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#31
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Denebia - 02 de Abr 2026, 18:03:20
Cuando la calma me invade es cuando me doy cuenta de que soy más liviana de lo normal y que me mezo con la corriente. Trato de mirar mi cuerpo y no veo mis extremidades, en su lugar veo una gran aleta. Doy varias vueltas sobre mi misma y caigo en la cuenta de que es la primera vez que uso mi don Espíritu del Pez. Ahora soy un bonito pez betta -más grande de lo normal- de cuerpo púrpura con reflejos azules.



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Hago una leve pausa acercándome un poco más hacia el foco de la voz.

#32
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Lady Midnight - 01 de Abr 2026, 19:00:59
Bruma Nocturna percibe el gran esfuerzo de Pau por mantener su sempiterna calma, pero él no es capaz de gestionar la situación del mismo modo. Quizá por juventud, quizá por sentido de la urgencia o quizá por ese miedo irracional a perder a alguien más. No alza la voz, no gesticula en exceso. Pero sus palabras, aunque en un tono amable, salen algo más fluidas y rápidas que habitualmente.

Cita de: Maurick en 01 de Abr 2026, 10:42:22


Cita de: Maurick en 01 de Abr 2026, 10:42:22

Sus manos se tensan, su ceño se frunce ligeramente.


Se toma un descanso. Lo necesita. Escucha a Pau mientras habla de La Garrotxa, del Roc y del proceso de Ana Mercedes. Coge su cuenco y lo rellena con el contenido de su vejiga, y el agua vibra ligeramente. Quizá por el viento, quizá por su pulso imperceptiblemente tembloroso.

Cita de: Maurick en 01 de Abr 2026, 10:42:22

El Uktena niega con la cabeza.


El tono del joven sigue siendo amable, pero se va volviendo más vehemente a medida que avanza la conversación. Al igual que cuando habló con Ana Mercedes, se aprecia que el miedo a un verdadero apocalipsis es real y, de alguna manera, es la determinación a impedirlo lo que mueve al muchacho desde hace tiempo.


Su tono vuelve a ser relajado, quizá algo melancólico, y hace un gesto para recuperar su pipa. Con el Clipper la vuelve a prender, y coge otra bocanada de humo mientras Pau sigue hablando. Cuando Ana Mercedes aparece, el Uktena se sobresalta ligeramente y se pone de pie al escuchar que ella pretende acompañarlo.


Mira a Ana Mercedes con seriedad y una leve mueca de dolor compartido, y a Pau con los ojos de quien está enarbolando una verdad que llega demasiado tarde porque nadie quería escucharla.


Bruma los mira, y espera. Tiene la esperanza de que, por una vez, alguien entienda la importancia que él cree que tienen sus palabras y ofrezca una mano amiga en pro de su investigación.
#33
Mark / Re:Episodio 2 — Bilbao
Último mensaje por Mark - 01 de Abr 2026, 16:19:11
Escucho a mi padre mientras doy una calada al puro. Al terminar con sus observaciones y consejos, asiento si añadir más y me vuelvo al piso franco de Torrelavega.

Al llegar al solitario piso, me doy una ducha caliente, limpiando los restos de mugre y sangre que puedan quedar en mi cuerpo. Pienso brevemente en lo que acaba de suceder, en lo que he hecho. Aparto el recuerdo de la ejecución de mi mente. No ha sido agradable, pero debía hacerse, por justicia.

Acostar mi fatigado cuerpo no hace que el sueño reparador me alcance rápido. Observo el techo sobre mi cama, fumando casi de manera inconsciente. Miro uno de los cigarros que en este momento ilumina la oscuridad con su ascua y me pregunto si esta será la causa de mi muerte o será la garra de un crinos enfurecido o una bala de plata en mi nuca.


Cita de: Maurick en 21 de Mar 2026, 10:26:49El móvil vibra encima de la mesa.

Un mensaje de Felicity Burton.



