Episodio 2 — La Garrotxa

Iniciado por Maurick, 15 de Abr 2026, 23:58:13

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01 de Jun 2026, 01:35:40 #15 Ultima modificación: 01 de Jun 2026, 23:53:13 por Lady Midnight
El trayecto es duro. No por el terreno, ni por las pendientes, ni por las pendientes. Es duro porque exige compromiso con un lugar que no ofrece ninguna garantía a cambio. La sensación de humedad hace cada respiración más pesada que la anterior, y la corrupción bajo los pies amenaza con tragarse al grupo a cada paso que dan por el bosque. El chamán acepta, como muchas otras veces, esa penitencia que sus convicciones le imponen. Se mantiene sereno, en silencio, atento a cualquier posible amenaza o suceso que pueda tener lugar a su alrededor.

Cita de: Maurick en 31 de May 2026, 10:39:19

El metis se encoge ligeramente de hombros, aceptando que es una conversación que, en algún momento, tendrá que afrontar.


El silencio posterior encaja casi como si fuese una respuesta en sí mismo.

Cuando Ana Mercedes toma la delantera, el chamán le cede el paso cortésmente. Como siempre, está mucho más cómodo en un segundo (o incluso tercer) puesto; lejos de las atenciones y de la responsabilidad de guiar a otros, puede dedicar más recursos a aquello que considera más importante o interesante. Cuando las "cabras" hacen acto de presencia, Bruma urge a colocarse al lado de Ana Mercedes.


Su voz suena más a agotamiento que a reproche, como si ese tipo de situaciones hubiesen tenido lugar más veces de las que le gustaría recordar.

Cita de: Maurick en 31 de May 2026, 10:39:19


Mientras la ícaro se arranca el vestido, el joven sioux se dirige de nuevo a la philodox.


Mientras pronuncia las últimas palabras con una entonación cada vez más cercana a un gruñido, su grácil cuerpo adquiere la forma de la bestia con astada que realmente es. En vista de que va a ser imposible detener a Iruz, que al menos no salga muy mal parada. Y, además, ¿qué coño? Esas bestias no son nada menos que aberraciones que representan y esparcen la corrupción. Destruirlas es lo más clemente que se puede hacer en una situación como esa.

*Bruma gasta gnosis sin demasiado problema, pero se reserva siempre un punto por si fuese necesario huir. En ese caso, indicaría a Ana Mercedes que pasase a lupus, agarraría a las dos chicas y las sacaría de escena usando su don de Espíritu del Pájaro.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Ana presta atención a las palabras de Bruma sin apartar la mirada de las cabras. Su cuerpo sigue tenso, preparado para saltar, pero hay un instante breve en el que algo cambia en sus ojos. No es confianza plena, es reconocimiento táctico. El camino se estrecha a vuestro alrededor. Las hayas filtran la luz del mediodía en tiras pálidas, húmedas, casi sucias. La tierra volcánica parece más negra bajo las pezuñas deformes de los fomori.


Iruz no parece escuchar del todo. Tiene la respiración acelerada, las manos crispadas sobre la tela del vestido y la cara endurecida por una mezcla de dolor, asco y rabia acumulada.


Iruz suelta una risa seca. No tiene gracia.




Las cabras avanzan. La del cubo oxidado golpea otra piedra con un sonido hueco, metálico, miserable. La otra arrastra su pata hinchada dejando un surco húmedo en el barro. Los bultos negros de la piel se abren y se cierran, respirando por ella. Ana gruñe.


Pero Iruz ya ha dado un paso. Luego otro. Se agarra el bajo del vestido con ambas manos y se lo quita de un tirón torpe, furioso, como quien se desprende de una piel que ya no le sirve. La tela cae al suelo, manchada de barro, veneno seco y sudor. Debajo queda una figura más pequeña de lo que debería parecer en mitad de aquel bosque: piernas delgadas, medias rotas, piel marcada por el ataque de Nymph, hombros tensos bajo la ropa interior y una expresión que ya no busca permiso de nadie.


Las cabras se detienen un segundo. Quizá por el olor. Quizá por el modo en que el aire se ha tensado alrededor de ella. Entonces su cuerpo cambia. Ana frena en seco: está claro, es la primera vez que ve esto. A ti te recuerda cuando Angelus deformó su cuerpo para convertirse en la Bestia Púrpura. Pero no cambia como un Garou. No con la violencia sagrada de la carne recordando una forma ancestral. Lo de Iruz es peor, porque no parece recordar nada. Parece decidirlo a la fuerza. La piel se le abre en líneas demasiado rectas, como cremalleras vivas bajo la ropa. Los hombros se le hunden hacia dentro y luego se expanden en una estructura baja, compacta, desagradable. La columna cruje con un sonido húmedo. Las costillas se le marcan desde fuera un instante antes de quedar cubiertas por placas de tejido pálido, liso, casi gomoso.

Ana Mercedes da medio paso hacia ella, pero no la detiene. No puede. De la espalda de Iruz emergen tendones negros y filamentos finos, tensos como cables mojados. Sus brazos se deforman, perdiendo proporción humana. Las manos se abren demasiado. Los dedos se alargan, se retraen, vuelven a abrirse con una obediencia que no parece venir de músculos, sino de otra cosa escondida bajo la piel. Su rostro no desaparece del todo. Eso es lo peor. Queda ahí, desplazado, hundido en una masa de carne replegada, con los ojos demasiado abiertos y una sonrisa que no debería caber en una cara humana. Sigue siendo Iruz lo suficiente como para que mirarla duela. Y ha dejado de serlo lo bastante como para que las cabras fomori retrocedan un paso. Esa criatura demoníaca, o vampírica, respira. Y esa respiración hace que el bosque parezca contener la suya.

Durante un instante, incluso percibes algo difícil de colocar. No es Rabia. No es Gnosis. No es el recuerdo limpio de una forma heredada. Hay Tejedora, sí, demasiada, tensando patrones bajo la carne. Pero también hay hambre, decisión y una violencia fabricada para responder antes de tener miedo. La primera cabra embiste. Iruz se desplaza de lado con una rapidez repugnante, como si el suelo tirara de ella por debajo. Algo se abre en su torso, una hendidura húmeda y funcional, y atrapa al animal por el cuello. Hay un crujido seco. El balido se corta a medias. Sangre oscura cae sobre la tierra volcánica en una lluvia sucia.

