Episodio 1 — Creta

Iniciado por Maurick, 28 de Ago 2025, 10:28:34

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El rastro se disipa, pero la información que deja atrás es suficiente para trazar un patrón. No era un intruso. Era un aviso. Un residuo atrapado en un punto del edificio, intentando comunicar algo antes de romperse del todo. Y lo ha conseguido. Sfázo. Un nombre arrancado de un pensamiento que no es suyo. Un nombre que no debería estar en su cabeza.

Iota respira hondo, reajustando su percepción. El mundo físico vuelve a encajar, pero no completamente. La presión residual sigue ahí, como un eco que tarda demasiado en apagarse.

Tiene que moverse. Tiene que sacar a Kaari y a Ni de aquí. Pero antes de abandonar el piso, necesita datos. Y hay dos vectores que no puede ignorar:

1 El Æon.

2 El portátil.

El yonki de anoche mencionó el Æon sin comprenderlo. El espectro ha pronunciado un nombre. Y el mensaje del portátil ha llegado en el peor momento posible. Las variables empiezan a alinearse de una forma que no le gusta. Nada de esto es casual.

Iota vuelve al interior del piso. Kaari duerme, agotada. Ni respira mejor, pero sigue débil. Ambas son vulnerables. Ambas dependen de que él no falle. La sensación le incomoda: demasiadas responsabilidades simultáneas, demasiadas decisiones críticas en paralelo. Nota cómo su eficacia se erosiona cuando tiene que dividir su atención. Su mente funciona mejor cuando puede aislar un problema y diseccionarlo. Aquí no puede.

No puede irse sin entender qué es el Æon, qué relación tiene con el yonki, con el espectro, con Laura. Si es una organización, un culto, un espíritu, un término codificado... necesita saberlo antes de exponerse en el exterior. No puede permitirse avanzar a ciegas.

Pero antes de analizar los datos del Æon y formular una hipótesis, quiere probar suerte con el portátil. No piensa contactar con G. ni usarlo de forma convencional. No se fía. Pero sí puede realizar una exploración distinta. Una que no deje huella digital. Una que no abra puertas que no quiere abrir.

Iota apoya los dedos sobre la carcasa del portátil y deja que el Toque del Espíritu haga su trabajo. Si hay algo dentro, lo sentirá. Si hay un espíritu, lo escuchará. Si hay un rastro, lo seguirá.

Porque antes de salir de este piso, necesita saber si el peligro está fuera...
o si ya está aquí dentro.

02 de Ene 2026, 02:07:05 #46 Ultima modificación: 02 de Ene 2026, 02:11:48 por Maurick
Iota apoya las manos sobre la carcasa del portátil. El plástico está tibio, como si aún conservase el calor de alguien que ya no está. El zumbido del ventilador se distorsiona, baja de tono, se vuelve irregular. La habitación no desaparece, pero pierde prioridad. Los bordes se desdibujan.

La impresión llega sin orden ni contexto. No hay fecha. No hay sonido claro. Solo una fotografía psíquica mal enfocada.

Laura está ahí.

No la ve de frente al principio: la reconoce por la postura, por la forma en que se apoya en la mesa, por cómo inclina ligeramente la cabeza cuando piensa. Está en este mismo piso, aún más vacío que ahora. La luz entra por la ventana lateral, dura, blanca. A su lado hay un hombre, un tipo local. Complexión media, barba de varios días, pelo rizado y oscuro, ropa gastada pero limpia. Se mueve con la seguridad de quien conoce el terreno. No parece nervioso. No parece hostil. Hay algo rutinario en su presencia, como si ya hubiera estado allí antes.

El hombre deja el portátil sobre la mesa. El gesto es firme. Decidido. Iota percibe su nombre sin escucharlo, como un eco adherido al objeto: Stavros Kalaitzakis. Laura lo llama de forma cariñosa «Stavy». La conversación se fragmenta, pero algo puede entender: Æon. El Æon está en las calles. Él lo ha vendido. Los chavales están encantados.

Después, todo se fragmenta en rastros emocionales: urgencia contenida, cansancio, una preocupación que no es miedo, sino responsabilidad. Ambos miran la pantalla. Algo importante. Algo que no se revela en la visión.

