Episodio 3 — Indolence

Iniciado por Maurick, 09 de Jul 2026, 20:45:35

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El sioux escucha las quejas de Iruz mientras guarda con cuidado el fragmento de metal tibio en su bolso, no sin antes echarle un último vistazo. Cuando la muchacha menciona a Aya, el metis deja que la pausa tras la mención sea lo suficientemente consistente como para saber que tiene la oportunidad de participar.


Mira a Iruz apoyada en la silla, mientras camina despacio por la habitación sin rumbo definido.


El Uktena desvía la mirada un momento hacia la esquina en la que estaba el Demonio de Fuego, y vuelve sus ojos hacia Ana Mercedes.


Un intenso dolor de cabeza interrumpe la exposición del joven, que cae sobre su rodilla derecha mientras se apoya en el suelo con la misma mano y se sujeta la cabeza con la izquierda; una de las últimas piezas del puzzle encaja entre sus recuerdos con tanto sufrimiento físico como mental.

Cita de: Maurick en 04 de Jul 2026, 17:51:58

Una mueca contrae su rostro, y de su boca solo sale un gemido contenido.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Cita de: Lady Midnight en 29 de Jul 2026, 10:46:37Un intenso dolor de cabeza interrumpe la exposición del joven, que cae sobre su rodilla derecha mientras se apoya en el suelo con la misma mano y se sujeta la cabeza con la izquierda; una de las últimas piezas del puzzle encaja entre sus recuerdos con tanto sufrimiento físico como mental.

El dolor te atraviesa detrás de los ojos y la Masía vuelve a desdibujarse. La mano apoyada en el suelo deja de sentir la madera. El gemido de Iruz se alarga hasta convertirse en un sonido grave, inmóvil. Ana Mercedes queda suspendida a medio gesto.

Gaia deja de girar otra vez, mientras Zarpa Manchada aparece frente a ti, observándote desde arriba. Esta vez no hay burla en su rostro, sólo una preocupación severa.


Se agacha despacio hasta quedar a tu altura.


Cita de: Lady Midnight en 29 de Jul 2026, 10:46:37Una mueca contrae su rostro, y de su boca solo sale un gemido contenido.

Su voz se aleja. La oscuridad ocupa su lugar: piedra infinita y una presencia demasiado grande para caber dentro de ningún mundo.


La voz no pertenece ya a Zarpa Manchada. Es la de alguien que no conoces, pero recuerdas. Alguien que no sabes quién es, pero lo notas familiar, cercano. Su parece haber sido recuperada desde algún rincón roto de tu memoria.


Entonces regresa la Masía. El aire entra de golpe en tus pulmones y Zarpa Manchada vuelve a estar frente a ti.


El tiempo no parece volverse a mover. Tu padre, o lo que sea que es esta criatura, te observa consternado.

29 de Jul 2026, 12:41:41 #17 Ultima modificación: 30 de Jul 2026, 08:03:32 por Lady Midnight
La escena es extraña, como si su mente se hubiese convertido en algún tipo de teatro al margen de la realidad en el que, ocasionalmente, se interpretan las obras rupturistas de vanguardias aún por llegar.

Cita de: Maurick en 29 de Jul 2026, 11:34:13

El pensamiento del muchacho, afectado por el dolor, se eleva en el ambiente como una voz calmada hacia la imagen del Danzante.


La voz cambia, así como el tono de la misma y el tipo de mensaje. Es Apae, otra vez Apae. El joven chamán es incapaz de discernir si es un nuevo recuerdo de lo ocurrido en el Pozo (o lo que él asume como su estancia en el Pozo) o un nuevo mensaje fruto de alguna conexión establecida tras aquel primer contacto. No sabe si es un recuerdo suyo, o un recuerdo de otro. "Tu pareja y tu hija", dijo, pero... ¿a quién se refiere? ¿A Dulce Lluvia y Noa? En este momento el muchacho no sabe si Iris tiene pareja, pero no parecía que Iris tuviese intención de ayudar a Invitia a reunir todos los núcleos. Todos los sucesos parecen demasiado fáciles de relacionar entre sí, todo apunta, una vez más, a las Estigmas y sus planes. Bruma Nocturna no quiere entregar a Noa, y menos después de su implicación en el proceso de su concepción. Tampoco quiere renunciar a Dulce Lluvia, la única que alguna vez ha demostrado comprenderle y aceptarle como es. Sin embargo, como todas las veces que las dudas atenazan su corazón, la sensación del deber y la responsabilidad es mucho más fuerte: el mundo, Gaia, es mucho más importante que sus deseos personales y su bienestar.

Cita de: Maurick en 29 de Jul 2026, 11:34:13

Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

El dolor no remite, se vuelve más preciso. Zarpa Manchada permanece agachado frente a ti, con los antebrazos apoyados sobre las rodillas. Te escucha hablar de cebos, estrategias y responsabilidades sin interrumpirte. Cuando terminas, deja pasar unos segundos.


Se incorpora. A vuestro alrededor, la Masía continúa detenida y borrosa. Iruz permanece inclinada sobre la silla. Ana Mercedes conserva una mano a medio alzar. Ni el polvo se atreve a descender.


Camina despacio hasta situarse detrás de Ana Mercedes.


Su mirada se endurece.


El fragmento oculto en tu bolso emite una pulsación tibia.


El mundo vuelve de golpe. El aire entra en tus pulmones. La madera recupera su dureza bajo tu mano. El cabello de Ana Mercedes termina de caer sobre su hombro e Iruz parpadea, observándote todavía arrodillado. La Ícaro deja escapar el aire por la nariz. Ya no parece borracha. Sólo agotada y profundamente irritada.


Se incorpora con esfuerzo y se apoya sobre el respaldo de la silla.


Iruz da un paso hacia ti. Sus ojos vidriosos se mantienen clavados en los tuyos.


Se señala la sien con un dedo.


Su mandíbula se tensa.


Ana Mercedes te observa en silencio. No parece sorprendida por la revelación, pero sí por la crudeza con la que Iruz la ha depositado ante ti. La Ícaro se frota el rostro y continúa.


Se acerca a la mesa y apoya ambas manos sobre ella. El olor a alcohol inunda la habitación.


Ana Mercedes levanta la cabeza.


La frase sale limpia. Sin temblor.


