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#31
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
Último mensaje por Maurick - 20 de Ago 2026, 00:31:42
Jonah mastica despacio mientras te escucha explicar el plan. Al principio parece que está esperando el momento en que llegue la parte de entrar por una ventana, transformarse en una bestia enorme o arrancarle la cabeza a alguien, pero parece que no llega. Cuando terminas, deja la cuchara dentro de la lata y te mira con una expresión extraña.


La sonrisa aparece enseguida, antes de que puedas interpretar aquello como una crítica.


Señala hacia ti con la cuchara.


Jonah baja la cuchara, y por una vez no hay ironía en su rostro.


Hace una pequeña pausa.


Se encoge de hombros, como si lo que te cuenta hubiese sido que una señora se tropezó al subir al autobús.


La seriedad dura poco.


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La Marga — Costa de Yucatán

📅 11 de julio de 2007, 14:18

El pueblo conocido como La Marga parece estar de celebración. En un lugar cercano, hay una decena de personas bailando, bebiendo y haciendo mucho ruido. Desde varias calles antes podéis escuchar la música. Uno de los restaurantes cercanos a la costa parece haber absorbido a medio pueblo. Es un edificio ancho, de madera castigada por la sal, con una terraza cubierta por planchas onduladas y tiras de bombillas colgadas entre postes. Sobre las mesas quedan platos con espinas de pescado, botellas de cerveza, vasos de plástico y restos de una celebración cuyo motivo resulta imposible de adivinar.

Tampoco parece importarle a nadie. Hay hombres bailando con mujeres, mujeres bailando entre ellas, un anciano dormido sobre una mesa y varios niños corriendo entre las sillas mientras los adultos empiezan a alcanzar ese punto de embriaguez en el que todo el mundo parece ser amigo de todo el mundo. El aparcamiento improvisado junto al restaurante está repleto.

Pick-ups, sedanes, dos furgonetas, un todoterreno que parece haber sobrevivido a varias guerras y una colección de coches castigados por el sol, la humedad y demasiados kilómetros. Para ti, son todos iguales. Trozos de metal con ruedas, pero para Jonah son como chucherías en un buffet de comida. Se le ve que quiere elegir. Jonah contempla aquello durante unos segundos.


Señala discretamente un sedán gris aparcado entre dos camionetas. Nada llamativo. Nada que alguien vaya a reconocer a cien metros entre otros veinte coches similares. Cuando le preguntas cómo piensa arrancarlo sin llaves, Jonah mueve la cabeza.


No lo está. Jonah espera a que un grupo pase junto a vosotros cargando una nevera portátil. Después se acerca al coche, comprueba la puerta y manipula el cierre con movimientos rápidos, pequeños, cubiertos por su propio cuerpo. Un clic y se abre. Se sienta al volante y te hace una señal para que entres. Cuando cierras la puerta, Jonah apoya ambas manos alrededor de la columna de dirección. No toca ningún cable ni fuerza el contacto. Qué diablos, no tienes ni la más remota idea de lo que se debe hacer para robar un coche, pero él simplemente se concentra.

Durante un instante puedes sentirlo. No se parece a lo que ocurrió cuando retrocedió aquellos segundos para impedir que Himitsu fuese atravesada. Entonces el aire pareció doblarse alrededor de él y su cuerpo pagó inmediatamente el precio. Ahora existe una pequeña vibración, casi imperceptible. Notas que está haciendo algo con el entorno espiritual alrededor de vosotros, pero no sabrías decir qué.

El motor da una sacudida, da otra. Parece que se va a ahogar, pero de pronto vuelve a rugir. No arranca, ya estaba arrancado. O, al menos, el motor acaba de regresar al momento en que lo estaba. Jonah sonríe.


Mete primera. No tiene sangre en la nariz y no tiembla. Su respiración sigue completamente normal. La diferencia con el uso anterior de su magia es evidente.


Saca el coche del aparcamiento con toda la tranquilidad del mundo, y nadie os presta atención.


Mira el indicador.


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El trayecto hacia Sisal consume algo más de una hora. La carretera atraviesa kilómetros de Yucatán bajo un sol que aplasta los colores. La vegetación baja se acumula a ambos lados del asfalto, interrumpida por caminos de tierra, postes eléctricos inclinados y pequeños cruces que parecen conducir hacia lugares donde no vive nadie.

