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#41
Mark / Re:Episodio 1 — Dobra
Último mensaje por Maurick - 02 de Ene 2026, 02:42:57
María no se sienta. No levanta la voz, y tampoco parece asustada. Simplemente os mira, de uno en uno, con el ceño fruncido y la mandíbula tensa.


Aprieta los puños a los lados del cuerpo. Respira hondo, como si estuviera conteniéndose.


Da un paso hacia la puerta y señala con el dedo, firme, casi mecánica.


No es una amenaza grandilocuente. Es una certeza aprendida. Kara clava su mirada en ti, esperando a ver qué haces. Puedes notar que su gnosis se está concentrando a su alrededor.

El piso parece encogerse alrededor de vosotros.

¿Qué vas a hacer, Mark?

🟦 Marcharte y perder la pista: aceptar la orden de María, abandonar el piso y asumir que cualquier rastro relevante aquí se ha enfriado. Apostar por reconstruir lo ocurrido más adelante mediante terceros, informes y cruces de datos, aunque eso signifique que otros actores se adelanten. Obtendrás un +1 en la próxima Tirada que realices en este Capítulo.

🟨 Distraer a María y dejar que Kara actúe: mantenerla hablando, bajar el tono y ganar unos segundos mientras Kara la neutraliza con rapidez y sin violencia abierta. No es elegante, pero permite seguir investigando el piso a costa de cruzar una línea moral... y personal. Podriáis perder 1 punto temporal de Gloria.

🟥 Enfrentarte directamente a ella: imponer tu presencia, avanzar un paso más y forzar la situación. Si María reacciona, lo hará ahora. Si hay consecuencias, serán inmediatas. Aquí no hay negociación ni vuelta atrás. Supera una Tirada de Manipulación + Intimidación a Dificultad 6 para amedrentar a la chica y que te obedezca. Un fallo provocaría que se enfrentase físicamente a vosotros.
#42
Cera & Sangre / Re:Episodio 1 — Creta
Último mensaje por Maurick - 02 de Ene 2026, 02:07:05
Iota apoya las manos sobre la carcasa del portátil. El plástico está tibio, como si aún conservase el calor de alguien que ya no está. El zumbido del ventilador se distorsiona, baja de tono, se vuelve irregular. La habitación no desaparece, pero pierde prioridad. Los bordes se desdibujan.

La impresión llega sin orden ni contexto. No hay fecha. No hay sonido claro. Solo una fotografía psíquica mal enfocada.

Laura está ahí.

No la ve de frente al principio: la reconoce por la postura, por la forma en que se apoya en la mesa, por cómo inclina ligeramente la cabeza cuando piensa. Está en este mismo piso, aún más vacío que ahora. La luz entra por la ventana lateral, dura, blanca. A su lado hay un hombre, un tipo local. Complexión media, barba de varios días, pelo rizado y oscuro, ropa gastada pero limpia. Se mueve con la seguridad de quien conoce el terreno. No parece nervioso. No parece hostil. Hay algo rutinario en su presencia, como si ya hubiera estado allí antes.

El hombre deja el portátil sobre la mesa. El gesto es firme. Decidido. Iota percibe su nombre sin escucharlo, como un eco adherido al objeto: Stavros Kalaitzakis. Laura lo llama de forma cariñosa «Stavy». La conversación se fragmenta, pero algo puede entender: Æon. El Æon está en las calles. Él lo ha vendido. Los chavales están encantados.

Después, todo se fragmenta en rastros emocionales: urgencia contenida, cansancio, una preocupación que no es miedo, sino responsabilidad. Ambos miran la pantalla. Algo importante. Algo que no se revela en la visión.

Stavros señala una vez. Laura asiente. Después, el hombre se despide. No hay abrazo. No hay promesas. Solo una inclinación de cabeza, rápida, y la puerta cerrándose tras él. Laura se queda sola. No toca el portátil de inmediato. Se acerca a la ventana y mira hacia la calle, como si esperase que algo —o alguien— apareciera. Iota se fija en los ojos de aquel individuo y los reconoce. Es la misma mirada que ha estado mirándole desde el otro lado hace unos instantes. ¿Por qué?

