Episodio 3 — Indolence

Iniciado por Maurick, 09 de Jul 2026, 20:45:35

Tema anterior - Siguiente tema
Los tres éxitos terminan de ordenar aquella sensación que al principio sólo habías podido comparar con Sentir al Wyrm. Ahora reconoces el patrón.

El Don utilizado por Destiny es Sentir Equilibrio, una capacidad propia de los Philodox experimentados. No busca corrupción de forma específica, sino desequilibrio: una presencia excesiva del Wyrm, del Kaos o de la Tejedora dentro de una persona, un objeto o incluso un lugar. Es una percepción bastante más sutil que Sentir al Wyrm; el Wyrm deja una impresión densa y aceitosa, la Tejedora algo frío y tenaz, mientras que el Kaos se manifiesta cálido, inestable, casi trémulo.

Destiny estaba estudiándote a ti: intentaba averiguar hasta qué punto las fuerzas de la Tríada permanecen equilibradas en tu interior o si alguna de ellas posee una presencia anormalmente intensa. Puedes comprender qué buscaba con el Don y cómo funciona. Lo que no puedes saber mediante este análisis es qué conclusión obtuvo ella.

Destiny deja que hables; incluso cuando mencionas los Croatanos, cuando defiendes el papel histórico de los Uktena o cuando el nombre de Vara Torcida adquiere un orgullo evidente en tu voz, se limita a escucharte. La molestia inicial desaparece poco a poco de su rostro y deja paso a algo bastante más difícil de interpretar.

Cuando terminas de hablar de tu abuelo, Destiny permanece unos segundos en silencio. Sus ojos bajan hacia tu pipa. Luego vuelven a ti.


Destiny ladea ligeramente la cabeza.


No sonríe. Tampoco hay hostilidad en su tono. Simplemente deja la contradicción encima de la mesa.


Destiny se recuesta un poco en la silla. La noticia sobre la destrucción de la Noche Fría sí parece haber cambiado algo. La expresión profesional continúa ahí, pero ahora escucha de otra manera. Ya no parece estar reconstruyendo únicamente una vieja disputa territorial de Marian Coldwater.


Sus dedos se desplazan despacio sobre la madera.


Durante unos segundos mira hacia la ventana del bar. Afuera, la luz de la tarde cae sobre las fachadas de piedra y las montañas cierran el horizonte como una pared.


Vuelve a mirarte.


Cuando mencionas a Jan Nevershire, Nancy Vixenhart y Sophie Kult, Destiny no muestra reconocimiento ante Les Flamberts, pero sí ante los nombres. La mandíbula se le tensa.


Hace una pequeña pausa.


Después llega tu condición: qué quiere saber de la Noche Fría y para qué. Destiny guarda silencio durante bastante más tiempo antes de responder.


Se inclina hacia delante y apoya los antebrazos sobre la mesa.


Sus dedos se entrelazan.


Destiny frunce ligeramente el ceño.


Deja que la frase repose.


No aparta la mirada.


La sinceridad de esa última frase resulta casi brusca.


Destiny alza ligeramente una mano antes de que la petición pueda confundirse con otra cosa.


Baja la mano.


Destiny se queda observándote.


La voz pierde algo de dureza.


No añade ninguna otra pregunta, porque espera tu respuesta.

Bruma Nocturna contempla cómo, poco a poco, la hostilidad se va disipando. No termina de confiar en Destiny, obviamente veinte minutos de charla no son (ni de lejos) suficientes para estrechar lazos, pero al menos empieza a entender la situación en la que se encuentra.

Cita de: Maurick en 21 de Ago 2026, 11:53:45


El joven asiente con la cabeza mientras la Philodox hace la última aclaración.


Deja que las palabras reposen lentamente, sabedor de que su interlocutora realmente está interesada en lo ocurrido.


Cuando expone que no tenía nociones del ataque, deja que dé su explicación completa. Sospecha por dónde van los tiros, pero espera a escucharlo de sus labios antes de elaborar una respuesta. La actitud del Theurge es calmada, casi confiada, y habla en un tono relativamente bajo y pausado.

Cita de: Maurick en 21 de Ago 2026, 11:53:45




Toma su pipa y da una nueva calada. Mira a la mujer mientras acomoda la información sobre los miembros de la Justicia Metálica y escucha su propuesta.

Cita de: Maurick en 21 de Ago 2026, 11:53:45


Mira hacia abajo, como si pensar en todo el daño ocasionado a los Fera entre un conflicto y el otro fuese tan doloroso como pensar en los pecados que él mismo carga a su espalda. Sobre la mesa reposan los restos del terrorífico café, cuyo recipiente toma con firmeza para terminar el abominable brebaje de un último trago y eliminar el dolor de su interior mediante el dolor sensorial en sus papilas gustativas. Mira a la Philodox mientras permanece en silencia, y espera a que responda a su anterior pregunta.

Cita de: Maurick en 21 de Ago 2026, 11:53:45










La información sobre Marian Coldwater, de alguna manera, confunde ligeramente al chamán. Mira a Destiny, y luego al bolso en el que guarda su fragmento de metal. Lo único que conserva de aquel que un día fue Zarpa Manchada y se dirigió a los hombres de Coldwater rogando que lo ayudasen. ¿Qué les dijo? ¿Por qué lo hizo? ¿De verdad la líder de la Delegación Oeste había decidido ayudar, de alguna manera, a La Noche Fría evitando hablar de su secreto a sus compañeros de la Justicia Metálica? Si ese era el caso, quizá... quizá buscarla y saber qué es lo que realmente busca podría ser la mejor baza de asegurar la supervivencia de su clan y, lo que es más importante, de Unk Cekula.


El tono del muchacho es dubitativo, pero su expresión denota que está atando cabos exactamente a la misma velocidad que pronuncia esas mismas palabras.


Da una nueva calada a su pipa, intentando medir cada palabra antes de continuar hablando.


Mira cómo la mano de Destiny desciende y observa su actitud con cierta distancia.


Mira fijamente a la Philodox a los ojos. Se toma unos segundos antes de concluir su intervención, mientras su rostro se endurece con el peso de la verdad.


Su rostro permanece serio a la vez que tranquilo. Se percibe tremendamente solemne, pero no proyecta ningún tipo de hostilidad. Su presencia, en este momento, es la de alguien que sabe que ya no es una persona sino un profesional cumpliendo la más importante y delicada de las tareas.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Destiny escucha tu última afirmación y, por primera vez desde que Iruz salió del bar, sonríe de verdad. No llega a ser una carcajada. Apenas una pequeña curva en los labios, divertida por tu seguridad.


