Episodio 1 — Celestún

Iniciado por Maurick, 26 de May 2026, 23:08:45

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Refugio de la playa

Costa de Celestún — Península de Yucatán

📅 10 de julio de 2007, 12:41

El amanecer brilla en el horizonte. Primero se insinúa como una mancha pálida detrás de las nubes bajas, luego empieza a desteñir el negro del mar, y al final termina posándose sobre todo con una luz húmeda, amarillenta, cansada. Ahora sentís el calor acumulándose, sal pegada a la piel y mosquitos que parecen haber esperado toda la noche para declarar la guerra. El salto queda atrás como una mala idea que, por pura cabezonería del universo, ha salido medio bien. La tierra todavía parece demasiado firme bajo los pies después del salto, del viento, del rugido de la avioneta. Nadie ha dicho mucho desde entonces, porque no hacía falta. Hay silencios que no son incómodos, sino prácticos: sirven para no vomitar, no caerse, no discutir o no reconocer en voz alta que todo podría haber terminado mucho peor.

La vegetación costera os ha recibido con una indiferencia espesa. Arbustos bajos, palmeras torcidas, caminos de arena prensada y barro seco, moscas, calor, ramas que arañan la ropa y esa sensación de que todo lo que crece por aquí sabe esconderse mejor que vosotros. Jonah ha pasado buena parte del trayecto mascullando en inglés, con una mano en las costillas y la otra apartándose bichos de la cara. No parece herido de gravedad, pero sí derrotado por la existencia en general.


Himitsu no responde, lo ignora. Va la primera, caminando con determinación, con la maleta en una mano, el pelo pegado al cuello y la mirada fija en el sendero como si no estuviera siguiendo un camino, sino recordándolo. No ha hablado demasiado desde el incidente del Arcón. Con Himitsu resulta difícil saber dónde termina la prudencia y dónde empieza otra cosa. La casa aparece cuando el camino deja de fingir que es camino y se abre hacia una franja de terreno algo más limpia, próxima al Golfo. No es grande ni especialmente bonita. Una construcción baja, de paredes castigadas por la sal, ventanas cerradas con contraventanas viejas y una terraza sencilla orientada hacia el mar. La madera tiene ese color grisáceo de las cosas que llevan demasiado tiempo soportando viento, humedad y secretos ajenos. La puerta principal resiste un poco antes de abrirse. Himitsu fuerza la cerradura con una naturalidad casi ofensiva.


Dentro, el aire está cerrado. Huele a polvo, sal, madera vieja y humedad retenida en las paredes. Hay muebles cubiertos con sábanas finas, una mesa de cocina con marcas de vasos antiguos, una nevera desconectada, una lámpara torcida junto al sofá y arena acumulada en las esquinas. La casa no parece abandonada del todo, más bien parece uno de esos lugares que han aprendido a no llamar la atención. Algunas señales de uso siguen ahí: una taza desportillada en un armario, un arañazo largo en el marco de una puerta y una mancha oscura junto al fregadero que nadie se tomó la molestia de limpiar del todo. En una pared, cerca de la ventana que da al mar, queda una marca rectangular más clara, como si durante mucho tiempo hubiese colgado allí una fotografía, un mapa o algo que alguien decidió llevarse deprisa. Jonah entra el último, y otea alrededor con una mezcla de asco, alivio y sospecha.


Deja caer una mochila en el suelo y se sienta en una silla sin pedir permiso. La silla cruje de forma poco tranquilizadora, pero aguanta. Jonah señala vagamente hacia la cocina.


Himitsu abre una de las habitaciones y pasa al interior. Puedes ver que deja la maleta sobre una de las camas de 90. Luego se acerca a una de las ventanas y aparta la cortina con dos dedos. El Golfo está ahí, quieto bajo la luz sucia del amanecer. El mar no parece hostil, pero tampoco inocente. Sólo permanece, extendido hasta donde alcanza la vista, como si supiera esperar mejor que todos vosotros.


La frase queda en el aire con un peso difícil de medir. Fuera, una gaviota lanza un chillido áspero, y el sonido atraviesa la casa como una raja. Himitsu te mira de reojo, como si hubiera notado un cambio en tu respiración pero hubiese decidido no nombrarlo. Jonah, por suerte o por milagro, está demasiado ocupado abriendo cajones en busca de café, azúcar, alcohol o cualquier cosa que pueda fingir ser una de las tres.


La casa cruje con el calor naciente. Algo golpea suavemente bajo la terraza, quizá una rama arrastrada por la marea, quizá basura, quizá nada importante. El mar sigue respirando al otro lado de las ventanas. Habéis llegado al refugio, no parece que estéis en peligro todavía. Himitsu se acerca a ti.


Hace una pausa, y señala una de las tazas que Jonah ha estado moviendo de un lado para otro. Toma dos de ellas, las pone frente a vosotras. Chasquea los dedos, y puedes ver que se llenan de un líquido caliente, que huele excepcionalmente bien.


El silencio posterior no llega a ser cómodo. Pero al menos es vuestro.


¿Qué haces, Brisa del Sur?

27 de May 2026, 12:48:30 #1 Ultima modificación: 27 de May 2026, 13:09:35 por Denebia
Cita de: Maurick en 26 de May 2026, 23:08:45La vegetación costera os ha recibido con una indiferencia espesa. Arbustos bajos, palmeras torcidas, caminos de arena prensada y barro seco, moscas, calor, ramas que arañan la ropa y esa sensación de que todo lo que crece por aquí sabe esconderse mejor que vosotros. Jonah ha pasado buena parte del trayecto mascullando en inglés, con una mano en las costillas y la otra apartándose bichos de la cara. No parece herido de gravedad, pero sí derrotado por la existencia en general.