La visión se desvanece ahí, y el portátil vuelve a ser solo un objeto viejo, pesado, real. Y entonces llega otra cosa: no es información ni una visión. Es una presión en el pecho.

Un nudo que sube sin permiso. Los ojos le arden. La garganta se cierra. La pena irrumpe sin lógica ni contención, cruda, ajena a cualquier análisis. No es recuerdo propio... pero duele como si lo fuera. Iota siente ganas de llorar: no es miedo, ni estrés. Es Laura. Su ausencia. Su rastro reciente. La certeza de que estuvo aquí, viva, activa... y de que ahora no lo está. El piso guarda silencio.

¿Qué vais a hacer ahora?

🟦 Analizar el Æon desde el piso franco: podéis buscar por internet o hacer trabajo de campo por el barrio para entender qué es el Æon y por qué es un problema en Nea Alikarnassos. Superar una Tirada de Inteligencia + Investigación a Dificultad 6 os dará todos los detalles públicos del Æon y su presencia en la isla. Un fallo os hará perder unas horas de investigación.

🟨 Hablar del espectro: intentar contactar de nuevo con la presencia de Stavros —o con otros ecos similares del barrio— para saber cómo murió y a quién temía realmente. Iota deberá utilizar su Don de Habla espiritual y superar una Tirada de Percepción + Ocultismo a Dificultad 7 para poder obtener 3 respuestas de Sí o No por parte de la presencia que está atada al piso. Un pifia provocaría que la presencia se disipe.

🟥 Ir a por Sfázo: es un punto caliente que Iota tiene entre manos. Salir ya del piso y buscar al carnicero o a sus hombres en el puerto o los barrios bajos, antes de que el rastro se enfríe. Superar una Tirada de Carisma + Callejeo a Dificultad 5 os permitiría encontrar un secuaz en los muelles que sepa quién es Sfázo. Un fallo os metería en problemas con los maleantes del muelle.
#43
Bruma Nocturna / Episodio 1 — Soria
Último mensaje por Maurick - 02 de Ene 2026, 01:46:28
Cercanías de Soria

Carretera secundaria hacia Soria — Meseta norte

📅 2 de septiembre de 2005, 10:10 a 12:56

El viaje desde el polígono industrial de Cenicero no tiene nada de especial. Kilómetros de asfalto gris, campos abiertos y pueblos que pasan de largo sin dejar huella. La Rioja se va quedando atrás poco a poco, sustituida por una meseta seca y amplia, donde el horizonte parece siempre más lejos de lo que debería.

Iruz conduce ahora sin demasiada prisa. A ratos sube el volumen de la radio; a ratos lo baja hasta dejarlo en un murmullo irrelevante. No hay conversación constante. Tampoco tensión. Solo el ruido del motor, el viento entrando por una ventanilla mal ajustada y la sensación de estar atravesando un espacio que no espera nada de vosotros.

La parada llega en una gasolinera anodina, poco antes de abandonar la autopista. Café malo, baños limpios por pura casualidad, y de nuevo a la carretera. Nada digno de mención. Ninguna señal. Ningún presagio.

Es ya cerca de Soria cuando el coche empieza a dar problemas.

Un tirón. Luego otro. El motor pierde fuerza durante un segundo antes de recuperarla. Iruz frunce el ceño y reduce velocidad instintivamente, buscando un arcén decente mientras la carretera se estrecha y empiezan a aparecer naves industriales aisladas.


Consigue apartar el coche sin sobresaltos mayores. El silencio que queda después es más incómodo que cualquier ruido. Solo viento, algún camión lejano y el zumbido de una farola encendiéndose.

Más tarde, ya entrado el mediodía, el coche descansa sobre la plataforma de una grúa rumbo a un taller incrustado en un polígono industrial sin nombre. El mecánico escucha, asiente, y mete la cabeza bajo el capó con la calma de quien ha visto ese problema demasiadas veces.


Iruz pregunta por un sitio donde pasar la noche. El hombre señala al otro lado de la carretera.