Cuanto más avanzáis hacia la costa norte, más cambia el paisaje. El agua vuelve a aparecer: primero como destellos entre árboles, después como extensiones someras al otro lado de la carretera. Sisal surge al final del recorrido como una localidad costera que alguna vez debió parecer tranquila y todavía conserva algo hermoso. Casas bajas, fachadas pintadas en colores claros, apagados por el sol. Palmeras inclinadas hacia el mar, barcas de pesca descansando donde la arena se encuentra con las primeras calles. Te recuerda a aquella zona en Los Ángeles, Hollow Beach, dónde ocurrió el incidente con los Rokea.

Rokea. Los hombres tiburón. ¿Qué habrá pasado con ellos? ¿Seguirán allí? Sin embargo, estás ahora en el presente, en una zona que desconoces. Junto a tu lado está Jonah, que parece encantado de sí mismo y de mostrarte sus capacidades. ¿Tendrá razón Himitsu? Sin embargo, el mundo que conoces siempre parece haber llegado unos años tarde al mantenimiento. Hay pintura arrancada por la humedad. Persianas oxidadas, muros con grietas negras, redes acumuladas junto a edificios que llevan demasiado tiempo cerrados. Algunos perros descansan bajo coches abandonados y observan vuestro paso sin levantarse.

Los carteles de tráfico están torcidos o cubiertos de pegatinas viejas. La mar, al fondo, es demasiado azul para un lugar que parece haberse acostumbrado a deteriorarse. Jonah conduce sin decir demasiado, ha cambiado su actitud en cuanto habéis entrado aquí. Cuando dejáis atrás las últimas calles, el asfalto empeora. El camino que habéis seguido termina junto a lo que en algún momento debió ser un pequeño mirador sobre los humedales y ahora quedan una barandilla oxidada, dos bancos de hormigón partidos y un cartel informativo tumbado entre la vegetación. Alguien ha pintado encima de las indicaciones con aerosol negro un enorme y suntuoso falo, con todos los detalles posibles. Humor de hombres, piensas. Otro cartel permanece en pie solamente porque una de sus esquinas se apoya contra un poste.

Jonah apaga el motor, de nuevo, haciendo algo con el entorno espiritual de vuestro alrededor. No tiene la llave, dice, pero no entiendes qué significa eso.


Golpea dos veces el salpicadero.


Te mira y sonríe de medio lado.


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El Estero Ciego

El camino desaparece muy rápido. No existe una frontera clara entre tierra y agua. El suelo simplemente empieza a hundirse bajo vuestros pasos hasta convertirse en una mezcla de barro oscuro, arena húmeda y charcos salobres que reflejan el cielo entre raíces. Los mangles crecen formando paredes naturales y sus raíces emergen del agua como dedos retorcidos, cruzándose unas sobre otras y creando pequeñas cavidades donde se esconden cangrejos diminutos. Algunas zonas están cubiertas por una película verde; otras tienen el color oscuro del té.

El aire apesta: huele a sal, barro caliente, vegetación húmeda y materia orgánica pudriéndose lentamente bajo el agua. Los insectos forman un zumbido constante alrededor de vosotros y más lejos se escuchan aves. Después dejan de escucharse, pero no sabrías señalar en qué momento exacto ocurre. Simplemente reparas en que lleváis demasiado rato oyendo únicamente vuestros propios pasos.

El Estero Ciego empieza a hacer honor a su nombre. Los canales se dividen y vuelven a encontrarse. Una lengua de tierra parece un camino hasta que termina abruptamente en agua. Los mangles impiden ver más allá de unos pocos metros y cada abertura entre los árboles parece idéntica a la anterior. Entonces encontráis algo que no debería estar allí: entre dos canales aparece una construcción elevada sobre pilotes. Parece un bar. O una discoteca. No lo distingues bien, no porque no lo veas, si no porque no sabes distinguir esos sitios. No has ido mucho a ellos, ¿verdad?

Una pasarela de madera comunica una pequeña isla embarrada con un edificio largo y estrecho levantado sobre el agua. Tiene una terraza frontal protegida por un tejado metálico, varias mesas vacías y una barra visible detrás de grandes ventanales abiertos, las tablas han perdido casi toda la pintura y sobre la fachada cuelga un letrero inclinado cuyo nombre ya no puede leerse.

