Sitia — Dársena Este, Muelle 3
📅 10 de diciembre de 2005
Fregata leggera "Alcione" (F-571) · alias comercial M/N Santa Lucia
El puerto respiraba ámbar cansado bajo las farolas de sodio. La bruma olía a sal y gasoil; las jarcias cantaban una nota baja que se perdía en el vientre de la noche. La Alcione dormitaba junto al muelle de hormigón, con la proa limpia y un nombre prestado pintado en la amura como una mentira bien pagada. En cubierta, los operativos hacían su ronda en silencio; visores bajados, gestos aprendidos, el crujido amortiguado de botas que no querían dejar memoria.
En el agua, pegado al costado, un esquife se mecía con disciplina de animal doméstico. Laura Wong, una chica joven, de pelo rubio, mirada azulada y atlética, llegó desde la oscuridad vestida de sombra: ropa ceñida, chaqueta negra, gorro de lana que escondía el cabello. Era un Ícaro, su letra era Épsilon. Pero llevaba ya más de un año en libertad, huyendo de sus captores. Sólo los ojos azules la traicionaban, como dos cuchillas de hielo en la penumbra. Cuando respiró, el aire a su alrededor se volvió denso; una niebla roja, sutil y obediente, apagó cada pequeño sonido como si la noche tuviera órdenes. El mundo se inclinaba a su alrededor para no delatarla.
En el fondo de la barca, dos cápsulas criogénicas vacías exhalaban escarcha impostora. Estaban lastradas para mentir con el peso exacto. Apoyó las manos y subió la primera por la escala del costado con la facilidad brutal de quien conoce sus fuerzas y mide cada gesto; ni el metal ni el mar se atrevieron a protestar. La segunda siguió el mismo camino, exacta, sin prisa.
Dentro, los pasillos largos olían a frío y pintura vieja. La luz de emergencia latía sobre las juntas del suelo como un pulso cansado. Laura llegó al tubo de mantenimiento junto al pañol de cabos; la cúpula de la cápsula rozó la goma de sellado con un susurro húmedo y desapareció dentro. Luego la otra. La niebla roja se pegó a los bordes, bebió el roce de cada maniobra y dejó atrás un silencio de quirófano.
La cubierta interior de carga era un corredor de aliento blanco. A ambos lados, contenedores con sellos aduaneros y jaulas de madera apiladas como párrafos que nadie leerá. En medio, conectadas a un colector, dos cápsulas criogénicas respiraban vapor azul: Iota y Ni, detenidos en el tiempo, con la misma ropa y las mismas manchas del día en que los capturaron en Eslovaquia. El cristal parecía recién lavado; había pulcritud de oficina en la manera en que todo estaba dispuesto para que a nadie le importara.
Se detuvo a un metro. El brillo de sus ojos no fue ternura, sino reconocimiento. Sacó una tablet fina, la encendió con un gesto y dejó que desfilaran los datos: identidades, historiales, cuidadores, nombres tachados y firmas que pesaban como culpas antiguas. Sus labios se movieron apenas.
La frase quedó suspendida, densa. Una puerta se abrió al fondo y un operativo entró con la carpeta floja en la mano. Caminó sin mirar, marcó algo en un impreso, dejó un bostezo sin ruido colgando del pasamontañas y se rascó la barba con desgana. Pasó junto a las crios y su reflejo se deformó en el cristal como una advertencia que no supo leer. Se fue por donde vino, dejando tras de sí un hilo de humo que no alcanzó a ser olor.
Laura volvió a moverse.
El cambiazo fue una coreografía fría: válvulas abiertas, amarres sueltos, tarjetas clavadas con números y sellos; las cápsulas falsas ocuparon el lugar de las verdaderas con un gemido de goma y una respiración de escarcha. El colector aceptó la mentira sin quejarse. En la tablet, el log quedó completo: sellado, revisado, conforme. Nadie sabría nada hasta que fuese tarde.
De regreso, el aire del muelle era un vidrio helado. El esquife golpeó el casco con un toque de viento, y ella descendió. Aterrizó con una torpeza contenida —un pie le resbaló, la rodilla cedió, el cuerpo se negó a hacer ruido y lo consiguió— y cayó contra el banco, donde el corazón decidió recordar que aún estaba ahí. Aseguró las cápsulas a sus pies, pequeñas como féretros, y tiró del cordel.
El fuera borda tosió, tragó, despertó. La barca se deslizó hacia la boca oscura de la dársena. Más allá del espigón, con las luces bajas, aguardaba una silueta blanca: el yate que habían robado al destino y convertido en refugio. Tau (Kaari) la esperaba en el puente, con una mano en el timón y la barbilla alzada a modo de saludo.
El puerto quedó atrás como una mentira bien contada. La Alcione se hizo pequeña sobre el agua y, por un instante, Laura juraría que las cápsulas a sus pies respiraban. No era un sueño: era el mundo reteniendo el aliento justo antes de devolver dos nombres a la vida.
Sitia — Aguas exteriores, rumbo Norte
10 de diciembre de 2005 · Grecia
M/Y Kymopoleia
El yate aguardaba con las luces bajas, una silueta blanca que respiraba despacio entre la marejada corta. El casco olía a sal vieja y metal; el motor mantenía un ronroneo grave, casi uterino, que ordenaba el tiempo mejor que cualquier reloj. En el puente, una figura no muy alta llevaba una mano al timón y la otra a un panel de interruptores cubierto de cinta aislante. El viento le empujaba el flequillo hacia un lado, como si quisiera verle mejor la cara.
Kaari. Alias Tau. Una chiquilla que no debía llegar a los 14 años, de ascendencia hindú. Con una sonrisa en la cara.
No necesitaba levantar la voz para mandar. Llevaba un peto negro vaquero y botas de suela gastada. Tenía las uñas oscurecidas de grasa fina. Sus ojos no eran azules ni marrones: eran atentos. Esa clase de atención que sostiene a un barco entero.
El esquife de Laura chocó suave contra el yate, un beso de goma y agua. Dos cabos pasaron volando; Kaari los cazó sin esfuerzo, hizo dos vueltas muertas y empujó un bichero para acercar la borda. Laura subió primero; luego, con una cincha al hombro, dos cápsulas criogénicas que parecían demasiado grandes para caber en la noche. Kaari no preguntó. Bajaron las cápsulas al camarote de popa, donde el suelo estaba despejado y una manta gruesa esperaba extendida como una promesa.
Laura abrió los sellos con brusquedad. El trabajo de manipulación nunca se le había dado bien. El aire dentro era cuchillo y luna. Iota salió primero, con la piel cerrada en escalofríos y con el cuerpo casi sin responder; sus ojos buscaban un borde al que agarrarse, Ni después, con la mandíbula apretada y las venas del cuello marcadas, hasta que el dolor empezó a ser otra cosa. Laura les sostuvo la nuca con manos de doctora impaciente; Kaari les cubrió los hombros con capuchas térmicas y les puso en la boca una botella de sales que sabía a metal y a despertar.
El yate obedecía a la noche. Cada crujido del mobiliario, cada golpe pequeño del espejo de agua contra el casco, parecía decirles lo mismo: quietos, vivos, aquí. Kaari cerró la escotilla, apagó dos leds innecesarios y bajó la iluminación; en el mapa de papel, un lápiz marcó una ruta que no existía.
Laura apoyó la espalda contra el mamparo, dejó la tablet en el suelo y les miró como si contara pulsaciones.
Kaari asintió, como quien confirma que el cielo sigue arriba.
Hizo una pausa. Se notaba en su expresión que tenía muchísimas ganas de contaros más. Pero quería daros tiempo.
La torpeza de Laura al comunicarse era evidente. Vosotros dos, Iota y Ni, ¿qué vais a querer hacer o preguntar?
Karma se sentía mareada, notaba que todo su cuerpo se mecía sin tener ella el control.
Miró a aquellas dos mujeres. No las conocía. El terror del ultimo recuerdo le invadió. Se levantó de un salto y miro a Iota.
-¿Dónde estamos?¿Qué ha pasado?¿Dónde esta Sherali?¿Y Destiny? - sabía las respuestas a algunas de esas preguntas. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
Respiró apresuradamente tratando de mantener la calma, como en aquel momento en el que atacó a aquel tipo junto a Iota. Algo en su interior se lo impedía. Quizás los ojos de aquellas mujeres.
Cayó de rodillas, agotada, triste, sola.
-¿Qué más queréis de mi? - sollozaba sin parar. Solo quería estar con Sherali, comiendo golosinas y viendo una película.
Los sueños de Iota eran extraños como solo un sueño puede ser. Recuerdos mezclados con eventos, personajes o situaciones absurdas que parecen encajar como si todo fuera lo mas normal del mundo. En su caso habían sido diversas versiones de la película sobre el cuento de Gogol pero cambiando los protagonistas por animales, otras veces por conocidos, familia o miembros del proyecto Icaro.
Pero todo acababa de la misma forma: el monstruo matando a Aya de esa manera tan horripilante, como le inyectan el liquido frío que le acaricia y le acuna para que se duerma mientras Iota intenta mantenerse despierto, sus ojos abriéndose y cerrándose lentamente y las imagines de Destiny intentado decir una palabra que se repiten como fotogramas perdidos de una película.
Todo ese ciclo fue roto con palabras que le hablaban, su mente empezaba a despertar pero aun no era capaz de identificar el idioma en que sonaban para poder traducirlo. Su cuerpo pesado como una piedra era levantado y sacado de donde se encontraba. Todo parecía durar una eternidad pero empezó a notar calor alrededor de sus hombros y su cabeza y sin oponer resistencia aunque quisiera hacerlo, que no es el caso, notaba que le abrian la boca y un liquido salado y metalizado le llenaba la boca y le ayudaba a despertarlo pero también le hacia toser.
Su rápida mente empezó a analizar los datos que sus sentidos le enviaban: dos voces de mujer, adolescentes, acento hindú marcado y otro acento europeo aunque mas disimulado. El suelo esta en un movimiento suave ¿un gran remolque? ¿embarcación?. Olores a tecnología, a aseptico o material médico pero sobre todo a cerrado y humedad.
Pero los ojos se negaban a abrir aun... pero lo que mas agradecía Iota es que las voces en su cabeza estaban calladas, lo que le permitía centrarse en las palabras clave de lo que las dos chicas le explicaba. De pronto sintió un alivio al sentir a Ni también, no podía verla pero escuchaba sus siempre reconocibles quejidos y también su olor.
Acurrucándose en su capuchas térmica, al terminar ansiosa mente la bebida emitió sus primeras palabras tras carraspeos y toses, lo dijo en un ingles natural,manteniendo los ojos cerrados (parte para mostrarse desvalido hasta poder abrirlos, parte para concentrarse en sus otros sentidos)
"Gracias por vuestra hospitalidad y por liberarnos de nuestro encierro. Mi nombre es Arda Yalman " y tras una pausa añadió "Soy Iota y he oído hablar de nosotros: Epsilon y Tau como los icaros perdidos pero antes de poder comentaros más ..."
Inspiró profundamente y se relamió la boca "¿Podeís darme más de esto? Estoy realmente sediento"
En en ese momento cuando escucha la voz asustada de Ni y cuando le llegaron de golpe los recuerdos de los sueños y el final abrupto de lo que era su vida antes de que le inyectaran el sueño azul.
Giro la cabeza hacia donde provenía la voz de Ni y dijo "Karma, ¿estas bien? Tranquila, soy yo Iota"
Y nada mas decirlo se dio cuenta de que por primera vez no había usado el nombre código para referirse a su compañera.
El mareo tarda en irse. El Kymopoleia respira hondo a cada ola, como si quisiera marcaros el ritmo desde fuera para que el cuerpo lo copie por dentro. Laura se acerca primero a Karma. No intenta tocarla sin avisar; le deja a mano la botella de sales y una toalla seca.
No busca adornos; responde en el orden de tus preguntas, con la voz clara y baja.
Cita de: minwiki en 30 de Ago 2025, 22:05:31-¿Dónde estamos?¿Qué ha pasado?¿Dónde esta Sherali?¿Y Destiny? - sabía las respuestas a algunas de esas preguntas. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
Te ofrece la toalla, no para secar lágrimas, sino para agarrarte a algo que no se mueva.
Cita de: minwiki en 30 de Ago 2025, 22:05:31-¿Qué más queréis de mi? - sollozaba sin parar. Solo quería estar con Sherali, comiendo golosinas y viendo una película.
Cita de: greatkithain en 31 de Ago 2025, 23:24:45Inspiró profundamente y se relamió la boca "¿Podeís darme más de esto? Estoy realmente sediento"
Se gira hacia Arda cuando le oye hablar sin abrir los ojos. Le acerca la segunda botella antes de que termine la frase. Se sienta frente a los dos, apoyada en el mamparo. No se hace la simpática; hace sitio.
