Episodio 1 — Celestún

Iniciado por Maurick, 26 de May 2026, 23:08:45

Tema anterior - Siguiente tema
Leandro te escucha con una atención que hasta ahora no había mostrado. Cuando mencionas que Himitsu está retenida en Aguas Sagradas, sus dedos dejan de jugar con el vaso. Y cuando pronuncias el nombre de Neiatta, algo cambia detrás de la barra. Escucháis un golpe seco, que no es demasiado fuerte, como la madera chocando contra la madera. Leandro cierra los ojos durante un instante, pero no parece sorprendido. Parece resignado.


La voz atraviesa el local desde una puerta lateral que hasta entonces habías confundido con parte de la pared.


Leandro deja caer la cabeza y suspira.


La puerta se abre de golpe. El hombre que aparece al otro lado no tiene el aspecto que esperabas encontrar en el líder de una comunidad oculta. Es fibroso, de hombros secos y brazos marcados, con una edad difícil de calcular. Podría rondar los cuarenta, pero se mueve con demasiada energía para parecer cansado. Hay algo extraño en él: la cara pertenece a un hombre maduro mientras el cuerpo parece incapaz de permanecer quieto. Sale de la habitación caminando demasiado deprisa.


Leandro levanta una mano.


El tipo pega un puñetazo en la barra. Jonah observa la situación flipando en colores y da dos pasos hacia atrás. Sus dedos empiezan a colocarse en una posición que sugiere «rebobinar», pero se mantiene firme.


Ahora sí te mira: primero a los ojos. Después recorre rápidamente tu aspecto, como intentando decidir qué eres, cuánto sabes y cuánto peligro representas. Apenas tarda un segundo antes de volver a caminar. Da una vuelta alrededor de una de las mesas.


Leandro intenta intervenir.


Nicanor golpea con la palma el respaldo de una silla, que hacia delante y queda atravesada sobre las tablas. No mira siquiera lo que acaba de hacer.


El silencio posterior dura apenas un instante, mientras Nicanor toma aire. Se frota la cara con ambas manos y vuelve a mirarte. La rabia sigue ahí, pero ahora está intentando meterla dentro de algún sitio donde no estorbe. No parece conseguirlo del todo.


La palabra sale rápida, casi arrancada. Señala hacia Leandro sin mirarlo.


Leandro se vuelve a servir un vaso de mezcal. Está con la mano derecha apoyado sobre la barra, de lado.


El bruto que está frente a ti se gira hacia él y gruñe.


Leandro alza el vaso vacío hacia él.


Nicanor vuelve a centrarse en ti. Se acerca lo suficiente como para que quede claro que las distancias personales no parecen preocuparle demasiado.


La mandíbula se le mueve mientras espera la respuesta, pero apenas pasan dos segundos antes de que otra idea le atraviese la cabeza.


Da dos pasos hacia un lado. Vuelve. Se percata de que, detrás de ti, está Jonah.


Aprieta los dientes. Leandro deja el vaso sobre la barra con mucho cuidado.


El hombre se vuelve hacia él con una velocidad brusca.


Leandro sostiene su mirada, pero no dice nada. Pasan un par de segundos. Y Nicanor vuelve a tomar aire por la nariz y se gira de nuevo hacia ti.


Esta vez lo dice más despacio.


Señala hacia ti.


Por primera vez desde que ha aparecido deja de caminar. Jonah traga saliva, no parece estar muy cómodo en esta situación. El Licenciado suspira y deja caer sus codos sobre la barra de madera. Parece lamentarse, pero no sabes muy bien si por su existencia o por su relación con... este tipo.

Cita de: Maurick en 25 de Ago 2026, 19:35:59La puerta se abre de golpe. El hombre que aparece al otro lado no tiene el aspecto que esperabas encontrar en el líder de una comunidad oculta. Es fibroso, de hombros secos y brazos marcados, con una edad difícil de calcular. Podría rondar los cuarenta, pero se mueve con demasiada energía para parecer cansado. Hay algo extraño en él: la cara pertenece a un hombre maduro mientras el cuerpo parece incapaz de permanecer quieto. Sale de la habitación caminando demasiado deprisa.


Me sorprendo por la aparición de ese tipo. Intuía que lo conocería, pero no tan pronto y no aquí. Me incorporo y despacio reduzco la distancia que hay entre Jonah y yo. Ya no vigilo nuestra retaguardia, pues este señor llama ahora toda mi atención.

Cita de: Maurick en 25 de Ago 2026, 19:35:59El tipo pega un puñetazo en la barra. Jonah observa la situación flipando en colores y da dos pasos hacia atrás. Sus dedos empiezan a colocarse en una posición que sugiere «rebobinar», pero se mantiene firme.


Yo también flipo un poco. Neiatta y Nicanor: una es la representación personificada de la soberbia y el otro de la ira. No sé cuál es el mejor de los dos... Ya no estoy tan segura de que el plan de "hablemos con el otro bando" vaya a ser buena idea.

De reojo veo que Jonah comienza a prepararse para lo que pueda ocurrir. Acerco mi mano lentamente y de forma sutil le sujeto su mano haciendo un poco de presión, solo durante unos dos o tres segundos, lo suficiente para que solo él se de cuenta.

Tranquilo...

Es lo que le diría. Cómo echo de menos el chat mental en estas ocasiones, maldita sea.

Cita de: Maurick en 25 de Ago 2026, 19:35:59Leandro intenta intervenir.



Yo lo preferiría, parece el más razonable de los dos.