Ana Mercedes se queda inmóvil, las garras preparadas, incapaz de decidir durante medio segundo si debe ayudar a Iruz o apartarse de ella. Ese medio segundo basta para entender que Iruz no necesita ayuda. La segunda cabra trata de huir. No llega lejos. Una extremidad que no estaba ahí antes brota del costado de la Ícaro: larga, flexible, rematada en dedos finos que se cierran alrededor de una pata trasera. La arrastra hacia sí con una fuerza seca. El animal patalea, abre la boca demasiado, y la lengua gris terminada en anzuelo se agita en el aire como una lombriz enferma. Iruz la estrella contra una roca volcánica. Una vez, otra vez. Otra vez. A la cuarta, el cubo oxidado de la otra cabra cae al suelo y rueda unos centímetros, vacío por fin de cualquier dignidad rural.

El silencio vuelve al sendero. Pero ya no es el mismo. Iruz, aún en esa forma imposible, se inclina sobre los restos. No parece comerlos. No parece recrearse. Parece comprobar que han dejado de ser un problema. Los filamentos negros de su espalda tiemblan un poco, tensos, como si todavía esperasen una orden que nadie ha dado. Se acerca al cuerpo palpitante de una de ellas, y abre su monstruosa boca. Sus colmillos, afilados como si fueran agujas, se clavan en la carne recién asesinada para succionar el líquido vital. Escucháis un ruido asqueroso, repugnante. Ana intenta aguantar las formas, despacio, pensando. Sus ojos no están aterrados, pero sí abiertos de una forma nueva.


No hay frase posible en ese primer momento. Iruz comienza a replegarse. La carne vuelve a sitio con una obediencia desagradable, como si alguien cerrase una máquina blanda desde dentro. Los filamentos se hunden bajo la piel. Las placas gomosas desaparecen. La columna se recoloca con pequeños chasquidos. La cara recupera proporciones humanas poco a poco, aunque la sonrisa tarda más de la cuenta en abandonar su boca. Cuando termina, está de pie en mitad del camino, despeinada, manchada y respirando con fuerza. Parece mucho más pequeña que hace unos segundos. También mucho menos indefensa.


Ana Mercedes tarda un segundo en responder. Mira los restos. Luego mira a Iruz. Luego a ti.


Iruz recoge el vestido del suelo, lo sacude una vez sin mucha esperanza y se lo echa sobre un hombro. Todavía tiembla un poco por dentro, aunque intenta que no se note.


Da unos pasos por el sendero, pasando junto a Ana sin mirarla demasiado. El gesto tiene algo de desafío, pero también de chulería incorregible. Y entonces os dais cuenta. El sendero ha cambiado otra vez. La bifurcación, las raíces cerradas, el tramo donde Nymph había desaparecido... todo queda atrás de una forma difícil de ordenar. No parece que hayáis caminado tanto. Pero la humedad es distinta. El aire también. Hay humo, muy fino, mezclado con olor a ceniza mojada y leña vieja. Delante de vosotros, entre hayas y piedra negra, se abre un claro estrecho.

La Masía de la Cendra aparece sin imponerse. Una construcción antigua, de muros oscuros y tejado irregular, encajada contra un saliente de roca volcánica. No parece abandonada, aunque tampoco viva del todo. Hay herramientas apoyadas contra una pared, haces de ramas secas bajo un cobertizo vencido y cuencos de barro colocados junto al camino, llenos de ceniza gris azulada. En el dintel de la puerta principal hay marcas talladas. La Philodox se queda mirando la casa con la respiración contenida. La rabia del combate aún no se le ha ido del cuerpo, pero ahora tiene otro peso encima: el recuerdo, la expectativa, la certeza de que el viaje acaba de llevarla a un sitio donde las respuestas quizá no vengan limpias.

Iruz ya no dice nada. Y tú notas, con una certeza incómoda, que acabáis de llegar al único punto de esta montaña que todavía intenta recordar cómo se contiene una herida. La puerta de la Masía de la Cendra está cerrada. Pero del otro lado llega un leve sonido de madera: alguien sabe que estáis ahí.

La tensión aumenta mientras las cabras avanzan lentamente, y la actitud de Iruz no ayuda. Mientras Ana Mercedes intenta organizar al grupo, Bruma tensa los músculos y se coloca en posición. Cuando la ícaro se adelanta haciendo caso omiso a las instrucciones, el chamán da un bote hacia adelante para intentar detenerla... pero ya es demasiado tarde.

Cita de: Maurick en 02 de Jun 2026, 00:16:06


Su voz suena profunda, preocupada. Lo que sospecha que se avecina no le está haciendo ni pizca de gracia.

Al ver su cuerpo mutar, no puede evitar deformar su cara en una mueca de repulsión. No solo por la forma, sino por la esencia. La presencia inequívoca de la Tejedora, el olor a Wyrm corrupto de la vitae que recorre su organismo, el recuerdo del poder caelesti de Angelus y Mauricio... Todo ello combinado en blasfemia, en unas proporciones que profanan cualquier posibilidad de equilibrio energético.

En el momento en el que Ana Mercedes se refiere a él, mueve la cabeza con desaprobación.

Cita de: Maurick en 02 de Jun 2026, 00:16:06


Al ver a Iruz darse la vuelta y marcharse, el ánimo del chamán es evidente: está claramente molesto, e incluso enfadado.

Cita de: Maurick en 02 de Jun 2026, 00:16:06


Al darse cuenta de que sigue sujetando a la muchacha, le suelta la muñeca con una ligera expresión de culpa. Deja que continúe el camino dispuesto a seguirla a cierta distancia y, cuando la ícaro ya no puedo oírlos, comenta la situación con Ana Mercedes.

Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

La muñeca de Iruz queda atrapada en tu mano apenas unos segundos. No hace fuerza al principio, eso es lo peor. No tira, no grita, no intenta soltarse de inmediato. Se queda muy quieta, mirándote como si durante un instante no estuviera escuchando tus palabras, sino midiendo la forma exacta en la que la estás sujetando. Luego baja la vista a tu mano. La mandíbula se le tensa.

Cita de: Lady Midnight en 02 de Jun 2026, 20:35:32


Lo dice en voz baja, entre dientes. Suena peligrosa, sin duda. Ana Mercedes, que todavía tiene el cuerpo cargado por el combate y la respiración algo rota, se gira hacia vosotros. Sus ojos van de tu mano a la cara de Iruz, y después se quedan fijos en ti. No interviene todavía, pero algo en su expresión cambia.

