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#1
Bruma Nocturna / Re:Episodio 2 — La Garrotxa
Último mensaje por Lady Midnight - Hoy a las 00:34:40
Viajar en coche nunca ha sido la actividad favorita de Bruma Nocturna, pero ha aprendido a tolerar las máquinas de los humanos en su justa medida. El ruido del motor es como una permanente sierra manejada a destiempo, que modula sus pensamientos en una corriente irregular de ideas más difícil de ordenar de lo habitual. El sabor del combustible en el aire, casi imperceptible pero imposible de obviar, hace que no sea capaz de distinguir la fragancia de las especies endémicas que se encuentran en las lindes de la vía.

Cuando Ana Mercedes comienza a hablar, el chamán sale de su rumiación y se gira ligeramente hacia ella para concentrar un poco mejor la atención. Intenta no perderse nada: ni una palabra pronunciada con más rabia, ni una frase expresada como un pensamiento en voz alta, ni una sílaba dicha con la voz un poco más rota. A medida que avanza el relato, el joven sioux ofrece retorno en forma de escucha activa y con leves muestras de empatía. Cuando habla de un túmulo que ha vivido guerras bonitas, bajo el que hay algo viejo, deja permear ese aire que desprenden aquellos que saben demasiado bien que la realidad del Garou no se corresponde con la épica de las canciones.

Tras la interrupción de Iruz, el theurge se dirige a ella con una inesperada muestra de paciencia.

Cita de: Maurick en 17 de May 2026, 00:23:34


Tras el breve inciso, echa un vistazo al entorno a través de las ventanillas y devuelve la atención a Ana Mercedes aprovechando que está con ánimo de hablar. Tras la descripción del Roc de la Cendra, Bruma simplemente asiente con un leve gruñido de duda. Suena misterioso, quizá peligroso, pero indudablemente atractivo. Tras once años nadando y buceando en la cultura, la historia y los conocimientos de los Garou, una experiencia que suena como una oportunidad de descubrir y aprender algo nuevo siempre es estimulante.

En el momento en el camino se estrecha y la luz cambia, los sentidos del Uktena se activan. Efectivamente, aunque no sabe qué es exactamente, es consciente de que no todo ese cambio de entorno es totalmente natural.

Cita de: Maurick en 17 de May 2026, 00:23:34


Cuando el molino de metal cesa, el emisario de La Noche Fría cierra los ojos y entrega sus sentidos a aquél o a aquello que ha decidido prestar atención a su presencia. ¿A la suya, o a la del grupo? No lo sabe, pero no importa: lo relevante es que esa fuerza tiene un interés lo suficientemente grande como para decidir hacerse perceptible. Al bajarse el coche, Bruma Nocturna acepta el pacto con esa energía.


Su voz es calmada y profunda, como si ya estuviese entrando en ese trance que parece que le invado cada vez que se toma tan en serio sus funciones chamánicas. Con el permiso de sus compañeras, mira al cielo sobre sus cabezas. Escucha los cantos entre el follaje, olfatea los rastros dejados entre los matorrales y saborea los últimos restos del verano entre las ramas. Se agacha para sentir el suelo con sus manos, para dejar correr la tierra entre sus dedos y, habiéndose sentido uno con la naturaleza del lugar, se asoma a la umbra del lugar con seguridad pero con respeto. Sea lo que sea lo que se ha molestado en manifestarse, merece que su atención sea correspondida.

#2
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Maurick - 18 de May 2026, 22:09:22
Jonah alza las cejas cuando le señalas desde la otra punta de la cubierta. El marinero que está con él se queda mirando entre los dos, sin entender nada, con el vaso medio levantado y la expresión de quien acaba de decidir que quizá ya ha bebido suficiente.


El marinero suelta una carcajada breve. Jonah aprovecha para dar un trago, hace una mueca horrible y mira el contenido del vaso como si acabase de dar un buche a un meado.