La vibración del móvil me despierta. No recuerdo el momento en que Morfeo me atrapó en su reino. Miro la pantalla somnoliento, con cierto dolor de cabeza. No puedo evitar sonreír brevemente ante el entusiasmo de mi antigua compañera, ahora al otro lado del mundo.

"Seguro que los informes son más interesantes que la realidad. Espero no morirme pronto para poder volver a tostarme con el sol de la costa oeste. Te tomo la palabra."

Me termino de vestir y me guardo el móvil. Es hora de despertar de verdad a base de cafeína.

Cuando Semyon llega con mis dos compañeros, me encuentran en la mesa del salón limpiando mi pistola, con una taza de café a un lado y el cenicero con un cigarro aún humeante al otro. Paro con mi rutina matutina y escucho lo que tienen que decir.


Cita de: Maurick en 21 de Mar 2026, 10:26:49


-¿El contacto es de fiar? -pregunto una vez han terminado de exponer la información- ¿O va a ser un nuevo Esteban de Haro -encajo el cañón desmontado en la pistola y aprieto la retención de la corredera para que termine de encajar con un ruido metálico- ¿Cuáles son las órdenes si la manada del Peñasco Blanco resulta una molestia? -compruebo que la mirilla está bien alineada, sin apuntar a ninguno de los presentes, y me la vuelvo enfundas en mi cartuchera dorsal- Con "capturar a Johnny Towers y traerlo con nosotros" entiendo que la prioridad es capturarlo vivo...
#34
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Maurick - 01 de Abr 2026, 10:42:22
Cita de: Lady Midnight en 31 de Mar 2026, 16:09:57El joven sioux se queda sentado, esperando a que Pau le de una respuesta que ya cree conocer.

Pau aguanta tu mirada mientras terminas de hablar, con la pipa entre los dedos y los hombros quietos. Cuando por fin sueltas la última frase, él baja la vista un instante hacia la piedra de la mesa. Suspira. Largo. Cansado. La imitación no le ha hecho ninguna gracia. Se le nota en la mandíbula, en el modo en que aprieta apenas los labios antes de decidirse a hablar.


El Hijo de Gaia toma aire por la nariz y alza la vista hacia ti de nuevo. No hay rabia en su rostro. Hay algo más viejo. El cansancio de quien lleva demasiado tiempo sosteniendo un muro con las manos desnudas.


Una ráfaga leve mueve las hojas del huerto. Pau la deja pasar antes de continuar. La pipa sigue apagándose entre sus dedos, olvidada por momentos.


El sonido de los pajarillos atenúa vuestra conversación. Varias aves sobrevuelan el monasterio, distrayéndoos durante un instante. Pau se centra.


El Theurge calla un momento más. Cuando vuelve a hablar, su tono no se ablanda, pero sí se vuelve más honesto. Más desnudo.


Pau mira un segundo hacia la puerta del monasterio, por donde se ha marchado Ana Mercedes con el padre. Cuando vuelve a ti, su expresión se ha endurecido un poco más.


La frase queda suspendida entre los dos. Pau observa la pipa un instante, como si se le hubiese olvidado que aún la tiene en la mano. Luego te la devuelve con un gesto sobrio.


Después de eso, Pau guarda silencio. No parece satisfecho, sólo cansado. Como si hubiese aceptado por fin que la paz que protege no basta para detener todo lo que llega desde fuera... ni todo lo que despierta desde dentro. Ana Mercedes sale de nuevo al patio, con el rostro algo desencajado. Os mira a ti y a Pau.


Su sentencia cae como un jarro de agua fría sobre el Theurge. Incluso en su forma humana puedes notar como sus orejas caen hacia abajo.


Pau se lleva las manos a la cabeza.


El líder del Estanque del Lirio Apacible recupera la compostura y se te queda mirando. Ana Mercedes también te mira. ¿Qué vas a hacer, Bruma Nocturna?

