Prólogo — Instalaciones D9

Iniciado por Maurick, 25 de Jul 2025, 23:53:42

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25 de Jul 2025, 23:53:42 Ultima modificación: 28 de Jul 2025, 11:22:02 por Maurick
Instalaciones subterráneas de la Fundación Nuevo Futuro, Banská Štiavnica, Eslovaquia

📅 Diciembre de 2004

La nieve cubría el pueblo como una mentira blanca. En la superficie, Banská Štiavnica parecía una ciudad detenida en el tiempo: casas barrocas, minas abandonadas, iglesias cerradas por restauración. Nadie imaginaba que bajo las galerías de sal y sílice, en el vientre de una montaña olvidada, aún latía una de las últimas cámaras activas del Proyecto Ícaro.

El módulo médico 4 estaba silencioso, salvo por el zumbido constante de los sensores de impulsos cerebrales. Arda —Iota en los registros— acababa de completar una sesión de evaluación cognitiva. Frente a él, una pantalla apagada aún conservaba el residuo térmico de un laberinto resuelto en tiempo récord.

La doctora Aya Kunter llevaba puesta la misma bata de los últimos tres días. Se movía con precisión mecánica, revisando gráficas y anotaciones sin levantar la mirada. Había aprendido a no hablarle como a un niño, pero tampoco como a un sujeto. Arda necesitaba espacio para fingir que elegía.


No esperaba respuesta. Arda nunca respondía a la primera.

Desde el sistema de ventilación, un silbido leve recorría los conductos. La montaña respiraba con ellos. Y Aya, por un segundo, desvió la mirada hacia el monitor cardíaco. No por preocupación. Sino por costumbre.

Porque cada día que Arda despertaba sin descomponerse, era un pequeño milagro. Y ninguno de ellos estaba autorizado a creer en los milagros.


Arda percibe una mueca de tristeza, algo que no parece estar bien.

28 de Jul 2025, 11:19:45 #1 Ultima modificación: 28 de Jul 2025, 11:21:56 por Maurick
La luz de los fluorescentes parpadeaba con un ritmo demasiado regular, como si imitara el pulso de una criatura sin alma. En el centro de la sala hexagonal, Karma —sujeto Ni en los informes— respiraba por la boca, con los nudillos ensangrentados y la camiseta de entrenamiento pegada al cuerpo por el sudor.

Frente a ella, un maniquí reforzado de polímero se balanceaba, deformado por los impactos. A su alrededor, cámaras ocultas documentaban cada golpe, cada pausa, cada mirada asesina dirigida al espejo unidireccional del fondo.

Un pitido agudo le indicó que debía detenerse. Otro técnico sin rostro tomó nota desde la sala de control.


Karma no respondió. Solo levantó el puño otra vez. El maniquí se inclinó hacia atrás como si supiera lo que iba a ocurrir. No lo hizo.

A través del cristal, un joven vestido con ropa civil observaba en silencio. Sherali Jouraev, asignado como cuidador auxiliar desde hacía tres meses, tenía una orden expresa de no interferir, pero había cruzado la línea muchas veces. Hoy dudaba.

La niña no había gritado, no había pedido nada. Solo estaba vacía. Y eso, para Sherali, era mucho peor que el dolor.

En la tablet del técnico jefe, un nuevo informe brillaba:

Citar«Ícaro Ni: respuesta física estable. Baja sociabilidad. Tendencia a la insubordinación. Presión intracraneal alterada por patrón cicatricial antiguo.
Nivel de amenaza latente: moderado.»

El pitido volvió a sonar. Fin de la sesión.

Karma no se movió. Su puño seguía en alto, temblando. Algo en su mirada estaba roto... pero no su voluntad.