Cita de: Maurick en 25 de Ago 2026, 19:35:59


Digo lo más tranquila que pueda parecer.

Cita de: Maurick en 25 de Ago 2026, 19:35:59
Señala hacia ti.



Me ha preguntado tantas cosas de las que luego ha dicho que prefiere saber antes otras que ya no me queda claro qué información quiere primero y cuál no, y como yo no soy una de ellas contestaré a lo último que me ha preguntado.



Miro a Leandro al esa última parte. Vuelvo a mirar a Nicanor.


Espero a que Leandro o Nicanor me den algún tipo de confianza para seguir con la conversación.

27 de Ago 2026, 23:52:22 #47 Ultima modificación: 27 de Ago 2026, 23:58:48 por Maurick
Nicanor te escucha hasta el final. Cuando mencionas de nuevo a Neiatta, la mandíbula se le tensa, pero esta vez no explota. Mira a Leandro y después a Jonah. Finalmente vuelve a ti.


Leandro arquea ligeramente una ceja. Nicanor hace un gesto hacia el exterior, hacia los mangles y el agua oscura que se extiende detrás de la Poza.


Se encoge de hombros.


Leandro deja lentamente el vaso sobre la barra. Nicanor ya está caminando hacia la pasarela.


Se detiene y gira la cabeza hacia ti.


Una sonrisa seca le cruza el rostro.


Jonah se te queda mirando. Parece que está esperando que grites «¡Cancún!» o algo así. Nicanor se dirige al interior del marjal, por la misma puerta lateral por la que ha entrado. Allí puedes ver una pasarela que se interna en un lugar lleno de niebla, mangles y humedad.

Cita de: Maurick en 27 de Ago 2026, 23:52:22Se detiene y gira la cabeza hacia ti.


Una sonrisa seca le cruza el rostro.


Jonah se te queda mirando. Parece que está esperando que grites «¡Cancún!» o algo así. Nicanor se dirige al interior del marjal, por la misma puerta lateral por la que ha entrado. Allí puedes ver una pasarela que se interna en un lugar lleno de niebla, mangles y humedad.

Solo los insectos del exterior viven despreocupados y ajenos a lo que ocurre dentro de este lugar.  Arqueo una ceja ya que el ofrecimiento de Nicanor me pilla desprevenida. Dudo durante unos segundos pero sopeso las posibilidades de que este tipo, aún siendo la representación de la ira, sea más fácil de sobrellevar que Neiatta.

Miro a Leandro cuando Nicanor sale al exterior, su rostro es la imagen del alivio y vuelve a tener la misma expresión que antes de la aparición de su líder. Levanta su copa hacia mi a modo de brindis y de un trago se acaba lo que sea que estaba tomando.

Veo la expresión de Jonah pero le dedico una  sonrisa de medio lado transmitiéndole tranquilidad. Le hago un gesto con la cabeza en dirección a la puerta abierta y me dirijo hacia allí.


01 de Sep 2026, 00:33:02 #49 Ultima modificación: 04 de Sep 2026, 00:15:53 por Maurick
Cuando el violento tipo que ha entrado de repente sale por una de las puertas, notáis que todo se abre un poco más. Nicanor camina por delante sin comprobar si le seguís, mientras Leandro sale detrás de vosotros con el vaso todavía en la mano y Jonah ocupa la última posición, mirando a ambos lados mientras se ajusta las gafas. La niebla empieza unos metros más adelante. No parece una bruma normal, porque se acumula sobre las aguas bajas, espesa entre las raíces de los mangles, formando paredes blancas que se abren cuando os aproximáis y vuelven a cerrarse a vuestra espalda. Por momentos casi no podéis distinguir a Nicanor a diez metros. Jonah mete una mano entre la neblina, como intentando comprobar su consistencia.


Nicanor ni siquiera se gira.


La pasarela termina en una plataforma irregular construida sobre pilotes. Desde allí nacen varias ramificaciones de tablones que se internan entre pequeñas islas de barro, bancos de arena y extensiones de agua que apenas alcanzan las rodillas. Poco a poco empiezas a comprender que la niebla no está ocultando un único edificio: está ocultando un pueblo. Las primeras viviendas aparecen como sombras y chozas de madera levantadas sobre el agua. Restos de embarcaciones transformados en paredes, con techos de chapa, lonas tensadas entre postes y plataformas construidas alrededor de raíces demasiado grandes para retirarlas. Algunas estructuras son tan pequeñas que apenas parecen dormitorios; otras se han unido entre sí mediante puentes estrechos formando pequeñas agrupaciones.

No hay orden aparente hasta que observas durante unos segundos, entonces empiezas a verlo. Canales despejados, pasos elevados. Zonas donde se almacenan redes y criaderos protegidos por cercados de madera. Depósitos de agua, herramientas, anzuelos y grandes recipientes donde varios hombres limpian pescado. Hay Nerai por todas partes, muchos más de los que esperabas.

La mayoría son varones, que trabajan en silencio o hablando entre ellos hasta que alguien repara en vuestra presencia. El cambio se extiende rápidamente. Un joven que arrastra una red deja de hacerlo. Dos hombres sentados sobre una plataforma dejan de reparar un motor fuera borda. Otro emerge del agua hasta la cintura y se queda mirándote con una expresión de absoluto desconcierto. Un niño señala hacia Jonah, con expresión divertida. Su rostro es una mezcla de escamas y protuberancias quitinosas. Y el adulto que está con él le baja rápidamente la mano. Jonah mira sus propias gafas.