Si lo ves bien, en la próxima escena narramos lo que sucede en el Altar del Lirio (deja escrito qué es lo que quieres preguntar o percibir), y después finalizaremos el capítulo. O, si quieres continuar la conversación con Pau y Ana Mercedes, vamos por ese camino también.
#35
Cera & Sangre / Re:Episodio 2 — Laberinto
Último mensaje por Maurick - 01 de Abr 2026, 10:36:39
Cita de: greatkithain en 31 de Mar 2026, 12:34:53La decisión se fija con la misma claridad que una orden interna: primero, regresar al refugio; segundo, estabilizarse con sangre sobrenatural; tercero, informar a Kaari y establecer nuevas acciones.

Nea Alikarnassos — Piso franco

📅 16 de diciembre de 2005 - 04:03

La noche de Nea Alikarnassos parece la misma que hace unas horas, pero ya no se deja mirar del mismo modo. Caminas por calles húmedas, entre fachadas cansadas, persianas medio bajadas y farolas que derraman una luz amarilla, pobre, sobre el asfalto roto. Huele a sal, a óxido, a gasolina vieja. A basura húmeda en los callejones. A puerto. A cosas que se pudren despacio y sin ceremonia. El barrio continúa ahí, indiferente, con sus gatos flacos, sus ventanas apagadas y su silencio de madrugada. Pero ahora sabes que debajo hay algo que piensa. El cansancio no te pesa como el sueño. Lo notas en la mandíbula, demasiado apretada. En los hombros, que se sostienen por costumbre. En la boca, seca. El hambre aprieta por dentro con una constancia desagradable, precisa, casi metódica. No es desesperación todavía, pero ya no puede ignorarse.

Subes hasta el refugio sin hacer ruido. La escalera exterior cruje bajo tus pies y la barandilla de hierro devuelve el frío a la palma de la mano. Dentro, el piso conserva ese aire de refugio improvisado que nunca termina de volverse hogar: mantas dobladas a medias, ropa tendida junto a una silla, herramientas, cables, platos lavados demasiado deprisa. El lugar sigue oliendo a encierro, a sudor seco, a polvo atrapado en las esquinas. La reserva sobrenatural sigue donde la dejasteis, ¿cuánto tomas? ¿Cuánto queda?

No pierdes tiempo. La abres, tomas lo necesario y dejas que el cuerpo haga el resto. La mejoría no llega como alivio, sino como corrección. El pulso se ordena. La vista deja de arrastrar fatiga. Aun así, el sabor permanece unos segundos en la lengua y la sensación de haberte llevado algo que no era del todo tuyo tarda un poco más en apagarse. Desde el sofá del salón llega un leve roce de tela. Kaari no se incorpora de golpe, no puede. Sigue tumbada entre mantas mal colocadas, con el cuerpo vencido hacia un lado y la espalda medio apoyada en un cojín aplastado. La luz pobre del piso le deja media cara en sombra y le marca las ojeras con una claridad ingrata. La pierna que conserva está cubierta hasta la rodilla. La otra ausencia pesa en la forma en que mantiene el cuerpo quieto, en cómo mide incluso el gesto más pequeño antes de hacerlo. Te mira primero a ti. Luego a la puerta. Después vuelve a ti. No hace falta que diga nada para que se note que ya ha entendido una parte. Mira detrás de ti una vez y no ve a nadie.


La pregunta sale baja, contenida, sin histeria. Más cansada que temblorosa. Aun así, en la forma en que se le queda quieta la mandíbula hay algo que ya sabe la respuesta antes de oírla. Tardas un instante en contestar.

Mientras piensas lo que vas a contestar, Iota, echas un vistazo por la ventana del salón. La calle de abajo parece vacía al primer vistazo, luego los ves. Dos tipos mugrientos avanzan despacio por la acera de enfrente. Uno lleva las manos en los bolsillos de una chaqueta demasiado grande. El otro fuma sin prisa y vuelve la cabeza lo justo para mirar los portales, los coches, las ventanas. No llaman la atención si no sabes qué buscar. Te están buscando, sin duda, pero parece que, por el momento, estás a salvo.