Pero tú ya no le estás mirando, ¿por qué ibas a hacer caso a un idiota británico? El humo sigue ahí, y debería llevarte ante ése intruso. O debería. Activas tus sentidos y el mundo se vuelve más afilado. La sal del Atlántico se abre en varias capas, que son para ti como manchas de pintura amarilla: el metal húmedo del barco, el óxido de las cadenas, el sudor de los marineros, la peste a alcohol del aliento de Jonah. No buscas eso, buscas el tabaco. Reciente y antiguo al mismo tiempo. Das un paso hacia la barandilla. El rastro del otro Jonah es evidente durante unos segundos: humo seco, piel cansada, electricidad quemada, ozono y ceniza fría. No es un olor normal, pero se desvanece de repente. Simplemente, ya no está ahí, como si alguien hubiese cortado el hilo que estabas siguiendo con unas tijeras. Te quedas frente a la barandilla, con el Atlántico negro golpeando muy abajo y el frío metiéndose por la ropa. Allí donde debería continuar el rastro, sólo queda mar. Mar, sal, hierro... y algo más. Es muy poco, sutil, escaso. Demasiado poco, pero imposible. Un matiz casi imposible entre el tabaco y la suciedad. Es Pluma.

No es su presencia, ni un rastro que puedas seguir. Es apenas una sensación adormecida, hundida en el borde de la memoria: cuero viejo, hierbas secas, piel humana, su cabello junto al fuego. Algo tan familiar que durante un instante el pecho se te cierra antes de que puedas decidir qué hacer con ello. El percebe de Xolomotl se enfría en tu bolsillo. Detrás de ti, Jonah se acerca unos pasos, todavía con el vaso en la mano.


Entonces se detiene: mira el punto exacto donde estaba el otro Jonah.


Durante un segundo parece a punto de preguntar algo. Luego parpadea, mira el mar, mira su vaso, vuelve a mirar el mar y aprieta la mandíbula con una incomodidad casi física. El viento se levanta de pronto: una ráfaga repentina, llena de frío y olor a salitre. Las superficie vibra. Una luz de la cubierta parpadea tres veces. Jonah se lleva el vaso a los labios, pero no bebe.

El marinero, más lejos, se gira hacia proa. Notas una sensación absurda, imposible de explicar con palabras, pero, durante un instante, el horizonte parece alejarse y acercarse al mismo tiempo. El mar deja de golpear el casco con ritmo natural y empieza a hacerlo como una aguja saltando sobre un disco rayado. Una ola impacta contra la proa, y luego otra, y otra más. Jonah se te queda mirando, algo condescendiente.


El aire se pliega a tu alrededor. Sin luces, ni explosiones, pero notas una presión seca en los oídos, como al bajar demasiado deprisa por una montaña, y el sabor súbito de metal en la lengua. El mundo vuelve a pestañear, pero cuando vuelves, ya no huele igual. El Atlántico sigue ahí, pero el aire trae otra cosa: humo, combustible, basura, café, humanidad comprimida. A lo lejos, entre bruma y amanecer gris, se alza una línea de edificios imposibles. Torres, grúas, luces, puentes.

Una ciudad gigantesca, que te recuerda a cuando vivías en Los Ángeles. El barco avanza hacia la entrada del puerto como si siempre hubiese estado a unas horas de llegar. Jonah se queda mirando la ciudad con el vaso aún en la mano.


Hace una pausa.


El percebe sigue frío en tu bolsillo. ¿Cómo no iba a estarlo, con el viento tan terrible que se ha levantado? El rastro del otro Jonah ya no está. Pero ese matiz imposible de Pluma del Viento se te ha quedado pegado en algún lugar entre la nariz y el alma, tan breve que casi podrías convencerte de haberlo imaginado. Casi.
#3
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Mark - 18 de May 2026, 10:37:31
Escucho las respuestas de mi compañera sin importunarla. Simplemente me limito a fumar y atender.

Cita de: Maurick en 16 de May 2026, 23:51:59

-No olvides que soy policía... no es la primera ni será la última vez que me sentaré con una informante... nos vemos luego... -la sonrío de medio lado, tiro el cigarro y me dispongo a cruzar las puertas automáticas.