Inclina ligeramente la cabeza.


La sonrisa permanece un instante más.


No desarrolla la respuesta. Ni su expresión permite adivinar si aquello pretende tranquilizarte o todo lo contrario.

Cuando vuelves a preguntarle por sus intenciones, Destiny abandona finalmente cualquier rodeo. Apoya las manos sobre la mesa y mira durante unos segundos hacia la ventana antes de volver a ti.


Hace una pausa breve.


Sus dedos golpean una vez la madera.


Ahora te observa con mayor atención.


Destiny permanece unos segundos en silencio antes de continuar.


Busca las palabras.


Notas un cosquilleo detrás de la nuca. Lo ves: está sentado junto a Destiny, en Crinos. Obviamente, su espacio corporal no encaja con el estrecho hueco que hay entre ambas sillas.


La Philodox se recuesta ligeramente, al mismo tiempo que tu padre parece desvanecerse en el aire.


Destiny recoge lentamente sus cosas.


Se pone en pie.


Mira brevemente hacia la puerta por la que salió Iruz.


Su expresión vuelve a adquirir aquella rigidez profesional del principio.


Destiny aparta la silla y se coloca la chaqueta, pero no se marcha todavía. Permanece junto a la mesa durante unos segundos, mirándote. Lo suficiente para dejarte decir una última cosa antes de que cada uno continúe su camino.

La expresión divertida de Destiny distiende un poco más el ambiente. No es que fuese especialmente tenso pero, de un modo u otro, no dejaba de ser una negociación.

Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 18:00:54

El muchacho asiente, acompañando el gesto con una media sonrisa más para sí mismo que para la Philodox.


Su expresión corporal es más relajada, como si por fin estuviesen hablando en el mismo idioma tras un período de adaptación en el que ambos intentaban adivinar las cartas del oponente.

Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 18:00:54



El joven escucha atentamente, recuperando la seriedad cuando la mujer menciona su túmulo.


Cuando empieza a hablar de Coldwater, baja la cucharilla y escucha sin interrumpir. Le dedica una mirada, en inmutable silencio, a Zarpa Manchada cuando da su apunte.

Unos turistas entran y se acercan a la barra mientras Destiny recoge sus cosas, y el Theurge aprovecha para dar la última calada a su pipa y descargarla en el cenicero.

Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 18:00:54


[/hg_avatar]


La Moradora del Cristal se pone en pie, pero el Uktena permanece sentado mientras echa un vistazo a la puerta.

Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 18:00:54



La mujer asiente mientras termina de cargar sus cosas, y se marcha del lugar con una calma fingida que solo busca no llamar (más) la atención. El chamán permanece en su silla unos minutos más, quizá diez o quizá quince, valorando el resultado de la interacción. Como otras veces, cree que quizá ha hablado demasiado. Como la mayoría de esas veces, se dice a sí mismo que a veces es importante confiar en alguien: si consideramos que en el mundo ya no queda absolutamente nadie de confianza, ¿de verdad vale la pena luchar por salvarlo? Aunque solo sea por justificar su lucha, el muchacho elije creer que ha hecho lo correcto. Y si hay consecuencias... ya se buscarán soluciones cuando llegue el momento.

Mientras los guiris piden otra cerveza, el joven americano de la llamativa cornamenta deja un billete de cinco euros sobre la mesa (calcula que debería ser suficiente para cubrir los gastos), se va al baño a echar un último vistazo a la umbra del lugar y sale del establecimiento con absoluta calma sin buscar activamente a las chicas con las que llegó al lugar.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

La información que amplías sobre Yellowstone, sobre la implicación o no de Marian Coldwater en la protección del norte de EEUU y la posición estratégica de vuestro clan es de claro interés para la Philodox. No tarda en anotar varios puntos importantes en su libreta: notas que su caligrafía es rápida y casi ilegible, pero supones que para ella será fácil ponerlo en orden. En el momento en el que vuestra conversación finaliza, se levanta y comienza a prepararse para marcharse. Sin embargo...

Durante unos segundos permanece de espaldas a ti, con una mano apoyada sobre el respaldo de la silla que acaba de abandonar. Luego gira ligeramente la cabeza y vuelve a mirarte. Puedes discernir la concentración clínica de alguien repasando una impresión que todavía conserva fresca.


La afirmación llega limpia, sin dramatismo.


Una última sombra de sonrisa aparece en su rostro.


No añade nada más antes de marcharse del bar, tranquilamente. Durante los minutos siguientes, el ruido cotidiano vuelve a ocupar el espacio que ha dejado atrás. Vasos apoyándose contra la barra, conversaciones que no entiendes, una cafetera expulsando vapor y el arrastre ocasional de una silla sobre el suelo.

Cuando terminas lo que te queda por hacer y vuelves a dirigir tu atención hacia la Umbra, descubres que allí también algo ha cambiado. Las estructuras que rodeaban el edificio continúan visibles, pero ya no mantienen aquella disposición cerrada y vigilante. Una de las criaturas voladoras se aleja entre las líneas geométricas del paisaje espiritual. Otra asciende, pierde definición y desaparece detrás de una maraña de filamentos de la Tejedora.

Las restantes hacen lo mismo poco después, porque no parecen haber sido destruidas ni expulsadas. Simplemente... se marchan. Cuando finalmente sales al exterior, el aire de montaña resulta más frío que dentro del bar y puedes notar que Destiny todavía no se ha ido. Está unos metros más allá, junto a Ana Mercedes e Iruz. Llegas justo al final de una conversación que evidentemente no estaba destinada a ti.

Iruz tiene los brazos cruzados con fuerza contra el pecho y la cara completamente roja. No sólo las mejillas, también las orejas. Mantiene la vista apartada de Destiny con una expresión que mezcla irritación y una cantidad considerable de ganas de que la tierra se abra bajo sus pies. Destiny, en cambio, conserva una serenidad casi ofensiva.


Iruz levanta finalmente la mirada.


Aprieta los labios y descubre tu presencia unos segundos después. La intensidad con la que te mira deja bastante claro que formular cualquier pregunta en ese momento podría constituir una decisión estratégicamente cuestionable. Destiny parece divertirse apenas con ello, pero no comenta nada. En lugar de hacerlo, extrae del interior de su chaqueta un papel doblado varias veces y se lo ofrece a Ana Mercedes.


Ana toma el documento y empieza a desplegarlo. Recorre las primeras líneas rápidamente: hay nombres, referencias geográficas y varias anotaciones manuscritas. Su expresión cambia poco a poco hasta adquirir esa seriedad que aparece cuando algo deja de ser una posibilidad y empieza a convertirse en un camino.

