Episodio 1 — Celestún

Iniciado por Maurick, 26 de May 2026, 23:08:45

Tema anterior - Siguiente tema
Cita de: Maurick en 27 de Jul 2026, 13:28:31


Levanto una ceja. Tengo muchas preguntas pero quiero salir de ahí cuanto antes, por lo que dejo las preguntas para más adelante.


Cita de: Maurick en 27 de Jul 2026, 13:28:31


Asiento a la anciana, pero eso de "Mientras esa marca permanezca" no es que me de mucha confianza... Sigo a la anciana cuando abandona la sala del trono, no me despido ni miro atrás. Solo espero que Himitsu esté bien. Descendemos en espiral, la forma en cómo se ha construido o formado estos túneles es muy particular, lo que haya al final me suscita mucha curiosidad.


Cita de: Maurick en 27 de Jul 2026, 13:28:31
Las palabras llegan deformadas por el agua, pero conservan su peso.







Cita de: Maurick en 27 de Jul 2026, 13:28:31Salomé bordea la sima hasta alcanzar una plataforma natural. Allí hay pilares de coral gris, cadenas cubiertas de sal y restos de ofrendas atrapados entre las piedras: caparazones partidos, espinas, mandíbulas pequeñas y tiras de carne ya blanquecinas. La anciana extiende una de sus extremidades hacia el borde.




Miro. Primero solo veo negrura pero hay algo más, algo pretérito, tan viejo como la propia Gaia. Me impone respeto. Escucho con atención todo lo que Salomé me cuenta.


Cita de: Maurick en 27 de Jul 2026, 13:28:31
...



...





Las siguientes palabras las digo con un tono lo más cordial posible, pero sin darle mucha importancia, como quien lanza un plan en una tormenta de ideas. Es muy posible que mi idea no sea bienvenida y quiero volver a la superficie cuanto antes.



Cita de: Denebia en 01 de Ago 2026, 18:44:51

La anciana permanece quieta cuando preguntas por Salmyra, e incluso sus patas dejan de tantear la piedra. Uno de sus ojos laterales se fija en ti, inmóvil bajo el borde del caparazón. La corriente nacida de la respiración de Mott Garoth tira de vuestras formas hacia el abismo y vuelve a soltarlas, pero Salomé ya no parece sentirla.


No parece burlarse, parece desconcertada de verdad. Quizá sea también una primera grieta en todo lo que había supuesto sobre ti. La anciana aproxima el cuerpo, y las articulaciones bajo su coraza crujen con suavidad.


Mira hacia la boca abierta bajo vosotras.


El aire que surge de Mott Garoth hace temblar las cadenas cubiertas de sal. Salomé escucha tu siguiente pregunta sin interrumpirte: Lydia, la nidada del norte, el hambre que crece bajo Aguas Sagradas. Cuando terminas, mueve lentamente el caparazón.

Cita de: Denebia en 01 de Ago 2026, 18:44:51


Una de sus patas recoge un fragmento de hueso, atrapándolo entre dos apéndices finos.


Parte el hueso, y los dos pedazos flotan entre vosotras.


Salomé suelta uno de los fragmentos. La corriente lo arrastra hacia la boca y desaparece entre los dientes.


La respuesta llega seca.


La anciana deja libre el otro pedazo de hueso, pero lo retiene contra la piedra antes de que la corriente se lo lleve.


Sus ojos lechosos vuelven a ti.


Las fauces de Mott Garoth se contraen debajo. Una hilera de dientes se pierde brevemente en la oscuridad antes de volver a aparecer.


No necesita explicar su destino, porque la boca abierta bajo vosotras ya lo ha hecho.

Cita de: Denebia en 01 de Ago 2026, 18:44:51

Ante tu última pregunta, Salomé guarda silencio. Tarda más en responder.


La admisión resulta extraña en su boca. Honesta, quizá a su pesar.


Salomé se aproxima al borde. La corriente arrastra los filamentos y pequeños restos adheridos a su coraza hacia la garganta.


Se vuelve hacia ti.


Su cola rígida señala el camino de regreso, hacia el túnel por el que habéis descendido.


El agua se precipita hacia las fauces y obliga a Salomé a aferrarse a la roca. Durante un instante, toda la sima parece inclinarse hacia la oscuridad.


¿Qué haces, Brisa del Sur?

Escucho atenta todo lo que me cuenta Salomé. Realmente me parece fascinante conocer a otras criaturas, su historia y costumbres.

Estoy asomada al borde. La corriente me mueve suave de un lado a otro, como una madre mece a un bebé para que se duerma, pero es tan sutil que estoy sumida en una especie de trance del que no me he dado cuenta cuanto tiempo llevo así.


Salgo de la especie de trance del ir y venir de la respiración. Dejo de acunarme en la corriente y miro a mi acompañante, sueno firme y decidida.


Comienzo a desnadar lo nadado y espero a la anciana en el principio del pasillo para volver a la superficie.





Lo que pretendo hacer es volver a la superficie y reunirme con Jonah. Una vez allí ir hacia el Norte con él a ver a los Nerai de la escisión.

Nombrar a los Rokea provoca en Salomé una reacción que dura menos que un latido: su cuerpo se encoge alrededor de sí mismo. Los pliegues de su piel se tensan y las membranas que bordean sus brazos se cierran de golpe, como si una corriente helada hubiese atravesado las aguas templadas del abismo. Sus ojos se apartan de ti y buscan durante un instante la oscuridad que rodea la boca de Mott Garoth, pero no tarda en recuperar la compostura.

Cuando vuelve a mirarte, el temblor ha desaparecido. Solo queda la anciana que guarda los recuerdos de su pueblo.


Salomé empieza a alejarse del borde, pasando a una forma más aerodinámica. La verdad es que es perturbador, al menos para ti, observar como su cuerpo se retuerce, crece, se adapta y se transforma. No es algo que te extrañe, pero no se puede comparar a las transformaciones de Matt, de Himitsu o de Bill... La anciana nada despacio, apoyándose de vez en cuando sobre la roca con sus extremidades más largas. A vuestra espalda, ese ser enorme continúa respirando. Cada movimiento de aquella boca descomunal altera la corriente y arrastra pequeñas piedras hacia el fondo.


La anciana se detiene junto a una pared cubierta de depósitos calcáreos. Pasa los dedos por las marcas, como si comprobara que continúan en el mismo lugar.


La corriente vuelve a cambiar. Desde la sima llega un ruido húmedo, profundo, seguido por el roce de algo inmenso contra la piedra; la anciana no mira hacia atrás.


No hay orgullo en sus palabras, pero tampoco arrepentimiento. Habla como quien enumera las partes de una enfermedad que lleva demasiado tiempo aceptando como inevitable.