Jonah se acerca a él, y el chaval se pone detrás del adulto. Éste levanta la mano y hace un gesto a Jonah, pero éste se quita las gafas y se las ofrece. El chavalín pasa a tener los ojos iluminados cuando las agarra por las patillas y se las pone. El adulto no sabe muy bien como reaccionar, pero Jonah se pone las manos en la cara imitando unas gafas y sonríe. Nicanor continúa avanzando, pero ahora parece disfrutar un poco de las reacciones.

Varias miradas se quedan clavadas especialmente en ti: no son abiertamente hostiles. Son largas, curiosas e incómodas. Alguno incluso se aparta ligeramente cuando pasas. Leandro se aproxima un poco más, incapaz de mantenerse callado demasiado tiempo.


Nicanor levanta un dedo sin dejar de caminar.


Leandro se calla al instante, pero el silencio no dura ni dos segundos.


Nicanor resopla, resignado. La pasarela desciende hasta desaparecer bajo unos centímetros de agua tibia. Él atraviesa la zona sin detenerse mientras sus botas levantan pequeñas nubes de barro que tardan en volver a asentarse.




Extiende un brazo. No lo hace como quien presenta una posesión, lo hace con un orgullo mucho más sencillo.


Una figura corpulenta pasa al otro lado de la niebla. Por un instante sólo distingues una espalda cubierta de placas oscuras y una cola gruesa desapareciendo detrás de una de las viviendas. No parece Nerai, pero Nicanor ha visto que lo miras.


Se vuelve hacia ti mientras sigue andando de espaldas durante unos pasos.


Vuelve a darse la vuelta. Más adelante, un par de Nerai apartan unas cajas para dejaros pasar. Uno de ellos saluda a Nicanor con un movimiento breve de cabeza. El Rompemareas responde igual.


Da una patada suave a una tabla mal colocada para devolverla a su sitio.


La niebla vuelve a abrirse. Durante unos segundos aparece ante vosotros una extensión mayor de la colonia: varias plataformas conectadas, hombres trabajando en el agua, pequeños fuegos protegidos de la humedad y más viviendas perdiéndose entre el blanco. Nicanor señala hacia ninguna parte concreta.


Se encoge de hombros.


Leandro aparece a su lado, sorteando una tabla levantada.


Nicanor se detiene en seco. Se da la vuelta. La expresión cambia tan deprisa que Leandro deja la frase sin terminar.


Leandro abre las manos.


Nicanor da un paso hacia él, pero sin levantar la voz.


Leandro cierra la boca, al mismo tiempo que Nicanor permanece mirándolo un instante más. Después vuelve hacia vosotros y continúa andando. La tensión parece quedar atrás junto con la niebla, pero no desaparece del todo. Pasáis junto a otra vivienda. Dos hombres dejan de hablar al veros y uno te observa durante demasiado tiempo antes de bajar los ojos. Nicanor se da cuenta y no dice nada. Después de un rato, llegáis a una plataforma que parece el centro de este lugar. Frente a vosotros se levanta una casa más grande, que parece tener dos pisos. Está hecha de madera, y parece tan frágil y resistente como todo lo que habéis visto en esta comunidad. Sin embargo, el ambiente es muy distinto al que viste en Aguas Sagradas: aquí no hay miedo.


Leandro permanece varios metros atrás, mientras habla en una lengua que no entendéis con otros Nerai. Nicanor mira hacia las casas ocultas entre la niebla.


Sus dedos se cierran alrededor de uno de los postes de la pasarela.


Más allá, algo pesado entra en el agua, y Nicanor gira finalmente la cabeza hacia ti.


Leandro se acerca a él, pero pega un pisotón al suelo.


Nicanor le echa una mirada llena de furia. Pero quizá Leandro es una persona más coherente, y quizá es hora de tomar una decisión.

¿Qué haces, Brisa del Sur?

02 de Sep 2026, 22:36:48 #50 Ultima modificación: 03 de Sep 2026, 13:35:05 por Denebia
Salgo del local siguiendo a Nicanor y piso por donde va pisando él cuando la niebla comienza a aparecer.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02La niebla empieza unos metros más adelante. No parece una bruma normal, porque se acumula sobre las aguas bajas, espesa entre las raíces de los mangles, formando paredes blancas que se abren cuando os aproximáis y vuelven a cerrarse a vuestra espalda. Jonah mete una mano entre la neblina, como intentando comprobar su consistencia.




Yo también extiendo la mano para poder tocarla, me suscita mucha curiosidad saber cómo funciona.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02No hay orden aparente hasta que observas durante unos segundos, entonces empiezas a verlo. Canales despejados, pasos elevados. Zonas donde se almacenan redes y criaderos protegidos por cercados de madera. Depósitos de agua, herramientas, anzuelos y grandes recipientes donde varios hombres limpian pescado.


Observo la estructura de la pequeña ciudad que han construido. Se nota que el asentamiento lleva ya un tiempo aquí y que ha comenzado a funcionar por sí sola. Pero caigo en la cuenta de algo curioso: me extraña que estén en la superficie y no bajo el agua, como Aguas Sagradas.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02La mayoría son varones, que trabajan en silencio o hablando entre ellos hasta que alguien repara en vuestra presencia. El cambio se extiende rápidamente.