Voy detrás de él, cerrando el grupo. De vez en cuando miro hacia atrás y olisqueo el aire, nunca se sabe si alguien nos ha visto caer y le suscita curiosidad.


Sigo caminando y doy un sonoro respiro. Ya a la altura de Jonah le pongo la mano de forma delicada en su brazo. Con una dulce sonrisa y tono cálido le digo:


Cita de: Maurick en 26 de May 2026, 23:08:45Dentro, el aire está cerrado. Huele a polvo, sal, madera vieja y humedad retenida en las paredes. Hay muebles cubiertos con sábanas finas, una mesa de cocina con marcas de vasos antiguos, una nevera desconectada, una lámpara torcida junto al sofá y arena acumulada en las esquinas. La casa no parece abandonada del todo, más bien parece uno de esos lugares que han aprendido a no llamar la atención. Algunas señales de uso siguen ahí: una taza desportillada en un armario, un arañazo largo en el marco de una puerta y una mancha oscura junto al fregadero que nadie se tomó la molestia de limpiar del todo. En una pared, cerca de la ventana que da al mar, queda una marca rectangular más clara, como si durante mucho tiempo hubiese colgado allí una fotografía, un mapa o algo que alguien decidió llevarse deprisa. Jonah entra el último, y otea alrededor con una mezcla de asco, alivio y sospecha.




Digo a modo de broma, no se me da bien eso de hacerle gracia a los humanos —su humor es algo raro para mi— pero lo intento.

Cita de: Maurick en 26 de May 2026, 23:08:45Himitsu se acerca a ti.


Hace una pausa, y señala una de las tazas que Jonah ha estado moviendo de un lado para otro. Toma dos de ellas, las pone frente a vosotras. Chasquea los dedos, y puedes ver que se llenan de un líquido caliente, que huele excepcionalmente bien.


El silencio posterior no llega a ser cómodo. Pero al menos es vuestro.



El olor a café me recuerda cuando despertaba por las mañanas en la cabaña de Pluma. Le gustaba tomarlo recién hecho, humeante y sin añadirle nada. Cojo la taza. Disfruto del olor a café. ¿O quizá sea el recuerdo lo que esté disfrutando? Ancla. Abro los ojos.


Mis palabras son sinceras y no hay nada de malicia en mi gesto. Le cedo mi taza a Jonah y me siento en un lado del sofá, con las piernas cruzadas. El sofá no es muy cómodo, pero no está mal.

Primero miro a Jonah y Himitsu.


Ahora miro a Himitsu.




Miro a Jonah.


Me incorporo hacia adelante, apoyo los brazos en mis rodillas y sostengo mi cabeza mirando hacia el suelo.


Levanto la mirada y los vuelvo a mirar a ambos. Las palabras que pronuncio son amargas y se nota que aún duelen. No lloro, pero tengo los ojos vidriosos.


**Tengo más cosas que hablar con los pj, pero por darle dinamismo a la escena y que no se mezclen los temas de conversación resolvemos primero esta parte.

La pregunta de Brisa queda suspendida en la cabaña con más peso que el calor. Himitsu tiene las manos apoyadas sobre la mesa, los dedos muy quietos, la espalda recta y esa expresión de quien sabe que una explicación llega tarde incluso cuando todavía puede servir para algo. Jonah, en cambio, acepta la taza de café como si le acabaran de entregar una pequeña victoria contra el universo. Da un sorbo, se quema un poco, frunce la cara y aun así no la suelta.


Cita de: Denebia en 27 de May 2026, 12:48:30

Se inclina hacia atrás en la silla, buscando acomodo donde no lo hay. Luego mete dos dedos por el interior del pantalón y saca un cigarrillo algo doblado, con la satisfacción triste de quien ha encontrado una reliquia. Himitsu le dedica una mirada seca, mientras se levanta en silencio a sacar otra taza, y la pone a tu lado. Con otro giro de muñeca, la llena de leche, y de repente salen de la nada, como si fuese magia, un montón de cereales. De los que te encantaban.


Jonah se queda con el cigarrillo entre los dedos, inmóvil durante un segundo.


La Qualmi no contesta. Jonah suspira, se guarda el piti detrás de la oreja y vuelve a abrazar la taza con ambas manos, como si al menos el café no tuviera opiniones sobre él. Himitsu vuelve a mirarte.


No lo adorna ni intenta suavizarlo.


Su mandíbula se tensa, como un gesto nimio, pero en ella parece casi una confesión.


La cabaña cruje bajo el calor naciente. Alguna tabla del techo se dilata con un quejido breve. El olor a café se mezcla con polvo, sal y madera húmeda.


Por primera vez, baja un poco la mirada.


Jonah no hace bromas. Mira el café, como si de pronto fuese un sitio prudente donde dejar los ojos. Himitsu respira despacio.


Se aparta un mechón de la cara con un gesto limpio, casi mecánico.


La última palabra le sale con una sequedad amarga.


Himitsu te sostiene la mirada sin esconderse detrás de acertijos. Eso no la vuelve cálida. Sólo más clara.


El silencio que sigue no pide perdón, pero tampoco se defiende.


Jonah levanta un dedo, todavía con la taza en la otra mano.


Se encoge de hombros. El gesto le tira de las costillas y se le nota en la boca, aunque intenta disimularlo. Su intervención es vergonzosa y torpe, como un niño hablando en una conversación de adultos.