Stavros señala una vez. Laura asiente. Después, el hombre se despide. No hay abrazo. No hay promesas. Solo una inclinación de cabeza, rápida, y la puerta cerrándose tras él. Laura se queda sola. No toca el portátil de inmediato. Se acerca a la ventana y mira hacia la calle, como si esperase que algo —o alguien— apareciera. Iota se fija en los ojos de aquel individuo y los reconoce. Es la misma mirada que ha estado mirándole desde el otro lado hace unos instantes. ¿Por qué?

La visión se desvanece ahí, y el portátil vuelve a ser solo un objeto viejo, pesado, real. Y entonces llega otra cosa: no es información ni una visión. Es una presión en el pecho.

Un nudo que sube sin permiso. Los ojos le arden. La garganta se cierra. La pena irrumpe sin lógica ni contención, cruda, ajena a cualquier análisis. No es recuerdo propio... pero duele como si lo fuera. Iota siente ganas de llorar: no es miedo, ni estrés. Es Laura. Su ausencia. Su rastro reciente. La certeza de que estuvo aquí, viva, activa... y de que ahora no lo está. El piso guarda silencio.

¿Qué vais a hacer ahora?

🟦 Analizar el Æon desde el piso franco: podéis buscar por internet o hacer trabajo de campo por el barrio para entender qué es el Æon y por qué es un problema en Nea Alikarnassos. Superar una Tirada de Inteligencia + Investigación a Dificultad 6 os dará todos los detalles públicos del Æon y su presencia en la isla. Un fallo os hará perder unas horas de investigación.

🟨 Hablar del espectro: intentar contactar de nuevo con la presencia de Stavros —o con otros ecos similares del barrio— para saber cómo murió y a quién temía realmente. Iota deberá utilizar su Don de Habla espiritual y superar una Tirada de Percepción + Ocultismo a Dificultad 7 para poder obtener 3 respuestas de Sí o No por parte de la presencia que está atada al piso. Un pifia provocaría que la presencia se disipe.

🟥 Ir a por Sfázo: es un punto caliente que Iota tiene entre manos. Salir ya del piso y buscar al carnicero o a sus hombres en el puerto o los barrios bajos, antes de que el rastro se enfríe. Superar una Tirada de Carisma + Callejeo a Dificultad 5 os permitiría encontrar un secuaz en los muelles que sepa quién es Sfázo. Un fallo os metería en problemas con los maleantes del muelle.

Iota cierra los ojos y respira hondo, como si el oxígeno fuese combustible directo para su cerebro. Necesita claridad. Orden. Un punto fijo. Pero lo que ha visto con Stavros no encaja en ninguna estructura estable. Es información sin contexto, emociones ajenas que se mezclan con las suyas, fragmentos que generan más preguntas que respuestas. Y eso, en el fondo, le inquieta. Le atrae. Le preocupa lo fácil que sería perderse en este mundo de ecos y espíritus, donde cada dato abre un abismo nuevo.

Pero no puede permitirse ese lujo.No con Laura desaparecida y probablemente muerta. No con Kaari y Ni dependiendo de él.


Abre los ojos y se apoya en la ventana. El cristal está frío. La calle sigue ahí, indiferente, como si nada de lo que ocurre en este piso importara. Laura se apoyó aquí antes. Puede imaginarla: la postura, la tensión en los hombros, la duda constante de quien lidera sin haberlo pedido. La responsabilidad que pesa más que cualquier herida.

Imagino cómo te sentías, Laura... porque yo siento lo mismo.

La idea le atraviesa el pecho. No la rechaza, pero tampoco la abraza. La etiqueta. La archiva. La deja a un lado para poder seguir funcionando.

No puede perder más tiempo. El contacto con la presencia aún está caliente, y si espera demasiado, la oportunidad se desvanecerá. Iota se concentra, igual que hizo en las calles de Heraclión, cuando el mundo espiritual se abrió por primera vez ante él. Ajusta la respiración. Afina la percepción. Deja que el Don se active.

Lenguaje Espiritual.



Las preguntas ya están claras en su mente. Precisas. Quirúrgicas. Tres vectores que pueden cambiar toda la ecuación.

¿Sfázo estuvo implicado en tu muerte? 
¿El Æon daña o mata a los Ícaros? 
¿Gerasimos está implicado en la distribución del Æon?


