Episodio 2 — Bilbao

Iniciado por Maurick, 01 de Mar 2026, 11:29:46

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06 de Abr 2026, 01:06:54 #15 Ultima modificación: 06 de Abr 2026, 14:12:10 por Maurick
Tu pregunta queda un instante en el aire, mezclada con el olor del café y la pólvora vieja de la noche anterior. Semyon no responde enseguida. Se queda mirándote con esa quietud suya que no tiene nada de calma. Tiene los hombros rectos, las manos apoyadas sobre la mesa y la expresión de quien ya venía cansado antes de sentarse.


No alza la voz. No le hace falta. La frase cae seca, cortante, con la precisión desagradable de un cuchillo bien afilado. Su mirada no se aparta de ti mientras hablas de contactos, de traiciones y de molestias. Luego se recuesta apenas en la silla y deja escapar una respiración corta por la nariz, más cerca del fastidio que de la burla.


La cocina vuelve a quedarse en silencio. La cafetera ya se ha apagado. Afuera, detrás de la ventana, la mañana sigue avanzando sobre Torrelavega con esa luz blanquecina que no termina de despertar del todo a nadie. Kara carraspea antes de hablar. Ha estado callada hasta ahora, con los codos sobre las rodillas y las manos entrelazadas, mirando un punto fijo de la mesa como si ahí pudiera encontrar algo más sólido que su propia noche. Alza la vista hacia ti. Tiene la voz más áspera que de costumbre.


No lo dice con entusiasmo ni con dureza teatral. Lo dice como quien repite una instrucción que ya se ha tragado por dentro y no tiene intención de discutir. Semyon la observa un segundo. Luego sonríe. Apenas. Lo justo para que se note que esa respuesta le sirve.


Se ajusta la chaqueta con un gesto automático y os mira a los tres como si ya os hubiera descontado de la estancia, de la mañana y casi del resto del día.


La orden basta para que Kara se levante la primera, obediente. El movimiento le cuesta más de lo que le gustaría admitir, pero no deja que se le vea más de la cuenta. Vytalian la sigue con esa pesadez suya de oso mal dormido. Tú recoges tus cosas, el café ya medio frío, la pistola limpia, el humo suspendido en la cocina como si también él dudara en moverse. No habláis mucho al salir del piso franco, los pasos por el pasillo suenan huecos. La puerta se cierra a vuestra espalda con un golpe seco. Durante unos segundos solo hay el roce de la ropa, la respiración todavía cargada de tabaco y el eco de la misión recién puesta sobre la mesa. Es Vytalian quien rompe el silencio, te mira de lado mientras bajáis, con la boca torcida y el cansancio pegado a los ojos. Lleva la rabia metida tan abajo que casi parece pereza.


Te lo deja al lado, con una sinceridad fea y bastante humana. Se pasa una mano por la nuca, aprieta los dedos un momento y escupe el resto con voz ronca.


Kara no interviene. Sigue andando un paso por delante, rígida, con la espalda tensa y la cabeza demasiado quieta. No parece querer mediar. Tampoco parece estar del todo en otra parte. Solo escucha, arrastrando el peso de todo lo de ayer y de todo lo que viene. Llegáis al garaje, dónde podéis ver los dos coches que tenéis para esta misión. La rusa observa el vehículo, aún lleno de suciedad de la persecución de antes de ayer, con varios golpes en la carrocería. Se sube al asiento del conductor.


El motor del vehículo arranca, y dejáis atrás el edificio de la Urbanización Calagua. El aire de la mañana se cuela por la ventanilla. Huele a humedad, a gasolina y a piedra mojada.

21 de Abr 2026, 18:14:21 #16 Ultima modificación: 21 de Abr 2026, 18:42:37 por Mark
No añado nada más, me limito a escuchar y asentir en silencio cuando corresponda. El momento de las puyas ya terminó.

Cita de: Maurick en 06 de Abr 2026, 01:06:54
Te lo deja al lado, con una sinceridad fea y bastante humana. Se pasa una mano por la nuca, aprieta los dedos un momento y escupe el resto con voz ronca.


Me paro unos instantes ante su comentario, frente al magullado coche.

-Donde tú ves un castigo, yo veo una nueva oportunidad para cumplir con nuestro deber -me giro hacia él, tranquilo, sin sentirme ofendido- no se qué habréis estado hablando durante esta noche, pero no nos están castigando -me saco un cigarro y ofrezco otro a Vytalian, me lo enciendo igualmente- la situación en la que nos encontrábamos era una encerrona... tener que investigar un suceso dramático, en una tierra donde hasta las piedras nos repudian, con un presunto aliado como culpable entre las sombras... da gracias a Gaia porque mantengamos la cabeza pegada a nuestros hombros... -doy una calada y expulso el humo por las fosas nasales- con las ganas que nuestros jefes tienen al bueno de Johnny ¿crees que nos encargarían esta misión si nos vieran como unos incompetentes? -doy otra calada y tiro el cigarro antes de subir a la parte de atrás del coche- piénsalo...

Observo el dossier y sin decir nada más hasta terminar de leerlo en nuestro viaje hasta Bilbao, voy analizando el documento y procesando la información.

-¿Y esta mujer qué pinta en la ecuación? -digo una vez he terminado de analizar la información- A primera vista, es la psicóloga perfecta. Viene de Bucarest, tiene esa calma que te hace querer contarle hasta lo que desayunaste... y ahí es donde viene el problema. No es Garou, ni humana. Es una Ananasi. Una maldita araña que ha cambiado las telas de seda por un diván en el túmulo Viento de Acero -voy pasando las hojas a medida que continúo, repasando la información por encima- Su perfil psicológico es de manual de sociopatía: no tiene vínculos, no tiene lealtad y eliminó a sus propia parentela sin que le temblara el pulso. No está aquí para ayudarnos con el estrés post-traumático de la guerra contra el Wyrm; está aquí para mapear nuestras grietas mentales.

Me pauso unos instantes antes de continuar, buscando cruzar la mirada con alguno de mis compañeros a través del retrovisor.