Cita de: greatkithain en 31 de Ago 2025, 23:24:45"Soy Iota y he oído hablar de nosotros: Epsilon y Tau como los icaros perdidos pero antes de poder comentaros más ..."
Ella se traba cuando pronuncia esas palabras. Parecen un manifiesto memorizado, más que una declaración de intenciones. Pero se nota la honestidad en sus palabras.
Da un golpecito con el nudillo en la cubierta, como marcando compás.
Los mira de uno en uno, asegurándose de que la frase aterriza.
Desde el puente, Kaari asoma medio cuerpo, con la naturalidad dura de quien no sabe disfrazar los números.
Laura no desmiente ni dramatiza; simplemente asiente.
Cita de: Maurick en 01 de Sep 2025, 12:19:20
Iota pronuncia un escueto gracias aceptando la segunda botella y escucha las palabras de Laura subyarando mentalmente los nombres y terminos.
Cita de: Maurick en 01 de Sep 2025, 12:19:20
Iota responde lentamente:
- De Omega nos comentaron vagamente nuestros cuidadores: Sherali y Aya que como os imaginareis estan muertos a manos de quienes desmantelaron el laboratorio de Checoslovaquia y nos durmieron en las capsulas de las que nos habeis rescatado a Karma y a mi: Lucian Kraft, Terrence McColl y ... - una pausa para mostrar todo su desprecio y odio: -
Henry Beret. Eh... Termina la frase en agudo para no dar tiempo a sus interlocutores a interrumpirle
"Sabemos que somos Icaros y conocemos nuestros poderes, pero no mas alla de los que nos han dicho, si teneis informes seguramente me sera mas rapido y util leerlos que recibir explicaciones. Y no, noo se lo que es la Tejedora."Despues Iota escucha el intercambio de palabras entre Laura y Kaari. Laura parece sobre todo practica en cuanto a Kaari, habia algo extraño en su forma de hablar y actuar. Pero Iota necesita datos antes de emitir un analisis.
Y así que tras terminar la segunda botella y conseguir abrir poco a poco los ojos para evitar mareos y deslumbres con la luz existente, probo al menos a incorporarse algo pero sin terminar de ponerse de pie para poder mirar a los ojos de sus dos salvadoras y hablar pasando la mirada de una a otra:
- Bien, creo que un buen punto de partida es un resumen de la escisión de Omega y vosotros de la Justicia Metálica y también para que nos necesitáis y así podamos saber si estamos listos o no y que necesitamos.
Tras escuchar las respuestas de aquellas chicas, Karma se quedó mirando a Laura. Le recordaba vagamente a Sherali, al menos parecía amable como él, la otra chica era... Más fría.
Toda aquella información le golpeaba la cabeza y le mareaba aún más. Intentó incorporarse pero falló y decidió quedarse de rodillas, junto a Arda. No le reconocía por ese nombre, me gustaba, le parecía más humano.
Cuando escuchó que si no querían ayudarlas las dejarían en un puerto seguro para decidir si vida sintió pavor. Pensaba que era lo que quería, pero no sabía cómo era una vida sola, o independiente. Tampoco quería saberlo. Ni siquiera sabía que era, ¿como iba a saber que vida quería llevar?. Los últimos años habían sido un duro y continuo entrenamiento, que pese a odiarlo, se había convertido en algo familiar. La perspectiva de ni siquiera tener eso le encogió el corazón. Volvió a mirar a Iota, Arda y se relajó poco a poco.
-Si, eran nuestros cuidadores... - sollozó de nuevo.
La tristeza dio pasó a la rabia, si mente o su cuerpo, o quizás su alma, si es que acaso la tenía, tomó consciencia de ella y le hizo apretar los puños. En su mente se dibujó una diana, en el centro estaban aquellos hombres que habían matado a las únicas personas que pudo considerar cercanas. Y a Sherali.
-Si vuestra lucha es contra La Justicia Metálica, estoy con vosotras - su voz dejó de temblar y sonó serena. Su mandíbula apretada estiró su piel. Su corazón comenzó a bombear y su boca dejó caer un hilo de baba al pensar en la venganza.
Laura acarició con la yema de los dedos la barandilla de madera del yate. No miraba a nadie en concreto, solo al agua que lamía el casco con desgana. Esperó a que Iota terminara de hablar antes de responder.
Se giró entonces hacia ellos, sin moverse de donde estaba.
Miró a Iota con calma.
Hizo una pausa. Se le notaba incómoda con la palabra «misiones», pero no la corrigió. Echó un vistazo a Karma, entendió su enfado y rabia contra la Justicia Metálica.
Respiró hondo, como si esperara una réplica. Kaari levantó la cabeza durante un instante.
La joven de cabello rubio miró a su compañera. Tenía razón, se habían esforzado mucho en localizar a estos compañeros Ícaros. Se estaba dejando llevar por la emoción.
Laura suspiró. Luego dejó caer la mirada a las olas.
Se agachó para recoger una manta, la ofreció a Ni sin decir nada, y luego se apoyó en la borda otra vez.
Los documentos los subiré al apartado de Documentación (https://sokolov.ddns.net/index.php/board,10.0.html) del foro.
Pasaron unas horas, mientras os recuperábais de la criogenia. Por lo que parece, Laura es una chica que le cuesta sacar tema de conversación, aunque Kaari es mucho más alegre. Al poco os lleva chocolante caliente con nubes de gominola para que podáis tomar algo rico. Aún estáis en alta mar, y parece que está empezando a hacer muy malo.
La frase de Kaari fue directa. Laura sabía que no había más opciones.
Laura se puso de cuclillas frente a vosotros. Un mechón rubio le caía a un lado de la cara. Sus ojos verdes parecían cansados, con bolsas debajo de ellos.
Tragó saliva. Miró de nuevo al suelo, masticando cada respuesta.
Asumid que, tras esta escena, llegáis a Nikolaos y Laura logra atracar el barco en una zona tranquila y lejos de miradas curiosas. Es diciembre, en el Mediterráneo. Hace algo de frío y no se está a gusto en el mar, con el olor a salitre permeando vuestra ropa. En este tiempo, podéis leer los informes de vuestros cuidadores y leer también el resumen del Proyecto Ícaro.
Iota escucha pacientemente las explicaciones de Laura y Kaari. Teniendo en cuenta los entrenamientos y sobre todo la crudeza desplegada en el final del laboratorio en Checoslovaquia, Iota se podia hacer una idea de las misiones en las que estas chicas habían sido desplegadas y como no ha tenido que ser fácil para ellas aceptar lo que han hecho.
Contempla callado la rabia mostrada por Karma, y se alegra de ser aliado y no enemigo suyo. Y después mantiene la mirada desafiante a Laura antes de responder :
" Karma ha hablado por los dos. Desde el momento en que decidimos rebelarnos, estamos juntos en esto. Donde uno va, el otro tambien." Gira la cabeza para ver la reacción de Karma y luego continua hacia Laura.
"Por supuesto que la venganza es uno de nuestros motivadores pero no el unico. La venganza es siempre un catalizador pero no la solucion buscada. Descansaremos como decis y leeremos los informes.-
Se levanta completamente y coloca la botella vacia en una mesa comenzando a andar. De repente se para y se gira de nuevo hacia Laura:
"No quiero parecer desagradecido por lo que habeis hecho por nosotros, pero para que esto funcione debemos crear confianza entre nosotros y esa confianza se crea respondiendo a las preguntas sin evasivas ni demoras. Descansemos y hablemos luego. ""
Y marcha hacia donde le indican.
Cita de: greatkithain en 05 de Sep 2025, 13:20:21"No quiero parecer desagradecido por lo que habeis hecho por nosotros, pero para que esto funcione debemos crear confianza entre nosotros y esa confianza se crea respondiendo a las preguntas sin evasivas ni demoras. Descansemos y hablemos luego. ""
Kaari mira a Laura con solemnidad.
La joven rubia se queda en silencio un momento, observando como Kaari cuenta todo eso sin mayor problema. Traga saliva. El tiempo que pasais en Agios Nikolaos es breve, y si os preguntan en el futuro, no recordaréis mucho más de la ciudad que un puerto con varios veleros y mucho frío. El navío comienza su trayecto de nuevo, ya sentís de nuevo la fuerza corriendo por vuestros cuerpos. Pero ya no hay controles, ya no hay pruebas.
Notáis como suspira durante un momento, en el que parece que su mente se pierde y divaga. «Humanos normales y corrientes».
Kaari le hace un gesto, nada sutil, para que se centre. Laura parece muy buena haciendo, pero muy mala hablando. Da muchas vueltas, se va por las ramas...
Cuando Laura finaliza, hay un silencio incómodo. Kaari carraspea.
El oleaje rompe por la cubierta. Laura y Kaari esperan vuestras respuestas.
Karma mira a Arda. Está asustada. A pesar de la amabilidad de esas chicas, no llega a sentirse libre. Sabe lo que tiene que hacer, al menos debe ayudarlas ahora, ellas la han rescatado.
-¿Qué pasó con vuestra amiga Lucía?, ¿Ya no está viva?,¿Fue la Justicia Metálica?. Da igual, os ayudaré - miró a Arda esperando su contestación.
Su mente se había aclarado, o al menos la furia que sentía se aplacó durante la estancia en el puerto. Estaba más relajada, pero las dudas asolaban su mente. A pesar de no hablar mucho, la presencia de Arda me reconfortaba, era una cara conocida y tenía la certeza de que había vivido experiencias similares a las suyas. Se preguntó que tipo de misiones habrían hecho aquellas chicas y como habían podido liberarse de todo aquello. Al hacerlo las admiró. Al fin y al cabo ella nunca consiguió rebelarse y si futuro estaba escrito.
Iota mira a Karma para ver sus reacciones, cuando sus miradas coinciden, le muestra una sonrisa para tranquilizarla y darle apoyo. Tras la destrucción del laboratorio de Checoslovaquia solo quedan ellos de la reducida familia y no esta dispuesto a quedarse solo o se volvería loco.
Iota frunce el ceño visiblemente cuando Laura dice que no puede decir el vinculo con la familia de Lucia pero se relaja cuando proporciona algo más de información y espera a que ambas chicas terminen sus explicaciones.
En silencio e intentando que no se note, tambien utiliza sus poderes como le enseñaron en los entrenamientos para leer el aura de las dos mujeres (Auspex 2)
Cuando terminan de hablar Laura y Kaari, espera a que Karma hable para luego hablar de manera calmada.
"Gracias por compartir vuestra información. El intercambio de información es la clave para la confianza y los cuatro necesitamos confiar en nosotros mismos".
Respiro profundamente para continuar con un tono grave y hablar intentado sonar no tan analítico:
"Mi cuidadora era muy metomedica y yo reservado por lo que utilizó una especie de juego para comenzar nuestros dialogos y crear confianza. Es algo facil: presentarse, definirse con una frase corta, decir lo que más le gusta en la vida y lo que más detesta, contar un secreto (pequeño o grande) y nominar a la siguiente persona en hablar. Por supuesto, no podemos interrumpir ni preguntar hasta que se haya terminado la rueda. Empezaría yo."
Iota mira uno a uno a los ojos de cada uno de los presentes a los ojos para asegurarse de que le han entendido y añade: "Si estais de acuerdo, podemos intentar esta charla. No nos va a llevar mucho tiempo y puede ser un buen comienzo... Pero si creeis que este ejercicio no es necesario, nos podemos centrar en los detalles de la misión para las que tengo preguntas."
Cita de: minwiki en 09 de Sep 2025, 21:14:03-¿Qué pasó con vuestra amiga Lucía?, ¿Ya no está viva?,¿Fue la Justicia Metálica?. Da igual, os ayudaré - miró a Arda esperando su contestación.
Karma rompe el silencio con la pregunta que venía masticando. Laura no la esquiva; solo asiente, despacio.
Kaari mira a los dos Ícaros, con una medio sonrisa.
Cita de: greatkithain en 11 de Sep 2025, 11:48:22En silencio e intentando que no se note, tambien utiliza sus poderes como le enseñaron en los entrenamientos para leer el aura de las dos mujeres (Auspex 2)
El color llega antes que las palabras. Cuando Iota enfoca, el mundo se llena de pequeñas fugas: bordes que respiran, pupilas que tienen mareas. Laura es un tono entre verde cansado y gris azulado, como un hospital de madrugada: honestidad áspera, sueño atrasado, una forma de sostenerse a base de disciplina. Cada vez que pronuncia «libertad» o «elegir», un hilo dorado atraviesa su contorno, breve como una cerilla. Kaari arde naranja vivo con puntadas blancas: energía directa, cero dobleces, pequeños estallidos de curiosidad turquesa cuando mira los mapas o el motor.