A pocos metros espera una motocicleta deportiva de gran cilindrada, de carenado oscuro y aspecto mucho más agresivo de lo que cabría asociar con la mujer relativamente sobria que acaba de pasar casi una hora hablando contigo. Destiny se coloca el casco.


Iruz levanta de forma instintiva el dedo corazón y aprieta los dientes. La Philodox responde con una sonrisa desde detrás de la visera antes de arrancar, y el motor rompe durante unos segundos la tranquilidad del pueblo. Destiny sale hacia la carretera, gana velocidad y desaparece tras la primera curva entre las casas de piedra.

El sonido tarda un poco más en marcharse, mientras Ana continúa mirando el papel e Iruz sigue roja. Demasiado. Ana dobla finalmente el documento y alza los ojos hacia ti.


Guarda el papel con cuidado.


Luego mira hacia el coche.


Ana Mercedes te mira con la inocencia de un cachorro Garou, mientras la Ícaro se mete sin decir nada en la parte trasera del coche, quizás aguantándose las lágrimas.

¿Cuál es tu respuesta, Bruma Nocturna?

Durante el análisis de Destiny sobre su desequilibrio, asiente sin interrumpir. En su rostro se aprecia una leve decepción, pues su descripción encaja con la que él mismo había expresado un rato antes.

Cita de: Lady Midnight en 22 de Ago 2026, 01:42:54

Sin embargo, la última afirmación lo confunde, sobre todo, por la sonrisa que la acompaña.

Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 23:22:55


Al salir fuera, se encuentra a sus dos acompañantes debatiendo con la tercera en discordia. Mantiene la distancia, y no se acerca hasta que Destiny termina con Iruz y se aleja.

Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 23:22:55

El metis responde simplemente levantando un poco la mano, con mucha moderación.

Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 23:22:55

La duda se dibuja en el rostro del muchacho.


Observa por un instante el pueblo y a la gente moverse, y vuelve a mirar la escena que está protagonizando Iruz en el coche.


Mientras espera respuesta, saca su cuaderno y apunta unas notas rápidamente sobre la conversación con Destiny ordenando bien los detalles.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Cita de: Lady Midnight en 23 de Ago 2026, 00:15:58


Ana Mercedes parece satisfecha con la concesión, aunque tu pregunta sobre Iruz le hace mirar hacia el coche. Durante un instante observa a la Ícaro a través de la luna trasera, sentada con los brazos cruzados y la mirada perdida en algún punto del asiento delantero.


No parece una sugerencia.



Andorra la Vella

Zona comercial

📅 27 de septiembre de 2005, 17:54

Llegar hasta la capital requiere algo menos de una hora entre carreteras encajonadas entre montañas, túneles y pequeños núcleos urbanos que aparecen y desaparecen tras cada curva. Ana conduce durante casi todo el trayecto con una tranquilidad que contrasta con los últimos días. Iruz ocupa el asiento trasero y durante el viaje habla poco. No está exactamente enfadada, aunque a veces lo parece. Mantiene la mejilla apoyada contra una mano mientras contempla el paisaje al otro lado de la ventanilla y responde con monosílabos cuando Ana intenta incluirla en alguna conversación. Otras veces sus ojos se humedecen ligeramente y parpadea varias veces hasta recuperar el control.

Ana no insiste, claro que no. Cuando las montañas empiezan a abrirse alrededor de la ciudad, la tarde todavía tiene muchas horas por delante. El primer destino acaba siendo un pequeño local llamado La Finestra del Valira, especializado en helados y cafés, ubicado en una calle secundaria apartada de las tiendas más concurridas. El local tiene apenas una docena de mesas, paredes de piedra clara y grandes ventanales desde los que se ve correr el agua entre edificios y árboles.

La Philodox estudia la carta durante varios minutos.


Levanta la vista por encima del menú.


Una camarera pasa cerca de vuestra mesa con tres platos. Ana espera a que se aleje.


Iruz, sentada frente a ella, baja lentamente su carta.


Es la primera frase completa que pronuncia desde que salisteis de Sant Remei. Ana sonríe y no comenta nada. La merienda transcurre con una normalidad casi sospechosa. Helados de distintos sabores, bollería industrial, galletas, bizcochos y mucha más cantidad de comida bastante superior a la necesaria porque Ana parece empeñada en pedir cosas diferentes sólo para probarlas. Iruz empieza comiendo despacio, sin demasiado entusiasmo, hasta que termina apropiándose de parte de unos maccarons que originalmente estaban en el lado de Ana, pero no ocurre absolutamente nada.

Nadie entra armado. Nadie os reconoce ni aparecen espíritus. ¿Qué se pide Bruma Nocturna? Incluso el café resulta razonablemente bueno. En algún momento, Ana deja la servilleta sobre la mesa y se levanta.


Iruz espera a que desaparezca al fondo del local, y después permanece unos segundos mirando el plato vacío frente a ella. Sus dedos juegan con una esquina doblada de la servilleta. Finalmente levanta los ojos hacia ti.


La palabra le cuesta bastante más de lo que debería. Iruz aparta la mirada hacia la ventana.


Se frota una mejilla con dos dedos, visiblemente incómoda.


Una pequeña inspiración.


Te mira apenas un instante. En cuanto escucha la puerta del baño, se endereza en la silla y recupera una expresión considerablemente más hostil hacia el universo. Ana regresa unos segundos después y mira a Iruz. Después te mira a ti y no pregunta.


Iruz sonríe mientras se relame.



📅 27 de septiembre de 2005, 19:01

La siguiente parte del plan de Ana resulta ser considerablemente más peligrosa. Galeries del Valira ocupa varias plantas alrededor de una gran zona central cubierta por cristal. Tiendas de ropa, perfumerías, cafeterías y escaparates iluminados se extienden en todas direcciones. Ana entra como si hubiese estado preparando aquel momento durante semanas. Iruz tarda algo más en aceptar su destino.


Ana sostiene entre dos dedos la camiseta verde de la cabra esquiadora que Sigma todavía lleva puesta. La llevaba oculta bajo la cazadora vaquera.


Iruz mira hacia abajo, y quince minutos después, las dos desaparecen dentro de una tienda. Durante la siguiente hora, Ana parece descubrir que comprar ropa para alguien que protesta continuamente hace que la experiencia sea bastante más divertida. Iruz sale varias veces del probador diciendo que algo es demasiado putón, demasiado cutre, demasiado gitano, demasiado largo o sencillamente una mierda. Aun así, termina con varias bolsas y Ana acaba acumulando algunas más. En una de las tiendas descubre unas gafas de sol enormes que se prueba durante medio minuto frente a un espejo.