Parece que mis sospechas comienzan a tener fundamento. Prácticamente solo hay hombres y son los únicos que se quedan mirando. Yo también les miro.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02
Jonah se acerca a él, y el chaval se pone detrás del adulto. Éste levanta la mano y hace un gesto a Jonah, pero éste se quita las gafas y se las ofrece. El chavalín pasa a tener los ojos iluminados cuando las agarra por las patillas y se las pone. El adulto no sabe muy bien como reaccionar, pero Jonah se pone las manos en la cara imitando unas gafas y sonríe.




Es un gesto muy bonito y la cara de felicidad del pequeño no tiene precio. Observo la escena con una sonrisa tonta en la cara y me cala un poco en el corazón. "Mierda, esto no entraba en mis planes"... pero hace tanto que no lo siento que dejo que fluya por esta vez.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02Varias miradas se quedan clavadas especialmente en ti: no son abiertamente hostiles. Son largas, curiosas e incómodas. Alguno incluso se aparta ligeramente cuando pasas.


"¿Qué les pasa? ¿Es que nunca han visto a alguien con los pantalones un poco arremangados para no mancharlos? ¿O es que acaso me miran porque soy mujer?" pienso cuando las miradas comienzan a ser algo incómodas.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02

"MEMORIA", otra vez esa palabra. Con Salomé me pasó inadvertida, otra palabra más perdida en la conversación, pero ahora salta como un resorte. ¿A qué se referirán? Y que Nicanor le haya hecho callar llama más mi curiosidad.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02Leandro se calla al instante, pero el silencio no dura ni dos segundos.




Arqueo una ceja extrañada. No sé si tomármelo como un cumplido o como algo discriminatorio. No espero respuesta por lo que la pregunta es más como un autocomentario que lanzo al aire en voz no muy alta, ni si quiera me doy cuenta de que lo he dicho en voz alta.

Cita de: Maurick en 01 de Sep 2026, 00:33:02Más allá, algo pesado entra en el agua, y Nicanor gira finalmente la cabeza hacia ti.


Leandro se acerca a él, pero pega un pisotón al suelo.


Nicanor le echa una mirada llena de furia. Pero quizá Leandro es una persona más coherente, y quizá es hora de tomar una decisión.


No digo nada durante "el gran discurso sube ego" de Nicanor. Escucho paciente, ya que eso es lo que hemos venido a hacer. Cuando al final se altera y, en un alarde de hombría, me reta a matarle suelto una risilla y ladeo la cabeza de un lado a modo de negación. Doy unos pasos para acercarme a Nicanor, decidida. Atrevida. Apenas miro a Leandro unos segundos cuando interviene pero mi mirada vuelve a fijarse en el "Rompemareas". Me quedo tan cerca de él que apenas nuestras caras se separan unos centímetros.


Cierro los ojos e inspiro su aroma para aprenderlo. Lo más seguro es que esté transgrediendo mucho su espacio personal socialmente aceptado, pero quiero ponerle nervioso, o al menos algo nervioso. Comprobar si es odio o temor a las mujeres o simplemente coincidencia. Vuelvo a abrir los ojos y clavo mi mirada en la suya.


Dejo un breve espacio para el silencio. Sonrío de medio lado, me aparto dando un par de pasos hacia atrás sin dejar de mirarle y me apoyo en una balaustrada improvisada de la pasarela para observar Sal Parda.


Me giro hacia Nicanor, apoyada con los brazos hacia atrás y agarrada a la balaustrada.



Cojo aire para continuar pero me freno durante un instante. Miro a Jonah preocupada, no sé cómo se tomará lo que voy a decir a continuación, pero busco comprensión en sus ojos. Trato de no hacer mucho caso al nudo que se me acaba de formar en el estómago. Vuelvo a mirar a mi interlocutor. Ya no estoy apoyada contra la balaustrada, me he incorporado.


Me incorporo y camino para quedarme cerca de Jonah.


Miro también a Leandro al hacer esa última pregunta, ya que parece ser su mano derecha y el más sensato de los dos.



Menciono a los Rokea y Salmyra tratando de tocar alguna fibra sensible, como pasó con Salomé. O puede que no pase nada y que solo ella recuerde todo eso, La verdad es que nunca adivinaría cuantos años tiene esa mujer.




Por si no se ha notado, no digo nuestros nombres, ya que no nos lo han preguntado. Soy un poco reservada con ese tema, aunque Jonah ha dicho parte del mío por encima.

Nicanor no retrocede cuando te acercas, pero la tensión está ahí. Hace unos segundos parecía dispuesto a convertir cualquier palabra en un desafío, pero ahora se queda rígido, con los hombros altos y la mandíbula encajada. Su mirada aguanta la tuya durante un instante antes de desviarse hacia un lado (no es necesario que tires por Duelo de Miradas). Arruga ligeramente la nariz. Parece que va a titubear, pero en seguida para, respira, piensa lo que va a decir y te responde.


Rompe por sí mismo la cercanía, girándose hacia las casas medio ocultas entre la niebla.


Cuando hablas de las nuevas camadas, la respuesta no llega tan deprisa. Nicanor mira hacia una de las pasarelas inferiores. Allí, el muchacho que antes llevaba las gafas de Jonah permanece junto al adulto, observando la discusión desde lejos. El Rompemareas aprieta los dientes.


Lo dice casi entre dientes, sin que se escuche. Sin embargo, parece que todos los presentes saben de lo que habla. De lo que hablas.