Hotel Jiménez — Polígono al norte de Soria

📅 2 de septiembre de 2005, 14:03

El hotel es exactamente lo que promete: un edificio bajo, funcional, con un rótulo de neón cansado y un aparcamiento casi vacío. Desde la habitación se ve el polígono iluminado a medias, sombras largas proyectadas por focos industriales y el reflejo gris de un cielo encapotado.

Iruz deja la mochila en el suelo, se quita las zapatillas de una patada y cae sobre una de las camas sin ningún tipo de ceremonia.


Enciende la televisión sin pedir opinión. Tras un par de canales basura, aparece una reposición de Friends. Risas enlatadas, colores saturados, un mundo que parece no tener nunca consecuencias reales.


Marca el número con tranquilidad, como si el tiempo no importase ahora mismo. Entre pedido y pedido, baja el volumen de la tele un poco y ladea la cabeza, mirando en tu dirección.


Se levanta como un resorte y empieza a buscar por todos lados. Vacía su mochila —si es que un peluche de unicornio sucio y peludo, con una cremallera, se puede llamar mochila— en un instante: ropa interior sugerente, una camiseta comprimida hasta un nivel casi imposible, cacao para los labios, un par de tampones... pero no hay rastro de lo que está buscando.

Tras colocarse el pelo, se gira hacia a ti con una sonrisa nerviosa.


Se tumba de nuevo en la cama y se estira.


Fuera, el polígono industrial se queda casi en silencio. Algún camión lejano, el zumbido constante de las naves funcionando y poco más.



¿Qué vas a hacer, Bruma Nocturna?

🟦 Aislarte y centrarte en la lectura espiritual del lugar: Quedarte solo, sin conversación ni distracciones, analizando el entorno, la Umbra cercana y las resonancias del Estanque antes de avanzar. Esto te proporcionará un dado adicional (+1) en las próximas 2 Tiradas que debas hacer durante este Capítulo.

🟨 Quedarte con Iruz y hablar largo y tendido: Renunciar a investigar por ahora y usar la pausa para profundizar en lo que Iruz sabe (y calla) sobre Aya, el túmulo y vuestro papel en todo esto.

🟥 Marcharte del hotel y dirigirte solo al Estanque: No esperar al coche ni a nadie. Actuar ya, cruzar terreno desconocido y afrontar lo que haya allí sin red ni compañía. Necesitarás superar una Tirada de Percepción + Impulso Primario a Dificultad 9 para detectar la presencia espiritual del Túmulo. Con un éxito y unas cuantas horas de caminata sería suficiente, aunque Iruz no te acompañaría. Si fallas, pierdes varias horas caminando sin llegar a nada concluyente y regresas al hotel entrada la noche, cansado y con la sensación clara de haber fracasado. Iruz seguirá allí.
#44
Mark / Re:Episodio 1 — Dobra
Último mensaje por Mark - 02 de Ene 2026, 00:20:17
Alzo las cejas ante la expresión de Vyt, procurando evitar sonreír. La verdad es que ambos rusos forman un tándem bastante cómico, a su manera.

-Volveremos pronto -miro a Micky antes de irnos- ten paciencia y Gaia te corresponderá.

El silencioso trayecto en coche hasta el piso de Henar lo agradezco. Lo que para algunas personas sería algo incómodo, para mí es un momento ideal en el que aclarar ideas y relajar un poco la mente.

La ausencia de respuesta a mis conjeturas por parte de mis compañeros tampoco me sorprende demasiado: intentan comportarse como soldados que no cuestionan a sus superiores, aunque ya hayan mostrado alguna discrepancia en voz alta.

Cuando serví en el ejército estadounidense, procurábamos no dar demasiadas vueltas a lo que se nos ordenaba hacer, pensábamos que así conseguiríamos conciliar mejor el sueño. Desafortunadamente, no era así.

Se acatar órdenes, gran parte de mi formación ha consistido en ello. Lo que me molesta hasta cierto punto, es la ausencia de información que podría ayudarnos a cumplir mejor nuestro objetivo, al menos hablar con mayor claridad. Sin embargo, nuestros jefes parecen omitir información en base a una falta de confianza en nosotros o bien porque ponen a prueba hasta qué punto podemos llegar o bien por una combinación de ambas cosas.