Iruz pasa detrás de ella cargada con dos bolsas.


Ana se las compra. Cuando salís de las galerías ya ha oscurecido. ¿Cómo ha aguantado Bruma Nocturna todo esto?



📅 27 de septiembre de 2005, 22:06

La cena tiene lugar en Kitsune no Yoru, un restaurante japonés situado en una primera planta sobre una avenida iluminada. Dentro hay madera oscura, lámparas de papel y mesas separadas por pequeños paneles. Ana insiste en pedir varias cosas para compartir e Iruz recupera suficiente ánimo como para discutir durante casi cinco minutos sobre cuál es la manera correcta de comer un determinado plato y, poco después, termina robándole una pieza de sushi directamente del plato.


Iruz mastica sin ninguna prisa.


Ana se queda mirándola.


Iruz se encoge de hombros.


Por primera vez durante toda la tarde, la carcajada de Ana hace girarse a una pareja de la mesa contigua. Nadie habla de otra cosa. La noche continúa entre platos pequeños, comida que ninguna de las dos sabe pronunciar correctamente y una discusión completamente inútil sobre si un postre con judías dulces es postre o no. Ambas van al baño juntas y te dejan a solas. ¿Qué pide Bruma Nocturna en un restaurante así?



Hotel Grand Mirall

📅 27 de septiembre de 2005, 23:36

El hotel que Ana ha escogido está en una de las zonas altas de la ciudad, y es de cinco estrellas. Las habitaciones son demasiado grandes, camas cubiertas de cojines que nadie necesita, enormes ventanales orientados hacia las luces del valle y un cuarto de baño en el que probablemente podría vivir una familia pequeña. Cuando llegáis, Iruz mira alrededor del vestíbulo de mármol y madera pulida.


Ana ni siquiera reduce el paso camino de recepción.


Iruz espera algo más, pero no llega. Ana le sonríe con una naturalidad increíble. Era esa sonrisa que también vislumbrabas en Aránzazu cuando hacía algo mundano, como cocinar macarrones para tres o encontrar la forma de ignorar a Rufus unas horas más. Un rato después, ya instalados y con las bolsas repartidas entre las habitaciones, Ana aparece con un albornoz blanco doblado bajo un brazo.


Iruz, sentada sobre una cama mientras inspecciona una de sus nuevas prendas, alza la cabeza.


Ana levanta otro albornoz.


Iruz observa el albornoz, luego a Ana, y después vuelve a mirar el albornoz.


Ana sonríe con evidente satisfacción. Antes de marcharse se asoma hacia ti.


Se encoge de hombros.


Iruz pasa por su lado camino del pasillo y resopla.


Ana cierra la puerta detrás de ambas. Por primera vez desde que empezó el viaje, no hay ninguna urgencia esperando al otro lado. Sólo una habitación de hotel, una ciudad desconocida extendiéndose bajo las ventanas y unas cuantas horas de noche por delante.

¿Qué hace Bruma Nocturna?

Frente a la ausencia de respuesta en relación a Iruz, simplemente se encoje de hombros. Sospecha que Ana Mercedes ha escuchado, si no toda, parte de la conversación en el exterior. Sin embargo, si quiere jugar a los secretitos con la niña rubia... es cosa suya. Desde luego, él no va a discutir por estupideces. O al menos no por esas estupideces.

Durante el viaje en coche, se mantiene en silencio. Presta atención a la actitud de sus compañeras, principalmente a Iruz porque es la única de las dos que parece tener algo concreto en la cabeza, y observa cómo el paisaje no deja de avanzar demasiado rápido por el lateral del coche. El silencio y la tranquilidad le traen recuerdos de su juventud y, en voz baja, comienza a tararear aquellas canciones que se cantan en su tribu mientras la gente hace sus tareas diarias.




Al llegar a la zona comercial, se coloca de nuevo su tocado de plumas y simplemente sigue a Ana Mercerdes. De vez en cuándo mira a un lado y a otro, con una mezcla de curiosidad y la preocupación habitual de que alguien les pueda estar buscando. Ya en La Finestra del Valira, se sienta y coloca sus cosas sobre la repisa que hay al lado de la mesa para volver a ponerse de pie tras un breve instante.


Pasa por detrás de la silla de Ana Mercedes, que se mueve unos centímetros para dejarle sitio, y le pregunta a la camarera por los aseos. Una vez allí, aprovecha para otear la umbra y ver en qué situación se encuentra. Tras hacer sus necesidades, vuelve con las chicas, se saca la cazadora dejándola sobre el respaldo de la silla y se sienta para revisar una carta en la que no hay mucho que llame su atención.


Frente al discurso de Iruz, guarda silencio hasta que termina. Sus ojos están clavados en ella mientras habla, y ha dejado su taza de café reposando sobre el pequeño plato cerámico para que toda su atención recaiga sobre la Ícaro.

Cita de: Maurick en 25 de Ago 2026, 18:32:14



Mil palabras cruzan inmediatamente su mente. Alabanzas al esfuerzo por encontrar el momento para expresarse con sinceridad, explicaciones sobre cómo funcionan las manadas y la importancia de la confianza mutua, excusas frente a la situación visiblemente incómoda para indicar que sus cuidados se deben a que son compañeros de viaje pero nada más... Un discurso grandilocuente va tomando forma a cada palabra de la muchacha pero, cuando termina, solo sale una pequeña y breve frase de agradecimiento.


El nombre sale sin pensar, y su gesto facial cambia de agradecimiento a preocupación en un instante. No lo ha dicho para molestar, desde luego que no. Ni siquiera para dejar constancia de que cuenta con información de su pasado y la recuerda. Simplemente ha salido, como cada vez que se dirige a alguien por su nombre Garou porque lo siente como un nombre mucho más "real".

Tras el regreso de Ana Mercedes, permanece en silencio intentando no romper el ambiente que tanto se está molestando en crear. De vez en cuándo mira por la ventana y da un sorbo al café, pidiendo otro cuando se le termina.



Cuando llegan a Galeries del Valira, se da una vuelta con las chicas por la zona. Lo cierto es que no tiene mucha ropa, casi toda la que tenía estaba en Bilbao antes de huir abruptamente. Sin demorarse mucho, se compra unos vaqueros Levi's, unas botas de Panama Jack, una chaqueta marrón de piel de oveja y un par de camisetas lisas de algodón, de color gris y beige. Tras acompañar a las chicas a un par de tiendas, saca la pipa de su bolso y las mira durante un instante.