Entonces lo ves. Sobre uno de los sofás cubiertos a medias por una sábana vieja, hay un gato blanco. Está sentado con una quietud imposible, con la cola recogida junto al cuerpo, los ojos azules fijos en ti. No ha entrado por ninguna puerta. No ha hecho ruido. Simplemente está ahí, como si la cabaña siempre hubiese tenido un hueco reservado para él.  Himitsu ya lo ha visto. No parece sorprendida y eso, en cierto modo, resulta más inquietante. Jonah sigue sin darse cuenta. El gato parpadea despacio.


Su voz no rompe el silencio. Lo ocupa con cuidado.


La sábana del sofá se mueve con la brisa que entra por una rendija. Himitsu no dice nada.


Jonah da otro sorbo al café, ajeno todavía al gato blanco que acaba de convertir la conversación en otra cosa.


Hace una pausa. Disfruta su café negro, mientras Jonah intenta intervenir. Himitsu le mira de reojo, y el chaval sabe que tiene que callarse.


Himitsu intenta sonreir. No le sale nada bien... ¿Qué haces, Brisa del Sur?

Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33
Jonah se queda con el cigarrillo entre los dedos, inmóvil durante un segundo.



Yo también miro mal a Jonah, con una ceja arqueada.


Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33

Esas palabras me hacen sentir una pequeña punzada en el corazón. La verdad es que cuando la conocí me cayó bien, muy misteriosa y algo rara, pero sabía que íbamos a llevarnos bien. Le devuelvo una sonrisa amable como agradecimiento al comentario. No quiero interrumpirla, por lo que dejo que continúe. Mi postura en el sofá ahora es más relajada, ya no estoy tan enojada.

Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33

La última palabra le sale con una sequedad amarga.


Y de repente me vi reflejada en ella. Salvando las distancias, parecía que nuestra vida había sido cortada con el mismo patrón. No puedo otra cosa que acercarme a ella y cogerle de la mano. Dejo que continúe con su explicación.

Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33


Hago una pausa de un par de segundos.


Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33


Digo antes de que acabe la frase.


Mi curiosidad se desvanece de un plumazo.

Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33Entonces lo ves. Sobre uno de los sofás cubiertos a medias por una sábana vieja, hay un gato blanco. Está sentado con una quietud imposible, con la cola recogida junto al cuerpo, los ojos azules fijos en ti. No ha entrado por ninguna puerta. No ha hecho ruido. Simplemente está ahí, como si la cabaña siempre hubiese tenido un hueco reservado para él.  Himitsu ya lo ha visto. No parece sorprendida y eso, en cierto modo, resulta más inquietante. Jonah sigue sin darse cuenta. El gato parpadea despacio.


Su voz no rompe el silencio. Lo ocupa con cuidado.



Mierda— pienso para mis adentros. Le miro solo una vez de reojo. Suelto la mano de Himitsu (si no se ha soltado ella antes) y mi postura se vuelve algo rígida. Me alegra mucho volver a verle, pero no creo que sea el comité de bienvenida... Estoy segura de que tendrá algo que decir por haberme marchado sin decir nada. Trato de no mirarle... "si no lo veo, no está".

Cita de: Maurick en 30 de May 2026, 01:44:33Himitsu intenta sonreir. No le sale nada bien...




Cojo a Himitsu de las manos y la aparto un poco. Miro a Jonah.


Digo desde el otro lado de la habitación y vuelvo a hablar con Himitsu, pero en voz baja.


** Aún queda el último punto del que Brisa quiere hablar con el grupo, pero lo dejo pendiente, antes de pasar con Kael, para que Himitsu me conteste si quiere hacerlo.

Himitsu deja que la apartes sin resistirse. Su mano está fría, más de lo que debería en aquella cabaña cargada de humedad y calor. Durante un instante mira hacia Jonah, que sigue sentado con la taza entre las manos, fingiendo no prestar atención con una falta de talento bastante evidente.

Cita de: Denebia en 31 de May 2026, 18:01:40

La Qualmi te escucha con atención. Emite una pequeña risa, casi imperceptible, que la hace parecer muy tierna.


Cuando os alejáis de Jonah, Himitsu se mueve sin emitir ningún sonido. Ni siquiera la silla, que se ha arrastrado un poco, ha emitido quejido alguno. Os quedáis a las puertas de la habitación más grande: veis que hay dos camas individuales, pero unidas. Alguien se tomó la molestia de hacerlas antes de marcharse.

Cita de: Denebia en 31 de May 2026, 18:01:40

La Qualmi escucha tus preocupaciones, aunque se muestra extrañada. Como si tuviese una pieza de información que tú careces.


Lo dice en voz baja, sin dramatismo. Sus ojos vuelven a ti.


Jonah levanta apenas la mirada desde la silla, como si hubiese oído algo, pero no se atreve a intervenir. El cigarrillo doblado sigue sujeto detrás de su oreja. Decide ponerse de pie y salir fuera. Se despide en voz alta, escucháis que dice «me voy a fumar solo, con mi humo fuera, que no me echa la peta».


Himitsu baja un poco la voz. Te mira a los ojos. Para ella parece evidente. Para ti, en cambio, queda un hueco incómodo.


La madera de la cabaña cruje bajo el avance del calor. Sobre el sofá, el gato blanco continúa inmóvil, con los ojos azules fijos en vosotras.


Hace una pausa breve. Aparta la mirada, al suelo. Mete su mano derecha en el bolsillo izquierdo de su pantalón, rebuscando algo.


La frase parece costarle más que toda la explicación anterior. Por primera vez, hay algo parecido a un intento honesto de humor; seco, incómodo, pero humor al fin y al cabo.


Su mirada se desplaza un momento hacia Kael, se lo queda mirando. Jonah, en el exterior, está tosiendo. Luego, escupe.


¿Qué haces, Brisa del Sur?