Jonah se detiene, y comienza a caminar hacia ahí.


Entráis al sitio porque Jonah ha querido. Parece completamente abandonado, pero de repente, escucháis como una silla se arrastra. Alguien estaba allí. Un hombre aparece tras la barra y sale tranquilamente hacia la terraza. Tiene unos cuarenta y tantos años, aunque hay algo en su manera de observaros que resulta más viejo que su rostro. No lleva ningún arma visible y tampoco parece especialmente impresionado por vuestra llegada.

Se apoya contra la barra. Te mira primero a ti y luego a Jonah, a pesar de que éste va por delante de ti.


Su español tiene un deje mexicano claro, natural. Mira hacia el sendero por el que habéis llegado y niega despacio con la cabeza.


Una sonrisa rápida cruza su rostro. Abre una mano hacia el interior del local.


Se aparta de la barra, y levanta parte de la madera para salir y acercarse a vosotros.


Le ofrece la mano a Jonah, y éste se la da con una cara de extrañeza MUY evidente. Con dos dedos señala las botellas alineadas detrás de la barra.


Su sonrisa se ensancha apenas.

#32
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
Último mensaje por Denebia - 19 de Ago 2026, 02:09:08
Me he dejado llevar, he hecho lo que mi corazón me gritaba disfrutado cada instante junto a Jonah, y es algo que se refleja en mi mirada. Mi corazón aún late fuerte contra mi pecho.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06
Sus dedos siguen apoyados en tu cintura. No parece tener ninguna prisa por retirarlos.


Te dedica una sonrisa ladeada. La lavadora continúa girando detrás de vosotros.


Noto su presión sobre mi cintura, al igual que la presión por tener que solucionar el problema de los Nerai. Una dulce, otra amarga. Comparto su preocupación, el deber nos llama pero el momento ha sido nuestro. Miro en la misma dirección, hacia la cocina y luego le devuelvo la mirada.


Aún frente a él y de rodillas le sujeto la cabeza con ambas manos y le doy un pequeño beso los labios y otro en la frente.


Le guiño un ojo y me incorporo, le tiendo la mano para ayudarle a levantarse. Rebusco por los armarios de la cocina y encuentro varias latas sin etiqueta. Escojo las tres que menos repelús dan, aunque cada una es diferente desde fuera todas me dan el mismo olor. Miro a Jonah con cara de incertidumbre, levanto los hombros a modo de pregunta.


Me río mientras me giro a encender los fuegos y coloco una cazuela que deja mucho que desear, ha vivido tiempos mejores, y este no es uno de ellos. Ya comiendo, y algo más seria, pregunto:


Doy otro par de cucharadas al potingue que había en la lata.


Una vez finalizado "el banquete" nos sentamos en el sofá. Estoy junto a él, medio de lado, con la cabeza descansando sobre la mano del brazo que tengo apoyado en el respaldo del sofá. Le miro fijamente estudiando de nuevo sus rasgos.

#33
Mark / Re:Episodio 3 — Suances
Último mensaje por Maurick - 18 de Ago 2026, 11:31:52
Terry no te interrumpe. Ni cuando preguntas por Semyon, ni cuando mencionas a Haro y Apolo. Ni siquiera cuando propones, prácticamente, que terminen de matarte si tu actitud empieza a resultar incómoda. Permanece frente a ti con las manos relajadas, observando cómo apagas un cigarrillo para encender el siguiente, cómo intentas levantarte pese a que tu cuerpo todavía protesta y cómo terminas apoyado contra la pared para mantenerte en pie. No hay enfado en su rostro. Te deja terminar.

Cuando el silencio vuelve a instalarse en la habitación, Terry espera todavía un par de segundos, como si quisiera comprobar que realmente has acabado. Entonces asiente.


Su mirada recorre por un instante las vendas, la postura forzada y la mano que utilizas para sostenerte contra la pared.


No responde a ninguna de las provocaciones. En lugar de hacerlo, gira la cabeza hacia la muchacha que continúa junto a la puerta. Y sonríe.


La joven parece llevar varios minutos esperando exactamente esas palabras. Terry casi no alcanza a apartarse.


La reacción es inmediata.