Pasaron los segundos y Karma seguía con el puño en alto. Su cara no sé movía, pero sus ojos escudriñaban cada milímetro de aquella sala. Las luces blancas de aquel lugar marcaban aún más unas ojeras que no deberían estar ahí. No al menos en una cría de su edad.
Su respiración se fue atemperado, no era agitada por el esfuerzo, lo era por la rabia. El sudor comenzó a enfriar su cuerpo y bajó los brazos, después fueron los hombros. Cómo si hubiese salido de un trance, su gesto parecía suavizarse, aunque los ojos mantenían una agresividad subyacente.
Giró su cuerpo y anduvo despacio hacia la puerta. No necesitaba que nadie la explicase lo que iba ahora.
-Venga, sal ya - miró hacia el cristal, dirigiéndose a la persona que estaba detrás. Terminó la frase sonriendo un poco, aunque lo suficiente para disipar las ojeras y recuperar un brillo que estaba escondido - hoy íbamos a ver una película, esa que me dijiste que te gustaba tanto.
Al otro lado del cristal no sé escuchaba nada. Apenas unos latidos de corazón después, el silencio fue roto por el bronco sonido que anunciaba que la puerta se abría. Sin esperarse a qué lo hubiese del todo, Karma echó a correr, dió una palmada a la puerta y flexionando sus piernas, saltó en horizontal hasta aterrizar en los brazos del científico. Él correspondió al abrazo y sonrieron.

Cita de: minwiki en 28 de Jul 2025, 20:25:15Pasaron los segundos y Karma seguía con el puño en alto. Su cara no sé movía, pero sus ojos escudriñaban cada milímetro de aquella sala. Las luces blancas de aquel lugar marcaban aún más unas ojeras que no deberían estar ahí. No al menos en una cría de su edad.
Su respiración se fue atemperado, no era agitada por el esfuerzo, lo era por la rabia. El sudor comenzó a enfriar su cuerpo y bajó los brazos, después fueron los hombros. Cómo si hubiese salido de un trance, su gesto parecía suavizarse, aunque los ojos mantenían una agresividad subyacente.
Giró su cuerpo y anduvo despacio hacia la puerta. No necesitaba que nadie la explicase lo que iba ahora.
-Venga, sal ya - miró hacia el cristal, dirigiéndose a la persona que estaba detrás. Terminó la frase sonriendo un poco, aunque lo suficiente para disipar las ojeras y recuperar un brillo que estaba escondido - hoy íbamos a ver una película, esa que me dijiste que te gustaba tanto.
Al otro lado del cristal no sé escuchaba nada. Apenas unos latidos de corazón después, el silencio fue roto por el bronco sonido que anunciaba que la puerta se abría. Sin esperarse a qué lo hubiese del todo, Karma echó a correr, dió una palmada a la puerta y flexionando sus piernas, saltó en horizontal hasta aterrizar en los brazos del científico. Él correspondió al abrazo y sonrieron.

Sherali la recibió con los brazos abiertos, aunque el impacto del salto lo tambaleó un poco. No dijo nada al principio; simplemente sostuvo a Karma unos segundos, respirando con ella, como si el gesto bastara para apaciguar cualquier tormenta. Luego le pasó la mano por la espalda de forma distraída, bajando lentamente hasta que la niña apoyó la frente en su hombro. Cuando finalmente habló, su voz sonó como una orden suavizada por la costumbre:


Karma no respondió, pero se aferró con más fuerza un instante antes de dejarse caer de los brazos. Se limpió la cara con la manga, recuperando esa expresión seca que reservaba para los demás. Sherali le revolvió el pelo como si no la hubiese visto endurecerse, como si supiera que, en el fondo, aún seguía escuchando.


Y sin esperar respuesta, abrió la siguiente puerta. El pasillo hacia la sala de resonancia olía a ozono y desinfectante. Iota les esperaba al otro lado.

La puerta de observación se cerró con un chasquido hidráulico. Karma se quedó en el pasillo, con la espalda pegada a la pared y los brazos cruzados, como si el simple hecho de estar quieta fuese ya una forma de resistencia.

Dentro del módulo médico 4, Aya Kunter no levantó la vista del monitor. Sus dedos se desplazaban por la interfaz con precisión clínica, como si cada gráfica fuera más real que las personas que evaluaba.