A vuestro alrededor algunos Nerai han dejado de fingir que no escuchan, y Nicanor también se da cuenta. Sus ojos recorren brevemente las plataformas, los embarcaderos, las viviendas perdidas entre la bruma. Gente que trabaja y vive allí. Y gente que está mirándole. Durante unos segundos parece que va a decir algo más, pero no lo hace.


Se da media vuelta.


Se marcha por una de las pasarelas laterales, gruñendo algo imposible de entender. Nadie intenta detenerlo. Leandro espera hasta que la silueta de Nicanor se pierde entre la niebla, y entonces expulsa lentamente el aire.


Se acomoda junto a la balaustrada, apoyando ambas manos sobre la madera húmeda.


Una pequeña sonrisa cansada aparece en su rostro.


Hace una pausa antes de continuar.


Te estudia con más curiosidad que antes.


Leandro se gira hacia ti.


Sus dedos tamborilean una vez sobre la madera.


Jonah sigue a tu lado. Ha seguido a tu lado todo el tiempo. Sin embargo, desde que has pronunciado aquellas cuatro palabras parece estar escuchando la conversación de una forma distinta.

Yo también soy madre.

No ha dicho nada, ni siquiera cuando Nicanor se ha marchado. El niño de antes se acerca con cierta cautela mientras Leandro habla. Lleva las gafas sujetas por ambas patillas y se las ofrece a Jonah. El hechicero tarda un segundo en darse cuenta. Las recoge, le dedica una pequeña sonrisa y se las coloca otra vez. Pero sus ojos regresan enseguida hacia ti.

Leandro termina su pregunta, y Jonah aguanta todavía un instante.


Ya no hay ninguna broma en la voz. Se acerca apenas medio paso, lo suficiente para hablar contigo sin dejar fuera a Leandro, pero bajando instintivamente el tono. Se pasa una mano por la nuca, y durante un momento parece buscar una forma mejor de decirlo y fracasa.


Él mismo frunce el ceño nada más escucharse.


Baja la mirada un instante y vuelve a buscar tus ojos. Leandro permanece en silencio, con cara de situación. Jonah también.

08 de Sep 2026, 19:36:42 #52 Ultima modificación: 09 de Sep 2026, 02:27:24 por Denebia
Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15
Se da media vuelta.


Se marcha por una de las pasarelas laterales, gruñendo algo imposible de entender. Nadie intenta detenerlo.




Veo cómo se aleja enfadado.


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Te estudia con más curiosidad que antes.



Asiento a la afirmación de querer hablar con su gente.


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Leandro se gira hacia ti.





Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Sus dedos tamborilean una vez sobre la madera.




Cuando Jonah me llama me giro hacia él sin terminar la frase. Hay algo en su tono de voz que duele. Me hubiera gustado tener esta conversación en otras circunstancias, no aquí y no ahora. Pero tenía que hacer ver a Nicanor que de verdad entiendo su postura, buscar ese puente al diálogo.

Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Ya no hay ninguna broma en la voz. Se acerca apenas medio paso, lo suficiente para hablar contigo sin dejar fuera a Leandro, pero bajando instintivamente el tono. Se pasa una mano por la nuca, y durante un momento parece buscar una forma mejor de decirlo y fracasa.



Esbozo una sonrisa un poco amarga, no sé si es un cumplido o algo malo. Me giro hacia él para prestarle toda mi atención.

Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:46:15Él mismo frunce el ceño nada más escucharse.


Baja la mirada un instante y vuelve a buscar tus ojos. Leandro permanece en silencio, con cara de situación. Jonah también.


No entiendo el comentario, no sé por qué lo dice, y esa duda se refleja en mi rostro.


Pongo mi mano suavemente sobre su brazo y no dejo de mirarle a los ojos. Vuelo a hablar en un tono de voz normal, para asegurarme de que los dos me oyen sin problema.


Tomo aire.


Me inclino un poco para mirar hacia la zona tras Jonah y me dirijo a Leandro con una sonrisa amable.


La verdad es que no espero a la aprobación de Leandro. Cojo a Jonah de las manos y hago un poco de fuerza hacia atrás para moverlo y que me siga. Suelto una de las manos pero con la otra sigo sosteniendo la de Jonah, si él quiere. Busco con la mirada un lugar un poco apartado y solitario y, no muy lejos de allí, veo dos cajas bastante grandes apiladas una sobre la otra y una tercera frente a estas. Tiene pinta de que están vacías y que llevan ahí demasiado tiempo olvidadas. Es el lugar perfecto.

Una vez junto a las cajas compruebo que son más altas de lo que parecían desde lejos ya que la que no tiene nada encima el borde me llega un poco más alta que mi cintura. Doy un pequeño salto y me siento cruzado las piernas, estilo yo (estilo indio). Dejo espacio a mi lado por si Jonah quiere sentarse.


Rebusco en mi riñonera y saco un mechón de pelo negro anudado con una cuerda de cuero. Lo sostengo en mis manos y se lo muestro. Lo vuelvo a guardar delicadamente.




*Nota al pie: solomelón = oxímoron.



 Continúo hablando.


Suspiro, en mi cara se dibuja una sonrisa agridulce. Hago una pausa.



Sonrío ante la loca idea de poder ser abuela y no saberlo.


Hablar de la muerte de Pluma sigue sin ser fácil, pero parece que la carga se ha aliviado un poco.

Permanezco un rato en silencio hasta que me percato de que me he quedado mirando sus manos. Me gustaría tanto poder cogerlas... Doy un respingo y le miro a los ojos. No sé si está molesto, preocupado, enfadado, tenso... Me gustaría tanto poder abrazarle... Se nota, pero quiero dejarle su espacio.


