte acento de Europa del Este. ¿Rusa, quizá? ¿Eslava? Levanta la vista de nuevo, clavándola en la de Bruma.


El silencio que cae después no es incómodo. Es denso. Cargado.


¿Qué haces, Bruma Nocturna?

Durante el viaje, Bruma Nocturna escucha con atención todo lo que dice Iruz. Parece que comer, y el leve vínculo de sangre, le ha soltado la lengua a joven; no iba a perder la oportunidad de escuchar todo lo que tenía que decir con ningún tipo de interrupción. A pesar de lo que siempre se explaya cada vez que abre el hocico, el Uktena es un gran oyente cuando la conversación lo merece.

Cita de: Maurick en 27 de Dic 2025, 19:11:57



Al llegar a las naves y antes de acercarse a la caseta, efectivamente, Bruma hace uso de todos sus recursos para analizar la zona. Tras cerciorarse de que no es (o al menos no parece) una trampa, se dirige a donde Iruz le ha indicado.

Cita de: Maurick en 27 de Dic 2025, 19:25:46
Se gira entonces. Sus ojos se posan en Bruma Nocturna con una atención absoluta, quirúrgica. No curiosidad. No juicio. Evaluación.




El metis no se deja intimidar, y mira a su interlocura inquisitivamente. Sabe que juega con desventaja, pero no va a aflojar tan pronto.

Cita de: Maurick en 27 de Dic 2025, 19:25:46

El Theurge deja que el silencio se asiente, dándole su espacio. Cuando el peso del silencio reposa en el interior de la caseta, responde pausadamente.


Cita de: Maurick en 27 de Dic 2025, 19:25:46

El joven Sioux sonríe de medio lado. Por fin ha encontrado un "punto débil" que, a la vez, es la primera señal de afinidad que ha sentido desde que se ha topado con este extraño binomio.


La voz del antes calmado joven se va convirtiendo en un sonido ronco, casi un rugido, mientras la pasión aumenta el volumen de su vehemente discurso.


Se queda mirando a Aya con los ojos clavados en los suyos, con el pecho en alto y el cuerpo con parte del peso apoyado en su bastón. Su expresión facial es firme, a medio camino entre la exigencia y la satisfacción.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

29 de Dic 2025, 13:58:56 #22 Ultima modificación: 29 de Dic 2025, 14:00:29 por Maurick
Durante un instante, Aya se limita a observar a Bruma Nocturna en silencio, apoyada contra una mesa metálica cubierta de marcas antiguas. Cuando por fin habla, su voz es baja, firme, sin rastro de emoción innecesaria. Un castellano correcto, pero duro, arrastrado por un acento que no pertenece a este siglo.

Cita de: Bruma Nocturna en 29 de Dic 2025, 00:26:14


La frase cae como un hecho, no como una aclaración.


Puedes ver que arquea los ojos durante un instante. Como si revelar eso retrasase lo que quiere contar. Claro que necesita una explicación.


Ella es consciente de que Bruma quiere saber más. Carraspea.


Mira por la ventana. Se fija en el vehículo de Iruz y en todo lo que hay en derredor. Puedes notar que sonríe de forma muy leve.


Sus ojos no se apartan de Bruma.


Entonces, por primera vez, hay algo parecido a cansancio en su expresión.


Se endereza.


Un silencio breve, pesado.

Cita de: Bruma Nocturna en 29 de Dic 2025, 00:26:14

Aya sonríe. Tu reacción le parece divertida.


De la mesa saca unos cuantos papeles. Parecen pergaminos por el estilo de escritura elegante, precioso y barroco.


Aprieta ligeramente los dedos, apenas un gesto.


Levanta la mirada de nuevo hacia Bruma.


Da un paso atrás, recuperando distancia.

Cita de: Bruma Nocturna en 29 de Dic 2025, 00:26:14


Da un paso lento, medido, lo justo para cambiar el ángulo desde el que lo observa.


Inclina ligeramente la cabeza.


Hace una breve pausa. No busca el suspiro, pero no puede evitar echar uno.


Lo observa un segundo más.


La luz amarillenta parpadea un instante.


Se cruza de brazos, esperando.

Bruma atiende con paciencia y evidente interés a las explicaciones de Aya. Mientras habla, se acerca a una mesa cercana y se sienta sobre ella de medio lado manteniendo una pierna en suelo.