Cita de: Maurick en 31 de May 2026, 21:31:12
La frase parece costarle más que toda la explicación anterior. Por primera vez, hay algo parecido a un intento honesto de humor; seco, incómodo, pero humor al fin y al cabo.


Escucho atentamente todo lo que dice sin interrumpir. Cuando finaliza su explicación miro hacia la puerta por la que se ha ido Jonah, como intentando llenar su ausencia con mis palabras, como si hablarle al vacío que ha dejado actuase como un mensajero que le hiciese llegar las palabras. No aparto la mirada de la puerta y no hablo en susurros.


Mis palabras no guardan reproche alguno, pero arrastran melancolía. Son preguntas que no buscan respuesta, sino para que realice un diálogo interior.



Miro a Himitsu. Parece que voy a hablar de otra cosa, pero todo está relacionado.



Cita de: Maurick en 31 de May 2026, 21:31:12Su mirada se desplaza un momento hacia Kael, se lo queda mirando. Jonah, en el exterior, está tosiendo. Luego, escupe.




Suspiro. Busco en mi bolsillo.


Me guardo de nuevo el percebe. Dejo que Himitsu se acomode en el salón y salgo en busca de Jonah. Antes de salir miro por fin a Kael y le saludo inclinando la cabeza.



Himitsu escucha sin interrumpirte. Esta vez no parece estar preparando una respuesta afilada mientras hablas. Sólo escucha, mientras mastica los caramelos y su mirada se pierde entre tu rostro y la pared. Cuando mencionas a Jonah, sus ojos se desplazan hacia la puerta.

Cita de: Denebia en 01 de Jun 2026, 12:56:15


La frase sale seca, pero no suena defensiva.

Cita de: Denebia en 01 de Jun 2026, 12:56:15


Deja que regreses al salón. El gato blanco continúa en el sofá, inmóvil, como si el tiempo de la cabaña hubiese aprendido a rodearlo sin molestarlo. Cuando sales, Jonah está apoyado junto a la pared exterior, con el cigarrillo entre los dedos y expresión perrito herido. Hay humo en el aire, pero en seguida lo mueve y sopla para apartarlo. Lo hace peor, hace que vaya hacia ti.


Da una última calada, tira el cigarrillo al suelo y lo apaga con la suela. Se te queda mirando, con las manos en los bolsillos.


Entra detrás de ti, todavía mascullando, aunque lo hace. Al cruzar el umbral, sus ojos pasan por el sofá sin detenerse. No ve a Kael. O no como lo ves tú. Himitsu ya se ha acomodado junto a la mesa, con las manos recogidas sobre el regazo. No mira a Jonah con dureza esta vez. Sólo le deja espacio. El gato blanco parpadea despacio.

Cita de: Denebia en 01 de Jun 2026, 12:56:15


Su voz es suave. No hay burla en ella, pero tampoco indulgencia.


Jonah frunce el ceño, extrañado. Parece que lo ha escuchado, pero su expresión lo delata: no tiene ni la más remota idea.


La cabaña cruje con el calor. Jonah se queda quieto, y Himitsu le hace un gesto para que se siente.


Kael recoge la cola junto al cuerpo, sereno, demasiado blanco sobre la tela vieja del sofá.

Cita de: Maurick en 01 de Jun 2026, 23:42:03Jonah frunce el ceño, extrañado. Parece que lo ha escuchado, pero su expresión lo delata: no tiene ni la más remota idea.


La cabaña cruje con el calor. Jonah se queda quieto, y Himitsu le hace un gesto para que se siente.



Tras las palabras de Kael miro primero a Jonah algo desconcertada.


La determinación de mis palabras es tal que podríais pasar por alto que no sé el nombre de donde estamos.


Digo de forma totalmente sincera mientras levanto ligeramente las cejas, mirando a Jonah y a Himitsu.



Cita de: Maurick en 01 de Jun 2026, 23:42:03
Su voz es suave. No hay burla en ella, pero tampoco indulgencia.



"No es una reprimenda, dice". Pienso para mis adentros. Me he colocado estratégicamente entre Jonah y Himitsu, me siento como más arropada, por si Kael quería echarme una regañina.


Digo para quitar hierro al asunto. Está claro que mi tono no busca burla, ni pelea.




04 de Jun 2026, 01:12:18 #8 Ultima modificación: 04 de Jun 2026, 01:34:25 por Maurick
El comentario sobre la playa queda flotando en la cabaña con una naturalidad tan desarmante que Jonah tarda un segundo de más en reaccionar. Mira a Brisa, luego a Himitsu, luego al techo, como si allí hubiera algún manual de conducta para mujeres lobo hablando de bañarse desnudas.


Himitsu le dedica una mirada breve.


Jonah señala a Brisa con la taza, como si aquella precisión hubiese llegado tarde para salvar algo.


Kael permanece sentado sobre el sofá. Sus ojos azules no se apartan de ti. Cuando lo presentas, inclina apenas la cabeza hacia Himitsu primero, después hacia Jonah. No hay solemnidad excesiva en el gesto, pero sí una educación antigua, casi felina en su distancia.


La Qualmi no parece sorprendida al escuchar su nombre en boca del espíritu. Aun así, baja un poco la mirada.


El gato mira entonces hacia Jonah.


Jonah se queda muy quieto. Ahora parece que lo está viendo. El gato se estira, y de un salto se pone en mitad de la mesa.


Durante un instante, el aire sobre la mesa se vuelve más denso. No hay destello, ni aparición dramática. Sólo un ajuste sutil en la luz, como cuando una nube se aparta del sol. El contorno del gato blanco gana peso. Sus bigotes se vuelven visibles para todos. Jonah parpadea una vez, luego otra. Hace un gesto inconsciente de buscar algo en sus bolsillos. No le queda tabaco.