Cita de: greatkithain en 11 de Sep 2025, 11:48:22"Mi cuidadora era muy metomedica y yo reservado por lo que utilizó una especie de juego para comenzar nuestros dialogos y crear confianza. Es algo facil: presentarse, definirse con una frase corta, decir lo que más le gusta en la vida y lo que más detesta, contar un secreto (pequeño o grande) y nominar a la siguiente persona en hablar. Por supuesto, no podemos interrumpir ni preguntar hasta que se haya terminado la rueda. Empezaría yo."
Kaari parpadea, capta el «juego» de Iota y, sin pedir turno, se sienta en cuclillas, los brazos sobre las rodillas.
Su sonrisa era genuina.
Mira hacia el techo, intentando discurrir.
Saca la lengua y cierra los ojos, juguetona. (En el aura de Kaari hay una vibración rápida, limpia; cuando dice "llaves", algo blanco chisporrotea de orgullo infantil.)
Laura tarda un poco más. No huye; solo ordena el aire para no tropezar con él. Se sienta en el suelo, espalda al mamparo, y deja que el balanceo hable por ella.
Kaari se ríe de forma genuina de ella. Es la primera vez que veis sonrisas en mucho tiempo. Al fin y al cabo, no sois más que niños...
El concepto de las «puertas que se cierran por fuera» ensombrece algo la conversación. Sin embargo, Laura continúa. (Al decir "puertas que se cierran por fuera", el gris de Laura se espesa un instante; cuando nombra el mar, el dorado vuelve, tenue, como una promesa que se hace a sí misma.)
Cita de: Maurick en 11 de Sep 2025, 14:19:39
Iota iba a comenzar a hablar cuando Kaari se le adelanto. No le incomodo porque eso mostraba interés por su parte y ganas de colaboración. Escuchó atentamente las explicaciones de Kaari y Laura almacenando en su memoria las emociones delatadas por sus auras así como las palabras clave:arreglar, llaves, ordenes, cumplir, gimnasia, puertas que se cierra, alerta, etc. y a la vez una parte de su mente ya comenzaba a trabajar en esos datos creando perfiles psicológicos de ellos.
Carraspeo para llamar la atención, cerro los ojos para concentrarse y al comenzar a hablar, los abrió lentamente para recitar de forma monótona lo que parece un discurso preparado:
"Soy Arda Yalman pero también soy Iota. El nombre Ekim Ertugrul pertenece a una etapa anterior, irrelevante para mi presente funcional. No me identifico con él. Mi mente opera como un sistema de análisis: recolecto datos, los proceso, los conecto. No soy especialmente sociable, posiblemente un fallo asociado a mi mente analítica . La interacción humana me resulta necesaria y entiendo como funciona pero me veo incapacitado para implementarla lo que aveces me lleva a la ira. Me describo como un analizador persistente, con baja tolerancia a la ambigüedad emocional."Entonces Iota para un momento para ver las reacciones de los demás antes de proseguir:
"Encuentro satisfacción en resolver estructuras lógicas: rompecabezas, patrones, enigmas. Me satisface la coherencia interna de los sistemas, el momento en que cada pieza encaja y el conjunto adquiere sentido." - De manera casi instantánea. buscó algún detalle más que le hiciera parece más humano y lo encontró, mostrando por ello una sonrisa - "Y el mar me proporciona una experiencia sensorial única en mi y es mi refugio: cuando estoy dentro, experimento una disolución del yo, como si orbitara en un sistema mayor y trascendiera de mi cuerpo"
Cambió el gesto entrecerrando lo ojos y marcando la mandíbula -
"Me incomodan las órdenes sin justificación. Rechazo la imposición sin lógica. También me perturban los procesos inconclusos; necesito que las secuencias lleguen a término, que los sistemas se cierren."Coge aire profundamente antes de soltarlo de golpe y niega levemente con la cabeza antes de continuar hablando muy rápido:
"Rechazo contar un secreto inocente y prefiero contar uno que sea realmente útil: Existe una variable confidencial en mi funcionamiento. Oigo voces. No son alucinaciones en el sentido clínico, ni fantasmas en el sentido narrativo. Son entidades diferenciadas, algunas claramente no humanas. No compartí esta información con nadie hasta ahora, ni siquiera con mis cuidadoras y me preocupa el impacto que podría tener si decidiera interactuar con ellas."Y sin dar tiempo a replica, mira a Karma de manera calmada para decirle
"Me temo que eres la última en hablar, Karma"
Karma se sintió desnuda solo al pensar en lo que tenía que decir. Miró a Arda, confundida y con los ojos pidiendo auxilio. Esperó unos segundos, respiro hondo. Una vez, otra, a la tercera soltó el aire y comenzó a hablar.
-Ni, Dharma, esos han sido mis nombres. Me gusta el que tengo ahora, lo siento como mío. Karma, cómo si mi presencia pudiese balancear el mundo. Es un poco... No sé... No soy tan creída, pero cuando use mis poderes allí, en la nieve, me sentí poderosa, quiero ser el Karma de la justicia metálica y otros como ellos...
Cogió aire, se sintió mejor.
-Me gusta el chocolate calentito... Caliente, me gustaba ver películas bebiendo chocolate con Sheri... - sintió arena en la garganta, cómo si hubiese tragado un puñado de tierra.
-Detesto... Qué me usen y la incertidumbre, odio eso, y sentirme sola... Quizás ese sea uno de mis secretos, no quiero estar sola, quiero ser normal, como los niños de las películas, pero... Ni siquiera recuerdo a mis padres.
Terminó la frase y sonrió. Se sintió liviana, cómo si se hubiese quitado un peso de encima. Se acercó a Arda y le cogió de la mano. Le apretó levemente, para sentir el contacto. Le reconfortó, le recordó a Sheri
El silencio dura lo que dura una confianza recién nacida.
Algo enorme roza el casco —no madera, no metal: carne con la aspereza de un naufragio— y el yate gruñe como un animal herido. El agua se tensa bajo vosotros, primero un tirón, luego un latigazo. El tentáculo emerge sin aviso, reluciente de sal y aceite, y atrapa la embarcación como si arrancara una página. El mundo se inclina. Tazas, mantas, botellas: todo vuela en una lluvia doméstica que parece una broma cruel.
Kaari resbala. Hace un segundo se reía; al siguiente es una sombra cortada que el mar se traga de lado, con las botas al cielo y un grito breve que el viento destroza. Laura no salta a buscarla; se planta entre vosotros y aquella cosa, con los ojos firmes y el cuerpo ya en tensión. La ola siguiente no es agua, es una losa. Golpea por todos lados y el aire se hace vidrio roto. Intentáis moveros, protegerla, hacer algo. Todo llega tarde. La oscuridad cae como una manta, con olor a sal vieja y a metal, y luego nada.
Heraclión — Playa de Karteros
📅 14 de diciembre de 2005, 22:09
Costa norte, mar de fondo y viento frío
Despertáis en la arena fría de Karteros. La noche huele a algas, queroseno lejano y tierra mojada. No hay nadie; solo el rumor del mar y el crujir triste de los restos del Kymopoleia, varados de través, con el mástil como un hueso partido apuntando a un cielo sin luna. El frío entra por las uñas. Cada respiración duele.
Kaari está con vosotros. Le falta una pierna desde la mitad del muslo, vendada a toda prisa con correas y un trozo de lona; tiene la piel moteada de morados, su respiración se entrecorta, testaruda. Cuando abre los ojos, no hay queja: hay trabajo.
Dentro del cascarón del yate, entre tablas húmedas y cables colgando, aún late el motor, tosiendo. Bajo un banco, encontráis dos maletines rígidos con cierres metálicos; dentro, alineadas como piezas de ajedrez, monodosis de sangre con etiquetas manuscritas. El viento os corta las manos. El cuerpo pide calor y el estómago otra cosa.
Kaari traga saliva y arrastra el aliento.
La noche no ofrece refugios. Hacia el oeste, Heraclión dibuja un collar de luces apagadas; al este, el aeropuerto duerme como una bestia con hambre vieja. El mar, obediente, sigue empujando el esqueleto del barco hacia la orilla con una paciencia de enterrador.
Las opciones son pocas y pesan: cargar a Kaari, asegurar los maletines, salir de la playa antes de que el frío muerda más hondo. La arena se pega a las heridas como un segundo pellejo. En el bolsillo, el papel con la dirección se ablanda con el salitre, pero aún dice lo que necesitáis leer: un lugar, una cerradura, una puerta que cruje dos veces. Un punto en el mapa para seguir vivos.
Karma mira a su alrededor y toda su atención se centra en Kaari. Se levanta, se recompone, nota el cuerpo dolorido, pero es una sensación ajena, como envuelta en algodones. Se acerca a la chica y la levanta, pesa poco. Se la coloca a la espalda, todo está oscuro y el rumor del agua no le tranquiliza. Si fuese un gato tendría la espalda encorvada, los pelos erizados y las garras sacadas.
Gira su cabeza, siente el aliento de Kaari, entrecortado. Bastante bien suena para su estado de salud, piensa.
Busca los maletines con los ojos. Con sus oídos trata de localizar a Arda. Con su corazón espera que Laura siga viva.
Iota siente aun sus sentidos embotados. Ser tan perceptivo tiene sus desventajas. Su cerebro esta procesando todos los datos que le proporcionan esos sentidos a la vez que le alarma esta sobresaturación. Tambien consigue escuchar las palabras de Kaari con sus instrucciones.
Consigue levantarse de la arena y empuja los paneles del naufragio que le cubrian el cuerpo. Localiza rapidamente a Karma que esta sujetando el cuerpo mutilado de Kaari.
- Karma, Kaari ¿Estais bien? ¿Donde está Laura?
Iota cierra los ojos y concentra sus sentidos en localizar a Laura como prioridad antes que los maletines. No puede irse a donde le dice Kaari hasta saber que ha ocurrido con su compañera.
El eco de la playa queda atrás como un secreto mal guardado.
Buscáis a Laura entre la arena y los restos del naufragio. Primero con convicción, luego con ansiedad, después con esa obstinación ciega de quien no quiere aceptar el vacío. Iota percibe demasiado: huellas que se borran al instante, sombras que parecen pasos, un murmullo metálico que podría ser una voz... pero no. Son solo callejones retorcidos del oído. Karma, con Kaari a la espalda, se esfuerza en no perder el equilibrio. Cada zancada es un peso nuevo. La arena se convierte en asfalto húmedo y luego en adoquines torcidos, y las calles de Heraclión se abren como una boca llena de dientes rotos.
Heraclión — Camino a Nea Alikarnassos
📅 14 de diciembre de 2005, 22:47
Barrios bajos, humedad rancia y pasos demasiado visibles
Durante treinta minutos escarbáis en la ciudad buscando a Laura. Portales en sombra, calles desiertas, esquinas con olor a tabaco frío. Un gato escuálido os sigue durante un trecho, maullando como si delatara vuestra presencia. Algunos vecinos se asoman entre cortinas y cierran de golpe; otros os miran de frente, con ojos dilatados y una mezcla de compasión y desconfianza. Para ellos sois adolescentes deshechos: ropa empapada, con sangre secándose en jirones, un aspecto que no es nada autóctono.
Las farolas chisporrotean. El pavimento está cubierto de charcos aceitosos y bolsas de basura abiertas que rezuman pescado rancio. El hedor de las alcantarillas se mezcla con el de los cubos de plástico rebosados. Pasáis por un solar vallado donde un perro raquítico se levanta sobre las patas traseras, ladrando hasta que la cadena le corta el aliento. El aire se pega a la piel como una tela de humedad que no quiere soltaros. Iota mantiene bien agarrados los dos maletines con la tan preciada vitae que necesitáis. ¿Recordáis cómo os alimentaban en Banská Štiavnica?
Karma siente cómo se le resbalan los dedos en la tela mojada. El pulso de Kaari late irregular contra su espalda. Iota, sobresaturado, distingue un murmullo detrás de una puerta metálica a medio oxidar, en el callejón contiguo. Un golpe seco, luego silencio.
La ciudad no espera. El viento levanta bolsas sucias y las hace chocar contra vuestras piernas. Todo huele a hierro húmedo, a pescado podrido, a humanidad que se esconde tras las persianas. Heraclión os mira de reojo, y no le gusta lo que ve.
¿Seguís buscando a Laura u os dirigís al supuesto santuario que os ha comentado Kaari?
Iota cree haber identificado una pista válida sobre Laura, pero el resultado es negativo: error de cálculo. La frustración es evidente, aunque contenida.