Simplemente, quiero terminar con todo este asunto con el mínimo número de bajas en ambos bandos y volver a los Ángeles. Un entorno más cómodo y no tan hostil.

-Parece que hemos llegado... -digo al ver el punto en el que el GPS indica que hemos terminado el anodino recorrido.

Una vez dentro, observo con atención la habitación de la joven y asiento a Kara ante su afirmación.

-A través del ordenador podremos acceder a la información de su última adquisición, así como intentar detectar cualquier rastro fuera de lo "común" en algunas de todas estas cajas -me rasco la coronilla- quizás encontremos la caja donde vino el abalorio y nos indique alguna dirección de donde tirar.

La llegada de la joven me pilla por sorpresa y mascullo entre dientes un escueto "mierda".

-Buenos días señorita... -dejo un lapso de tiempo para que la chica responda con su nombre- Somos los agentes Kara y Mark ¿Puede por favor acomodarse? Vamos a tener que hacerla una serie de preguntas. Esperemos que colabore.

Si la chica accede, analizo sus reacciones y contradicciones para decidir si es testigo inocente, cómplice o algo más.
#45
Cera & Sangre / Re:Episodio 1 — Creta
Último mensaje por greatkithain - 31 de Dic 2025, 15:33:06
El rastro se disipa, pero la información que deja atrás es suficiente para trazar un patrón. No era un intruso. Era un aviso. Un residuo atrapado en un punto del edificio, intentando comunicar algo antes de romperse del todo. Y lo ha conseguido. Sfázo. Un nombre arrancado de un pensamiento que no es suyo. Un nombre que no debería estar en su cabeza.

Iota respira hondo, reajustando su percepción. El mundo físico vuelve a encajar, pero no completamente. La presión residual sigue ahí, como un eco que tarda demasiado en apagarse.

Tiene que moverse. Tiene que sacar a Kaari y a Ni de aquí. Pero antes de abandonar el piso, necesita datos. Y hay dos vectores que no puede ignorar:

1 El Æon.

2 El portátil.

El yonki de anoche mencionó el Æon sin comprenderlo. El espectro ha pronunciado un nombre. Y el mensaje del portátil ha llegado en el peor momento posible. Las variables empiezan a alinearse de una forma que no le gusta. Nada de esto es casual.

Iota vuelve al interior del piso. Kaari duerme, agotada. Ni respira mejor, pero sigue débil. Ambas son vulnerables. Ambas dependen de que él no falle. La sensación le incomoda: demasiadas responsabilidades simultáneas, demasiadas decisiones críticas en paralelo. Nota cómo su eficacia se erosiona cuando tiene que dividir su atención. Su mente funciona mejor cuando puede aislar un problema y diseccionarlo. Aquí no puede.

No puede irse sin entender qué es el Æon, qué relación tiene con el yonki, con el espectro, con Laura. Si es una organización, un culto, un espíritu, un término codificado... necesita saberlo antes de exponerse en el exterior. No puede permitirse avanzar a ciegas.

Pero antes de analizar los datos del Æon y formular una hipótesis, quiere probar suerte con el portátil. No piensa contactar con G. ni usarlo de forma convencional. No se fía. Pero sí puede realizar una exploración distinta. Una que no deje huella digital. Una que no abra puertas que no quiere abrir.

Iota apoya los dedos sobre la carcasa del portátil y deja que el Toque del Espíritu haga su trabajo. Si hay algo dentro, lo sentirá. Si hay un espíritu, lo escuchará. Si hay un rastro, lo seguirá.

Porque antes de salir de este piso, necesita saber si el peligro está fuera...
o si ya está aquí dentro.
#46
Bruma Nocturna / Re:Prólogo — Vientos de una nu...
Último mensaje por Maurick - 31 de Dic 2025, 03:10:53
Bruma Nocturna no encuentra nada. No hay símbolos ocultos bajo el polvo. No hay restos de rituales que reconozca. No hay huellas espirituales que encajen con ningún patrón conocido.

Solo el cadáver en la parte trasera de la caseta industrial, tras una lona mal colocada, yace lo que fue un humano. O algo que lo fue. El torso está abierto con precisión quirúrgica, no con furia. Las vísceras han sido extraídas con método. No hay signos de lucha. No hay pánico en el gesto congelado del rostro.