-El "Anillo Carmesí"... -vuelvo con la lectura y explicación- Aquí es donde la cosa se pone técnica. Según los datos que he leído, Parhon no opera sola. Está bajo el control de lo que llaman la "Serie Carmesí". Lleva un artefacto, un anillo, que la mantiene monitorizada y filtrando datos en tiempo real. Ella cree que es libre, pero es un activo controlado. Todo lo que se la diga en "confidencialidad" termina en un servidor de alguna facción que nos querrá disecados.

Vuelvo a hacer una pausa antes de continuar.

-En líneas generales, la "Doctora" Parhon tiene acceso total a: la evaluación de los cachorros tras su Primer Cambio, marcándolos antes de que sepan quiénes son); las debilidades de los veteranos, sabiendo qué botón pulsar para que entren en frenesí en el peor momento; así como la ubicación exacta y las rutas de acceso de Viento de Acero -suspiro- en definitiva, su influencia y control en el Viento de Acero es muy alta, pudiendo resultar un auténtico problema...

Miro por la ventanilla para ver un poco el paisaje gris que parece no acabar nunca.

-Por lo visto, tiene a una tal Veronica Rogers en el punto de mira. La ha marcado como "Objetivo Primario de Eliminación". Si esa araña quiere ver muerta a Rogers, es porque Rogers ha visto algo que los nuestros han podido pasar por alto...

Suspiro y dejo el dossier en el asiento de al lado.

-En el presunto de que tuviera que dar órdenes de campo a un grupo de agentes y con la ausencia de contexto al que ya me tenéis últimamente acostumbrado... la forma de afrontar a este sujeto sería a través de vigilancia silenciosa, pues no podríamos simplemente "limpiar" el problema, ya que si la atacamos de frente, el "Anillo Carmesí" podría enviar un protocolo de autodestrucción o exponer todo el túmulo. Además, me inclinaría por localizar a Rogers: necesitaríamos encontrar a Verónica antes de que los controladores de Parhon decidieran que es hora de "cerrar el expediente". En definitiva, deberíamos tener cautela, pues esta tipa no pelea con garras, pelea con secretos y, en este trabajo, un secreto bien colocado te mata más rápido que una bala de plata.

Me reclino en el asiento, tengo la espalda algo dolorida por haber mantenido la misma posición durante la lectura del informe y la exposición de mi análisis.

-¿Podéis darme más información o simplemente Semyon os lanzó el informe al asiento de atrás del coche y os dio un "buena suerte" a modo de pago?

23 de Abr 2026, 13:22:25 #17 Ultima modificación: 28 de Jul 2026, 12:43:54 por Maurick
El coche se traga la carretera con un zumbido constante, y durante un buen rato sólo se oye el motor, el roce del aire por la ventanilla y el papel del dossier entre tus manos. Vytalian aguanta en el asiento del copiloto con el hombro pegado a la puerta y la cabeza girada a medias hacia la carretera. Kara conduce con las dos manos fijas en el volante, la mandíbula dura, los ojos clavados al frente. La luz gris de la mañana le cae de lado y le marca el cansancio bajo los párpados. Tu análisis se queda unos segundos flotando dentro del coche. Nadie lo interrumpe al principio. Luego Vytalian gira la cabeza despacio, te mira muy raro por el retrovisor y exhala por la nariz con una mueca de fastidio.


No levanta la voz. Tampoco se molesta en sonar agresivo. Lo suyo es otra cosa... cansancio con dientes. La carretera empieza a ondularse entre montes, y el paisaje va cerrándose poco a poco. Más verde. Más húmedo. También más estrecho. Al fondo ya se insinúan naves, grúas, chimeneas apagadas, una ría que todavía no ves pero que ya parece empujar el aire. Kara no aparta la vista del asfalto cuando habla.


El nombre del otro clan deja un poso extraño en el coche. No por nuevo, sino por lo que arrastra. El rumor del motor sigue debajo, como si quisiera taparlo. Vytalian se acomoda un poco en el asiento y suelta una risa seca, breve, de esas que no tienen nada de alegría.


No espera respuesta. La frase le sale como si llevara tiempo dándole vueltas y le diera igual si alguien se la compra o no. Kara tarda un poco en intervenir. Cuando lo hace, ya se ve Bilbao recortándose al fondo entre el verde, apretado dentro del valle como una ciudad a la que nunca dejaron crecer hacia los lados. Todo parece comprimido. Los árboles, las naves industriales, los bloques grises, los puentes, los accesos. Hasta la luz.

Cita de: Mark en 21 de Abr 2026, 18:14:21-En el presunto de que tuviera que dar órdenes de campo a un grupo de agentes y con la ausencia de contexto al que ya me tenéis últimamente acostumbrado... la forma de afrontar a este sujeto sería a través de vigilancia silenciosa, pues no podríamos simplemente "limpiar" el problema, ya que si la atacamos de frente, el "Anillo Carmesí" podría enviar un protocolo de autodestrucción o exponer todo el túmulo. Además, me inclinaría por localizar a Rogers: necesitaríamos encontrar a Verónica antes de que los controladores de Parhon decidieran que es hora de "cerrar el expediente". En definitiva, deberíamos tener cautela, pues esta tipa no pelea con garras, pelea con secretos y, en este trabajo, un secreto bien colocado te mata más rápido que una bala de plata.


Vytalian vuelve a reírse, esta vez algo más suelto. Se frota la barbilla y niega una vez con la cabeza.


Kara carraspea. No con brusquedad, pero sí con ese tono suyo que deja claro que una broma ha durado lo justo.


El ruso mira hacia atrás, buscando tu atención.


Kara carraspea.




Comarca de Bilbao — Centro Comercial Euskovereda

📅 27 de agosto de 2005, 11:35
 
La entrada a Bilbao os cae encima poco después. Primero el verde. Laderas húmedas, árboles espesos, hierba alta pegada a la carretera. Luego el valle se estrecha y todo cambia de golpe. El tejido industrial se mete entre los montes como una costra vieja: naves, depósitos, chimeneas, hierro, hormigón, vallas, pasos elevados. La ciudad aparece gris incluso cuando no debería serlo. Gris en los edificios, en la piedra, en el agua, en el cielo bajo. Una ciudad encajada a presión entre colinas y fábricas, con la sensación de llevar demasiado tiempo respirando humo mojado. El Euskovereda está a las afueras, grande, anodino, rodeado de coches y asfalto, con ese aire de lugar en el que la gente compra cosas para no pensar demasiado en el resto del día. Kara mete el vehículo en el aparcamiento sin decir nada. Encuentra un hueco cerca de una hilera de cristaleras y apaga el motor.

