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#81
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Maurick - 28 de Jul 2026, 14:27:35
Tu recuperación arranca una sonrisa breve y fugaz a la Ícaro, que escucha tus disculpas con la cabeza ladeada. Durante unos segundos parece debatirse entre responderte y quedarse dormida sobre la silla, pero al final se frota la cara con ambas manos y deja escapar un gruñido cansado.


Ana Mercedes no tarda en responder. Su voz sale firme, como si hubiese tomado la decisión mientras Iruz hablaba.


La Ícaro levanta la cabeza de golpe. Parte de la borrachera parece desaparecer de sus ojos.


Se incorpora demasiado deprisa y tiene que apoyar una mano sobre la mesa para no perder el equilibrio.


Señala vagamente hacia el exterior, aunque Bilbao quede muy lejos de aquella Masía.


Ana aprieta los labios, pero no replica. La seguridad de hace unos segundos se ha convertido en una duda tensa. Iruz se vuelve hacia ti. Esta vez consigue mantener la mirada fija, seria pese al alcohol.

#82
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Lady Midnight - 28 de Jul 2026, 13:37:42
El cuerpo del joven chamán no reacciona y, quizá, eso hace que sus sentidos estén más pendientes de lo que está a punto de ocurrir. El Demonio de Fuego, por el contrario, parece gozar de libertad de movimiento... y de autoconsciencia. Su discurso se siente honesto, claro; como si hubiera recuperado una parte perdida de sí mismo, y perdido un poco de otra.

Cita de: Maurick en 28 de Jul 2026, 10:14:26

Hace una breve pausa, mientras mide bien la posible respuesta de su interlocutor.


El espíritu camina mientras habla, con sus pausas y sus lentos pasos. Sin embargo, el chamán se siente tranquilo y en calma. Casi en paz.

Cita de: Maurick en 28 de Jul 2026, 10:14:26


La figura duda. Piensa. Habla. Parece estar tan confundido como el metis en esa nueva y extraña situación, y sus reflexiones en voz alta son una muestra de ello.

Cita de: Maurick en 28 de Jul 2026, 10:14:26



Los gritos de Iruz y después los ronquidos del Roc dan fin a la ensoñación. El Uktena sigue de pie, con el tibio fragmento en la mano firmemente sujeto en el interior de su puño a la altura de la cadera. Mira a Ana Mercedes cuando carraspea, y después a la joven de pelo rubio y rizado cuando se dirige a él.

Cita de: Maurick en 28 de Jul 2026, 10:14:26


Sus ojos son sinceros, su expresión calmada. No hay reproche, ni acusación. Solo la certeza de que, aunque quizá con intenciones positivas, Bruma Nocturna les ha hecho daño a las dos.
#83
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Maurick - 28 de Jul 2026, 10:14:26
Cita de: Lady Midnight en 27 de Jul 2026, 15:52:40El muchacho camina despacio hacia el danzante mientras habla, hasta quedarse a poco más de un metro de distancia, y le mira a los ojos con curiosidad.

La expresión condescendiente se quiebra apenas cuando bajas la mirada hacia el fragmento, a lo que él también lo observa. Por primera vez desde su aparición, parece no tener preparada una respuesta. Intentas avanzar el último metro que os separa, pero tu cuerpo no obedece. No puedes mover las piernas. Tampoco los brazos ni la cabeza.

Sólo tus ojos responden, atrapados en aquella habitación detenida. Ana Mercedes permanece inmóvil junto al camastro. Iruz sigue inclinada sobre la silla, con el cabello suspendido sobre el rostro y una gota de saliva detenida antes de alcanzar el suelo. Los contornos de la Masía se han vuelto borrosos. Las paredes, la luz de la ventana y los muebles parecen vistos a través de agua turbia.

Gaia ha dejado de girar, sólo podéis hablar.


Zarpa Manchada se separa de la pared y se acerca sin producir ningún sonido. Él sí puede moverse dentro de aquel instante imposible.


Se detiene frente a ti y baja la mirada hacia el metal que permanece aprisionado entre tus dedos. Levanta una mano y la mantiene sobre el fragmento sin llegar a tocarlo. Sus dedos parecen perder consistencia al aproximarse.