Iota mantiene la mirada fija en el rincón donde el aire parece más denso.
Y espera la respuesta del muerto.

04 de Ene 2026, 15:13:48 #48 Ultima modificación: 04 de Ene 2026, 22:36:29 por minwiki
Karma se levanta del sofá agotada. Cada extremidad de su cuerpo pesa toneladas, como si hubiese llevado su cuerpo al límite, esa sensación previa a la cristalización de las agujetas. Iota le pone al corriente, su corazón parece querer salirse del pecho. Han ocurrido demasiadas cosas, todos los acontecimientos se agolpan como un torrente por su cabeza. Le cuesta digerirlo.

Ve a Arda entrar en trance de nuevo, no sabe muy bien qué es lo que hace, pero parece seguro de si mismo. Ella no puede decir lo mismo de sí. Está nerviosa, triste, abatida, llena de ira.

Con dificultad se acerca al ordenador. Siente las yemas de sus dedos sobre las teclas. Polvo, grasa, humedad. Apoya las palmas sobre el periférico y cruje, todo su cuerpo reposa sobre él.

- Un golpe de suerte, solo un golpe de suerte, por favor - susurra para si.

Busca en la pantalla, no sabe el qué. No está muy familiarizada con los ordenadores. En su anterior vida eran la herramienta de trabajo de los mayores. Cogió el ratón y dio vueltas con el curso, hasta que encontró algo que ponía internet. Eso era lo que decían Sheri y los otros, donde estaba reunido el conocimiento. Se abrió una pantalla con mucha información, noticias locales, nacionales e internacionales, nada de eso le interesaba. Había una lupa, pulsó ahí y se abrió una pantalla donde una línea vertical parpadeaba.

-Æon, eso es lo que ha dicho Arda.

Escribió la palabra y dió al botón que ponía buscar.



Mientras Iota mantiene la concentración, el aire del piso se vuelve pesado. La presencia responde, pero lo hace con dificultad. Como si cada afirmación costase un esfuerzo enorme.

Cita de: greatkithain en 04 de Ene 2026, 14:03:31vez ante él. Ajusta la respiración. Afina la percepción. Deja que el Don se active.


La palabra llega rota, áspera. Sfázo.

A la segunda pregunta, el silencio es más largo. La respuesta no llega como una negación clara, sino como confusión. Imágenes de cuerpos distintos, enfermos, algunos resistiendo más que otros.


A la última, la respuesta es firme. Vacía.


La presión se diluye. Stavros ya no está ahí. Solo queda el eco. Mientras Iota procesa el haber contactado con un ente que se supone muerto, escucha ruidos en el salón. Ni se ha desperezado, parece estar mejor. Esas extrañas venas negras van desapareciendo, y comienza a sentirse renovada, vigorosa.

Al mismo tiempo, en el otro extremo del salón, Ni teclea con torpeza. La pantalla tarda en reaccionar. Internet no es un oráculo: es lento, ruidoso, desordenado. Pero responde.

Cita de: minwiki en 04 de Ene 2026, 15:13:48Había una lupa, pulsó ahí y se abrió una pantalla donde una línea vertical parpadeaba.

Titulares locales. Foros vecinales. Comentarios sueltos.

«La nueva droga de diseño que está afectando a la juventud griega»
«¿Signos de una nueva crisis económica? Los riesgos del llamado Æon»
«Conoce el muroploxerán, la sustancia extremadamente adictiva que ha provocado ya dos muertes en Atenas»

Ni no entiende del todo lo que lee, pero una cosa queda clara incluso para ella: Æon ya no es una palabra en griego que significa eón. Es algo que está dejando marca en internet.

Cuando Iota sale del trance, el piso sigue en silencio. Kaari descansa, teniendo escalofríos repentinos. El portátil zumba. El refugio respira, les acaricia. Saben que están a salvo ahí dentro, pero fuera parece todo hostil. Muy hostil.



¿Qué vais a hacer, Iota y Ni?

🟦 Profundizar en el Æon: desde el piso franco, cruzando lo que ha visto Iota con lo que Ni encuentra en internet para entender qué es realmente la droga, cómo se distribuye en Nea Alikarnassos y por qué Stavros y Sfázo están implicados. Necesitaréis superar una Tirada de Inteligencia + Informática a Dificultad 8; con 1 éxito y unas 4 horas de trabajo conseguiréis un contacto en la Dark Web que os podrá conseguir una muestra, y podréis quedar con él.