El silencio que queda dentro del coche pesa un segundo más de la cuenta. Vytalian sale primero. Se estira el cuello, observa la entrada principal, los accesos, la gente que entra y sale sin saber nada de lo que se mueve a su alrededor.


Kara ya está fuera también. El traje blanco que lleva parece recién sacado de la funda, perfecto, liso, caro. Le queda como si lo hubiera elegido alguien que entiende que una armadura también puede ser tela buena. El pelo rubio lo lleva bien cuidado, sujeto con una precisión que casi da más miedo que las heridas de ayer.


Vytalian localiza un espejo cerca de la entrada lateral, uno de esos paneles decorativos pegados a una columna. Se acerca, apoya una mano y desaparece al otro lado con la naturalidad desagradable del que ya ha hecho esto demasiadas veces. Entonces os quedáis a solas. Kara no habla enseguida. Se queda frente a ti, con un hombro algo vencido, respirando despacio. La gente sigue cruzando el aparcamiento a pocos metros, bolsas en la mano, niños arrastrando los pies, motores arrancando. Todo tan normal que casi da rabia. Cuando por fin levanta los ojos hacia ti, no hay dureza en ellos. Hay cansancio. Mucho. Y algo más que le cuesta sostener.


La frase no lleva alivio. Tampoco orgullo. Le sale como salen las cosas que una se ha repetido en silencio varias veces antes de atreverse a decirlas en voz alta. Luego calla. Y durante un instante sólo queda eso. El ruido lejano de un carrito golpeando un bordillo, el viento arrastrando olor a gasolina y a lluvia vieja, y Kara mirándote a los ojos con el peso de todo lo que ha pasado todavía encima del cuerpo.

Cita de: Mark en 21 de Abr 2026, 18:14:21-¿Podéis darme más información o simplemente Semyon os lanzó el informe al asiento de atrás del coche y os dio un "buena suerte" a modo de pago?


¿Qué vas a hacer, Mark?

Escucho las interlocuciones de mis compañeros, omitiendo la punzada de Vyt. Cuando corrigen dos de mis comentarios y vuelvo a repasar el dosier. Frunzo el ceño al darme cuenta de que he metido la pata por dos veces en mi análisis. Suspiro y miro por la ventanilla el gris paisaje. La falta de horas de sueño y el estrés me van pasando factura.

Una vez bajamos del coche, observo a Vytalian meterse en la Umbra y escucho el agradecimiento de Kara.

-Hice lo que pude con lo que teníamos... -me saco un cigarro y miro el edificio unos instantes- la ventana de oportunidad que se nos abrió era demasiado estrecha... -sonrío de medio lado y vuelvo la mirada hacia la rusa- Vytalian anda molesto ¿Y tú?¿Cómo lo llevas?

Suspira, realmente parece abrumada. El aspecto taciturno que presentaba antes poco a poco se derrumba, aunque intenta mantener la compostura. Traga saliva.

Cita de: Mark en 26 de Abr 2026, 19:04:22¿Cómo lo llevas?


Toma aire, como si el hecho de estar contando esto le doliese.



¿Qué le respondes, Mark? ¿O prefieres irte directamente a reunirte con el contacto? Tú decides.

Me toco el ceño y aprieto los ojos como si con ello fuese a relajar el dolor de cabeza que tengo tras tantos días y noches sin parar. Me saco un cigarro y me lo enciendo, dando una profunda calada y ofreciendo otro a mi compañera. Observo el edificio tras Kara unos instantes y vuelvo a dirigir la mirada hacia la rusa.

-Cuando sucedió todo lo de la reunión en la Media Luna y el atentado, mi instinto me decía que alguno de nuestros superiores tenía algo que ver... era demasiada coincidencia y demasiados intereses entremezclados... todo ello me generó suspicacia... -calo el cigarro- y en parte, no erraba... -me encojo de hombros- no fueron ni Terry ni Semyon, nuestros superiores directos, pero si fue Esteban... de ahí que viera que algo no cuadraba y mi desconfianza durante la misión...

Me pauso unos instantes y espero a que Kara quiera decir algo más al respecto.

-Con respecto a la nueva misión ¿Puedes aportarme algún detalle?¿Has llegado a conocer en persona a Valeria Parhon?¿Qué hicisteis anoche tantas horas Vytalian, Semyon y tú?¿Debo preocuparme de algo? -dejo de lanzarla preguntas y guardo silencio observándola, esperando respuestas.

Kara mira el cigarro que le ofreces. Durante un segundo parece que va a aceptarlo, más por tener algo entre los dedos que por ganas reales de fumar. Al final niega despacio con la cabeza. Tiene la espalda demasiado recta, el traje blanco demasiado limpio y los ojos demasiado cansados para que ninguna de esas cosas parezca casual.

Cita de: Mark en 10 de May 2026, 19:22:04Me saco un cigarro y me lo enciendo, dando una profunda calada y ofreciendo otro a mi compañera.


Aparta la mirada hacia la entrada del centro comercial. La gente sigue pasando a vuestro lado sin detenerse: parejas con bolsas, un padre tirando de un niño, una mujer hablando por el móvil con gesto de impaciencia. Todo normal. Todo insultantemente normal. Cuando vuelve a mirarte, ha recuperado parte de la compostura, pero no toda.

Cita de: Mark en 10 de May 2026, 19:22:04-Cuando sucedió todo lo de la reunión en la Media Luna y el atentado, mi instinto me decía que alguno de nuestros superiores tenía algo que ver... era demasiada coincidencia y demasiados intereses entremezclados... todo ello me generó suspicacia... -calo el cigarro- y en parte, no erraba... -me encojo de hombros- no fueron ni Terry ni Semyon, nuestros superiores directos, pero si fue Esteban... de ahí que viera que algo no cuadraba y mi desconfianza durante la misión...


No hay veneno en su voz. Hay cansancio. Una clase de cansancio que no nace sólo de no haber dormido. Cuando preguntas por la noche anterior, Kara respira hondo. No parece incómoda por la pregunta, sino por lo poco que puede sacar de ella sin mancharse más.


