Episodio 1 — Soria

Iniciado por Maurick, 02 de Ene 2026, 01:46:28

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La Umbra ya no vibra. No hay viento. No hay presión. El núcleo espiritual permanece ante ti como una masa compacta de tierra oscura y luz azul contenida, respirando lentamente, como si hubiese decidido adoptar forma por voluntad propia. No vuelve a elevar la voz, ya no necesita hacerlo.


El terreno bajo vuestros pies muestra grietas que no estaban allí hace unos instantes.

Cita de: Lady Midnight en 20 de Feb 2026, 15:57:33


Una imagen se forma en tu mente sin pedir permiso: no es un túnel. Es una red, repleta de raíces. No nutren, pero atraviesan la tierra. Desde el norte desciende una vibración constante, lenta, metódica. No devora. Desplaza. Donde pasa, los espíritus antiguos pierden anclaje. Los umbrales se afinan. Los ecos se vuelven inestables.


El núcleo tiembla suavemente.


La grieta a vuestro alrededor se contrae otro palmo.


Silencio. La masa azul oscila una última vez.


La esencia se descompacta lentamente, filtrándose en el suelo umbral como agua absorbida por tierra sedienta. El sonido de esa voz desconectada y antigua desaparece. La cicatriz en el terreno termina de cerrarse, y ahora estás solo. Y por primera vez desde que cruzaste, la Umbra se siente estable.

Al otro lado te esperan los miembros del Estanque del Lirio Apacible. Quizás quieran escuchar una explicación. O no.

Cuando el espíritu habla, Bruma escucha. Ahora que está calmado, intenta saber qué tipo de espíritu concreto es y en qué estado se encuentra (usará conocimientos y dones, según necesidad).

Cita de: Maurick en 20 de Feb 2026, 23:10:23

El metis asiente suavemente.

Cita de: Maurick en 20 de Feb 2026, 23:10:23


Cita de: Maurick en 20 de Feb 2026, 23:10:23


Cita de: Maurick en 20 de Feb 2026, 23:10:23


Cita de: Maurick en 20 de Feb 2026, 23:10:23


Tras el ruego al espíritu, Bruma Nocturna se toma el necesario minuto para, como le dijo a Edurne, reflexionar. Si el espíritu se queda, Bruma le da algo de su Gnosis y le aconseja descansar, antes de quedarse a solas con sus pensamientos. Si desaparece, sea cual sea el modo, dedica ese tiempo a honrar la memoria del espíritu que ha dejado la umbra para siempre.

Después de ese momento a solas, sale de la umbra y se dirige a donde están los demás sin mediar palabra. Escucha lo que estén diciendo o, si no es el caso, espera a ser interpelado antes de hablar. Aunque, antes de nada, revisa el estado del entorno (el agua del estanque, el agujero que había aparecido, etc).
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

La esencia azul oscila una última vez, sin explosión ni violencia. Notas un agotamiento viejo, con sabor a antiguo, mientras la masa espiritual se contrae, como un pulmón que expulsa su último aliento. Las grietas del terreno dejan de avanzar. La vibración cesa por completo. Durante un instante, la Umbra parece contener la respiración... y luego lo suelta. El espíritu no huye, se deshace. Se filtra en la tierra umbral como agua que regresa al lecho del que fue arrancada. No queda rastro de hostilidad, ni de intención. Solo una sensación leve, casi triste: algo salvaje que reaccionó con furia contra lo que no comprendía, que gastó su fuerza en un arrebato que tal vez no estaba justificado... pero así son las cosas cuando se vive demasiado tiempo aferrado a la tierra. Lo salvaje no mide, reacciona; y a veces, cuando comprende su error, ya es tarde. La cicatriz termina de cerrarse, y la Umbra queda estable. Estás solo.