🟨 Hablar con alguien del barrio, usando a Ni como cara visible para sonsacar información en Nea Alikarnassos (yonquis, vecinos, tenderos) sobre el Æon y el nombre de Sfázo, sin revelar quiénes sois ni llamar la atención. Necesitaréis superar una Tirada de Carisma + Callejeo a Dificultad 6; con 1 éxito y 1 hora de investigación podréis conocer a alguien que conoce a otro que pasa Æon por la zona.

🟥 Salir ya a buscar a Sfázo, siguiendo el rastro caliente hacia el puerto o los barrios bajos antes de que desaparezca, aun sabiendo que eso os expone. Iota necesitará superar una Tirada de Percepción + Ocultismo a Dificultad 7 para ubicar las imágenes que Stavros ha impregnando en su mente; con 2 éxitos será capaz de averiguar dónde está el almacén en el que Stavros dejó su forma física, y necesitaréis 1 hora para llegar hasta ese sitio.

Sois dos. Podéis elegir una opción cada uno o coincidir en la misma para cubriros y reforzaros. Fallar no detiene la historia, pero sí la empuja en direcciones inesperadas.

No hay decisiones seguras, solo decisiones honestas, ¡vamos allá!

Iota se coloca junto a Ni sin mirar directamente la pantalla. Su atención está distribuida entre el entorno, los datos recientes y las rutas posibles. Cuando habla, lo hace con una cadencia controlada, casi mecánica.


Hace una breve pausa, reorganizando mentalmente.


Levanta una mano, enumerando.


Segundo dedo.


Tercer dedo.

Hace una pausa mínima, como si recalculara parámetros internos.

Finalmente, gira la cabeza hacia Ni con una expresión neutra.

El movimiento constante por el piso acaba sacándola del letargo. Kaari abre los ojos con un jadeo seco, como si regresara de un lugar demasiado profundo. Durante unos segundos no se mueve. Solo escucha: el zumbido irregular del portátil, los pasos de Iota, la respiración de Ni. Está pálida, pero hay algo distinto en ella. No es fuerza todavía. Es presencia.


Se incorpora despacio, apretando los dientes cuando el dolor protesta. No grita. No se queja. Evalúa su propio cuerpo con una calma extraña, casi ritual. Luego alza la vista hacia Iota.


Sus ojos se deslizan hacia el portátil cuando Iota menciona a Stavros.


No hay dramatismo en la frase. Es una constatación. Se frota el pulgar contra el índice, como si notara algo que los demás no ven.


Señala el portátil sin tocarlo.


Respira hondo. El gesto le duele, pero no se detiene.


Se inclina hacia delante, apoyando el antebrazo en la rodilla buena.


Te sostiene la mirada. A ti y a Ni.


Cierra los ojos durante un instante, y casi que podríais decir que se le cae una lagrimilla. Respira con fuerza.


La mirada de Kaari cambia. Está llena de determinación.


Habla más bajo. Le tiembla la voz.


El piso guarda silencio tras sus palabras. No es una orden. No es una súplica. Es un paso.

Kaari se recuesta de nuevo, agotada, pero consciente.


Señala un teléfono móvil, un Nokia 7710 bastante gastado.


Karma miró a Iota. Después sus ojos se desplazaron a Kaari. Demasiada información, todo le daba vueltas, no era capaz de asimilar lo que estaba pasando. Cada pestañeo parecía avanzar en el tiempo, como si se hubiese dormido. Necesitaba reaccionar, a su alrededor estaba muriendo gente, personas que arriesgaban sus vidas por ella y por Iota. Apretó los puños.
- No puede quedar así, esas muertes... - le dolía la mandíbula de apretar los dientes.
- Tenemos que encontrar a quien ha hecho ésto, él nos dará información y por qué no, venganza.

Iota observa a Karma un segundo más de lo necesario. No porque dude, sino porque calcula la forma más eficiente de estabilizarla. Cuando habla, su voz es baja, controlada, sin adornos.