Karen cruza la habitación prácticamente a la carrera. No hay saludo, presentación ni ninguna consideración especial hacia el hecho evidente de que acabas de pasar dos semanas intentando no morirte. La muchacha se lanza sobre ti y te rodea con ambos brazos, apretándote contra ella con un entusiasmo suficiente para recordarte inmediatamente dónde están varias de tus heridas.


Se separa apenas lo suficiente para poder mirarte a la cara, aunque continúa sujetándote por los hombros. Sus ojos recorren tu barba, las cicatrices y las vendas con absoluta falta de pudor.


Terry contempla la escena con una paciencia que sugiere que ya conoce perfectamente aquella clase de comportamiento.


Hace una pequeña pausa.


Karen vuelve a abrazarte.


Terry deja escapar una breve sonrisa.


Karen vuelve a mirarte, ahora ladeando la cabeza.


Terry levanta una mano antes de que Karen pueda continuar.


Su atención regresa a ti.


No desarrolla la frase, claro que no.


Karen abre mucho los ojos. Luego sonríe de oreja a oreja.


Terry ignora el comentario.


Señala a Karen con un gesto breve.


Karen parece considerar aquello un cumplido.


La frase queda unos segundos en el aire.


Terry se acomoda ligeramente los puños de la camisa.


Mira hacia la puerta.


Karen levanta una ceja, mira a Terry y después te mira a ti. Decide, por una vez, no decir lo que está pensando. Terry se dispone a marcharse, pero al pasar junto a ti se detiene. Esta vez se aproxima lo suficiente para que Karen no pueda escuchar con claridad. Su voz baja hasta convertirse en un murmullo.


La sonrisa ha desaparecido. No hay amenaza en sus ojos. Solo una advertencia perfectamente medida.


Hace una pausa. Entonces aparece otra vez esa pequeña sonrisa.


Te da una palmada breve en el hombro sano y se aparta. Karen continúa frente a ti, mirándote y sonriendo.

#34
Mark / Re:Episodio 3 — Suances
Último mensaje por Mark - 17 de Ago 2026, 20:14:59
Aprieto la mano que no sujeta el cigarro cuando menciona la criogenización.

Ni la dignidad de devolver a Kara a Gaia... Aprieto la mandíbula en silencio y continuo escuchando lo que tiene que decir mi padre.


Miro a los lados de la habitación y detrás de mi.


Poso la mirada en la cría por primera vez.


Cambio de postura para relajar los músculos y huesos que aún se esfuerzan por sanar. Vuelvo a mirar a mi padre.


Apago el cigarro e intento levantarme con dificultad. El dolor y el mareo vienen casi de inmediato.


Poso mis pies desnudos sobre el frío suelo y un escalofrío recorre mi columna.


Me pongo finalmente de pie y me apoyo en la pared junto a la cama a la espera de lo que quieran reprocharme o decirme.
#35
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Maurick - 17 de Ago 2026, 18:58:37
La sensación que has percibido no desaparece del todo cuando Destiny deja de concentrarse. No es exactamente una presión, ni un olor espiritual, ni una alteración de la Umbra que puedas reconocer de inmediato. Tiene algo familiar, sin embargo. Algo parecido a la forma en la que ciertos Garou tantean la corrupción del Wyrm, aunque el patrón no termina de encajar.

Si quieres identificar con precisión qué acaba de hacer, realiza una tirada de Inteligencia + Ocultismo, dificultad 8.

  • Con 1 éxito, podrás comprender qué clase de información intenta obtener el Don.
  • Con 2 éxitos, reconocerás por completo su funcionamiento y qué estaba intentando averiguar Destiny al utilizarlo sobre ti.
  • Un fallo, incluso un fracaso, no tendrá ninguna consecuencia negativa. Simplemente, la naturaleza del Don seguirá siendo desconocida para ti.

Destiny escucha tu explicación sobre Iruz sin interrumpirte. Al principio mantiene esa expresión profesional, casi inmóvil, pero algo empieza a tensarse alrededor de su mandíbula cuando llegas a la conclusión. «Vosotros la dejasteis así». La Moradora del Cristal baja la mirada hacia la mesa durante un segundo. Cuando vuelve a levantarla, está molesta.


Destiny junta las manos delante de ella, entrelazando los dedos.


Su mirada se endurece ligeramente.


Hace una pequeña pausa. El humo de tu pipa atraviesa la luz del bar y se deshace entre vosotros.