No es un sacrificio, ni un castigo; es una utilidad. Y Bruma no reconoce la técnica; eso le inquieta más que cualquier rastro del Wyrm.

Cuando cruza a la Umbra, el mundo no le ofrece respuestas. La versión espiritual de la zona industrial es un páramo desolado. Las naves no existen: solo quedan formaciones de metal quebrado y polvo suspendido, como ceniza detenida en el aire. El paisaje se desintegra lentamente, sin violencia, como si la realidad hubiese decidido rendirse.

Los pocos espíritus que permanecen no se muestran, sólo susurran. Sin palabras claras ni advertencias. Un murmullo apagado, repetitivo, casi infantil:

CitarLa vida se va.
Se va desde hace tiempo.
Se va... y nadie la llama de vuelta.

Bruma intenta comprender. Busca patrones, ecos, algo que pueda nombrar. Pero lo que Aya ha hecho no responde a ningún principio que conozca. No es chamanismo Garou, ni hechicería vampírica. No pertenece a la Tejedora, ni al Kaos.

Es otra cosa y no puede tocarla. La frustración se le queda clavada en el pecho cuando regresa al mundo físico.

Iruz está tirada en el asiento trasero del coche, durmiendo a pierna suelta, hecha un ovillo incómodo, con la boca entreabierta y una pierna colgando de forma antinatural. Ronca suavemente, ajena a cadáveres, umbras y decisiones antiguas. Cuando Bruma abre la puerta, el golpe seco la despierta.


Bruma no responde, se limita a subirse al coche. Silencio. La chica arranca el motor y lo mira por el retrovisor, aún con media sonrisa.


Bruma asiente despacio, taciturno. El coche se pone en marcha y se pierde entre las carreteras riojanas, dejando atrás la caseta, el cadáver y las preguntas. Otra provincia. Otro túmulo. Otro capítulo.


A cierta distancia, Aya Kasparinova observa.


Ve cómo su compañera y su aliado forzoso se alejan. Calcula el tiempo y evalúa riesgos. Asume pérdidas. Es hora de abandonar el santuario. En un contenedor metálico oculto entre chatarra cercana, un miserable chupasangre suplica. Llora, promete, jura.

Aya no responde. Abre la puerta del contenedor.


El cuerpo de su prisionero comienza a arder de forma espontánea. Lo ha visto muchas veces. Demasiadas. Pero nunca es suficiente.

De momento, el viaje de Bruma Nocturna comienza con la compañera más estrafalaria que hubiese podido esperar. ¿Qué se encontrará en el Túmulo del Estanque del Lirio Apacible? Eso lo veremos en el próximo capítulo.
#47
Mark / Re:Episodio 1 — Dobra
Último mensaje por Maurick - 31 de Dic 2025, 02:40:01
Cita de: Mark en 30 de Dic 2025, 16:01:00🟨 Ir tú al piso de Henar con Kara, dejando a Micky retenido con Vytalian.

Vytalian os echa una mirada de determinación y se sienta frente a Micky el Mocos. Aunque lo puedes notar en sus rostros, ninguno de tus dos compañeros te ha dado una respuesta a tus sospechas. ¿Estarán acostumbrados?


Kara suspira, enfadada, y le planta de nuevo la mordaza envuelta en hilos de plata a Micky. El tipo se queja, al fin y al cabo es un Lupus obligado a posar como un humano. Vosotros dos os marcháis del piso. La Ragabash no dice nada en el trayecto hasta el garaje, ni cuando saca la libreta dónde ha anotado la dirección de la difunta Henar.

El trayecto hasta el barrio de San Gil se hace en silencio. Torrelavega queda atrás poco a poco, diluyéndose en bloques de viviendas humildes, calles estrechas y fachadas gastadas por la humedad del Besaya. No es una zona peligrosa. Es peor: es anodina. El tipo de lugar donde nadie mira dos veces y todo el mundo aprende a no hacer preguntas.

El edificio de la calle Pablo Garnica no destaca entre los demás. Cuatro alturas, ladrillo visto, balcones estrechos y persianas a medio bajar incluso a estas horas. No hay cinta policial. No hay curiosos. Solo una sensación incómoda de normalidad. El piso de Henar está en un segundo interior.