Cita de: Maurick en 29 de Dic 2025, 13:58:56


La voz del Garou suena tranquila y sincera, sin reproches ni prejuicios. Nadie le busca por nada, y menos una desconocida.

Cita de: Maurick en 29 de Dic 2025, 13:58:56


El Vidente duda durante un instante, sopesando la situación. Quizá haya revelado demasiado a una potencial enemiga, pero si realmente lo fuese seguramente ya fuese conocedora de sus puntos fuertes y débiles.

Cita de: Maurick en 29 de Dic 2025, 13:58:56

Una ligera sonrisa aparece, sin disimulo, en el rostro del apuesto Sioux.


El rostro, antes sonriente, cambia drásticamente de expresión. La melancolía se asoma a sus ojos, empañados, como un tenue reflejo de luz lunar que alcanza la superficie de un lago entre la neblina. Hace una pausa, y simplemente escucha. Aya tiene bastante que explicar, así que el joven Garou le da espacio para ello mientras se recompone. Una vez la ghoul termina, responde a su discurso intentando ordenar las ideas y los temas para hacer la conversación más fluida y ordenada.

Cita de: Maurick en 29 de Dic 2025, 13:58:56





Hace una breve pausa para asegurarse de su interlocutora le está prestando atención, y continúa.


Su cuerpo se tensa ligeramente. Se aprecia en su gesto que esta última pregunta tiene más importancia de la que las palabras revelan, y el joven espera una respuesta muy concreta.

Cita de: Maurick en 29 de Dic 2025, 13:58:56




Buena compostura y seriedad. Suena a explicación sincera, pero también a condición... y a falta intencionada de detalles. Sin embargo, en lugar de continuar con el tema, aborda la siguiente cuestión sin atisbo de duda.

Cita de: Maurick en 29 de Dic 2025, 13:58:56

Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Aya no responde de inmediato.

Durante unos segundos, se limita a observar a Bruma Nocturna como si evaluara algo que no tiene forma. No su fuerza. No sus dones. Su decisión. Cuando por fin habla, su voz es más baja que antes.

Cita de: Bruma Nocturna en 29 de Dic 2025, 23:10:22


Da un paso lento hacia la mesa, apoyando los dedos sobre la madera gastada.


Levanta la mirada, directa, sin dureza, pero sin concesiones.


Hace una pausa breve.


Respira hondo antes de continuar.

Cita de: Bruma Nocturna en 29 de Dic 2025, 23:10:22

Sus ojos se iluminan durante un instante. ¿Es eso melancolía?
 

Inclina ligeramente la cabeza.


Aprieta los dedos un instante.


Alza la vista de nuevo.

Cita de: Bruma Nocturna en 29 de Dic 2025, 23:10:22

Emite una pequeña sonrisa. Da un par de pasos hacia atrás y rebusca en una estantería cercana. Te arroja un dossier polvoriento, con fotografías e informes de tu antigua manada. Ahí está la Manada del Ensueño con sus componentes originales: Iris Martínez, Bruma Nocturna, Zakk Wylde... y Aránzazu Guevara.


Camina unos pasos, marcando distancia.


Observas los documentos. Hay fechas, mapas de relaciones, un montón de información que os define como personas. Ves fotos de la hija que tuviste con Iris Martínez, una bebé rechoncha en brazos de su madre, paseando tranquilamente por las calles de Bilbao.

Ves también a Aránzazu junto a Mauricio subiendo a un avión en el aeropuerto, acompañados por lo que parece un bebé recién nacido y una de las Garou jóvenes del Viento de Acero.


Otra de las fotos que puedes encontrar es una captura casi perfecta de Aránzazu hablando contigo en el exterior de un restaurante chino. Recuerdas ese momento, fue hace un año aproximadamente. Cerca de vosotros hay una mujer de pelo anaranjado, preciosa, con facciones orientales y maquillaje de tonos verdosos en mejillas y labios.

Aya señala, en la fotografía, a Aránzazu.


Vuelve a apartarse. Mira por la ventana de nuevo. Escuchas como suena un pitido procedente de su reloj digital de muñeca.


Se detiene.


Lo mira fijamente.


Vuelve a sonar el pitido del reloj digital.