Salomé reanuda el camino hacia los pasillos superiores. Avanza durante unos metros antes de responder a tu exigencia sobre Himitsu.


La anciana gira el rostro hacia ti. Sus ojos amarillentos permanecen inmóviles.


La promesa queda suspendida entre ambas. No es lo que has pedido, pero parece ser todo cuanto Salomé está dispuesta a arriesgar contra la autoridad de la reina. Cuando mencionas a Lydia, la expresión de la anciana se endurece.


Aparta la mirada y continúa nadando, mientras los corredores se vuelven más estrechos durante el ascenso. La presión disminuye poco a poco y el agua empieza a sentirse menos pesada sobre tu cuerpo. Antes de alcanzar las cámaras habitadas, te ofrece las indicaciones que necesitas.


La anciana se queda atrás. No hay una despedida ceremonial. Solo un último gesto de su cabeza antes de hundirse de nuevo entre los pasillos de piedra, regresando hacia la oscuridad donde su pueblo guarda aquello que no quiere olvidar.



Decides que es el momento ideal para marcharte. A medida que avanzas por Aguas Sagradas, comienzas a notar que no estás sola. Los hidrianos abandonan sus cámaras para observarte. Algunos tienen cuerpos casi humanos cubiertos de escamas apagadas, mientras que otros muestran formas difíciles de interpretar: torsos incompletos, aletas nacidas donde deberían tener brazos, rostros que aún no han decidido si pertenecen a un pez o a una persona. Todos permanecen a una distancia prudente, pero sus ojos te siguen.

Lo que sí reconoces es que no hay odio en esas miradas. Tu cuerpo de Pez Betta, enorme y cubierto por escamas moradas, avanza entre ellos como una criatura surgida de alguna leyenda extranjera. Tus aletas se extienden con la corriente y rozan las columnas naturales de la caverna.

Varias criaturas pequeñas aparecen entre los adultos, con algunas apenas del tamaño de un bebé humano. Una de ellas posee un torso menudo, branquias abiertas en el cuello y una cola de pez que mueve con tanta energía que le cuesta mucho avanzr en línea recta. Otra se parece más a un pez rechoncho, pero de su vientre nacen dos brazos diminutos con dedos muy largos y torpes. Éstos dos se acercan sin miedo, y una de las crías intenta rozar el extremo de una de tus aletas; en cuanto lo tocas, retrocede inmediatamente cuando esta se mueve. Las demás la rodean, excitadas, y vuelven a aproximarse.

Las miras con una sonrisa, eso parece animarlas. Durante unos instantes, las pequeñas criaturas nadan alrededor de ti, escondiéndose entre los pliegues de tus aletas y siguiéndote hasta que varios adultos emiten sonidos graves desde las cámaras laterales. Las crías se detienen en seco (bueno, en mojado, pero se entiende); una de ellas tarda un poco más que las demás y continúa mirándote mientras te alejas.

Después, las cavernas quedan atrás: el agua se aclara conforme te aproximas a la salida. El techo rocoso desaparece y sobre ti se extiende la superficie del Golfo de México, teñida por una luz pálida. Cuando emerges, el amanecer ya está rompiendo sobre Celestún.

El cielo conserva manchas violetas y rojizas sobre el horizonte. Las primeras aves recorren la costa en grupos desordenados, y el aire huele a sal, madera mojada y vegetación. Después de tantas horas bajo tierra, cada sonido parece demasiado nítido.



Refugio de la playa

Costa de Celestún — Península de Yucatán

📅 11 de julio de 2007, 05:06

En la playa hay una figura esperando: Jonah está cerca de la orilla, con los pantalones remangados y las botas abandonadas varios metros más atrás. Camina de un lado a otro sobre la arena húmeda. Cuando te ve salir del agua, se queda completamente quieto. Tarda unos segundos en reaccionar, pero echa a correr.

Te alcanza cuando recuperas una forma que puede abrazar sin quedar sepultado bajo varios cientos de kilos de pez morado. Jonah te rodea con los brazos y aprieta con una fuerza torpe, desesperada, muy distinta de la despreocupación con la que suele afrontar casi todo.


Sus mejillas están húmedas. Podría ser la bruma del amanecer, el agua que el viento levanta desde el mar o algo que lleva allí desde antes de que emergieras. Jonah se separa lo suficiente para mirarte, y su expresión cambia cuando busca detrás de ti y no encuentra a nadie más saliendo del agua.


En seguida se da cuenta de que no todo es tan gracioso. Carraspea y volvéis a la orilla, pero durante el trayecto no deja de mirar hacia el mar, como si esperase ver aparecer en cualquier momento la cabeza de la Qualmi entre las olas. En el interior todavía quedan restos de la noche: tazas sin recoger, mantas arrugadas, arena sobre las tablas y el olor apagado del humo. Jonah acerca una silla a la mesa y te deja espacio para explicar lo ocurrido.

[Asumimos que le cuentas lo que ha pasado. Lo que no le quieras contar, indícalo en la próxima pulbicación]

No te interrumpe cuando hablas de Neiatta, de Lydia o de la promesa de Salomé. Tampoco cuando describes la boca que duerme bajo Aguas Sagradas y los sacrificios con los que llevan años alimentándola. Al enterarse de que Himitsu se ha entregado como rehén, aprieta la mandíbula. Sus dedos tamborilean una vez sobre la mesa y después se quedan inmóviles.


Se agarra la cabeza. Niega con ella, pero no tarda en centrarse de nuevo. Se levanta y empieza a registrar los cajones de la cabaña. Encuentra varios papeles viejos, un mapa de carreteras doblado y un lápiz al que le falta la mitad. Extiende el mapa sobre la mesa y busca Celestún con el dedo.


Recorre la costa hacia el norte siguiendo las indicaciones que te dio Salomé. Encuentra Sisal y marca con el lápiz una zona al oeste del pueblo.


Jonah ladea la cabeza, estudiando las carreteras secundarias.


Traza una línea aproximada desde la carretera hasta la costa.


Deja el lápiz sobre el mapa y apoya ambas manos en la mesa. Por primera vez desde que has regresado, su mirada se queda quieta.


¿Qué vas a hacer, Brisa del Sur?

08 de Ago 2026, 00:39:00 #34 Ultima modificación: 08 de Ago 2026, 00:43:16 por Denebia
Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39Las miras con una sonrisa, eso parece animarlas. Durante unos instantes, las pequeñas criaturas nadan alrededor de ti, escondiéndose entre los pliegues de tus aletas y siguiéndote hasta que varios adultos emiten sonidos graves desde las cámaras laterales. Las crías se detienen en seco (bueno, en mojado, pero se entiende); una de ellas tarda un poco más que las demás y continúa mirándote mientras te alejas.