Sus ojos permanecen fijos en ti.


Iruz asiente hacia ella y vuelve a mirarte.


Señala con el pulgar hacia ninguna parte, hacia el oeste, hacia el Cráter que continúa ocupando tus pensamientos. Iruz se endereza. El alcohol continúa en su aliento, pero ya no queda nada torcido en sus palabras.


Dentro de tu bolso, el metal vuelve a calentarse. Zarpa Manchada no aparece, no hace falta.

Mientras el dolor se concentra, los sentidos del joven chamán se agudizan. Las palabras de Zarpa Manchada suenan amables, sabias. Conoce el dolor que el muchacho carga sobre su espalda pero, de alguna manera, lo sobredimensiona.

Cita de: Maurick en 29 de Jul 2026, 23:23:51




La conciencia del metis regresa a un mundo en el que, una vez más, los gritos de Iruz le impiden tomarse el tiempo necesario para recapacitar.

Cita de: Maurick en 29 de Jul 2026, 23:23:51




El Uktena escucha, con cierta paciencia, el nuevo discurso de la joven. No parece demasiado interesado en sus bravuconadas pero, cuando dice esas últimas palabras algo cambia. "Se la debes". La afirmación resuena en su mente mientras su ceño se frunce poco a poco y el brillo de sus negros ojos se vuelve totalmente opaco.


Hace una breve pausa, intentando dirigir la rabia hacia el recuerdo y no directamente hacia Iruz.


Da un paso más hacia la joven, desafiante, mientras su voz se vuelve cada vez más áspera.


Entonces se para, y recuerda que la joven de pelo rubio, aunque es una molestia en sí misma, no es más que otra pobre alma embaucada al servicio de la ghoul. Su voz se frena recuperando la calma en las últimas palabras, y sigue mirando a la ícaro con paciencia.

Cita de: Maurick en 29 de Jul 2026, 23:23:51


Se acerca de nuevo a la cama, y se sienta en el borde para ordenar sus pertenencias en su bolso y revisar que todo sigue en su sitio. Cuando Ana Mercedes habla, la escucha con calma mientras la mira a los ojos.

Cita de: Maurick en 29 de Jul 2026, 23:23:51



Cita de: Maurick en 29 de Jul 2026, 23:23:51


Sus cosas están en su sitio, su ropa está en condiciones y a su bastón aún le quedan muchos kilómetros por delante. Antes de partir, anota los detalles importantes en su cuaderno y prepara una pequeña bolsa de tela con algo de tabaco que deja atada con un hilo sobre la mesa de la masía. Quizá no vuelva a verse cara a cara con el Roc, así que una muestra de agradecimiento, aunque sea algo simbólico, nunca está de más.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Iruz sostiene tu mirada durante unos segundos. La irritación continúa ahí, pero el alcohol empieza a arrastrarla hacia otra parte. Parpadea despacio, se lleva una mano al vientre y hace una mueca.


Se aparta de la silla con una dignidad bastante discutible. Antes de alcanzar la puerta, señala a Ana Mercedes con un dedo que tarda demasiado en encontrarla.


Iruz se toca la cabeza con ambas manos, intentando representar algo parecido a unos cuernos. Después desaparece al otro lado de la puerta, dejando entrar una ráfaga de aire frío. Ana Mercedes espera hasta que sus pasos se alejan, y entonces vuelve los ojos hacia ti.


Sus dedos se cierran alrededor de la tela de su propia manga.


Ana baja la mirada durante un instante. Cuando vuelve a levantarla, la decisión continúa intacta, aunque algo más frágil se ha abierto detrás.


No intenta aliviar el peso de sus palabras.


La puerta vuelve a abrirse antes de que el silencio termine de asentarse. Iruz entra ajustándose la ropa y se deja caer sobre la silla con un suspiro. Ana la observa con el ceño fruncido.


Iruz levanta el brazo sin abrir del todo los ojos y le dedica un corte de mangas lento, casi solemne.


Su mano cae sobre el regazo. Apenas tarda unos segundos en quedarse dormida, con la cabeza vencida hacia un lado y la respiración pesada. Ana se acerca y se agacha frente a ella. Le pasa un brazo por detrás de la espalda y otro bajo las rodillas, pero se detiene al notar lo poco que pesa.


La preocupación apenas altera su voz. Mira hacia ti antes de incorporarse con Iruz entre los brazos, ofreciéndote la posibilidad de ayudar sin pedírtelo expresamente. Dejas el recuerdo de tabaco para el Roc, que está roncando como si fuera un terremoto en el altillo de la Masía. Fuera, en una de las esquinas, puedes ver a una de las cabras mutantes relamiendo el suelo; mientras lo hace, uno de sus ojos se fija en ti, lanza un enorme suspiro, y sigue haciendo lo suyo.



Fuera, la noche se ha cerrado sobre la Masía. El coche espera junto al camino, cubierto por una película de humedad. Ha terminado apoyado contra el tronco de un árbol: el golpe no ha sido nada grave, aunque ha doblado la matrícula delantera un poco. Ana acomoda a Iruz en los asientos traseros y le coloca su propia chaqueta bajo la cabeza. Después abre la puerta del conductor.


Permanece junto al coche, con una mano sobre la puerta abierta. Todavía no introduce la llave, y sus ojos regresan a ti.


Puedes ver a Zarpa Manchada detrás de ella, casi borroso y sin forma, pero plenamente consciente de vuestra conversación.


La sonrisa que ostenta te irrita.

Las paredes de la masía respiran una humedad densa mientras Iruz replica, a lo que el chamán responde solo con un suspiro cansado que se pierde entre los ronquidos del Roc.

Cita de: Maurick en 03 de Ago 2026, 11:54:24


El muchacho mira a Ana Mercedes con paciencia cuando llama su atención. No la interrumpe, solo escucha intentando entender el tono... y ajustando el propio después de la interacción con la ícaro.


La siguiente pregunta cruza la mente del metis como un disparo, abordando el tema con una soltura, una naturalidad y una espontaneidad que no esperaba. Antes de que pueda empezar a elaborar una respuesta, la joven rubia de pelo rizado interrumpe la conversación.

Cita de: Maurick en 03 de Ago 2026, 11:54:24


Mientras concluye su opinión sobre la situación con Iruz, se acerca a Ana Mercedes para ayudarla a transportar a la ícaro y abrir la puerta del coche para que pueda colocarla en el asiento trasero.