Tu intervención no sorprende a Leandro. De hecho, parece que te ha calado muy bien, aunque al principio conserve esa expresión suya de abogado que escucha buscando la grieta por la que meter una objeción. Sin embargo, cuando mencionas a Pluma del Viento, cuando explicas que ya elegiste una vez la obligación por encima de aquello que querías proteger y que no piensas cometer el mismo error, algo se relaja en su rostro.

Deja de preparar la siguiente pregunta, y te escucha. Cuando terminas y le pides unos minutos, el licenciado asiente despacio.


Mira hacia la pasarela por la que Nicanor ha desaparecido y después hacia las siluetas de las casas escondidas entre la niebla.


La sonrisa que aparece es breve y cansada.


Leandro parece pensárselo antes de añadir algo más.


Baja un poco la voz.


Una ligera mueca acompaña la frase, pero desaparece enseguida.


Golpea suavemente la madera con un dedo.


Levanta la mirada hacia ti, y por un instante parece que va a añadir algo, pero no lo hace.


Se separa de la balaustrada y levanta ambas manos con cierta teatralidad. Te sonríe, y se marcha por la pasarela sin mirar atrás. La niebla tarda poco en ocultarlo. De hecho, desde que se ha marchado Nicanor, la niebla parece haberse vuelto más densa y abundante.



Volvamos a la frase de Jonah. Esa frase que ha pronunciado de forma inocente, algo impertinente, y sincera. No ha apartado la mirada mientras hablabas con Leandro. Tampoco mientras explicabas por qué estás aquí. Lo único que ha cambiado es la expresión con la que te observa: no parece preocupado y mucho menos asustado. Parece sorprendido. Cuando tiras suavemente de su mano, te sigue sin decir nada. Camina contigo hasta las cajas apartadas y espera mientras te acomodas sobre una de ellas. Después se sienta a tu lado, algo torcido por la diferencia de altura, apoyando los pies contra la madera inferior.

Y te escucha. Sorprendentemente, el tipo que no se calla ni debajo del agua dedica un momento a escuchar todo lo que tienes que decir. Cuando sacas el mechón de pelo negro, baja los ojos hacia él. Su expresión pierde durante un instante toda esa insolencia que suele llevar pegada a la cara. Después mencionas que quizá seas abuela y una de sus cejas sube. La disonancia es muy evidente en él.


Le hablas de la muerte de Pluma, de los espíritus que dejaste cuidando de aquella manada. De todo aquello que existía antes de que él apareciese en tu vida. Y finalmente empiezas a explicarle que entenderás cualquier reacción que tenga, pero no llegas mucho más lejos. Jonah se inclina hacia ti y te abraza. Un brazo pasa alrededor de tu espalda y el otro te recoge contra su pecho, como si hubiera decidido que seguir sentado escuchándote justificar tu propia vida empieza a resultarle absurdo.


Permanece así unos segundos.


Se separa sólo lo suficiente para poder mirarte. Hay una sonrisa nerviosa en su rostro.


Se rasca ligeramente la nuca.


Niega despacio con la cabeza.


Esta vez la sonrisa dura algo más. Jonah mira hacia la niebla, hacia el lugar por donde ha desaparecido Leandro.


Frunce el ceño.


La sonrisa se vuelve algo más descarada. El lugar se ha quedado en silencio tras el «cocomelón» de Jonah, aunque el olor de la marisma sigue presente. Y escuchas de fondo ruidos de madera moviéndose, de martillos ajustando paneles de troncos y de comentarios en un dialecto que te recuerda al que hablaba Jules con su familia... ¿Qué vas a hacer?

Cita de: Maurick en 13 de Sep 2026, 21:58:15

Suelto una risilla y hago un leve gesto de negación con la cabeza. Ninguno de los dos sabe decir, o usar, bien esa palabra. Le doy un pequeño beso en la comisura de los labrios y, aunque me gusten sus abrazos, me separo de él. Me bajo de las cajas y miro a mi alrededor.



Digo con una sonrisa pícara.



Mi intención es preguntar/entrevistar a los Nerai que quieran o se dejen:
- Qué tal su vida allí y qué echan de menos de allí.
- Cómo de diferente es a la de ahora.
- Conocer si saben o no el motivo real de su partida.
- Saber si llegaron a conocer a Lydia y qué opinan de ella.
- Cómo les gustaría vivir.

También ir comentando con Jonah qué va opinando de lo que nos cuenten y con toda la información ir a hablar con Leandro, primero como habitante y luego como consejero de Nicanor.

Jonah te agarra de las caderas cuando le das un beso y te ayuda a bajar de las cajas con cuidado. Se recoloca las gafas con un dedo, mira hacia las pasarelas de madera y luego hacia ti.


Empieza a caminar a tu lado.


No parece tener ninguna intención de separarse demasiado. Las siguientes horas transcurren despacio:

La Sal Parda no tiene una plaza donde reunir a sus habitantes ni un lugar evidente donde sentarse a escuchar historias. La gente está trabajando. Reparando redes, arrastrando cubos de agua, limpiando pescado y verduras sobre tablas ennegrecidas, reforzando pilotes hundidos en el fango. El trabajo no se detiene para vosotros, aunque vuestra presencia provoca miradas y, al principio, respuestas breves.

Poco a poco cambia, cómo no. Es evidente, pero descubrís que hablar de Aguas Sagradas resulta más sencillo que hablar de Nicanor. Algunos han nacido allí.