Asumimos que cuentas la historia a Kaari: si quieres, déjala más clara en el próximo post, pero voy a asumir que, al menos sabe lo básico: fuisteis al almacén y os capturó un tipo llamado Elpidios, que ahora tiene a Ni secuestrada.


Intenta incorporarse, pero aún está muy débil. Notas que en el suelo hay manchas de sangre secas, se ha estado arrastrando cuando no estábais.
#36
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Lady Midnight - 31 de Mar 2026, 16:09:57
Cuando Ana Mercedes`se lleva al padre, Bruma se despide de él con amabilidad.

Mientras Pau habla, sus ojos lo miran con la atención del que espera una sentencia. Tras una nueva y profunda calada en su pipa, una leve sonrisa se dibuja en su rostro.

Cita de: Maurick en 30 de Mar 2026, 15:37:53


*referencia:
Cita de: Maurick en 22 de Ene 2026, 22:32:11

El Uktena presta atención al resto del discurso de Pau, y apunta en su block de notas, que saca del bolso que está convenientemente sobre la mesa, las indicaciones sobre La Garrotxa, el Roc de la Cendra y cualquier detalle de interés. Cuando termina, le entrega una vez más la pipa a Pau.

Cita de: Maurick en 30 de Mar 2026, 15:37:53


El muchacho hace una pausa, dejando que Pau se prepare para prestarle la atención que está exigiendo.


**referencia:
Cita de: Maurick en 22 de Ene 2026, 22:32:11

Se recoloca en su asiento, separándose ligeramente de la mesa para poder mirar a Pau más frontalmente.


Marcando un nuevo tono en la conversación, el joven se pone de pie. No con violencia, no como amenaza. Más bien como un gesto de decisión, como una forma de adoptar una postura que represente mejor la energía que acompaña esa convicción de la que hace gala.


***Referencia:
Cita de: Maurick en 19 de Ene 2026, 00:02:06

****Referencia:
Cita de: Maurick en 19 de Ene 2026, 00:02:06

Tras un par de segundos de reflexión, vuelve a sentarse mientras suspira.


El joven sioux se queda sentado, esperando a que Pau le de una respuesta que ya cree conocer.
#37
Cera & Sangre / Re:Episodio 2 — Laberinto
Último mensaje por greatkithain - 31 de Mar 2026, 12:34:53
Iota permanece quieto unos segundos después de que la capucha desaparezca y la noche vuelva a existir. No por desconcierto. Por calibración. Cierra los ojos. Olor: sal, óxido, gasolina vieja. Sonido: motores lejanos, pasos dispersos, respiraciones humanas normales. Presencias: ninguna alterada. Ninguna útil. Conclusión: zona segura, pero improductiva. Abre los ojos. La negociación con Elpidios ha fallado en todos los parámetros relevantes. Pero Ni sigue viva. Y eso basta.

Vuelve a cerrar los ojos durante medio minuto en su proceso de evaluación. La variable Sfázo se despliega en su mente con la precisión de un informe interno. El nombre no procede de registros oficiales, sino de una palabra recordada, proyectada en su mente por un rastro espiritual fragmentado en el refugio de Nea Alikarnassos: una etiqueta ajena, no un nombre propio. Los restos del aura y las visiones psíquicas lo vinculan a una furgoneta blanca de logo borroso y a la iconografía de una carnicería: delantales manchados, cuchillas colgantes. Se mueve más silencioso y más limpio que otros sujetos detectados, como una mentira bien entrenada.

El espectro de Stavros Kalaitzakis confirmó, bajo Lenguaje Espiritual, que Sfázo estuvo directamente implicado en su muerte. Los datos lo sitúan como pieza fundamental en la distribución de la droga Æon en los dominios del puerto y los barrios bajos. Elpidios lo define como un tipo muy escurridizo que ha violado acuerdos previos. Ahora, bajo coacción, la directiva principal es localizarlo y entregarlo en el almacén de Asterion Logistics a cambio de la integridad operativa de Ni. Su capacidad para moverse como una mentira y su vínculo con la desaparición de Laura lo convierten en una anomalía en el patrón de Heraclión y en un objetivo de alta prioridad.