Procesa los datos: el patrón coincide parcialmente, pero la verificación falla. En paralelo, el estado de Kaari presenta indicadores de agotamiento físico y desregulación emocional que comprometen la eficiencia del grupo.
Recuerda una instrucción de Aya Hunter, aplicada en resolución de puzzles: "A veces nos empeñamos en hacer encajar piezas que son incompatibles. Es más eficiente redirigir el enfoque y buscar una vía alternativa." La lógica es sólida. El momento, pertinente.
Ante los quejidos reiterados de Kaari, interrumpe el desplazamiento y se dirige a Karma: "Este protocolo no está generando resultados, Karma. Kaari no presenta condiciones óptimas para continuar en movimiento."
Detecta una variación en la expresión facial de Karma: mezcla de sorpresa y enfado. No lo verbaliza, pero el cambio es evidente.
"No abandono el objetivo Laura. Pero la lógica indica que la segmentación del grupo puede aumentar la eficiencia operativa."
Le entrega uno de los maletines a Karma. Retiene el otro. "Dirígete al refugio con Kaari. Inicia protocolo de descanso. Yo continúo la búsqueda. En caso de éxito, establezco punto de reunión en el mismo refugio."
Karma sostiene el maletín. No quiere acatar la orden. Sabe que tiene razón, pero separarse ahora... No... No puede ser, ¿y si a Arda le pasa algo?. Egoístamente piensa en qué tienen que ir juntos, no está preparada para la pérdida, otra vez no.
Le mira con furia, agarra el asa con violencia. Querría estallarle el maletín y ese líquido que guarda dentro en la cara, darle puñetazos para que no se vaya.
Agacha la cabeza, se acerca a él y apoya su cabeza sobre la clavícula de Arda, con Kaari sobre ella.
-Ten cuidado, ¿vale?, y encuentra a Laura, por favor. Yo me ocupo de ella.
Se envaró todo lo que pudo y puso rumbo hacia el piso dónde trataría de reanimada a Kaari mientras Arda y Laura vuelven juntos.
Cita de: greatkithain en 28 de Sep 2025, 22:57:06Yo continúo la búsqueda.
Iota se adentra solo en el callejón, siguiendo lo que parece ser un aura. La humedad sube de las piedras como un aliento viejo, y las farolas chisporrotean antes de apagarse. El silencio no dura demasiado: un murmullo gutural se arrastra desde la pared, rompiendo el frío silencio de la noche cretense.
Callejón de Agiou MinaUn cuerpo se despega de la sombra. Es un chaval flaco, de piel aceitosa y ojos como dos carbones húmedos. Camina descalzo, con un pantalón deportivo empapado y un abrigo que no le pertenece. La boca roja de grietas y los dientes teñidos de nicotina. Una navaja oxidada cuelga de su mano, pero la aprieta como si fuera un juguete.
Da un paso hacia Iota, otro más, como un animal que no sabe si atacar o pedir ayuda. El hedor a sudor rancio y sangre vieja llena el aire. Las pupilas le tiemblan, y bajo la piel del cuello se marcan venas negras, hinchadas, como si llevaran algo vivo dentro.
Se tambalea y deja caer la navaja al suelo, pero enseguida la recoge con dedos torpes. Sonríe mostrando sus encías sangrantes.
(https://naufragio-heavensgate.duckdns.org/img/gallery/Escenas/YonkiAeonCreta.jpg?t=1759416477058)
El yonqui se acerca demasiado, encajonado en el mismo pasillo estrecho. Tras él, las ratas se dispersan con chillidos húmedos.
¿Qué vas a hacer, Iota?
Cita de: minwiki en 29 de Sep 2025, 21:54:46-Ten cuidado, ¿vale?, y encuentra a Laura, por favor. Yo me ocupo de ella.
Piso franco de Nea Alikarnassos El camino hacia el piso no ofrece consuelo. Nea Alikarnassos es un laberinto de calles húmedas, con basura acumulada en cada esquina y gatos famélicos rebuscando entre bolsas abiertas. Los muros están tapizados de grafitis en griego: consignas políticas pintadas una y otra vez, tachadas y sobreescritas con insultos. Vagabundos se apelotonan bajo marquesinas oxidadas, envueltos en mantas mugrientas, y las farolas parpadean como si fueran a morir con cada ráfaga de viento.
Cada paso por la escalera exterior del bloque cruje como un quejido. El hierro oxidado vibra bajo vuestro peso. No hay vecinos que os den la bienvenida: solo miradas furtivas desde rendijas de puertas entreabiertas, y el silencio rápido de quien no quiere verse implicado.
El piso está en la tercera planta. El recibidor es estrecho, con paredes desconchadas y olor a humedad vieja. La madera del suelo se arquea en algunos puntos; las grietas en la pintura parecen cicatrices mal cerradas. Claramente es un lugar olvidado por cualquier reforma, pero precisamente por eso pasa desapercibido.
Karma lleva a Kaari hasta la única habitación que parece un dormitorio. La cama es un somier oxidado con un colchón hundido, sábanas ásperas y con manchas que no preguntan su origen. Al acostarla, un hilo oscuro se extiende bajo ella: la sangre sigue manando de su muslo izquierdo, donde la pierna fue arrancada con violencia. La herida es brutal. Restos de tejido colgando como colgajos, hueso astillado que sobresale. El vendaje improvisado ya no basta.
Traga saliva y aprieta los dientes. Aun así, intenta recomponerse.
El piso guarda silencio, salvo por el goteo intermitente de una tubería y el lejano eco de gritos callejeros.
Karma, ahora la decisión es tuya:
¿Examinarás el piso para aseguraros de que es seguro, revisarás los víveres enlatados de la cocina, o harás otra cosa?
Cita de: Maurick en 02 de Oct 2025, 16:49:05¿Qué vas a hacer, Iota?
Iota mantiene la mirada fija en el sujeto. No muestra miedo; lo clasifica como físicamente débil y cognitivamente errático. Sin embargo, existe una probabilidad funcional de que posea información sobre Laura, así que decide ejecutar una aproximación verbal en lugar de una intervención física.
Con las manos aún libres, modula la voz en un tono que interpreta como socialmente aceptable, aunque el resultado es ambiguo.
—¿Yo también? ¿Qué estás ofreciendo, amigo? Estoy buscando a una chica: alta, delgada, piel muy clara, cabello rubio. ¿La has visto?
Extiende una mano, abierta, en lo que considera un gesto de incentivo.
—Puedo llegar a recompensarte.
Acto seguido, introduce la mano en el bolsillo de su chaqueta. Allí guarda el broche-artefacto: un alfiler que reacciona cromáticamente al contacto con sangre de entidades sobrenaturales. No lo exhibe aún, pero calcula que podría ser útil si el sujeto resulta relevante.
Cita de: greatkithain en 03 de Oct 2025, 20:08:20—¿Yo también? ¿Qué estás ofreciendo, amigo? Estoy buscando a una chica: alta, delgada, piel muy clara, cabello rubio. ¿La has visto?
El yonki ríe con la boca llena de saliva espesa. La navaja tintinea contra el suelo cuando la deja caer, porque no le interesa tanto como la mano extendida de Iota. Se acerca, con los ojos como brasas húmedas. Continúa hablando en un griego errático.
Cuando levanta la vista, intenta atrapar la muñeca de Iota con dedos temblorosos. La presión es mínima, pero la piel está caliente, enrojecida, las venas marcadas de un negro imposible. Huele a óxido y a podredumbre dulce.
Desde un balcón cercano, una cortina se mueve. Un ojo observa un segundo, luego desaparece. Una puerta metálica chirría y se cierra en el fondo del callejón. La peste a humedad y a orín humano se acentúa cada instante que pasas en este callejón. El yonki se deja caer contra la pared, agotado, todavía con la mirada fija en Iota. No ofrece nada útil de Laura, ¿de verdad ha estado por aquí?
¿Qué vas a hacer, Iota? Si deseas evaluar su Aura, ya sabes lo que tienes que hacer. O si quieres percibir algo más, te invito a realizar una Tirada de Percepción + Alerta a Dificultad 8 (https://naufragio-foros.duckdns.org/index.php/topic,42.0.html)
Karma coge el maletín, lo abre y ve esos pequeños frascos. Su boca se humedece, sus latidos se agolpan en su pecho. Temblando, coge uno y se lo acerca a Kaari. Le encantaría coger uno, lucha contra si misma. Quiere ser dueña de su destino y eso implica sus instintos. Con dificultad lo deja junto a la chica, apenas consciente.
Se aleja varios pasos y mira a su alrededor. No parece un lugar confortable, huele a que allí ha habido alguien antes, huele a nervios, un olor agrio, como de cebolla a punto de pudrirse. La decoración parece simple, apenas hay unos cuadros de estampas bucólicas de lugares indeterminados. Kaari dijo que el lugar era seguro, pero si algo había aprendido, era que ella tenía que asegurarse de ello.
Cita de: Maurick en 03 de Oct 2025, 22:44:50te invito a realizar una Tirada de Percepción + Alerta a Dificultad 8 (https://sokolov.ddns.net/index.php/topic,42.0.html)
El contacto físico con el sujeto genera una respuesta de rechazo. No por su condición humana, sino por su estado biológico: su aspecto se aproxima más al de un roedor urbano que al de un organismo funcional. Iota calcula que exponerse al agua de una alcantarilla tendría menor riesgo que ingerir su sangre.
No detecta indicadores de que este individuo posea información relevante sobre Laura. Tampoco tiene datos verificables sobre el término "Aeon". Sin embargo, su intuición —una subrutina que no logra desactivar del todo— le señala que hay variables ocultas en esta situación. El entorno no se comporta como debería. Algo no encaja.
Cita de: greatkithain en 05 de Oct 2025, 13:42:55No detecta indicadores de que este individuo posea información relevante sobre Laura. Tampoco tiene datos verificables sobre el término "Aeon". Sin embargo, su intuición —una subrutina que no logra desactivar del todo— le señala que hay variables ocultas en esta situación. El entorno no se comporta como debería. Algo no encaja.
El contacto se rompe. Iota retira la mano, consciente de que el sujeto no ofrece ninguna variable útil. En los balcones del edificio, las persianas se cierran con prisa. Voces apagadas se filtran desde dentro, entrecortadas por el ruido del viento. Los sentidos de Iota captan susurros de los vecinos, en un griego local, cerrado, difícil de entender.
«Otra vez esos yonkis pegándose por la puta droga... ¿Es que el alcalde no pretende hacer nada?»«¡Me voy a largar de aquí en enero!»«¿Por qué hay tanto puto drogata ahora? ¿Qué es lo que ha pasado?»El hombre frente a él se dobla sobre sí mismo. La risa se convierte en arcada, la arcada en un gemido. De su boca cae un hilo oscuro que gotea entre los charcos. Las venas de sus muñecas palpitan, negras y abultadas, como si corriera por ellas algo espeso, demasiado denso para ser sangre. Se deja caer al suelo y queda allí, jadeando, con los ojos abiertos pero sin mirar a nada. Por un instante, el silencio del callejón es absoluto. Solo el zumbido de una farola insiste en romperlo.
Iota percibe entonces el temblor. No del miedo, sino del cuerpo: frío acumulado en los músculos, humedad en la ropa, un cansancio que le anula los márgenes del cálculo. Todo el análisis y los protocolos del mundo no cambian el hecho de que acaba de sobrevivir a un naufragio y está solo en una ciudad que no entiende, empapado y exhausto. El aire se siente más pesado, y cada respiración cuesta un poco más que la anterior.
Ya no hay nada que sacar de este lugar.
El viento arrastra un cartón viejo hasta sus pies. El olor a orines humanos se acrecenta: parece que el misterioso asaltante acaba de vaciar su vejiga ahí mismo. No está muerto, ni inconsciente, simplemente observa con pasividad la nublada noche, tirado en la esquina de un callejón perdido. Iota vuelve a sí mismo. ¿Qué hace aquí? ¿Es posible que Laura esté en esta ciudad? ¿O es su sentimiento de pertenencia que le impide... soltarla?
¿Permanece aquí un momento más o se pone en marcha hacia el piso franco?
Cita de: minwiki en 04 de Oct 2025, 22:59:29Karma coge el maletín, lo abre y ve esos pequeños frascos. Su boca se humedece, sus latidos se agolpan en su pecho. Temblando, coge uno y se lo acerca a Kaari. Le encantaría coger uno, lucha contra si misma. Quiere ser dueña de su destino y eso implica sus instintos. Con dificultad lo deja junto a la chica, apenas consciente.
El maletín se abre con un chasquido. Dentro, las monodosis alineadas reflejan la luz amarillenta del techo como si fueran pequeños ojos líquidos. El olor metálico de la vitae se mezcla con el polvo y la humedad del piso.