Su mirada vuelve a encontrarse con la tuya, y la dureza continúa ahí, pero ya no hay fuego detrás de ella. Tampoco aquella presión nauseabunda que acompañaba al Demonio.


Durante unos segundos permanece en silencio, como si escuchara algo dentro de sí mismo.


Zarpa Manchada ladea la cabeza. Regresa poco a poco aquella expresión paternalista que reconociste al verlo en la esquina. Rodea tu cuerpo inmóvil con calma, examinándote como si intentara decidir cuánto queda en ti del cachorro que nunca llegó a criar.


Vuelve a situarse frente a ti, con una sonrisa leve, desagradablemente satisfecha, que aparece en su rostro.


Poco a poco, la escena empieza a dejar de ser borrosa y vuelves a escuchar los gritos de Iruz. Lo que estaba diciendo pierde importancia, y cuando el silencio se hace de nuevo, notas los ronquidos del Roc, que está en el piso superior. No sabéis cuando ha subido o cuanto tiempo ha pasado, pero está durmiendo a pierna suelta.

Ana Mercedes carraspea. Iruz le dedica una mirada llena de odio, y apoya el mentón sobre el respaldo de la silla, claramente rendida ante la situación.


¿Qué vas a hacer, Bruma Nocturna?
#84
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Lady Midnight - 27 de Jul 2026, 15:52:40
Poco a poco, la memoria se reorganiza. El descanso, el escuchar la historia de Ana Mercedes y el intentar expresar la propia experiencia van colocando las piezas del puzzle poco a poco, aunque algunas todavía no terminan de encontrar su sitio exacto.

Cuando la philodox habla, el muchacho presta atención hasta que Iruz irrumpe en la habitación. El chamán escucha el hostil discurso de la ebria y agotada niña con serias carencias afectivas, pero no responde ni le da más relevancia de la que tiene: un discurso más, vacío en su mayoría, que no es otra cosa que la expresión del hastío, la soledad y la desesperación. Entonces, el tiempo deja de correr a la velocidad normal y se ralentiza poco a poco hasta detenerse; el Demonio de Fuego se encuentra en una esquina mirando al joven, de brazos cruzados, con cierta mirada de desaprobación.


El metis mira, casi sin que se note, el fragmento por un momento.


El muchacho camina despacio hacia el danzante mientras habla, hasta quedarse a poco más de un metro de distancia, y le mira a los ojos con curiosidad.
#85
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
Último mensaje por Maurick - 27 de Jul 2026, 13:28:31
Tus exigencias resuenan por la caverna oscura y enorme, mientras Salomé observa tu cuerpo: la anciana recibe tus palabras sin moverse un ápice. Neiatta tampoco responde desde el trono. Se limita a observarte con la mejilla apoyada sobre una mano, como si la suerte de Himitsu y Lydia ya no mereciera ocupar más espacio en su atención. La vieja del caparazón sí se acerca un poco.

Cita de: Denebia en 19 de Jul 2026, 00:17:21


Su voz raspa como arena arrastrada bajo una ola. Los ojos lechosos permanecen fijos en ti.


Neiatta deja escapar una risita desde el trono. La anciana no reacciona.


Cita de: Denebia en 19 de Jul 2026, 00:17:21Con lo que sea, acepto bajar con la anciana.

No promete nada más, ¿para qué?  La vieja gira el cuerpo y avanza hacia uno de los canales abiertos en la roca. Allí el suelo de la caverna se hunde bajo una lámina de agua negra, contenida entre paredes cubiertas de moluscos y vetas de sal. Una corriente fría entra desde algún punto situado mucho más abajo, llevando consigo el olor del océano profundo: hierro, limo y algo mineral que recuerda a una tumba recién abierta.

Salomé entra primero, mientras el agua le alcanza las rodillas, su espalda se curva y el caparazón que parecía adherido a su cuerpo comienza a extenderse con un crujido húmedo. Las ropas se hunden entre placas oscuras, los hombros desaparecen bajo una coraza semicircular, antigua y mellada, mientras sus costillas se abren para dar paso a agallas pálidas. Bajo el vientre surgen apéndices finos y articulados que tantean la piedra. De la base de su espalda se despliega una cola rígida, larga como una lanza, que oscila detrás de ella antes de sumergirse.