Cruzas la Celosía. El aire del mundo físico te golpea con una densidad distinta, el agua del Estanque del Lirio Apacible está quieta. Quizás demasiado quieta, como si nada hubiera ocurrido jamás. Los otros tres miembros de la manada ya no están allí; han vuelto a sus tareas, a vigilar lindes y preparar lo que viene. Solo quedan Ana Mercedes, Pau y Edurne.

Edurne es la primera en moverse hacia ti, dando un par de pasos todavía con la respiración acelerada, con los ojos brillando con algo que no es miedo.


Hay una euforia limpia en su voz. Sin arrogancia ni chulería, solo alivio y descubrimiento. Ha cruzado un umbral y lo sabe. Pau se aproxima después. No sonríe del todo, pero la comisura de sus labios se curva lo suficiente como para que resulte incómodo. Te coloca una mano en el hombro, firme y pesada.


Hay un matiz paternal en su tono. No condescendiente, pero cercano a ello. El tipo de aprobación que uno no sabe muy bien cómo encajar. Se aparta y mira a Edurne.


Edurne se queda rígida un segundo. Luego te mira, incrédula. Pau continúa:


Silencio, no es una orden. Es una designación.

CitarFuera de juego: eres libre de narrar la escena del Consejo y el ascenso de Edurne como consideres. Puedes estructurarlo, ritualizarlo o apoyarte en tus propios elementos espirituales. Lo que ocurre a continuación es tras el consejo. Si lo redactas de una forma bonita y evocadora, obtendrás 3 puntos temporales de Sabiduría. Puedes no hacerlo y será una escena rápida, un corte para pasar a otra cosa.



Ana Mercedes no te ha dicho nada hasta ahora, pero tras la ceremonia, cuando la noche ya está entrada, se acerca a ti.


Hace una pausa, y se sienta sobre una piedra cercana. Va vestida con una camisa de tela gruesa, una camiseta blanca y unos vaqueros desgastados. Sus botas están llenas de barro. Se coloca el pelo.


Su mirada no es dramática. Es sincera.


Te sostiene la mirada.


El estanque permanece inmóvil tras vosotros. El agujero en la Umbra ya no existe. Pero algo, en algún lugar, sigue moviéndose.

23 de Feb 2026, 23:31:47 #33 Ultima modificación: 24 de Feb 2026, 00:15:22 por Lady Midnight
Con la desaparición del espíritu, el pesar inunda el corazón de Bruma durante un instante.



Cuando Edurne se acerca el Uktena sonríe ligeramente, pero sus ojos no transmiten alegría.

Cita de: Maurick en 23 de Feb 2026, 10:43:35


La última frase cae más despacio, más suave. Con peso pero con cariño, como quien posa con cuidado un pesado jarrón de cerámica para que no se rompa. No hay enfado ni reproche, solo un leve pesar que mece sus palabras.

Cuando Pau da su "aprobación", Bruma simplemente asiente. No le ha dicho nada malo, y nunca se ha dirigido a él en términos inadecuados. Sin embargo actúa igual que el resto cuando se dirige a él. Evaluando, midiendo y juzgando, como si cada acto y cada palabra fuesen una prueba constante. Una chispa de hastío cruza brevemente el rostro del Uktena, que tiene cosas más importantes que hacer que defender su honor y su posición frente a alguien que, muy probablemente, no vaya a tener relevancia más allá del Estanque.

Cita de: Maurick en 23 de Feb 2026, 10:43:35

Bruma vuelve a asentir.


Se despide con un leve gesto de cabeza, y se retira a la cabaña que le han prestado. Se toma un momento para sí mismo, para evaluar la situación, y para intentar entender la actitud de Pau. Es más que obvio que no le necesitaban para acompañar a Edurne, mucho menos para oficiar una ceremonia que suele ser dirigida por líder del túmulo o el individuo de mayor rango que comparta auspicio con el aspirante. Hay piezas que no encajan, todavía le falta información para poder unirlas. En cualquier caso, la investigación del túmulo y de Pau debe esperar. La ceremonia se celebrará en pocas horas.