Kaari tiembla. La mano le falla dos veces antes de sujetar el frasco, pero cuando lo logra, lo destapa con los dientes y lo apura de un trago. La sangre le tiñe la lengua, la garganta y la mirada.
Por un momento, el silencio pesa. Luego llega el sonido: un crujido, leve pero constante. El muñón de su pierna, oculto bajo la sábana, empieza a encogerse. La carne se contrae en espasmos involuntarios, las venas se tensan, el flujo se estabiliza. No es curación, no del todo, pero sí algo que detiene el sangrado y apaga el dolor. Kaari respira con más calma. El color vuelve a sus mejillas, pálido pero vivo.
No termina la frase. Se queda con la cabeza ladeada sobre la almohada, los labios aún manchados de vitae. Duerme, o cae inconsciente. Difícil saberlo.
El olor agrio del lugar se hace más evidente: sudor viejo, cebolla podrida, humedad. No parece que haya habido nadie hace poco, pero tampoco parece que el sitio haya estado del todo vacío. Sobre la mesa, un cenicero lleno y una taza con restos secos de café apuntan a alguien que estuvo esperando.
El ordenador portátil en el rincón emite un zumbido apagado. La pantalla, encendida, parpadea con un fondo azul descolorido.
Una línea de texto solicita:
USUARIO: ██████
CONTRASEÑA: ██████
Es un modelo antiguo, con el teclado amarillento y el ventilador sonando como un insecto atrapado. La luz del monitor tiñe la habitación de un reflejo enfermizo.
El viento sopla por la ventana y las cortinas improvisadas se inflan como pulmones cansados. Kaari no se mueve.
¿Qué vas a hacer, Karma?
Cita de: Maurick en 05 de Oct 2025, 22:09:23¿Permanece aquí un momento más o se pone en marcha hacia el piso franco?
Iota impacta con fuerza la superficie metálica de una papelera rota. El golpe no tiene función práctica, pero reduce momentáneamente la presión interna. El entorno no ha ofrecido resultados verificables. La frustración se acumula.
Durante unos segundos contempla la opción de regresar al refugio. Sería lógico desde el punto de vista energético. Pero recuerda el propósito: Laura. Y entonces surge una hipótesis. No es nueva, pero hasta ahora ha sido ignorada por considerarse inestable. Las voces. Las que escucha desde hace años. Las que no ha compartido con nadie.
Sabe que Destiny desaprobaría aplicar el método científico en este contexto. Pero Iota no se caracteriza por seguir instrucciones sin validación. Si las voces tienen origen no humano —como sospecha— entonces podrían tener acceso a información que él no posee. El riesgo es asumible. El potencial, considerable.
Respira hondo. Cierra los ojos. Se concentra en la corriente de murmullos que atraviesa su mente como una señal mal decodificada. Y formula la petición, clara y directa:
(Iota activa el don Lenguaje Espiritual)
Karma mira fijamente el ordenador, apenas parpadea. Está lejos de saber que es lo que tiene que poner. Además tampoco estaba familiarizada con ese tipo de dispositivos, sabía que existían, alguna vez Sheri le había dejado jugar en el suyo, pero tampoco le había interesado mucho.
Miró a Kaari, respiraba de forma entrecortada, pero parecía mejor.
Quizás si ella tomase otro frasco se aclararía su cabeza. La tentación cada vez era mayor.
- Quizás los demás lo necesiten más que yo.
Se mordió el labio y apretó los puños.
Trató de centrar su atención en el ordenador.
Abrió los cajones de la mesa donde estaba el ordenador. No sabía que buscaba, cualquier cosa le valdría, un nombre, una foto, algo que pudiese relacionar con esas dos claves que necesitaba.
-Joder Arda, seguro que tú sabrías que hacer - se dijo en voz alta mientras abría y revolvía todo lo que había a su alrededor.
Cita de: greatkithain en 07 de Oct 2025, 13:42:09Respira hondo. Cierra los ojos. Se concentra en la corriente de murmullos que atraviesa su mente como una señal mal decodificada. Y formula la petición, clara y directa:
La súplica de Iota se disuelve en el aire húmedo del callejón, pero algo —al otro lado de la piel del mundo— escucha.
Primero llega un murmullo tenue, apenas un eco entre los ruidos de la ciudad. Luego, una marea de voces que no deberían coexistir: una habla en griego, otra en un idioma sin vocales, otra repite su nombre con un tono infantil. Todas al mismo tiempo. Todas deformadas.
No hay un solo espíritu. Es un enjambre.
Las palabras no se articulan: se desmoronan entre siseos y gemidos. Lo que Iota siente no es comunicación, sino una ráfaga de sensaciones: el olor metálico del mar, la textura de la carne podrida, una cadena arrastrándose sobre piedra húmeda. La Penumbra de Creta responde, pero su lenguaje está enfermo.
Algo más intenta abrirse paso: una sombra con forma humana, sin rostro, que flota en la periferia de su percepción. No hostil, pero tampoco viva. Cuando intenta enfocar su atención, la figura se fragmenta en mil espejos de sí misma.
El ruido cesa de golpe.
Durante un segundo, Iota siente que todo su cuerpo pesa más, como si el aire fuera plomo. La conexión se rompe. Una última voz, tenue, resuena en su cabeza antes de desvanecerse:
El silencio lo devora todo. Su cuerpo vuelve a temblar, no por miedo, sino por agotamiento. El don lo ha drenado. El frío cala hasta los huesos, y el cansancio del naufragio, la humedad y el hambre vuelven a cobrar sentido.
El refugio no suena tan mala idea ahora.
Cita de: minwiki en 09 de Oct 2025, 20:20:14Abrió los cajones de la mesa donde estaba el ordenador. No sabía que buscaba, cualquier cosa le valdría, un nombre, una foto, algo que pudiese relacionar con esas dos claves que necesitaba.
Los cajones se abren con un sonido pegajoso. Entre papeles arrugados, clips oxidados y recibos antiguos, encuentra una libreta pequeña de tapas gastadas. En la primera página hay garabatos en griego y en inglés, direcciones medio borradas, y un subrayado doble en tinta azul:
HERMES.
Entre las hojas posteriores, Karma halla una nota más nítida:
«jagganath / clave temporal — revisar mensaje de G." La línea siguiente termina en una mancha de café seca, como si alguien hubiese dejado la taza ahí antes de marcharse.
El ventilador del ordenador escupe un quejido ronco. La pantalla parpadea, mostrando durante un instante una frase en minúsculas, casi invisible:
"Tienes 1 mensaje sin leer." Karma pulsa una tecla. El zumbido se intensifica y el monitor muestra el campo de inicio de sesión:
USUARIO: jagganath
CONTRASEÑA: _______
Prueba con la palabra de la libreta. Las teclas responden con lentitud, como si el equipo pensara antes de obedecer. Un pitido sordo y, de pronto, el escritorio antiguo aparece, fondo azul y letras torcidas. Hay solo un icono activo:
Mensajes de Hermes.
El cursor tiembla mientras abre la bandeja. Dentro, un único correo, fechado dos días atrás. El remitente se identifica como
G.V..
El texto, breve, sin firma:
CitarKaari.
No puedo garantizar seguridad por más tiempo.
Si Laura recibe esto, dile que no se acerque al puerto.
He perdido contacto en la línea de Knossos.
El acuerdo con Gerasimos ha sido violado.
— G.
Las últimas letras parpadean, como si el sistema no terminara de renderizar la línea final. A medida que el monitor proyecta su luz pálida, el aire del piso parece enfriarse.
El ventilador del portátil vuelve a girar, lanzando un soplo de aire caliente. El mensaje se cierra solo.
Solo queda la línea de texto en el fondo:
"Desconectado del servidor. Error de red."Karma se queda mirando el reflejo de su rostro en la pantalla ennegrecida.
Fuera, un motor pasa lento por la calle, y un gato maúlla en la distancia.
Kaari sigue dormida.
La ciudad, por primera vez, parece contener la respiración.
Cita de: Maurick en 13 de Oct 2025, 12:39:21El refugio no suena tan mala idea ahora.
Iota respira con dificultad. El patrón respiratorio se altera por fatiga acumulada y sobrecarga sensorial. El contacto con los espíritus ha sido más intenso de lo previsto: no una conversación, sino una transferencia de estímulos complejos. La información sobre Laura no es concluyente, pero suficiente para generar una respuesta emocional que interfiere con su capacidad de análisis. Niega con la cabeza, no como gesto simbólico, sino como intento de reordenar el flujo cognitivo.
Decide priorizar el retorno al refugio. No por comodidad, sino por necesidad operativa: informar a Karma y Kaari, estabilizar el sistema, y procesar los datos en condiciones más controladas.
Mientras camina, repasa la secuencia. El don no solo ha activado voces, sino sensaciones: olor metálico, carne en descomposición, cadenas, una figura humana sin rostro que se fragmenta al intentar enfocarla. Cada elemento queda registrado como variable pendiente de análisis. No puede abordarlos ahora, pero los etiqueta mentalmente para revisión posterior.
La prioridad inmediata es conservar energía, transmitir la información y evitar errores por agotamiento. El refugio se convierte en el siguiente nodo lógico.
Cita de: greatkithain en 18 de Oct 2025, 17:54:46La prioridad inmediata es conservar energía, transmitir la información y evitar errores por agotamiento. El refugio se convierte en el siguiente nodo lógico.
Las calles han perdido el ruido. Solo quedan las farolas parpadeando como insectos cansados. El aire arrastra un eco salino desde el puerto, frío y denso, que se mete en los huesos. Iota camina sin prisa, pero sin detenerse. El cuerpo pesa más que la ropa mojada. Cada paso suena como si lo diera dentro de un sueño.
Nea Alikarnassos lo recibe sin ceremonias: fachadas descascarilladas, gatos husmeando en la basura y algún televisor encendido detrás de una persiana rota. En el tercero, una escalera metálica se retuerce bajo su peso, crujiente, oxidada, pero firme.
La puerta del piso está entornada. Dentro, la penumbra huele a humanidad y a óxido.
En el salón, Kaari descansa sobre una cama improvisada; la sábana blanca ya no lo es tanto. La pierna vendada, la respiración acompasada. No parece en peligro inmediato, pero tampoco despierta. Su rostro conserva ese gesto obstinado incluso dormida.
A pocos metros, Karma. Sentada ante un portátil encendido, la luz azul del monitor le marca las mejillas. El zumbido del ventilador llena la habitación con su ruido sordo. Frente a la pantalla, un mensaje congelado:
"Desconectado del servidor. Error de red."El resto del piso es un museo de abandono: un hornillo apagado, colillas partidas, un maletín abierto con frascos medio vacíos. El aire está cargado, espeso, como si allí dentro se hubiera contenido la respiración de demasiada gente durante demasiado tiempo.
Iota cierra la puerta tras de sí. El sonido seco del cerrojo resuena más de lo esperado.
Por primera vez en horas, la lógica se detiene y el cuerpo permite un gesto sencillo: exhalar.
El refugio no es cálido, pero al menos no intenta devorarlo.
Iota observa el piso y registra el estado: desorden, desgaste, huellas de múltiples ocupantes. El lugar transmite uso repetido, pero lo que le preocupa no es el pasado, sino el presente inmediato y sus compañeras. Kaari muestra signos de recuperación, aunque el proceso requiere tiempo, un recurso escaso. Karma parece desorientada, no tanto por el despertar, sino por la presión de la situación actual. El complejo de Eslovaquia funcionaba como cárcel, pero ofrecía cierta seguridad; aquí en Creta, el riesgo se percibe en cada detalle.
En silencio se aproxima a Ni. Formula la pregunta con tono bajo:
Al captar su atención, se deja caer en una silla junto a ella. La voz se mantiene controlada, aunque cargada de tensión:
Dirige una mirada hacia Kaari, niega con la cabeza y añade:
Heraclión — Piso franco de Nea Alikarnassos
📅Noche del 14 al 15 de diciembre de 2005
Cables calientes, respiraciones irregulares, persianas cerradas
La noche cae sin ceremonias.
El piso ofrece una pizca comodidad, no demasiada, pero sí un mínimo de aislamiento. Las persianas permanecen bajadas. El ruido de la calle se atenúa hasta convertirse en un murmullo lejano, roto solo por algún motor tardío o una voz que se pierde en el barrio. Dentro, el aire se espesa con el olor a metal seco, polvo y ropa húmeda.
Kaari duerme durante horas seguidas. No descansa bien, pero descansa. Su respiración se estabiliza poco a poco; el cuerpo, lento y obstinado, hace lo que puede con la vitae ingerida. El muñón permanece cubierto, inmóvil, sin sangrar. No hay milagros, pero tampoco empeoramiento.