Cita de: Maurick en 03 de Ago 2026, 11:54:24


Mencionar el cráter de Bilbao una vez más hace que se note cierta ansiedad en su voz, que muta en resignación cuando vuelve a hablar.


La salida se retrasa ligeramente, como si Ana Mercedes estuviese buscando el momento para decir algo, mientras sus ojos recorren la escena para encontrar, una vez más, su objetivo en el Uktena. Los ojos de él, sin embargo, no la buscan a ella sino a la figura que tiene detrás.

Cita de: Maurick en 03 de Ago 2026, 11:54:24


El joven theurge termina de hablar con calma, concediéndole a Ana Mercedes el mantener la pausa que parece necesitar. Relaja su cuerpo, dejando que el peso repose principalmente sobre una pierna mientras apoya el brazo sobre el techo del coche. El aire húmedo parece algo más ligero cuando una ligera brisa acaricia sus rostros inmersos en una mirada que combina la duda existencial con la sinceridad de dos personas que, aunque apenas se conocen, saben que se necesitan.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

05 de Ago 2026, 13:41:14 #22 Ultima modificación: 25 de Ago 2026, 18:18:06 por Maurick
La Garrotxa se queda atrás sin despedirse. Al principio, la carretera desciende entre bosques todavía húmedos, laderas oscuras y campos cercados por muros de piedra. La niebla de la mañana permanece atrapada entre los árboles, deshilachándose despacio bajo una luz pálida. Durante algunos kilómetros, la Garrotxa continúa existiendo en el retrovisor: primero como una montaña apartada, después como una mancha entre las ramas y, finalmente, como una ausencia.

Cita de: Lady Midnight en 04 de Ago 2026, 12:38:24

Ana Mercedes sonríe cuando dices eso, y notas que empieza a moverse con más determinación.


El coche ha sobrevivido al encuentro con el árbol, aunque no con dignidad. El parachoques delantero está arañado, la matrícula doblada vibra cada vez que Ana Mercedes supera cierta velocidad y algo bajo el capó emite un traqueteo discreto cuando la carretera se inclina demasiado, pero aún así, avanza. Ana conduce con las dos manos en el volante, sin correr. Su capacidad de conducción es completamente distinta a la de Iruz: mantiene una distancia prudente con los vehículos que encuentra y reduce la marcha antes de cada curva, como si todavía estuviese comprobando hasta qué punto puede confiar en aquella máquina.

Cita de: Lady Midnight en 04 de Ago 2026, 12:38:24


Iruz ocupa el asiento trasero. Se ha puesto unas gafas de sol pese a que sigue siendo de noche y lleva la chaqueta doblada entre la cabeza y la ventanilla. Durante la primera hora apenas se mueve. De vez en cuando abre un ojo, comprueba que el paisaje continúa avanzando y vuelve a cerrarlo con expresión ofendida. Tú viajas junto a Ana, como copiloto. Desde allí observas cómo los campos volcánicos van dando paso a montañas más ásperas, cubiertas de pinares y heridas por caminos estrechos. Ninguna voz sale de la radio para anunciar el fin del mundo. Sólo el ruido de los neumáticos, el aire entrando por una ventanilla mal cerrada y el golpeteo monótono de la matrícula.

La tranquilidad resulta extraña después de tantos días rodeado de seres trascendentales, realidades oníricas y viajes espaciotemporales. Cerca de Ripoll, os detenéis en una estación de servicio; Ana llena el depósito y paga con la tarjeta asociada a aquella cuenta imposible que apareció a su nombre. La sostiene unos segundos antes de introducirla en el lector, como si esperase que la máquina llamase a la policía o a quienquiera que hubiera decidido convertirla en una mujer obscenamente solvente, pero no ocurre nada. ¿Por qué iba a hacerlo? El recibo sale con un siseo vulgar, con un cargo de 25€ en alimentos que no le suenan de nada a Ana. Iruz regresa con una bebida energética, dos bolsas de patatas, dos paquetes de donuts y un bollo cubierto por una capa de azúcar tan gruesa que parece aislante térmico. Se mete de nuevo en el coche sin ofrecer nada a nadie.

Cita de: Lady Midnight en 04 de Ago 2026, 12:38:24


Ana le lanza una mirada asesina y se sienta de nuevo como conductora. Tú observas la situación en silencio, desconcertado. No entiendes muy bien qué ha pasado. De una forma u otra, la carretera vuelve a tragarse el coche. El viaje continúa hacia el norte, buscando los pasos que atraviesan los Pirineos. Las poblaciones se vuelven más pequeñas, las fachadas pierden color y ganan piedra y los campanarios aparecen entre árboles altos, vigilando pueblos que apenas ocupan unas pocas calles. Tras Puigcerdà, el cielo se abre por fin y la luz cae sobre la Cerdanya, extendiendo sombras largas bajo las montañas.

Iruz despierta del todo cuando el paisaje empieza a cerrarse alrededor de vosotros. Se incorpora despacio, se quita las gafas y observa las señales. Durante unos minutos no os habla, sólo sigue con los ojos cada desvío, cada túnel y cada puente. A medida que os acercáis a la frontera, su cuerpo pierde parte del cansancio. La mirada empieza a contar cámaras, coches y lugares desde los que alguien podría observar la carretera.

Llegáis al control fronterizo, pero los agentes no sospechan de vosotros. Uno de ellos contempla la matrícula doblada, después a Ana Mercedes, después a ti. Finalmente mira a Iruz, que vuelve a llevar las gafas de sol y mastica el último trozo del bollo con la serenidad de una adolescente aburrida. El hombre os deja pasar. Andorra aparece poco a poco, sin una frontera clara entre la montaña y las construcciones. Carreteras estrechas, edificios levantados contra pendientes imposibles, hoteles, gasolineras, comercios de electrónica y balcones de madera sobre barrancos donde el agua corre demasiado abajo.

No os dirigís hacia el centro. Iruz os hace abandonar la vía principal antes de alcanzar las zonas más transitadas. La carretera secundaria asciende por una ladera cubierta de abetos, rodea un pequeño embalse y termina internándose en un valle lateral donde las construcciones vuelven a separarse unas de otras.

