Episodio 1 — Soria

Iniciado por Maurick, 02 de Ene 2026, 01:46:28

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Cuando Llanto del Arroyo se acerca, Bruma admite con tranquilidad la rutina de reconocimiento. Permanece sentado, se acicala una de la patas delanteras brevemente mientras la lupus regresa a encontrarse frente a él. Entonces se incorpora, y se acerca hasta poder respirar su aliento.

Cita de: Maurick en 04 de Mar 2026, 21:31:44




Tras rascarse un poco, el Uktena sacude todo su cuerpo para quitarse los restos de corteza del pelaje y se acerca de nuevo a la lupus.

Cita de: Maurick en 04 de Mar 2026, 21:31:44


Cuando la loba echa a caminar, Bruma la sigue con calma. Le concede un par de metros de ventaja, y camina exactamente por el mismo lugar que ella.

Cita de: Maurick en 04 de Mar 2026, 21:31:44

Al ver la presa, Bruma se acerca y la olisquea. Está aún tibia, como si alguien se hubiese alejado justo antes de comenzar a comer. Con el olor del cadáver fresco en sus fosas nasales, retrocede dando un par de pasos atrás y vuelve a sentarse sobre sus cuartos traseros.


Mientras espera la respuesta de Llanto del Arroyo, mantiene a la cría atrapada bajo su pata. Firme, pero sin causarle daño. La mirada es tranquila, y la actitud relajada. No sabe si la conversación tendrá algún futuro, pero la lupus es, sin duda, un sujeto interesante.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

07 de Mar 2026, 09:33:20 #46 Ultima modificación: 07 de Mar 2026, 09:38:40 por Maurick
Cuando hablas de decisiones necesarias, de venenos que quizás llevas dentro desde antes de saberlo, Llanto del Arroyo permanece quieta. Su mirada no busca dominar, pero tampoco esquiva la tuya. Escucha como escuchan los lobos: sin interrumpir, sin mostrar acuerdo. Cuando terminas, la loba aparta la vista hacia el bosque. Olfatea el aire un instante. El viento trae olor de madera cortada, de hierro oxidado... y del humano que trabaja más allá de la linde. Luego vuelve a mirarte.


La cola se mueve una vez, lenta.


Hace una pausa breve, sin dramatismo. Habla la experiencia y lo salvaje.


La loba ladea ligeramente la cabeza.


Sus orejas se mueven hacia atrás un instante. El cuerpo sin vida de los gazapos rezuma sangre poco a poco. Notas que no tiene intención de comer.


Su mirada se dirige hacia el claro donde descansa el Estanque del Lirio Apacible.


Vuelve a mirarte.


No es una acusación, es una certeza tranquila. La loba olfatea de nuevo el viento que llega desde el sendero. Los golpes de madera vuelven a escucharse a lo lejos.


Su cabeza se vuelve en esa dirección. Luego mira hacia el interior del bosque, donde la Celosía se vuelve más fina entre los árboles.


Te dedica una última mirada hacia ti.


Y sin esperar respuesta, Llanto del Arroyo se gira y se interna entre los árboles, donde el aire comienza a volverse más fino y la presencia de la Umbra se siente más cerca.

Mientras la lupus se expresa, el Sioux levanta despacio la zarpa del cuerpo del gazapo. Se sienta lentamente, y se queda observando a la loba con la cabeza levemente ladeada.

Cita de: Maurick en 07 de Mar 2026, 09:33:20



Silencio. El Uktena se levanta con calma y se estira un poco echando el cuerpo hacia atrás, cargando el peso sobre las patas traseras. Sin quitar sus ojos de Llanto del Arroyo, se acerca a ella mientras empieza a hablar.


Bruma da una vuelta completa alrededor de Llanto del Arroyo sin quitar sus ojos de la cabeza de ella. Cuando completa la vuelta, se sienta muy cerca de ella, medio a su lado medio de frente, y termina el movimiento tumbándose en el suelo con la cabeza en alto.

Cita de: Maurick en 07 de Mar 2026, 09:33:20


Cita de: Maurick en 07 de Mar 2026, 09:33:20


La cola del americano se mece suavemente hacia los lados mientras la lupus continúa hablando. Cuando menciona a Marcos, se levante suavemente y deja que la conversación concluya.

Cita de: Maurick en 07 de Mar 2026, 09:33:20


Cuando la pierde de vista, se dirige despacio hacia el lugar del vienen los golpes. Si Marcos realmente necesita ayuda, le echa una mano con la tarea. Si no, se dirigirá a la Umbra... a entrevistarse con el Lirio Apacible.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

El sonido de los pájaros y de la naturaleza se extiende por todo el túmulo mientras Bruma Nocturna y Llanto del Arroyo conversan. De vez en cuando, se escucha el sonido de algún insecto revoloteando. La lupus observa atenta, manteniendo la distancia, y solo gira una oreja hacia atrás, señal de que ha oído y de que no le interesa demasiado.