Me divierte jugar con los pequeños nerai y agradezco el buen gesto tras tanta tensión en la sala del trono. Cuando son llamados por sus progenitores me despido de ellos.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39Después, las cavernas quedan atrás: el agua se aclara conforme te aproximas a la salida. El techo rocoso desaparece y sobre ti se extiende la superficie del Golfo de México, teñida por una luz pálida. Cuando emerges, el amanecer ya está rompiendo sobre Celestún.

El cielo conserva manchas violetas y rojizas sobre el horizonte. Las primeras aves recorren la costa en grupos desordenados, y el aire huele a sal, madera mojada y vegetación. Después de tantas horas bajo tierra, cada sonido parece demasiado nítido.


Cuando el aire entra en mis pulmones cierro los ojos y disfruto durante unos instantes de la sensación de estar por fin fuera del agua. La presión ya no existe, solo gravedad y aire.



Refugio de la playa

Costa de Celestún — Península de Yucatán

📅 11 de julio de 2007, 05:06

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39Te alcanza cuando recuperas una forma que puede abrazar sin quedar sepultado bajo varios cientos de kilos de pez morado. Jonah te rodea con los brazos y aprieta con una fuerza torpe, desesperada, muy distinta de la despreocupación con la que suele afrontar casi todo.



Al principio yo también me quedo quieta, verificando que sea él. Me contagia su alegría pero avanzo lenta, el agua y el cansancio no deja que pueda correr tanto.

Su abrazo me pilla de sorpresa, pero también le abrazo rodeando su torso con mis brazos y sonrío al escuchar su sorpresa al comprobar que estoy viva.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39


Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39[Asumimos que le cuentas lo que ha pasado. Lo que no le quieras contar, indícalo en la próxima pulbicación]


Le cuento TODO a Jonah, no le oculto nada. Hago bastante hincapié en lo mal que me cae Neiatta y en lo preocupada que estoy por Himitsu.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39


Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39


Digo seria.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39Recorre la costa hacia el norte siguiendo las indicaciones que te dio Salomé. Encuentra Sisal y marca con el lápiz una zona al oeste del pueblo.

Jonah ladea la cabeza, estudiando las carreteras secundarias.

Traza una línea aproximada desde la carretera hasta la costa.


Me gusta la iniciativa que tiene Jonah en buscar algo con lo que orientarnos y en la facilidad que ha tenido en localizar todo en el mapa.

Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39


Cita de: Maurick en 05 de Ago 2026, 14:34:39Deja el lápiz sobre el mapa y apoya ambas manos en la mesa. Por primera vez desde que has regresado, su mirada se queda quieta.



Estoy sentada a su lado. Extiendo mi mano para agarrar la suya y le miro a los ojos.


Mi rostro cambia, me pongo seria pero no le suelto la mano, sino que le agarro con más fuerza.


Hago una pequeña pausa.


Sin darme cuenta me he acercado más a él. Le suelto de la mano con una sonrisa y suelto un sonoro suspiro.


Me levanto de la mesa y, con la despreocupación típica que me caracteriza en estos temas —recordemos que soy una lupus— comienzo a desvestirme sin ningún tipo de pudor. Me quedo solo con la ropa interior puesta, es de encaje negro.


Digo riéndome mientras termino de quitarme la ropa. Salgo y la dejo secar en la balaustrada del porche de la cabaña.


Después de que os refugiéis en la casona junto a la playa, te sorprende no haber visto a ningún humano más cerca por aquí. Parece que este punto es ignorado por la humanidad, ¿quizás algo que haya hecho Neiatta o su séquito de cambiantes marinos?

De vuelta en la sala, con un cuenco de leche fresca y cereales a los que les falta algo de sabor, Jonah escucha la propuesta de viajar por la Sombra mientras mantiene un dedo apoyado sobre el mapa. No responde enseguida. Sigue con la mirada la línea de costa y termina rascándose la nuca.


Levanta la vista hacia ti y hace una pequeña mueca.


Hace girar el lápiz entre los dedos. Mira hacia el techo, y se ajusta el pelo.


Se inclina de nuevo sobre el mapa y señala una pequeña población. Te mira a los ojos, con el cuerpo arqueado sobre esa guía turística decolorada y rota por los bordes.


Se queda pensándolo durante un segundo.


La sonrisa desaparece cuando empiezas a hablar de Himitsu, del peligro y de haberlos arrastrado hasta allí. Jonah deja el lápiz. Cuando le coges la mano, mira primero tus dedos y después a ti. No intenta retirarla. Su pulgar se mueve apenas contra el lateral de tu mano antes de quedarse quieto.


Aprieta tu mano una vez antes de soltarla.


La referencia geográfica es suficientemente incorrecta para que resulte evidente que no tiene intención alguna de corregirse. Después empiezas a quitarte la ropa, sin aviso ni advertencia alguna. Jonah todavía está recogiendo el mapa cuando levanta la cabeza; se queda inmóvil: sus ojos bajan durante una fracción de segundo y regresan inmediatamente hacia una ventana que, de repente, parece haberse convertido en el objeto más interesante de toda la Península de Yucatán.


Carraspera, y se gira un poco más hacia la ventana.


Su concentración en el paisaje exterior empieza a adquirir una intensidad casi religiosa. Cuando sales al porche para dejar la ropa mojada, Jonah aprovecha para moverse por la cabaña. Abre un armario, cierra otro y señala hacia el fondo sin mirarte directamente todavía.


Ahora sí vuelve a mirarte, aunque manteniendo cuidadosamente los ojos a una altura bastante prudente.


Se apoya contra el marco de la puerta. No te mira a ti, mira al suelo.


10 de Ago 2026, 16:33:47 #36 Ultima modificación: 10 de Ago 2026, 17:08:10 por Denebia
Cita de: Maurick en 09 de Ago 2026, 22:14:14Hace girar el lápiz entre los dedos. Mira hacia el techo, y se ajusta el pelo.




Cita de: Maurick en 09 de Ago 2026, 22:14:14
Ahora sí vuelve a mirarte, aunque manteniendo cuidadosamente los ojos a una altura bastante prudente.




Mi cara es una mezcla entre sorpresa y alegría, aplaudo y celebro la buena noticia. De dos zancadas me planto frente a él y le doy un abrazo. De un pequeño salto consigo darle un pequeño beso en la mejilla.


Le miro durante unos segundo a los ojos y tan rápido como fui me voy corriendo al baño. No tardo mucho en salir con el sujetador de la mano y rodeada por una toalla no muy grande, pero con mi estatura parece ser más grande de lo que es. Un poco torpe termino de quitarme mi ropa interior y salgo a por la ropa del porche. Lo lanzo todo a la lavadora pero me quedo mirando los botones...