Su cabeza queda recogida bajo el borde del caparazón. Los ojos se desplazan hacia los lados, pequeños, lechosos, casi fósiles: la anciana deja de parecer una mujer. Permanece algo de ella en las manos deformadas, en la boca hundida y en la forma ceremoniosa con la que espera a que la sigas, pero el resto pertenece a una edad del océano en la que todavía no existían nombres para las criaturas.

Adoptas de nuevo la forma que te concede el Espíritu del Pez. Tu cuerpo se aligera y se comprime hasta quedar cubierto por escamas púrpuras, atravesadas por reflejos azules. Las aletas se abren a tu alrededor como velos delicados, demasiado hermosos para el lugar al que estáis a punto de descender.

El agua os cubre, al mismo tiempo que el sonido de la sala del trono desaparece en pocos metros. Las risas de Neiatta, los murmullos y el roce de los cuerpos quedan atrás, sustituidos por el pulso sordo de la corriente y el movimiento de las patas articuladas de Salomé contra la roca.

El canal desciende en espiral: al principio todavía hay luz. Resplandores verdes alojados en conchas, hongos marinos adheridos a las paredes y pequeños crustáceos transparentes que se apartan ante vosotras. Luego las construcciones de Aguas Sagradas empiezan a desaparecer. Ya no hay redes, ni vigas arrancadas de barcos, ni refugios tallados por manos hidrianas, sólo piedra.

La abertura se estrecha hasta obligaros a pasar entre dos muros cubiertos de percebes muertos. Sus conchas están abiertas, pero dentro no hay carne. Todos orientan sus cavidades hacia abajo. Salomé avanza sin vacilar.

A medida que descendéis, la presión se vuelve más pesada. El agua pierde temperatura y espesor, como si cada metro estuviera hecho de un mar diferente. Las paredes ya no parecen excavadas por corrientes. Presentan surcos paralelos, largos y profundos, demasiado regulares para ser grietas y demasiado grandes para haber sido hechos por herramientas. Algunas terminan en fragmentos de hueso, pero no reconoces en ellos la forma de ninguna ballena.

La cola rígida de Salomé se detiene. La anciana gira bajo su coraza y te observa con uno de sus ojos laterales. Escuchas su voz en el interior de tu mente, y ésto te rememora a cuando Julia usaba el Don que, tan «alegremente», llamábais «Chat mental».


Las palabras llegan deformadas por el agua, pero conservan su peso.


Reanuda el descenso, pero el túnel termina sin aviso. Ante vosotras se abre una sima tan grande que la luz azulada del percebe apenas consigue rozar sus paredes. El fondo no se ve. No hay arena, ni roca, ni movimiento de peces. Sólo una oscuridad vertical que continúa más allá de lo que tus sentidos pueden medir.

Salomé bordea la sima hasta alcanzar una plataforma natural. Allí hay pilares de coral gris, cadenas cubiertas de sal y restos de ofrendas atrapados entre las piedras: caparazones partidos, espinas, mandíbulas pequeñas y tiras de carne ya blanquecinas. La anciana extiende una de sus extremidades hacia el borde.


Al principio sólo distingues la negrura: después, la negrura burbujea con una esfera tan grande que es abrumadora. Dos bordes inmensos se separan lentamente bajo la plataforma. La sima no es una grieta en la roca. La roca forma parte de algo. Una membrana rugosa se retrae entre placas minerales, descubriendo hileras de protuberancias blancas que se pierden hacia ambos lados.



¡Dientes! La boca de alguna criatura gigantesca ocupa el fondo entero. Comienzas a recordar la visita a Xolomotl, pero esta vez es distinto. La soledad, la nada y el vacío te invaden por todos lados.

No puedes saber cuánto mide. La oscuridad impide encontrar dónde empieza y dónde termina. Cada respiración arrastra el agua hacia el interior con una fuerza leve pero constante, haciendo que los huesos, la sal y los restos de antiguas ofrendas tiemblen sobre la piedra. Desde el interior llega un calor desagradable, acompañado de un olor a grasa podrida y metal antiguo.