Destiny ladea ligeramente la cabeza.


Sus dedos se separan.


La frase queda entre los dos. No la pronuncia con ánimo de provocarte gratuitamente. La pronuncia como una Philodox que acaba de recibir una acusación y ha decidido colocar otra sobre la mesa. Cuando reconoces que tú tampoco estás libre de culpa y le concedes el beneficio de la duda, Destiny deja escapar una breve exhalación por la nariz. Por primera vez desde que Iruz abandonó el bar pierde parte de esa corrección profesional.


Su tono se vuelve mucho más seco.


Destiny se inclina ligeramente hacia delante.


Un silencio.


Destiny apoya de nuevo la espalda contra la silla.




La tensión permanece unos instantes más, pero no aumenta. Cuando cambias de asunto y mencionas aquel nombre francés, la reacción es completamente distinta.  Destiny frunce el ceño.


Repite el término como si buscase algo en la memoria. Nada parece llegar.


No intenta disimular el desconocimiento. Tras unos segundos, la Philodox observa el humo que sale de tu pipa y parece reconsiderar algo.


Destiny apoya un dedo sobre la mesa.


Una pausa, y esta vez no habla de Marian Coldwater.


Destiny no añade nada más y te espera.
#36
Mark / Re:Episodio 3 — Suances
Último mensaje por Maurick - 17 de Ago 2026, 18:36:16
Mientras hablas, Monique deja de hacer preguntas, y te escucha. Al principio sigue sentada junto a la cama, con las manos entrelazadas sobre las piernas y la atención puesta en ti. Cuando llegas a la antena, a Victoria y Valeria, sus ojos se estrechan ligeramente. Cuando describes al hombre helado y aquella orden de abandonar Bilbao antes de que todo quedase destruido, ya no parece estar escuchando únicamente el relato de un herido intentando recomponer sus recuerdos.

Hay preocupación y algo más, pero no reparas en el suave movimiento de la puerta del dormitorio. Tampoco en los pasos que se detienen al otro lado de la habitación; no obstante, Monique sí. Su mirada se desvía apenas durante un instante, hacia algún punto situado detrás de ti, pero vuelve a tus ojos cuando continúas hablando de Alberto, de Apolo y de Kara. No te interrumpe. Ni siquiera cuando el cigarrillo empieza a consumirse con mayor rapidez entre tus dedos.

Solo cuando terminas y vuelves a preguntarle por el cuerpo de Kara, el silencio se prolonga. Monique no responde de inmediato, y mira otra vez hacia detrás de ti. Entonces recoge el libro que había dejado sobre la silla y se pone en pie. Guarda un par de cosas dentro de un pequeño bolso y se coloca la chaqueta con movimientos algo más rápidos de lo que requiere la situación.


Su tono ha cambiado, pero ya ha tomado la decisión. Se ajusta la correa del bolso sobre el hombro.


Hace una pequeña pausa y te dedica una sonrisa que no consigue borrar del todo la incomodidad de su rostro.


Monique se aparta de la cama, y entonces sigues su mirada. Terrence McCoil está apoyado junto al marco de la puerta. No sabes cuánto tiempo lleva allí. Viste con la misma sobriedad de siempre, impecable pese a la hora, con una mano metida en el bolsillo del pantalón y aquella expresión agradable que rara vez consigue tranquilizar a nadie. A pocos pasos de él hay una muchacha muy joven, quizá de tu edad o algo menor, de piel clara y abundante cabello oscuro y rizado recogido de cualquier manera. Sus grandes ojos recorren la habitación con una curiosidad poco disimulada, pero no la reconoces.

Monique pasa junto a ambos, y Terry se aparta cortésmente para dejarla salir.


Monique responde con una inclinación mínima de cabeza y abandona la habitación sin añadir nada más. La puerta queda abierta tras ella. Terry contempla durante un momento el humo acumulado alrededor de la cama y después te mira. Sonríe.


Se separa del marco y entra en la habitación. La joven permanece junto a la puerta, observándote sin decir una palabra y Terry se acerca un poco más a la cama.


Sus ojos bajan brevemente hacia el cigarrillo entre tus dedos. Después vuelve a sonreír.


Da otro paso.


Inclina ligeramente la cabeza.


La sonrisa permanece y la amabilidad también.