Ni no se mueve.
Iota y Karma acaban cediendo al agotamiento. No es un sueño profundo, sino fragmentado, interrumpido por sobresaltos breves y sueños sin imágenes claras. El cuerpo reclama su parte. La mente, a regañadientes, se la concede.
📅 15 de diciembre de 2005, 10:41
Luz blanca, frío residual
La mañana entra tarde en el piso, filtrada por las rendijas de la persiana. La luz es gris, dura, sin calor. El portátil sigue apagado. El silencio pesa distinto: ya no es protección, es ausencia.
Kaari despierta antes que los demás.
Se incorpora despacio, apoyándose en los codos. Parpadea varias veces, orientándose. El dolor sigue ahí, pero amortiguado. Su mirada recorre la habitación con una atención distinta a la de la noche: más despierta, más precisa.
Entonces se fija en Ni.
No es un sobresalto inmediato. Es una acumulación de detalles: el color de la piel, demasiado apagado; el sudor frío en la frente pese a la temperatura baja; la forma en que el pecho sube y baja, irregular, como si el ritmo no encontrara patrón.
Kaari frunce el ceño.
Su voz es baja, pero firme. No hay pánico, solo certeza.
Al acercarse, percibe algo que no le gusta en absoluto: venas oscurecidas bajo la piel, especialmente en las muñecas y el cuello. No como las suyas. No como las de un Ícaro recuperándose. Es otra cosa. Algo que no reconoce... y eso la inquieta más que cualquier herida abierta.
Kaari levanta la vista hacia Iota, ya despierto o a punto de estarlo.
La joven examina a su compañera, pálida. Sigue respirando, pero está muy débil.
Kaari mira con preocupación a Iota. Como si el joven pudiese sacarse una idea de su chistera. A Laura se le daba muy bien... ¿Qué vas a hacer ahora, Iota?
Iota se despierta al oír la voz de Kaari. Como es habitual en el, abre los ojos antes de moverse. No se incorpora de golpe; lo hace despacio, como si su cerebro necesitara unos segundos para arrancar y revisar su propio estado y recopilar datos. Primero localiza el entorno, luego evalúa su cuerpo, y solo entonces se mueve.
Se levanta del sofá que ha usado como cama y se acerca a Ni. No habla al principio. Observa. Concentra sus sentidos en ella, afinando cada detalle. El color de la piel de Ni es incorrecto. El sudor frío no encaja con la temperatura ambiente. El ritmo respiratorio es errático, sin coherencia fisiológica. Y las venas... las venas no deberían verse así. No en un Ícaro. No en nadie que esté simplemente agotado.
Incluso el olor es distinto, sutilmente alterado, como si algo en su química interna hubiera cambiado durante la noche.
Levanta con cuidado los párpados de Ni. Los ojos están abiertos, pero no presentes. Vacíos.
Kaari no responde de inmediato, pero su expresión es suficiente. No, no ha visto nada así.
Iota asiente apenas. La conclusión es evidente: tanto Kaari como Ni necesitan sangre y tiempo para recuperarse. Y ahora mismo, ambos recursos son escasos.
Su mente empieza a trabajar en paralelo, generando escenarios. Salir solo a buscar alimento sería lo más eficiente desde un punto de vista operativo, pero también las dejaría vulnerables. Si alguien fue capaz de llevarse a Laura, ese alguien podría venir a por ellas. Y en su estado actual, no tendrían ninguna posibilidad.
Termina su análisis preliminar —incompleto, insatisfactorio— y se vuelve hacia Kaari. Su voz es controlada, casi fría, pero no por falta de emoción, sino por exceso de ella.
Pero incluso mientras lo dice, su cerebro sigue generando alternativas. Ninguna es perfecta. Ninguna es segura.
Entonces algo hace clic. Hay una luz que se enciende en el fondo de su mente: una anomalía en la secuencia lógica. Antes de que Ni se separara de él para venir al piso, su estado era normal. Eso significa que, entre ese momento y el actual, ha entrado en juego una nueva variable que ha alterado su condición. La sangre, como apunta Kaari, puede ser una solución temporal, pero no explica el origen del problema. Y sin origen, no hay solución estable.
Hace un esfuerzo consciente por no precipitarse. Respira hondo y activa sus sentidos agudizados por el Auspex, expandiendo su percepción más allá de lo evidente. Recorre el piso con la mirada, con el oído, con algo más que no sabría definir del todo: busca señales de intrusión, rastros sutiles, huellas residuales que indiquen que algo —o alguien— ha estado allí cuando no debía.
Se agacha junto a una marca en el suelo, examina el polvo, la disposición de los objetos, la forma en que una silla está ligeramente desplazada.
Porque hasta que no entienda qué ha cambiado en la ecuación, cualquier decisión será solo un parche sobre algo que aún no sabe nombrar.
Tras la cortina casi transparente entran los rayos de sol. La ventana está abierta y una suave brisa mece las telas. Fuera reina el silencio y en la habitación solo oye su corazón. Mira hacia la puerta, esperando a que ella lo abra, cómo hacía todos los días.
Pasaron los minutos y la puerta seguía intacta. La luz se fue haciendo más trémula. La quietud fue dando paso al ruido, unas respiraciones a su alrededor. Tenia miedo. ¿Dónde estaba su mamá?¿Y papá?. Se giró sobre la cama. No era la suya, era parecida, está era más cómoda, pero a su vez le daba escalofríos.
Su cuerpo pareció despegarse de su mente, se quedó inerte. Sentía que podía verse a su misma.
Dos voces, un chico y una chica. Recordaba algo pero no sabía el qué, la del chico le resultaba familiar y a la vez dolorosa. Quería gritar. Vió si cuerpo agitarse. La habitación desapareció y se convirtió en una cueva oscura donde solo estaba ella y por encima suyo, esas voces. Ella parecía nerviosa, él sosegado y preocupado, analizando todo, como un gran ojo analizándola.
Quiso gritar pero ni quiera pudo abrir su boca. Le invadió el miedo y lloró en silencio.
El piso sigue oliendo a encierro. A sangre seca, a humedad antigua, a cables calientes. Afuera, el barrio continúa su rutina lenta, pero aquí dentro el tiempo se ha vuelto espeso, como si alguien hubiese decidido retenerlo a la fuerza.
Kaari está sentada en la cama, la espalda apoyada contra la pared. Tiene el rostro más pálido que por la mañana, pero los ojos están despiertos. Demasiado. Observa a Ni durante unos segundos más, evaluándola con una atención casi clínica... y luego levanta la vista hacia Iota.
Hace un gesto breve con la barbilla hacia la mesa donde descansa el portátil. El aparato parece un fósil tecnológico: carcasa amarillenta, ventilador que arranca y se detiene como un pulmón viejo. El cable de corriente está forzado con cinta aislante.
Kaari se inclina un poco hacia delante. El gesto le cuesta, pero insiste. Observa los datos en la pantalla, revisa el mensaje que observó Ni anoche. Su expresión cambia.
Cita de: Maurick en 13 de Oct 2025, 13:14:01CitarKaari.
No puedo garantizar seguridad por más tiempo.
Si Laura recibe esto, dile que no se acerque al puerto.
He perdido contacto en la línea de Knossos.
El acuerdo con Gerasimos ha sido violado.
— G.
El rostro de Kaari se vuelve parcialmente blanco. Incluso podéis notar una pequeña lágrima que surge de su ojo.
Ni sigue respirando de forma irregular. El mundo le llega amortiguado, como si estuviera bajo el agua, pero el zumbido del ordenador destaca por encima de todo. Persistente. Kaari vuelve entonces la mirada hacia Iota.
Se despierta. El entumecimiento de sus miembros empieza a disiparse, y las marcas oscuras empiezan a desaparecer. Parece algo sutil, pero en seguida vuelve a estar despierta.
Es cuando Iota activa sus capacidades vampíricas. Y es en ese instante cuando algo no encaja.
No es un sonido. No es una imagen. Es una presión. Como si el aire del piso se hubiese densificado a tu alrededor. Iota nota un cambio sutil pero inequívoco: una presencia cercana, contenida, que no pertenece del todo al plano físico. No es hostil. Tampoco pasiva. Está ahí desde hace rato.
Observando.
El rincón junto a la pared del baño parece más oscuro de lo que debería. El polvo del suelo no está completamente quieto. Hay un leve desplazamiento, como una corriente que no responde al movimiento del aire.
Kaari no se da cuenta. Ni tampoco. Solo tú.
Se arrastra por la cama. Cierra los ojos de dolor.
Una siniestra sensación os invade por dentro. Sabéis que hay algo que no está bien.
El silencio vuelve a instalarse en el piso. Kaari se queda medio dormida, parece que la herida le está pasando factura.
- Iota percibe una presencia que no debería estar en el piso. Puede investigarla ahora mismo... o ignorarla.
- Ni empieza a notar que el exterior llama: voces, movimiento, el barrio despertando. Salir implica exponerse.
Las respuestas de Kaari no reducen la incertidumbre; la amplían. Cada dato abre una nueva línea de preguntas. Pero antes de seguir interrogándola, Iota prioriza lo inmediato: **esa presencia en el piso**. Si es un espía, un espíritu contaminado o algo peor, ignorarlo sería un error táctico.
Un análisis preliminar del entorno confirma lo que ya intuía: **el refugio está comprometido**. No sabe cómo ni cuándo, pero la ecuación ha cambiado. Y la estrategia es clara: deben moverse a otro lugar seguro. Bajo ningún concepto va a dejar a Kaari o a Ni solas aquí. Ni siquiera juntas. No en este sitio.
Mientras evalúa la presencia, Iota empieza a organizar mentalmente una lista de preguntas para Kaari. Necesita asegurarse de que no falta ninguna variable crítica.
- ¿Quién es exactamente ese "G." que firma el mensaje?
- ¿Es Gerasimos? ¿O alguien que usa su inicial?
- ¿Qué sabes del acuerdo con Gerasimos? ¿Qué implicaba?
- ¿Hasta qué punto es fiable Gerasimos? ¿Ha fallado antes?
- ¿Quién era el contacto con el que Laura debía reunirse en el puerto?
- ¿Qué es la "línea de Knossos"? ¿Por qué es peligrosa?
Y añade otra variable que no puede ignorar: el ordenador.
Cuando entró en el apartamento, Ni lo habia estado manipulándolo. Ahora lo hace Kaari. Iota sabe que incluso un dispositivo electrónico puede ser un vector de infección o ataque espiritual. El ordenador debe examinarse y verificar que es seguro.
Su plan de acción se ordena en tres pasos simples:
1. Investigar la presencia.
2. Recopilar más datos.
3. Verificar que el ordenador es inofensivo.
4. Trasladarse a un refugio seguro.
Empieza por el primer punto. Cierra los ojos un instante, regula la respiración y deja que sus sentidos se expandan. La percepción se afila, el ruido de fondo se separa en capas, y la realidad adquiere un contorno distinto. Activa la Percepción del Aura, buscando cualquier anomalía, cualquier rastro que revele qué —o quién— está observando desde ese rincón demasiado oscuro.
Porque antes de moverse, antes de decidir, necesita saber qué comparte el piso con ellos. Y si está vivo. O si está... otra cosa.
Karma despierta aturdida. Primero si sentido auditivo toma consciencia, después su piel es consciente de la ropa, el sudor. El sabor metálico en la boca, el olor de los nervios, la sangre, infección. Abre los ojos y allí está Iota, concentrado. Mueve su cabeza y ve a Kaari. Ahora recuerda donde está. El ordenador. Se levanta fatigada, la cabeza le pesa y no sabe por qué.
Mira a Kaari que pese a todo, parece estar bien.
-¿Qué ha pasado?, ¿como estás?, ¿cuanto tiempo he dormido?¿Cuándo ha llegado él?.
Las preguntas se abalanzan sobre su cabeza y como un torrente las escupe hacia la chica en busca de respuestas.
Cita de: greatkithain en 28 de Dic 2025, 14:59:34Empieza por el primer punto. Cierra los ojos un instante, regula la respiración y deja que sus sentidos se expandan. La percepción se afila, el ruido de fondo se separa en capas, y la realidad adquiere un contorno distinto. Activa la Percepción del Aura, buscando cualquier anomalía, cualquier rastro que revele qué —o quién— está observando desde ese rincón demasiado oscuro.
Iota deja que el mundo se afine. El ruido del piso se ordena en capas: el zumbido irregular del portátil, la respiración entrecortada de Ni, el leve crujido del edificio asentándose. Y, por debajo de todo,
eso.