Sant Remei de l'Obaga

Camino de entrada

📅 27 de septiembre de 2005, 12:51

Llegáis a Sant Remei de l'Obaga poco antes de la una. El pueblo está formado por una iglesia pequeña, una plaza inclinada, dos calles principales y un conjunto de casas de piedra con tejados oscuros. Hay un hotel familiar, una tienda de alimentación, un taller mecánico y varios establecimientos que parecen vivir únicamente durante la temporada de nieve. Un arroyo atraviesa la parte baja del caserío, oculto entre muros cubiertos de musgo.

Las montañas lo rodean todo, e incluso el silencio parece tener pendiente. Ana estaciona junto a una antigua serrería cerrada. Hay pilas de madera bajo unas lonas verdes, una máquina oxidada y un camino de tierra que desciende hacia el arroyo. Iruz permanece inmóvil durante unos segundos, examinando el lugar. Después abre la puerta.


No ofrece más explicaciones. La veis alejarse por el camino, todavía algo encorvada por el cansancio. Desaparece detrás de la serrería y tarda cerca de diez minutos en regresar. Cuando lo hace, lleva una bolsa de plástico negro sujeta contra el vientre. Se detiene junto al coche, mira hacia las casas y abre el paquete.

Dentro hay un teléfono Nokia antiguo, una batería envuelta en papel de aluminio y una tarjeta SIM guardada dentro de una caja de cerillas. Iruz monta las tres piezas con movimientos rápidos. Después se aparta unos pasos, hasta quedar cerca del muro de piedra que separa la serrería del bosque. El teléfono se enciende. La pantalla verde ilumina sus dedos. No necesita marcar ningún número. El aparato comienza a sonar en cuanto encuentra cobertura.

Iruz mira el nombre inexistente de la llamada y descuelga. Se os queda mirando, y pulsa el botón para poner el altavoz del teléfono.


Al otro lado responde una mujer. Su voz es baja, seca y controlada. No saluda.


Iruz mira hacia vosotros. La distancia impide escuchar con claridad cada palabra, pero no oculta cómo se le endurece la mandíbula.


Hay un silencio breve.

La voz que responde no parece sorprendida. Sólo menos paciente.


Iruz se apoya contra el muro, hundiendo una zapatilla en la hierba húmeda.


El viento mueve las ramas sobre su cabeza. Desde alguna casa llega el sonido de una vajilla y una radio demasiado baja para entender las palabras.


Iruz busca algo en los bolsillos, no encuentra nada y termina escribiendo sobre el envoltorio del bollo con un pequeño lápiz que Ana le lanza desde el coche. La mujer le indica el nombre de un establecimiento situado en la plaza del pueblo: **Bar L'Isard**, y la cita será a las cinco de la tarde; 17:00.

Después añade una condición.


Iruz aparta el teléfono de su boca y lo mira como si el aparato acabara de insultarla personalmente. Vuelve a acercárselo.


La respuesta llega sin vacilación.


Iruz aprieta los dientes. Levanta la vista hacia ti y después hacia Ana Mercedes, calculando algo que no parece gustarle.


Esta vez el silencio dura más. Al otro lado sólo se oye una respiración pausada.


Iruz se aparta del muro.


La mujer no responde inmediatamente. Iruz continúa antes de que pueda hacerlo.


Otro silencio. Esta vez, cuando la mujer habla, hay algo más que cautela. Quizá reconocimiento. Quizá simplemente resignación.


Iruz mira a Ana Mercedes. La Philodox no parece encantada, pero termina asintiendo una sola vez.


La voz le recuerda la hora y el lugar. Antes de colgar, insiste:


La llamada termina. Iruz permanece mirando el teléfono apagado durante unos segundos. Después se gira hacia vosotros.


Sant Remei de l'Obaga no parece un lugar preparado para resolver esa clase de emergencia. La tienda de alimentación vende calcetines, delantales y camisetas interiores blancas. El pequeño comercio deportivo permanece cerrado hasta diciembre. En el taller mecánico hay monos de trabajo verdes, pero todos llevan el nombre bordado de un hombre llamado Josep y están cubiertos de manchas de aceite.

Ana Mercedes y tú recorréis el pueblo mientras Iruz espera en el hotel, vigilando el teléfono y protegiendo su orgullo de la luz del mediodía. La búsqueda os conduce finalmente hasta una tienda de recuerdos instalada junto a la iglesia. El escaparate está lleno de campanas para vacas, imanes con forma de esquí, muñecos de marmota, piedras pintadas y botellas de licor con ramas de pino dentro.

En el fondo del local encontráis una percha de camisetas. La única verde disponible es de una tonalidad brillante, casi radiactiva. En el centro lleva estampada una cabra sonriente con gafas de esquí, dos bastones cruzados y una montaña cubierta de purpurina blanca. Debajo, en letras amarillas, puede leerse:

SANT REMEI DE L'OBAGA
ON LES CABRES MANEN

Sólo queda una talla extragrande. Ana Mercedes sostiene la camiseta frente a ti. Primero mira la cabra estampada. Después levanta los ojos hacia tus cuernos. Sus labios se aprietan con una fuerza considerable, pero no llega a reírse. Pero tiene que girarse hacia un expositor de postales antes de pagar.

Cuando regresáis al hotel, Iruz está sentada en el bordillo de la entrada, fumando con el teléfono oculto bajo una pierna. Levanta la vista al veros. Ana despliega la camiseta. La cabra de las gafas sonríe bajo el sol.


Ana vuelve a mostrarla, esta vez completamente extendida. Iruz se pone en pie muy despacio.


La mirada de la Ícaro pasa del dibujo a ti. Después vuelve al dibujo.


Ana Mercedes niega con la cabeza, pero sus hombros se mueven una vez. Iruz agarra la camiseta por dos dedos, como si estuviese contaminada.


La deja caer sobre el capó.


A las cuatro y media continúa negándose. A las cuatro y treinta y cinco, comprueba el reloj del vestíbulo, pero sigue avanzando. A las cuatro y cuarenta aparece en la entrada del hotel con la camiseta puesta. Le queda enorme. Las mangas le llegan casi hasta los codos y el bajo cae por debajo de sus pantalones. La cabra ocupa la mayor parte de su torso, deformada por un nudo que Iruz ha hecho en un lateral para reducir el tamaño. La purpurina de la montaña brilla cada vez que se mueve. Iruz se detiene frente a vosotros.