Iota evalúa su estado interno. El algoritmo empieza a perder precisión decimal. Necesita sangre sobrenatural antes de iniciar la caza. No puede obtenerla de humanos normales. Ni de los mendigos alterados. Ni de Elpidios. Ni de Stavros. Y ni por asomo de Ni. Conclusión: debe recurrir a su reserva en Nea Alikarnassos.

Respira hondo ara reorganizar los pensamientos en secuencia operativa. La decisión se fija con la misma claridad que una orden interna: primero, regresar al refugio; segundo, estabilizarse con sangre sobrenatural; tercero, informar a Kaari y establecer nuevas acciones.

Iota empieza a caminar.
#38
Cera & Sangre / Re:Episodio 2 — Laberinto
Último mensaje por Maurick - 30 de Mar 2026, 16:35:30
Cita de: greatkithain en 30 de Mar 2026, 14:50:01Iota mantiene la mirada fija en Elpidios, fría, analítica, inofensiva pero valiosa.

Elpidios deja que te expreses. No aparta los ojos de ti ni un instante. Cuando terminas, el silencio dura lo bastante como para que el goteo del techo vuelva a cobrar peso y el olor a aceite rancio de las lámparas se imponga sobre la humedad del túnel. Entonces, se ríe. No es una carcajada limpia, ni larga, ni humana. Es un sonido seco y desagradable, como si alguien hubiese agitado clavos dentro de una garganta podrida.


Su mirada se desliza hacia la muchacha inmóvil. La contempla un segundo más de la cuenta. Luego vuelve a ti.


Da un paso alrededor de la silla donde Ni sigue clavada a su quietud. No llega a tocarla, pero su mano describe en el aire un gesto vago, casi íntimo, sobre la estaca que le sobresale del pecho.


Las sombras del corredor se remueven apenas. Uno de los mendigos de venas azuladas cambia el peso de una pierna a otra. Otro baja la mirada hacia ti, atento, como un perro que esperase una orden. Elpidios entrecierra los ojos.


La palabra queda suspendida un instante en el aire viciado de la cámara. El monstruo ladea la cabeza con una lentitud casi ceremonial.


No espera respuesta. Se nota. La pregunta no busca una confesión; busca ver cómo se te mueve la cara, cómo tragas saliva, cómo late el cuello cuando alguien pisa sin querer un secreto mal enterrado.


La sonrisa vuelve a abrirle la boca. No hay alegría en ella. Hay hambre de comprensión. Se aparta de la silla. La punta del bastón, o del hueso que usa como tal, golpea una vez la piedra. El sonido seco basta para que los otros se mantengan inmóviles.


Alza una mano antes de que puedas abrir la boca siquiera.


Su voz se vuelve más baja. Más antigua. Más peligrosa.


Se aproxima un poco más. Lo bastante para que su hedor te invada otra vez, mezcla de moho, salmuera y carne humedecida demasiado tiempo.


Desde la silla, Ni sigue mirándote con esos ojos abiertos que no pueden cerrarse. No se mueve. No puede. El horror de su inmovilidad pesa más que cualquier amenaza dicha en voz alta. Elpidios extiende una mano hacia ti, no para sellar nada, sino para fijar el mandato en el aire entre los dos.


Da medio giro, como si ya hubiese decidido que el asunto está cerrado. Sus mendigos enfermos se apartan para abrir paso. Uno de ellos sostiene una capucha oscura entre las manos. Otro juguetea con un cuchillo demasiado limpio para ese lugar.