La Percepción del Aura no muestra una figura definida. No hay contornos claros ni identidad reconocible. Lo que percibes es
una presencia débil, fragmentada, como un eco mal anclado. Intermitente. Inestable. No es un observador consciente ni un depredador esperando el momento. Es un resto.
El aura es grisácea, manchada, con pulsos breves de algo más oscuro:
violencia reciente, miedo extremo, una fijación emocional intensa. No hay intención hostil directa, pero sí una carga densa, pegajosa, como si el propio espacio se resistiera a soltarla.
No te está mirando. Está
atrapada aquí.
El foco parece venir del baño, del rincón donde la humedad se acumula y la luz nunca termina de llegar. No hay manifestación física. No hay palabras. Solo la sensación clara de que alguien murió mal... y nadie se molestó en cerrar la puerta detrás. No es una amenaza inmediata. Pero tampoco es inocuo ignorarlo.
Cita de: minwiki en 28 de Dic 2025, 22:25:34-¿Qué ha pasado?, ¿como estás?, ¿cuanto tiempo he dormido?¿Cuándo ha llegado él?.
Ni se mueve en la cama improvisada. Abre los ojos con esfuerzo, desorientada. El mundo le llega tarde, amortiguado, como si estuviera un paso por detrás de su propio cuerpo. El sabor metálico sigue ahí.
Kaari no responde. Se ha quedado medio dormida otra vez, agotada. El portátil sigue encendido. La pantalla parpadea con una línea muda esperando una decisión. Fuera, el barrio sigue vivo. Voces lejanas. Un motor. Un golpe metálico que no sabríais decir de dónde viene. Iota está dejándose llevar por sus sentidos. Aún así, tenéis que actuar rápido.
¿Qué hacéis ahora?
🟦 Investigar la presencia del piso y averiguar qué ocurrió con ella, siguiendo el rastro del aura débil antes de que se disipe del todo.
🟨 Activar el contacto de Laura usando el portátil y forzar comunicación con "G.", asumiendo el riesgo de exponeros en territorio vampírico.
🟥 Abandonar el piso inmediatamente y buscar un nuevo refugio antes de que alguien más decida por vosotros.
Iota decide seguir el rastro del aura débil. No es una decisión impulsiva; es la única que encaja con la información disponible. Si ese residuo pertenece a un espíritu, a un eco o a algo peor, necesita identificarlo antes de que se disipe. Tiene dudas sobre si su capacidad de comunicarse con espíritus servirá en este caso —la presencia no parece consciente—, pero descartar una herramienta sin probarla sería un error metodológico.
Mientras mantiene el foco en el rastro, gira para hacerle las preguntas pendientes a Kaari... y la encuentra dormida otra vez. El cuerpo le ha pasado factura. Ayudar a Ni la ha drenado más de lo que admitió. Iota registra el dato, lo almacena, pero no puede procesarlo ahora.
Su atención salta a Ni. Un vistazo rápido: se está despertando. La respiración es más estable, los ojos empiezan a enfocarse. Debería ir a evaluarla, comprobar si su estado sigue mejorando o si hay nuevas anomalías. Pero si se detiene ahora, perderá el rastro del aura. Y su eficacia ya está comprometida por tener que dividirse entre demasiadas tareas simultáneas.
La sensación le irrita. No es ira emocional, sino un fastidio técnico: demasiadas variables activas, demasiadas demandas simultáneas sobre un sistema que funciona mejor cuando puede concentrarse en un solo vector. Sabe que su rendimiento cae cuando tiene que alternar entre estímulos. Lo nota en la forma en que su mente se fragmenta, en cómo cada interrupción erosiona la claridad del análisis.
Pero no puede permitirse el lujo de priorizar solo una cosa. No aquí. No ahora.
Así que toma la decisión que menos compromete el conjunto:
seguir el rastro antes de que desaparezca.
Ni está despertando, Kaari está agotada, el piso está contaminado y el tiempo es un recurso que se está evaporando. Iota aprieta la mandíbula, reajusta su atención y se lanza tras la presencia, antes de que la ecuación cambie otra vez sin avisar.
Cita de: greatkithain en 30 de Dic 2025, 11:43:36🟦 Investigar la presencia del piso y averiguar qué ocurrió con ella, siguiendo el rastro del aura débil antes de que se disipe del todo.
El rastro no se desplaza como lo haría algo vivo. No deja huellas, no arrastra aire, no altera la temperatura. Es una ausencia que se mueve, un hueco que se reubica lentamente dentro del piso. Iota la sigue con el ceño fruncido, afinando la percepción hasta que el mundo físico pierde definición en los bordes.
El rastro conduce al descansillo. La puerta que da al interior del edificio está cerrada. No forzada. No manipulada. Cerrada como lo estaría en cualquier bloque olvidado de Nea Alikarnassos a media mañana. Sin embargo, la presión es más intensa aquí, casi insoportable: como si alguien hubiese intentado atravesarla demasiadas veces sin conseguirlo.
Iota apoya la mano en el metal frío del pomo. En cuanto lo hace, la percepción se pliega.
Durante un segundo —solo uno— no está en el descansillo. Está en otro lugar: un pasillo estrecho, con paredes cubiertas de azulejos blancos manchados de sangre seca. Olor a amoníaco. A carne. Puede distinguir un gancho balanceándose lentamente desde el techo.
La puerta se abre con un chasquido seco. Y entonces la voz habla.
No desde delante ni desde detrás. Desde dentro del oído.
La palabra no es pronunciada: es recordada. Como si alguien hubiese arrancado ese nombre de un pensamiento ajeno y lo hubiese empujado dentro de su cabeza.
La figura se manifiesta a medias, adherida a la puerta como una mancha de humedad que no termina de adoptar forma. Un torso insinuado. Brazos que no encajan con la gravedad. El rostro es un borrón... salvo por la boca, demasiado definida.
El aire se vuelve denso. El espectro vibra, inestable, como una señal mal sintonizada.
Una sacudida recorre la figura. Durante un instante, Iota ve algo más claro: un delantal manchado, cuchillas colgadas, una furgoneta blanca con el logo medio borrado.
La figura se contrae. El anclaje a la puerta empieza a romperse.
La presencia se disuelve de golpe. El descansillo vuelve a ser solo eso: un espacio sucio, con olor a lejía barata y colillas apagadas. La puerta ya no vibra. El rastro se ha ido.
Dentro del piso, Kaari sigue dormida. Ni respira, algo mejor que antes. Pero ahora Iota lo sabe: el refugio no estaba vigilado, alguien vino a advertir... y no le quedaba tiempo.
Cita de: greatkithain en 30 de Dic 2025, 11:43:36🟦 Investigar la presencia del piso y averiguar qué ocurrió con ella, siguiendo el rastro del aura débil antes de que se disipe del todo.
El rastro no se desplaza como lo haría algo vivo. No deja huellas, no arrastra aire, no altera la temperatura. Es una ausencia que se mueve, un hueco que se reubica lentamente dentro del piso. Iota la sigue con el ceño fruncido, afinando la percepción hasta que el mundo físico pierde definición en los bordes.
El rastro conduce al descansillo. La puerta que da al interior del edificio está cerrada. No forzada. No manipulada. Cerrada como lo estaría en cualquier bloque olvidado de Nea Alikarnassos a media mañana. Sin embargo, la presión es más intensa aquí, casi insoportable: como si alguien hubiese intentado atravesarla demasiadas veces sin conseguirlo.
Iota apoya la mano en el metal frío del pomo. En cuanto lo hace, la percepción se pliega.
Durante un segundo —solo uno— no está en el descansillo. Está en otro lugar: un pasillo estrecho, con paredes cubiertas de azulejos blancos manchados de sangre seca. Olor a amoníaco. A carne. Puede distinguir un gancho balanceándose lentamente desde el techo.
La puerta se abre con un chasquido seco. Y entonces la voz habla.
No desde delante ni desde detrás. Desde dentro del oído.
La palabra no es pronunciada: es recordada. Como si alguien hubiese arrancado ese nombre de un pensamiento ajeno y lo hubiese empujado dentro de su cabeza.
La figura se manifiesta a medias, adherida a la puerta como una mancha de humedad que no termina de adoptar forma. Un torso insinuado. Brazos que no encajan con la gravedad. El rostro es un borrón... salvo por la boca, demasiado definida.
El aire se vuelve denso. El espectro vibra, inestable, como una señal mal sintonizada.
Una sacudida recorre la figura. Durante un instante, Iota ve algo más claro: un delantal manchado, cuchillas colgadas, una furgoneta blanca con el logo medio borrado.
La figura se contrae. El anclaje a la puerta empieza a romperse.
La presencia se disuelve de golpe. El descansillo vuelve a ser solo eso: un espacio sucio, con olor a lejía barata y colillas apagadas. La puerta ya no vibra. El rastro se ha ido.
Dentro del piso, Kaari sigue dormida. Ni respira, algo mejor que antes. Pero ahora Iota lo sabe: el refugio no estaba vigilado, alguien vino a advertir... y no le quedaba tiempo.
¿Qué hacéis ahora?🟦
Intentar entender qué es el Æon, siguiendo la pista de lo que Iota percibió en el yonki la noche anterior.
🟨
Ir al puerto a buscar a Sfázo, el nombre que ha pronunciado el espectro, para averiguar qué tocó y por qué alguien querría advertir a Laura incluso después de su muerte.
🟥
Activar el portátil y usar el contacto de Laura, intentando comunicarse con «G.», aunque eso implique exponeros y dejar huella digital o sobrenatural.
El rastro se disipa, pero la información que deja atrás es suficiente para trazar un patrón. No era un intruso. Era un aviso. Un residuo atrapado en un punto del edificio, intentando comunicar algo antes de romperse del todo. Y lo ha conseguido. Sfázo. Un nombre arrancado de un pensamiento que no es suyo. Un nombre que no debería estar en su cabeza.
Iota respira hondo, reajustando su percepción. El mundo físico vuelve a encajar, pero no completamente. La presión residual sigue ahí, como un eco que tarda demasiado en apagarse.
Tiene que moverse. Tiene que sacar a Kaari y a Ni de aquí. Pero antes de abandonar el piso, necesita datos. Y hay dos vectores que no puede ignorar:
1 El Æon.
2 El portátil.
El yonki de anoche mencionó el Æon sin comprenderlo. El espectro ha pronunciado un nombre. Y el mensaje del portátil ha llegado en el peor momento posible. Las variables empiezan a alinearse de una forma que no le gusta. Nada de esto es casual.
Iota vuelve al interior del piso. Kaari duerme, agotada. Ni respira mejor, pero sigue débil. Ambas son vulnerables. Ambas dependen de que él no falle. La sensación le incomoda: demasiadas responsabilidades simultáneas, demasiadas decisiones críticas en paralelo. Nota cómo su eficacia se erosiona cuando tiene que dividir su atención. Su mente funciona mejor cuando puede aislar un problema y diseccionarlo. Aquí no puede.
No puede irse sin entender qué es el Æon, qué relación tiene con el yonki, con el espectro, con Laura. Si es una organización, un culto, un espíritu, un término codificado... necesita saberlo antes de exponerse en el exterior. No puede permitirse avanzar a ciegas.
Pero antes de analizar los datos del Æon y formular una hipótesis, quiere probar suerte con el portátil. No piensa contactar con G. ni usarlo de forma convencional. No se fía. Pero sí puede realizar una exploración distinta. Una que no deje huella digital. Una que no abra puertas que no quiere abrir.
Iota apoya los dedos sobre la carcasa del portátil y deja que el Toque del Espíritu haga su trabajo. Si hay algo dentro, lo sentirá. Si hay un espíritu, lo escuchará. Si hay un rastro, lo seguirá.
Porque antes de salir de este piso, necesita saber si el peligro está fuera...
o si ya está aquí dentro.
Iota apoya las manos sobre la carcasa del portátil. El plástico está tibio, como si aún conservase el calor de alguien que ya no está. El zumbido del ventilador se distorsiona, baja de tono, se vuelve irregular. La habitación no desaparece, pero pierde prioridad. Los bordes se desdibujan.
La impresión llega sin orden ni contexto. No hay fecha. No hay sonido claro. Solo una fotografía psíquica mal enfocada.
Laura está ahí.
No la ve de frente al principio: la reconoce por la postura, por la forma en que se apoya en la mesa, por cómo inclina ligeramente la cabeza cuando piensa. Está en este mismo piso, aún más vacío que ahora. La luz entra por la ventana lateral, dura, blanca. A su lado hay un hombre, un tipo local. Complexión media, barba de varios días, pelo rizado y oscuro, ropa gastada pero limpia. Se mueve con la seguridad de quien conoce el terreno. No parece nervioso. No parece hostil. Hay algo rutinario en su presencia, como si ya hubiera estado allí antes.