Cita de: Maurick en 09 de Ago 2026, 22:14:14Se apoya contra el marco de la puerta. No te mira a ti, mira al suelo.




Cojo dos cojines del sofá, los dejo en el suelo y me siento sobre uno de ellos. Sorprendentemente la toalla tiene el tamaño justo para que no se vea nada íntimo.


Señalo el cojín que está a mi lado.


Pronunciar su nombre hace que tenga una pequeña punzada en el corazón y los recuerdos comiencen a aflorar, pero respiro hondo y consigo que no me dominen. Tengo que centrarme en el ahora y no hundirme en el pasado.



Mi intención es meditar y/o descansar para recuperar todo el maná que he gastado usando mis dones.

El tambor de la lavadora comienza a girar con un traqueteo irregular. Jonah permanece agachado frente al electrodoméstico durante unos segundos, observándolo como si esperase que en cualquier momento abriera un portal dimensional. Ha metido dentro toda tu ropa sin hacer demasiadas preguntas. Sólo ha tenido un instante especialmente complicado cuando ha tenido que recoger el sujetador negro que habías dejado con el resto. Lo sostuvo por una de las tiras, miró la etiqueta y adoptó una expresión de concentración absolutamente desproporcionada. Eso no pasó con las bragas, no obstante.


Introduce la prenda dentro, cierra la puerta y pulsa un botón. Se levanta, saca un paquete de detergente algo gastado y lo echa en el tambor sin preocuparse por si ha echado mucho o poco. La máquina empieza a llenarse de agua y Jonah levanta ambos brazos.


Después se gira hacia ti y vuelve a recordar la toalla. Su mirada baja, recorriendo todo tu cuerpo, mientras escucha lo que le propones. Carraspeba y se dirige inmediatamente hacia el cojín que has colocado junto al tuyo.


Se deja caer sobre el cojín y cruza las piernas de una manera que parece haber aprendido viendo a alguien hacerlo una vez desde lejos. Apoya las manos sobre las rodillas y deja la espalda recta mientras cierra los ojos. Dura unos cuatro segundos, abre uno. Su mirada se cruza con la tuya.


Se aclara la garganta. La cercanía tampoco ayuda. El cojín no deja ni medio brazo entre vosotros y, cuando Jonah intenta acomodarse mejor, una de sus rodillas roza ligeramente la tuya. Se queda quieto, pero no se aparta al instante. Después mueve la pierna unos centímetros y vuelve a cerrar los ojos.


El sonido de la lavadora llena los silencios. Agua chocando contra el tambor, el golpe de alguna hebilla contra el cristal. Fuera, el calor empieza a entrar por las ventanas. Poco a poco Jonah deja de moverse tanto. Su respiración termina siguiendo, casi sin querer, el ritmo de la tuya. Durante unos minutos no habla, y ya puedes considerarlo un logro enorme.


Abre un ojo otra vez, y ahora hay una sonrisa pequeña en la comisura de su boca.


Deja pasar unos segundos con absoluta mala intención.


Se muerde ligeramente el interior de la mejilla. Mira hacia delante, evitando mirarte directamente.


Ahora sí gira la cabeza. Tiene las mejillas un poco más encendidas de lo habitual, pero la expresión se ha vuelto descaradamente divertida.


Una pausa.


Mantiene tus ojos durante apenas un par de segundos. Luego su mirada amenaza con bajar de nuevo hacia la toalla y la desvía inmediatamente hacia la lavadora.


Se ríe por lo bajo y vuelve a cerrar los ojos. Esta vez permanece así un rato, mientras la tensión de sus hombros va desapareciendo. Su respiración se vuelve más profunda: quizá la meditación funciona. Quizá sólo está agotado después de pasar la noche esperando saber si seguías viva. Al cabo de unos minutos, su cuerpo se vence ligeramente hacia un lado. Su hombro termina apoyándose contra el tuyo, y Jonah abre los ojos de golpe al notar el contacto, pero no se aparta. Mira primero vuestro hombro compartido y después tu rostro.


No se mueve. La sonrisa vuelve, más pequeña esta vez.


La lavadora cambia de ciclo detrás de vosotros. Jonah permanece a tu lado.


Esta vez no consigue esconder la sonrisa.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06Se deja caer sobre el cojín y cruza las piernas de una manera que parece haber aprendido viendo a alguien hacerlo una vez desde lejos. Apoya las manos sobre las rodillas y deja la espalda recta mientras cierra los ojos. Dura unos cuatro segundos, abre uno. Su mirada se cruza con la tuya.



Me sorprende gratamente que Jonah haya decidido meditar conmigo. Realmente pensaba que pasaría de ello y se iría a fumar al porche o a dormir. Le dedico una amplia sonrisa cuando veo que se sienta a mi lado, cierro los ojos, respiro hondo y me pongo seria. Pero la repentina pregunta de Jonah hace que vuelva a sonreír, aunque no abro los ojos.


Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06Se aclara la garganta. La cercanía tampoco ayuda. El cojín no deja ni medio brazo entre vosotros y, cuando Jonah intenta acomodarse mejor, una de sus rodillas roza ligeramente la tuya. Se queda quieto, pero no se aparta al instante. Después mueve la pierna unos centímetros y vuelve a cerrar los ojos.


Al notar el roce me percato de la cercanía. Contengo brevemente la respiración, pero tampoco me aparto. "¿Por qué he dejado el cojín tan cerca?". Debería sentirme avergonzada o mal por ello, pero no es así, me gusta que esté cerca. Me pongo algo nerviosa. Algo me dice que voy a tardar en concentrarme...

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06El sonido de la lavadora llena los silencios. Agua chocando contra el tambor, el golpe de alguna hebilla contra el cristal. Fuera, el calor empieza a entrar por las ventanas. Poco a poco Jonah deja de moverse tanto. Su respiración termina siguiendo, casi sin querer, el ritmo de la tuya. Durante unos minutos no habla, y ya puedes considerarlo un logro enorme.


Y así es, nunca pensé que aceptaría a meditar y encima que se lo tomara en serio. Su actitud me sorprende gratamente y hace que comience a tranquilizarme un poco.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06


Frunzo el ceño sin abrir los ojos inclinando mi cabeza hacia un lado. El tono de mi pregunta es totalmente inocente.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06

Parece que voy a decir algo. Abro la boca para replicar, pero la vuelvo a cerrar. Me paro a analizar su resumen y, verlo así, hace que me muera de la vergüenza.