Ana Mercedes inspira por la nariz y mira hacia otro lado. El camino hasta el Bar L'Isard apenas lleva cinco minutos. Iruz camina a tu lado, tirando de la camiseta hacia abajo cada pocos pasos. Varias personas se giran al verla pasar. Un niño señala la cabra desde la terraza de una heladería. Su madre le baja la mano de inmediato cuando Iruz lo mira.

El bar ocupa la planta baja de una casa de piedra frente a la plaza. Tiene un toldo marrón, varias mesas de metal en el exterior y un cartel de madera con la silueta de un rebeco. Dentro huele a café, vino derramado y aceite de cocina. Un televisor pequeño murmura desde una esquina mientras cuatro hombres mayores juegan al dominó bajo una cabeza disecada.

Os sentáis en una mesa cercana al fondo. Iruz elige la silla que le permite ver la puerta. La camiseta verde destaca en el local como una señal de emergencia. El reloj sobre la barra marca las cinco y siete cuando la puerta se abre. Entra una mujer de unos treinta y pocos años, vestida con ropa sencilla y una chaqueta ligera pese al calor de la tarde. No lleva bolso. No se detiene a observar el local, pero sus ojos recorren las ventanas, la barra, los espejos y la puerta de los baños antes de encontraros.

Camina hacia vuestra mesa. Los hombres del dominó dejan de jugar, el camarero deja de secar un vaso. En Sant Remei de l'Obaga no parece habitual ver reunidos a un estadounidense de aspecto raro, indígena, una mujer americana que camina sabiendo hacia dónde tiene que ir y una adolescente rubia vestida con una camiseta verde donde una cabra esquiadora proclama que gobierna el pueblo.

La desconocida se sienta frente a vosotros. Coloca las manos sobre la mesa y mantiene la espalda recta, sin ofrecerla a la puerta. Mira primero a Iruz, después a ti.

Cuando habla, su castellano es correcto, aunque el acento americano permanece agarrado a cada palabra.


Los hombres del bar siguen a lo suyo. Uno de ellos masculla algo sobre «turistas» en catalán.

09 de Ago 2026, 02:06:23 #23 Ultima modificación: 09 de Ago 2026, 15:42:31 por Lady Midnight
Salir de la Garrotxa no provoca alegría en el chamán, sino todo lo contrario. En el Roc de la Cendra encontró a alguien con quien comparte una extraña afinidad y pragmatismo, y le hubiese gustado aprender más sobre su historia, sobre la Garrotxa, sobre el pozo y sobre lo que habita bajo este. Le habría encantado poder ofrecerle ayuda al anciano para recuperar el lugar y liberarlo de la corrupción, para que cuando llegue su último día su cuerpo no sea pudra olvidado en un charco de barro mientras sus propias cabras mordisquean sus extremidades.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 13:41:14

El muchacho se queda pensativo un rato, mirando cómo pasan los árboles por la ventanilla sin darle tiempo a fijarse en ninguno.


Las últimas palabras salen a medio masticar, con una mezcla de dolor, rencor y resignación.


El joven habla con tranquilidad, como si estuviese recitando una historia aprendida de memoria y que, con el tiempo, ya casi ha perdido toda intención y significado.


Hace una breve pausa. Una duda, como si todavía tuviese que pararse a pensar para que algo tuviese un mínimo sentido, atraviesa su mente mientras los ruidos de la mecánica en dudoso estado de conservación sustituyen las voz del muchacho.


Su voz se quiebra ligeramente en la última frase. Un silencio frágil como las alas de un insecto acompaña el dolor mientras se asienta y reposa.


La humedad de sus ojos refleja un brillo triste e intenso, y los puños cerrados tiemblan con rabia mientras se esfuerza en conservar una dignidad estúpida.


Lleva instintivamente la mano a su bolso, y mira por el retrovisor alarmado por una posible intervención del espíritu que ahora le acompaña.


Permanece callado un rato, sin que se sepa muy bien si está inmerso en sus propios pensamientos o intentando calmar el dolor de la herida en su alma. Cuando Ana Mercedes se dirige a él de nuevo, actúa con total naturalidad. Casi como si la conversación anterior nunca hubiese tenido lugar. Casi.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 13:41:14

El joven Uktena se encoje de hombros.


Cuando hacen la parada, el theurge se baja del coche a estirar las piernas e ir al servicio. El espejo del servicio es viejo y está agrietado, y hay varias partes en las que se ha saltado la capa reflectante. Sin embargo, es suficiente para que pueda asomarse al otro lado de la Celosía y comprobar la situación antes de continuar su viaje. Rellena su vejiga con apestosa agua del grifo y se vuelve al coche, preparado para continuar.

Durante el resto del trayecto permanece callado, atento al entorno, y pensando en si hablar frente a las chicas de lo ocurrido en el cráter ha sido buena idea. Tras la negociación telefónica, acompaña a las chicas en su búsqueda de la camiseta. Cuando Iruz se queja del diseño, Bruma no sabe muy bien si reírse de la situación o sentirse molesto por la constante actitud de la ícaro.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 13:41:14

Una ligera sonrisa se dibuja en uno de los laterales de su rostro.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 13:41:14


Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 13:41:14


La media sonrisa vuelve a hacer acto de presencia durante un fragmento de tiempo casi inapreciable. Cuando Iruz se da la vuelta, la sigue a dentro del bar, no sin antes haber revisado la umbra y consultado a los espíritus, y se sienta a su lado. Cuando el hombre del palillo en la boca le pregunta qué va a tomar, pide un "café con gotas" sin saber muy bien de qué se trata. La bebida viene en un pocillo de vidrio verdoso, transparente, y apesta a botiquín barato. El joven lo mira primero, lo huele después y al final decide no probarlo. Cuando la mujer entra y se sienta con ellos, espera paciente a su presentación.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 13:41:14


La presentación suena tan fría como desinteresada, como si fuese otro protocolo estúpido que solo sirve para alargar reuniones y medirse los egos antes de abordar los temas realmente importantes.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

En el coche

Durante unos segundos sólo se escucha el motor, el golpeteo irregular de la matrícula contra el parachoques y el rumor de los neumáticos sobre el asfalto. La Philodox mantiene la vista al frente. Ha escuchado toda la historia sin interrumpirte, incluso cuando la voz se te quebraba, incluso cuando aquello que estabas contando parecía dejar de estar dirigido hacia ella y se convertía en algo que necesitabas ordenar para ti mismo.