Tras salir de la cabaña, ya con su bolsa preparada, pide al resto de miembros del túmulo que le ayuden a conseguir algunos materiales (madera para una hoguera, trozos de telas de colores, plumas de ave, sal y alguna pequeña roca que pueda haber por la zona). Mientras el resto le echan una mano, se sienta sobre una raíz sobresaliente y, con mucha calma y paciencia, se dedica a moler en un mortero de mano algunos pequeños trozos de roca que saca de su bolsa, así como algunas otras piedrecitas y la sal que le traen aquellos que le están ayudando, y guarda los polvos resultantes en pequeños saquitos hechos con las telas de colores y cerrados mediante un cordel.



Al caer la noche, Bruma Nocturna se presenta en su forma Homínido portando su tocado de plumas ritual. Espera a que todos se sienten en sus lugares designados alrededor de la hoguera, con Edurne ubicada justo frente a él pero al otro lado de la leña que aguarda. Cierra sus ojos a medida que empieza a bajar el sol, y de su boca salen solo murmullos incomprensibles. Una oración, quizá un cántico, quizá una lengua perdida que el Estanque del Lirio Apacible no había escuchado nunca.

Cuando el cielo empieza a oscurecerse y el horizonte arde, el chamán abre sus ojos, despacio, y se dirige a la parte baja de la hoguera. Con un trozo de metal y una roca perfecta, da un par de certeros golpes que prenden el interior de la hoguera sin llama, esperando a que el hálito del muchacho comparta su energía vital con el fuego. Mientras el fuego solar se extingue a lo lejos, el de la hoguera se aviva ante su público como si hubiese absorbido al propio astro y este existiese en ese momento solo para ellos. Tomando una rama prendida con su mano, regresa a donde se encontraba sentado y con la llama que titila en la punta de la rama prende su pipa tradicional.


Da una profunda calada a su pipa, sostiene el humo un segundo justo, y los expulsa con suavidad. Acto seguido, le entrega la pipa al Garou sentado justo a su derecha, Pau Galdés, para que haga lo mismo. Cada habitante del Estanque del Lirio Apacible repite el patrón, uno por uno, hasta que la pipa regresa a su propietario. Cuando la recoge, la tapa con un pequeño trozo de madera hasta que se apaga y, entonces, la vacía en la base de la hoguera; el aire se impregna con un aroma cálido y algo dulce proveniente de plantas lejanas y exóticas.

Dejando la pipa a un lado de su asiento, se pone en pie frente a la hoguera y hace un gesto para que el resto le siga. A sus pies un gran barreño de agua, a su cintura, en una cuerda trenzada, los saquitos que preparó durante la tarde. Coge uno de los saquitos, que se abre al desprenderlo, y arroja su contenido que se esparce sobre la hoguera, tiñendo el aire de un color amarillo vivo.


Bajando las manos y arrodillándose con modales rituales, el director del acto observa su coloreado reflejo en el barreño que hay a sus pies. Deslizándose como la ceniza que cae sobre los presentes, se deja llevar lentamente al reino de los espíritus donde espera a que se presenten el resto de asistentes y, en especial, Edurne.

Una vez todos han atravesado la Celosía, se acerca a Edurne en su forma umbral haciendo gestos amistosos para atraer a los espíritus curiosos que pululan por la zona (resultando algo llamativamente fácil para él). Colocándose frente a la muchacha, la mira fijamente a los ojos.


Hace una breve pausa, y mira despacio alrededor. Mira a las energías que se arremolinan cerca de la joven, y mira al resto de Garou presentes. Frente al silencio generalizado, continúa.


El chamán guía de nuevo a los Garou al mundo físico, y da por concluida la ceremonia. Sin embargo, cuando todo el mundo se está marchando, llama la atención de la nueva Cliath y la aparte del grupo un minuto.


Tras este último detalle, el Uktena se despide amistosamente de la joven y se retira agotado.