Cita de: Lady Midnight en 02 de Jun 2026, 20:35:32


Sigue pronunciándolo entre dientes. Notas como sus brazos se tensan.

Cita de: Lady Midnight en 02 de Jun 2026, 20:35:32


Cita de: Lady Midnight en 02 de Jun 2026, 20:35:32Al darse cuenta de que sigue sujetando a la muchacha, le suelta la muñeca con una ligera expresión de culpa.

Cuando la sueltas, Iruz no retrocede enseguida. Se frota la muñeca con dos dedos, despacio, como si el contacto le hubiera dejado más marca que el veneno de antes. Después sonríe, con una sonrisa horrible.


Ana Mercedes da un paso hacia ella, Iruz levanta una mano sin mirarla.


Ana se detiene. Iruz se gira hacia ti de nuevo. Está despeinada, sucia, pequeña de cuerpo y enorme de rabia. Bajo el barro y las manchas, todavía se le nota el cansancio del viaje y el dolor del veneno.


Las cabras fomori ya no se mueven; sólo quedan restos húmedos sobre la tierra negra, el cubo oxidado tirado de lado y un olor agrio que la humedad del bosque se niega a llevarse. Iruz señala con un gesto brusco hacia lo que queda de ellas.


Traga saliva. Le cuesta. No quiere que se note.


Ana Mercedes baja la mirada un instante. Esa frase le toca. Se le nota en los hombros. En cómo cierra los dedos, aún manchados de barro y sangre, como si acabara de reconocer un idioma que odia demasiado bien.


No dice más, todavía. Iruz sí.


Ana Mercedes aprieta los labios. No la interrumpe.


Ana Mercedes alza la vista hacia ti. Ahora sí habla.


Iruz gira la cabeza hacia ella, lista para morder. Ana no se echa atrás.


La frase cae sin adornos, sin rabia. Y quizás por eso pesa más. La Ícaro se queda callada un segundo, sin agradecer la defensa. Quizá porque agradecerla también le dolería. Iruz baja un poco la cabeza.


Ana la mira de reojo.


Iruz escupe al suelo. Parece que tenía algo atascado en los dientes, quizás un trozo de hueso o tendón de las cabras.


Ana sostiene el silencio.


Iruz aparta la mirada. Esta vez no tiene respuesta inmediata.


Iruz aprieta los dedos alrededor del vestido. Durante un segundo parece que va a soltar otra barbaridad. Algo cruel, rápido, defensivo. Pero no lo hace. Sólo mira hacia el sendero, hacia el humo lejano que aún no habéis alcanzado.


La frase se queda ahí, abierta. La Philodox no sabe qué contestar. O quizá sí lo sabe, pero entiende que no hay forma limpia de hacerlo ahora. Iruz vuelve a mirarte, ya no grita. Eso no la hace menos dura.


El silencio posterior es áspero, sin victoria en él. Sólo tres respiraciones distintas, una humedad cada vez más densa y los restos de dos fomori pudriéndose a vuestros pies. Ana Mercedes se pasa una mano por la cara, manchándose más de barro en lugar de limpiarse. Cuando habla, lo hace sin mirar a nadie en concreto.


Mira primero a Iruz. Luego a ti.


Iruz no contesta, se da media vuelta y continúa caminando por el sendero. Pero, por primera vez desde que habéis entrado en la Muntanya Blava, el peligro más inmediato no parece estar en el bosque.

Cita de: Lady Midnight en 02 de Jun 2026, 20:35:32Deja que continúe el camino dispuesto a seguirla a cierta distancia y, cuando la ícaro ya no puedo oírlos, comenta la situación con Ana Mercedes.

Ana vuelve a mirarte de reojo, quizás con algo de desprecio.


La respuesta suena a enfado, pero no le da tiempo a crecer mucho más. El sendero se abre poco a poco. La humedad cambia de olor. Ya no es sólo bosque, barro y sangre vieja; también hay humo apagado, ceniza mojada y madera envejecida. Entre los árboles empieza a verse una construcción humana de roca y paja, oscura por la humedad y encajada contra la ladera como si llevara años intentando no derrumbarse.

Habéis llegado a la Masía de la Cendra.

Iruz pide a Bruma que la suelte, pero este no escucha. El discurso llevaba un rato gestándose en su mente y ha salido como el agua que atraviesa las compuertas recién abiertas de una presa que ha acumulado más agua de la que puede almacenar. Cuando termina su reprimenda y relaja los dedos, se da cuenta: Iruz no es su responsabilidad. Ni siquiera es su amiga. Es una acompañante elegida a dedo por alguien que, no de las mejores maneras, había solicitado una colaboración cuestionable.

Cita de: Maurick en 02 de Jun 2026, 23:14:52


Sus palabras no son limpias. Salen con una energía reprimida, como si estuviese haciendo un esfuerzo para dejar de sonar como un profesor frente a un alumno problemático.

Cita de: Maurick en 02 de Jun 2026, 23:14:52

El metis niega ligeramente con la cabeza, algo más brusco de lo habitual.


Cita de: Maurick en 02 de Jun 2026, 23:14:52


Cuando Iruz menciona a Tomás, el gesto de Bruma pasa de la frustración al verdadero enfado. No a la ira ni a la furia, sino a ese enfado sereno que no se pasa tras cuatro gritos y que nace de algo más profundo que las meres palabras que aún flotan en el aire. Mira a la joven, y la deja seguir hablando. Escucha también a Ana Mercedes, manteniendo el ceño fruncido durante toda la conversación. Como durante el combate, parece que algo se está acumulando en su interior, luchando por no salir de golpe mientras intenta ordenarse para poder convertirse en algo coherente.

Cita de: Maurick en 02 de Jun 2026, 23:14:52








Hace una pausa, y respira. No con profundidad, sino de un modo medido y casi cronometrado. Como si estuviese intentando reajustar su ritmo respiratorio y su ritmo cardíaco para volver a recuperar la compostura.


Se separa lentamente de Iruz y se acerca al borde del camino. En ese lugar plagado de corrupción es más difícil encontrar consuelo en las energías espirituales del bosque pero, como casi siempre, no tiene muchas más alternativas. Cuando habla con Ana Mercedes ya no se le nota enfadado ni nervioso, pero quizá un poco más pequeño y encorvado.