Kael no le responde. Vuelve a mirarte.


La frase llega sin rodeos, pero sin dureza. Como si supiera que esa era la primera cuerda que debía tocar.


El calor avanza por la cabaña. Una tabla cruje cerca de la ventana.


La cola del gato se mueve una vez, despacio, sobre la sábana. Sus ojos pasan de Himitsu a Jonah, y regresan a ti.


Kael parpadea despacio.


El aire parece cerrarse un poco dentro de la cabaña. No cambia nada visible, pero algo en el olor de la sal se vuelve más intenso. Kael se tumba sobre la mesa. De un coletazo, deja caer una de las tazas de metal al suelo. Himitsu la recoge sin apartar su mirada del espíritu totémico.


Himitsu hace un gesto, muy sutil, para adquirir la atención del gato.


Kael mira hacia la puerta. Luego a Himitsu. Parece que suspira, pero los espíritus no hacen eso. ¿O sí?


Jonah deja la taza sobre la mesa con un cuidado exagerado.


Himitsu le lanza una mirada asesina. Jonah se calla de repente y hace un gesto con la mano de que entiende la situación. El gato finalmente se sienta sobre tu regazo. Una vez allí, Kael no se mueve ni un ápice.


La habitación se queda en silencio, mientras el murmullo del océano suena, con tranquilidad, casi con pereza, en el exterior.

04 de Jun 2026, 21:55:23 #9 Ultima modificación: 04 de Jun 2026, 22:05:48 por Denebia
Cita de: Maurick en 04 de Jun 2026, 01:12:18Jonah deja la taza sobre la mesa con un cuidado exagerado.




Le digo con una amable sonrisa.


Cita de: Maurick en 04 de Jun 2026, 01:12:18


Hago una pequeña pausa y tras acariciar un poco a Kael (si se deja), le cojo, me levanto y le dejo descansando en la silla. Me pongo delante de Himitsu con los brazos en jarra y con una ceja levantada le digo:


Doy un par de vueltas por la habitación. Llevo días queriendo abordar el tema pero no quiero sonar grosera o que se lo tome mal.


La miro con ojos de súplica.


Sonrío a los mencionados buscando aprobación y luego miro a Himitsu esperando su respuesta.

Kael no se resiste cuando lo acaricias. Su cuerpo parece pesar lo justo: ni del todo carne, ni del todo sueño. El ronroneo le nace bajo tus dedos y se extiende por tu pecho con una calidez lenta, discreta, como una hoguera pequeña protegida del viento.


No hay fogonazo espiritual, ni promesa solemne ante la luna. Sólo esa certeza sencilla: Kael está ahí, contigo. Durante un instante, algo se acomoda en tu interior. No borra a Ninastoko ni desplaza a Pezuña Caótica. Es otra cosa: una presencia blanca, paciente, con ojos azules, que sabe esperar incluso cuando tú no sabes hacerlo. Jonah mira la escena con una mezcla de respeto y confusión.


Cita de: Denebia en 04 de Jun 2026, 21:55:23Doy un par de vueltas por la habitación. Llevo días queriendo abordar el tema pero no quiero sonar grosera o que se lo tome mal.

Himitsu permanece callada hasta que te plantas delante de ella. Al escuchar lo de la maleta, su expresión cambia un poco. No mucho. Lo suficiente para que se note que has tocado algo importante.


La corrección sale automática, seca. Luego baja un poco la mirada hacia la habitación donde está el Arcón.


Sus dedos se cierran despacio sobre la taza.


Kael, ya sobre la silla, observa a Himitsu con una quietud limpia.


La Qualmi no responde al espíritu. No enseguida. Se limita a respirar, muy despacio, como si aquello le hubiese molestado precisamente porque era cierto.


Levanta los ojos hacia ti.


Jonah alza una mano con prudencia.


Himitsu le mira.


El mar suena al otro lado de la cabaña, lento y cercano. La habitación donde descansa el Arcón parece, de pronto, un poco más oscura que antes. Notas como la realidad a tu lado se distorsiona un poco, como si te estuvieras sumergiendo en agua templada. De repente, Jonah pega un respingo y dice...


Himitsu se le queda mirando, y notas como el vello de su cuello se eriza momentáneamente, como si hubiese detectado algo incómodo.

Cita de: Denebia en 04 de Jun 2026, 21:55:23Sonrío a los mencionados buscando aprobación y luego miro a Himitsu esperando su respuesta.


Brisa del Sur, tienes que realizar una Tirada de Astucia + Rituales a Dificultad 8. Con un éxito, vinculas espiritualmente el Arcón a Himitsu, y lo podrá conservar en forma de tatuaje dónde tú elijas. Con un fallo, el Fetiche rechazará cualquier vinculación al menos durante una semana o hasta que se le satisfaga con chiminaje.

09 de Jun 2026, 00:17:28 #11 Ultima modificación: 09 de Jun 2026, 00:19:18 por Denebia
Cita de: Maurick en 06 de Jun 2026, 12:40:39
Himitsu se le queda mirando, y notas como el vello de su cuello se eriza momentáneamente, como si hubiese detectado algo incómodo.




Digo entre risas. Pero no está de más saber que hay un plan B.

Cita de: Maurick en 06 de Jun 2026, 12:40:39La habitación donde descansa el Arcón parece, de pronto, un poco más oscura que antes. Notas como la realidad a tu lado se distorsiona un poco, como si te estuvieras sumergiendo en agua templada.



Me quedo con esa sensación, está bien porque me hace estar en sintonía con el arcón. No parece que vaya a ser fácil, pero tengo que hacerlo bien: es mi primer ritual ante Jonah, Himitsu y Kael y tengo que dejar el listón alto. Además, es un objeto importante para Himitsu, por lo que tiene que salir bien sí o sí.