La cerradura no opone resistencia: alguien entró antes... y se aseguró de no dejarlo evidente. Kara lo nota al instante. Tú también. Dentro, el aire es rancio, cargado de polvo viejo, incienso barato y electricidad estática. El salón es pequeño, amueblado sin cariño: sofá cama, una mesa coja, una estantería con libros a medio leer y cajas abiertas de envíos recientes. Demasiados.

Kara avanza despacio, en silencio. No hay rabia en su gesto. Hay concentración. Profesionalidad forzada. Puedes notar que la Gnosis alrededor de tu compañera oscila y se extiende de forma controlada.

En la habitación de la joven, encontráis varias cajas de paquetería apiladas junto a la pared, casi todas abiertas. Un portátil cerrado sobre la mesa, con marcas recientes de haber sido manipulado. Un joyero vacío, colocado con cuidado excesivo sobre una cómoda barata.

Kara se agacha junto a una de las cajas y examina las etiquetas. Su mandíbula se tensa apenas un milímetro.


El silencio del piso pesa más que el de la cueva. De repente, se escuchan unos pasos. ¡Os habíais asegurado de que estábais solos! Pero algo viene a la mente de Mark. ¿Es posible que Henar compartiese piso? Antes de que podáis reaccionar, una chica joven, de precioso pelo rubio, entra en la habitación y se topa con vosotros.


¿Qué haces, Mark?

🟦 Imponer autoridad y control: identificarte como agente de una autoridad superior y presionar a la chica para que colabore, exigiendo que explique quién es, qué relación tenía con Henar y qué sabe de los paquetes y visitas al piso.
🟨 Leer a la chica antes de actuar: bajar el tono, pedirle que se siente y observarla con calma, analizando sus reacciones y contradicciones para decidir si es testigo inocente, cómplice o algo más.
🟥 Dejar a Kara conteniendo la situación y registrar el piso a fondo: aprovechar el momento para hurgar sin miramientos en el portátil, las cajas, la basura y cualquier rastro físico o espiritual que apunte al origen de la baratija.
#48
Bruma Nocturna / Re:Prólogo — Vientos de una nu...
Último mensaje por Bruma Nocturna - 31 de Dic 2025, 01:51:24
Al principio de la intervención de Aya, el Theurge parece sentirse realmente molesto. Probablemente su sangre joven todavía arde con facilidad.

Cita de: Maurick en 31 de Dic 2025, 00:01:59


Cita de: Maurick en 31 de Dic 2025, 00:01:59


Bruma Nocturna, mucho más sereno, se encoge de hombros y se apoya contra la pared.


Cita de: Maurick en 31 de Dic 2025, 00:01:59

Con una leve sonrisa, el joven metis vuelve a encogerse de hombros.


Durante toda la conversación, suena como si estuviera hablando con unos amigos en la barra de un bar. No eleva el tono, no lanza duras miradas... Cualquiera que no lo conocieses (cualquiera de los presentes, de hecho), creería que de verdad está de puro cachondeo y disfrutando de unas pequeñas puyas "entre colegas".

Cita de: Maurick en 31 de Dic 2025, 00:01:59


Aunque Aya se ha mostrado bastante dura en esta última parte de la conversación, parece que el Theurge está disfrutando más que cuando la charla era más amable. El mero hecho de comprobar que solo con un poco de verborrea es capaz de afectar al ánimo de la ghoul parece divertirle.


Antes de que de desparezca del todo, espera un último segundo por si Aya tiene algo más que decir.

En cuanto se desvanece, lo primero que hace es analizar toda la magia y energía de la zona una vez más. Si el entorno es seguro, el siguiente paso es comprobar el estado de la Umbra y consultar a los espíritus antes de que cualquier rastro o esencia importante se desvanezca. Se tomará el tiempo que necesite, sospecha que la joven Ícaro está acostumbrada a esperar. Tras revisar la Umbra, registra a fondo la caseta y, cuando ha terminado, avisa a Iruz para que se acerque y le lea los documentos.