Cita de: Mark en 10 de May 2026, 19:22:04Con respecto a la nueva misión ¿Puedes aportarme algún detalle?¿Has llegado a conocer en persona a Valeria Parhon?

Mira a un lado y a otro. Notas que sus ojos se iluminan con un resplandor plateado durante un instante, casi imperceptible. Clava su mirada en tus ojos.


Una ráfaga de viento arrastra olor a gasolina y lluvia vieja desde el aparcamiento. Kara mira hacia las cristaleras de la entrada, como si estuviera calculando trayectorias, salidas, reflejos. O quizá sólo intentando no mirarte durante un segundo.

Cita de: Mark en 10 de May 2026, 19:22:04¿Qué hicisteis anoche tantas horas Vytalian, Semyon y tú?¿Debo preocuparme de algo?


Se le marca la mandíbula al decir eso último.


Kara gira un poco la cabeza hacia la Cafetería Begoña, visible tras los cristales de la planta baja. El local tiene mesas pequeñas, carteles de desayunos, una barra demasiado iluminada y camareros moviéndose con prisa rutinaria. Nada destaca demasiado. Precisamente por eso resulta incómodo: entonces la ves. Una mujer joven, de postura impecable, sentada junto al ventanal. El cabello oscuro cae limpio sobre los hombros. Lleva ropa elegante, discreta, demasiado bien escogida para un centro comercial de las afueras a estas horas. Tiene una taza delante, pero no parece haber bebido apenas. Sus manos descansan sobre la mesa con una quietud extraña, los dedos largos, finos, casi inmóviles. En una de ellas brilla un anillo con una gema roja. No mira nerviosa alrededor, ni está mirando el reloj continuamente. Kara baja la voz.


Durante un instante, la rusa se queda a tu lado sin moverse. El traje blanco, el aparcamiento gris, el cristal de la cafetería y esa mujer sentada al otro lado componen una imagen demasiado limpia para todo lo que lleva debajo.


Kara te mira una última vez antes de apartarse.


La puerta automática del centro comercial se abre con un suspiro mecánico cada vez que alguien entra o sale. Al otro lado, Valeria Parhon sigue sentada junto al ventanal, quieta, elegante y ajena al hilo que otros han atado alrededor de su cuello.

¿Qué vas a hacer, Mark?

18 de May 2026, 10:37:31 #22 Ultima modificación: 18 de May 2026, 12:08:11 por Mark
Escucho las respuestas de mi compañera sin importunarla. Simplemente me limito a fumar y atender.

Cita de: Maurick en 16 de May 2026, 23:51:59

-No olvides que soy policía... no es la primera ni será la última vez que me sentaré con una informante... nos vemos luego... -la sonrío de medio lado, tiro el cigarro y me dispongo a cruzar las puertas automáticas.

Al ir acercándome hacia Valeria, me fijo en las cámaras, puntos de entrada y de salida... cualquier dato que me pueda ofrecer el entorno, tanto para escapar si hace falta, como para esperar una posible emboscada. Al pasar cerca de una camarera, la señalo la mesa donde voy a estar y la pido un café solo doble.

-¿Puedo? -señalo la silla y miro a la mujer, más por una formalidad cortés que por otra razón, pues me siento igualmente. Mi semblante es serio, sin desagrado pero tampoco con una amabilidad fingida- Mi nombre es Mark Rodríguez y me envía la Justicia Metálica... es el momento de que hablemos ¿Qué nos tienes que contar?

Espero la respuesta de Valeria Parhon.

La Cafetería Begoña tiene ese ruido bajo de los lugares que todavía están despertando: cucharillas contra porcelana, una máquina de café respirando vapor, pasos lentos sobre el suelo brillante, alguna conversación sin importancia flotando entre mesas. Desde la entrada puedes ver bastante bien el local. Dos salidas principales, una puerta lateral hacia los baños, cámaras en los pasillos del centro comercial y demasiados cristales como para sentirse cómodo del todo. Nada grita emboscada. Eso, precisamente, no tranquiliza. Valeria Parhon no se levanta cuando te acercas.

Está sentada junto al ventanal, con una taza intacta delante y una carpeta fina apoyada junto al bolso. Viste con discreción elegante, sin un solo detalle dejado al azar. El pelo oscuro le cae limpio sobre los hombros. Sus manos reposan sobre la mesa, quietas, con los dedos largos y finos apenas separados. En uno de ellos, la gema roja del anillo recoge la luz blanca del centro comercial y la devuelve más oscura. Cuando preguntas si puedes sentarte, Valeria te mira un segundo.

Cita de: Mark en 18 de May 2026, 10:37:31-¿Puedo? -señalo la silla y miro a la mujer, más por una formalidad cortés que por otra razón, pues me siento igualmente. Mi semblante es serio, sin desagrado pero tampoco con una amabilidad fingida


Sólo constata un hecho. La camarera se acerca lo justo para confirmar el café solo doble. Valeria espera a que se aleje antes de volver a hablar. No baja mucho la voz, porque no lo necesita; la coloca en ese punto exacto en el que sólo tú puedes entenderla sin esfuerzo.


Sus ojos no se apartan de los tuyos. No hay reproche evidente en ellos. Hay evaluación. Una de esas miradas que no juzgan la frase, sino el mecanismo que la ha producido.


La camarera deja el café delante de ti. El líquido tiembla apenas cuando la taza toca el plato. Valeria espera otra vez. Tiene una paciencia desagradable, no porque parezca infinita, sino porque parece administrada.


No adorna la frase.


Valeria coge la taza, pero no bebe. Sólo la gira unos centímetros, alineando el asa con una precisión casi absurda.


La gema roja de su anillo vuelve a captar la luz. Durante un instante parece latir, aunque quizá sólo sea el reflejo de alguien pasando al otro lado del cristal.


Hace una pausa pequeña. Esta vez sí bebe un sorbo. Apenas moja los labios.


La última palabra queda ahí, cuidadosamente colocada. Valeria abre la carpeta y desliza hacia ti una hoja doblada dos veces. No la empuja del todo. La deja en medio de la mesa, como si quisiera comprobar si tienes prisa por tocarla.


Fuera, en el aparcamiento, una familia cruza frente al ventanal con bolsas de compra. Un niño pisa un charco pequeño y su madre le riñe sin demasiada convicción. La normalidad sigue haciendo su trabajo, indiferente a todo.