Cita de: Maurick en 02 de Jun 2026, 23:14:52


En sus ojos aparece una breve chispa, como si el hecho de haber encontrado hostilidad en lugar de la buscada complicidad hubiese activado algún mecanismo defensivo en su interior.

Continúa el resto del viaje con actitud taciturna, cerrando el grupo dejando varios metros de distancia con sus compañeras, hasta que llegan a la Masía. En ese momento, se separa un poco del lugar, se sienta sobre una roca no muy alejada (sin perder de vista la puerta), y saca casi de modo ritual su pipa y su mezcla de hierbas.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

04 de Jun 2026, 23:26:23 #20 Ultima modificación: 04 de Jun 2026, 23:33:01 por Maurick
Iruz te mira mal ante tus respuestas, pero se la nota cansada para seguir con la discusión. Se enciende aún más cuando bajas a su nivel, y quizás, solo quizás, ves que sonríe un poco con el enfrentamiento.


Parece que su propio veneno se ha quedado atascado en su garganta. Rompe a llorar completamente desconsolada, y comienza a caminar como si fuera una muerta en vida. Ana Mercedes cierra los ojos un segundo. Sólo uno. Cuando los abre, parece más cansada que antes.


Iruz vuelve la cara hacia ella con una mueca torcida. Intenta soltarle algo, pero su cara está roja y enfadada.  Ana no entra ahí. No muerde el anzuelo. Tiene los hombros tensos como si llevara demasiado rato sujetando algo que nadie ve.


Iruz aprieta la mandíbula, pero no pide perdón. Tampoco insiste. El grupo avanza sin arreglar nada, mientras ella va lloriqueando. Su llanto se calma, poco a poco, hasta que la distancia entre vosotros se vuelve física. Iruz va delante, con el vestido otra vez puesto de cualquier manera y la espalda rígida. Ana Mercedes camina unos pasos por detrás, pendiente de ella y de ti al mismo tiempo, atrapada en ese lugar ingrato donde se coloca quien intenta que una discusión no se convierta en ruptura. Bruma cierra el grupo, más separado de lo necesario, con la mirada en la puerta que aún no habéis alcanzado y el cuerpo algo más encorvado que antes.

La Masía de la Cendra aparece entre los árboles sin ninguna grandeza. Es una construcción baja, vieja, hecha de piedra oscura y techumbre pobre, encajada contra la ladera como una cosa que ha aprendido a resistir por pura costumbre. La humedad le ha mordido las paredes. La ceniza se acumula en cuencos de barro junto al camino. Hay haces de ramas secas bajo un cobertizo vencido, herramientas oxidadas apoyadas contra un muro y marcas talladas en el dintel de la puerta principal, y no parecen adornos. Iruz se detiene al ver la casa. Ana Mercedes también. Ninguna de las dos dice nada durante unos segundos. Tú, en cambio, te apartas un momento. Habéis llegado a dónde quería Ana Mercedes. ¿O era Iruz la que quería venir aquí? Buscas una roca cercana, sin perder de vista la construcción. Suspiras, y te sientas con cuidado a prepararte una buena pipa. Necesitas respirar, y el humo tarda poco en levantarse. Tiene un olor seco, extraño en mitad de tanta humedad. Algo terroso, viejo, más cercano a un recuerdo que a una fragancia. Durante un momento, la Masía parece seguir cerrada. Ana Mercedes mira la puerta, y se agacha buscando alguna pista. Pasa en seguida a lupus y comienza a examinar la zona. Iruz os mira a ambos, y se apoya contra un árbol con rostro enfurruñado.

Entonces tú oyes pasos detrás: ramas rotas, pasos de algo que parece humano. No es una emboscada. Un hombre viejo aparece por el lateral del sendero, como si hubiese estado allí desde antes de que llegarais y sólo ahora hubiera decidido ocupar el mismo mundo que vosotros. Es bajo, seco, con la piel grisácea y curtida por el sol, el humo y la ceniza. Lleva una chaqueta vieja sobre los hombros, pantalones de trabajo manchados de barro y unas botas que parecen haber pisado la misma tierra durante medio siglo. La barba blanca le crece mal, áspera, descuidada. Las manos son grandes, nudosas, con uñas negras de ceniza. Se queda junto a Bruma sin pedir permiso, observando la pipa.


Su voz es ronca, seca, pero no hostil. Tiene un acento catalán muy marcado, de montaña y casa vieja, como si el castellano fuera una herramienta útil pero no suya del todo. El viejo inspira un poco el humo, no con placer, sino con reconocimiento.


Ana Mercedes se gira de golpe. Iruz también, algo más tarde, con la mano ya cerca de donde antes no había nada humano esperándola bajo la piel. El Roc de la Cendra levanta por fin la vista. Sus ojos son claros, apagados, hundidos en una cara de piedra vieja. No parecen sorprendidos por Iruz, ni por Ana, ni por ti. Parecen cansados de tener que mirar.


El viejo mira hacia el sendero por donde habéis venido. No hay reproche teatral en su rostro. Sólo una molestia antigua, práctica, casi doméstica.


Ana Mercedes tarda en responder, mientras se acerca y se convierte de nuevo a homínida. Cuando lo hace, su voz sale más baja.


El Roc la mira. Por primera vez, algo parecido a una expresión cruza su cara. No llega a ser sonrisa. Quizá ni siquiera desprecio. Es más viejo que eso.


Iruz abre la boca, pero no dice nada. Eso, en ella, ya es bastante. El anciano vuelve a mirar a Bruma. Luego a Ana. Luego a Iruz. Sus ojos se detienen un segundo más en la Ícaro, no con miedo ni repulsión, sino con una incomodidad más precisa.


Ana Mercedes se queda quieta. La frase no necesita nombre para encontrarla.


El Roc asiente muy despacio.


No añade nada. Y esa ausencia pesa más que una explicación. El humo de la pipa se deshace entre los tres. El Roc se rasca la barba con dos dedos manchados de ceniza, mirándoos extrañado. Notas una energía familiar, una energía corrupta y pestilente que rodea su aura.


El ánimo de Bruma Nocturna está visiblemente afectado por la situación. Tras haberse permitido un breve instante en los brazos de la visceralidad y regresar a la realidad de la racionalidad, debe calibrar el alcance de su actitud y asumir que en algún momento tendrá que lidiar con las consecuencias de esa autoconcesión. Cuando Iruz replica por última vez, simplemente le dirige una breve mirada con un leve fondo de indiferencia y pronto aparta la mirada para centrarse de nuevo en el camino. Las palabra de Ana Mercedes casi ni las escucha.