Muy dentro de aquella garganta se enciende algo rojizo, pero no parece un ojo. Parece algo peor: un punto de atención sin forma, situado demasiado lejos para pertenecer a la misma criatura cuya boca tenéis delante. Salomé inclina su caparazón.


La boca vuelve a respirar: la corriente tira de tu pequeño cuerpo antes de aflojarse.


La vieja se vuelve hacia ti.


Una de sus patas recoge un pequeño caparazón del suelo. Lo sostiene delante de su rostro y lo parte con facilidad.


Deja caer los fragmentos. Uno de ellos cruza el borde y desaparece hacia la garganta. La boca se contrae durante un instante, pero no llega a cerrarse; aún así, toda la sima responde con un estremecimiento lento.


Salomé aproxima su rostro monstruoso al tuyo. Bajo la coraza, su boca conserva una expresión demasiado humana.


La corriente vuelve a inclinarte hacia la boca. Esta vez, desde el interior de Mott Garoth, llega un sonido profundo. Es el roce de algo inmenso contra las paredes de su propia garganta. Salomé te observa.


La luz azul de tu percebe palpita contra la oscuridad.


Debajo de vosotras, Mott Garoth abre un poco más la boca.

¿Qué haces, Brisa del Sur?
#86
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Maurick - 27 de Jul 2026, 12:19:42
Ana Mercedes permanece contigo durante la recuperación, escuchando tus palabras con una atención inusual. La mención del Cráter endurece levemente su expresión, pero no aparta la mirada.


Se acerca un paso. La decisión está en su postura, aunque todavía no exista un camino claro bajo sus pies.


Un golpe contra la puerta de la Masía corta la conversación: la puerta se abre de pronto y choca contra la pared. Iruz aparece apoyada en el marco, con el maquillaje corrido, el cabello revuelto y el equilibrio de alguien que lleva demasiado tiempo negociando con el suelo. El olor a alcohol entra antes que ella.

La muchacha te señala con un dedo que tarda varios intentos en encontrarte.


Da un paso hacia el interior, tropieza con sus propios pies y consigue sostenerse agarrándose a una silla. Después mira el mueble como si la culpa fuese suya.


Iruz se deja caer pesadamente sobre la silla. Parece a punto de dormirse, pero levanta la cabeza de nuevo y clava en ti los ojos vidriosos.


Se pasa una mano por la boca, intentando contener un eructo sin conseguirlo del todo.


Entonces el fragmento de metal se calienta dentro de tu mano.

Es algo extremadamente sutil. El sonido de la habitación desaparece. La respiración de Ana se detiene a medio camino. Iruz queda inmóvil sobre la silla, con la boca todavía entreabierta. Incluso el polvo suspendido junto a la ventana deja de caer.

En una esquina de la Masía, allí donde un instante antes no había nadie, está el Demonio de Fuego. Permanece apoyado contra la pared, observándote con los brazos cruzados y una expresión condescendiente, casi decepcionada.
#87
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
Último mensaje por Denebia - 19 de Jul 2026, 00:17:21
Cita de: Maurick en 16 de Jul 2026, 15:11:07Los hidrianos la rodean. Durante un instante parece pequeña entre ellos, no porque sea frágil, sino por la decisión terrible de no moverse. Luego la conducen hacia una abertura lateral, medio oculta tras cortinas de algas negras y huesos colgantes. La caverna se la traga despacio: primero los hombros, luego el rostro, por último el brillo quieto de sus ojos. Después, ya no está.


Observo cómo se la llevan, sin ningún tipo de ceremonia y posibilidad de despedirse.

Joder...

Las cosas no están saliendo como parecía que tenían que salir: bajar, hablar y volver. Rápido. "Un plan sin fisuras"...

Cita de: Maurick en 16 de Jul 2026, 15:11:07
...



La frase va dirigida a ti: La sala sigue pendiente de cada palabra. Incluso los hidrianos que habían sido arrojados contra la roca se mantienen a distancia.
Los dedos de la vieja, nudosos, se juntan despacio, casi como una plegaria mal hecha.



Asiento a la anciana. Neiatta podría aprender un poco de la cordialidad y respeto que muestra esta mujer. Miro hacia por donde la anciana quiere que bajemos, pero no me muevo. Miro de nuevo a Neiatta.