Sherali no se acercó hasta que ella pulsó el último comando.





Aya finalmente giró la cabeza. Sus gafas estaban torcidas sobre el tabique nasal, y su coleta empezaba a deshacerse. Aun así, su expresión seguía siendo impecable.



Aya sostuvo la mirada un segundo más. Luego bajó la vista al historial en la tableta.





Aya asintió lentamente, como si eso bastara. Luego, en un tono más bajo.


Sherali tardó un momento en responder.


Ella sonrió, apenas.


Hubo una pausa. Aya devolvió la atención a la pantalla.




Sherali ya se iba, pero asintió de espaldas, como si esa respuesta fuera lo más parecido a un "sí" que podía permitirse.



Ahora vosotros, Iota y Ni, podéis interactuar si es que queréis. Estáis en una base subterránea cerrada, de investigación. Los pasillos son grises y fríos, iluminados con tenues luces de colores azules o amarillos, apagados. En vuestro tiempo libre, tenéis una sala de juegos, una televisión con un VHS con varias películas y una modesta biblioteca. A pesar de que no podéis salir al exterior, y aún no os han enviado a misiones reales, tenéis cierta libertad en vuestro encierro bajo tierra.

31 de Jul 2025, 20:30:04 #5 Ultima modificación: 01 de Ago 2025, 22:23:54 por Maurick
Cita de: Maurick en 30 de Jul 2025, 00:13:36Ahora vosotros, Iota y Ni, podéis interactuar si es que queréis. Estáis en una base subterránea cerrada, de investigación. Los pasillos son grises y fríos, iluminados con tenues luces de colores azules o amarillos, apagados. En vuestro tiempo libre, tenéis una sala de juegos, una televisión con un VHS con varias películas y una modesta biblioteca. A pesar de que no podéis salir al exterior, y aún no os han enviado a misiones reales, tenéis cierta libertad en vuestro encierro bajo tierra.

Karma se quedó mirando la sala. Escudriñó todo lo que podía haber a su alrededor, nada que la llamase la atención.

Frente a ella estaba ese crío escuchimizado con cara de pena. Le daba bastante rabia, no sabía explicar por qué. Quizás porque era tan o más reservado que ella. No le gustaba la gente así, le recordaban a ella misma. No quería verse con más gente como ella.
-¿Vas a venir luego a ver la película? - pese a todo le invitó a venir. Al menos no era como los otros chicos y chicas que había conocido, Iota no se metía con ella, tampoco hablaba mucho - iré a ver si encuentro la que le gusta a Sherali. Puedes venir.

Se arrepintió de la oferta, pero pensó que a Sherali le gustaría que lo hubiese hecho, así que al fin y al cabo, se sintió, bien, aunque un poco contrariada.

-Bueno, voy a pegarme una ducha - la ropa sudada se le empezó a pegar en la espalda y un olor acre subia de sus brazos - tú haz lo que quieras.

Comenzó a andar y pasó a su lado, al no hacer ademán de apartarse, sus hombros chocaron. No sé giró a ver qué había pasado con Iota. Siguió andando y cruzó la puerta.

Al salir de la sala y encontrarse en el enorme pasillo sintió una pequeña oleada de frío, no por la temperatura, sino por lo desangelado de aquel lugar. Tocó la pared, no transmitía frío, pero era como el color, gris, neutro, aséptico, aunque con un ligero toque decadente. Quizás en otro momento esos pasillos brillaron. Ahora era un sitio triste y húmedo.

Caminó junto a la pared, sin apartar los dedos, que recorrían junto a ella el pasillo. Pasó tras varias puertas hasta que llegó al dormitorio. Del armario sacó la ropa, del mismo color que la que llevaba puesta, como el resto de su vestuario. Gris. Aunque al menos esa olía bien. Le recordaba al color del cielo en las mañanas de verano, azul y pequeñas nubes que de vez en cuando tapaban el sol para dar un respiro del sofocante calor. Golpeó la pared con la mano. Sintió rabia. Hacia mucho que no veía el Sol. No sabía que lo echaba de menos.