Se gira hacia Kaari, evaluando su respiración, la tensión en su postura, la claridad en su mirada. Los parámetros han mejorado. Suficiente.


Toma el Nokia 7710 con cuidado, como si fuera una herramienta más en un sistema que empieza a reactivarse. Lo enciende. La pantalla tarda, pero responde. Iota no pierde tiempo.

No hay dramatismo. No hay pausa emocional. Solo urgencia funcional.


Mira a Ni y a Karma, alternando la vista como si estuviera comprobando que ambas siguen dentro del margen operativo.


Iota se coloca el teléfono en la mano, listo para registrar cada palabra de Kaari.



Kaari no responde de inmediato. El esfuerzo de incorporarse le roba el aire durante unos segundos, pero no baja la mirada. Cuando habla, lo hace despacio, como si cada palabra tuviera que atravesar algo más que su garganta. Apoya la mano en el colchón, estabilizándose.


Alza la vista hacia Iota, fija, lúcida.


Señala el teléfono con un gesto breve.


Respira hondo. El dolor vuelve a asomar, pero no la quiebra.


Salir al exterior es como cruzar una membrana. El frío golpea primero. Después el olor: sal, gasoil, basura húmeda. Nea Alikarnassos queda atrás mientras avanzáis hacia la zona portuaria. El tráfico es irregular. Demasiadas motos. Demasiados ojos que miran sin fijarse.

A medio camino, Karma nota algo antes que Iota: un grupo de chavales apoyados en una furgoneta blanca, demasiado jóvenes, demasiado quietos. Uno de ellos os sigue con la mirada. Otro se toca el cuello, nervioso. El tercero sonríe sin motivo. Iota, tú lo sientes un segundo después: un cosquilleo bajo la piel, una vibración sucia, el mismo eco distorsionado que percibiste en el piso... pero más débil. Más disperso.

Ante vosotros, siguiendo el rastro espiritual parcial que detectó Iota, llegáis a una nave gigantesca, apartada, que parece abandonada. En el centro, el símbolo de una compañía de transportes, representado por la cabeza de un toro. Debajo, podéis ver el letrero: ASTERION LOGISTICS.



¿Qué vais a hacer, Iota y Ni?

🟦 Analizar el Almacén Asterión antes de entrar, incluyendo el símbolo del toro, el rastro espiritual residual y la actividad reciente del lugar, para entender qué tipo de operación se mueve aquí y quién podría estar ocupándolo ahora. Para ello, debéis superar una Tirada de Percepción + Callejeo a Dificultad 8; con un éxito tendréis información para actuar sin problema. Un fallo o fracaso os dará información errónea y os meterá en problemas.

🟨 Contactar con Kaari desde las inmediaciones, usando el teléfono y cualquier terminal o cámara cercana para que rastree la red del puerto y averigüe quién está entrando y saliendo del Asterión... y quién observa desde fuera. Esta opción os dará la información para actuar sin problema, pero se hará de noche mientras esperáis. Y hace frío y tenéis hambre.

🟥 Entrar en el Almacén Asterión de inmediato, siguiendo el rastro caliente antes de que se enfríe, aun sabiendo que los chavales de la furgoneta os han percibido. Comenzaréis la investigación del almacén, pero sin apoyo ni información alguna.

Nota: Gasto de un punto de fuerza de voluntad.

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Iota se detiene a unos metros de la nave, sin acercarse más de lo necesario. No mira a Ni directamente; su atención está repartida entre el edificio, el entorno y el eco espiritual que vibra bajo la piel como una interferencia.

Sin emoción, informa.


Da un paso lateral, ajustando el ángulo de percepción como si afinara una antena y se concentra en sus Sentidos Aguzados


Señala el símbolo del toro en la fachada.


Inspira despacio, calibrando el entorno.


Finalmente, gira la cabeza hacia Ni, su expresión neutra.


Da un paso hacia la nave, pero no cruza la línea invisible que marca el límite seguro.



(con gasto de 1 punto de Fueza de Voluntad)

El Almacén Asterion no parece vigilado, eso es lo primero que no encaja. La nave se alza como un bloque muerto de hormigón y chapa ondulada, con los ventanales altos cubiertos de polvo y salitre. El símbolo del toro, desconchado y oxidado, observa el puerto como un vestigio de otra época: transporte, carne, peso.