Es lo único que logro decir en un leve susurro.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06

Abro los ojos como platos. Le miro de arriba a abajo con una mirada entre preocupación y desconcierto. Luego me miro a mi, también de arriba a abajo. Le agarro del brazo, se lo levanto. No hay nada. Le muevo lentamente hacia adelante para revisar su espalda. No hay nada. Le suelto y me inclino un poco hacia adelante. Tampoco hay nada. Mientras tanto le digo:


Digo bastante alarmada, sin apenas respirar entre frase y frase, pero tras comprobar que está bien me tranquilizo. De repente caigo en algo y me muero de la vergüenza. Me tapo la cara con ambas manos.


Tomo aire de nuevo y vuelo a tomar la posición de meditar.


Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06Se ríe por lo bajo y vuelve a cerrar los ojos. Esta vez permanece así un rato, mientras la tensión de sus hombros va desapareciendo. Su respiración se vuelve más profunda: quizá la meditación funciona. Quizá sólo está agotado después de pasar la noche esperando saber si seguías viva. Al cabo de unos minutos, su cuerpo se vence ligeramente hacia un lado. Su hombro termina apoyándose contra el tuyo, y Jonah abre los ojos de golpe al notar el contacto, pero no se aparta. Mira primero vuestro hombro compartido y después tu rostro.


La presión no rompe mi meditación sino que actúa como uno resorte que activa algo primario en mis instintos. Inclino mi cabeza hacia el cuerpo de Jonah, inspiro profundamente a la altura de su cuello y su olor me embriaga: huele a  cuero, a tabaco, a magia, a decisiones e inseguridades. A ternura. Huele a él.

Abro los ojos y me sostiene la mirada mientras me pide perdón por algo que no entiendo. Mi corazón late fuerte contra mi pecho y el rubor de mis mejillas parece no irse nunca.


Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06No se mueve. La sonrisa vuelve, más pequeña esta vez.




Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06
Esta vez no consigue esconder la sonrisa.

Le devuelvo la sonrisa, esta vez sí he entendido a qué se refiere.


Seguimos compartiendo espacio. Apoyo con cuidado mi cabeza sobre su hombro.


Busco su mirada de nuevo.


Doy un par de palmadas en mi pecho, a la altura del corazón. No lo digo en voz alta, pero sé que Jonah es capaz de entender lo importante que ha sido revelarle mi verdadero nombre.


Dejo que todo el peso de mi cuerpo acabe descansando sobre el de Jonah colocando mis piernas hacia un lado y recojo mi pelo para dejarlo caer sobre el hombro izquierdo, el opuesto al suyo. La cicatriz que tengo en la cara en forma de media luna, que me dejó Pezuña Caótica mucho tiempo atrás, se deja entre ver por un par de mechones que no han que bien recogidos.

Mi corazón no ha dejado de latir fuerte y el rubor continúa sin intención de irse.

16 de Ago 2026, 19:14:16 #39 Ultima modificación: 17 de Ago 2026, 23:25:47 por Maurick
La sonrisa de Jonah, que tenía hace un momento se apaga poco a poco mientras hablas. Cuando pronuncias Aka'wi, algo cambia en su expresión. No porque comprenda todas las implicaciones de un nombre guardado durante años, sino porque comprende perfectamente el modo en que se lo has entregado. No hace ninguna broma, y eso te parece que ya dice bastante.

Cuando le explicas que llevas días mostrando tu afecto porque él te gusta, Jonah baja brevemente la mirada. La levanta después hacia ti, hacia tu rostro apoyado tan cerca del suyo, y parece debatirse durante unos segundos entre decir alguna estupidez que alivie el momento o aceptar que ya no hay ningún sitio detrás del que esconderse.


Pronuncia el nombre con cuidado. Sin imitar ningún acento, sin jugar con las sílabas.


Una sonrisa diminuta aparece en una de sus comisuras.


Pero tampoco esa broma consigue salvarlo. Te mira fijamente. Algo ha cambiado en sus ojos hundidos bajo aquellas ojeras demasiado profundas para alguien tan joven. El debate que mantiene consigo mismo resulta casi visible: la costumbre de esconderse detrás de una salida graciosa enfrentada a algo bastante más sencillo. Y, probablemente, mucho más aterrador.

Al final manda a la mierda el poco raciocinio que le quedaba: levanta una mano. El dorso de sus dedos roza primero tu mejilla, casi como si todavía estuviera comprobando que puede hacerlo. Aparta con cuidado los mechones que han quedado sueltos junto a tu rostro y descubre mejor la cicatriz con forma de media luna. Su pulgar sigue lentamente uno de sus bordes.


La yema de su dedo continúa el recorrido de la cicatriz.


La coz de Pezuña Caótica fue más sencilla de soportar que la presión que empieza a crecerte ahora dentro del pecho. Jonah deja de mirar la cicatriz, y sus ojos descienden hacia tus labios durante un instante. Después vuelven a buscar los tuyos. Su mano termina de recorrer aquella antigua herida y queda apoyada contra tu mejilla. El pulgar se mueve una vez sobre tu piel. Jonah inspira profundamente y cierra los ojos mientras acerca despacio el rostro. Tú haces lo mismo, mientras sus labios rozan los tuyos.


Es apenas un contacto, suave y breve, suficiente para que Jonah se aparte unos centímetros con una sonrisa nerviosa que no consigue contener. Vuelve a besarte, y esta vez hay más presión. Un segundo beso llega casi pegado al anterior, y después otro. La vacilación inicial se va perdiendo entre respiraciones cada vez más próximas hasta que, en el siguiente, Jonah entreabre los labios. Su lengua busca la tuya, el beso cambia. Ya no existe aquella prudencia torpe de los primeros segundos. Jonah te atrae hacia él con la mano que todavía mantiene junto a tu rostro, como si una parte absurda de su cabeza temiese que pudieras desaparecer en cuanto aflojase los dedos. La otra encuentra tu cintura y tira suavemente de ella hasta reducir el pequeño espacio que quedaba entre ambos.

Se gira sobre el cojín para quedar frente a ti. Tus brazos lo rodean. La toalla roza el chaleco de Jonah amenazando con destruir la integridad del nudo que has hecho, pero parece no importaros. Vuestras lenguas se encuentran una y otra vez. El sabor del tabaco todavía permanece ligeramente en su boca. Su respiración se mezcla con la tuya. Cada vez que parece que vais a separaros, alguno de los dos vuelve a buscar al otro y el beso comienza otra vez. Durante un rato deja de existir la lavadora, Aguas Sagradas, Himitsu y la serpiente. El fin de mundo puede esperar unos minutos.