Al ir acercándome hacia Valeria, me fijo en las cámaras, puntos de entrada y de salida... cualquier dato que me pueda ofrecer el entorno, tanto para escapar si hace falta, como para esperar una posible emboscada. Al pasar cerca de una camarera, la señalo la mesa donde voy a estar y la pido un café solo doble.

-¿Puedo? -señalo la silla y miro a la mujer, más por una formalidad cortés que por otra razón, pues me siento igualmente. Mi semblante es serio, sin desagrado pero tampoco con una amabilidad fingida- Mi nombre es Mark Rodríguez y me envía la Justicia Metálica... es el momento de que hablemos ¿Qué nos tienes que contar?

Espero la respuesta de Valeria Parhon.
#4
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Denebia - 17 de May 2026, 14:19:37
Cita de: Maurick en 17 de May 2026, 02:50:44
El sonido viene desde el otro lado de la cubierta, cerca de unas cajas aseguradas con cadenas. Jonah está allí, con un vaso metálico en la mano, hablando con uno de los marineros. Con hombros inquietos, verborrea rauda y la cara de no haber entendido jamás la palabra prudencia. Te giras hacia él, casi de forma natural. Sólo un instante. Cuando vuelves la mirada hacia la barandilla, eres consciente de que estás sola. El hedor a humo aún se aguanta en el ambiente. Sólo el Atlántico golpeando el casco y el percebe seco en tu bolsillo, frío como una pregunta que nadie ha formulado todavía.

Desde el otro lado de la cubierta, Jonah vuelve a llamarte, ahora con un punto de impaciencia.


El marinero a su lado se ríe sin entender nada. Y Jonah tampoco.

¿Qué es lo que vas a hacer, Brisa? Aún notas la presencia de Xolomotl.


Parpadeo un par de veces al ver al Jonah que me llama. Frunzo el ceño al volver la mirada hacia la barandilla. Vuelvo a mirar hacia el Jonah, que me llamaba, con una mirada enfadada. Levanto el brazo, le señalo y digo de forma acusatoria y lo suficientemente alto como para que me oiga.


Le mantengo la mirada durante unos segundos, dando a entender que no voy a repetir la pregunta y yo que él debería venir.

Venga o no me doy la vuelta y sigo el rastro a olor al repugnante tabaco a ver hasta dónde me lleva.

Activo mi don "Sentidos Agudizados" gastando 1 de gnosis para rastrear a quien se parece a Jonah.
#5
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Maurick - 17 de May 2026, 02:50:44
Tus preguntas caen sobre el británico con el peso de un plumaje rebosante de responsabilidad. Sonríe, pero no es un gesto alegre, si no algo más burlón. Tiene algo cansado, como si le hiciera gracia que hayas llegado a la conclusión correcta demasiado pronto y demasiado tarde a la vez.

Cita de: Denebia en 17 de May 2026, 00:58:34


El cigarro se consume entre sus dedos. La brasa tiembla con el viento, diminuta, casi ridícula frente a la negrura del Atlántico.

Cita de: Denebia en 17 de May 2026, 00:58:34


El humo le sale por la boca y se pierde hacia el mar.


Te mira entonces con esos ojos demasiado hundidos, agotados.


La frase queda ahí, pequeña, sin adornos. Antes de que puedas responder, una voz llega desde más lejos, arrastrada por el viento de cubierta.


El sonido viene desde el otro lado de la cubierta, cerca de unas cajas aseguradas con cadenas. Jonah está allí, con un vaso metálico en la mano, hablando con uno de los marineros. Con hombros inquietos, verborrea rauda y la cara de no haber entendido jamás la palabra prudencia. Te giras hacia él, casi de forma natural. Sólo un instante. Cuando vuelves la mirada hacia la barandilla, eres consciente de que estás sola. El hedor a humo aún se aguanta en el ambiente. Sólo el Atlántico golpeando el casco y el percebe seco en tu bolsillo, frío como una pregunta que nadie ha formulado todavía.