El hombre deja el portátil sobre la mesa. El gesto es firme. Decidido. Iota percibe su nombre sin escucharlo, como un eco adherido al objeto: Stavros Kalaitzakis. Laura lo llama de forma cariñosa «Stavy». La conversación se fragmenta, pero algo puede entender: Æon. El Æon está en las calles. Él lo ha vendido. Los chavales están encantados.
Después, todo se fragmenta en rastros emocionales: urgencia contenida, cansancio, una preocupación que no es miedo, sino responsabilidad. Ambos miran la pantalla. Algo importante. Algo que no se revela en la visión.
Stavros señala una vez. Laura asiente. Después, el hombre se despide. No hay abrazo. No hay promesas. Solo una inclinación de cabeza, rápida, y la puerta cerrándose tras él. Laura se queda sola. No toca el portátil de inmediato. Se acerca a la ventana y mira hacia la calle, como si esperase que algo —o alguien— apareciera. Iota se fija en los ojos de aquel individuo y los reconoce. Es la misma mirada que ha estado mirándole desde el otro lado hace unos instantes. ¿Por qué?
La visión se desvanece ahí, y el portátil vuelve a ser solo un objeto viejo, pesado, real. Y entonces llega otra cosa: no es información ni una visión. Es una presión en el pecho.
Un nudo que sube sin permiso. Los ojos le arden. La garganta se cierra. La pena irrumpe sin lógica ni contención, cruda, ajena a cualquier análisis. No es recuerdo propio... pero duele como si lo fuera. Iota siente ganas de llorar: no es miedo, ni estrés. Es Laura. Su ausencia. Su rastro reciente. La certeza de que estuvo aquí, viva, activa... y de que ahora no lo está. El piso guarda silencio.
¿Qué vais a hacer ahora?
🟦 Analizar el Æon desde el piso franco: podéis buscar por internet o hacer trabajo de campo por el barrio para entender qué es el Æon y por qué es un problema en Nea Alikarnassos. Superar una Tirada de Inteligencia + Investigación a Dificultad 6 os dará todos los detalles públicos del Æon y su presencia en la isla. Un fallo os hará perder unas horas de investigación.
🟨 Hablar del espectro: intentar contactar de nuevo con la presencia de Stavros —o con otros ecos similares del barrio— para saber cómo murió y a quién temía realmente. Iota deberá utilizar su Don de Habla espiritual y superar una Tirada de Percepción + Ocultismo a Dificultad 7 para poder obtener 3 respuestas de Sí o No por parte de la presencia que está atada al piso. Un pifia provocaría que la presencia se disipe.
🟥 Ir a por Sfázo: es un punto caliente que Iota tiene entre manos. Salir ya del piso y buscar al carnicero o a sus hombres en el puerto o los barrios bajos, antes de que el rastro se enfríe. Superar una Tirada de Carisma + Callejeo a Dificultad 5 os permitiría encontrar un secuaz en los muelles que sepa quién es Sfázo. Un fallo os metería en problemas con los maleantes del muelle.
Iota cierra los ojos y respira hondo, como si el oxígeno fuese combustible directo para su cerebro. Necesita claridad. Orden. Un punto fijo. Pero lo que ha visto con Stavros no encaja en ninguna estructura estable. Es información sin contexto, emociones ajenas que se mezclan con las suyas, fragmentos que generan más preguntas que respuestas. Y eso, en el fondo, le inquieta. Le atrae. Le preocupa lo fácil que sería perderse en este mundo de ecos y espíritus, donde cada dato abre un abismo nuevo.
Pero no puede permitirse ese lujo.No con Laura desaparecida y probablemente muerta. No con Kaari y Ni dependiendo de él.
Abre los ojos y se apoya en la ventana. El cristal está frío. La calle sigue ahí, indiferente, como si nada de lo que ocurre en este piso importara. Laura se apoyó aquí antes. Puede imaginarla: la postura, la tensión en los hombros, la duda constante de quien lidera sin haberlo pedido. La responsabilidad que pesa más que cualquier herida.
Imagino cómo te sentías, Laura... porque yo siento lo mismo.
La idea le atraviesa el pecho. No la rechaza, pero tampoco la abraza. La etiqueta. La archiva. La deja a un lado para poder seguir funcionando.
No puede perder más tiempo. El contacto con la presencia aún está caliente, y si espera demasiado, la oportunidad se desvanecerá. Iota se concentra, igual que hizo en las calles de Heraclión, cuando el mundo espiritual se abrió por primera vez ante él. Ajusta la respiración. Afina la percepción. Deja que el Don se active.
Lenguaje Espiritual.
Las preguntas ya están claras en su mente. Precisas. Quirúrgicas. Tres vectores que pueden cambiar toda la ecuación.
¿Sfázo estuvo implicado en tu muerte?
¿El Æon daña o mata a los Ícaros?
¿Gerasimos está implicado en la distribución del Æon?
Iota mantiene la mirada fija en el rincón donde el aire parece más denso.
Y espera la respuesta del muerto.
Karma se levanta del sofá agotada. Cada extremidad de su cuerpo pesa toneladas, como si hubiese llevado su cuerpo al límite, esa sensación previa a la cristalización de las agujetas. Iota le pone al corriente, su corazón parece querer salirse del pecho. Han ocurrido demasiadas cosas, todos los acontecimientos se agolpan como un torrente por su cabeza. Le cuesta digerirlo.
Ve a Arda entrar en trance de nuevo, no sabe muy bien qué es lo que hace, pero parece seguro de si mismo. Ella no puede decir lo mismo de sí. Está nerviosa, triste, abatida, llena de ira.
Con dificultad se acerca al ordenador. Siente las yemas de sus dedos sobre las teclas. Polvo, grasa, humedad. Apoya las palmas sobre el periférico y cruje, todo su cuerpo reposa sobre él.
- Un golpe de suerte, solo un golpe de suerte, por favor - susurra para si.
Busca en la pantalla, no sabe el qué. No está muy familiarizada con los ordenadores. En su anterior vida eran la herramienta de trabajo de los mayores. Cogió el ratón y dio vueltas con el curso, hasta que encontró algo que ponía internet. Eso era lo que decían Sheri y los otros, donde estaba reunido el conocimiento. Se abrió una pantalla con mucha información, noticias locales, nacionales e internacionales, nada de eso le interesaba. Había una lupa, pulsó ahí y se abrió una pantalla donde una línea vertical parpadeaba.
-Æon, eso es lo que ha dicho Arda.
Escribió la palabra y dió al botón que ponía buscar.
Mientras Iota mantiene la concentración, el aire del piso se vuelve pesado. La presencia responde, pero lo hace con dificultad. Como si cada afirmación costase un esfuerzo enorme.
Cita de: greatkithain en 04 de Ene 2026, 14:03:31vez ante él. Ajusta la respiración. Afina la percepción. Deja que el Don se active.
La palabra llega rota, áspera. Sfázo.
A la segunda pregunta, el silencio es más largo. La respuesta no llega como una negación clara, sino como confusión. Imágenes de cuerpos distintos, enfermos, algunos resistiendo más que otros.
A la última, la respuesta es firme. Vacía.
La presión se diluye. Stavros ya no está ahí. Solo queda el eco. Mientras Iota procesa el haber contactado con un ente que se supone muerto, escucha ruidos en el salón. Ni se ha desperezado, parece estar mejor. Esas extrañas venas negras van desapareciendo, y comienza a sentirse renovada, vigorosa.
Al mismo tiempo, en el otro extremo del salón, Ni teclea con torpeza. La pantalla tarda en reaccionar. Internet no es un oráculo: es lento, ruidoso, desordenado. Pero responde.
Cita de: minwiki en 04 de Ene 2026, 15:13:48Había una lupa, pulsó ahí y se abrió una pantalla donde una línea vertical parpadeaba.
Titulares locales. Foros vecinales. Comentarios sueltos.
«La nueva droga de diseño que está afectando a la juventud griega»
«¿Signos de una nueva crisis económica? Los riesgos del llamado Æon»
«Conoce el muroploxerán, la sustancia extremadamente adictiva que ha provocado ya dos muertes en Atenas»
Ni no entiende del todo lo que lee, pero una cosa queda clara incluso para ella: Æon ya no es una palabra en griego que significa eón. Es algo que está dejando marca en internet.
Cuando Iota sale del trance, el piso sigue en silencio. Kaari descansa, teniendo escalofríos repentinos. El portátil zumba. El refugio respira, les acaricia. Saben que están a salvo ahí dentro, pero fuera parece todo hostil. Muy hostil.
¿Qué vais a hacer, Iota y Ni?
🟦
Profundizar en el Æon: desde el piso franco, cruzando lo que ha visto Iota con lo que Ni encuentra en internet para entender qué es realmente la droga, cómo se distribuye en
Nea Alikarnassos y por qué Stavros y Sfázo están implicados. Necesitaréis superar una Tirada de Inteligencia + Informática a Dificultad 8; con 1 éxito y unas 4 horas de trabajo conseguiréis un contacto en la Dark Web que os podrá conseguir una muestra, y podréis quedar con él.
🟨
Hablar con alguien del barrio, usando a Ni como cara visible para sonsacar información en Nea Alikarnassos (yonquis, vecinos, tenderos) sobre el Æon y el nombre de Sfázo, sin revelar quiénes sois ni llamar la atención. Necesitaréis superar una Tirada de Carisma + Callejeo a Dificultad 6; con 1 éxito y 1 hora de investigación podréis conocer a alguien que conoce a otro que pasa Æon por la zona.
🟥
Salir ya a buscar a Sfázo, siguiendo el rastro caliente hacia el puerto o los barrios bajos antes de que desaparezca, aun sabiendo que eso os expone. Iota necesitará superar una Tirada de Percepción + Ocultismo a Dificultad 7 para ubicar las imágenes que Stavros ha impregnando en su mente; con 2 éxitos será capaz de averiguar dónde está el almacén en el que Stavros dejó su forma física, y necesitaréis 1 hora para llegar hasta ese sitio.
Sois dos. Podéis elegir una opción cada uno o coincidir en la misma para cubriros y reforzaros. Fallar no detiene la historia, pero sí la empuja en direcciones inesperadas.
No hay decisiones seguras, solo decisiones honestas, ¡vamos allá!
Iota se coloca junto a Ni sin mirar directamente la pantalla. Su atención está distribuida entre el entorno, los datos recientes y las rutas posibles. Cuando habla, lo hace con una cadencia controlada, casi mecánica.
Hace una breve pausa, reorganizando mentalmente.
Levanta una mano, enumerando.
Segundo dedo.
Tercer dedo.
Hace una pausa mínima, como si recalculara parámetros internos.
Finalmente, gira la cabeza hacia Ni con una expresión neutra.
El movimiento constante por el piso acaba sacándola del letargo. Kaari abre los ojos con un jadeo seco, como si regresara de un lugar demasiado profundo. Durante unos segundos no se mueve. Solo escucha: el zumbido irregular del portátil, los pasos de Iota, la respiración de Ni. Está pálida, pero hay algo distinto en ella. No es fuerza todavía. Es presencia.
Se incorpora despacio, apretando los dientes cuando el dolor protesta. No grita. No se queja. Evalúa su propio cuerpo con una calma extraña, casi ritual. Luego alza la vista hacia Iota.
Sus ojos se deslizan hacia el portátil cuando Iota menciona a Stavros.
No hay dramatismo en la frase. Es una constatación. Se frota el pulgar contra el índice, como si notara algo que los demás no ven.
Señala el portátil sin tocarlo.
Respira hondo. El gesto le duele, pero no se detiene.
Se inclina hacia delante, apoyando el antebrazo en la rodilla buena.
Te sostiene la mirada. A ti y a Ni.
Cierra los ojos durante un instante, y casi que podríais decir que se le cae una lagrimilla. Respira con fuerza.
La mirada de Kaari cambia. Está llena de determinación.
Habla más bajo. Le tiembla la voz.
El piso guarda silencio tras sus palabras. No es una orden. No es una súplica. Es un paso.
Kaari se recuesta de nuevo, agotada, pero consciente.
Señala un teléfono móvil, un Nokia 7710 bastante gastado.
Karma miró a Iota. Después sus ojos se desplazaron a Kaari. Demasiada información, todo le daba vueltas, no era capaz de asimilar lo que estaba pasando. Cada pestañeo parecía avanzar en el tiempo, como si se hubiese dormido. Necesitaba reaccionar, a su alrededor estaba muriendo gente, personas que arriesgaban sus vidas por ella y por Iota. Apretó los puños.
- No puede quedar así, esas muertes... - le dolía la mandíbula de apretar los dientes.
- Tenemos que encontrar a quien ha hecho ésto, él nos dará información y por qué no, venganza.