Con lo que sea, acepto bajar con la anciana.
#88
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Lady Midnight - 17 de Jul 2026, 13:15:40
Tras la jornada de descanso, aunque todavía se encuentra algo aturdido, los recuerdos empiezan a asentarse poco a poco. Difusos, con conversaciones a trozos, pero con una estructura y un orden. Los recuerdos de Iruz gritando "¡No la mires!", la muerte de Aránzazu en la plataforma y la carrera de Pau con las dos niñas, el Demonio de Fuego en un lugar imposible... y más. Algo más. Tras la desaparición del cordón umbral... ¿Bilbao? Sí, Bilbao. El cráter de Bilbao. El Carnaval de Almas. Iris. Recuerda la escena, pero las conversaciones todavía son un murmullo cercano al ruido blanco. Hay un combate, sí. Un combate del que se lleva un fragmento de metal. Y después magia y dolor. ¿Aya? ¿Invitia? Recuerda a la Estigma, con más claridad que el resto. Recuerda el orbe de Avaritia, mencionar el nombre de Noa y los gritos de Iris. Faltan detalles, sí. Pero empieza a entender por qué su mente no salía del Pozo: porque ni siquiera estaba en él, sino en otro sitio. En otro lugar... en otro tiempo.

Cita de: Maurick en 16 de Jul 2026, 15:19:29

El muchacho asiente mientras ella habla, con tranquilidad y comprensión.


Cita de: Maurick en 16 de Jul 2026, 15:19:29

Durante un instante, algo en su cabeza le hace dudar. Ana Mercedes parece tener un recuerdo claro, que además encaja con la reconstrucción de las escenas que el muchacho ha estado llevando a cabo. Él estuvo implicado, en un momento en el que ella era vulnerable, y eso le hace sentir incómodo. "No era yo", piensa rápidamente en su cabeza. "Seguramente fuese una ilusión generada por el Pozo, no hay nada que yo haya hecho por ti". Marcar una distancia sería fácil, igual que con Iruz cuando lo rechazó. Pero Ana Mercedes suena mucho más sincera. Honesta. Y eso es algo que el metis ha aprendido a apreciar. La Hija de Gaia necesita ayuda, y quizá él pueda aportar algo en su viaje.


Se hace el silencio, durante un segundo que se alarga en una mirada entre dos pares de ojos que empiezan a conocerse de verdad. Las palabras del Roc no lo interrumpen, sino que llegan en el momento exacto en el que empieza a ser necesario cambiar el foco de atención para que la mirada no se vuelva incómoda.

Cita de: Maurick en 16 de Jul 2026, 15:19:29


El muchacho mira al anciano, un instante al fragmento perennemente tibio, y lo guarda con cuidado después de la fugaz mirada de Ana Mercedes.


La frase no suena a disgusto, sino a aceptación forzosa. Como si de repente un árbol acabase de comprender que no puede evitar tener raíces, ramas y hojas.

Cita de: Maurick en 16 de Jul 2026, 15:19:29




Bruma Nocturna escucha el relato de la muchacha con calma y paciencia, apreciando cada silencio y respetando cada espacio. Cada palabra, cada comentario, hace que la conciencia de lo ocurrido en el cráter sea cada vez más clara. No recuerda nada sobre Indolence, pero sí el motivo por el que nada funcionaba.


Poco a poco, va recuperando la estabilidad y la energía. Enfocarse de nuevo en la tarea empuja a su cuerpo a seguir moviéndose, aunque todavía no sepa en qué dirección. Su atención reposa sobre Ana Mercedes, a la espera de una opinión sobre lo expuesto.
#89
Bruma Nocturna / Re:Episodio 3 — Indolence
Último mensaje por Maurick - 16 de Jul 2026, 15:19:29
Ana Mercedes sostiene la mirada de Bruma durante unos segundos. La seguridad con la que había hablado antes se resquebraja ahora que él le pide un plan.


Baja la vista hacia sus manos y se frota el pulgar contra los nudillos.


La Hija de Gaia respira hondo antes de volver a mirarte.


La dureza desaparece un instante de su rostro.


El Roc de la Cendra se acerca al fragmento sin tocarlo. Entrecierra los ojos y permanece inclinado sobre él más tiempo del necesario.