Valeria deja la taza sobre el plato. Esta vez el sonido es muy suave.


Sus dedos rozan el anillo de forma casi imperceptible. Parece un hábito.


Valeria inclina un poco la cabeza. Por primera vez, algo parecido a la curiosidad se le mueve en la expresión.


No sonríe.


La frase sale demasiado limpia. Demasiado plana. Casi como si hubiera algo en ella que hubiera decidido no reaccionar.

Cita de: Mark en 18 de May 2026, 10:37:31-Mi nombre es Mark Rodríguez y me envía la Justicia Metálica... es el momento de que hablemos ¿Qué nos tienes que contar?


Valeria apoya ambas manos sobre la mesa. Sus ojos bajan un instante hacia tu café y luego vuelven a ti.


La pregunta no suena provocadora. Suena clínica. Como si estuviera midiendo una fractura antes de decidir si merece la pena entablillar o amputar.

¿Qué vas a hacer, Mark?

Cita de: Maurick en 20 de May 2026, 23:38:42
Sólo constata un hecho. La camarera se acerca lo justo para confirmar el café solo doble. Valeria espera a que se aleje antes de volver a hablar. No baja mucho la voz, porque no lo necesita; la coloca en ese punto exacto en el que sólo tú puedes entenderla sin esfuerzo.


Sus ojos no se apartan de los tuyos. No hay reproche evidente en ellos. Hay evaluación. Una de esas miradas que no juzgan la frase, sino el mecanismo que la ha producido.


Sonrío de medio lado y me acomodo en la silla, en la medida en que eso es posible.

-No se preocupe por ello señorita Parhon -digo modulando la voz a un tono más adecuado- si alguien me hubiera escuchado mencionar la susodicha organización, en el mejor de los casos, no sabría de qué estoy hablando y creería antes que se trata de algún grupo cutre de heavy metal local que otra cosa, y... en el peor de los casos... si el que escucha sabe de qué hablamos, de poco importaría pues estaríamos igualmente jodidos...


Cita de: Maurick en 20 de May 2026, 23:38:42
La camarera deja el café delante de ti. El líquido tiembla apenas cuando la taza toca el plato. Valeria espera otra vez. Tiene una paciencia desagradable, no porque parezca infinita, sino porque parece administrada.


No añado más y asiento a la camarera. Espero un poco a que se temple antes de darle un buen y amargo trago. Miro a los ojos de mi informante y la vuelvo a sonreír, una sonrisa de esas que no corresponden con mi mirada.

-Prosiga por favor...


Cita de: Maurick en 20 de May 2026, 23:38:42
No adorna la frase.


Valeria coge la taza, pero no bebe. Sólo la gira unos centímetros, alineando el asa con una precisión casi absurda.


La gema roja de su anillo vuelve a captar la luz. Durante un instante parece latir, aunque quizá sólo sea el reflejo de alguien pasando al otro lado del cristal.


Observo por un instante la manía perfeccionista mostrada por Valeria con la taza. Mi mirada pasa por encima el anillo con la gema roja engarzada ¿En serio es tan evidente? La verdad es que mis camaradas no se exprimen mucho la cabeza a la hora de dar nombres a artefactos místicos de control mental.

-El Arce Verde de nuevo... parece que las Furias Negras no saben quedarse quitas... -¿Monique? Me pasa la pregunta por la cabeza- ¿Sabes quienes conforman la comitiva francesa?


Cita de: Maurick en 20 de May 2026, 23:38:42
Hace una pausa pequeña. Esta vez sí bebe un sorbo. Apenas moja los labios.


La última palabra queda ahí, cuidadosamente colocada. Valeria abre la carpeta y desliza hacia ti una hoja doblada dos veces. No la empuja del todo. La deja en medio de la mesa, como si quisiera comprobar si tienes prisa por tocarla.


Escucho con atención todo lo que sigue diciendo. Cuando saca la hoja doblada, la miro unos instantes y vuelvo la mirada hacia Valeria.

-Continúa por favor... -doy otro sorbo del negro café- ya tendré tiempo de deleitarme con la lectura más tarde...


Cita de: Maurick en 20 de May 2026, 23:38:42
Fuera, en el aparcamiento, una familia cruza frente al ventanal con bolsas de compra. Un niño pisa un charco pequeño y su madre le riñe sin demasiada convicción. La normalidad sigue haciendo su trabajo, indiferente a todo.


Valeria deja la taza sobre el plato. Esta vez el sonido es muy suave.


Sus dedos rozan el anillo de forma casi imperceptible. Parece un hábito.


Alzo las cejas y asiento lentamente.

-Comprendo... una chapuza... no hay lugar a dudas pero... -vuelvo a sonreír torciendo el gesto- en este caso particular, yo no soy el peón adecuado al que presentar las quejas... -vuelvo a beber del negro líquido- pero descuide señorita Parhon, cuando tenga un respiro entre misión y misión... me ocuparé de presentar a mis superiores tal advertencia... continúe... -es una petición neutra, no impositiva.


Cita de: Maurick en 20 de May 2026, 23:38:42
Valeria inclina un poco la cabeza. Por primera vez, algo parecido a la curiosidad se le mueve en la expresión.


No sonríe.


La frase sale demasiado limpia. Demasiado plana. Casi como si hubiera algo en ella que hubiera decidido no reaccionar.


-¿Verdad que sí? -respondo sin dar demasiada importancia a lo que acaba de indicar- la verdad es que es un chico competente... -vuelvo a sonreír al sin mostrar simpatía en mi mirada- me alegra observar que es usted de esas mujeres que se fijan en los detalles ¿Deformación profesional?¿El hábito hace al monje? -doy otro trago al café y sigo escuchando.


Cita de: Maurick en 20 de May 2026, 23:38:42
Cita de: Mark en 18 de May 2026, 10:37:31-Mi nombre es Mark Rodríguez y me envía la Justicia Metálica... es el momento de que hablemos ¿Qué nos tienes que contar?


Valeria apoya ambas manos sobre la mesa. Sus ojos bajan un instante hacia tu café y luego vuelven a ti.


La pregunta no suena provocadora. Suena clínica. Como si estuviera midiendo una fractura antes de decidir si merece la pena entablillar o amputar.