En presencia del Roc de la Cendra, el metis da una profunda calada sin establecer contacto visual. Lo mantiene en su rango de visión periférica, participando en una comunicación mucho más contextual que personal. Tras la calada, y habiendo escuchado al anciano, le ofrece la pipa con calma sin cambiar la dirección de su mirada.

Cita de: Maurick en 04 de Jun 2026, 23:26:23




El sioux escucha con calma la conversación, sin ninguna otra intervención. Mantiene la mirada en un punto indeterminado, infinito en el espacio y en tiempo, recuperando fuerzas y temple para cuando le toque hablar. La carencia de posibilidades para tomar decisiones y actuar bajo su propio criterio es algo que siempre le pesa, y lleva haciendo mella en él desde que partió con Iruz tras el trato con Aya. Sin embargo, mantiene cierto grado de alerta por si algo se torciese y requiriese su intervención (una amenaza externa, o una participación inadecuada por parte de alguno de los presentes).

Cita de: Maurick en 04 de Jun 2026, 23:26:23

No responde. Aprovechando que Ana Mercedes se ha acercado y que el Roc de la Cendra la ha reconocido, deja que ella asuma la responsabilidad de dar las explicaciones y exponga lo que considere. Bruma no tiene prisa, y sabe que muchas veces se aprende más de escuchar y observar lo que otros dicen (o callan) y hacen con terceros de lo que pueden admitir directamente. Su momento llegará, antes o después, y si Ana Mercedes se ocupa de la justificación y explicación inicial... él tiene más tiempo para pensar en cómo abordar la situación. Además, tendrá algo más de información antes de intervenir.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

La ausencia de Bruma se nota. Las dos chicas se quedan mirando, en silencio, sin saber muy bien qué hacer. Ana intenta articular algún sonido, no porque no sepa qué decir, sino porque parece estar eligiendo qué parte de todo aquello puede salir primero sin romperse en la boca. Mira al Roc de la Cendra con una mezcla extraña de respeto, cautela y cansancio. Todavía lleva barro en la ropa. Todavía tiene los hombros cargados por lo ocurrido en el sendero.

Cita de: Lady Midnight en 06 de Jun 2026, 11:50:11No responde. Aprovechando que Ana Mercedes se ha acercado y que el Roc de la Cendra la ha reconocido, deja que ella asuma la responsabilidad de dar las explicaciones y exponga lo que considere. Bruma no tiene prisa, y sabe que muchas veces se aprende más de escuchar y observar lo que otros dicen (o callan) y hacen con terceros de lo que pueden admitir directamente. Su momento llegará, antes o después, y si Ana Mercedes se ocupa de la justificación y explicación inicial... él tiene más tiempo para pensar en cómo abordar la situación. Además, tendrá algo más de información antes de intervenir.


El nombre queda suspendido entre los árboles. Iruz, apoyada contra el tronco, levanta la vista un segundo, pero no dice nada más. Ana continúa, aunque se nota que le cuesta.


El Roc alza una mano, con tranquilidad. Sin prisa, no hace falta.


Ana se queda quieta. La palabra no ha sido un grito. Ni siquiera una orden especialmente fuerte. Pero corta la frase con la misma eficacia con la que una puerta pesada corta la luz cuando se cierra. Iruz se incorpora un poco, molesta. El Roc ni siquiera la mira.


La Ícaro aprieta los labios. Por un instante parece que va a saltar. Luego se muerde la rabia y vuelve a apoyarse contra el árbol, con una expresión de puro veneno mal tragado. El viejo sigue junto a Bruma. La pipa aún deja escapar una hebra fina de humo, y el olor de la hierba se mezcla con la ceniza húmeda de los cuencos, con la madera vieja, con algo bajo la tierra que no termina de morir. El Roc mira a Ana un momento más, pero ya no está hablando con ella; sus ojos vuelven a ti. Claros, hundidos, incómodamente despiertos.


El Roc se inclina hacia la pipa, como si el humo le ayudase a ordenar una memoria vieja. Después mira el sendero por el que habéis llegado, los árboles, la humedad. No parece buscar a Nymph. No parece buscar a las cabras. Parece escuchar otra cosa debajo de todo eso.


Ana baja un poco la mirada. Iruz la observa de reojo, menos burlona que antes. El viejo sigue mirándote a ti.


La pausa se vuelve larga, sin teatralidad. Con incomodidad. El bosque parece aprovecharla para acercarse un poco más a la conversación.


El Roc se gira un poco, lo justo para quedar de lado junto a Bruma, mirando la misma montaña que él, no su cara.


La pregunta cae con una calma seca. Ana Mercedes te mira, pero no interviene.

Cita de: Lady Midnight en 06 de Jun 2026, 11:50:11La carencia de posibilidades para tomar decisiones y actuar bajo su propio criterio es algo que siempre le pesa, y lleva haciendo mella en él desde que partió con Iruz tras el trato con Aya.


El nombre no suena como un insulto. Suena como algo que el viejo no pronuncia por primera vez. El humo se retuerce despacio, formando una curva torcida antes de deshacerse en el aire frío. Y entonces el silencio se queda esperando contigo.

Durante la conversación, el Uktena simplemente escucha. Cuando el Roc de la Cendra ordena silencio a Ana Mercedes, anticipa lo que va a ocurrir. Intenta buscar una respuesta adecuada para cuando llegue la pregunta, pero las palabras son insuficientes para expresar todo lo que dicha pregunta merece como respuesta. Cuando el hombre se dirige realmente a él, no cambia su gesto ni el enfoque de su mirada.

Cita de: Maurick en 06 de Jun 2026, 12:31:01

Bruma Nocturna se mueve un poco hacia un lateral, haciéndolo un hueco al hombre para que se siente a su lado si así lo desea. Toma una gran bocanada de humo en su boca, la última antes de que la mezcla de hierbas se consuma por completo, y la mueve por su boca disfrutándolo sin ningún tipo de urgencia antes de dejarlo escapar lentamente entre sus labios entreabiertos.


Las palabras brotan con calma, sin acritud. No hay reproche, no hay búsqueda de culpa. Solo la constatación de la evidente corrupción del lugar, y del desprecio a la figura mencionada. No obstante, no es odio ni rencor lo que hay en el fondo de su voz: hay un convencimiento y una promesa por cumplir que pasan, ambos, por la erradicación de la corrupción. Al menos, en el tiempo que Gaia le permita intentarlo.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

El Roc de la Cendra te escucha hasta el final. Durante un segundo no hace nada. Luego se ríe. No es una carcajada limpia. Es un ruido bajo, áspero, como madera vieja partiéndose por dentro.