Recuerdan la cueva como algo inmenso, húmedo y seguro. El agua protegía del mundo exterior, la temperatura apenas cambiaba y nadie necesitaba ocultar lo que era. Hablan de criaderos comunes, de comida repartida entre todos, de rincones donde dormían varias familias juntas y de largas noches en las que los más viejos contaban recuerdos que parecían anteriores incluso a ellos mismos.

Varios sonríen mientras lo cuentan, porque alguno todavía tiene familia allí. Una madre, o dos hermanos, o una compañera que decidió no marcharse. Para ellos, Aguas Sagradas nunca fue únicamente una prisión.

Pero llega siempre un momento en el que la conversación cambia. A veces ocurre cuando preguntas por qué se fueron. Otras, cuando Jonah pregunta qué era lo peor de vivir allí. Hay quien responde hablando de Melquíades, el hermano mayor de Nicanor y el despreciable rey que Lydia destronó. Otros apenas lo recuerdan y hablan de Lydia, la reina que vino desde más allá del océano. Los más recientes mencionan a Neiatta.

Lo que está claro es que los nombres cambian, pero el gesto es casi siempe el mismo: una mirada hacia el suelo, o un silencio incómodo. Es la sensación de estar acercándose a algo que nadie quiere nombrar demasiado alto.

Los habitantes más antiguos de la Sal Parda recuerdan a Nicanor mucho antes de que fuese la figura que habéis conocido. No hablan de él como un libertador enviado por los espíritus ni como el fundador de una nueva era. Lo recuerdan joven, rabioso, perdido después de la muerte de su hermano. Recuerdan el viaje hasta el Estero Ciego (dónde os encontráis ahora, era su nombre antes de la Sal Parda) y las primeras semanas durmiendo sobre madera húmeda, comiendo mal y reconstruyendo un viejo refugio que apenas servía para esconderse de las tormentas.

Algunos reconocen que Melquíades era un cabrón, y ninguno parece echarle realmente de menos. Lo que no aceptaron fue que alguien llegase desde fuera, lo devorase y ocupase inmediatamente su lugar. Otros se quedaron con Lydia, pero algunos de esos terminaron llegando aquí años después.

La imagen que ofrecen de ella es diferente a la que esperabas encontrar. Hay quien la recuerda con respeto, incluso con cariño. Dicen que intentó cambiar muchas cosas, que acabó con costumbres que llevaban demasiado tiempo aceptándose porque nadie se atrevía a discutirlas. Tampoco todos los habitantes que hablan contigo consideran que marcharse entonces fuese necesario. Pero con Neiatta las opiniones son mucho menos amables y menos uniformes.

Un hombre de hombros cubiertos de pequeñas placas calcáreas afirma que nunca recibió un castigo de ella, nunca fue amenazado y jamás vio a la reina maltratar personalmente a nadie. Su problema no era Neiatta, era saber que su vida seguía perteneciendo a Aguas Sagradas.

Otro se muestra mucho más duro. Llegó a la Sal Parda después de que comenzasen los intentos de recuperar a quienes se habían marchado. Para él, Neiatta no comprende la diferencia entre proteger una comunidad y poseerla.

Una mujer no aparece entre aquellos con los que habláis, pero sí un Nerai joven que recuerda a su hermana. Ella continúa abajo, y él no quiere obligarla a marcharse y tampoco desea regresar para convencerla. Sólo quiere que ambos puedan tomar decisiones diferentes sin convertirse por ello en enemigos.

Eso parece resumir buena parte de lo que encuentras. La mayoría no odia Aguas Sagradas, e incluso algunos ni siquiera odian a Neiatta. Y Nicanor tampoco despierta una devoción unánime.

Hay hombres que le deben la vida. Lo dicen sin titubeos: cuando las incursiones empezaron, fue Nicanor quien organizó las defensas. Cuando faltó comida, consiguió alianzas. Cuando nadie sabía cómo esconder el Estero Ciego, aparecieron los rituales que mantienen la niebla abrazada al manglar.

Pero también encontráis cansancio: Nicanor pregunta demasiado. Quiere saber quién sale, quién entra, quién habla con quién. Decide qué riesgos son aceptables y cuáles no. Hay quienes llevan años justificándolo porque cada nueva incursión demuestra que sus temores no eran imaginarios.

Otros empiezan a preguntarse cuándo llegará el día en que estar protegido y estar encerrado signifiquen exactamente lo mismo. La vida aquí es peor en casi todos los sentidos materiales: hay mosquitos, calor, tormentas. La madera se pudre, el agua potable tiene que almacenarse. La comida depende de la pesca, de lo que puedan intercambiar y de unas alianzas que no siempre resultan cómodas. Todos trabajan porque una semana mala se nota inmediatamente en las despensas.

Aun así, muchos prefieren esto. Uno de ellos lo demuestra enseñándoos una pequeña vivienda que construyó con sus propias manos. Está torcida, huele a pescado seco y el techo necesita otro parche antes de que llegue una tormenta seria, pero es suya.

La conversación más difícil llega con las camadas. Nadie niega lo que ya viste: hay pocos jóvenes. Demasiado pocos. Los nacimientos internos se detuvieron hace tiempo. Algunos habitantes no quieren hablar del motivo. Otros lo hacen con esa resignación de quien lleva años contemplando el mismo problema: las nuevas generaciones empezaron a nacer peor. Cuerpos que no terminaban de desarrollarse. Cambios incompletos. Rasgos que nadie conseguía explicar únicamente mediante la herencia.