Tras asegurarse de que no hay nada que ponga en peligro su exploración, y confirmar que alrededor del almacén hay el suficiente bullicio como para que dos chavales pasen desapercibidos, decide poner un pie dentro del monolítico edificio.

Iota lo nota nada más cruzar el perímetro invisible que rodea el edificio: no hay firma espiritual clara. No hay rastro activo de entidades. Pero el lugar ha sido usado recientemente, y con intensidad.

El aire tiene un olor metálico, frío, como de cámaras frigoríficas apagadas hace poco. Gasóleo viejo y plástico quemado. Y algo más difícil de definir: una sensación de tránsito forzado, de cuerpos que han entrado y salido sin querer quedarse. El rastro de Stavros se diluye aquí, fragmentado, como si hubiese sido arrastrado hacia dentro... y luego interrumpido de forma brusca.

Las puertas correderas del almacén están cerradas, pero no selladas. Una de ellas tiene marcas recientes de golpes desde el interior. No intentos de huida: algo pesado fue movido a la fuerza.

Dentro, el espacio es amplio, casi catedralicio. Filas de estanterías metálicas vacías. Palés rotos. Un par de contenedores frigoríficos abiertos, con el interior cubierto de escarcha derretida y manchas oscuras en el suelo. No sangre fresca: restos antiguos, lavados mal. El suelo resbala ligeramente bajo las botas.

En una esquina hay una mesa improvisada: guantes de látex usados, bolsas térmicas rasgadas, jeringuillas dobladas. No es un laboratorio, pero alguien trabajó aquí, deprisa y sin cuidado. Probando cosas.

Y entonces, antes de que Ni diga nada, Iota lo percibe fuera. A través de una rendija lateral, ve la furgoneta blanca. La misma de antes.

No se han ido. Están aparcados en una esquina estratégica, desde donde pueden ver la entrada principal y parte del lateral del almacén. Tres chavales, demasiado jóvenes para este juego. No hablan. Fuman. El humo que exhalan no es gris ni blanco: es oscuro, espeso, casi aceitoso, y se disipa lento, como si costara abandonar el aire. Uno de ellos se ríe sin hacer ruido. Otro se frota el cuello. El tercero os mira... y aparta la vista en cuanto cree que le habéis visto.

No parecen guardias, parecen esperar. Iota da un paso más dentro del almacén... y algo roza su pierna: dos ratas, grandes como un chihuahua. Y confiadas.

Han estado olisqueando su ropa, metiendo el hocico en los pliegues del abrigo, como si buscaran un rastro concreto. En cuanto Iota baja la mirada, chillan y salen corriendo, perdiéndose entre las sombras del fondo con una rapidez antinatural.

El almacén vuelve a quedarse en silencio. ¿Qué vas a hacer, Iota?

🟦 Analizar el Almacén Asterion a fondo: centrarte en reconstruir qué se hacía aquí y cuándo, examinando los restos, los contenedores frigoríficos y el material abandonado para entender la función real del almacén y qué ocurrió con Stavros. Ganarás contexto sólido y pistas a largo plazo, pero el tiempo juega en tu contra mientras los chavales siguen ahí fuera.

🟨 Interactuar con los chavales de la furgoneta: salir del almacén y acercarte a ellos con cuidado, buscando sonsacar información sobre el almacén o a quién están esperando, sin revelar quién eres ni por qué estás aquí. Puede darte una conexión humana directa con la red local... o hacer que el barrio empiece a fijarse en ti.

🟥 Seguir el rastro que no es espiritual: ignorar a los chavales por ahora y adentrarte más en el almacén, siguiendo las marcas de arrastre y el rastro físico interrumpido de Stavros para descubrir qué fue movido a la fuerza y qué hay en las zonas más profundas y oscuras del edificio. Es rápido, directo y peligroso: si algo sigue aquí dentro, no tendrás margen de error.

Iota abre los ojos tras completar el análisis. La información recopilada alcanza el umbral necesario para iniciar la reconstrucción. No muestra alivio ni tensión: solo un cambio de fase en el proceso. Internamente se siente satisfecho con la obtención de datos pero no esboza una sonrisa. Sería innecesario.



Se desplaza hacia los contenedores frigoríficos. Observa la escarcha derretida, la condensación irregular, la humedad residual.