Desde el otro lado de la cubierta, Jonah vuelve a llamarte, ahora con un punto de impaciencia.


El marinero a su lado se ríe sin entender nada. Y Jonah tampoco.

¿Qué es lo que vas a hacer, Brisa? Aún notas la presencia de Xolomotl.


#6
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Denebia - 17 de May 2026, 00:58:34
Cita de: Maurick en 16 de May 2026, 23:11:17El olor te llega antes de girarte: es el tabaco. Apestoso, seco, humano. Te molesta en seguida. También te molesta descubrir que Jonah está ahí, a pocos pasos, apoyado contra una estructura metálica, con un cigarro entre los dedos y con una expresión de condescendencia enorme. No sabes cuánto lleva observándote. Tiene peor aspecto que en Redcoast: allí era una nube de nervios con piernas, todo palabras, gestos rápidos y ganas de hacerse notar. Ahora parece más bajo de hombros, más gastado. Las ojeras se le han hundido en la cara y la mano con la que sostiene el cigarro tiembla apenas, aunque puede que sea por el viento. Suspira.


El olor me hace estornudar un par de veces, carraspeo y me hace toser un poco pero trato de contener la tos al percatarme de que ese apestoso olor proviene de Jonah. Su presencia no me molesta, pero sí me sorprende. De repente me viene a la memoria la imagen de él al otro lado de la superficie. Muchas preguntas se agolpan en mi mente.

Cita de: Maurick en 16 de May 2026, 23:11:17
Da otra calada, larga, sin placer visible. El humo se le escapa por la nariz y desaparece enseguida, despedazado por el aire marino. Jonah no sonríe. No hace una broma inmediata para salvarse de la incomodidad. Eso, en él, resulta casi más extraño que cualquier cosa que pudieras haber visto bajo el agua.


Te mira de soslayo. Te mira como alguien que sabe que algo ha salido mal, que ha tenido que meter las manos en una herida que no entiende, y que ahora espera comprobar si al menos el desastre ha servido para algo; el cigarro arde entre sus dedos, con su pestilente humo que no te gusta nada. Al otro lado de la barandilla, el mar golpea el casco. Jonah aguarda tu respuesta.


Le digo mientras me acerco y me apoyo junto a él. No quiero estar hablando a gritos o en voz demasiado alta como para que alguien se entere. Aunque el olor a tabaco me hace toser un par de veces más, hago de tripas corazón.


#7
Bruma Nocturna / Re:Episodio 2 — La Garrotxa
Último mensaje por Maurick - 17 de May 2026, 00:23:34
Red de autovías nacionales: C37 y GI524 hacia La Garrotxa

📅 12 de septiembre de 2005, 09:41

El viaje vuelve a ponerse en marcha con esa normalidad fea de las carreteras largas: café malo en el estómago, gasoil reciente, plástico arrugado de sándwiches, ventanillas empañadas por dentro y una luz de mañana que no termina de limpiar nada. Durante un buen rato, Ana Mercedes permanece en silencio. Conduce con las dos manos en el volante, la espalda recta y la mirada puesta en la carretera. Parece estar buscando una forma prudente de contar algo que ni siquiera ella tiene ordenado del todo. Iruz va en el asiento de atrás, con una rodilla apoyada contra la puerta y la cabeza ladeada. No duerme. Mira el paisaje como si le hubiese ofendido personalmente.


La carretera abandona poco a poco la comodidad ancha del trayecto principal. El mundo se estrecha: los campos dejan de parecer una extensión abierta y empiezan a convertirse en parcelas húmedas, caminos agrícolas, masías distantes y líneas de árboles que cortan el horizonte en vez de dejarlo respirar. Ana cambia de marcha con suavidad. El coche vibra un poco al entrar en una carretera comarcal peor cuidada, con el asfalto remendado a parches y las cunetas comidas por la maleza.