La frase queda suspendida durante unos segundos. Terry no amenaza, ni levanta la voz. No necesita hacerlo.


Señala con dos dedos el cigarrillo.


Entonces Terry mira hacia la muchacha que continúa esperando junto a la puerta. Ella sigue observándote, fijamente. Como si llevase un buen rato esperando este momento.
#37
Mark / Re:Episodio 3 — Suances
Último mensaje por Mark - 17 de Ago 2026, 13:20:16
Observo durante unos segundos los ojos de Monique mientras doy una calada tranquila al cigarro.


Dejo la pregunta suspendida en el aire durante unos segundos, como el humo que exhalo de mis pulmones. Me cambio levemente de postura para quitar peso a la zona dolorida de mi costado.


Observo la luz matinal que se filtra por la ventana y prosigo.


Me cambio molesto de postura otra vez.


Vuelvo a apartar la mirada de Monique y a mirar la luz que asoma por la ventana.

#38
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
Último mensaje por Maurick - 16 de Ago 2026, 19:14:16
La sonrisa de Jonah, que tenía hace un momento se apaga poco a poco mientras hablas. Cuando pronuncias Aka'wi, algo cambia en su expresión. No porque comprenda todas las implicaciones de un nombre guardado durante años, sino porque comprende perfectamente el modo en que se lo has entregado. No hace ninguna broma, y eso te parece que ya dice bastante.

Cuando le explicas que llevas días mostrando tu afecto porque él te gusta, Jonah baja brevemente la mirada. La levanta después hacia ti, hacia tu rostro apoyado tan cerca del suyo, y parece debatirse durante unos segundos entre decir alguna estupidez que alivie el momento o aceptar que ya no hay ningún sitio detrás del que esconderse.


Pronuncia el nombre con cuidado. Sin imitar ningún acento, sin jugar con las sílabas.


Una sonrisa diminuta aparece en una de sus comisuras.


Pero tampoco esa broma consigue salvarlo. Te mira fijamente. Algo ha cambiado en sus ojos hundidos bajo aquellas ojeras demasiado profundas para alguien tan joven. El debate que mantiene consigo mismo resulta casi visible: la costumbre de esconderse detrás de una salida graciosa enfrentada a algo bastante más sencillo. Y, probablemente, mucho más aterrador.

Al final manda a la mierda el poco raciocinio que le quedaba: levanta una mano. El dorso de sus dedos roza primero tu mejilla, casi como si todavía estuviera comprobando que puede hacerlo. Aparta con cuidado los mechones que han quedado sueltos junto a tu rostro y descubre mejor la cicatriz con forma de media luna. Su pulgar sigue lentamente uno de sus bordes.


La yema de su dedo continúa el recorrido de la cicatriz.


La coz de Pezuña Caótica fue más sencilla de soportar que la presión que empieza a crecerte ahora dentro del pecho. Jonah deja de mirar la cicatriz, y sus ojos descienden hacia tus labios durante un instante. Después vuelven a buscar los tuyos. Su mano termina de recorrer aquella antigua herida y queda apoyada contra tu mejilla. El pulgar se mueve una vez sobre tu piel. Jonah inspira profundamente y cierra los ojos mientras acerca despacio el rostro. Tú haces lo mismo, mientras sus labios rozan los tuyos.


Es apenas un contacto, suave y breve, suficiente para que Jonah se aparte unos centímetros con una sonrisa nerviosa que no consigue contener. Vuelve a besarte, y esta vez hay más presión. Un segundo beso llega casi pegado al anterior, y después otro. La vacilación inicial se va perdiendo entre respiraciones cada vez más próximas hasta que, en el siguiente, Jonah entreabre los labios. Su lengua busca la tuya, el beso cambia. Ya no existe aquella prudencia torpe de los primeros segundos. Jonah te atrae hacia él con la mano que todavía mantiene junto a tu rostro, como si una parte absurda de su cabeza temiese que pudieras desaparecer en cuanto aflojase los dedos. La otra encuentra tu cintura y tira suavemente de ella hasta reducir el pequeño espacio que quedaba entre ambos.