Cita de: Lady Midnight en 09 de Ago 2026, 02:06:23

Finalmente, ajusta las manos sobre el volante tras escuchar toda tu historia. Tu viaje al pozo, el motivo del Cordón Umbral, el esfuerzo que hiciste con ellas. En ningún momento te interrumpe, salvo los crujidos y masticadas de Iruz en el asiento trasero.


No hay condescendencia en su tono, y tampoco intenta sonreír para quitarle importancia.


Ana echa un vistazo breve hacia ti y vuelve inmediatamente a la carretera.


Algo cruje detrás. Iruz lleva un rato con los ojos abiertos. Sigue apoyada contra la ventanilla, con las gafas oscuras puestas y una bolsa de patatas arrugada sobre el regazo. Se incorpora entre los asientos del conductor y del copiloto.


Ana gira la cabeza lo justo para fulminarla con la mirada. Iruz levanta ambas manos.


La Ícaro vuelve a dejar caer la espalda contra el asiento. Durante unos instantes parece haber terminado, pero mantiene la boca ligeramente torcida y mastica algo que ya no tiene. Cuando vuelve a hablar, lo hace mucho más bajo.


Después se coloca las gafas correctamente sobre el puente de la nariz, gira la cabeza hacia la ventanilla y deja muy claro que cualquier intento de hacerla repetir aquello será recibido con violencia.



Inspección umbral en las cercanías del bar

Horas más tarde, frente al Bar L'Isard, el mundo espiritual tiene bastante más movimiento que el físico. Cuando asomas la percepción más allá de la Celosía, las fachadas de piedra pierden buena parte de su peso. Las líneas rectas adquieren una precisión desagradable y las instalaciones eléctricas de Sant Remei de l'Obaga se transforman en nervios luminosos que recorren paredes, tejados y postes.

No parece un lugar espiritualmente importante, pero alguien se ha encargado de vigilarlo. Una hebra de fibra óptica umbral cruza por encima de la calle, tan fina que apenas existe cuando no la miras directamente. Se divide junto al campanario y desciende hasta varios edificios, conectándose a pequeños nudos geométricos que palpitan con destellos azules.

Sobre los tejados se desplaza algo parecido a un insecto metálico. Tiene seis extremidades plegadas contra una carcasa ovalada y dos alas transparentes formadas por rejillas hexagonales. No bate el aire. Simplemente se desplaza, deteniéndose en puntos concretos para proyectar pequeñas líneas de luz sobre ventanas, puertas y vehículos. Hay otros dos más pequeños adheridos a una chimenea, y no tardan en detectarte.

El dron volador se detiene en seco. Sus alas desaparecen y un pequeño ojo blanco se abre en mitad de la carcasa, mientras te enfoca. Una secuencia de chasquidos eléctricos recorre las hebras.


El aparato desciende unos centímetros. No adopta ninguna postura agresiva. Tampoco aparecen arañas de patrón ni estructuras destinadas a inmovilizarte.


Las fibras ópticas continúan transmitiendo pequeños impulsos alrededor del edificio. Cuando permaneces allí sin mostrar hostilidad, la criatura inclina ligeramente la carcasa.


El pequeño ojo blanco se contrae.


Y eso es todo. El dron vuelve a ascender hacia los tejados y continúa su patrulla como si la conversación no hubiera tenido ninguna importancia.



Reunión con Destiny en el Bar L'Isard

Dentro del bar, el mundo resulta bastante menos elegante. El café con gotas continúa delante de ti, intacto, desprendiendo un olor que recuerda vagamente al alcohol sanitario. Destiny permanece sentada al otro lado de la mesa. Ha escuchado tu presentación con atención profesional hasta que pronuncias el nombre de tu clan.

Cita de: Lady Midnight en 09 de Ago 2026, 02:06:23

Entonces arquea ligeramente una ceja.


Te observa con algo más de atención.


Iruz deja caer la cabeza hacia atrás. La cabra esquiadora de su camiseta se deforma al estirar la tela.


Destiny mantiene la mirada sobre ella unos segundos, y después carraspea.


Apoya las manos sobre la mesa. Los hombres del dominó continúan jugando al otro lado del local, aunque uno de ellos lleva demasiado tiempo sosteniendo la misma ficha. Destiny cambia a hablar en inglés.


Iruz permanece callada por primera vez desde que Destiny se ha sentado. La mujer prosigue.


Destiny desliza un dedo por la superficie pegajosa de la mesa, dibujando una frontera inexistente.


Sus ojos se levantan hacia vosotros.


Iruz frunce ligeramente el ceño. Destiny tarda un instante antes de continuar.


La palabra queda suspendida. Por primera vez desde que se ha sentado, Destiny pierde durante una fracción de segundo esa rigidez profesional, mientras baja los ojos hacia sus manos. Traga saliva.


Recupera la mirada.


Iruz mueve una pierna bajo la mesa. Se recoloca, está claramente incómoda.


La Ícaro deja escapar aire por la nariz.


Destiny no parece molestarse.


Iruz ladea la cabeza. Destiny se inclina ligeramente hacia delante.


La reacción de Iruz es inmediata. Se echa hacia atrás y suelta una carcajada seca que hace que uno de los hombres del dominó levante la cabeza.


Destiny no responde. La sonrisa de Iruz aumenta.


Destiny frunce el ceño. Iruz continúa sonriendo, encantada consigo misma.


Destiny deja pasar el comentario. Cuando responde, cada palabra sale mucho más despacio.


La sonrisa de Iruz se reduce, y Destiny no aparta la mirada.


Iruz hace girar entre los dedos uno de los sobres de azúcar de la mesa. Destiny te mira entonces a ti.


Una pequeña pausa.


¿Qué vas a hacer, Bruma Nocturna?

Mientras Ana Mercedes habla, el muchacho escucha casi con aire de molestia. Como si alguien estuviese metiendo la punta del dedo en una vieja herida despacio, casi pidiendo permiso, y rozando lo justo como para no poder protestar.