No suena a explicación aprendida. Suena a silencios mal interpretados, a adultos cambiando de tema cuando ella entraba en la habitación. La vegetación empieza a cerrarse más alrededor del coche. Primero son hileras de árboles junto a la carretera, luego curvas más lentas. Pequeñas elevaciones oscuras, paredes de tierra húmeda, piedra negra asomando entre raíces y matorrales. Notas el cambio antes de que pueda señalarlo con palabras, la naturaleza no se vuelve más viva: se vuelve más cerca.


Iruz se incorpora un poco en el asiento trasero. Ya no tiene ese aire de estar simplemente aburrida. Tiene los ojos puestos en la ventanilla, siguiendo la masa verde que se desplaza al otro lado del cristal.


Ana Mercedes no la contradice, eso dice más que cualquier advertencia. La carretera pierde calidad a medida que avanzáis. Ya no hay grandes señales, sólo desvíos con nombres de pueblos, caminos laterales hacia casas aisladas y tramos donde el asfalto parece haber sido dejado en paz durante demasiados inviernos. Las ruedas golpean baches pequeños. En algún punto, una señal oxidada aparece torcida junto a un muro de piedra seca, medio tapada por hierba alta.


Se le tensa un poco la mandíbula. No está burlándose. Está admitiendo, a su manera, que su conocimiento del asunto está lleno de agujeros.


El coche toma una curva cerrada y el paisaje cambia otra vez. Ya no parece rural en el sentido amable de la palabra. No hay campos abiertos ni casas con humo saliendo de la chimenea. Hay bosque, roca, pendiente y humedad. La luz entra partida entre ramas altas, dejando manchas pálidas sobre el parabrisas. Algunas zonas del suelo tienen un color casi negro, como si la tierra hubiese ardido hace mucho tiempo y nadie se hubiese molestado en convencerla de que dejara de recordarlo. Iruz traga saliva. Se nota en el movimiento seco de su garganta. Intenta disimularlo con una risa nerviosa, pero no le sale del todo.


Ana Mercedes suelta aire por la nariz. No llega a reírse.


Pero ni siquiera ella parece creer que sea sólo eso. La carretera termina en un tramo estrecho, casi secundario, donde la vegetación ha empezado a reclamar los bordes. A vuestro lado hay un edificio viejo, con varios carteles publicitarios: Mas Boixeda, una masia. Parece abandonada, pero en el pasado quizás era un destino turístico. Más adelante, un camino sin asfaltar sube entre árboles y piedra oscura. No hay cartel nuevo. No hay advertencia formal. Sólo una vieja marca azulada en una roca, casi borrada, como si alguien la hubiese pintado allí hacía muchos años y luego hubiera decidido que era mejor olvidarla. Ana Mercedes aparca el vehículo en el aparcamiento improvisado que hay cerca. Hay un viejo Volkswagen escarabajo oxidado en una de las esquinas, como si no hubiese podido evitar volverse un trasto. El coche queda al ralentí durante unos segundos. El motor tiembla bajo vuestros pies.


La última frase no busca aliviar. Sólo reconocer una posibilidad desagradable. Iruz mira el sendero. Luego a ti. Luego otra vez al sendero.


Cuando el ruido del motor cesa, escuchas algo que te hiela la sangre. Bueno, decir escuchar es algo muy atrevido, porque es una sensación casi imperceptible. Es algo más espeso, más antiguo, más pendiente de ti. Ante ti está La Garrotxa, el túmulo de la Muntanya Blava: una zona volcánica olvidada por Gaia y por el Kaos, una herida negra que desde lejos podría parecer entregada al Wyrm por completo. Pero lo que notas al mirar entre los árboles no es victoria: es un aguante podrido, agotado, casi obsceno. Como si el lugar siguiera sosteniendo algo sólo porque nadie le ha dado permiso para caer.