Cuando finalmente os separáis, no lo hacéis demasiado. Jonah mantiene el brazo alrededor de tu cintura. Ahora parece haberse dado cuenta de lo menuda que eres comparada con él; prácticamente podría rodearte con un solo brazo. Te mira, y tiene los labios ligeramente húmedos, la respiración algo acelerada y una expresión estúpidamente satisfecha que intenta disimular sin demasiado éxito. Tú juegas con uno de los mechones que le cae sobre la frente, y Jonah vuelve a mirar tu boca.

Después la toalla, después tus ojos. Traga saliva.


Una pausa.


Sonríe. Durante un segundo parece que va a volver a besarte. No lo hace. En cambio, inspira profundamente y mira hacia la pequeña cocina de la cabaña como si acabara de recordar que allí existe una posibilidad real de salvación.


Sus dedos siguen apoyados en tu cintura. No parece tener ninguna prisa por retirarlos.


Te dedica una sonrisa ladeada. La lavadora continúa girando detrás de vosotros.

Me he dejado llevar, he hecho lo que mi corazón me gritaba disfrutado cada instante junto a Jonah, y es algo que se refleja en mi mirada. Mi corazón aún late fuerte contra mi pecho.

Cita de: Maurick en 12 de Ago 2026, 20:27:06
Sus dedos siguen apoyados en tu cintura. No parece tener ninguna prisa por retirarlos.


Te dedica una sonrisa ladeada. La lavadora continúa girando detrás de vosotros.


Noto su presión sobre mi cintura, al igual que la presión por tener que solucionar el problema de los Nerai. Una dulce, otra amarga. Comparto su preocupación, el deber nos llama pero el momento ha sido nuestro. Miro en la misma dirección, hacia la cocina y luego le devuelvo la mirada.


Aún frente a él y de rodillas le sujeto la cabeza con ambas manos y le doy un pequeño beso los labios y otro en la frente.


Le guiño un ojo y me incorporo, le tiendo la mano para ayudarle a levantarse. Rebusco por los armarios de la cocina y encuentro varias latas sin etiqueta. Escojo las tres que menos repelús dan, aunque cada una es diferente desde fuera todas me dan el mismo olor. Miro a Jonah con cara de incertidumbre, levanto los hombros a modo de pregunta.


Me río mientras me giro a encender los fuegos y coloco una cazuela que deja mucho que desear, ha vivido tiempos mejores, y este no es uno de ellos. Ya comiendo, y algo más seria, pregunto:


Doy otro par de cucharadas al potingue que había en la lata.


Una vez finalizado "el banquete" nos sentamos en el sofá. Estoy junto a él, medio de lado, con la cabeza descansando sobre la mano del brazo que tengo apoyado en el respaldo del sofá. Le miro fijamente estudiando de nuevo sus rasgos.


Jonah mastica despacio mientras te escucha explicar el plan. Al principio parece que está esperando el momento en que llegue la parte de entrar por una ventana, transformarse en una bestia enorme o arrancarle la cabeza a alguien, pero parece que no llega. Cuando terminas, deja la cuchara dentro de la lata y te mira con una expresión extraña.


La sonrisa aparece enseguida, antes de que puedas interpretar aquello como una crítica.


Señala hacia ti con la cuchara.


Jonah baja la cuchara, y por una vez no hay ironía en su rostro.


Hace una pequeña pausa.


Se encoge de hombros, como si lo que te cuenta hubiese sido que una señora se tropezó al subir al autobús.


La seriedad dura poco.


---

La Marga — Costa de Yucatán

📅 11 de julio de 2007, 14:18

El pueblo conocido como La Marga parece estar de celebración. En un lugar cercano, hay una decena de personas bailando, bebiendo y haciendo mucho ruido. Desde varias calles antes podéis escuchar la música. Uno de los restaurantes cercanos a la costa parece haber absorbido a medio pueblo. Es un edificio ancho, de madera castigada por la sal, con una terraza cubierta por planchas onduladas y tiras de bombillas colgadas entre postes. Sobre las mesas quedan platos con espinas de pescado, botellas de cerveza, vasos de plástico y restos de una celebración cuyo motivo resulta imposible de adivinar.

Tampoco parece importarle a nadie. Hay hombres bailando con mujeres, mujeres bailando entre ellas, un anciano dormido sobre una mesa y varios niños corriendo entre las sillas mientras los adultos empiezan a alcanzar ese punto de embriaguez en el que todo el mundo parece ser amigo de todo el mundo. El aparcamiento improvisado junto al restaurante está repleto.

Pick-ups, sedanes, dos furgonetas, un todoterreno que parece haber sobrevivido a varias guerras y una colección de coches castigados por el sol, la humedad y demasiados kilómetros. Para ti, son todos iguales. Trozos de metal con ruedas, pero para Jonah son como chucherías en un buffet de comida. Se le ve que quiere elegir. Jonah contempla aquello durante unos segundos.


Señala discretamente un sedán gris aparcado entre dos camionetas. Nada llamativo. Nada que alguien vaya a reconocer a cien metros entre otros veinte coches similares. Cuando le preguntas cómo piensa arrancarlo sin llaves, Jonah mueve la cabeza.


No lo está. Jonah espera a que un grupo pase junto a vosotros cargando una nevera portátil. Después se acerca al coche, comprueba la puerta y manipula el cierre con movimientos rápidos, pequeños, cubiertos por su propio cuerpo. Un clic y se abre. Se sienta al volante y te hace una señal para que entres. Cuando cierras la puerta, Jonah apoya ambas manos alrededor de la columna de dirección. No toca ningún cable ni fuerza el contacto. Qué diablos, no tienes ni la más remota idea de lo que se debe hacer para robar un coche, pero él simplemente se concentra.

Durante un instante puedes sentirlo. No se parece a lo que ocurrió cuando retrocedió aquellos segundos para impedir que Himitsu fuese atravesada. Entonces el aire pareció doblarse alrededor de él y su cuerpo pagó inmediatamente el precio. Ahora existe una pequeña vibración, casi imperceptible. Notas que está haciendo algo con el entorno espiritual alrededor de vosotros, pero no sabrías decir qué.

El motor da una sacudida, da otra. Parece que se va a ahogar, pero de pronto vuelve a rugir. No arranca, ya estaba arrancado. O, al menos, el motor acaba de regresar al momento en que lo estaba. Jonah sonríe.


Mete primera. No tiene sangre en la nariz y no tiembla. Su respiración sigue completamente normal. La diferencia con el uso anterior de su magia es evidente.


Saca el coche del aparcamiento con toda la tranquilidad del mundo, y nadie os presta atención.


Mira el indicador.