Cuando Ana Mercedes aparece, Bruma dirige su cansada mirada hacia ella. La escucha.

Cita de: Maurick en 23 de Feb 2026, 10:43:35


Cita de: Maurick en 23 de Feb 2026, 10:43:35


El rostro del muchacho, aún en su forma Homínido, muestra el desgaste de la jornada. Sin embargo, la urgencia de Ana Mercedes y la relación de esta con las visiones aportadas por el espíritu desplazado hacen que sienta que su descanso puede esperar. Mientras hablan, la guía hacia la caseta que le prestaron.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

La pregunta sobre el apellido la descoloca más de lo que aparenta. No porque no lo recuerde, sino porque no entiende por qué lo preguntas ahora.


Se cruza de brazos, incómoda, como si algo le rozara por dentro.


Traga saliva.


Notas que no lo esta pasando bien. Aparta la mirada y se mueve, incómoda en la roca.


Hace una pausa más larga; se frota los antebrazos como si tuviera frío.


Sostiene la mirada.


La noche empieza a extenderse. El otoño llega, y el sonido de la naturaleza cubre el túmulo.

25 de Feb 2026, 18:43:05 #35 Ultima modificación: 01 de Mar 2026, 12:31:57 por Lady Midnight
Cita de: Maurick en 25 de Feb 2026, 00:35:37

Cuando ve el gesto de incomodidad, intenta llevar la conversación a otro terreno mientras abre la puerta de la caseta.


Cita de: Maurick en 25 de Feb 2026, 00:35:37


Cita de: Maurick en 25 de Feb 2026, 00:35:37


El chamán se encoge ligeramente de hombros, como si realmente no tuviese importancia. Va comentando su historia a medida que Ana Mercedes habla, como muestra de empatía y para que no sienta que su relato no es apreciado.

Cita de: Maurick en 25 de Feb 2026, 00:35:37
Hace una pausa más larga; se frota los antebrazos como si tuviera frío.


Bruma prende la yesca y la aviva con suaves soplidos, hasta que la madera empieza a prender. Parece buscar la comodidad de Ana Mercedes, pese a lo difícil del momento.

Cita de: Maurick en 25 de Feb 2026, 00:35:37


Se pone de pie, y rebusca entre los muebles apartando objetos que llevaban años sin ser movidos.


Hace una breve pausa para serenarse, se gira y llena una cazuela de metal con agua.


Bruma Nocturna se sienta frente a Ana Mercedes, cerca del fuego, y empieza a preparar unas hierbas para infusionar.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

El fuego comienza a crepitar entre ambos, proyectando sombras que agrandan los gestos y hunden los silencios. Ana Mercedes guarda silencio durante un momento, no parece intimidada. Tampoco impresionada.


Lo dice sin dureza. Pero sin ceder.

Cita de: Lady Midnight en 25 de Feb 2026, 18:43:05


Se inclina un poco hacia delante, apoyando los antebrazos en las rodillas.


Echa un vistazo afuera, a la noche cerrada. La posición de las sombras y la luz realzan su rostro y, sin duda, es exactamente igual que Aránzazu. Claro está, sin el maquillaje ni el corte de pelo.


El tono no sube, se vuelve más preciso.


El fuego ilumina un instante sus ojos.


Se frota los brazos otra vez, más por costumbre que por frío. Carraspea.


No hay hostilidad en su voz, hay necesidad.


El agua empieza a burbujear en la cazuela. Ana Mercedes no parpadea mientras su mirada se clava en ti.

Cuando el agua empieza a hervir, Bruma la retira del fuego y coloca dentro sus hierbas aromáticas. Es una selección de hierbas propia, con un aroma cálido y amable.

Cita de: Maurick en 25 de Feb 2026, 22:22:28


Cita de: Maurick en 25 de Feb 2026, 22:22:28

El theurge niega ligeramente con la cabeza, mientras remueve lentamente el agua del recipiente.