Carga la pipa, colocada en su boca, mientras anda. Pero no la enciende. Camina por la zona fijándose en si alguien vigila a sus acompañantes y entra en alguna tienda más o menos grande, con gente suficiente para no llamar demasiado la atención. Coge alguna prenda de ropa que encaje con su estilo (si es que eso puede llegar a pasar) y se mete en un probador para usar el espejo en cuanto cierra la puerta y pasar, esta vez sí, completamente a la umbra. Mira a un lado y a otro, observa y siente el estado del mundo espiritual, y analiza el tipo de espíritus en la zona. Cuando alguno se acerca a curiosear, lo saluda amistosamente y, de forma tranquila y conversando con naturalidad, pregunta qué tal han ido las cosas últimamente. Sin demorarse mucho, sale del probador y deja en su sitio la prenda que llevaba sin haberla desdoblado. De nuevo en la calle, se dirige a alguna zona menos transitada. Quizá la típica zona de contenedores, o algún edificio en obras. Intenta prestar atención por si alguien lo sigue y, cuando está seguro de que nadie lo ve, pasa a forma lupus. El cambio no dura mucho: lo suficiente para usar sus sentidos del oído y el olfato para detectar cualquier anomalía o rastro extraño, y para moverse por la zona unos metros pasando por los recovecos por los que quizá no pudiese pasar un humano con comodidad. Al cabo de aproximadamente una hora, vuelve con las chicas a terminar las compras.


Las acompaña un rato más, no entrometiéndose mucho en asuntos de estilo y estética salvo en uno de los modelos de Iruz. La joven parece dudosa, quizá a falta de algún calificativo para un conjunto que no tiene nada de particular y denota muy poquita personalidad.


La furia en los ojos de la muchacha rubia eliminan cualquier posible respuesta verbal, pero provoca que el próximo outfit sea una mezcla de colores fluorescentes y animal print con mucha carne al aire y unas botas de cuero brillante por las rodillas. El ceño fruncido de la Ícaro y la ira al caminar provocan una espontánea sonrisa en la cara de Ana Mercedes, mientras el metis simplemente se encoge de hombros.


Iruz resopla mientras suelta algún improperio, y Ana Mercedes la acompaña a elegir un par de piezas más para aliviar un poco la situación. El resto de la tarde transcurre sin incidentes.



La carta del Kitsune no Yoru, al contrario que la de la cafetería/heladería, sí parece hacerle cierta gracia al chamán. Cuando Ana Mercedes empieza a pedir cosas, el joven enseña una página de la carta.


La philodox asiente con una sonrisa, y acto seguido el sioux pide varios platos simultáneamente.


Se pide varios platos de sashimi, de atún y sobre todo de salmón, además de unas verduras salteadas, un bol de arroz y un par de platos de pollo sin rebozado.


Ofrece el plato lleno de pescado crudo a Ana Mercedes y luego a Iruz.


El Uktena come, desde luego, por encima de sus posibilidades. Parece increíble que tanta comida quepa en el cuerpo de un tipo más bien tirando a pequeño. Cuando se queda solo, aprovecha para asomarse por fuera del panel y echar un vistazo: una sombra extraña, un movimiento raro o el aspecto de alguien con quien haya podido cruzarse durante el día son las principales señales en las que se fija. También en cómo se comporta el personal del local, por si alguien pareciese prestarle especial atención a él o a la zona de los aseos en donde están sus acompañantes.



Ya en el hotel, se para al poco de entrar.


Sin dar tiempo a que nadie responda, como si fuese una reflexión para sí mismo, sigue caminando tras Ana Mercedes.

La habitación es enorme, y aprovecha para ir al servicio después de la hartura de la cena antes de reunirse a charlar con las chicas. Como no podía ser de otro modo, aprovecha la situación para revisar rápidamente la umbra. Tras quedarse a gusto y lavarse las manos adecuadamente, vuelve con ellas y escucha la conversación sobre el spa.

Cita de: Maurick en 25 de Ago 2026, 18:32:14







La idea del spa le resulta extraña, ya que todo aquello del agua caliente, los baños y el relax dentro de un edificio le resulta como una burda imitación de los placeres reales que existen de forma natural en Yellowstone.


En uno de los jacuzzi, de tamaño generoso, aprovecha que las chicas están charlando para invocar su Don Espíritu del Pez y convertirse en un tímalo ártico de casi un metro de largo y nadar entre sus piernas mientras Iruz protesta y patalea. Su aleta dorsal sobresale notablemente mientras se mueve ágilmente fuera de la superficie y, cuando las chicas salen del agua para protestar por su comportamiento infantil, se queda mirando durante unos segundos antes de salpicarles con un chorro de agua tras un fuerte coletazo. Al recuperar su forma humana, sale del agua colocando sus brazos en jarra.


Permanece en esa posición un rato, mientras las mira divertido sin darse cuenta de que está completamente desnudo ya que, obviamente, las prendas prestadas del hotel no están dedicadas.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Cita de: Lady Midnight en 28 de Ago 2026, 14:42:25Camina por la zona fijándose en si alguien vigila a sus acompañantes y entra en alguna tienda más o menos grande, con gente suficiente para no llamar demasiado la atención. [...] se mete en un probador para usar el espejo en cuanto cierra la puerta y pasar, esta vez sí, completamente a la umbra.

Tus pesquisas no encuentran nada. La Umbra de Andorra la Vella tiene poco que ver con los bosques de Wyoming, pero tampoco resulta particularmente inquietante. La Tejedora domina buena parte del paisaje: filamentos geométricos recorren edificios, carreteras y tendidos eléctricos, mientras pequeños espíritus mecánicos se desplazan de un lado a otro ocupados en tareas que apenas parecen reparar en ti.

Cuando alguno se acerca, lo hace por curiosidad. Uno de ellos, una criatura del tamaño de un gato formada por números y pequeñas placas metálicas, dedica unos instantes a observar tus cuernos antes de continuar su camino. Otro responde a tus preguntas hablando de obras, tráfico, cambios en escaparates y una avería eléctrica sucedida dos noches atrás, nada importante.

La única concentración espiritual llamativa aparece alrededor de uno de los grandes bancos de la avenida Meritxell, donde una maraña extraordinariamente densa de fibras de la Tejedora rodea el edificio y decenas de pequeños espíritus semejantes a arañas atraviesan sus muros constantemente. Pero incluso eso parece completamente natural: dinero, información, contratos, seguridad. Nada os persigue, ni os espera ni intenta mataros. Por una vez, el mundo parece conformarse con existir.