Ana Mercedes carraspea y se asegura de que todos los enseres de viaje estén colocados en el maletero. Se pone frente a vosotros, y duda un instante. Pasa a Hispo, e invitar a Iruz a subirse. Cuando ambas están preparadas para adentrarse en el interior de La Garrotxa, te aguardan. Tú, por otra parte, notas como todo el lugar empieza a ser consciente de tu presencia.

¿Vas a seguir el camino hacia la Masía de la Cendra, o vas a detenerte a escuchar qué parte de este lugar acaba de reconocer tu presencia?
#8
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Maurick - 16 de May 2026, 23:51:59
Kara mira el cigarro que le ofreces. Durante un segundo parece que va a aceptarlo, más por tener algo entre los dedos que por ganas reales de fumar. Al final niega despacio con la cabeza. Tiene la espalda demasiado recta, el traje blanco demasiado limpio y los ojos demasiado cansados para que ninguna de esas cosas parezca casual.

Cita de: Mark en 10 de May 2026, 19:22:04Me saco un cigarro y me lo enciendo, dando una profunda calada y ofreciendo otro a mi compañera.


Aparta la mirada hacia la entrada del centro comercial. La gente sigue pasando a vuestro lado sin detenerse: parejas con bolsas, un padre tirando de un niño, una mujer hablando por el móvil con gesto de impaciencia. Todo normal. Todo insultantemente normal. Cuando vuelve a mirarte, ha recuperado parte de la compostura, pero no toda.

Cita de: Mark en 10 de May 2026, 19:22:04-Cuando sucedió todo lo de la reunión en la Media Luna y el atentado, mi instinto me decía que alguno de nuestros superiores tenía algo que ver... era demasiada coincidencia y demasiados intereses entremezclados... todo ello me generó suspicacia... -calo el cigarro- y en parte, no erraba... -me encojo de hombros- no fueron ni Terry ni Semyon, nuestros superiores directos, pero si fue Esteban... de ahí que viera que algo no cuadraba y mi desconfianza durante la misión...


No hay veneno en su voz. Hay cansancio. Una clase de cansancio que no nace sólo de no haber dormido. Cuando preguntas por la noche anterior, Kara respira hondo. No parece incómoda por la pregunta, sino por lo poco que puede sacar de ella sin mancharse más.


Cita de: Mark en 10 de May 2026, 19:22:04Con respecto a la nueva misión ¿Puedes aportarme algún detalle?¿Has llegado a conocer en persona a Valeria Parhon?

Mira a un lado y a otro. Notas que sus ojos se iluminan con un resplandor plateado durante un instante, casi imperceptible. Clava su mirada en tus ojos.


Una ráfaga de viento arrastra olor a gasolina y lluvia vieja desde el aparcamiento. Kara mira hacia las cristaleras de la entrada, como si estuviera calculando trayectorias, salidas, reflejos. O quizá sólo intentando no mirarte durante un segundo.

Cita de: Mark en 10 de May 2026, 19:22:04¿Qué hicisteis anoche tantas horas Vytalian, Semyon y tú?¿Debo preocuparme de algo?


Se le marca la mandíbula al decir eso último.


Kara gira un poco la cabeza hacia la Cafetería Begoña, visible tras los cristales de la planta baja. El local tiene mesas pequeñas, carteles de desayunos, una barra demasiado iluminada y camareros moviéndose con prisa rutinaria. Nada destaca demasiado. Precisamente por eso resulta incómodo: entonces la ves. Una mujer joven, de postura impecable, sentada junto al ventanal. El cabello oscuro cae limpio sobre los hombros. Lleva ropa elegante, discreta, demasiado bien escogida para un centro comercial de las afueras a estas horas. Tiene una taza delante, pero no parece haber bebido apenas. Sus manos descansan sobre la mesa con una quietud extraña, los dedos largos, finos, casi inmóviles. En una de ellas brilla un anillo con una gema roja. No mira nerviosa alrededor, ni está mirando el reloj continuamente. Kara baja la voz.


Durante un instante, la rusa se queda a tu lado sin moverse. El traje blanco, el aparcamiento gris, el cristal de la cafetería y esa mujer sentada al otro lado componen una imagen demasiado limpia para todo lo que lleva debajo.