Cita de: Maurick en 09 de Ago 2026, 22:47:33

Cita de: Maurick en 09 de Ago 2026, 22:47:33

El Uktena suspira.


El joven evita las miradas de sus acompañantes, y gira la cabeza hacia el cristal de la ventanilla como si solo con la mirada pudiese transportarse lo suficientemente lejos como para que le sigan escuchando.




En la umbra, frente al bar, presta atención a todo lo que presencia. La ausencia de sentimientos negativos entre los espíritus, por una vez, parece reconfortarle. Sin embargo... esa sensación de estar en territorio de la Tejedora hace que esa sensación no dure demasiado. Se fija en la fibra, en los drones y en lo que dicen. "Protección asignada a individuo propietario", ¿eh? Alguien importante debe estar en la zona, para que se tomen tantas molestias. Quizá, en algún momento, sea menester realizar una pequeña investigación.



Ya en el bar, deja que Iruz maneje la situación. Sin embargo, cuando Destiny habla de su túmulo, no puede evitar intervenir.

Cita de: Maurick en 09 de Ago 2026, 22:47:33


Una rabia fría y contenida sale de entre sus dientes, casi gutural, casi como un gruñido. Quizá se debe al reciente descubrimiento de que Zarpa Manchada había ido a buscarla, o quizá por cómo sus esbirros intentaron "pactar" con la Noche Fría de forma no muy honesta. Quizá una mezcla de ambas, salpicada de la opinión general que el metis tiene de la Justicia Metálica.


Durante el resto de la conversación, se mantiene atento y expectante. De vez en cuándo echa un vistazo alrededor, tantea la reacción de los lugareños y revisa que nadie esté haciendo nada raro (apuntando en un papel, usando un móvil de manera extraña o prestando más interés, de forma disimulada, del que debería). Cuando la mujer se dirige a él, se endereza y se acerca un poco más a la mesa.

Cita de: Maurick en 09 de Ago 2026, 22:47:33


Se echa ligeramente hacia atrás, dejando de nuevo que la presencia de Iruz tome más protagonismo, y remueve el horrible café con una cucharilla intentando no hacer demasiado ruido.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Destiny te observa durante unos segundos después de que vuelvas a reclinarte en la silla. La seguridad con la que has apartado la negociación de ti parece desconcertarla bastante más que cualquiera de las amenazas de Iruz.

Mira primero a la Ícaro, y después vuelve a mirarte.


Destiny señala vagamente hacia Iruz con dos dedos, sin llegar a apartar el brazo de la mesa.


Iruz gira muy despacio la cabeza hacia ella. La cabra esquiadora de su camiseta continúa sonriendo por los dos.


Se inclina sobre la mesa, apoyando ambos antebrazos. Hay algo en su sonrisa que no resulta especialmente tranquilizador.


Destiny no parece apreciar demasiado el término elegido. Aun así, espera. Iruz entrecierra los ojos.


Destiny se toma unos segundos antes de contestar, carraspea. La rigidez de sus hombros cambia ligeramente, como si estuviese decidiendo cuánto puede contar sin desmontar delante de vosotros una historia mucho más larga.


Sus dedos se cierran despacio sobre el borde de la mesa.


Durante un instante parece que va a continuar. Iruz levanta una mano.


Destiny cierra la boca, molesta. Iruz aparta la silla hacia atrás. Las patas raspan el suelo del bar con un chirrido desagradable que hace levantar la cabeza a los hombres del dominó.


Destiny parpadea. Iruz ya está poniéndose en pie cuando la mujer reacciona.


Destiny extiende una mano y trata de sujetarla por el antebrazo. No llega a hacerlo. La palma de Iruz golpea sus dedos con un chasquido seco. No es un ataque, pero sí lo suficientemente fuerte como para apartarle la mano. La expresión de la muchacha cambia por completo.


Destiny mantiene la mano suspendida durante un segundo.

Iruz se inclina ligeramente hacia ella.


No espera confirmación. Se da la vuelta y empieza a caminar hacia la salida. La camiseta verde se balancea alrededor de su cuerpo con cada paso, haciendo que la cabra esquiadora parezca aún más ridícula. Los hombres del dominó vuelven a mirarla, y uno de ellos sonríe.

Iruz se da cuenta, y levanta ambos brazos mientras camina hacia la puerta y les dedica dos cortes de manga simultáneos.


La puerta se cierra detrás de ella. Durante unos segundos sólo permanece el murmullo del televisor. Destiny sigue mirando hacia la salida, y después mira la mano que Iruz acaba de golpear. Luego te mira a ti.


Desde la barra llega el ruido de una cucharilla golpeando contra una taza. Uno de los ancianos mueve por fin una ficha de dominó. Destiny deja escapar aire lentamente.


Se recoloca en la silla. Ahora que Iruz se ha marchado, algo cambia en ella. No parece más relajada, exactamente, pero sí menos preocupada por mantener una negociación que se estaba deshaciendo a cada frase. Destiny apoya los codos sobre la mesa, te mira.

Y entonces lo notas. Es apenas una presión detrás de los ojos. Una vibración breve de Gnosis, tenue pero inequívoca. Durante una fracción de segundo, el reflejo de Destiny en el cristal que hay detrás de la barra parece retrasarse respecto a su cuerpo.

Ha utilizado un Don. No sabes qué ha buscado exactamente. Ella tampoco parece interesada en explicarlo. La mujer te estudia durante unos segundos más y, finalmente, extiende una mano sobre la mesa. Como Garou.


Hace una pausa breve.


Destiny mantiene la mano ofrecida y sostiene tu mirada.


La forma de negociar, de relacionarse, de Iruz no resulta cómoda. No ofrece alternativas, no reconduce la conversación y, lo más importante, no parece que tenga un plan ni una intención concreta de cara a la obtención de algún beneficio. Sin embargo, el chamán se mantiene al margen de la conversación hasta que la muchacha se marcha.

En ese momento, se acerca un poco más a la mesa y mira a la mujer. No con confianza ni con seguridad, pero sí con cierto interés y la sensación de que, con suerte, podrá sacar algo en claro.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 22:22:07


Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 22:22:07


Su desprecio hacia la Justicia Metálica y sus métodos se siente en cada una de sus palabras. No habla con rencor, ni con rabia. Las palabras fluyen pausadas, tranquilas, expresando el disgusto como el agua de un río que mueve suavemente la arena de su lecho.