Cojo la mano de Himitsu y avanzo a la habitación. Suelto su mano al llegar al vano de la puerta y le pido que espere. Antes de entrar me quito el colgante que llevo, le doy varias vueltas al rededor de mi mano y añado mi pulsera. Doy tres golpes secos al aire haciendo que el tintineo del instrumento ancestral improvisado rompa el silencio. Entono mi cántico omaha y entro en la habitación.

El ritual ha comenzado.




Entro y con mis cánticos muestro mis respetos al fetiche. Con señas le pido a Himitsu que pase y deje la maleta en el suelo. Se queda de pie a un lado del arcón. Me pongo tras ella y suavemente pongo mi mano libre en su hombro señalándole el suelo con la otra. Ella sigue mi petición y se sienta en el suelo, sobre sus piernas, frente al fetiche. Yo ahora soy el puente entre ambos. Se nota que lo que estoy haciendo me gusta, que estoy cómoda en esa situación. No he dejado de cantar ni he soltado el hombro de la qualmi. En el momento que toco la maleta ésta me rechaza, soltando un impulso de fuerza que me lanza hacia atrás dislocándome el hombro. Miro a Jonah, que ha entrado en la habitación, negándole con la cabeza, "todo está bien".

No me enfado, lo que ha ocurrido es normal. Mi cántico se vuelve más suave, transmitiendo calidez en mis palabras. Me incorporo y vuelvo a hacer sonar mi collar y pulsera. Poso de nuevo mi mano en el hombro de Himitsu y, como puedo, pongo gentilmente mi mano en el arcón. Esta vez todo sale bien y el fetiche se desmaterializa al instante. Himitsu nota un pinchazo en su omóplato, bajo mi mano. Termino el verso de mi canción.

El ritual ha terminado.

Me levanto y me sujeto el hombro, está dislocado. Me acerco a una esquina y, tal como me enseñaba Jules en sus películas, me lo coloco de un golpe seco. Hago una mueca de dolor pero ya está en su sitio. Me molestará un rato y mañana como nueva.


Digo a todos con una sonrisa de haber hecho bien mi trabajo.

El golpe contra la pared suena seco, desagradable, demasiado físico para una habitación que todavía conserva el eco del cántico. Jonah da un paso instintivo hacia ti, pero se detiene cuando le niegas con la cabeza. La mano se le queda suspendida a medio camino, inútil, abierta, como si no supiera qué hacer con ella.


No dice nada más. Por una vez, parece entender que arreglar algo no siempre significa deshacerlo. Himitsu permanece sentada en el suelo, inmóvil. Su respiración se ha vuelto muy lenta. Bajo la tela, en el punto exacto donde has mantenido la mano, algo se dibuja sobre su omóplato: una línea oscura, fina, casi elegante, como el cierre de una cerradura antigua visto a través de la piel. No sangra ni quema, pero siente cómo el arcón se ha unido espiritualmente a su cuerpo físico. Sabía que esto podía ocurrir, que se podía hacer, pero había preferido cargar con ello todo este tiempo, como una losa que le recordase su agonía. Pero ahora, la maleta ya no está.

Durante unos segundos, la habitación parece más grande de lo que debería. El aire conserva un olor a sal negra, madera húmeda y algo parecido al polvo de un lugar que nadie ha visitado despierto. Luego todo vuelve despacio a su tamaño normal. Kael observa desde la silla, con la cola recogida junto al cuerpo. Himitsu alza una mano hacia su propio hombro, pero no llega a tocar la marca. Sus dedos se quedan a unos centímetros, temblando durante un instante.


La frase suena absurda incluso en su boca. Como si una parte de ella todavía estuviera revisando todas las razones por las que aquello no debería haber sido posible. Levanta la mirada hacia ti.


Jonah traga saliva. Mira el hueco donde estaba la maleta, luego a Himitsu, luego a ti. Intenta sonreír, pero no le sale del todo.


La Qualmi se incorpora despacio. No parece más ligera de forma evidente, pero algo en su postura ha cambiado. Como si una carga hubiese dejado de estar en el suelo para pasar a formar parte de su sombra.

Se acerca a ti. Durante un momento parece que va a decir algo preciso, útil, insuficiente. Algo muy suyo, pero no lo hace. Sólo inclina la cabeza, hacia adelante. Mostrando un enorme respeto.


La palabra queda entre ambas, sencilla y rara. Kael parpadea despacio. Fuera, el mar golpea la madera de la terraza con suavidad. La situación se alivia durante unos momentos. El cansancio os empieza a cobrar factura.


Kael se desvanece en partículas etéreas, satisfecho con lo que acaba de ocurrir. Himitsu se pone de pie y se estira. Suspira.


Himitsu se acerca a la puerta y procede a cerrarla con unas llaves escondidas bajo el sofá. Después, corre las cortinas y hace algo con los dedos. Tú lo detectas, ha utilizado algún tipo de Don para que la temperatura sea mucho más agradable. Jonah no tarda en espatarrarse encima del sofá de la entrada y a ponerse a roncar. La Qualmi lo mira, y hace algo inusual. Algo que no la habías visto hacer desde el comienzo de vuestro viaje: pasa a su forma de felino y se echa a dormir en el suelo de la cama.

El sueño os rodea. Sientes que es la primera vez desde que despertaste en Gracemire, después de la Catástrofe del Báltico, que tu cuerpo acepta descansar sin mantenerse alerta. Quizá sea un buen momento para permitirlo. En el exterior, la costa respira entre los maderos de la cabaña. El mar se mueve despacio, perezoso bajo el calor de la mañana. Por unas horas, nada exige vuestra atención.