¿Qué vas a hacer, Mark?


-Si conoce el nombre de mi camarada eslavo, entiendo que usted sabe por qué me han enviado a mi aquí y no a cualquier otro miembro de un clan de brutos ¿No es así? -doy otro trago al café y termino su contenido- Me gusta que las misiones salgan lo más limpias posibles... tengo alma de policía... no de matón... -espero unos instantes antes de proseguir- así que la ventana de actuación la tenemos hoy... -ahora si recojo la hoja y me la acerca a mi zona de la mesa sin abrirla- ¿Tengo acaso aquí los detalles?¿Usted participará en la intervención o simplemente es de las que manejan la lengua y no las piernas?


Mientras espero a sus respuestas, abro la hoja con tranquilidad para echar un ojo a su contenido.

Valeria no reacciona al comentario sobre la lengua y las piernas. Ni una ceja, ni una tensión en la boca, ni un parpadeo más largo de lo necesario. Sólo te observa durante un segundo más, como si acabara de registrar algo que ya esperaba encontrar.


Sus dedos permanecen inmóviles junto a la taza. La gema roja del anillo recoge otra vez la luz del ventanal, breve, precisa, casi enferma.


No lo dice con desprecio, pero eso quizá lo haría menos incómodo. Lo dice con la serenidad de quien anota un síntoma en una ficha clínica y sigue con la entrevista. La hoja que despliegas contiene un plano parcial, demasiado limpio para haber sido dibujado deprisa. Hay una dirección en Getxo, incompleta en apariencia, marcada sólo con calle, número de acceso técnico y referencia interna. Debajo, un esquema vertical de un ascensor secundario: tres niveles, un pasillo de mantenimiento, una zona de carga y una compuerta señalada con un código alfanumérico. Hay dos claves escritas a mano en el margen, junto a horarios de menor tránsito: es una grieta en la seguridad.


La cafetería sigue con su rutina alrededor. Una pareja discute en voz baja junto a la barra. La camarera limpia una mesa sin levantar la vista. En algún punto del centro comercial, una megafonía anuncia una promoción absurda que nadie escucha de verdad. Valeria inclina apenas la cabeza cuando mencionas al Arce Verde.


Deja una pausa pequeña ahí. Lo bastante medida para que el nombre pese sin que parezca que intenta usarlo contra ti.


Vuelve a mirar la hoja, no para comprobarla, sino para señalar con los ojos el único dato que de verdad importa.


Sus dedos rozan el anillo. Esta vez el gesto dura un poco más: Valeria se queda quieta durante un instante, con la mirada suspendida en un punto entre tu café vacío y la hoja abierta. No parece distraída. Parece haber escuchado algo que no ha sonado en la mesa.


Se detiene. No hay miedo en su cara. Ni confusión clara. Sólo una interrupción mínima, casi imperceptible, como una línea mal escrita en un informe perfecto. Luego parpadea y vuelve a ti con la misma limpieza de antes.


La corrección llega demasiado deprisa. Demasiado ordenada.


Por primera vez, su mano se aparta del anillo. La deja sobre la mesa, abierta, tranquila, como si quisiera demostrar algo a alguien que no está allí.


Valeria cierra la carpeta fina y la guarda junto al bolso. No se levanta aún. Te concede unos segundos más, no por cortesía, sino porque parece haber calculado que todavía son útiles.


La mujer mira hacia el ventanal. Fuera, en el aparcamiento, ves fugazmente el traje blanco de Kara entre dos coches. No está mirando directamente a la cafetería, pero sabes que está pendiente. Más allá, donde el cristal devuelve reflejos confusos, no hay rastro visible de Vytalian.


Ahora sí se pone en pie. Lo hace con una precisión suave, sin prisa. Coge el bolso, deja unas monedas junto a la taza intacta y te mira una última vez. No hay alianza en su expresión. Tampoco amenaza. Sólo una evaluación que todavía no ha terminado.


Se marcha sin mirar atrás. La puerta automática de la cafetería se abre y se cierra tras ella con un suspiro de aire templado. Durante unos segundos te quedas con el plano parcial abierto sobre la mesa, el café terminado y la sensación extraña de haber hablado con alguien que entregaba secretos con una mano mientras otra parte de sí misma intentaba no dejar huellas. Cuando sales, Kara ya te espera cerca de una columna, impecable dentro de su traje blanco, aunque el cansancio sigue ahí, bajo los ojos. No pregunta de inmediato. Primero mira la hoja en tu mano. Luego tu cara. A un lado, el reflejo de un escaparate tiembla. Vytalian reaparece desde la Umbra con el gesto torcido, como si hubiera olido algo desagradable al otro lado del mundo. Kara baja la voz.


Vytalian se coloca a vuestra altura, mirando de reojo hacia la salida por la que se ha ido Valeria.


La hoja pesa poco entre tus dedos: noventa segundos, un ascensor secundario y un fugitivo antes de convertirse en huésped.

¿Qué haces, Mark?

Espero unos segundos sentado después de que Valeria abandone el lugar. Pienso en toda la información que me ha soltado y me guardo el plano en un bolsillo interior de mi chupa de cuero. De nuevo Monique... debe tener la agenda más apretada que un consejero de gobierno.

Transcurrido apenas un minuto, salgo del centro comercial y me enciendo un cigarro antes de reunirme con Kara.

-Y yo pensando que Triptikus era un tipo raro... -digo mientras expulso el humo por la nariz- buena colección de bichos raros tenemos por aquí... -giro de medio lado la cabeza al aproximarse Vytalian y ponerse a nuestra altura- ah, no te ofendas, no iba por ti... -digo con una sonrisa de medio lado.

Ofrezco un cigarro a mi compañero.

-Por si quieres rebajar la aracnofobia con un poco de nicotina... -me vuelvo hacia Kara- además de mal rollo, me ha dado esto -la ofrezco el papel con el plano y los códigos- la verdad es que para ser un documento teóricamente encriptado, al que se le ocurrió denominar al artefacto de control mental como "anillo carmesí" habría que darle un puto ascenso... literalmente, era un anillo con una especie de rubí... -doy otra calada y espero unos segundos a que Kara mire el papel.