El resto de la tarde transcurre prácticamente como esperabas. Ana Mercedes disfruta de las compras bastante más de lo que estaría dispuesta a admitir, e Iruz parece recuperar poco a poco algo parecido a su comportamiento habitual. Para cuando llegáis al japonés, la expresión sombría con la que había abandonado Sant Remei ha dejado paso a suficientes insultos y resoplidos como para que la normalidad resulte casi tranquilizadora.

Cita de: Lady Midnight en 28 de Ago 2026, 14:42:25— ¡Prueba! Te va a... ¿cómo era? ¡Te va a turboflipar!

Iruz observa el pescado que le ofreces. Después te mira.


Coge una pieza de salmón. La mastica, y su expresión no cambia.


Ana Mercedes contiene una sonrisa mientras sigue comiendo.


Iruz la señala con los palillos.




El hotel termina siendo todavía más tranquilo. Los masajes, el agua caliente y la piscina climatizada consiguen algo que ninguna conversación de las últimas semanas había conseguido: durante un rato nadie tiene necesidad de resolver absolutamente nada. Hasta que decides convertirte en un pez.

Cita de: Lady Midnight en 28 de Ago 2026, 14:42:25Al recuperar su forma humana, sale del agua colocando sus brazos en jarra.

— Al final teníais razón, sí que ha sido divertido. No os imagináis el tiempo que ha pasado desde la última vez que hice algo así.

Ana Mercedes te contempla desde fuera del jacuzzi. Primero mira tu cara, después baja los ojos y vuelve a mirar tu cara.


Iruz permanece envuelta en su albornoz, con el pelo mojado pegado a la frente.


Ana levanta una mano y señala el lugar en el que hace unos segundos nadaba un tímalo ártico de casi un metro.


Iruz gira la cabeza hacia ella.


Ana cierra los ojos. Durante unos segundos parece arrepentirse de todas las decisiones que la han conducido hasta allí.


Iruz vuelve a mirarte.


Ana deja caer los brazos.


La Ícaro reflexiona durante unos segundos.


Ana la observa con incredulidad.


Iruz asiente, satisfecha. La discusión no llega mucho más lejos, probablemente porque no hay nadie más allí. Probablemente porque Ana está demasiado cansada para continuarla y probablemente porque, aunque jamás lo reconocería durante una Asamblea, incluso ella se ha reído.



Cita de: Lady Midnight en 28 de Ago 2026, 14:42:25— Chicas, de verdad: no tenéis ni idea. Si esto os gusta, tenéis que venir conmigo un día a "mi casa".

La frase tarda un poco en recibir respuesta. Ana Mercedes está hundida hasta los hombros en el agua caliente y contempla durante unos segundos las pequeñas ondas que recorren la superficie.


No añade nada más. Iruz tampoco. Pero cuando finalmente abandona el jacuzzi, pasa junto a ti y te golpea ligeramente un hombro con el suyo.


La noche termina tarde, sin ninguna tragedia nueva que añadir a la lista.



Andorra la Vella

Hotel Grand Mirall

📅 28 de septiembre de 2005, 09:42

Ana Mercedes espera hasta que los tres estáis desayunando para sacar el papel que Destiny le entregó. Lo ha extendido sobre la mesa y colocado bajo un par de tazas para evitar que vuelva a doblarse. Es mucho menos espectacular de lo que podría esperarse: dos páginas escritas con letra pequeña, algunas referencias y un mapa del sudeste francés con una zona marcada a bolígrafo.

Ana desliza un dedo sobre él.


Su dedo termina sobre una región del interior de la Provenza.


Varias anotaciones rodean el área marcada. Nombres de localidades, carreteras, propiedades antiguas y referencias incompletas procedentes de diferentes fuentes. Ninguna contiene el nombre de Blanchard, pero todas apuntan hacia el mismo lugar.


Ana dobla ligeramente una esquina del mapa.


Mira brevemente hacia las montañas visibles tras los cristales del comedor.


Señala primero una localidad situada al norte de los Pirineos.


La pronunciación del francés de Ana es casi perfecta. Dirías que tiene un don para los idiomas. De hecho, algo que te llama la atención es que también habla catalán e inglés con inusual fluidez. Iruz, que hasta ese momento está untando algo excesivo de mantequilla sobre una tostada, asiente distraídamente.


Es un inusual acto de confianza. Hasta ahora, jamás hablaba de lo que tenía o no tenía que hacer. Ana levanta la mirada.


Iruz tarda un instante en responder.


Muerde la tostada, mientras Ana sigue esperando. Iruz termina de masticar.


La Philodox frunce ligeramente el ceño, pero no interrumpe. Iruz bebe un poco de zumo.


No desarrolla la explicación. Ana tampoco se la exige, aunque esos nombres le sean tenuemente familiares. En lugar de eso, vuelve a extender el mapa entre vosotros.


Apoya un dedo sobre Andorra y recorre lentamente hacia el nordeste el camino que os llevará hasta Francia.


Su mirada se detiene en ti.


Desde el otro lado de la mesa, Iruz levanta su vaso.


Ana se le queda mirando, atónita. No hace preguntas, así que vuelve a mirar el mapa. Al otro extremo de esas carreteras espera el Luberon. Y, en algún punto de aquella mancha de tinta trazada por Destiny Reeves, quizá también aquello que lleváis tanto tiempo buscando.

Si el plan de Ana te parece bien y no quieres hacer nada más antes de abandonar Andorra, avanzaremos hasta vuestra llegada a la zona marcada en Provenza. ¿Hay algo que Bruma quiera hacer, preparar o comentar antes de partir?

07 de Sep 2026, 01:18:59 #39 Ultima modificación: 11 de Sep 2026, 16:17:44 por Lady Midnight
Durante la cena, todo transcurre con normalidad. En el jacuzzi, a pesar de la seriedad de Ana Mercedes, espera a que ella e Iruz intercambien opiniones y responde a su requerimiento "formal" con una actitud juguetona, divertida y casi desafiante; con ese toque joven de quien transgrede una ley por mera diversión sin intención de causar ningún tipo de perjuicio.

Cita de: Maurick en 06 de Sep 2026, 22:59:11









La noche transcurre sin nada más que destacar, y el chamán se toma un rato para meditar antes de retirarse a dormir.



Al día siguiente, parece que la actitud del grupo ha vuelto a la normalidad. Como cabría esperar, la de Bruma también. Cuando se sienta sobre la mesa, se sirve un café y saca de algún sitio un trozo de pescado del día anterior que había escondido en algún sitio.

Cita de: Maurick en 06 de Sep 2026, 22:59:11

Asiente con la cabeza.


Esquiva la mirada asesina de Ana Mercedes y le deja continuar con su exposición, así como tampoco interrumpe a Iruz cuando comenta sus intenciones.