Lo que acabáis de compartir no ha resuelto vuestros problemas. Pero ha dejado la casa en paz.

Tres cereales

📅 10 de julio de 2007, 16:25

Finalmente, dejas caer tu cuerpo sobre una superficie en la que puedas descansar en serio esta vez. Lo necesitas, ha pasado mucho tiempo desde Gracemire, y allí no podías dormir tranquila. Ahora, parece que el plomo de tus párpados cae sin que puedas hacer fuerza. Sueñas. Esta vez, sueñas.

Al principio, sueñas con la cabaña de Pluma del Viento. No con la cabaña tal como era, sino como la recuerdas cuando necesitas sentirte a salvo. La madera conserva el calor del fuego. Las mantas huelen a humo, tierra seca y pelaje limpio. Al otro lado de la habitación, alguien tararea una melodía antigua mientras prepara el desayuno, pero no consigues verle la cara. Sobre la mesa hay un cuenco de leche, y dentro flotan tres cereales. Uno gira sobre sí mismo, incapaz de quedarse quieto. Otro permanece apartado, cerca del borde, como si prefiriese hundirse antes que rozar a los demás. El tercero se mueve entre ambos, empujándolos con suavidad para que no se separen.

La cuchara descansa junto al cuenco, pero empieza a golpear la madera sin que nadie la toque. Un ritmo lento, irregular. Cuando intentas contarlo, los golpes cambian de lugar: primero vienen de la mesa, luego del techo y finalmente de algún punto situado bajo el suelo. La melodía de Pluma se detiene, porque fuera ya no están las llanuras. A través de la ventana sólo se ve el mar, oscuro, quieto y extendido hasta un horizonte sin luna. La cabaña permanece en su sitio, pero las olas llegan hasta los escalones de la entrada. Con cada una aparece algo nuevo sobre la arena: una concha rota, una cuerda cubierta de algas, una pluma blanca empapada.

La puerta está cerrada. De uno de sus clavos cuelga una gabardina amarilla que no estaba allí antes. El agua cae desde sus mangas formando un pequeño charco. No huele a lluvia. Huele a sal, a pescado abierto y a flores demasiado maduras. Miras de nuevo el cuenco. La leche se ha vuelto oscura. Los tres cereales siguen flotando, pero bajo ellos se extiende una mancha morada. No parece mezclarse con el líquido. Se mueve por debajo, despacio, como si buscara una grieta por la que salir. Uno de los cereales toca el borde del cuenco.

Algo golpea desde el otro lado de la puerta. Intentas llamar a Pluma, pero sólo te sale agua de la boca. El líquido cae sobre la mesa y arrastra los tres cereales hacia el mismo lado. Durante un instante quedan juntos, apretados contra la porcelana. Entonces la puerta tiembla, la madera se hincha hacia dentro y vuelve a su sitio. Detrás de ella se dibujan dos sombras altas. Una alargada, mientras que la otra tiene demasiados brazos, o quizá sólo sea el movimiento de las olas proyectado sobre la pared.

Buscas a Pluma. En su lugar encuentras su manta doblada sobre una silla. Encima hay una pluma de águila y una pequeña nota escrita con una letra que no reconoces. Sólo contiene una palabra:

ESCUCHA

Vuelves la cabeza hacia la puerta, pero ya no hay golpes. Y alguien, al otro lado, pronuncia un nombre que el mar deshace antes de que puedas comprenderlo. Despiertas con el sabor de la leche en la lengua. La cabaña de Celestún permanece en silencio. Jonah duerme despatarrado sobre el sofá. Himitsu descansa en su forma felina al pie de una de las camas. La luz de la tarde se filtra por las cortinas.

Todo parece tranquilo. Sin embargo, durante unos segundos, no puedes dejar de mirar la puerta. Y en el aire queda un olor dulzón que no pertenece a la cabaña.

Realiza una tirada de Astucia + Ocultismo, dificultad 7

13 de Jun 2026, 02:13:57 #14 Ultima modificación: 13 de Jun 2026, 02:15:56 por Denebia
Cita de: Maurick en 10 de Jun 2026, 23:59:18Jonah no tarda en espatarrarse encima del sofá de la entrada y a ponerse a roncar.


A la par que Jonah se tumba en el sofá, levanto la mano y digo:


Cita de: Maurick en 10 de Jun 2026, 23:59:18La Qualmi lo mira, y hace algo inusual. Algo que no la habías visto hacer desde el comienzo de vuestro viaje: pasa a su forma de felino y se echa a dormir en el suelo de la cama.


Suspiro. Cierro un poco la puerta de la habitación de Himitsu, cierro lo suficiente para darle intimidad pero si le pasara algo pudiésemos oírla. Me cruzo de brazos y los miro. Aunque no lo crean, tengo fe de que acabarán formando un buen equipo y podremos trabajar todos juntos. Me meto en la habitación de al lado, pero dejo la puerta abierta. Miro a mi al rededor, está lago sucia pero he dormido en sitios peores. Me tumbo en la cama. Estoy tan cansada que paso a mi forma lupus y antes de que me de cuenta me quedo dormida.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Finalmente, dejas caer tu cuerpo sobre una superficie en la que puedas descansar en serio esta vez. Lo necesitas, ha pasado mucho tiempo desde Gracemire, y allí no podías dormir tranquila. Ahora, parece que el plomo de tus párpados cae sin que puedas hacer fuerza. Sueñas. Esta vez, sueñas.

...

Despiertas con el sabor de la leche en la lengua. La cabaña de Celestún permanece en silencio. Jonah duerme despatarrado sobre el sofá. Himitsu descansa en su forma felina al pie de una de las camas. La luz de la tarde se filtra por las cortinas.