Se gira sobre el cojín para quedar frente a ti. Tus brazos lo rodean. La toalla roza el chaleco de Jonah amenazando con destruir la integridad del nudo que has hecho, pero parece no importaros. Vuestras lenguas se encuentran una y otra vez. El sabor del tabaco todavía permanece ligeramente en su boca. Su respiración se mezcla con la tuya. Cada vez que parece que vais a separaros, alguno de los dos vuelve a buscar al otro y el beso comienza otra vez. Durante un rato deja de existir la lavadora, Aguas Sagradas, Himitsu y la serpiente. El fin de mundo puede esperar unos minutos.

Cuando finalmente os separáis, no lo hacéis demasiado. Jonah mantiene el brazo alrededor de tu cintura. Ahora parece haberse dado cuenta de lo menuda que eres comparada con él; prácticamente podría rodearte con un solo brazo. Te mira, y tiene los labios ligeramente húmedos, la respiración algo acelerada y una expresión estúpidamente satisfecha que intenta disimular sin demasiado éxito. Tú juegas con uno de los mechones que le cae sobre la frente, y Jonah vuelve a mirar tu boca.

Después la toalla, después tus ojos. Traga saliva.


Una pausa.


Sonríe. Durante un segundo parece que va a volver a besarte. No lo hace. En cambio, inspira profundamente y mira hacia la pequeña cocina de la cabaña como si acabara de recordar que allí existe una posibilidad real de salvación.


Sus dedos siguen apoyados en tu cintura. No parece tener ninguna prisa por retirarlos.


Te dedica una sonrisa ladeada. La lavadora continúa girando detrás de vosotros.
#39
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Lady Midnight - 15 de Ago 2026, 09:54:00
La forma de negociar, de relacionarse, de Iruz no resulta cómoda. No ofrece alternativas, no reconduce la conversación y, lo más importante, no parece que tenga un plan ni una intención concreta de cara a la obtención de algún beneficio. Sin embargo, el chamán se mantiene al margen de la conversación hasta que la muchacha se marcha.

En ese momento, se acerca un poco más a la mesa y mira a la mujer. No con confianza ni con seguridad, pero sí con cierto interés y la sensación de que, con suerte, podrá sacar algo en claro.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 22:22:07


Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 22:22:07


Su desprecio hacia la Justicia Metálica y sus métodos se siente en cada una de sus palabras. No habla con rencor, ni con rabia. Las palabras fluyen pausadas, tranquilas, expresando el disgusto como el agua de un río que mueve suavemente la arena de su lecho.

El muchacho nota el Don, desde luego. Es breve, pero no pasa inadvertido. Lleva toda la vida entre poderes y rituales, y está más que acostumbrado a que formen parte del día a día. Sin dar muestras de molestia o duda, intenta identificarlo con total naturalidad. Mira hacia el espejo, y no finge no haberlo notado. Simplemente intenta entender qué ha pasado más allá de lo evidente, sin decir nada más, y vuelve a mirar a Destiny mientras estrecha su mano en señal de paz. O, al menos, de aceptar que la conversación no será necesariamente hostil.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 22:22:07


Escucha su presentación, y se toma un momento para medir sus palabras antes de responder.


EL joven se acomoda de nuevo, y saca un par de cosas de su pequeño bolso que deposita sobre la mesa. De manera mecánica, casi sin prestar atención a lo que hace, comienza a cargar su pipa con la mezcla de tabaco de su bolsa.


El humo sale como una nube perezosa de su boca, mientras sus ojos, pendientes de medir la honestidad de su respuesta, descansan sobre el rostro de la Moradora del Cristal.

#40
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
Último mensaje por Denebia - 14 de Ago 2026, 12:55:19
Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06Se deja caer sobre el cojín y cruza las piernas de una manera que parece haber aprendido viendo a alguien hacerlo una vez desde lejos. Apoya las manos sobre las rodillas y deja la espalda recta mientras cierra los ojos. Dura unos cuatro segundos, abre uno. Su mirada se cruza con la tuya.



Me sorprende gratamente que Jonah haya decidido meditar conmigo. Realmente pensaba que pasaría de ello y se iría a fumar al porche o a dormir. Le dedico una amplia sonrisa cuando veo que se sienta a mi lado, cierro los ojos, respiro hondo y me pongo seria. Pero la repentina pregunta de Jonah hace que vuelva a sonreír, aunque no abro los ojos.


Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06Se aclara la garganta. La cercanía tampoco ayuda. El cojín no deja ni medio brazo entre vosotros y, cuando Jonah intenta acomodarse mejor, una de sus rodillas roza ligeramente la tuya. Se queda quieto, pero no se aparta al instante. Después mueve la pierna unos centímetros y vuelve a cerrar los ojos.


Al notar el roce me percato de la cercanía. Contengo brevemente la respiración, pero tampoco me aparto. "¿Por qué he dejado el cojín tan cerca?". Debería sentirme avergonzada o mal por ello, pero no es así, me gusta que esté cerca. Me pongo algo nerviosa. Algo me dice que voy a tardar en concentrarme...

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06El sonido de la lavadora llena los silencios. Agua chocando contra el tambor, el golpe de alguna hebilla contra el cristal. Fuera, el calor empieza a entrar por las ventanas. Poco a poco Jonah deja de moverse tanto. Su respiración termina siguiendo, casi sin querer, el ritmo de la tuya. Durante unos minutos no habla, y ya puedes considerarlo un logro enorme.


Y así es, nunca pensé que aceptaría a meditar y encima que se lo tomara en serio. Su actitud me sorprende gratamente y hace que comience a tranquilizarme un poco.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06


Frunzo el ceño sin abrir los ojos inclinando mi cabeza hacia un lado. El tono de mi pregunta es totalmente inocente.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06

Parece que voy a decir algo. Abro la boca para replicar, pero la vuelvo a cerrar. Me paro a analizar su resumen y, verlo así, hace que me muera de la vergüenza.


Es lo único que logro decir en un leve susurro.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06

Abro los ojos como platos. Le miro de arriba a abajo con una mirada entre preocupación y desconcierto. Luego me miro a mi, también de arriba a abajo. Le agarro del brazo, se lo levanto. No hay nada. Le muevo lentamente hacia adelante para revisar su espalda. No hay nada. Le suelto y me inclino un poco hacia adelante. Tampoco hay nada. Mientras tanto le digo:


Digo bastante alarmada, sin apenas respirar entre frase y frase, pero tras comprobar que está bien me tranquilizo. De repente caigo en algo y me muero de la vergüenza. Me tapo la cara con ambas manos.


Tomo aire de nuevo y vuelo a tomar la posición de meditar.


Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06Se ríe por lo bajo y vuelve a cerrar los ojos. Esta vez permanece así un rato, mientras la tensión de sus hombros va desapareciendo. Su respiración se vuelve más profunda: quizá la meditación funciona. Quizá sólo está agotado después de pasar la noche esperando saber si seguías viva. Al cabo de unos minutos, su cuerpo se vence ligeramente hacia un lado. Su hombro termina apoyándose contra el tuyo, y Jonah abre los ojos de golpe al notar el contacto, pero no se aparta. Mira primero vuestro hombro compartido y después tu rostro.


La presión no rompe mi meditación sino que actúa como uno resorte que activa algo primario en mis instintos. Inclino mi cabeza hacia el cuerpo de Jonah, inspiro profundamente a la altura de su cuello y su olor me embriaga: huele a  cuero, a tabaco, a magia, a decisiones e inseguridades. A ternura. Huele a él.

Abro los ojos y me sostiene la mirada mientras me pide perdón por algo que no entiendo. Mi corazón late fuerte contra mi pecho y el rubor de mis mejillas parece no irse nunca.


Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06No se mueve. La sonrisa vuelve, más pequeña esta vez.




Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06
Esta vez no consigue esconder la sonrisa.

Le devuelvo la sonrisa, esta vez sí he entendido a qué se refiere.


Seguimos compartiendo espacio. Apoyo con cuidado mi cabeza sobre su hombro.


Busco su mirada de nuevo.


Doy un par de palmadas en mi pecho, a la altura del corazón. No lo digo en voz alta, pero sé que Jonah es capaz de entender lo importante que ha sido revelarle mi verdadero nombre.


Dejo que todo el peso de mi cuerpo acabe descansando sobre el de Jonah colocando mis piernas hacia un lado y recojo mi pelo para dejarlo caer sobre el hombro izquierdo, el opuesto al suyo. La cicatriz que tengo en la cara en forma de media luna, que me dejó Pezuña Caótica mucho tiempo atrás, se deja entre ver por un par de mechones que no han que bien recogidos.

Mi corazón no ha dejado de latir fuerte y el rubor continúa sin intención de irse.