Kara te mira una última vez antes de apartarse.


La puerta automática del centro comercial se abre con un suspiro mecánico cada vez que alguien entra o sale. Al otro lado, Valeria Parhon sigue sentada junto al ventanal, quieta, elegante y ajena al hilo que otros han atado alrededor de su cuello.

¿Qué vas a hacer, Mark?
#9
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Maurick - 16 de May 2026, 23:11:17
Durante un instante se queda de pie junto al arcón cerrado, con una mano todavía apoyada sobre el cierre y la otra suspendida en el aire, como si hubiese olvidado qué iba a hacer con ella. La dureza de tus palabras no parece herirla al principio. Lo que la atraviesa es otra cosa: una fisura seca en algo que ella creía perfectamente medido.


Cita de: Denebia en 29 de Abr 2026, 13:07:37

Lo dice entre dientes, como si pronunciar las palabras le doliese. Himitsu mira el arcón, el suelo del camarote, la puerta por la que estás a punto de marcharte. Sus dedos se tensan sobre el cuero oscuro de la maleta.


La litera cruje con el vaivén del barco. En algún punto detrás de la pared, una tubería hace ruido tres veces. Himitsu no te mira con culpa todavía, pero notas que sigue atrapada en su propio error, en la humillación silenciosa de haber entrado en una casa antigua creyendo conocer las bisagras.


Entonces te ve de verdad. Ve tu mano en el pomo. Tu cuerpo ladeado hacia la puerta. La rabia contenida en los hombros, en la forma de respirar, en el modo en que has decidido no quedarte a escuchar una explicación que ahora mismo sólo sonaría como una defensa. Está a punto de contestarte, pero te marchas antes de que pueda formar algo. Cuando sales, no te sigue. Y tú ya estás en la cubierta.

El pasillo metálico huele a una mezcla entre aceite, acero y humedad. Los pasos resuenan demasiado en aquella garganta estrecha de hierro, y cada tramo de escalera parece alejarte un poco más de la habitación. Cuando abres la puerta exterior, el viento te golpea en la cara. No una simple brisa, una ráfaga de viento poderosa. Y entonces ahí está, para ti. Para todos los tripulantes del barco: el mar.

Cita de: Denebia en 29 de Abr 2026, 13:07:37Salgo de la habitación sin dar portazo, solo cierro la puerta de forma calmada. Todos los malos sentimientos vuelven a agolparse en mi mente y freno las amargas lágrimas que tratan de salir al exterior. Me aferro al regalo de Xolomotl y voy a la cubierta para tomar el aire fresco.

El Atlántico está por todas partes, negro y enorme bajo un cielo abierto, respirando contra los costados del barco. La cubierta se extiende bajo tus pies con una amplitud brutal. Luces tenues, barandillas húmedas, contenedores asegurados con cadenas, metal frío, charcos pequeños que tiemblan con cada vibración del motor. El barco es gigantesco, mucho más grande de lo que parecía desde el puerto. Una ciudad de hierro cruzando una oscuridad sin caminos. Y durante un segundo, tu mente te juega una mala pasada y se dobla.

El olor a salitre varía lo mínimo. El viento ya no es el del Atlántico. La cubierta del USS Iron Providence vuelve a formarse en algún rincón de tu memoria con una nitidez cruel. Luces blancas, uniformes, movimientos perfectos exigidos por Sophie Kult. El suelo vibrando bajo las botas de los marineros. Y la imagen de aquellas tres mujeres apareciendo de repente, como si hubiesen llegado volando. Recuerdas como aterrizaron en la cubierta, como cundió el pánico y como los cuerpos musculosos de aquellos militares se deshacían como si no fuesen más que polvo. El horror de no poder hacer suficiente. De estar allí, otra vez, en mitad de una cubierta inmensa, con el mar alrededor y el mundo partiéndose bajo los pies.