El monstruo hace un leve gesto con dos dedos. Los otros avanzan: te van a sacar de allí. Si no te resistes, tu rostro será tapado y recobrarás la visión y el sentido a las afueras del almacén de Asterion, mientras un par de mendigos malolientes, con las venas pulsantes azuladas, se alejan en la oscuridad de la noche. No sabes cuanto tiempo ha pasado, lo que sí sabes es que empiezas a tener hambre. ¿Qué haces, Arda?

#39
Brisa del Sur / Re:Prólogo – Donde el silencio...
Último mensaje por Maurick - 30 de Mar 2026, 16:11:45
Himitsu, en su forma de pez gato, inmensa y antinatural, se limita a nadar un poco más cerca de ti, describiendo un arco lento sobre el lecho marino. Sus bigotes vibran con suavidad, como si tastasen la corriente, y durante un instante parece más sacerdotisa que depredadora. A tu espalda, las dos presencias que te habían acompañado en la caída dejan de observar. El alma purificada de Pezuña Caótica avanza primero, majestuosa y silenciosa, con esa nobleza severa que sólo poseen las almas que han sufrido demasiado y, aun así, han encontrado descanso. Ninastoko va con él, no como escolta ni como sombra, sino como si ambos compartieran una misma verdad que tú todavía no alcanzas a nombrar. No pronuncian una sola palabra, no te juzgan, simplemente se acercan. Y entonces se disipan en tu interior.

Lo que recibes es calma. Una calma tan profunda que al principio casi asusta. Comprensión, quietud, la sensación nítida y brutal de que, aunque hayas querido marcharte sola, aunque hayas intentado convertir este viaje en una deuda privada, no vas a estar sola nunca del todo. Ellos seguirán contigo. En el orgullo, en el error, en la rabia. Incluso en la huida; especialmente en la huida. El océano umbral parece contener el aliento.

Himitsu se detiene y gira un poco la enorme cabeza hacia el lecho, alerta. Bajo los millares de percebes luminosos, algo se mueve. Primero, apenas un temblor. Luego un destello bioluminiscente recorre las colonias adheridas a la roca, como si una corriente hubiese despertado una red nerviosa enterrada bajo siglos de silencio. Tú misma alcanzas a ver entonces que no están dispersos al azar: se agrupan siguiendo curvas amplias, casi espirales, un patrón orgánico y deliberado. Algunos son mayores que otros, sí, y entre ellos parecen tenderse filamentos de luz azulada, pulsos diminutos que corren de uno a otro como pensamientos intercambiados en la oscuridad. No eran una colonia junto a algo, eran parte de ello. Y entonces la voz os alcanza. Resuena directamente dentro del espíritu, ronca y antigua, como si hubiese tenido siglos para aprender a despreciar el lenguaje sin dejar de usarlo.


La presión del fondo cambia. No se vuelve hostil... pero sí consciente. Los percebes palpitan una vez más, y en ese latido conjunto sientes que algo inmenso está terminando de despertar debajo de vosotras. No distingues aún su forma completa. Sólo fragmentos: una curvatura descomunal bajo la roca, un pliegue mineral que no parece piedra, una hondura parecida a un párpado o a una concha viva. La voz vuelve, esta vez más cerca. Más personal.


No hay burla en la pregunta. Y eso la vuelve mucho peor: porque no pretende humillarte. Pretende pesarte. A tu lado, Himitsu no se mueve. Incluso en esa forma monstruosa percibes algo parecido a la emoción atravesándola. Sus ojos, demasiado serenos, están clavados en ti. No en la criatura, en ti. Te está mirando como si supiera que ésta no es una pregunta cualquiera. Como si la respuesta importase más que cualquier colmillo, más que cualquier combate, más que la propia sierpe que os ha traído hasta el mar. Y en torno a vosotras, el lecho entero sigue observando con millares de ojos húmedos, luminosos y pacientes.
#40
Bruma Nocturna / Re:Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Maurick - 30 de Mar 2026, 15:37:53
Cita de: Lady Midnight en 28 de Mar 2026, 15:42:33Mientras hablaba, iba preparando y cargando su pipa con un aromático tabaco. Al terminar, la prende con un Clipper y, tras la primera bocanada de humo, se la ofrece a Pau mientras el padre y Ana Mercedes se recomponen y asimilan la situación.