Si no ocurre nada o no hay nada que llame su atención, le dice a Iruz que se vaya al coche y que él va en cuanto termine de recoger. Cuando esté a solas, accede momentáneamente a la Umbra para pedirle a algún espíritu animal, probablemente un espíritu rata, que le envíe un mensaje a Rufus Sentinel: "No cometas el mismo error que Custod Aeson y no me trates como a Casandra. La cabra ha vuelto al monte, y necesita información".

Por último, recoge de la caseta todo rastro de su presencia y vuelve al coche.

#49
Cera & Sangre / Re:Episodio 1 — Creta
Último mensaje por Maurick - 31 de Dic 2025, 00:28:24
Cita de: greatkithain en 30 de Dic 2025, 11:43:36🟦 Investigar la presencia del piso y averiguar qué ocurrió con ella, siguiendo el rastro del aura débil antes de que se disipe del todo.

El rastro no se desplaza como lo haría algo vivo. No deja huellas, no arrastra aire, no altera la temperatura. Es una ausencia que se mueve, un hueco que se reubica lentamente dentro del piso. Iota la sigue con el ceño fruncido, afinando la percepción hasta que el mundo físico pierde definición en los bordes.

El rastro conduce al descansillo. La puerta que da al interior del edificio está cerrada. No forzada. No manipulada. Cerrada como lo estaría en cualquier bloque olvidado de Nea Alikarnassos a media mañana. Sin embargo, la presión es más intensa aquí, casi insoportable: como si alguien hubiese intentado atravesarla demasiadas veces sin conseguirlo.

Iota apoya la mano en el metal frío del pomo. En cuanto lo hace, la percepción se pliega.

Durante un segundo —solo uno— no está en el descansillo. Está en otro lugar: un pasillo estrecho, con paredes cubiertas de azulejos blancos manchados de sangre seca. Olor a amoníaco. A carne. Puede distinguir un gancho balanceándose lentamente desde el techo.

La puerta se abre con un chasquido seco. Y entonces la voz habla.

No desde delante ni desde detrás. Desde dentro del oído.


La palabra no es pronunciada: es recordada. Como si alguien hubiese arrancado ese nombre de un pensamiento ajeno y lo hubiese empujado dentro de su cabeza.

La figura se manifiesta a medias, adherida a la puerta como una mancha de humedad que no termina de adoptar forma. Un torso insinuado. Brazos que no encajan con la gravedad. El rostro es un borrón... salvo por la boca, demasiado definida.


El aire se vuelve denso. El espectro vibra, inestable, como una señal mal sintonizada.


Una sacudida recorre la figura. Durante un instante, Iota ve algo más claro: un delantal manchado, cuchillas colgadas, una furgoneta blanca con el logo medio borrado.


La figura se contrae. El anclaje a la puerta empieza a romperse.


La presencia se disuelve de golpe. El descansillo vuelve a ser solo eso: un espacio sucio, con olor a lejía barata y colillas apagadas. La puerta ya no vibra. El rastro se ha ido.

Dentro del piso, Kaari sigue dormida. Ni respira, algo mejor que antes. Pero ahora Iota lo sabe: el refugio no estaba vigilado, alguien vino a advertir... y no le quedaba tiempo.

Cita de: greatkithain en 30 de Dic 2025, 11:43:36🟦 Investigar la presencia del piso y averiguar qué ocurrió con ella, siguiendo el rastro del aura débil antes de que se disipe del todo.

El rastro no se desplaza como lo haría algo vivo. No deja huellas, no arrastra aire, no altera la temperatura. Es una ausencia que se mueve, un hueco que se reubica lentamente dentro del piso. Iota la sigue con el ceño fruncido, afinando la percepción hasta que el mundo físico pierde definición en los bordes.

El rastro conduce al descansillo. La puerta que da al interior del edificio está cerrada. No forzada. No manipulada. Cerrada como lo estaría en cualquier bloque olvidado de Nea Alikarnassos a media mañana. Sin embargo, la presión es más intensa aquí, casi insoportable: como si alguien hubiese intentado atravesarla demasiadas veces sin conseguirlo.

Iota apoya la mano en el metal frío del pomo. En cuanto lo hace, la percepción se pliega.