El anciano apoya las dos manos sobre la vara.


La preocupación apenas dura en su expresión. Después resopla y se endereza con dificultad.


Ana vuelve a mirar la pieza de metal, pero enseguida aparta los ojos.


Se acomoda en la silla, buscando las palabras.


Ana se inclina ligeramente hacia delante.


El silencio de la Masía se espesa alrededor del fragmento.


Ana deja que la información repose entre vosotros.

#90
Brisa del Sur / Re:Episodio 1 — Celestún
Último mensaje por Maurick - 16 de Jul 2026, 15:11:07
Ante la pregunta sobre la seguridad de Himitsu, la reina se ríe. No es una risa limpia: empieza en la garganta, sube demasiado rápido y se rompe en un sonido agudo, casi encantado consigo mismo. La reina se lleva una mano al pecho, inclina la cabeza hacia atrás y deja que la carcajada rebote contra la piedra húmeda, contra los canales negros, contra las conchas abiertas y los huesos incrustados en las paredes.


La risa vuelve a escapársele.


Neiatta se seca una lágrima inexistente con la punta de un dedo oscuro.


La anciana de la coraza abre la boca, con las manos nudosas tensas junto al pecho.


Neiatta levanta un dedo sin mirarla, y la vieja se calla. No porque no tenga nada que decir, sino porque sabe exactamente cuánto espacio le queda antes de cruzar una línea.


La palabra hace que la anciana se estremezca, y Neiatta lo nota. Sonríe más.


Himitsu no cambia de expresión, pero sus dedos se cierran con fuerza una sola vez. La luz azul del percebe sigue latiendo alrededor de ti, más baja que antes, como una marea contenida. No impide que varios hidrianos menores se aproximen a la Qualmi desde los lados de la sala. No son los mismos que cargaron contra ti. Estos avanzan con cuidado, la mirada baja, los cuerpos húmedos y deformes tensos bajo la luz extraña. Uno lleva una cuerda trenzada con algas negras. Otro, una pieza de hueso tallado.

Tocan a Himitsu, y ella no se resiste. Sólo gira la cabeza hacia ti.


Su voz sale baja, firme, sin dulzura añadida.


Los hidrianos la rodean. Durante un instante parece pequeña entre ellos, no porque sea frágil, sino por la decisión terrible de no moverse. Luego la conducen hacia una abertura lateral, medio oculta tras cortinas de algas negras y huesos colgantes. La caverna se la traga despacio: primero los hombros, luego el rostro, por último el brillo quieto de sus ojos. Después, ya no está.

Neiatta observa la escena desde el trono con aburrimiento estudiado, como si aquello no le interesara lo bastante como para concederle emoción. La anciana de la coraza se acerca a ti. No cruza la distancia del todo, y mantiene un respeto prudente por el fulgor azul que aún respira en torno al percebe. Sus ojos lechosos no te miran como los de la reina.

Su voz parece salir de una grieta.


La vieja traga salivay su caparazón cruje con un movimiento mínimo. Neiatta deja escapar un suspiro desde el trono.


La anciana no se vuelve hacia ella.


La frase va dirigida a ti: La sala sigue pendiente de cada palabra. Incluso los hidrianos que habían sido arrojados contra la roca se mantienen a distancia.
Los dedos de la vieja, nudosos, se juntan despacio, casi como una plegaria mal hecha.


Neiatta se reclina en el trono, apoyando la mejilla sobre una mano.


Su aburrimiento es una máscara demasiado bonita para ser casual.


La anciana de la coraza no responde a la provocación, sigue mirándote.

Detrás de ella, uno de los canales negros respira con un movimiento lento. El agua sube un poco por la piedra y vuelve a retirarse, dejando una línea brillante de sal. Al fondo de ese paso, la oscuridad no parece igual que la del océano por el que habéis llegado. Es más densa y más quieta, como si estuviera esperando.

La luz azul del percebe late una vez más contra tu cuerpo antes de desaparecer por completo. Neiatta mira desde su trono, aburrida y venenosa.

La anciana espera tu respuesta: puedes seguirla hacia la zona sumergida. O puedes exigir algo más antes de bajar.

¿Qué haces, Brisa del Sur?