---

El trayecto hacia Sisal consume algo más de una hora. La carretera atraviesa kilómetros de Yucatán bajo un sol que aplasta los colores. La vegetación baja se acumula a ambos lados del asfalto, interrumpida por caminos de tierra, postes eléctricos inclinados y pequeños cruces que parecen conducir hacia lugares donde no vive nadie.

Cuanto más avanzáis hacia la costa norte, más cambia el paisaje. El agua vuelve a aparecer: primero como destellos entre árboles, después como extensiones someras al otro lado de la carretera. Sisal surge al final del recorrido como una localidad costera que alguna vez debió parecer tranquila y todavía conserva algo hermoso. Casas bajas, fachadas pintadas en colores claros, apagados por el sol. Palmeras inclinadas hacia el mar, barcas de pesca descansando donde la arena se encuentra con las primeras calles. Te recuerda a aquella zona en Los Ángeles, Hollow Beach, dónde ocurrió el incidente con los Rokea.

Rokea. Los hombres tiburón. ¿Qué habrá pasado con ellos? ¿Seguirán allí? Sin embargo, estás ahora en el presente, en una zona que desconoces. Junto a tu lado está Jonah, que parece encantado de sí mismo y de mostrarte sus capacidades. ¿Tendrá razón Himitsu? Sin embargo, el mundo que conoces siempre parece haber llegado unos años tarde al mantenimiento. Hay pintura arrancada por la humedad. Persianas oxidadas, muros con grietas negras, redes acumuladas junto a edificios que llevan demasiado tiempo cerrados. Algunos perros descansan bajo coches abandonados y observan vuestro paso sin levantarse.

Los carteles de tráfico están torcidos o cubiertos de pegatinas viejas. La mar, al fondo, es demasiado azul para un lugar que parece haberse acostumbrado a deteriorarse. Jonah conduce sin decir demasiado, ha cambiado su actitud en cuanto habéis entrado aquí. Cuando dejáis atrás las últimas calles, el asfalto empeora. El camino que habéis seguido termina junto a lo que en algún momento debió ser un pequeño mirador sobre los humedales y ahora quedan una barandilla oxidada, dos bancos de hormigón partidos y un cartel informativo tumbado entre la vegetación. Alguien ha pintado encima de las indicaciones con aerosol negro un enorme y suntuoso falo, con todos los detalles posibles. Humor de hombres, piensas. Otro cartel permanece en pie solamente porque una de sus esquinas se apoya contra un poste.

Jonah apaga el motor, de nuevo, haciendo algo con el entorno espiritual de vuestro alrededor. No tiene la llave, dice, pero no entiendes qué significa eso.


Golpea dos veces el salpicadero.


Te mira y sonríe de medio lado.


---

El Estero Ciego

El camino desaparece muy rápido. No existe una frontera clara entre tierra y agua. El suelo simplemente empieza a hundirse bajo vuestros pasos hasta convertirse en una mezcla de barro oscuro, arena húmeda y charcos salobres que reflejan el cielo entre raíces. Los mangles crecen formando paredes naturales y sus raíces emergen del agua como dedos retorcidos, cruzándose unas sobre otras y creando pequeñas cavidades donde se esconden cangrejos diminutos. Algunas zonas están cubiertas por una película verde; otras tienen el color oscuro del té.

El aire apesta: huele a sal, barro caliente, vegetación húmeda y materia orgánica pudriéndose lentamente bajo el agua. Los insectos forman un zumbido constante alrededor de vosotros y más lejos se escuchan aves. Después dejan de escucharse, pero no sabrías señalar en qué momento exacto ocurre. Simplemente reparas en que lleváis demasiado rato oyendo únicamente vuestros propios pasos.

El Estero Ciego empieza a hacer honor a su nombre. Los canales se dividen y vuelven a encontrarse. Una lengua de tierra parece un camino hasta que termina abruptamente en agua. Los mangles impiden ver más allá de unos pocos metros y cada abertura entre los árboles parece idéntica a la anterior. Entonces encontráis algo que no debería estar allí: entre dos canales aparece una construcción elevada sobre pilotes. Parece un bar. O una discoteca. No lo distingues bien, no porque no lo veas, si no porque no sabes distinguir esos sitios. No has ido mucho a ellos, ¿verdad?

Una pasarela de madera comunica una pequeña isla embarrada con un edificio largo y estrecho levantado sobre el agua. Tiene una terraza frontal protegida por un tejado metálico, varias mesas vacías y una barra visible detrás de grandes ventanales abiertos, las tablas han perdido casi toda la pintura y sobre la fachada cuelga un letrero inclinado cuyo nombre ya no puede leerse.

Jonah se detiene, y comienza a caminar hacia ahí.


Entráis al sitio porque Jonah ha querido. Parece completamente abandonado, pero de repente, escucháis como una silla se arrastra. Alguien estaba allí. Un hombre aparece tras la barra y sale tranquilamente hacia la terraza. Tiene unos cuarenta y tantos años, aunque hay algo en su manera de observaros que resulta más viejo que su rostro. No lleva ningún arma visible y tampoco parece especialmente impresionado por vuestra llegada.

Se apoya contra la barra. Te mira primero a ti y luego a Jonah, a pesar de que éste va por delante de ti.


Su español tiene un deje mexicano claro, natural. Mira hacia el sendero por el que habéis llegado y niega despacio con la cabeza.


Una sonrisa rápida cruza su rostro. Abre una mano hacia el interior del local.


Se aparta de la barra, y levanta parte de la madera para salir y acercarse a vosotros.


Le ofrece la mano a Jonah, y éste se la da con una cara de extrañeza MUY evidente. Con dos dedos señala las botellas alineadas detrás de la barra.


Su sonrisa se ensancha apenas.


Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42
Jonah baja la cuchara, y por una vez no hay ironía en su rostro.



Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42


Sonrío encogiéndome de hombros, pero el recuerdo hace ensombrecer un poco mi rostro. Miro durante unos instantes las cicatrices, doy un suspiro y continúo escuchando la historia de la misión de Jonah y Ajax.

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42


Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42La seriedad dura poco.



Me río a carcajadas. Entre lágrimas digo:




La Marga — Costa de Yucatán

📅 11 de julio de 2007, 14:18

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42El motor da una sacudida, da otra. Parece que se va a ahogar, pero de pronto vuelve a rugir. No arranca, ya estaba arrancado. O, al menos, el motor acaba de regresar al momento en que lo estaba. Jonah sonríe.



Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42Mete primera. No tiene sangre en la nariz y no tiembla. Su respiración sigue completamente normal. La diferencia con el uso anterior de su magia es evidente.



No obstante me preocupo, no le quito el ojo de encima y le pregunto varias veces si se encuentra bien. Tras un rato después, en el que no he visto ninguna consecuencia como la primera vez que rebobinó, comienzo a tranquilizarme y aceptar que rebobinar objetos es más fácil que personas.