Durante un segundo —solo uno— no está en el descansillo. Está en otro lugar: un pasillo estrecho, con paredes cubiertas de azulejos blancos manchados de sangre seca. Olor a amoníaco. A carne. Puede distinguir un gancho balanceándose lentamente desde el techo.

La puerta se abre con un chasquido seco. Y entonces la voz habla.

No desde delante ni desde detrás. Desde dentro del oído.


La palabra no es pronunciada: es recordada. Como si alguien hubiese arrancado ese nombre de un pensamiento ajeno y lo hubiese empujado dentro de su cabeza.

La figura se manifiesta a medias, adherida a la puerta como una mancha de humedad que no termina de adoptar forma. Un torso insinuado. Brazos que no encajan con la gravedad. El rostro es un borrón... salvo por la boca, demasiado definida.


El aire se vuelve denso. El espectro vibra, inestable, como una señal mal sintonizada.


Una sacudida recorre la figura. Durante un instante, Iota ve algo más claro: un delantal manchado, cuchillas colgadas, una furgoneta blanca con el logo medio borrado.


La figura se contrae. El anclaje a la puerta empieza a romperse.


La presencia se disuelve de golpe. El descansillo vuelve a ser solo eso: un espacio sucio, con olor a lejía barata y colillas apagadas. La puerta ya no vibra. El rastro se ha ido.

Dentro del piso, Kaari sigue dormida. Ni respira, algo mejor que antes. Pero ahora Iota lo sabe: el refugio no estaba vigilado, alguien vino a advertir... y no le quedaba tiempo.

¿Qué hacéis ahora?

🟦 Intentar entender qué es el Æon, siguiendo la pista de lo que Iota percibió en el yonki la noche anterior.
🟨 Ir al puerto a buscar a Sfázo, el nombre que ha pronunciado el espectro, para averiguar qué tocó y por qué alguien querría advertir a Laura incluso después de su muerte.
🟥 Activar el portátil y usar el contacto de Laura, intentando comunicarse con «G.», aunque eso implique exponeros y dejar huella digital o sobrenatural.
#50
Bruma Nocturna / Re:Prólogo — Vientos de una nu...
Último mensaje por Maurick - 31 de Dic 2025, 00:01:59
Aya escucha a Bruma Nocturna hasta el final sin interrumpirle. No cruza los brazos. No se mueve. Solo lo observa con la misma atención con la que se estudia una grieta en una pared antigua: no con enfado, sino con la certeza de que ya ha visto muchas iguales.

Cuando por fin habla, lo hace despacio. Con una calma casi irritante.


Da un par de pasos por la caseta, sin mirarlo directamente.

Cita de: Bruma Nocturna en 30 de Dic 2025, 19:18:18


Se detiene. Ahora sí lo mira.


Inclina ligeramente la cabeza, con una sombra de condescendencia.


Suspira suavemente.


Cita de: Bruma Nocturna en 30 de Dic 2025, 19:18:18

Se acerca a la mesa donde están los documentos, los ordena sin necesidad real de hacerlo. Coge uno de ellos, y lee en voz alta, de forma robótica.


Intenta sonreir. Vuelve a meter todos los papeles en el dossier. Escuchas de nuevo un pitido de reloj digital. La expresión de Aya, durante un microsegundo, parece molesta.


Cita de: Bruma Nocturna en 30 de Dic 2025, 19:18:18


Hace un gesto vago con la mano, como cerrando el tema.

Cita de: Bruma Nocturna en 30 de Dic 2025, 19:18:18


Una pausa. Su tono se vuelve aún más seco.


Se aparta ligeramente, dejándole claro que la conversación está llegando a su fin. Vuelve a sonar ese pitido de reloj digital.


Por primera vez, una sonrisa mínima, casi inexistente.


Una vez acaba de pronunciar la frase, vuelve a sonar ese pitido de reloj digital que lleva sonando durante toda la conversación. De repente, la silueta de Aya se vuelve negra como una nube de oscuridad y se dispersa en polvo azabache. Bruma Nocturna se queda a solas, con un silencio incómodo y el ruido de motor de un vehículo en el exterior.