Desde entonces, cada nuevo habitante que consigue llegar desde Aguas Sagradas significa algo más que una boca adicional: significa el futuro.

Y entonces empiezas a comprender por qué las dos comunidades pueden pronunciar la palabra rescate para describir exactamente la misma acción. Cuando preguntas por qué nadie simplemente se marcha más lejos, las respuestas vuelven a fragmentarse. Algunos no quieren abandonar Yucatán. Otros no creen que sobrevivirían separados. Otros hablan de la memoria como si fuese algo que pudiera diluirse con la distancia. Y unos pocos vuelven la mirada hacia el sur, hacia el mar.

No hablan de Mott Garoth. Para ellos, eso no es algo que pueda tener un nombre. Hablan de lo que duerme, de lo que necesita la cueva. Uno de los hombres mayores recuerda que, durante mucho tiempo, los niños aprendían pronto que determinadas preguntas no debían hacerse. Otro se limita a explicar que hubo un momento en que comprendió que ciertas listas no eran guardias, ni trabajadores, ni enfermos. Otro no quiere continuar hablando, Jonah tampoco insiste.



Cuando os alejáis, camina contigo en silencio durante varios metros. Observa una hilera de pequeñas viviendas apoyadas sobre pilotes. En una de ellas, dos Nerai reparan una red bajo la supervisión de otro más viejo. El hechicero se queda mirándolos.


Se mete las manos en los bolsillos.


Una tabla cruje bajo sus zapatillas.


Sonríe ligeramente, sin demasiada nostalgia.


Aparta una rama del manglar para dejarte pasar.


La sonrisa aparece otra vez.


Continúa caminando.


Se encoge de hombros, pero no desarrolla el tema.


Esta vez mira hacia las casas de la Sal Parda.




El resto de la tarde continúa entre conversaciones. Cuando finalmente decidís que habéis escuchado suficiente, la luz ya ha empezado a cambiar sobre el manglar. La niebla convierte el sol en una mancha pálida entre las copas y las pasarelas parecen prolongarse mucho más allá de donde realmente terminan.

Buscáis a Leandro. Jonah termina encontrando a uno de los habitantes que señala una vivienda algo apartada del centro. Tú y él recorréis juntos la última pasarela. En algún momento sus dedos encuentran los tuyos y seguís caminando agarrados de la mano sin necesidad de comentar nada.

La puerta está abierta, y lo primero que sorprende no es encontrar allí a Leandro. Es descubrir que aquello es un despacho. Pequeño, húmedo y completamente absurdo en mitad de un asentamiento levantado sobre un pantano, pero un despacho al fin y al cabo.

Dos paredes están ocupadas por archivadores metálicos de diferentes procedencias. Algunos tienen manchas de óxido alrededor de las bisagras; otros conservan etiquetas escritas con una caligrafía minúscula y sorprendentemente ordenada. Carpetas, sobres y hojas protegidas dentro de fundas de plástico ocupan una estantería construida con tablones.

Hay incluso una mesa de oficina, que no combina con absolutamente nada. ¿Qué es eso? ¿Las opiniones de Allison están permeando tu mente? ¡Qué humana te estás volviendo! Detrás de ella cuelgan varios diplomas enmarcados. Títulos y acreditaciones jurídicas amarilleadas por los años, protegidas del aire húmedo tras cristales que alguien limpia con bastante frecuencia.

Entre ellos hay una fotografía: Leandro parece mucho más joven. Lleva traje, corbata y una sonrisa tan exageradamente orgullosa que cuesta relacionarla con el hombre que conocisteis en la Poza del Tío Bill. Está entre dos personas mayores, un hombre y una mujer vestidos para alguna clase de ceremonia. Los tres miran a la cámara.

En la fotografía, Leandro parece completamente humano, pero el que está sentado ahora detrás de la mesa no. Ha abandonado la apariencia que utiliza en la superficie y mantiene otra forma. Podrías decir que es como tu Glabro. Sigue siendo reconocible, con sus ojos atentos y expresión de sabelotodo. Pero su cuerpo resulta más ancho, irregular y acuático. La piel permanece húmeda y recorrida por pequeñas escamas; a ambos lados del cuello se abren finas hendiduras branquiales que se mueven con su respiración. Sus manos conservan dedos suficientemente hábiles para manejar papeles, aunque una membrana translúcida une parcialmente las falanges.

La camisa ha sobrevivido a la transformación con cierta dificultad. Leandro levanta los ojos cuando aparecéis en la puerta. Su mirada baja durante un instante hacia vuestras manos entrelazadas, pero después vuelve a subir. No dice nada al respecto.


Retira varias carpetas de las dos sillas situadas frente a su mesa y las deposita cuidadosamente sobre un archivador.


Se acomoda en su silla y, antes de que os sentéis, abre uno de los cajones de la mesa. Dentro hay documentos, nolígrafos, una grapadora. Y una botella de mezcal. Leandro saca también un vaso pequeño.


Deja el vaso sobre la mesa y levanta ligeramente la botella.


Se sirve un poco de mezcal. Después guarda la botella a medias dentro del cajón, dejándola al alcance por si alguno cambia de opinión. El Nerai se recuesta, y la madera de la silla protesta bajo el peso de su forma Glabro. O eso esperas.

Mira primero a Jonah y después a ti. Sonríe.


El tipo sonríe con total sinceridad. Su voz no es amenazante y su actitud es muy relajada.