Lo que continúa es una explicación punto por punto de todo lo que Valeria Parhon me ha relatado. Tanto la anécdota de los bioandroides, como la presencia del Arce Verde y las intenciones de Towers. Por supuesto, dedico un tiempo más valioso a exponer lo que pone en el plano y los accesos que nos ha facilitado Valeria, así como la ventana de acceso y la grieta en la seguridad que aprovecharemos.

-Con todo esto claro -prosigo- deberíamos ser dos los que intervengamos directamente en la infiltración... -miro alternativamente a mis compañeros- si os parece adecuado, podríamos mantener la misma alineación que en el Dobra... Kara y yo nos infiltramos mientras Vyt se mantiene como nuestros ojos y oídos fuera, advirtiéndonos de cualquier inconveniente y, en el peor de los casos, facilitando nuestra huida o, en caso de que eso fuese imposible, como testigo e informante a nuestros superiores de que pueden ir abriendo una botella de vodka para brindar en nuestro honor de garous torturados y muertos...

Espero otros prudentes instantes para que mis camaradas rusos puedan aportar alguna sugerencia, alguna pega o lo que se les pueda ocurrir.

-Nuestra comunicación durante la operación puede ser a través de los comunicadores que el bueno de Haro nos proporcionó, pero... siendo en un sótano y ante la posibilidad de que su seguridad incluya inhibidores de frecuencia, podríamos volver al asunto que comentasteis en Cantabria acerca de un enlace mental o algo así que puede mantener Vytalian activo...

Dejo ahí la propuesta y espero sus respuestas.

Cita de: Mark en 29 de May 2026, 16:11:13Ofrezco un cigarro a mi compañero.

Vytalian acepta el cigarro con un gesto casi automático, aunque no llega a encendérselo enseguida. Primero se queda mirando el papel que le has pasado, sujetándolo por una esquina como si fuese algo húmedo o desagradable. Sus ojos recorren las líneas, los códigos, el esquema del ascensor. Luego frunce un poco el ceño y se lo entrega a Kara sin decir nada durante un par de segundos.


Kara coge la hoja con cuidado. No se limita a leerla. La estudia. El traje blanco sigue impecable bajo la luz sucia del aparcamiento, pero hay algo en sus hombros que ya no consigue sostener del todo la pose. Vytalian señala el margen con dos dedos.


El ruso ladea un poco la cabeza, observando los códigos como si pudieran olerle mal desde el papel.


Kara no responde de inmediato. Sus ojos siguen sobre la hoja, pero el móvil empieza a vibrarle dentro de la chaqueta. El sonido corta la escena con una vulgaridad casi ofensiva. Ella mira la pantalla, traga saliva y se aparta unos pasos hacia una de las columnas del aparcamiento.

Vytalian aprovecha ese breve hueco para encender por fin el cigarro. Da una calada corta, mira hacia las cristaleras del centro comercial y suelta el humo por la nariz.

Cita de: Mark en 29 de May 2026, 16:11:13-Y yo pensando que Triptikus era un tipo raro... -digo mientras expulso el humo por la nariz- buena colección de bichos raros tenemos por aquí... -giro de medio lado la cabeza al aproximarse Vytalian y ponerse a nuestra altura- ah, no te ofendas, no iba por ti... -digo con una sonrisa de medio lado.


Su tono intenta ser ligero, pero no le sale del todo. Hay demasiada tensión pegada a la mandíbula.


No llega a desarrollar más la idea. Kara vuelve antes de que pueda rematar la burrada. Tiene el móvil aún en la mano y la cara más cerrada que hace un minuto.


No lo dice en alto, pero algo en el tono hace que la conversación se corte de raíz. Kara pasa junto a vosotros sin esperar confirmación. Vytalian te mira de lado, apaga el cigarro contra el suelo y la sigue con mala cara.

Dentro del vehículo, el aire parece más pequeño. El olor a tabaco, cuero viejo y lluvia se mezcla con la tensión que trae Kara de la llamada. Ella se sienta al volante, pero no arranca. Deja el móvil sobre el salpicadero y mira a Vytalian por el retrovisor.


Vytalian aprieta los labios. No parece con ganas de obedecer, pero lo hace. Apoya una mano sobre el salpicadero, cierra los ojos un instante y murmura algo demasiado bajo para que las palabras importen. El ruido exterior se amortigua de forma extraña. Los motores del aparcamiento, los pasos, el chirrido de un carrito... todo sigue ahí, pero separado, como si el coche hubiera quedado envuelto por una capa de agua invisible.


Kara no le responde. Pulsa una tecla y pone a Semyon en el altavoz. Durante un segundo sólo hay estática baja. Luego entra su voz, fría, limpia, sin rastro de prisa.


Kara baja la vista hacia el plano abierto sobre sus rodillas. Sus dedos se apoyan cerca de los códigos, pero no los tocan.


La frase cae dentro del coche con un peso distinto al de la captura de Johnny. Kara se queda inmóvil, como si hubiese entendido la orden antes de querer admitirla.


No es una objeción clara. Todavía no. Es peor: es una grieta. La voz le sale más baja de lo habitual, y se nota que intenta recomponerse antes de que Semyon la oiga dudar.


Vytalian gira la cabeza hacia el móvil del salpicadero. La expresión se le endurece poco a poco.


El silencio que sigue no dura mucho, pero sí lo suficiente para que Kara cierre los ojos un instante. No por miedo. Por cansancio. Por saber exactamente lo que viene.


La voz de Semyon no cambia. Eso lo hace peor.


Vytalian expulsa aire por la nariz. No dice nada al principio. Sólo mira el altavoz, luego a Kara, luego a ti. Hay rabia en sus ojos, pero también algo más viejo, más difícil de nombrar. Algo que no ha empezado esta mañana. Abre la puerta del coche.


El portazo sacude el vehículo. Fuera, Vytalian se aleja unos pasos por el aparcamiento, con los hombros tensos y las manos cerradas, sin mirar atrás. Desde el altavoz llega la voz de Semyon, algo más baja.


Kara tarda en contestar. Sus dedos se cierran sobre el volante aunque el motor sigue apagado. Cuando habla, se le engancha la primera palabra.


Al otro lado, Semyon suspira. No parece sorprendido. Sólo molesto por tener que dedicarle un segundo de la operación a algo tan humano.