El viejo se inclina un poco hacia delante.


Ana Mercedes permanece quieta. Iruz, todavía apoyada contra el árbol, ya no parece tan dispuesta a interrumpir. El Roc te mira como si estuviera buscando algo detrás de tu cara.

Cita de: Lady Midnight en 06 de Jun 2026, 15:27:03Las palabras brotan con calma, sin acritud. No hay reproche, no hay búsqueda de culpa. Solo la constatación de la evidente corrupción del lugar, y del desprecio a la figura mencionada. No obstante, no es odio ni rencor lo que hay en el fondo de su voz: hay un convencimiento y una promesa por cumplir que pasan, ambos, por la erradicación de la corrupción. Al menos, en el tiempo que Gaia le permita intentarlo.


No hay burla alegre en su voz. Sólo una sequedad antigua. Entonces sus ojos se clavan en los tuyos.


El humo de la pipa se deshace entre ambos.


Su voz baja un poco.


Ana Mercedes mira a Bruma de reojo. Iruz frunce el ceño, más atenta de lo que quiere admitir. El Roc no espera demasiado antes de continuar.


El anciano se rasca la barba con dos dedos manchados de ceniza.


Da un paso mínimo hacia ti. No amenaza. No invade. Sólo acorta el mundo.


La frase queda suspendida entre la Masía, el bosque y el humo.


Ana Mercedes intenta acercarse, pero el Roc levanta dos dedos sin mirarla. Ella se detiene, con la frase aún en la boca. ¿Qué vas a hacer, Bruma Nocturna?

El Uktena escucha, con calma y paciencia. Reconoce las palabras del que realmente busca una respuesta antes de tomar una decisión en lugar de simplemente buscar un motivo para culpar o reprochar.

Cita de: Maurick en 06 de Jun 2026, 15:51:08

El metis saca de su bolso un par de herramientas metálicas, similares a algún tipo de palillo o lima, y empieza a rascar el interior de la pipa tras vaciarla cuidadosamente a sus pies y cerciorarse de que no queda ninguna brasa encendida.


Cita de: Maurick en 06 de Jun 2026, 15:51:08

Cuando el hombre menciona la Lanza de Uktena, algo levemente incómodo recorre el interior del muchacho. Sin embargo, se limita a sonreír levemente y asentir con la cabeza en señal de comprensión.


La mención a Aránzazu no es fortuita. Es una alusión directa a que Bruma ocupa el papel que ocupa en gran medida como consecuencia de las decisiones de Aránzazu que, también en gran parte, fueron derivadas del trato que recibió desde pequeña y que la llevó a convertirse en la persona que fue.

Cita de: Maurick en 06 de Jun 2026, 15:51:08



Sus ojos oscuros como la noche se posan, por fin, en la mirada cansada del anciano. No rebosa energía, el viaje se la ha drenado, pero la determinación es indiscutiblemente evidente.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

El Roc de la Cendra permanece quieto, con los ojos fijos en Bruma Nocturna, como si la pregunta no le hubiese llegado por los oídos, sino por algún lugar más hondo y más cansado. La humedad del bosque se pega a la ropa. El humo de la pipa se deshace entre ambos en una hebra cada vez más fina. Escucha con inquietante atención todas tus palabras, abrazándolas dentro de si, y como si las masticase dentro, el viejo se incorpora.


La respuesta es seca, suficiente. El Roc sacude un poco la ceniza de una manga y mira hacia la Masía de la Cendra. No hay solemnidad aprendida en el gesto. No hay ceremonia bonita. Sólo una decisión tomada por alguien que lleva demasiado tiempo sabiendo que, tarde o temprano, alguien llegaría hasta allí con esa clase de pregunta en la boca.

Cita de: Lady Midnight en 06 de Jun 2026, 16:51:33La mención a Aránzazu no es fortuita. Es una alusión directa a que Bruma ocupa el papel que ocupa en gran medida como consecuencia de las decisiones de Aránzazu que, también en gran parte, fueron derivadas del trato que recibió desde pequeña y que la llevó a convertirse en la persona que fue.


Ana Mercedes da un paso hacia vosotros. No dice nada todavía, pero el movimiento ya contiene la protesta. El Roc la mira de reojo.


Iruz levanta la cabeza, con los ojos aún enrojecidos y el orgullo intentando volver antes que la calma.


El viejo no se inmuta. Sus ojos pasan de Iruz a Ana Mercedes, y luego regresan a Bruma como si las dos fueran parte de un borde que ya ha medido.


Ana Mercedes aprieta la mandíbula.


El Roc la observa con una tristeza seca, casi irritada, como quien ve a alguien intentar abrir una puerta con la frente.


La frase cae sin piedad. Ana no retrocede, pero el golpe le entra. Se le nota en el cuello, en cómo traga saliva, en cómo sus dedos se cierran apenas.


Iruz se separa del árbol.


El Roc la corta con una mirada. No hace falta más.


Iruz se queda quieta. La frase no parece insulto. Por eso duele más. El viejo añade, más bajo:


Iruz abre la boca. Esta vez no sale nada. Ana Mercedes mira a Bruma. Hay preocupación en sus ojos, y también una rabia vieja, la de quien vuelve a quedarse fuera de una respuesta que le pertenece a medias. Pero no discute. No todavía. La Philodox entiende algo en la postura del Roc, aunque no le guste.


El Roc mira hacia el interior del bosque.


Ana Mercedes no aparta la mirada de Bruma. Iruz tampoco, aunque en su caso la expresión está más rota, más enfadada consigo misma por no encontrar una barbaridad a tiempo. El Roc ya ha empezado a caminar.


No espera confirmación. Sus pasos se hunden en la tierra húmeda con una lentitud extraña, segura, como si el bosque conociera el peso exacto de su cuerpo. La Masía queda a un lado, baja y oscura, con sus cuencos de ceniza y sus marcas talladas. Más allá del viejo, entre los árboles, empieza una vereda estrecha que apenas parece camino.

Ana Mercedes respira despacio, mirándote. Iruz aprieta los dedos alrededor del vestido. El Roc no mira atrás.

¿A quienes vas a dejar atrás, Bruma Nocturna?