-Quizas si se lo digo a Sheri... Podamos salir fuera un rato - se dijo para si, esperando que nadie la escuchase.

Cogió la ropa y fue al vestuario. La ducha la despejó la mente y casi la hizo olvidar el ansia por subir a la superficie.

Mientras se secaba el pelo y se miraba al espejo, pensó que al menos hoy tocaba ver una película. Después de lo pediría a Sherali.


📍 Instalaciones subterráneas, módulo de recreación | Diciembre de 2004 – noche

Las luces del pasillo parpadeaban como si pestañearan con pereza. Karma caminaba con la cabeza baja, sujetando la camiseta seca por los extremos, casi como si llevara algo frágil. Aún olía a jabón industrial, pero la humedad ya empezaba a pegarse a su cuello otra vez. Daba igual lo que hiciera. Ese lugar siempre acababa encontrando cómo colarse bajo la piel.

Sherali no estaba en el comedor, ni en el punto de control. «Quizás se ha dormido», pensó, aunque sabía que no era verdad. Él nunca dormía cuando ella lo hacía.

El módulo de recreación estaba a oscuras. Solo una lámpara de plasma vieja lanzaba destellos azulados desde una esquina. En el centro, sobre una mesa plegable, descansaba el viejo reproductor de DVD que los técnicos usaban a veces para "estimulación audiovisual relajante".

Un post-it arrugado estaba pegado en la pantalla. En letra torpe, con rotulador negro:

«Rebobinada. Lista para la proyección. —S.»

Karma lo retiró sin sonreír, pero lo guardó en el bolsillo.

Encendió el proyector. La película empezó en silencio, una de esas viejas de ciencia ficción, con trajes plateados y maquetas que parecían juguetes. Sherali decía que eran las mejores porque no fingían ser reales.

Karma se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas, abrazando sus rodillas. A su lado, una segunda silla vacía seguía colocada, como si alguien más tuviera que llegar. Quizá Iota. Quizá nadie.

Durante unos minutos, solo se escuchaban los zumbidos del proyector y las voces dobladas de actores muertos hace décadas.

Pero Karma no veía la película. Solo el reflejo azul en la silla vacía. Y el sonido de fondo de una montaña viva, esperando.

Cita de: Maurick en 03 de Ago 2025, 17:08:33📍 Instalaciones subterráneas, módulo de recreación | Diciembre de 2004 – noche

Las luces del pasillo parpadeaban como si pestañearan con pereza. Karma caminaba con la cabeza baja, sujetando la camiseta seca por los extremos, casi como si llevara algo frágil. Aún olía a jabón industrial, pero la humedad ya empezaba a pegarse a su cuello otra vez. Daba igual lo que hiciera. Ese lugar siempre acababa encontrando cómo colarse bajo la piel.

Sherali no estaba en el comedor, ni en el punto de control. «Quizás se ha dormido», pensó, aunque sabía que no era verdad. Él nunca dormía cuando ella lo hacía.

El módulo de recreación estaba a oscuras. Solo una lámpara de plasma vieja lanzaba destellos azulados desde una esquina. En el centro, sobre una mesa plegable, descansaba el viejo reproductor de DVD que los técnicos usaban a veces para "estimulación audiovisual relajante".

Un post-it arrugado estaba pegado en la pantalla. En letra torpe, con rotulador negro:

«Rebobinada. Lista para la proyección. —S.»

Karma lo retiró sin sonreír, pero lo guardó en el bolsillo.

Encendió el proyector. La película empezó en silencio, una de esas viejas de ciencia ficción, con trajes plateados y maquetas que parecían juguetes. Sherali decía que eran las mejores porque no fingían ser reales.

Karma se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas, abrazando sus rodillas. A su lado, una segunda silla vacía seguía colocada, como si alguien más tuviera que llegar. Quizá Iota. Quizá nadie.