Cita de: Maurick en 06 de Sep 2026, 22:59:11

No levanta la mirada del café, y se dirige a la muchacha con total tranquilidad.


Tras terminar el trozo de sushi y el café, se dirige, algo más serio, a Ana Mercedes.


Su expresión es tranquila, y el tono de su voz amable. Sin embargo, sus palabras se trasladan de un lado al otro de la mesa volviendo el ambiente no más tenso pero sí algo más "profesional".


Deja que las palabras reposen, mirando a Ana Mercedes con tranquilidad mientras deja que su espalda repose sobre la silla.




Cita de: Maurick en 06 de Sep 2026, 22:59:11Si el plan de Ana te parece bien y no quieres hacer nada más antes de abandonar Andorra, avanzaremos hasta vuestra llegada a la zona marcada en Provenza. ¿Hay algo que Bruma quiera hacer, preparar o comentar antes de partir?

Bruma Nocturna pretende que todo el equipo esté lo mejor recuperado posible: medita para recuperar su gnosis, le ofrece a Ana Mercedes espacio para que ella haga lo mismo y se preocupa de alimentar a Iruz y de que se recupere de sus heridas antes de partir. Aparte de eso, lo único que quiere es comentar los puntos mencionados en la última conversación.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Ana no aparta el hombro cuando apoyas la mano sobre él. Su mirada baja un instante hasta tus dedos y después regresa a tu rostro. La sonrisa con la que has pretendido cerrar la discusión no parece impresionarla demasiado.

Cita de: Lady Midnight en 07 de Sep 2026, 01:18:59


Iruz, todavía medio hundida en el agua, gira la cabeza hacia ella. Ana Mercedes continúa con la misma tranquilidad.


Se incorpora un poco, apoyando los brazos sobre el borde del jacuzzi.


Iruz alza una ceja.


Ana Mercedes la mira de reojo.


Iruz sonríe con absoluta falta de arrepentimiento. El asunto termina ahí. No porque nadie haya convencido a nadie, sino porque tampoco parece necesario hacerlo. La conversación se diluye entre el agua caliente, el cansancio acumulado y esa extraña facilidad que habéis adquirido durante los últimos días para discutir sobre cosas que, en cualquier otro lugar, resultarían completamente absurdas.



Por la mañana, sin embargo, la pregunta que lanzas al otro lado de la mesa cambia el ambiente. Ana Mercedes había estado repasando las anotaciones de Reeves mientras desayunaba. Cuando mencionas el Estanque del Lirio Apacible, sus dedos dejan de pasar páginas. Iruz también deja de comer. Ana no parece sorprendida. Más bien da la impresión de que sabía que aquella conversación acabaría llegando. Durante unos segundos permanece mirando el papel.

Cita de: Lady Midnight en 07 de Sep 2026, 01:18:59


Levanta finalmente los ojos hacia ti.


Se queda callada un instante.


Iruz sostiene la taza entre ambas manos sin intervenir. Ana tampoco parece necesitar ordenar demasiado lo que quiere decir, claro que no. Lleva varios días haciéndolo.


Su pulgar recorre distraídamente el borde de una de las hojas.


No dramatiza la frase.


Ana gira ligeramente la cabeza, buscando una forma sencilla de terminar la idea.


Fuera, al otro lado de los ventanales del hotel, alguien limpia la nieve acumulada junto a la entrada. El sonido metálico de la pala llega amortiguado hasta el comedor.


Señala a Iruz con una sonrisa en los labios. Se reclina un poco en la silla.


Durante unos segundos sostiene tu mirada.


Iruz desplaza los ojos lentamente hacia Ana. La Hija de Gaia no parece estar pronunciando una amenaza.


Sus ojos bajan un momento hacia el trozo de pescado que has rescatado de la cena anterior. Pone cara de ascazo.


La comisura de sus labios se levanta un poco.


Iruz deja escapar aire por la nariz.


Ana la ignora, y su expresión vuelve a suavizarse cuando te mira.


Y eso parece ser todo lo que está dispuesta a afirmar. Iruz vuelve a concentrarse en el desayuno y, durante unos instantes, el comedor recupera sus pequeños ruidos cotidianos.

Cita de: Lady Midnight en 07 de Sep 2026, 01:18:59

Hasta que mira de soslayo la jarra que habías señalado.


Señala vagamente en tu dirección. Ana Mercedes vuelve a abrir el informe de Reeves.


Iruz levanta un dedo.


Las dos se ríen con algo tan vulgar y simple.



No hay ninguna urgencia real que os obligue a salir aquella mañana. Así que no lo hacéis. El asunto de la alimentación de Iruz se resuelve sin ceremonia (aunque ella insiste en que es mejor morderte :F) y después cada uno encuentra su propio espacio. Ana desaparece durante un rato para meditar. Iruz duerme varias horas más de las que seguramente estaría dispuesta a reconocer. Tú tienes tiempo suficiente para recuperar fuerzas y atender tus propias necesidades espirituales antes del viaje.

Reeves os ha dado una dirección en el sentido más amplio de la palabra. Provenza, Luberon. Blanchard seguirá allí mañana si lleva siglos consiguiendo que nadie encuentre su puerta. Cuando finalmente abandonáis Andorra, nadie protesta porque la Hija de Gaia imponga un ritmo bastante menos suicida que el que habéis mantenido durante buena parte de los últimos días.

Mirepoix llega primero. Sommières después. Coméis, descansáis y conducís. Nada os persigue. No aparecen enemigos en una curva de la carretera. Ningún espíritu intenta advertirte de una catástrofe inmediata. Los pueblos por los que pasáis están ocupados por personas cuya mayor preocupación visible parece ser comprar pan, regresar del trabajo o encontrar dónde aparcar.

Incluso Iruz acaba aburriéndose. Durante una de las paradas, sin embargo, aprovecha para desaparecer junto a un teléfono público. Ana Mercedes la sigue con la mirada desde la terraza de una cafetería. Sigma permanece varios minutos hablando con alguien. No podéis escuchar lo que dice. En algún momento se da la vuelta, comprueba instintivamente que nadie se encuentra demasiado cerca y continúa hablando algo más bajo. Cuando regresa, la Philodox espera hasta que vuelve a sentarse. Iruz tarda un poco en responder.


Remueve el café aunque no ha echado azúcar. Ana observa el movimiento de la cucharilla.


Iruz deja de remover.


Ana reconoce inmediatamente lo que significa aquel nombre después de todo lo que habéis aprendido durante los últimos días. Iruz se encoge de hombros.


La Philodox suspira y observa los números que Iruz le repite. Te sorprende que lo haga con tremenda precisión.