Cita de: Maurick en 25 de Feb 2026, 22:22:28

Bruma asiente y confirma con breves sonidos, mientras sirve la infusión en sendos cuencos.

Cita de: Maurick en 25 de Feb 2026, 22:22:28

El metis sonríe, con indulgencia. Asiente ligeramente, mientras le ofrece un cuenco a Ana Mercedes.


Da un pequeño sorbo a su infusión, y hace un apunte con la voz ligeramente más baja.


Cita de: Maurick en 25 de Feb 2026, 22:22:28


Hace una pausa. No es drama, ni dolor abrumador. Es reflexión y responsabilidad.


Da un sorbo largo y profundo a su infusión y no dice nada más. Mira a Ana Mercedes con sus ojos y su corazón cansados.

Cita de: Maurick en 25 de Feb 2026, 22:22:28



El chamán intenta recomponerse. La noche está ya bien entrada, y el aire es denso y pesado a su alrededor. El joven está tranquilo, pero se le nota cansado y algo turbado.


Los ojos del muchacho perforan a Ana Mercedes con la intensidad de un torrente de agua incontenible. No es furia, ni odio; solo la fuerza de algo que lleva demasiado tiempo atrapado y está a punto de romper las cadenas que lo sujetan.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Hace una pausa, como si calibrase hasta qué punto merece la pena insistir.


Baja un poco la voz.


Suspira. No de impaciencia. De cansancio honesto.


Te mira con una firmeza tranquila.


01 de Mar 2026, 02:07:03 #39 Ultima modificación: 01 de Mar 2026, 12:14:50 por Lady Midnight
Bruma duda durante un breve instante.


El chamán se gira ligeramente hacia el recipiente con agua caliente, y se sirve un poco más en el cuenco. Lo mueve un poco en círculos con las manos, sopla para atemperar el líquido y da un pequeño sorbo.


Hace una pequeña pausa, y deja el cuento sobre la mesa. Su voz es suave, amable, pero se arrastra por el aire con cierto pesar.


Otra breve pausa. Analiza el rostro de Ana Mercedes. Su expresión, sus gestos...Intenta ser sincero a la par que breve, fue un año y medio muy intenso, pero sin causarle dolor innecesario.


Vuelve a coger el cuenco, y da un sorbo largo. Apenas queda nada en el fondo, pero Bruma continúa moviendo en círculos las últimas gotas casi como si fuera un ritual. Le da algo de tiempo a Ana Mercedes, para que vaya uniendo y asentando las piezas del relato.


Bebe el último sorbo. Despacio. Posa el cuenco sobre la mesa una vez más, mira a los ojos a Ana Mercedes y suspira.


Silencio. Dolor.

El chamán respira profundamente, suelta el aire y relaja las manos.


Sus ojos enrojecidos no preguntan, ni miran a Ana Mercedes. Reposan sobre el cuenco, mientras la luz de la luna asoma a la ventana con timidez.
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

El silencio se alarga después de que Bruma termine. Es un silencio que pesa. Ana Mercedes no baja la mirada. Pero tampoco la clava en él con desafío. Está pensando, encajando. Hace un leve gesto con la cabeza, casi imperceptible.


No suena como acusación. Suena como una pieza que por fin encaja. Camina despacio hacia la ventana. La luz de la luna empieza a dibujar líneas suaves en el suelo del Túmulo.


Hace una pausa, como si esa conclusión le doliera más que todo lo demás.


Se gira hacia él.


El aire parece más frío. Baja ligeramente la voz.


Respira hondo. Esta vez sí hay una sombra de temor, pero está contenida. El juego de luces del interior de la cabaña resalta sus facciones, de nuevo. Sin embargo, si fuera ella —y lo recuerdas con más vividez de la que querrías admitir—, eres consciente de que iba a estar mucho más exaltada.


No parece dramático. Como si quisiera entender y esperar.


Sus manos se entrelazan frente a ella, firme, anclada.


Un silencio más. La tensión se asienta.