Cita de: Lady Midnight en 14 de Mar 2026, 17:02:27


Da un paso entre la hierba alta, sin apartar del todo la vista del sendero.


Luego se te queda mirando.

Cita de: Lady Midnight en 14 de Mar 2026, 17:02:27

El viento cambia un poco. La lupus alza el hocico, respira, y cuando vuelve a hablar lo hace más despacio, como si eligiera con cuidado palabras que no le gustan.


Varias moscas se terminan posando sobre el cadáver del conejo. Revolotean y se plantan sobre la sangre y las vísceras. Llanto del Arroyo observa la escena, impasible.


Llanto del Arroyo ladea apenas la cabeza.


No lo defiende. Tampoco lo acusa.


Y esta vez sí, sin añadir nada más, se interna entre los árboles.

La presencia de Llanto del Arroyo se disuelve entre los árboles con esa naturalidad inquietante de los depredadores viejos: no parece que se haya marchado, sino que el bosque la ha reclamado de vuelta. Te quedas solo unos segundos más, con el olor fresco de la sangre pequeña aún flotando en el aire y las palabras de la lupus asentándose despacio, como barro en el fondo de un estanque removido. Luego echas a andar.

Cita de: Lady Midnight en 14 de Mar 2026, 17:02:27Cuando la pierde de vista, se dirige despacio hacia el lugar del vienen los golpes. Si Marcos realmente necesita ayuda, le echa una mano con la tarea. Si no, se dirigirá a la Umbra... a entrevistarse con el Lirio Apacible.

Dejas atrás la linde, el conejo destripado, el claro donde el aire parecía más fino de lo normal, y tomas el sendero de vuelta hacia la zona donde resonaban los golpes de madera. No vas rápido, pero tampoco dudas. A mitad de camino, algo llama tu atención: una ardilla. Está inmóvil sobre una piedra baja, con el cuerpo tenso y la cola erguida, mirándote fijamente. No parece asustada. Sólo... atenta. Te observa un instante más de lo que sería natural, como si estuviera decidiendo si reconocerte o huir de ti, y al final trepa por el tronco de un roble con una agilidad nerviosa hasta desaparecer entre las ramas altas.

Más adelante, el batir rápido de unas alas rompe el silencio entre dos árboles frutales medio salvajes. Puedes ver un par de jilgueros descendiendo al suelo, picoteando algo invisible entre la tierra y las hojas secas. Entonces levantan la cabeza al unísono. También te miran fijamente. Pequeños, ligeros, absurdamente vivos. Un segundo después revolotean en círculos cortos, nerviosos, y se alejan hacia el vallado en construcción. Cuando llegas al límite oriental del terreno, encuentras por fin a Marcos García de Visarón.

El Hijo de Gaia está de pie junto a una valla a medio rehacer, con varias tablas nuevas apoyadas en el suelo, un mazo clavado boca abajo en la hierba y los pantalones llenos de tierra seca a la altura de las rodillas. Ha retirado parte de la vieja empalizada y está preparando una nueva línea de postes que separe con más claridad la zona domesticada del túmulo de una franja de terreno donde la maleza crece ya sin disculparse ante nadie. En cuanto te ve aparecer, alza una mano con una sonrisa abierta, de esas que no se piensan demasiado.


Se limpia el dorso de la muñeca contra la frente, dejando una mancha de polvo y sudor.


Su tono sigue siendo ligero, pero ya no tanto.


Marcos ladea un poco la cabeza, esperando tu reacción.


Y entonces llega. Lo notas. No es una idea, ni una visión. Tampoco es una certeza, pero es una punzada seca y profunda en la nuca. Un peso repentino bajo la piel. Esa caída interior, mínima pero brutal, que no siempre anuncia peligro... pero casi siempre anuncia que algo ya se ha movido. Una sensación de desasosiego te trepa por la espalda.

¿Qué vas a hacer, Bruma Nocturna? ¿Harás caso de lo que te ha dicho Marcos, o vas a ir al núcleo umbral del túmulo?

Frente a las últimas palabras de la lupus, el Uktena solo escucha. Entiende todo lo que dice, y considera que es cierto. Nada suena extraño, y todo encaja con las ideas que ya tenía. Sin embargo, sus palabras son como un plato vacío a la hora de comer y no satisfacen su hambre de respuestas. Muy a su pesar, sospecha que tendrá que encarar al líder del túmulo casi a ciegas.

Cuando se encuentra con Marcos, cambia su forma a la de homínido y lo saluda con un leve gesto de su mano. Presta atención a lo que le cuenta, y asiente con seriedad.


Su respuesta es concisa, pero no excesivamente seca. Son las palabras de alguien que sabe que algo acaba de comenzar y, sea lo que sea, debe hacerle frente. Se despide de Marcos con otro pequeño gesto de su mano, y vuelve a pasar a lupus para hacer el camino más rápido mientras maldice para sus adentros.


Intenta llegar a la casa de Tomás lo antes posible, esperando que sea la verdadera Ana Mercedes la que allí le espera.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.