La barandilla está fría bajo tu mano, y vuelves en ti. El Atlántico sigue ahí, pero ya no es el Báltico. No hay mujeres en cubierta, y no hay marineros desintegrándose. Sólo viento, motor y una noche oscura, humeante. El olor te llega antes de girarte: es el tabaco. Apestoso, seco, humano. Te molesta en seguida. También te molesta descubrir que Jonah está ahí, a pocos pasos, apoyado contra una estructura metálica, con un cigarro entre los dedos y con una expresión de condescendencia enorme. No sabes cuánto lleva observándote. Tiene peor aspecto que en Redcoast: allí era una nube de nervios con piernas, todo palabras, gestos rápidos y ganas de hacerse notar. Ahora parece más bajo de hombros, más gastado. Las ojeras se le han hundido en la cara y la mano con la que sostiene el cigarro tiembla apenas, aunque puede que sea por el viento. Suspira.


Da otra calada, larga, sin placer visible. El humo se le escapa por la nariz y desaparece enseguida, despedazado por el aire marino. Jonah no sonríe. No hace una broma inmediata para salvarse de la incomodidad. Eso, en él, resulta casi más extraño que cualquier cosa que pudieras haber visto bajo el agua.


Te mira de soslayo. Te mira como alguien que sabe que algo ha salido mal, que ha tenido que meter las manos en una herida que no entiende, y que ahora espera comprobar si al menos el desastre ha servido para algo; el cigarro arde entre sus dedos, con su pestilente humo que no te gusta nada. Al otro lado de la barandilla, el mar golpea el casco. Jonah aguarda tu respuesta.
#10
Bruma Nocturna / Re:Episodio 2 — La Garrotxa
Último mensaje por Lady Midnight - 11 de May 2026, 22:33:32
Durante el reconocimiento del lugar, sobre todo en el momento que transcurre en la umbra, el joven sioux entiende que no tiene ni la menor idea de lo que está ocurriendo. No siente "algo" que esté ocurriendo o causando lo que aprecia a su alrededor sino todo lo contrario, y por algún motivo que no alcanza a comprender considera que, de algún modo, en parte es su responsabilidad. Intenta ofrecer energía a algún espíritu, pero ninguno está lo suficientemente consciente como para aceptarla. Intenta sostener con su garras de Kaos los pequeños copos e hilos que flotan mientras se desintegran, con la esperanza de que, si alguno se enredase entre sus dedos, quizá ese breve contacto pudiera servir para restablecer parte de la consciencia y la voluntad de existir del espíritu al que había pertenecido. Nada funciona, nada sirve, y la la ligera sonrisa de medio lado de Birdman solo confirma que no hay nada que el chamán pueda hacer en ese momento y, lo que es peor, que él ya lo sabía.

Al regresar con las chicas, se le percibe silencioso y lúgubre; como si acabase de presenciar el funeral de alguien a quien ni siquiera el oficiante presta la correspondiente atención. En cuanto a las quejas de Iruz, simplemente las omite: cuando ella habla, simplemente desvía la mirada para fijarla en una grava mientras piensa que, probablemente, no sea más que un cascarón vacío sin representación en el mundo umbral. Se sube al coche tras la indicación de Ana Mercedes, y se queda mirando por la ventanilla cómo van pasando cada uno de los árboles, los postes de la luz, las pequeñas aves que se dejan ver de vez en cuándo...


A medida que termina la última frase, el volumen de su voz decae ligeramente mientras se lleva la yema de los dedos a la frente y el pulgar a la sien; como si una idea demasiado compleja estuviese todavía luchando por tomar una forma concreta. Mientras divaga, se da cuenta de que Ana Mercedes ha empezado a hablar y se queda en silencio mientras la escucha.

Cita de: Maurick en 23 de Abr 2026, 12:01:54


Aunque dirigió la mirada brevemente a la joven cuando se dirigió a él, en seguida sus ojos volvieron a atravesar el vidrio lateral intentando crear lo que, quizá, podría ser el último recuerdo "vivo" de la región.