El Roc de la Cendra se incorpora, y el joven lo sigue con la mirada.

Cita de: Maurick en 07 de Jun 2026, 01:38:46


En el momento en el que hombre admite que le ayudará, el metis se pone de pie pausadamente. Conoce bien ese tipo de actitud, la concesión silenciosa y el compromiso del deber. Cuando Ana Mercedes da un paso e Iruz interviene, no dice nada. Ni las mira. Escucha con paciencia mientras el Roc les responde. Y cuando el hombre comienza a caminar, le sigue en silencio.

Sin embargo, después de unos cuantos pasos y de haber avanzado unos metros, el muchacho resopla profundamente y se detiene.


Dirige una mirada fugaz a las chicas, y regresa sus pupilas al hombre.


Hace una pausa. Recalibra la situación. Mira a sus compañeras un par de segundos, y luego mira la puerta de la Masía en la lejanía. Sus ojos vuelven al anciano, no con esperanza sino con insistencia.


De alguna manera, parece que sus propias palabras han hecho nacer una pequeña y nueva curiosidad. La sangre Uktena se agita levemente en su interior, y la posibilidad de una nueva experiencia aviva algo que parece que llevaba un tiempo adormecido.


Tras la matización, y bajando el tono lo suficiente como para que solo el Roc de la Cendra pueda escucharlo, añade un pequeño apunte.

Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

07 de Jun 2026, 19:05:59 #28 Ultima modificación: 07 de Jun 2026, 20:07:00 por Maurick
El Roc de la Cendra se detiene cuando Bruma habla de las tres figuras. No se gira enseguida. Durante un momento sólo se ve su espalda estrecha, la chaqueta vieja sobre los hombros y el pelo blanco pegado a la nuca por la humedad. Parece estar escuchando el bosque, o quizá algo más bajo que el bosque. Iruz suelta una risa ronca.

Cita de: Lady Midnight en 07 de Jun 2026, 13:16:48


Ana Mercedes carraspea. No parece enfadada, más bien confundida por el giro, por el modo en que Bruma acaba de incluirlas después de todo lo ocurrido, y por la certeza incómoda de que una parte de ella quería oír justo eso.


La frase le sale más baja de lo que quizá habría querido, pero sale firme. El Roc vuelve por fin la cabeza. Sus ojos claros se posan primero en Ana Mercedes, después en Iruz. No hay ternura en su mirada. Tampoco desprecio. Sólo una fatiga antigua, de quien ya ha visto a demasiada gente confundir una puerta abierta con una invitación.

Cita de: Lady Midnight en 07 de Jun 2026, 13:16:48


Iruz abre la boca, pero el Roc la mira antes de que hable.


Ana Mercedes no aparta la mirada. Iruz tampoco, aunque en ella se nota más rabia que solemnidad.


El Roc continúa caminando. No espera una respuesta formal. Quizá porque ya la ha tenido. Quizá porque, para alguien como él, seguir andando es la única manera honesta de aceptar un acuerdo.


El sendero que nace junto a la Masía no parece camino al principio. Es apenas una depresión entre helechos húmedos, ramas bajas y piedras volcánicas cubiertas de musgo oscuro. Pero cuando el Roc pasa, el bosque parece recordar una forma antigua de apartarse. No se abre de manera visible. No cruje. No obedece con belleza. Simplemente deja de estorbar lo justo. La tierra cambia bajo vuestros pies; primero se vuelve más negra. Luego más compacta. Después aparecen vetas rojizas entre la piedra, líneas finas, oscuras, como sangre seca atrapada en una herida mineral. Las hayas se cierran por encima, filtrando el mediodía en una claridad grisácea que no calienta. A ratos el suelo parece respirar. A ratos parece contener el aliento.

Cita de: Lady Midnight en 07 de Jun 2026, 13:16:48

Ana Mercedes camina en silencio, con los hombros tensos. Iruz va más atrás de lo habitual, sin bromas durante varios metros. El Roc avanza despacio, pero nunca duda. En algunos puntos toca un tronco con dos dedos. En otros deja caer un poco de ceniza desde una bolsita de tela que lleva atada al cinturón. No pronuncia grandes palabras. No dibuja símbolos elaborados, sólo marca bordes. Y cada borde marcado hace que el mundo parezca un poco menos seguro de su propia forma.


A Bruma Nocturna le resulta difícil no sentirlo. La corrupción no está delante de vosotros como una bestia esperando. Está en todas partes. En la humedad que se pega a la lengua. En el sabor metálico del aire. En la manera en que algunas raíces parecen hundirse demasiado hondo y otras se retuercen sobre la superficie como si no quisieran tocar la tierra. El Wyrm no ruge aquí. No hace falta. Se ha filtrado en lo cotidiano, en el musgo, en las piedras, en el barro, en los huecos entre una rama y otra. Y también en el Roc, eso es lo que más te perturba.

No porque el anciano parezca poseído. No porque huela a servidor del Wyrm, ni porque haya en él una voluntad clara de podredumbre. Es peor. La corrupción lo rodea como el humo rodea una manta vieja: metida en las fibras, aceptada por cansancio, imposible de separar sin romper la tela. Su aura parece sucia, sí, pero no rendida. Hay una lucidez terca bajo esa mugre espiritual. Una presencia humana, pequeña y obstinada, sosteniendo algo que ningún humano debería sostener tanto tiempo. El Roc se detiene junto a una cerca vencida, hecha de palos negros y alambre oxidado. Más allá, el terreno desciende hacia un claro hundido entre rocas volcánicas.


Su voz suena más baja.


Ana Mercedes traga saliva.


El Roc no la mira.




La Garrotxa — Túmulo de la Muntanya Blava, cerca del Pozo del Olvido.

📅 12 de septiembre de 2005, 11:53

Bajáis. Cada paso hace que el aire pese más. El silencio cambia de calidad. Ya no es ausencia de sonido. Es una presión. Una mano abierta sobre la boca del mundo. No se oyen pájaros. No se oyen insectos. Sólo vuestros movimientos, vuestra respiración y, muy al fondo, un goteo que quizá no viene de agua. El Pozo aparece en el centro del claro; no es grande. Una abertura circular de piedra oscura, rodeada de ceniza apelmazada y marcas antiguas. Algunas están talladas con precisión. Otras parecen arañadas. Otras no sabes si fueron hechas desde fuera o desde dentro. La boca del Pozo no emite viento, pero sí una sensación de profundidad imposible, como si el agujero no bajase hacia la tierra sino hacia un lugar donde los recuerdos se pudren sin desaparecer.