La Ícaro se echa el pelo para atrás. Se lo recoge en una coleta, para que le sea más cómodo.


Iruz deja morir la frase y se encoge un poco de hombros. Ana vuelve a mirar las coordenadas, después el mapa de Reeves y finalmente a ti.


¿Qué haces?

Viendo que Ana Mercedes se ha tomado el asunto de la forma de pez tan en serio, el joven se limita a encogerse de hombros.

Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36



Deja que su cuerpo se escurra de nuevo dentro del agua, solo con la cabeza asomando sobre el borde de la burbujeante piscina.



Frente a la respuesta de Ana Mercedes, el chamán se mantiene expectante. Sus hombros están relajados, y la luz que se filtra por la ventana le ilumina indirectamente tras rebotar en el techo de mármol blanco de la lujosa habitación.

Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36





El joven frunce el ceño ligeramente, pensativo.


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36

El sioux sonríe ligeramente.


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36



Durante un rato, mira en silencio a la joven Philodox. Escucha cada palabra, e incluso asiente con gesto de resignación hacia el final del discurso.


Su voz es tranquila, y sus ojos miran con cierta confianza a Ana Mercedes duramte toda la conversación... salvo un breve instante, en el que se desvían brevemente hacia el espejo que hay tras la Hija de Gaia y en el que se refleja el rostro del Demonio de Fuego con una sonrisa cómplice.


Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36

El metis resopla con resignación.




El viaje es aburrido. El ritmo más calmado se agradece en cierto modo, pero pasar tanto tiempo en un coche y en asentamientos humanos se hace incómodo a medio plazo. Al pasar por una gasolinera, Bruma Nocturna se compra un libro sobre fauna local que va leyendo en el coche mientras mira de vez en cuándo por la ventanilla.

El día que Iruz se aleja, al igual que Ana Mercedes, presta atención e intenta saber qué está pasando.

Cita de: Maurick en 07 de Sep 2026, 23:50:36






CitarCuando la Ícaro menciona las coordenadas, el muchacho entiende que se trata de una dirección. Frente al comentario de la Hija de Gaia sobre la distancia, simplemente asiente.

Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

El desvío os aparta poco a poco de la Provenza que lleváis viendo durante las últimas horas. Los viñedos y las casas de piedra quedan atrás y, en las afueras de Apt, el paisaje termina convertido en algo bastante menos pintoresco: naves de chapa, pequeños talleres, camiones estacionados y solares cerrados con verjas metálicas. El aire huele a asfalto caliente y combustible. A esas horas de la tarde apenas queda actividad. Las coordenadas de Iruz terminan en una calle secundaria del polígono. Hay un coche oscuro aparcado junto a una de las naves y dos chicas jóvenes esperando cerca. Iruz tarda poco en reconocer a una de ellas.


La chica situada junto al coche también la ha reconocido. No hace aspavientos ni levanta una mano. Espera simplemente a que os acerquéis. Iruz sale primero, y luego vosotros dos. No intenta acelerar el paso, pero esperaba que os quedaseis en el coche. Cuando están cerca, la que parece más mayor, de aspecto atlético, pelo largo rubio y lacio, ojos verdes casi marrones, y una mirada nostálgica, se acerca.


Iruz hace una mueca al escuchar el nombre.


Durante unos segundos ambas se observan con una familiaridad extraña. No parece la de dos amigas que llevan tiempo sin verse, pero tampoco la de dos desconocidas. Épsilon mira brevemente hacia ti y Ana Mercedes. Después vuelve a centrarse en Iruz.


Iruz suspira.


Épsilon no responde al comentario. Se limita a caminar hacia el lateral de la nave. Iruz os mira antes de seguirla.


Iruz hace un gesto con la mano de «pequeñito» mientras se ríe. Las dos desaparecen tras una esquina del edificio, y os quedáis allí. Ana Mercedes, tú, y la otra muchacha. El silencio resulta incómodo casi inmediatamente. La chavala tiene un aspecto claramente hindú, con una tonalidad de pelo muy poco común: blanco grisáceo. Podrías decir que es una niña mayor, o una adolescente muy joven. Ella permanece de pie junto al coche, con las manos metidas en los bolsillos. Ana la observa durante un par de segundos y después decide interesarse muchísimo por una nave industrial situada al otro lado de la calle. Pero la chica, en cambio, te mira a ti. No aparta los ojos. Pasan unos segundos y luego algunos más. Ana termina mirándola de reojo. Y la joven continúa observándote con una concentración que ya resulta difícil atribuir a simple curiosidad.


Hace una pequeña pausa, como si acabara de darse cuenta de que lleva demasiado tiempo haciéndolo. Su acento es una mezcla de inglés, hindú y castellano. Suena muy tierna y educada, como si realmente se esforzarse en comunicarse contigo.


Ana vuelve lentamente la cabeza hacia ti. La Ícaro entrecierra un poco los ojos.


El viento mueve una bolsa de plástico contra la verja de la nave. El sonido raspa el metal durante unos instantes.


Ana parece esperar una explicación, pero no llega. Rompe el silencio


La chiquilla desvía por fin la mirada hacia ella.


Y el silencio vuelve, todavía peor que antes. Transcurren varios minutos hasta que Épsilon e Iruz reaparecen por el lateral de la nave. Iruz regresa con las manos en los bolsillos, expulsando aire por la boca. Hay algo más contenido en su expresión, una seriedad que no llevaba cuando se alejó. Épsilon le dice unas últimas palabras demasiado lejos para que podáis escucharlas. Iruz se limita a asentir, pero no bromea ni la insulta.

En cuanto se acerca lo suficiente, parece darse cuenta de ello y recupera buena parte de su expresión habitual. Épsilon camina junto a ella hasta vosotros.


Se detiene delante de Ana y de ti y, por primera vez desde vuestra llegada, su actitud abandona completamente aquella frialdad operativa.


Extiende una mano con absoluta cortesía, sin decidir por vosotros quién debe estrecharla primero. Ana Mercedes tarda un instante en reaccionar. Su mirada pasa de Laura a Iruz y después a la chiquita hindú que hay a vuestro lado. Esta última parece entender la pregunta antes de que sea formulada.


Ana parpadea.


Kaari asiente con naturalidad, e Iruz resopla a vuestro lado.


Ana vuelve a mirar a Laura y después a Kaari, encajando por fin una idea que hasta ese momento había conocido únicamente a través de relatos, informes y de la propia Iruz. Laura mantiene una ligera sonrisa.


Entonces fija la mirada en ti.


La mano de Épsilon permanece extendida hacia ti.