Se oye un pequeño roce de papeles, o quizá de teclado. Semyon dicta unas coordenadas con precisión seca. Kara las memoriza sin apuntarlas, mirando al frente como si la luna del coche estuviera a kilómetros de distancia.


La llamada se corta. El interior del coche queda en silencio. El Don de Vytalian sigue amortiguando el mundo exterior, así que durante unos segundos sólo se oye la respiración de Kara y el crujido muy leve del papel sobre sus rodillas. Ella no te mira de forma inmediata.

Tiene las manos sobre el volante, los nudillos pálidos, la espalda recta a la fuerza. Afuera, Vytalian sigue junto a una columna, de espaldas, fumando con rabia contenida. Más allá, el centro comercial continúa tragando gente como si nada de esto existiera. Kara cierra los ojos un segundo, y luego los abre.


No suena como una orden. Suena como alguien que necesita oír una mentira manejable antes de arrancar el coche.

Me mantengo en silencio durante la conversación. No me interesa meterme en medio de fricciones internas ajenas a mi. A fin de cuentas, ellos tres son un libro escrito y yo apenas soy una nota a pie de página.

Cuando la conversación termine y Kara se dirige a mi, me recuesto en mi asiento.

-La información es poder, seas un Colmillo Plateado, un Morador del Cristal o un Hijo de Gaia... es lógico que Semyon y los de arriba quieran aprovechar la oportunidad... -la miro más directamente- no me malinterpretes como Vyt... soy consciente de que este es un nuevo marrón para nosotros, que se suma al que ya teníamos, pero... -me encojo de hombros- eso no quita para que entienda su punto de vista... ¿me comprendes?

Bajo la ventanilla y me enciendo un cigarro.

-Con respecto a lo que Vytalian indicó, sobre el trazo nervioso y todo eso... -doy una calada y tengo el cuidado de que el humo salga afuera del coche- puede que no ande desencaminado. Durante mi charla con la señorita Parhon, me fijé en que de vez en cuando se tocaba su artilugio de control mental de dudoso nombre técnico... creo que en cierta medida, su voluntad entra en conflicto con las medidas de control... -suspiro y vuelvo a calar- tendremos que tener cuidado durante la infiltración... esperemos que, de algún modo, su consciencia real no eche pulsos al control mental y haya introducido algún error en la información que nos ha dado como un modo de "rebeldía" subconsciente... -me giro hacia mi compañera y la lanzo una sonrisa- pero por favor, si se lo dices a Vyt, di que es una de tus conclusiones, no quiero que se sienta que le estoy dando la razón en algo... -dejo la broma suspendida.

Termino el cigarro y lo lanzo hacia afuera del vehículo. Abro mi puerta y saco medio cuerpo.

Vyt! Es hora de ponerse en marcha y ganarse los galones... -vuelvo a meterme dentro y cierro la puerta- espero que sepamos diferenciar lo personal de lo profesional y podamos centrarnos en la misión... -me acerco un poco más de lo debido a Kara- Os prometo una botella de vodka cara para celebrar que todo ha salido bien -la susurro- Es bueno darse un homenaje entre un pozo de mierda y otro... -me separo y espero a que mi compañera arranque el coche y nos dirijamos al lugar acordado con el operativo.

Cita de: Mark en 02 de Jun 2026, 16:03:08-La información es poder, seas un Colmillo Plateado, un Morador del Cristal o un Hijo de Gaia... es lógico que Semyon y los de arriba quieran aprovechar la oportunidad... -la miro más directamente- no me malinterpretes como Vyt... soy consciente de que este es un nuevo marrón para nosotros, que se suma al que ya teníamos, pero... -me encojo de hombros- eso no quita para que entienda su punto de vista... ¿me comprendes?

Kara escucha sin interrumpirte. No parece convencida, pero tampoco se defiende. Sus ojos siguen en el volante, con los dedos aún apretados alrededor del cuero, como si la única forma de no desbordarse fuese mantener las manos ocupadas. Cuando hablas de información, poder y oportunidades, su respiración se vuelve un poco más lenta. No más tranquila. Sólo más medida.


La respuesta sale baja. Casi demasiado baja para alguien que está al mando de una operación.


No añade nada más durante unos segundos. Mira por el retrovisor hacia Vytalian, que sigue fuera, de espaldas, fumando junto a la columna. Luego vuelve a ti cuando mencionas a Valeria, el anillo y la posibilidad de que su propia voluntad esté arañando el control que lleva encima. Kara no sonríe con tu broma. Pero algo en la tensión de su mandíbula cede un poco.


El tono no es seco. Es casi un pacto pequeño, de esos que no se nombran como tal porque entonces parecerían más frágiles. Cuando abres la puerta y llamas a Vytalian, el ruso gira la cabeza despacio. No viene al instante. Primero termina la calada, tira el cigarro al suelo y lo pisa con una calma demasiado consciente para no ser rabia contenida. Después se acerca al coche, abre la puerta trasera y se mete sin pedir permiso ni mirar a nadie de frente.

Cita de: Mark en 02 de Jun 2026, 16:03:08Vyt! Es hora de ponerse en marcha y ganarse los galones... -vuelvo a meterme dentro y cierro la puerta- espero que sepamos diferenciar lo personal de lo profesional y podamos centrarnos en la misión... -me acerco un poco más de lo debido a Kara- Os prometo una botella de vodka cara para celebrar que todo ha salido bien -la susurro- Es bueno darse un homenaje entre un pozo de mierda y otro... -me separo y espero a que mi compañera arranque el coche y nos dirijamos al lugar acordado con el operativo.


Kara arranca el coche. No hay música. No hay conversación durante los primeros minutos. Sólo el motor, el ruido de los neumáticos sobre el asfalto húmedo y el murmullo distante de Bilbao abriéndose alrededor. El centro comercial queda atrás con su luz blanca, sus familias, sus cafeterías y esa mentira amable de que el mundo funciona con horarios de apertura y cierre.

La ciudad cambia al acercaros a Getxo. El gris industrial se va limpiando un poco, pero no desaparece. Se esconde entre edificios más cuidados, calles húmedas, fachadas elegantes y tramos donde el verde insiste en trepar por cualquier hueco que el hormigón le permite. El mar no se ve todavía, pero se nota en el aire: sal, humedad fría, metal oxidado en alguna parte.