La pipa queda suspendida entre ambos durante un instante. El humo asciende despacio, quebrándose en hebras finas bajo la luz pálida de la mañana. Pau entiende el gesto y lo acepta. No con alivio, ni con gratitud visible. Sólo con esa gravedad hosca de quien reconoce una tregua pero no se siente digno de ella. Coge la pipa, le da una sola calada y sostiene el humo un segundo antes de expulsarlo por la nariz. Cuando vuelve a mirarte, sus ojos siguen sombríos. Hay preocupación en ellos. Y otra cosa peor: la intuición de que esto no ha terminado, de que quizá no ha hecho más que empezar.


Cita de: Lady Midnight en 28 de Mar 2026, 15:42:33Cuando el anciano baja la voz, Bruma Nocturna saca una vejiga de bisonte llena de agua y la usa para llenar un pequeño cuenco de cerámica que coloca frente al padre sin aspavientos ni ceremonia.

Se inclina junto al padre Martín y le coloca bien la rebeca sobre los hombros, con manos cuidadosas, casi rutinarias. No parece una hija. Parece una mujer acostumbrada a recoger pedazos ajenos mientras deja los suyos para más tarde. El padre observa el cuenco y bebe, agradecido.


Ana Mercedes se lleva las manos a la cintura, colocándose en jarra.


El padre protesta apenas con una media sonrisa cansada, pero se deja ayudar. Ana Mercedes le ofrece el brazo y lo incorpora con una paciencia casi obstinada. No ha llorado, no ha gritado. Y por eso mismo resulta evidente lo que está haciendo: está huyendo. Ni del monasterio ni de vosotros, de lo que acaba de oír. Ella se lleva al sacerdote hacia el interior con pasos lentos, atendiendo más a que él no tropiece que a sí misma. Durante unos segundos, el patio entero parece quedarse suspendido entre el roce de la tela, la piedra vieja y el eco de una conversación que nadie sabe aún cómo continuar. Cuando la puerta del monasterio se cierra a medias tras ellos, el silencio cambia de forma.

Ahora os deja a ti y a Pau solos. Pau sostiene todavía la pipa entre dos dedos. Mira hacia la puerta por la que se ha ido Ana Mercedes. Después deja caer los hombros y suelta el aire por la boca, muy despacio.


Aparta la vista un instante, como si le molestara reconocerlo en voz alta. Luego vuelve a clavártela encima. El humo de la pipa se disipa entre vosotros. Pau te la devuelve, pero no se aparta. Se ha quedado ahí, firme, como si hubiera decidido por fin dejar de comportarse como anfitrión y empezar a hablar como otra cosa.


No hay burla en su voz. Tampoco reverencia. Sólo una lucidez seca.


La mañana parece más fría de repente. Pau gira un poco la cabeza y mira más allá del huerto, hacia un lugar que no está allí y, sin embargo, sigue pesándole en la espalda.


Se lleva una mano a la mandíbula, pensativo. Cuando vuelve a hablar, lo hace con una gravedad más íntima.


El nombre cae entre vosotros con un peso oscuro.


Pau entorna apenas los ojos.


Durante un instante no añade nada más. No por teatralidad. Porque parece estar decidiendo cuánto está dispuesto a ponerte en las manos.


El viento mueve apenas las hojas del huerto. Desde dentro del monasterio llega, amortiguado, el roce de una silla contra el suelo. Pau no mira hacia allí esta vez. Toda su atención sigue puesta en ti.


Después calla. No hay despedida en su postura. No hay alivio. Sólo espera. Se queda mirándote en mitad del patio, serio, tenso, como si acabara de entregarte una dirección y, al mismo tiempo, una advertencia que no sabe formular mejor.