Durante unos minutos, solo se escuchaban los zumbidos del proyector y las voces dobladas de actores muertos hace décadas.

Pero Karma no veía la película. Solo el reflejo azul en la silla vacía. Y el sonido de fondo de una montaña viva, esperando.

La película transcurría lentamente, su mente también. No podía centrar su atención en la televisión, tampoco en un lugar concreto de su cabeza.
Cómo si de una película se tratase, se imaginó fuera de aquel lugar, ya lo había estado antes, pero se imaginó con Sheri. Y sin aquellas pruebas, aunque tampoco sabía qué tipo de vida llevaría.

-¿Qué hace la gente normal?¿También viven escondidos? - seguía agarrando sus rodillas con un abrazo. No supo cómo, pero había pronunciado esas palabras en alto.

Sintió vergüenza y se tapó la boca. Un instante después el rubor de sus mejillas pasó a sus sienes.

-Tendre que averiguarlo.

Se levantó y salió de la habitación. Los personajes de la película parecían en apuros, pero eso a ella le daba igual, quizás en el exterior podría ver la película, o no.

El pasillo estaba en silencio, con la mirada recorrió los dos lados. La salida por la que la llevaban no debía estar lejos, apenas daba cuatro centenares de pasos antes de entrar en el montacargas, siempre con los ojos vendados. Volvió a la habitación, desde ahí trataría de hacer el recorrido. Se colocó en la puerta y cerró los ojos.

Los demás sentidos de agudizaron. Escuchaba los sistemas de ventilación. Las tuberías transportando agua. La vibración de las luces.

-No va a ser tan difícil.

Cita de: Maurick en 25 de Jul 2025, 23:53:42Arda percibe una mueca de tristeza, algo que no parece estar bien.
Arda miraba con firmeza a la doctora hunter siguiéndola en todos sus movimientos. No solía responder al instante a las preguntas sino que evaluaba en su mente las posibles respuestas. La doctora es médica necesita síntomas para emitir un diagnóstico como un oraculos necesita datos para emitir una predicción.
"Los sueños los crea el cerebelo en base a lo que nos preocupa y nos impacta. Quizás de pequeño presencie un incendio o casi me ahogue." Responde con los ojos perdidos en el infinito y un tono monótono como a una pregunta en clase sobre algo que conoce de sobra. - " Nah. No lo recuerdo. Lo siento." Niega con la cabeza. "Curioso. Al fuego se le asocia al caos y el agua a la calma. Y por lo general analizo mejor estando calmado. ¿Sugieres que debo ser más impetuoso e insoportable para ser mejor" y le sonríe de forma burlona para levantarse de un salto de la silla donde se encontraba.

"Tranquila, teyze. Va a salir bien. Los resultados son cada vez mejores y me niego a pensar que todos los demás están a mi nivel. Sospecho de un par que sí y aunque no te diré sus nombres, podemos apostar ahora sobre los resultados finales. Formamos un gran equipo"

Teyze. Tía. Destiny no le permite esos apegos a Arda pero Aya Hunter es diferente con el chico.

Arda es testigo mudo de la conversación de las dos científicas que ignoran su presencia aunque sea parte de ella. Así es como deben sentirse los ratones de laboratorio pensó Arda.
Luego escuchó el ofrecimiento de Ni pero la ignoró como si no estuviera hasta que escuchó como se marchaba enfadada por su desdén. No tenía especial manía a Ni aunque fuera rival pero ahora era el blanco de la ira de Iota por ser ignorado. Incordiar a Ni era un juego del que sabía que se aburriría pronto.
"Aquel que te altera, te controla" le enseñó Destiny y era verdad.

Lo cierto es que las películas no le llamaban la atención y solo las dedicaba el tiempo que era necesario para las pruebas. De hecho había notado que si había una profesión que odiaba era la de actor: ganarse el dinero engañando y fingiendo ser otra persona.
Cómo tenía tiempo libre decidió ir a la biblioteca aunque ya se había leído todos los libros, algunos varias veces.
Así que salió al pasillo silenciosamente y lo atravesó lentamente extendiendo sus sentidos. Era capaz de predecir los zumbidos de los flúores justo cuando tenían lugar. Patrones, teyze, patrones.