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42
Te mira y sonríe de medio lado.




Digo sonriente mientas le doy un par de golpecitos a mi riñonera. Al poco me pongo un poco más seria.




Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42El camino desaparece muy rápido. No existe una frontera clara entre tierra y agua. El suelo simplemente empieza a hundirse bajo vuestros pasos hasta convertirse en una mezcla de barro oscuro, arena húmeda y charcos salobres que reflejan el cielo entre raíces.


Cuando el barro amenaza con embadurnarlo todo me arremango los pantalones un par de vueltas. Con las zapatillas va a ser más complicado por lo que voy pisando con cuidado para no hundirme, no me importa que se manchen mucho.

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42
Entráis al sitio porque Jonah ha querido.


En principio parezco un poco reticente a entrar en un lugar así, no inspira mucha confianza, pero como Jonah sí parece tenerla le sigo unos pasos por detrás.

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42Parece completamente abandonado, pero de repente, escucháis como una silla se arrastra. Alguien estaba allí. Un hombre aparece tras la barra y sale tranquilamente hacia la terraza. Tiene unos cuarenta y tantos años, aunque hay algo en su manera de observaros que resulta más viejo que su rostro. No lleva ningún arma visible y tampoco parece especialmente impresionado por vuestra llegada.



Digo con tono de fastidio y en un susurro a Jonah.

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42Le ofrece la mano a Jonah, y éste se la da con una cara de extrañeza MUY evidente. Con dos dedos señala las botellas alineadas detrás de la barra.


Lo disimulo, pero me parece extraño que sea a mi a quién mire primero pero sea solo a Jonah a quién le da la mano. No creo que sea algo deliberado. ¿Me tiene miedo? ¿No quiere tocarme? Ya veremos cómo se desarrollan los acontecimientos.

Cita de: Maurick en 20 de Ago 2026, 00:31:42
Su sonrisa se ensancha apenas.




Me acerco a un poste que sujeta el tejadillo del poste. Me coloco de medio lado: no le doy la espalda Leandro pero tampoco quiero dejar la retaguardia sin poder mirar de reojo.


Jonah deja de masticar cuando señalas las cicatrices de tus muñecas. Durante un instante te mira las manos y después levanta la vista hacia ti, sorprendido de verdad.


La expresión divertida con la que estaba contando la historia de Ajax desaparece un poco. Se inclina hacia delante, apoyando los antebrazos sobre la mesa.


Sus ojos vuelven un momento hacia las cicatrices antes de regresar a los tuyos.


La frase le sale sin demasiada preparación. Sonríe después, algo más pequeño de lo habitual.




La Poza del Tío Bill — Estero Ciego

Leandro no pierde la sonrisa cuando respondes que no bebéis, y la mantiene incluso mientras sus ojos se desplazan fugazmente hacia Jonah. Jonah abre ligeramente la boca, parece dispuesto a puntualizar algo, pero termina cerrándola. Te mira de reojo con una expresión que viene a decir que, por lo visto, ahora no bebe. Leandro asiente despacio.


Se vuelve hacia la barra y durante apenas unos segundos podéis verle de espaldas mientras busca una botella entre las demás. El cristal golpea ligeramente contra otro. Sus manos no tiemblan, pero tarda demasiado en escoger. Sirve una cantidad generosa de mezcal en un vaso bajo y se lo lleva a los labios. No es un sorbo pequeño de anfitrión educado. Se bebe casi la mitad de una vez y deja el vaso sobre la madera con más fuerza de la necesaria.

Cuando vuelve hacia vosotros, la sonrisa sigue ahí. Mira primero a Jonah y después a ti.


Hace un pequeño gesto con ambas manos, tranquilo, sin acercarse.


Jonah arquea una ceja, pero no dice nada. Leandro recoge otra vez el vaso. Esta vez solamente moja los labios antes de apoyarse contra la barra y escuchar tu explicación. Cuando mencionas la verdad, su sonrisa cambia, no desaparece.


Mira el mezcal unos segundos, haciéndolo girar dentro del vaso.


Levanta el vaso ligeramente hacia vosotros.


Da otro trago, esta vez más pequeño.


Durante unos segundos sólo se escucha el ventilador sobre vuestras cabezas y el zumbido constante de los insectos más allá de la pasarela. Leandro deja el vaso, y entonces os mira con bastante más atención.


Señala hacia vosotros con dos dedos.


Lo pronuncia sin desprecio, con afecto y familiaridad.


Después mira a Jonah.


Jonah frunce el ceño.


Leandro sonríe un poco más y el vaso vuelve a su mano.


Jonah cierra la boca. Por primera vez desde que habéis entrado, Leandro parece disfrutar realmente de algo, pero dura poco. Sus dedos vuelven a apretar el vaso.


Se aparta ligeramente de la barra y deja espacio alrededor, como intentando demostrar que no pretende encerraros ni bloquear la salida.


Mira hacia el exterior del local, hacia los mangles. Hacia el agua estancada y con olor a sal que impregna todo el lugar. Después, con parsimonia, vuelve a miraros a vosotros.


Por primera vez su sonrisa desaparece del todo.


El ventilador completa otra vuelta lenta sobre su cabeza.


El ruido del exterior parece detenerse durante un instante.


Leandro recupera el vaso, lo observa, se bebe lo que queda del líquido dorado y os observa. Espera.

23 de Ago 2026, 01:38:07 #44 Ultima modificación: 23 de Ago 2026, 02:07:33 por Denebia
Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 17:40:36Durante unos segundos sólo se escucha el ventilador sobre vuestras cabezas y el zumbido constante de los insectos más allá de la pasarela. Leandro deja el vaso, y entonces os mira con bastante más atención.



Insectos, maravilloso. Antes se dejaron de oír y ahora han vuelto. ¿O alguien ha silenciado la zona? Sea lo que sea, no me gustan los insectos.

Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 17:40:36


Asiento con la cabeza.


Me apoyo en el pilar y me cruzo de brazos.

Cita de: Maurick en 22 de Ago 2026, 17:40:36Leandro recupera el vaso, lo observa, se bebe lo que queda del líquido dorado y os observa. Espera.



Dejo que hable de seguido y no le interrumpo.


Hago una pequeña pausa y pongo cara de circunstancia.


Me acerco a Leandro pero sigo manteniendo las distancias.


Miro a Leandro de arriba a abajo.


He comenzado a enfadarme un poco al recordar cómo me trató Neiatta. Sin embargo, tomo aire y me tranquilizo.


Hablo un poco más bajo, como cansada de la situación y sintiéndome culpable por dejar allí a Himitsu.