Una última frase, casi en un susurro.


¿Qué vas a hacer ahora, Bruma Nocturna?

El discurso cala perceptiblemente en el joven metis, que se incorpora y mira a los ojos a su interlocutora.

Cita de: Maurick en 30 de Dic 2025, 02:55:11



Una breve chispa cruza sus ojos. La incertidumbre le corroe, y el ansia de conocimiento es palpable.

Cita de: Maurick en 30 de Dic 2025, 02:55:11



Bruma escucha con atención todo lo que Aya tiene que decir sobre Aránzazu, Blanchard y demás. Parece interesarle, pero en seguida se da cuenta de que Aya cuenta con menos información de la que cree y, en su opinión, está dando palos de ciego. Sin embargo, ha ofrecido una perspectiva interesante.


El Theurge se acerca a los papeles, echa un vistazo rápido intentando hacerse una idea, a través de las fotos y con la ayuda de Aya, de cómo están las cosas y después se acerca a la caja que contiene el dinero.


El Garou coge el dinero, hace un leve gesto de agradecimiento con la cabeza y se dirige hacia la puerta. Antes de cruzar el umbral, echa una última mirada a la ghoul.

Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Aya escucha a Bruma Nocturna hasta el final sin interrumpirle. No cruza los brazos. No se mueve. Solo lo observa con la misma atención con la que se estudia una grieta en una pared antigua: no con enfado, sino con la certeza de que ya ha visto muchas iguales.

Cuando por fin habla, lo hace despacio. Con una calma casi irritante.


Da un par de pasos por la caseta, sin mirarlo directamente.

Cita de: Bruma Nocturna en 30 de Dic 2025, 19:18:18


Se detiene. Ahora sí lo mira.


Inclina ligeramente la cabeza, con una sombra de condescendencia.


Suspira suavemente.


Cita de: Bruma Nocturna en 30 de Dic 2025, 19:18:18

Se acerca a la mesa donde están los documentos, los ordena sin necesidad real de hacerlo. Coge uno de ellos, y lee en voz alta, de forma robótica.


Intenta sonreir. Vuelve a meter todos los papeles en el dossier. Escuchas de nuevo un pitido de reloj digital. La expresión de Aya, durante un microsegundo, parece molesta.


Cita de: Bruma Nocturna en 30 de Dic 2025, 19:18:18


Hace un gesto vago con la mano, como cerrando el tema.

Cita de: Bruma Nocturna en 30 de Dic 2025, 19:18:18


Una pausa. Su tono se vuelve aún más seco.


Se aparta ligeramente, dejándole claro que la conversación está llegando a su fin. Vuelve a sonar ese pitido de reloj digital.


Por primera vez, una sonrisa mínima, casi inexistente.


Una vez acaba de pronunciar la frase, vuelve a sonar ese pitido de reloj digital que lleva sonando durante toda la conversación. De repente, la silueta de Aya se vuelve negra como una nube de oscuridad y se dispersa en polvo azabache. Bruma Nocturna se queda a solas, con un silencio incómodo y el ruido de motor de un vehículo en el exterior.

Al principio de la intervención de Aya, el Theurge parece sentirse realmente molesto. Probablemente su sangre joven todavía arde con facilidad.

Cita de: Maurick en 31 de Dic 2025, 00:01:59


Cita de: Maurick en 31 de Dic 2025, 00:01:59


Bruma Nocturna, mucho más sereno, se encoge de hombros y se apoya contra la pared.


Cita de: Maurick en 31 de Dic 2025, 00:01:59

Con una leve sonrisa, el joven metis vuelve a encogerse de hombros.


Durante toda la conversación, suena como si estuviera hablando con unos amigos en la barra de un bar. No eleva el tono, no lanza duras miradas... Cualquiera que no lo conocieses (cualquiera de los presentes, de hecho), creería que de verdad está de puro cachondeo y disfrutando de unas pequeñas puyas "entre colegas".

Cita de: Maurick en 31 de Dic 2025, 00:01:59


Aunque Aya se ha mostrado bastante dura en esta última parte de la conversación, parece que el Theurge está disfrutando más que cuando la charla era más amable. El mero hecho de comprobar que solo con un poco de verborrea es capaz de afectar al ánimo de la ghoul parece divertirle.