Llegó a la pequeña sala que hacía funciones de biblioteca. Y mientras recorría con los dedos los lomos de los viejos y usados libros, se dio cuenta de que cada libro cuenta una historia y tiene su historia. Otro de los juegos de Iota es imaginar quién había leído antes esos volúmenes. Cada mancha , arruga en las páginas, los olores a tabaco o perfume, ...
Inconscientemente consciente se detiene en su favorito.
Las mil y una noches.
Le asombraba y envidiaba la capacidad de Scherezade para tener en vilo al sultán noche tras noche para poder mantenerse así con vida.

¿Tendrá Iota que inventarse historias para el proyecto para poder mantenerse con vida también?

La luz del pasillo era tenue, filtrada por el polvo que flotaba en el aire como una niebla persistente. A esa hora, las cámaras no grababan más que en bucle sobreescrito, y el eco de las pisadas era el único sonido que rompía la monotonía de los tubos fluorescentes zumbando.

Karma caminaba con paso sigiloso, guiándose por la memoria y el eco de los conductos. Había perdido la cuenta de los pasos. Sabía que no iba a encontrar la salida real —aún no—, pero le bastaba con comprobar si estaba donde creía estar.

Una sombra se proyectó desde la intersección del pasillo.


Sherali Jouraev apareció con una tablet gruesa en la mano y el ceño más relajado de lo habitual. No llevaba bata ni uniforme de técnico. Solo un jersey gris con el logo apenas visible de la Fundación. Parecía más joven así. Menos parte del sistema.

Karma giró la cabeza con lentitud, sin detener el paso, como si evaluara si correr valía la pena.


Ella bajó la mirada apenas un segundo.


Karma masculló algo que no se escuchó y, tras unos segundos, giró sobre sus talones.



La biblioteca estaba casi vacía. Los estantes cubiertos por libros con etiquetas borradas y títulos que no pertenecían a ninguna categoría oficial. El aire olía a papel húmedo y ozono viejo.

Iota estaba de pie, con un tomo abierto en las manos. Las mil y una noches. No parecía haberlos notado al entrar, o quizá sí. Estaba leyendo en voz alta para sí, con un ritmo casi hipnótico. Scherezade hablaba al oído del sultán, tejiendo su propia salvación una noche más.

Sherali se detuvo a mitad de la sala, entre los dos niños.


Karma alzó una ceja. Iota no alzó la vista.

Sherali se pasó la mano por la cara. Luego habló más bajo.


El silencio lo envolvió unos segundos. Luego lo rompió con un murmullo entre dientes, como si se reprochara haber dicho demasiado.


Volvió a callarse. El final de su frase quedó colgando en el aire, más pesado que cualquier confesión. Ni lo miraba fijamente. Iota mantenía el libro abierto, pero había dejado de leer.

Sherali se giró y se apoyó contra uno de los estantes bajos.


La amenaza era tan absurda que por un instante pareció real.

Luego, con una sonrisa cansada, salió de la biblioteca y cerró la puerta tras de sí. Del otro lado, el zumbido del generador bajó un poco. Como si incluso las entrañas del laboratorio empezaran a entender que el Proyecto Ícaro había dejado de importar.

Y solo quedaban ellos.

Cita de: Maurick en 04 de Ago 2025, 13:12:46La luz del pasillo era tenue, filtrada por el polvo que flotaba en el aire como una niebla persistente. A esa hora, las cámaras no grababan más que en bucle sobreescrito, y el eco de las pisadas era el único sonido que rompía la monotonía de los tubos fluorescentes zumbando.

Karma caminaba con paso sigiloso, guiándose por la memoria y el eco de los conductos. Había perdido la cuenta de los pasos. Sabía que no iba a encontrar la salida real —aún no—, pero le bastaba con comprobar si estaba donde creía estar.