Parece que le cuesta pronunciar el nombre. Baja un poco la mirada.


Suspira. Esta vez sí se le escapa el cansancio.


Da un paso hacia la puerta.


Se detiene un instante, sin mirarte.


Y tras una última respiración contenida:


Sale sin dramatismo, pero ya no es la misma que entró.



Va a pasar la noche sin mayor incidencia. A la mañana siguiente, no encontráis a Ana Mercedes por ningún lugar, parece que se ha marchado. ¿Qué vas a hacer, Bruma Nocturna? ¿Con quién vas a hablar, o a dónde te vas a dirigir?

El Theurge le da a Ana Mercedes el espacio que necesita. Cuando ella se acerca a la ventana, se pone de pie, para estar presente, y simplemente la escucha.

Cita de: Maurick en 01 de Mar 2026, 09:54:46



El chamán se acerca un paso a la ventana, buscando con la mirada el perfil de Ana Mercedes. No pretende hallar contacto ocular, sino que ella simplemente lo perciba en su rango de visión y comprenda que no está sola.

Cita de: Maurick en 01 de Mar 2026, 09:54:46



El muchacho niega con la cabeza.


Cita de: Maurick en 01 de Mar 2026, 09:54:46



Se acerca a la puerta cuando Ana Mercedes camina, le abre la puerta mientras se despide y la cierra despacio cuando la Philodox se aleja de la caseta. Esa noche, el metis tampoco consigue descansar demasiado.



Al día siguiente, se toma la jornada con calma. Observa la vida del túmulo, en silencio. Presta atención a Pau, y a Edurne. Cuando buscan a Ana Mercedes, Bruma mantiene la pasividad. No la busca, pero tampoco habla de lo que ha pasado (no, al menos, mientras nadie le pregunte directamente). Si en algún momento es consciente de la presencia de Llanto del Arroyo, se acerca con calma a ella y se sienta al lado como señal de interés pero esperando a que ella dé muestras de que acepta la comunicación (un saludo, un gesto, una mirada).
Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

04 de Mar 2026, 07:17:42 #42 Ultima modificación: 04 de Mar 2026, 07:19:25 por Maurick
📅 11 de septiembre de 2005
El Estanque del Lirio Apacible despierta con esa calma que sólo poseen los lugares que conocen la verdadera quietud. El aire es frío, limpio. La humedad aún se aferra a la hierba y a las piedras como si la noche no quisiera retirarse del todo. Caminas sin prisa, observas. El túmulo respira con normalidad. No hay ecos extraños en la Celosía, no hay vibraciones subterráneas. Todo parece... estable. Cerca de la linde que separa el territorio del sendero que conduce hacia el monasterio, distingue dos figuras: Pau y Edurne.

Edurne está hablando con las manos, demasiado deprisa para que el viento pueda seguirle el ritmo. Pau escucha con una media sonrisa contenida, las manos a la espalda, como quien ya sabe lo que va a decir antes de decirlo. Cuando te aproximas, Pau alza la mirada.


Edurne se gira hacia ti, con los ojos brillando de expectación.


No puede evitar sonreír.


Hace una pausa leve.


Mira a la joven, y luego a ti.


Edurne da un pequeño salto casi infantil, aunque intenta disimularlo.


Se contiene un segundo, intentando adoptar compostura.


Pero la emoción se le escapa por los bordes.


Pau empieza a caminar en dirección al sendero. Mientras avanza, su forma se distiende y adopta el aspecto humano con naturalidad, como quien cambia de abrigo; antes de desaparecer tras la curva del camino, se detiene un instante. Te mira: no es una mirada acusadora, no es una advertencia. Una fracción de segundo en la que parece estar midiendo algo que sólo él conoce. Luego, continúa. Edurne, todavía eufórica, te dedica un gesto rápido con la mano antes de seguirle, hablando ya de maletas, de mapas, de nombres impronunciables. El sendero queda en silencio.