Antes de que de desparezca del todo, espera un último segundo por si Aya tiene algo más que decir.

En cuanto se desvanece, lo primero que hace es analizar toda la magia y energía de la zona una vez más. Si el entorno es seguro, el siguiente paso es comprobar el estado de la Umbra y consultar a los espíritus antes de que cualquier rastro o esencia importante se desvanezca. Se tomará el tiempo que necesite, sospecha que la joven Ícaro está acostumbrada a esperar. Tras revisar la Umbra, registra a fondo la caseta y, cuando ha terminado, avisa a Iruz para que se acerque y le lea los documentos.

Si no ocurre nada o no hay nada que llame su atención, le dice a Iruz que se vaya al coche y que él va en cuanto termine de recoger. Cuando esté a solas, accede momentáneamente a la Umbra para pedirle a algún espíritu animal, probablemente un espíritu rata, que le envíe un mensaje a Rufus Sentinel: "No cometas el mismo error que Custod Aeson y no me trates como a Casandra. La cabra ha vuelto al monte, y necesita información".

Por último, recoge de la caseta todo rastro de su presencia y vuelve al coche.

Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Bruma Nocturna no encuentra nada. No hay símbolos ocultos bajo el polvo. No hay restos de rituales que reconozca. No hay huellas espirituales que encajen con ningún patrón conocido.

Solo el cadáver en la parte trasera de la caseta industrial, tras una lona mal colocada, yace lo que fue un humano. O algo que lo fue. El torso está abierto con precisión quirúrgica, no con furia. Las vísceras han sido extraídas con método. No hay signos de lucha. No hay pánico en el gesto congelado del rostro.

No es un sacrificio, ni un castigo; es una utilidad. Y Bruma no reconoce la técnica; eso le inquieta más que cualquier rastro del Wyrm.

Cuando cruza a la Umbra, el mundo no le ofrece respuestas. La versión espiritual de la zona industrial es un páramo desolado. Las naves no existen: solo quedan formaciones de metal quebrado y polvo suspendido, como ceniza detenida en el aire. El paisaje se desintegra lentamente, sin violencia, como si la realidad hubiese decidido rendirse.

Los pocos espíritus que permanecen no se muestran, sólo susurran. Sin palabras claras ni advertencias. Un murmullo apagado, repetitivo, casi infantil:

CitarLa vida se va.
Se va desde hace tiempo.
Se va... y nadie la llama de vuelta.

Bruma intenta comprender. Busca patrones, ecos, algo que pueda nombrar. Pero lo que Aya ha hecho no responde a ningún principio que conozca. No es chamanismo Garou, ni hechicería vampírica. No pertenece a la Tejedora, ni al Kaos.

Es otra cosa y no puede tocarla. La frustración se le queda clavada en el pecho cuando regresa al mundo físico.

Iruz está tirada en el asiento trasero del coche, durmiendo a pierna suelta, hecha un ovillo incómodo, con la boca entreabierta y una pierna colgando de forma antinatural. Ronca suavemente, ajena a cadáveres, umbras y decisiones antiguas. Cuando Bruma abre la puerta, el golpe seco la despierta.


Bruma no responde, se limita a subirse al coche. Silencio. La chica arranca el motor y lo mira por el retrovisor, aún con media sonrisa.


Bruma asiente despacio, taciturno. El coche se pone en marcha y se pierde entre las carreteras riojanas, dejando atrás la caseta, el cadáver y las preguntas. Otra provincia. Otro túmulo. Otro capítulo.


A cierta distancia, Aya Kasparinova observa.


Ve cómo su compañera y su aliado forzoso se alejan. Calcula el tiempo y evalúa riesgos. Asume pérdidas. Es hora de abandonar el santuario. En un contenedor metálico oculto entre chatarra cercana, un miserable chupasangre suplica. Llora, promete, jura.

Aya no responde. Abre la puerta del contenedor.


El cuerpo de su prisionero comienza a arder de forma espontánea. Lo ha visto muchas veces. Demasiadas. Pero nunca es suficiente.

De momento, el viaje de Bruma Nocturna comienza con la compañera más estrafalaria que hubiese podido esperar. ¿Qué se encontrará en el Túmulo del Estanque del Lirio Apacible? Eso lo veremos en el próximo capítulo.