Camina hacia la mesa improvisada. Guantes usados, jeringuillas dobladas, bolsas térmicas rasgadas.

Toca con la punta del zapato una de las manchas oscuras ya secas.

Dirige la mirada hacia el fondo, siguiendo el rastro dejado por las ratas.

Se detiene. Cierra los ojos un instante. El rastro espiritual residual vibra como un eco roto, interrumpido.

Abre los ojos. Su voz permanece estable.

Enumera sin necesidad de gesticular.

Sin mirar hacia la rendija lateral, menciona a los chavales de la furgoneta.

Finalmente, fija la mirada en Ni. Su expresión es neutra, calibrada.


19 de Feb 2026, 13:51:28 #58 Ultima modificación: 23 de Feb 2026, 21:44:53 por Maurick
El análisis termina, pero el silencio no. Fuera, la tarde ha empezado a apagarse sin pedir permiso. No es noche cerrada todavía, pero el cielo ha perdido el azul y se ha vuelto plomo húmedo. En invierno el sol cae bajo y rápido en Creta; las sombras no crecen, se derraman. Dentro del almacén, el aire parece más frío que antes. Iota reconstruye el modelo una última vez en su cabeza: un tránsito forzado, una extracción improvisada y un rastro cortado.

Un crujido leve interrumpe el patrón, desde detrás del almacén. Las ratas no han vuelto. El humo de la furgoneta ya no se ve por la rendija lateral. La nave está demasiado quieta. Iota no oye pasos. No oye respiración. Pero la presión cambia, antes que se escuche una voz grave, raspada, cercana.


No ha entrado por la puerta principal, estaba dentro.  A pocos metros, entre dos estanterías metálicas, algo se separa de la penumbra. No es grande, pero ocupa espacio. Un hombre. O lo que fue un hombre. Tiene un brazo desproporcionado, hinchado y grueso como si la carne hubiera crecido sin permiso. El otro es delgado, casi seco. El hombro izquierdo cae más bajo que el derecho. El cuello parece torcido. La piel es grisácea, con manchas que recuerdan a quemaduras mal curadas. Viste ropa de estibador: chaqueta gruesa, botas gastadas. Huele a humedad y a cerrado. No parece armado, ni nervioso. Sus ojos... no parpadean lo suficiente.


Desde el exterior llega un ruido de motor arrancando. La furgoneta blanca se aleja despacio. El hombre deforme da un paso adelante, el suelo no cruje bajo su peso.


Hace una pausa sobrecogedora. La temperatura baja un instante. Notas como sus venas, como sus arterias bombean sangre a través de sus músculos deformes. Su interior... huele delicioso.


El aire del almacén parece comprimirse, como si algo más profundo respirara bajo la ciudad.


Es una afirmación, ya no eres consciente de dónde está Ni. Y en ese instante lo entiendes, con la misma claridad con la que has reconstruído el modelo: no estás cazando. Has sido detectado.

Vamos a finalizar este capítulo aquí, aunque antes de que podamos comenzar el siguiente... Iota, ¿vas a huir o vas a rendirte ante este ser?

Iota no retrocede cuando la figura deformada emerge entre las estanterías. Su respiración no cambia. Su pulso tampoco. Lo único que se altera es la secuencia de prioridades en su mente: Ni desaparecida del campo visual, amenaza presente, entorno hostil, información incompleta.

El análisis de la nueva situación se calcula de manera inmediata: "Rendirme aumenta la probabilidad de supervivencia y me permite obtener información. Es la opción óptima dadas las condiciones actuales.


Y añade con calma:


No levanta las manos de inmediato. Primero evalúa la distancia, la postura del ser, la asimetría de su cuerpo, la forma en que distribuye el peso. Luego ejecuta el gesto con precisión controlada: lento, visible, no provocador.

Inclina ligeramente la cabeza, evaluando al ser deformado como si fuera un patrón más en el entorno, mientras centra su atención en él activando su módulo de obtención de datos, sus sentidos aguzados.

Una pausa breve. Un ajuste interno. Una decisión final.


Pero en su mirada —fría, fija, sin parpadear más de lo necesario— hay algo que el ser no puede leer:
Iota no se rinde para salvarse. Se rinde para esperar su momento.