Una sombra se proyectó desde la intersección del pasillo.


Sherali Jouraev apareció con una tablet gruesa en la mano y el ceño más relajado de lo habitual. No llevaba bata ni uniforme de técnico. Solo un jersey gris con el logo apenas visible de la Fundación. Parecía más joven así. Menos parte del sistema.

Karma giró la cabeza con lentitud, sin detener el paso, como si evaluara si correr valía la pena.


Ella bajó la mirada apenas un segundo.


Karma masculló algo que no se escuchó y, tras unos segundos, giró sobre sus talones.



La biblioteca estaba casi vacía. Los estantes cubiertos por libros con etiquetas borradas y títulos que no pertenecían a ninguna categoría oficial. El aire olía a papel húmedo y ozono viejo.

Iota estaba de pie, con un tomo abierto en las manos. Las mil y una noches. No parecía haberlos notado al entrar, o quizá sí. Estaba leyendo en voz alta para sí, con un ritmo casi hipnótico. Scherezade hablaba al oído del sultán, tejiendo su propia salvación una noche más.

Sherali se detuvo a mitad de la sala, entre los dos niños.


Karma alzó una ceja. Iota no alzó la vista.

Sherali se pasó la mano por la cara. Luego habló más bajo.


El silencio lo envolvió unos segundos. Luego lo rompió con un murmullo entre dientes, como si se reprochara haber dicho demasiado.


Volvió a callarse. El final de su frase quedó colgando en el aire, más pesado que cualquier confesión. Ni lo miraba fijamente. Iota mantenía el libro abierto, pero había dejado de leer.

Sherali se giró y se apoyó contra uno de los estantes bajos.


La amenaza era tan absurda que por un instante pareció real.

Luego, con una sonrisa cansada, salió de la biblioteca y cerró la puerta tras de sí. Del otro lado, el zumbido del generador bajó un poco. Como si incluso las entrañas del laboratorio empezaran a entender que el Proyecto Ícaro había dejado de importar.

Y solo quedaban ellos.

Karma miraba a aquel chico escuchimizado. Quería tratar de impresionarle, pero ya se conocían lo suficiente, los roles ya los habían repartido, ambos habían perdido.
Se acercó a una de las mesas, agarró una silla del respaldo y se sentó en el borde, tímida.
Aquella premonición de Sheri le había removido. ¿Qué significaba que no iba a haber más sesiones?¿Cuál era el siguiente paso? Había habido otros chicos y chicas, todos los que se iban ya no volvían. Pero no sabía cuál era su destino. Sintió miedo, quería salir de allí, pero... ¿Y si la alternativa eran más pruebas, pero está vez sola?. Quiso quitarse esos pensamientos de la cabeza y miró a Iota. Tenía la mirada preocupada, ansiosa.

-¿Por qué no has venido a ver la película? Sabes, intentaba ser amable, creo que tendrías que haber venido - sin quererlo su voz sonó infantil. Frunció el ceño y continuó, tratando de agravar la voz - tu mismo...

No dejó que respondiese.

-¿A qué crees que se ha referido Sheri?, Sherali...

Necesitaba compartir sus dudas y solo estaba Iota para ello. Quizás él sabría algo, se llevaba bien con la doctora, y la doctora era la jefa, o al menos mandaba a Sherali.


06 de Ago 2025, 13:37:16 #12 Ultima modificación: 08 de Ago 2025, 11:56:41 por greatkithain
Arda lanza una mirada desafiante a Sherali cuando es interrumpido en su lectura pero no dice nada y solo cierra el libro y lo deja en el suelo y asiente con la cabeza a la sugerencia del adulto
 Cuando Sherali cierra la puerta tras su paso, Iota se queda mirando fijamente a la pared opuesta donde sabe que están las cámaras que registran que libros cogen o desechan.

Ratas de laboratorio. Recuerda que somos solo ratas de laboratorio.

Y se preguntó si Sherali habría ido corriendo a la sala de vigilancia para estudiar nuestras interacciones en directo , o si se iría a la cama y ya revisaría mañana las grabaciones. Sabe lo que Aya haría en su lugar.