Todo parece tranquilo. Sin embargo, durante unos segundos, no puedes dejar de mirar la puerta. Y en el aire queda un olor dulzón que no pertenece a la cabaña.


Despierto sobresaltada, con la respiración entrecortada. Necesito tomar "aire fresco" y poner en orden mis ideas. Salgo de la habitación y compruebo que Jonah y Himitsu aún duermen. Quiero salir pero recuerdo que Himitsu cerró con llaves... y no sé dónde las ha puesto... Gruño. Paso a mi forma humana y me dirijo a la mesa de la cocina. Aprovecho el polvillo de la mesa y escribo "Estoy fuera". Sólo espero que lo lean antes de que piensen que me he ido o desaparecido. Me acerco a una de las ventanas y sin hacer ruido, para no despertarlos, la abro, salgo por ella y la vuelvo a cerrar, pero lo suficiente para que desde fuera parezca cerrada pero dejando unos milímetros abierta por si vuelvo antes de que despierten.

Respiro profundo. Se nota que Himitsu bajó la temperatura del interior, pero al estar anocheciendo el calor ya no pega tanto. Pero el suelo me quema, necesito correr. Miro al rededor. Quiero correr en lupus, pero me conformaré en homínido si hay gente cerca. Corro, rápido, libre. Me alejo lo justo. Repaso las imágenes del sueño, tratando de entender lo que me han querido decir.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Sobre la mesa hay un cuenco de leche, y dentro flotan tres cereales. Uno gira sobre sí mismo, incapaz de quedarse quieto. Otro permanece apartado, cerca del borde, como si prefiriese hundirse antes que rozar a los demás. El tercero se mueve entre ambos, empujándolos con suavidad para que no se separen.


Está claro que esos cereales somos nosotros: Himitsu es el que gira sobre sí mismo, Jonah el autodestructivo y yo el pobre que trata de juntarnos.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53La cabaña permanece en su sitio, pero las olas llegan hasta los escalones de la entrada. Con cada una aparece algo nuevo sobre la arena: una concha rota, una cuerda cubierta de algas, una pluma blanca empapada.


La concha rota... "¿Seré yo? No, no soy yo." Estoy segura de que la cocha representa el mar. Está rota porque yo dejé a ese ser libre y ahora lo corrompe y
siembra muerte y ponzoña por donde pasa. La cuerda con algas representa a la sierpe: larga y cubierta de algas indicando que lleva mucho tiempo bajo el mar. "La pluma... aún no sé qué significa la pluma. ¿Representará a Pluma? No sé, no diría que el blanco sea un color que le represente... Tendré que averiguar lo que significa."

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53La puerta está cerrada. De uno de sus clavos cuelga una gabardina amarilla que no estaba allí antes. El agua cae desde sus mangas formando un pequeño charco. No huele a lluvia. Huele a sal, a pescado abierto y a flores demasiado maduras.


"Si está colgada significará que alguien la ha dejado ahí. La cabaña representa mi lugar seguro, así que imagino que hará referencia a... ¿un aliado quizá? Puede que esa sea la ropa que me haga reconocer a esa persona."

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Miras de nuevo el cuenco. La leche se ha vuelto oscura. Los tres cereales siguen flotando, pero bajo ellos se extiende una mancha morada. No parece mezclarse con el líquido. Se mueve por debajo, despacio, como si buscara una grieta por la que salir. Uno de los cereales toca el borde del cuenco.


Está claro que representa por lo que estamos aquí, el mal que representa la dichosa serpiente.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Algo golpea desde el otro lado de la puerta. Intentas llamar a Pluma, pero sólo te sale agua de la boca. El líquido cae sobre la mesa y arrastra los tres cereales hacia el mismo lado. Durante un instante quedan juntos, apretados contra la porcelana.


¿Será que mis actos son los que nos acabarán uniendo?

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Durante un instante quedan juntos, apretados contra la porcelana. Entonces la puerta tiembla, la madera se hincha hacia dentro y vuelve a su sitio. Detrás de ella se dibujan dos sombras altas. Una alargada, mientras que la otra tiene demasiados brazos, o quizá sólo sea el movimiento de las olas proyectado sobre la pared.


Esas sombras... son lo que está detrás de todo esto. La visión me está alertando del peligro y me da pistas para que pueda dar con la solución. No olvidaré la forma que tienen esas sombras ya que es información valiosa.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Buscas a Pluma. En su lugar encuentras su manta doblada sobre una silla. Encima hay una pluma de águila y una pequeña nota escrita con una letra que no reconoces. Sólo contiene una palabra:

ESCUCHA


Aún duele pensar en Pluma y ver que ya no está ni en mi visión me da una pequeña punzada en el corazón. Al menos esa pluma sí que representa más al Pluma que yo conocía. Pero esa letra... no obstante ESCUCHARÉ.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Vuelves la cabeza hacia la puerta, pero ya no hay golpes. Y alguien, al otro lado, pronuncia un nombre que el mar deshace antes de que puedas comprenderlo.


Vuelvo sobre este recuerdo una y otra vez. Tratando de desentrañar el mensaje, tratando de descifrar qué es lo que dice o a quién llama.

Cita de: Maurick en 11 de Jun 2026, 00:24:53Realiza una tirada de Astucia + Ocultismo, dificultad 7



**Ya me dices cuánto me he acercado a mi interpretación.

No he dejado de correr. Vuelvo porque quiero contarles mi visión. No estoy mucho rato fuera, pero cuando vuelvo ya es de noche. Me asomo por si hay alguien despierto o en el porche, a ver si quieren darse un baño.