El muchacho nota el Don, desde luego. Es breve, pero no pasa inadvertido. Lleva toda la vida entre poderes y rituales, y está más que acostumbrado a que formen parte del día a día. Sin dar muestras de molestia o duda, intenta identificarlo con total naturalidad. Mira hacia el espejo, y no finge no haberlo notado. Simplemente intenta entender qué ha pasado más allá de lo evidente, sin decir nada más, y vuelve a mirar a Destiny mientras estrecha su mano en señal de paz. O, al menos, de aceptar que la conversación no será necesariamente hostil.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 22:22:07


Escucha su presentación, y se toma un momento para medir sus palabras antes de responder.


EL joven se acomoda de nuevo, y saca un par de cosas de su pequeño bolso que deposita sobre la mesa. De manera mecánica, casi sin prestar atención a lo que hace, comienza a cargar su pipa con la mezcla de tabaco de su bolsa.


El humo sale como una nube perezosa de su boca, mientras sus ojos, pendientes de medir la honestidad de su respuesta, descansan sobre el rostro de la Moradora del Cristal.

Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

La sensación que has percibido no desaparece del todo cuando Destiny deja de concentrarse. No es exactamente una presión, ni un olor espiritual, ni una alteración de la Umbra que puedas reconocer de inmediato. Tiene algo familiar, sin embargo. Algo parecido a la forma en la que ciertos Garou tantean la corrupción del Wyrm, aunque el patrón no termina de encajar.

Si quieres identificar con precisión qué acaba de hacer, realiza una tirada de Inteligencia + Ocultismo, dificultad 8.

  • Con 1 éxito, podrás comprender qué clase de información intenta obtener el Don.
  • Con 2 éxitos, reconocerás por completo su funcionamiento y qué estaba intentando averiguar Destiny al utilizarlo sobre ti.
  • Un fallo, incluso un fracaso, no tendrá ninguna consecuencia negativa. Simplemente, la naturaleza del Don seguirá siendo desconocida para ti.

Destiny escucha tu explicación sobre Iruz sin interrumpirte. Al principio mantiene esa expresión profesional, casi inmóvil, pero algo empieza a tensarse alrededor de su mandíbula cuando llegas a la conclusión. «Vosotros la dejasteis así». La Moradora del Cristal baja la mirada hacia la mesa durante un segundo. Cuando vuelve a levantarla, está molesta.


Destiny junta las manos delante de ella, entrelazando los dedos.


Su mirada se endurece ligeramente.


Hace una pequeña pausa. El humo de tu pipa atraviesa la luz del bar y se deshace entre vosotros.


Destiny ladea ligeramente la cabeza.


Sus dedos se separan.


La frase queda entre los dos. No la pronuncia con ánimo de provocarte gratuitamente. La pronuncia como una Philodox que acaba de recibir una acusación y ha decidido colocar otra sobre la mesa. Cuando reconoces que tú tampoco estás libre de culpa y le concedes el beneficio de la duda, Destiny deja escapar una breve exhalación por la nariz. Por primera vez desde que Iruz abandonó el bar pierde parte de esa corrección profesional.


Su tono se vuelve mucho más seco.


Destiny se inclina ligeramente hacia delante.


Un silencio.


Destiny apoya de nuevo la espalda contra la silla.




La tensión permanece unos instantes más, pero no aumenta. Cuando cambias de asunto y mencionas aquel nombre francés, la reacción es completamente distinta.  Destiny frunce el ceño.


Repite el término como si buscase algo en la memoria. Nada parece llegar.


No intenta disimular el desconocimiento. Tras unos segundos, la Philodox observa el humo que sale de tu pipa y parece reconsiderar algo.


Destiny apoya un dedo sobre la mesa.


Una pausa, y esta vez no habla de Marian Coldwater.


Destiny no añade nada más y te espera.

20 de Ago 2026, 14:55:11 #29 Ultima modificación: 20 de Ago 2026, 15:01:43 por Lady Midnight


Tras analizar el don usado por la mujer, el joven atiende pacientemente a la respuesta que Destiny da a su provocación. En el momento en el que se da cuenta de que ha funcionado, una ligera sonrisa se dibuja en un lateral de sus labios para desvanecerse medio segundo después. Mientras la mujer habla, da una intensa calada a su pipa y suelta el humo despacio, soplándolo hacia un lateral para no molestar a su acompañante. Su expresión es calmada y serena, casi amistosa, quizá un poco condescendiente.

Cita de: Maurick en 17 de Ago 2026, 18:58:37










El chamán se acerca un poco más a la mesa, despacio, intentando no avivar el fuego que parece que permanece en el interior de la mujer.


Cita de: Lady Midnight en 15 de Ago 2026, 09:54:00


Mira hacia abajo, dando el tiempo suficiente a su expresión de empatía como para que suene sincera y sentida pero no exagerada. Toma un pequeño sorbo de su café, acompañado de una mueca de disgusto, y traga a desgana.


Deja el pocillo sobre la pequeña taza, y lo aleja ligeramente de sí mismo para no tener tan cerca ese desagradable olor.


Da una nueva calada a su pipa, breve, y vuelve a mirar a su acompañante. Esta vez, con cierta curiosidad.


Las voces de los pueblerinos se apagan a su alrededor mientras sus últimas palabras, cargadas de dolor, transmiten la sensación de pérdida y responsabilidad más allá de lo verbal.


Da una calada más a su pipa, recapacitando sobre si ha extendido demasiado en su exposición. Intenta dar un nuevo sorbo a su café, esta vez con mas cautela, e intenta fingir disfrute al tragar con dificultad. Cuando la Philodox vuelve a hablar, se recuesta levemente contra el respaldo y escucha con su característica paciencia una vez más.

Cita de: Maurick en 17 de Ago 2026, 18:58:37




El Theurge espera, midiendo cada palabra de Destiny y examinando su petición.


El joven muchacho respira calmado, pasando la mirada de nuevo a la taza y otra vez a la Moradora del Cristal sin atreverse a dar un nuevo sorbo mientras la gente de alrededor ya ha dejado de mirarlos porque el tiempo ha decidido que los extraños hablando en una lengua ajena ya no merecen interés.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.