Aunque pareciera que no hubiera escuchado las palabras de Ni, si lo había hecho y no quería enfadarla más y estar escuchando sus resoplidos y gruñidos por lo que la respondió sin quitar la mirada de la pared.

-" Perdona por lo de antes, Ni. Es que no me gustan las películas, solo los dibujos animados... Y respecto a lo que ha dicho Sherali, bueno. No quiero alamarte pero el apremio y la preocupación está creciendo en el ambiente. También en Aya. Como si hubiera más consecuencias que la falta de dinero para poder continuar las pruebas."

Y giro la cabeza para mirar directamente a los ojos de Ni
- Supongo que Destiny tiene más información. Otra cosa es que quiera compartirla con ...- En su cabeza sonó "las ratas de laboratorio" pero de su boca salió un sucinto- Nosotros.

No quería seguir con este tema porque solo podría hacer suposiciones con lo que cambió rápidamente.

- ¿Tú tampoco tienes sueño ahora, verdad?. Al principio pensé que la falta del sol como referencia y toda esta luz artificial nos hacía tener los hábitos de sueño cambiados pero es algo más. Noto como si fuera un animal nocturno en el que todos mis instintos y atención son mejores por la noche que por el día.

Al terminar de hablar intentó forzar una sonrisa aún sabiendo que lo más normal es que su compañera notara que era forzada. -¿Te pasa a ti también?

Sintió un escalofrío. Hablaba como el hielo. Le dió miedo, pero a la vez sabía que tenía razón.

-No se que hora es, duermo cuando estoy cansada, después de los ejercicios. ¿Sabes?, me gustaría ver la luz del Sol, ¿hace cuanto no la ves tú?...

Se dió cuenta que allí no podían medir por días u horas, sino en ejercicios o rutinas.

-Perdón, no quería decir días, ya sabes...  Por cierto, que es eso de que no hay dinero. ¿En qué nos puede afectar a nosotros? Al final y al cabo somos niños...

La idea que tenía antes de salir de allí ya no le pareció tan buena. Lo que ahora tenía no era perfecto, pero al menos era más de lo que había conseguido hasta llegar allí. ¿Qué pasaría con ellos?

Sintió un escalofrío, se encogió y se abrazó el cuerpo.

08 de Ago 2025, 11:53:23 #14 Ultima modificación: 08 de Ago 2025, 12:04:16 por greatkithain
Iota escuchaba con atención las explicaciones de Ni. No había hablado prácticamente con otros chicos del proyecto y Aya le había inculcado competitividad con ellos pero ahora pensaba que igual lo hacía también para protegerle ante la posible muerte de alguien con quien se pudiera encariñar.

- No llevo la cuenta de los días - Mintió. - pero más que el sol lo que más echo de menos es el Mar. Recuerdo la primera vez que lo vi y también la primera vez que me bañe en Esmirna. Que bien me sentía meciéndome en las olas... Pero luego ya no me dejaban bañarme.

"Al final y al cabo somos niños".

Su mente repitió la frase varias veces y se llenó de flashes de recuerdos:bebiendo de esa bolsa de sangre (primero con asco, después con gusto), de la sala de entrenamientos y esa magia (a falta de otra palabra) que realizaban contra los maniquíes , de esas alucinaciones imposibles, de ese comportamiento de depredador que a veces dominaba su cuerpo.

Siempre le había parecido Ni como uno de esos héroes fantasticos de los que
le hablaba Scherezade al Sultán: fieros, fuertes, graciles  y decididos. Pero ahora su compañera parecía desvalida y pequeña como un cachorro perdido.

Tragando saliva, dijo pausadamente unas palabras
- No se lo que somos, pero desde luego no somos niños. Ya no

Y extendiendo lentamente su brazo, como con miedo lo puso suavemente encima de uno de los brazos con los que Ni se abrazaba en un intento torpe de caricia tan necesitada por los dos jóvenes.