A su alrededor hay restos de sellos rotos. Tiras de tela endurecidas por la humedad. Fragmentos de hueso pulido. Pequeñas placas de metal ennegrecido. Piedras colocadas en círculos que ya no cierran nada del todo. El antiguo núcleo de contención espiritual del clan sigue ahí, pero ya no está plenamente estabilizado. Bruma lo siente antes de poder pensarlo.

El lugar filtra la realidad. Quizás no con una presencia incognoscible, ni con un hedor a maldición de Malfeas. Pero filtra. Imágenes que no son imágenes. Voces que no llegan a ser palabras. Sensaciones ajenas, viejas, presionando desde el borde de la conciencia. El Pozo no quiere contar una historia. Quiere hundir al que mire dentro en el peso de demasiadas historias a la vez. Ana Mercedes se lleva una mano al pecho sin darse cuenta. Iruz da un paso atrás.


El Roc permanece junto al borde. La ceniza de sus botas se confunde con la del suelo. Durante un instante parece parte del Pozo, una raíz humana nacida al lado de la herida para impedir que se abra del todo. Luego mira a Bruma.


Se agacha con dificultad y toca una de las piedras del borde. Sus dedos tiemblan un poco, pero no por miedo.


La advertencia queda suspendida sobre la boca oscura del Pozo. El Wyrm respira despacio bajo la piedra. La Umbra, cansada, parece inclinarse hacia el claro. Y el Roc de la Cendra, contaminado y lúcido, viejo y entero a medias, espera junto a aquello que ha pasado demasiados años impidiendo que el pasado salga caminando por la montaña.


Hace una pausa. Ana Mercedes se te queda mirando, pero es la primera en acercarse a la piedra y quitarse la ropa. No parece tener algún tipo de pudor, y se queda desnuda frente a vosotros.

¿Qué haces, Bruma Nocturna?

08 de Jun 2026, 02:43:51 #29 Ultima modificación: 09 de Jun 2026, 00:04:49 por Lady Midnight
Durante la conversación del Roc de la Cendra con las chichas, el metis no interviene. Presta atención, desde la distancia de quien reconoce que no le corresponde interceder. Cuando el hombre echa a andar de nuevo e Iruz vuelve a quejarse, la mira durante un instante, quizá con una leve apatía, y hace un breve apunte.

Cita de: Maurick en 07 de Jun 2026, 19:05:59


Durante esas últimas palabras, mira fugazmente a Ana Mercedes; un instante casi imperceptible. Tras eso, continúa caminando.

Cita de: Maurick en 07 de Jun 2026, 19:05:59

El chamán se encoje de hombros. Por su cabeza pasan mil ideas, cientos de palabras, pero ninguna se ajusta a algo que pueda encajar en ese momento. Mira a Ana Mercedes, abre la boca como si fuera a decir y, manteniendo el silencio, niega ligeramente con la cabeza. Tras unos segundos de reflexión, le dirige unas calmadas palabras.


Su voz suena algo seca, como si llevase demasiado tiempo sin beber. Sus sentidos están en el bosque, en los árboles y en el suelo. Esa convivencia de Wyrm sin podredumbre es muy poderosa y atractiva: que algo pueda contener la esencia del Destructor sin muestras de corrupción es algo casi imposible. De hecho, conoce un único caso de algo parecido... y no es que le resulte, precisamente, ajeno.

Una vez dentro del túmulo, actúa con el correspondiente respeto. Hay algo en él, algo digno de ser respetado. Algo que, quizá, estaba esperando a alguien como él... y que le dio la bienvenida cuando llegó. Sea lo que sea, es igual de sagrado que cualquier otro espíritu capaz de abastecer de energía espiritual un lugar como ese. En qué estado se encuentra o qué necesidades pueda presentar... es algo que espera poder descubrir pronto.

Al llegar a la zona del pozo y ver los restos rituales, un (no tan) viejo recuerdo aparece en su mente. Un túmulo plagado de energía del Wyrm, un ritual de contención desestabilizado... Le resulta alarmantemente familiar, y entiende el peligro que un lugar así puede representar. La última vez consiguió solventar el problema, pero... ¿Y si esta vez no? ¿Y si las chicas no lo consiguen? Necesita pensar, y rápido; el Roc no esperará demasiado.

Cita de: Maurick en 07 de Jun 2026, 19:05:59


Cuando el anciano da las indicaciones, atiende en silencio. Todo lo que dice tiene sentido, y encaja con viejos rituales y requisitos de algunos espíritus que ha escuchado en canciones olvidadas.

Cita de: Maurick en 07 de Jun 2026, 19:05:59


Las palabras brotan suaves, en un tono bajo y suave, hablando únicamente para sí mismo. Mira sus posesiones, una por una, mientras las va dejando bien colocadas sobre la roca: su bolso, sus pulseras, sus pendientes, su tocado de plumas... y su bastón, que sostiene durante un segundo más de lo necesario cuando el nombre de Vara Torcida asoma entre sus labios.

Se quita la ropa con total naturalidad, dejando completamente visible su espléndida figura. Las áureas proporciones de su cuerpo y su modestamente definida musculatura hacen que sus ahora visiblemente armoniosos movimientos sean difíciles de pasar por alto. Sin embargo, el muchacho coloca sus pertenencias con absoluta cotidianeidad y, al terminar, dirige una intensa mirada a Ana Mercedes (también a Iruz si al final decide adentrarse en el pozo) cargada de sinceridad y, de alguna manera, algún tipo de aprecio o afecto.


Tras sus últimas palabras, se acerca al pozo y mira al Roc de la Cendra.




Mientras está entrando en la zona, Bruma intenta sacar toda la información posible del entorno: qué tipo de ritual se realizó, la naturaleza del espíritu que sostiene el túmulo (intenta relacionar la información que pueda adquirir con la extraída de su análisis en el bosque), el riego de interferencia del poder del Wyrm, el riesgo de corrupción (para Bruma en este momento son dos conceptos muy diferenciados) y si hay algo que pueda hacer para facilitar el viaje de sus compañeras (ya sea algún consejo o algún tipo de acto ritual o metodología que pueda ser beneficioso).

*Se usa el don Cordón Umbral, con gasto de 1 punto de Fuerza de Voluntad para evitar repercusiones negativas para sus acompañantes.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.