Más tarde, el sonido de la madera golpeando madera marca el ritmo de la mañana. Marcos ya ha empezado a desmontar una de las vallas deterioradas cerca del límite oriental. El trabajo es simple, casi terapéutico. Camino allí, algo cambia, no es un ruido. Un desplazamiento en la maleza que no rompe ramas. Te detienes, el viento se mueve en una dirección que no coincide con la hierba. Entonces la ves.

Llanto del Arroyo emerge de entre los arbustos con la elegancia silenciosa de lo que no necesita permiso para existir. Su pelaje grisáceo absorbe la luz. Sus ojos, atentos, no parpadean. No hay hostilidad en su postura. Pero tampoco sumisión.


La lupus se mantiene a unos pasos de distancia, la cabeza ligeramente ladeada. No parece que haya sido por casualidad.

04 de Mar 2026, 19:38:48 #43 Ultima modificación: 04 de Mar 2026, 19:41:39 por Lady Midnight
A la mañana siguiente, aunque en menor medida, todavía queda algo de cansancio en el cuerpo del joven. Sale de la caseta, todavía masticando un pedazo de carne curada.

Frente al saludo de Pau, responde con un leve movimiento de cabeza. Al contemplar la alegría de Edurne, esboza una afectuosa sonrisa mientras asiente con algo de nostalgia. Sin embargo, cuando Pau hace mención al Peñasco Blanco, la seriedad ocupa completo el rostro del Uktena.

Cita de: Maurick en 04 de Mar 2026, 07:17:42



Cuando se despiden, Bruma simplemente asiente con la cabeza y, mirando a Edurne, añade un breve "tened mucho cuidado". En el momento en el que Pau mira al sioux, se encuentra frente a frente con sus ojos. Transmiten cierta dureza y sensación de vigilancia y quizá, solo quizá, algo de desconfianza que no se molesta en ocultar. Los observa mientras desaparecen por el sendero y, cuando han desaparecido, saca su móvil y le escribe a Iruz un breve SMS: "Pau acaba de salir, quizá os crucéis. Ten cuidado con cualquier que vaya desde el Estanque, aunque creo que Ana Mercedes podría ser una aliada. Cuídate".



Cuando Llanto del Arroyo aparece, Bruma la mira con satisfacción.

Cita de: Maurick en 04 de Mar 2026, 07:17:42


Sin perder de vista a la lupus, cambia de forma suavemente para adoptar la misma que ella y, acto seguido, se sienta tras das una vuelta sobre sí mismo.


Sus ojos se mueven despacio hasta toparse con los de la lupus. En su fondo solo se encuentra el destello de la curiosidad y el interés genuino.

Puedes matarme, no es difícil, pero volveré en una nueva forma una y otra vez hasta que matarlas a todas ellas te deje exhausto. Entonces, solo entonces, comprenderás que nada puede detener al Kaos.

Cuando adoptas la forma lupus, sus orejas se inclinan hacia atrás. No retrocede. Tampoco se acerca. Permanece quieta, evaluando. El aire entre ambos lleva el olor de la mañana, de la madera húmeda, de la tierra removida... y de algo más viejo que ninguno de los dos ha traído consigo. Llanto del Arroyo baja la cabeza un instante, olfatea el suelo, luego el viento que llega desde el camino del monasterio. Sus ojos regresan a ti.


No parece responder a su pregunta. La lupus da un paso lento alrededor de ti. Es costumbre,  los lobos se mueven cuando piensan.


Otro paso, un silencio breve.


La lupus ladea la cabeza.


Sus ojos no se apartan de los tuyos.

Cita de: Lady Midnight en 04 de Mar 2026, 19:38:48

Gruñe un instante.


Camina de nuevo hacia la espesura. Espera que la sigas.

Cita de: Lady Midnight en 04 de Mar 2026, 19:38:48


Una pausa. Espera que hables, que digas algo, que cuentes por qué la has buscado. Es más incordio que preocupación.